— ¡¿Cómo que Haruhi está siendo acosado?!— dijo Honey, al borde de las lágrimas.

— ¡Tamaki! ¿Estás seguro? — le pregunté, preocupadísimo hasta el máximo, cayendo en la desesperación.

— Sí, hijos míos. Esta tarde, papá tuvo que sumergirse en la fuente para encontrar la billetera de Fujioka.

— Es simple — dijo Kyoya, levantándose las gafas. — La señorita Ayanokoji ha estado teniendo actitudes muy extrañas desde que Haruhi apareció en el Club. Le observa con detención, le hace comentarios desagradables... ¿y cómo explicarían ustedes la extraña actitud de Haruhi cada vez que aparece con una herida nueva? Explica cosas poco realistas y de manera nerviosa. No sabe mentir, y los bolsos no caen a fuentes por error.

— ¡Pero Kyoya, Tamaki! ¡Si ustedes lo han sabido todo este tiempo, ¿por qué no han hecho algo?! — grité, sorprendiendo a Kaoru, quien me miró con una expresión extraña en el rostro. Como siempre, me estaba leyendo la mente...

— Hikaru, calma. Tenemos todo bajo control. Ahora, debemos esperar la oportunidad para contraatacar...— y Kyoya sonrió de manera siniestra. Por supuesto, el Rey Demonio tenía algo ya bajo la manga...

La situación me tuvo preocupado durante toda esa noche e incluso el día siguiente. Me preguntaba constantemente, cuándo, cuándo iría a presentarse esa maldita oportunidad para echar a patadas a esa Ayanokoji del Host Club. Mi sorpresa fue grande cuando la respuesta a mi interrogante llegó más pronto de lo que yo creía.

¡CRASH! Platos y tazas cayeron al suelo y se rompieron en mil pedazos.

— ¡Ah! ¡Es un bárbaro! ¡Haruhi me hizo una propuesta indecente! ¡Alguien debe echar a este plebeyo de…!

— ¡Ups, nuestras manos resbalaron! — dijimos, en nuestra habitual manera burlona, mientras dejábamos los vasos de agua a un lado y Kyoya le lanzaba fotografías a su empapado vestido.

— ¿Pensaste que éramos unos tontos? ¿Que no nos daríamos cuenta de tus actos? Tenemos muchas fotografías comprometedoras.

Honey lagrimeaba. — Me da miedo… es como una señora ogro…

— Una lástima, en verdad — dijo Mori.

— Qué mal… eres una princesa muy hermosa, pero la apariencia por sí sola no cuenta. Desaparece, ¿está bien? Sé una buena chica. Intentaste perjudicar a un miembro del Club… Por lo tanto, desde hoy tienes prohibida la entrada.

Tamaki puso el broche de oro. La señorita Ayanokoji salió llorando, mojada y desesperada, banneada por siempre del Host Club. De vez en cuando aparecían esas reinas, pero no era nada que no se pudiese manejar. Al menos Haruhi se encontraba bien, por ahora, y ya no tendría que sufrir más acosos de aquella mujer.

Me sentí aliviado, y mientras me perdía en mis pensamientos, escuché a Tamaki decir con su molesta voz… "¡tu cuota se eleva a mil clientes!". Demonios, ¿cómo podría conseguir mil clientes? Es más, ¿es que Tamaki nunca se iba a dar cuenta de que Haruhi era una chica? Y si eso ocurría… ¿dejaría de venir al Club? ¿qué pasaría con su deuda? Quizás yo pudiese pagarla… pero bueno, no era momento de pensar en esas cosas. ¿¡Y desde cuándo me importaba otra persona que no fuese mi hermano y yo mismo!?

— ¿Qué es esto? — preguntó Tamaki recogiendo una tarjeta del suelo, entre los pedazos de fina porcelana.

— Oh, debe ser mío — le respondió Haruhi.

Oh no. Me puse nervioso… ¿sería eso algo revelador? Por alguna razón, no quería dejar de verla estas horas extras aparte de las clases…

— Haruhi.

— ¿Sí?

— ¿Eres mujer?

— Sí. Nunca dije que no lo fuera.

Contuve mi respiración. Ahora el rey sabía la verdad.

—¡#$%&!

Se pudo oír claramente como Tamaki escupía exclamaciones de rabia y de incredulidad. Mientras, todos disfrutábamos el momento… no podía ser que no se hubiese dado cuenta antes. El Club completo ya lo sabía.

Entonces quedó decidido. Para poder pagar su deuda, Haruhi sería, de ahora en adelante… un hombre.

Eran más de las doce ya. Se me hacía imposible no revolcarme entre las sábanas, pensando en ella. Me estaba quitando el sueño.

— Hikaru, ¿no puedes dormir?

— No.

— ¿Estás pensando en Haruhi?

— Sí... o sea, no, es decir...

— Ya veo... bueno, esperemos que las cosas salgan bien de ahora en adelante. De todas formas, parece ser que este año será muy interesante...

— Sí... buenas noches, Kaoru.

— Buenas noches, Hikaru.

Y me di vuelta, dispuesto a dormir, sin poder quitarme la voz de Haruhi de la cabeza... "...y el de la izquierda es Hikaru...". Su voz resonaba como cuchillos en mi cabeza, mientras el eco de su voz me llenaba hasta el más oscuro rincón de mi ser. ¿Cómo, cómo lo había hecho? Exhausto, cerré los ojos, esperando, con ansias, los días que vendrían por delante.