A ver, estoy completamente conciente de que no tengo excusa para explicar mi excesiva tardanza. Si es que hasta a mi me dolió. Lo que más amo es escribir y leer y... créanme que es desagradable cuando, en un tiempo que tienes para hacer lo que quieras no puedes hacer lo que más te gusta. Supongo que habrá gente que me entienda y no, no estoy buscando excusas. Quiero advertirles que empecé a escribirlo en un buen momento de inspiración pero esta voló por la ventana ¬¬ sin que yo pudiera hacer algo. La terminé de escribir el 14 de Agosto a las tres y media de la madrugada. Fue difícil no abandonar la computadora e irme derecho a la cama pero necesitaba, debía terminarlo y aproveché la influencia de una historia para eso, se llama Insólita predilección, de Gundan Wing/AC, excelentísimo, divertidísimo y romantiquísimo. Creo que está en mis favoritos. La narración de los párrafos finales es diferente al resto, fueron escritos luego de leer este fic. Sin más aquí van las premisas, nos vemos al final u.u
Autora: Hikaru no Yami
Título: The open door
Género: Romance, psicológico, "trhiller" (?).
Advertencias: Yaoi.
Sumary: Por primera vez duda e indecición se reflejan, una melodía en la oscuridad marca el final de una vida. "¿Crees en los ángels?" "No, sólo en los demonios"
Nota importante:La mayoría de los capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un R&R, se aceptan sugerencias. Es estilo trhiller, es decir una historia sangrienta y con drama. O eso creo yo -.-
Nombres: Yuriy Ivanov: Tala
Disclaimer: BB no es mío, porque sino estarían viendo este en TV y no leyéndolo. Le pertenece a Aoki Takao-san (Haga un OVA Yaoi!!!), solo los tomé prestados un rato para mi y el disfrute de los lectores.
AVISO SUPER IMPORTANTE: Mil billones de gracias por los R&R!!! Me hace muy feliz ver que les gustó tanto, sobre todo ver de quién son los R&R. Al principio este fic iba a tener sólo cinco o seis capítulos, algo sencillo y sin trascendencia. Pero esperen más! Si quieren que aparezca algún personaje en especial, haga referencia a alguna pareja o sólo se les ocurre una idea para alguna complicada o hilarante misión (vamos, me gusta el sarcasmo, la ironía y lo hilarante) díganmelo y veré que puedo hacer. Este capi va única y expresivamente dedicado a Roseriot, con esta extraña nueva redacción que probé, con todo mi cariño y agradecimiento. Espero que te guste y sigas escribiendo!!!
-bla, bla, bla- Diálogo.
"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.
Bla, bla, bla Recuerdos.
Gomen por la tardanza!!!
"Ángel"
"De un reflejo se trataba la cruel mirada, llena de insistencia y culpa, las plumas iban cayendo poco a poco cual nieve. Las hermosas alas que alguna vez brillaron en todo su esplendor se pierden en el recuerdo, ya no queda más que oscuridad, el brillo desaparece y la soledad se lo traga. Se pierde la inocencia. Vagar como un ángel caído, sin rumbo ni destino fijo, a eso se resume la existencia. Aferrándose a un témpano de hielo, que atraviesa dolorosamente el corazón, vestigio de la vida que posee éste cuerpo."
La espalda de Yuriy era... cálida.
La nueva misión que Yuriy se encargó de aceptar sin su previo consentimiento era en Arcángel, una ciudad costera muy al norte del país, junto al Mar Blanco. El objetivo era un traficante de armas muy buscado pero muy encubierto, el encargo parecía provenir de un rival de negocios, pero no estaba seguro. El viaje era largo y agotador, calculaba que en dos días, aproximadamente, estarían ahí. Pero los honorarios hacían que valiera la pena el viaje. En vez de usar el transporte público iban en la motocicleta de Yuriy.
Era un gran vehículo, con ruedas especiales para terrenos rústicos y nevados. Yuriy se había gastado una fortuna en eso, pero ambos sabían que bien lo valía. Tenía hasta cuatro velocidades, sobrepasaba los ciento veinte kilómetros por hora y una reserva de combustible integrada para viajes largos como aquel.
