Capítulo IV

Syaoran

Aún medio dormido podía sentir la cálida luz de los rayos del sol sobre mi cara. Después de mucho tiempo había vuelto a soñar con ella y conmigo cuando hubo un nosotros. Abrí los ojos lentamente intentando adaptarme al cambio de luz, pestañeé confundido al ver que no me encontraba en mi habitación y tardé algunos segundos en recordar los eventos del día anterior.

Con la culpabilidad aun dando vueltas en mi cabeza, había salido a caminar para despejarme, sin embargo mis pasos me habían llevado directo a la casa de Sakura, la misma casa que antes compartíamos. Estuve un par de minutos sentado en un parque que se encontraba justo en frente, debatiéndome entre la idea de entrar sin una excusa preparada o salir huyendo de allí.

'¿Syaoran Li?' preguntó una voz desconocida. Me volteé a ver de quien se trataba, era un hombre de unos treinta años aproximadamente, lo reconocí como el novio de mi ex secretaria pues lo había visto rondar la oficina un par de veces antes. Antes de que pudiera decir o hacer algo, sentí como algo se me clavaba en el abdomen y luego la tibieza de mi sangre recorriendo mis propias manos 'Ahora ya no te sientes tan todopoderoso, ¿a que no?' dijo con una sonrisa macabra antes de marcharse.

El parque se encontraba absolutamente desierto, y yo había olvidado mi móvil en la oficina. Necesitaba ayuda y la casa más cercana era su casa. Caminé sintiendo el peso de las ironías de la vida, yo que no había encontrado una excusa válida para aparecerme en su puerta, por fin había encontrado una y de la peor forma.

El sonido de un suspiro me sacó de mis propios recuerdos. Miré hacia mi izquierda y pude ver la cabeza de Sakura reposando sobre el borde de la camilla. Su cabello castaño claro se encontraba desparramado en las sábanas, recordé cuando lo llevaba largo y por las noches se lo acariciaba. Siempre había admirado la habilidad que tenía para quedarse dormida en cualquier sitio, y esto lo comprobaba pues la silla en la que estaba sentada no parecía ser de las más cómodas. Tenía el ceño fruncido, como si no estuviese teniendo un buen sueño.

–¡No! –exclamó sentándose abruptamente con los ojos tan abiertos como platos. Pareció desorientada por un momento y se sonrojó cuando me vio observándola– ¡Syaoran! ¿Cómo te sientes? –exclamó como recordando de sopetón por qué estaba aquí.

–Bien –respondí un poco confundido de que volviera a llamarme por mi nombre– ¿Qué haces aquí tan temprano?

–Me quedé toda la noche –respondió bajito desviando la mirada. Algo en mi interior se movió y me inquietó– Iba a llamar a Eriol para que te acompañara pero dejé el móvil en casa y no me sé su número –se excusó con rapidez. Sonreí. Aquello era tan propio de la Sakura que yo conocía que por un momento imaginé que estábamos en el instituto.

–No deberías dejarte el móvil, nunca sabes cuándo necesitarás…

–Mira quien habla –interrumpió– Si hubieses traído tu móvil ni siquiera te habrías detenido a pensar en pasar por mi casa –la miré pensando en lo equivocada que estaba. Ella pareció sentirse incómoda pues miró hacia otro lugar– Ya, pero hablando en serio ¿estás bien? ¿te duele algo?

–No me duele nada –mentí, pues podía sentir el ardor de la herida que me habían hecho en el abdomen. Me miró escrutadoramente, como si intentara leerme el pensamiento.

–Mentiroso –me acusó– No intentes hacerte el valiente, a mí no me puedes mentir ¿sabes? Nos conocemos hace ya mucho tiempo.

Un silencio un tanto incómodo se alzó entre los dos, tal vez por todo lo que aquella última frase implicaba, pero Sakura tenía razón. Nos conocíamos desde el preescolar, y aunque lleváramos años sin hablar no podíamos haber cambiado tanto como para no saber nada del otro. Sonreí con nostalgia. Quién iba a pensar que la misma persona a quien había hecho tanto daño me salvaría la vida…

–Sakura –llamé. Ella me miró como diciendo que tenía su atención. Apreté las sábanas entre los dedos pues lo que estaba por hacer no era fácil– ¿De veras quieres el divorcio?

–Por algo te lo he pedido, ¿no? –dijo como si fuera lo más obvio del mundo– Pero claro como tienes otras prioridades no puedes pensar en nadie más que no seas tú mismo ni por un mome…

–Está bien –interrumpí. Puso cara de no entender nada, así que continué– Te daré el divorcio.

–¿Hablas en serio? –preguntó con incredulidad.

–Sí –respondí sintiendo de repente el pecho más pesado– Pero lo de que estoy muy ocupado es verdad, así que tendrás que darme un par de meses para terminar algunas cosas pendientes y ya nos pondremos a hacer todo el papeleo.

Me miraba de tal forma que parecía que pensaba que todo lo que le decía era una broma de mal gusto. Me mantuve serio para que comprendiera que era verdad y que planeaba cumplir con mi palabra.