Por supuesto era para una persona, así que siempre que la usaban iba justo detrás de Ivanov. Lo abrazaba por la espalda, rodeando con sus brazos aquella fina cintura y escondía el rostro en la chamarra de cuero color beige que solía utilizar cuando iba en moto. Ese día el aire estaba endemoniadamente frío y no ayudaba en lo más mínimo ir a más de setenta kilómetros por hora por una carretera nevada. Gracias a los cielos por tener esa bufanda.
Yuriy miró por uno de los espejos retrovisores, la blanca y larga bufanda de Kai se agitaba furiosamente detrás de él. Podía ver los cabellos añiles removerse con el viento y la velocidad, intentó no prestar atención a los brazos que rodeaban su talle, en cambio aceleró más, se sentía extrañamente nervioso con la cercanía de Hiwatari, aunque ese no fuera su primer viaje así. Desvió sus pensamientos cuando pasó una señal de tránsito que indicaba camino peligroso, poco le importaba, nada les iba a pasar.
Prefería mil veces estar en su preciada y costosa motocicleta a ir rodeado de personas en esos burdos y apestosos transportes que la gente solía usar. No, estaba bien así, sólo con Kai, sin preocuparse por llegar tarde o por el espacio, deteniéndose cuando quisiera y por lo que quisiera, arropado con el calor del otro...
–Mierda –masculló al darse cuenta por donde iban encausados sus pensamientos. Sacudió la cabeza y de nuevo aceleró, como si con eso pudiera dejar atrás tales ocurrencias. Los brazos de Kai le apretaron más por el brusco cambio de rapidez, en un mudo reproche.
Chasqueó la lengua y lo ignoró.
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La habitación era espaciosa en lo que cabía, dos camas a cada extremo de la habitación con una mesita de noche cada una, donde descansaban unas lamparillas de gas y unas jarras y vasos de latón llenos de agua. Se sintió dentro de una de esas posadas en los libros del medioevo y de fantasía, donde la ambientación solía ser así. Parpadeó aun sorprendido, pero al ver a Yuriy aproximarse a una de las camas, caminó a la de la derecha y dejó allí su mochila, se sentó sobre el colchón y observó a su compañero.
Yuriy sacaba tranquilamente algunas pocas prendas del maletín y las guardaba en los cajones de su respectiva mesita, dejó su móvil sobre ésta y la mochila a los pies de la cama, luego se recostó en el lecho con su portátil sobre el regazo, esperando a que la conexión inalámbrica le permitiera acceder a la red. Vio como se arrugaron sus cejas, lo más seguro era que la ubicación de ese lugar tan distante y abandonado por la mano de Dios (sólo era una expresión) no tuviera una rápida, por no decir efectiva, facilidad de conexión.
Habían llegado a Arcángel luego de dos días de viaje, tal como habían supuesto. Le sorprendió ver la sencillez y humildad del lugar, las casitas y su gente. Disminuyendo considerablemente la velocidad Ivanov se estacionó frente a una posadita de tres pisos bastante acogedora y pidió un cuarto para ellos dos. La pequeña recepción contaba con un mostrador, un par de teléfonos públicos y las escaleras a los pisos de arriba. Un gran candelabro lleno de telarañas pendía del techo y arrojaba una luz dorada que se combinaba magníficamente con el resplandor claro del exterior.
Una puerta con un vitral daba vista a un extenso comedor, lleno de mesitas redondas cubiertas por manteles blancos y delicados, con un servilletero y un jarroncito cada una, con rosas pequeñas y rojas. Le pareció encantador y fantástico, como si de un libro se tratara. La segunda puerta debía ser el armario de limpieza y la que estaba detrás del mostrador el cuarto del dueño.
Su habitación estaba en el segundo piso y subieron sin problemas su equipaje ellos solos, rechazando la ayuda del botones.
Esperó unos minutos más en silencio, viendo al otro perder su atención en quién sabe que documentos e informes tediosos y largos. Miró por la ventana, en medio de la pared frente a la puerta, las cortinas blancas caían suavemente a los lados y en el cielo parecían disputar un tono gris y otro blanquecino y brillante. Se puso en pie y sin decir nada salió de la habitación, dejando a Yuriy con sus pensamientos.
Yuriy observó a Kai abandonar la estancia, pero no le dio importancia, Kai siempre se tomaba un rato para inspeccionar y conocer los alrededores de los lugares a donde iban, metiéndose en plazas, mercados, edificios o áreas públicas. Regresó su vista la pantalla de cristal líquido donde el juego de solitario parecía haberse estancado, frunció el ceño nuevamente.
Afuera la blancura de las calles, árboles y techos de las casas y edificios era total, la nieve parecía brillar con los rayos del sol que se filtraban por la densas nubes en el cielo, lanzando guiños si movía ligeramente la cabeza. Metió las manos en los bolsillos y caminó lejos de la posada, dispuesto a explorar un poco, algo en ese lugar le llamaba mucho la atención, posiblemente empezara con el nombre.
No creía en los ángeles, para él eso eran puras patrañas, pero no negaba que era un tema demasiado interesante de conocer, leer o escuchar, aunque no sabía exactamente por qué.
Habían pocas personas en las calles, paseando o comprando en el pequeño mercado al aire libre donde muchos tenderetes con pescados, frutas, verduras y otro montón de cosas más llamaban a los curiosos y amas de casa, no percibió allí la pobreza que acosaba a todo el país, solo... humildad.
Avanzó entre los edificios y casas, mirándolo todo con atención, grabando en su memoria lo que veía. Desde hacía algunos años tenía la costumbre de observar y memorizarlo todo, queriendo llenar así su memoria, tratado de esa manera poder relacionar una cosa con otra o al menos tener algo que poder recordar, algo a lo que aferrarse. En ese momento miró sobre su hombro y pensó en Yuriy.
Una ráfaga de aire helado barrió los copos de nieve de la acera levantándolos y creando una pequeña ventisca que lo envolvió, la nieve brilló ante el sol y pareció darle una imagen etérea y majestuosa. Cerró los ojos y siguió con su camino.
Alrededor de diez minutos se topó con una iglesia a las afueras del pueblo, tenía dos pisos y un campanario, donde varias palomas blancas estaban posadas. Las pesadas puertas de madera estaban entreabiertas, invitando a las personas a entrar y refugiarse del viento y la nieve. Sintiendo una punzada de curiosidad subió los cinco escalones de la entrada, elevando la mirada hacia la fachada exterior, una hermosa escultura en forma de ángel extendía las alas y los brazos, como brindando cobijo y haciendo una invitación, su bello rostro estaba desgastado por el tiempo y el clima, la roca donde fue tallado se había ennegrecido pero conservaba cierto aire de magnificencia.
Ladeó la cabeza mientras detallaba los pliegues de la túnica que cubría su cuerpo y los delicados pies que daban la idea de avanzar a pesar de estar suspendido en el aire, también observó los suaves rizos revueltos acariciar sus mejillas, como si el viento jugara con ellos.
Entró por fin, era ciertamente pequeño y el frío, que parecía rivalizar con el que se sentía en el exterior, se colaba por la puerta y la antigua fachada de piedra, pero tenía un aire de calidez que reconfortaba apenas se ponía un pie dentro. No había nadie sentado en los bancos, puestos en filas frente al modesto altar. La pequeña nave se alzaba muchos metros sobre su cabeza, formando arcos y bóvedas con hoscos ladrillos de piedra. Varias estatuas, talladas en gruesas columnas a los extremos de los bancos, simulaban ángeles y querubines, juntando sus manos y dirigiendo sus vistas hacia la gran cruz de madera al fondo de la capilla, uniéndose en silenciosas loas, con expresiones borradas con el tiempo.
La escasa luz provenía de los altos vitrales, que representaban escenas bíblicas en gran cantidad de vidrios de colores; y algunas velas a medio derretir frente a una figura de la Virgen, cuyos ojos miraban misericordiosamente al espacio frente a ella, extendiendo los brazos a los lados, en un tierno gesto maternal.
El eco de sus pasos resonó por todo el recinto, mientras avanzaba lentamente entre las filas de bancos, observando y detallando cada aspecto de la modesta pero enigmática capilla.
–Disculpe –habló una suave y melodiosa voz, que como seda flotó en el aire, haciendo eco. Tensándose al instante miró en dirección al lugar de donde provenía la voz, descubriendo en el rincón más alejado la delicada figura de una persona, que descendía por una escalinata de piedra que presumiblemente llevaba al segundo piso.
Caminó un poco más, acercándose a él con paso tranquilo, sin hacer demasiado ruido, como si flotara. La densa tela que cubría su cuerpo, de color oscuro, se agitaba causando un ligero fru-fru con cada paso, las vaporosas mangas cubrían parcialmente sus manos, y el alto cuello le dio la pista de que era un sacerdote.
–Buenas tardes –pronunciaron sus carnosos y sonrosados labios, que contrastaban con la palidez y pureza de su piel, sonrió cálidamente y sus pómulos se perfilaron. Aquellos agraciados rasgos se veían opacados por sus negros y brillantes ojos, dos ópalos profundos y cálidos que parecían haber visto muchas cosas. Su estético rostro era enmarcado por suaves y delicados rizos dorados, que caían graciosamente sobre sus hombros, como finas hebras de oro–. Bienvenido sea a la casa de Dios.
Kai atinó a asentir quedamente, perdido en aquella pacífica mirada y esa agradable voz. Esa quizá si era una imagen digna de recordar. Era... angelical.
–¿Le puedo ayudar en algo? –preguntó amablemente.
–Ah, solo estoy... viendo, disculpe –eso era extraño, el jamás se disculpaba, con nadie, no importaba de quien se tratara y si alguna vez decía eso a Yuriy pues... jamás lo sentía realmente, y ese no era ningún secreto.
–Siéntase en la libertad entonces de hacerlo y pedirme lo que guste. Permiso –se excusó para acercarse al grupo de velas encendidas a los pies de la Virgen.
Kai nunca había visto una mirada tan pura y llena de sentimiento, le había dejado turbado y sin capacidad de coordinar pensamientos coherentes. Observó como tomaba una vela en sus delicadas manos y encendía unas cuantas que se habían apagado, seguramente por causa del frío y del viento.
–Disculpe la intromisión, joven –dijo volviéndose–. Pero no le había visto antes¿es usted un viajero?
–Sí, estoy aquí... para un trabajo –pero eso era más extraño todavía, no solía sostener charlas tan largas y tan inconscientemente con desconocidos, no era su estilo–. Pero decidí ver los alrededores y me encontré con la iglesia.
El hombre sonrió, Kai pudo ver un nuevo brillo en sus ojos, eso le parecía imposible segundos antes.
–Arcángel es una bonita ciudad, aunque no muy turística muchos artistas vienen aquí para inspirarse y alejarse del ajetreo de la vida moderna, luego sabemos de algún cuadro o libro que se ambienta en un muelle o pueblo antiguo. Como habrá visto, hay un aire de principios de siglo –Kai solo pudo asentir de nuevo en silencio–. ¿Es usted algún artista?
–No, pero no sabría decirle –contestó desviando la mirada.
–Comprendo... No me he presentado, yo...
–Padre Gabriel, padre Gabriel –exclamaba una vocecita, interrumpiendo lo que fuera a decir el hombre. Una chica entró apresuradamente, no era más alta que Kai y una capa de exquisita piel cubría su menudo cuerpo y la capucha caía sobre sus hombros, mostrando así sus cortos cabellos rosas.
–Oh, buen día, Mathilda –saludó cortésmente–. Que el señor esté contigo.
–Y con usted, padre.
Los grandes ojos, del mismo color que su cabello, brillaban de manera especial, como si de un niño mirando un juguete nuevo se tratase.
–¿Ocurre algo? –preguntó viendo que la chica no hablaba.
–Disculpe... Quería decirle que mi padre se ha recuperado completamente y muy pronto podrá volver a su vida normal. El doctor dijo que podrá ponerse en pie en un par de días y que ya está fuera de peligro.
–Alabado sea Dios –exclamó con una sincera sonrisa en el rostro–. No sabes el gusto que me da escuchar eso.
–Tenía razón, recé mucho a los ángeles y ellos lo ayudaron. Por cierto, está invitado cenar esta noche, para celebrar su recuperación
–Sabes que no era necesario, pero iré de todos modos para darle mis saludos y respetos –Mathilda asintió, el brillo en su rostro y el ligero sonrojo que lo cubría delataba lo contenta que estaba.
–Muchas gracias –se fijó por primera vez en el chico que acompañaba al rubio y apenada bajó la cabeza–. Bien... con su permiso, disculpe.
Se persignó antes de salir con cierta vergüenza, el padre sonrió con ternura.
–Lamento la interrupción. Mathilda, es una encantadora chica pero ha estado muy preocupada por su padre, el señor Barthez. Me da mucho gusto que ya se haya recuperado de esa enfermedad... Siento cierto alivio –fue como una mano invisible le retorciera las entrañas–. Como le iba diciendo y ya sabrá usted, soy Gabriel Bourque, el clérigo de esta pequeña ciudad. Estoy a su servicio.
–Soy Kai Ivanov –mintió instintivamente, ese apellido siempre era el primero que se le venía a la cabeza. Sus ojos temblaban y su pulso se aceleró. Aquella calidez y felicidad en el rostro del clérigo al saber del alivio del tal Barthez... ¿Por qué le había incomodado tanto?
–¿Ocurre algo malo? –se aventuró a preguntar, viendo el mutismo y la expresión consternada que adornaba las finas facciones del chico–. Joven Kai¿se encuentra bien?
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–Llegas tarde –le reprochó al momento de entrar al cuarto.
–Hn.
El dichoso ordenador estaba cerrado a los pies de la cama, el pelirrojo pulía su arma con la espalda recostada en la almohada. Un plato de comida reposaba sobre la otra, parecía caliente todavía. Sin decir nada se acercó al lecho y empezó a comer, ambos en un denso silencio.
–A las diez partimos.
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Las puertas de la posada se cerraban a las diez en punto de la noche, por lo cual debían salir por la ventana. Un segundo piso no era nada si tomaban en cuenta la cantidad de riesgos que habían tomado antes. Cayeron de pie, conservando en todo momento su porte elegante y expresiones serias. Caminaron en silencio entre la nieve hacia la casa más lujosa del poblado, residencia de su próximo blanco.
–Barthez se ha refugiado en Arcángel desde hace un año, cuando nuestro cliente pudo dar con él no tardó en contactarnos, parece que hay viejas cuentas que quiere saldar por otros... medios.
–Hn –gruñó.
–Y... ¿Qué te pasa? –preguntó al verlo tan... ¿Kai estaba molesto? No, imposible.
–Nada –gruñó de nuevo.
Se encogió de hombros, daba igual. Continuó caminando entre una arboleda bien cuidada que cercaba el paso a la gran casona de dos pisos con amplios jardines, era muy señorial y al mismo tiempo sencilla. Ambos sacaron sus armas y se separaron a cinco metros de la entrada, refugiándose en la oscuridad y el amplio follaje.
Ocultos tras los árboles comprobaron que la seguridad era escasa por no decir nula. Bastante raro. Seguramente los guardias y vigilantes del magnate debían estar adentro, para no levantar sospechas. Por lo que sabía, el plan de Barthez fue inicialmente desaparecer del mapa y lo menos que quería era llamar la atención. Al menos esa parecía la respuesta más lógica.
–Su... sa... ku.
Entrar fue endemoniadamente fácil. Yuriy no sabía si verlo como un insulto o un acto de total torpeza del hombre. A Kai eso le daba igual. El palpitar de su corazón aumentaba de intensidad a cada paso que se acercaban y no sabía porqué. No tenía una respuesta clara para eso pero por algún extraño motivo el rostro seráfico del padre Gabriel estaba gravado en su cerebro. Bufó exasperado al entrar por la ventana, intentando alejar pensamientos molestos e inapropiados, no tenía tiempo para eso.
Yuriy fue el primero en disparar esa noche, el silenciador mostraba de nuevo su valor. Ahora el recibidor estaba solo. Kai miró en la oscuridad los bellísimos y caros muebles y detalles que decoraban ese espacio, tan contradictorio de la sencillez de pueblo. Entraron a la sala de estar y eliminaron al vigila al pie de las escaleras. Un certero y limpio disparo de Kai. Subieron las escaleras de madera pulida, cubierta por una alfombra roja, hasta el rellano del segundo piso. Bastó un tercer disparo para despejarlo.
Fue entonces cuando escucharon la débil melodía de un piano, para ambos inconfundible. Debía ser un experimentado pianista, pensó Kai; debía estar loco para tocar a esas horas, o estar muy trastornado, pensó Yuriy. Con un ademán el pelirrojo mandó a Kai a investigar la procedencia de la música y silenciar al intérprete si era necesario. Es decir, en caso de que fuera el objetivo o el mismo Kai fuera visto.
Con paso gatuno, casi como una sombra, avanzaron por el pasillo y revisaron cada una de las seis habitaciones: un estudio, una biblioteca, una habitación de huéspedes, todas vacías. Quedaban tres, una de las cuales estaba al final del pasillo. Yuriy avanzó sin miramientos hacia allá, arma en ristre, flotando en las sombras. Kai entró a la habitación de la derecha, teniendo que adentrarse un poco para verla del todo, una punzada atravesó su pecho, dejándole un amargo sabor.
Las notas fluían libres y vívidas bajo sus dedos, finos y pequeños pero rápidos y ágiles. Cada tecla tocada con previa conciencia, hundiéndose bajo las delicadas manos. La escasa luz que entraba en la habitación recortaba la silueta, delicada y frágil, de manera fantasmagórica. Se mecía levemente sobre el asiento, interpretando ferviente la melodía, atrapada en su magia, ajena del exterior. Kai contuvo el aliento, una desagradable sensación se abrió paso, pero su rostro continuó inexpresivo.
Un único disparo resonó en la oscuridad, amortiguado y lejano. En ese instante la luz de la luna se filtró todavía más en la habitación, alargando la luz y las sombras por el piso, de seguro una nube se habría alejado. La música paró de pronto. Los ojos rojizos, casi rosados lo miraban consternados, asustados y aterrados. La luz iluminando sus facciones, sus ojos encontrándose con los otros, el arma brillando amenazante, como la misma luna.
Ahogando un grito la chica se levantó del banco donde antes había estado interpretando la lenta y dulce melodía, con expresión temerosa. Observaba fijamente al apuesto chico frente a ella, pasaron los segundos hasta que cerró los ojos y una especie de mueca, que pretendía ser sonrisa, adornó su rostro. Alivio, resignación, tristeza. Un poco de eso pudo percibir con ese simple gesto. Soltó el aire y todavía sin atreverse a mirarlo dijo:
–Has venido por mi padre. ¿Te envió ese hombre?
No contestó.
–¿Eso que oí fue el sonido de su muerte?
Seguía sin hablar. De pronto abrió los párpados, de largas pestañas, una superficie brillante y acuosa se escondía tras ellos. Elevó un poco los brazos, tal como el ángel de piedra de la iglesia. Vestía un delicado vestido de seda y sobre éste una bata de lana de mangas anchas y bordados finos. Unos cortos mechones enmarcaban su rostro, melancólico, aniñado y sereno.
–Si mi padre ya ha muerto, por favor –rogó con voz suplicante y temblorosa–, llévame a mi también. Mi madre nos dejó hace mucho tiempo y no tengo hermanos. Ahora esto sola en este mundo –extendió los brazos un poco más–. Llévame a donde está mi padre. No me importa nada más.
La habitación de la izquierda le pertenecía a una mujer. Eso era tremendamente obvio, pero parecía que una niña pequeña también habitara en ella. Una gran cama de doseles rosa pastel, un escritorio bellamente tallado lleno de libros y fotografías. Unas tiernas flores en su maceta junto a la ventana. Grandes estantes llenos de muñecas y figurillas de porcelana, juegos de té, más libros y una bala de plata, antigua, que brillaba inocentemente con la luz nocturna.
Una par de animales de felpa en la cama, entre cojines, en el estante y sobre el buró, adorables sus ojitos y suave su pelaje. Yuriy preguntó si el trabajo estaba listo y abandonaron la mansión, sumida en penumbras y, ahora, en silencio.
Caminaron apresuradamente fuera de la residencia, dejándola atrás en total calma, con dirección a la posada. Mañana mismo partirían, no tenían tiempo que perder. Ninguno hablaba. Kai pasó saliva y frunció los labios.
El silencio de la noche era menos denso que el compartido por ellos. Yuriy empezaba a impacientarse, algo muy extraño le pasaba a Kai, ese mutismo, ese andar distraído y hasta cierto punto enojado, pero sobre todo esa mirada turbada y distante. Se extrañó sobremanera al verlo desviarse pero su sorpresa fue todavía mayor al ver la construcción de piedra, con un campanario y una gran cruz sobre este. No comprendía qué hacían en una iglesia.
Mejor dicho, no comprendía que haría Kai en una iglesia.
De cualquier manera lo siguió, se paró a su lado y trató de enfocar lo que atraía tanto el interés de Kai. Alzó una ceja incrédulo. Una estatua, representando a un ángel, adornaba la fachada sobre la puerta. Era muy hermoso pero nada fuera de lo común. Sus facciones, antes posiblemente formando una sonrisa, estaban deterioradas por el tiempo y la piedra se había ennegrecido por el clima.
Kai suspiró, su aliento se elevó en el aire, como vaho.
–¿Crees en los ángeles? –escuchó que preguntó en un murmullo a su lado, esperó unos segundos antes de contestar.
–No, solo en los demonios.
–Estoy sola, permíteme ir junto a mi padre.
Disparó. La bala atravesó limpia y silenciosamente el pecho de la tal Mathilda, hija de Barthez, su objetivo. El impacto pareció llegar tarde, su cuerpo permaneció inerte unos instantes, donde su expresión era de un sorpresivo alivio. El impulso llevó su delgado cuerpo hacia atrás, para caer pesadamente en el suelo. La luz de la luna, que entraba por la gran ventana al otro lado de la habitación, iluminaba espectralmente la gran cantidad de instrumentos musicales, incluyendo el gran y blanco piano donde estuvo tocando la chica.
Una mancha escarlata crecía y se extendía por su pecho, manchando su exquisito vestido. Una expresión de paz y tristeza llenaban su rostro al momento de dar su último suspiro, antes de tocar el suelo. El líquido escarlata empezó a formar un charco a su alrededor. Sus ojos, carentes de vida, miraban sin ver el techo, sus músculos relajados y su sonrisa floja.
Era escalofriante por más fastuosa que fuera. Kai guardó su arma y se dio la vuelta, dándole la espalda a la joven que yacía en el piso. Debía, lo que era más, quería salir de allí lo antes posible.
A la mañana siguiente la doncella principal de los Bartez entró a la lujosa residencia. Bastó cinco minutos para que los rumores y gritos empezaran a correr. Ese día todos se enteraron de la realidad de la familia y fue contada y distorsionada cientos de veces en el velorio. Gabriel habló con fervor y dolor al momento del sermón, con la imagen de un hermoso joven de ojos grises marcada a fuego en su memoria.
No compartió con nadie más su sospecha. Kai ya estaba a una hora de la ciudad a la hora de la misa, luego de desayunar en el pintoresco y elegante comedor.
–¿Qué diablos te pasa?
–Hn –"dijo" Kai, escondiendo su rostro en la ancha espalda del pelirrojo. Ivanov se tensó y aceleró de pronto.
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Do dai? Vieron que valió la pena? Audiencia:... Aunque sea un poco...? Ok, me callo. De veras lo siento y agradezco de nuevo por los R&R que ya tengo y tendré. Recomiéndenme fics, por favor, quiero leer mucho. Pueden ser de Beyblade, Sain Seiya (ni yo misma me lo explico ¬//¬), Naruto (SasuNaru n//n), Gumdan Wing/AC, Yu Yu Hakusho, The prince of tennis, Shaman King o Harry Potter (a donde he llegado... Sólo shounen ai o Yaoi). Bueno, ahí lo tienen, espero que lo hayan disfrutado, el otro capi está casi listo y actualizaré dos de golpe para compensar la espera. Eso espero ù.u Como sea, nos veremos pronto, Roseriot espero que lo hayas disfrutado; Filburt-sempai, oka-san, gracias por su apoyo. Cuídense!
Cualquier duda pregúntenme con toda confianza y dejen sus preciosos comentarios aunque sea para amenazarme o algo así, se los agradecería mucho. Les dejo mis msn: luchi(barra abajo)1692(arroba)hot... y hikaru(barra abajo)no(barra abajo)yami55(arroba)hot... ya se saben el resto, agréguenme y los aceptaré en seguida, lo juro.
Al no tener internet no puedo apresurarme mucho por lo cual disfruten lo poquito que les traigo.
Sayounara!
"El blanco más blanco es el negro"