–Si estás bromeando te juro que…

–Sabes que no bromeo –dije. Su cara pasó del asombro a la felicidad en cosa de milisegundos.

–¡Muchas gracias, Syaoran! –exclamó. Está bien, para ser sincero no me esperaba tanta alegría por un divorcio, digo, parecía a punto de saltar a abrazarme y todo– ¡No sabes cuánto significa esto para mí!

La puerta corrediza se abrió interrumpiéndonos.

–Buenos días –saludó un hombre con bata blanca entrando en la habitación.

–Oh –dijo Sakura sorprendida– Usted…

Él le sonrió. Los miré sin entender de qué iba todo. ¿Por qué Sakura parecía conocerlo?

–Soy el doctor Hiroshi Aoyama –se presentó y luego se dirigió a mí– ¿Cómo se siente?

–Dice que no le duele, pero miente –intervino Sakura. La fulminé con la mirada pero ella ni se percató.

–Levántese la bata –me ordenó haciéndome sentir como un crío– tengo que examinarlo –explicó como si entendiera mi confusión.

Hice lo que me decía y él se acercó mientras se ponía un par de guantes estériles. No quise mirar cuando levantó el parche que tapaba la parte baja de las costillas.

–Tuvo suerte de que no le perforara ningún órgano vital –dijo con seriedad mientras volvía a poner la gasa en su lugar y tiraba los guantes en el bote de basura– Tendrá que estar un par de días más internado…

–Doctor, tengo mucho trabajo pendiente y no puedo darme el lujo de presentar una baja en este momento –dije con prisa.

–Si no hace el reposo como es necesario, luego tendrá que pedir una baja por aún más días, así que más vale que descanse y delegue sus responsabilidades a alguien más pues lo último que necesita es estrés –declaró tajantemente. Le sostuve la mirada intentando desafiarlo pero no tenía sentido, él era el doctor y tenía la última palabra– Si la herida cicatriza bien podrá irse de aquí en tres días, pero para eso necesita reposo. De ser necesario puede confiscarle el móvil –dijo esta vez dirigiéndose a Sakura que sonrió perversamente– ¿Usted será su cuidadora, señorita…?

–Kinomoto Sakura –respondió ella rápidamente– Y no lo creo, la verdad es que…

–Sí –interrumpí yo– ella será mi cuidadora estos días que esté en el hospital.

–Bueno, entonces usted será la encargada de informarme de cualquier cambio o mal comportamiento –le dijo guiñándole un ojo. Yo puse mala cara. ¿Estaba coqueteando con ella en mis propias narices?

Sakura se sonrojó como siempre hacía frente a ese tipo de cosas.

–Bien, seguirán pasándole analgésicos por la vía, sólo gracias a eso no siente tanto dolor –dijo él anotando algunas cosas en la tablilla que llevaba en la mano– recuerde avisarme si necesitan algo, por ahora debo seguir visitando a mis paciented, así que si no tienen dudas me retiro –dijo entregándole una tarjeta a Sakura que la recibió temblorosa.

–Está todo claro –mascullé entre dientes.

–Bueno, hasta mañana entonces señor Li, señorita Kinomoto.

Cuando cerró la puerta sentí algo de alivio. Ella guardó la tarjeta de presentación en el bolsillo del pantalón.

–¿Qué fue toda esa familiaridad? –pregunté sin pensarlo.

–¿Familiaridad? –ella parecía confundida. Entonces esbozó un "Oh" con los labios– Anoche mientras esperaba a que salieras de pabellón me compró un café y me comentó cómo había salido la cirugía.

–¿Un doctor te compró un café?

–Sí –asintió ella– la verdad se lo agradecí mucho porque con la prisa me dejé hasta la cartera y no tenía ni un solo centavo para comprar algo que me quitara un poco el frio.

La miré con algo de culpabilidad. Por mi causa había estado en ese inhóspito lugar pasando frío, hambre y sueño.

–Deberías ir a casa –dije mirando hacia la ventana– Te vendría bien dormir un poco, se te ven las ojeras a un kilómetro de distancia.

–Podrías al menos mostrarte un poco agradecido de que no te dejé solo –gruñó sintiéndose claramente ofendida. Yo no lo había dicho con esa intención, simplemente quería que fuera a dormir, ducharse y alimentarse sin darle a entender que me preocupo por ella– A la próxima te juro que te dejo tirado en la calle.

–Lo estoy –dije suspirando. Ella me miró confundida así que aclaré– Estoy agradecido, me has salvado la vida, pero también es verdad que deberías ir a casa así de pasada coges tu móvil y avisas a Eriol para que me traiga lo necesario, estoy sin secretaria así que él tendrá que darse el tiempo de…

–Espera un minuto –dijo con los ojos brillantes– ¿acabas de decir que estás sin secretaria?

–Sí –respondí sin entender por qué esa noticia le emocionaba tanto, aunque por su mirada podía deducir que se le había ocurrido algo.

–Es que verás, estaba pensando y… –hizo una pausa en la que se mordió el labio, como lo hacía cada vez que intentaba decidirse sobre si decir algo o no– bueno ya que me darás el divorcio tengo que trabajar en algo para subsistir, después de todo tendré que pensar en alquilar un piso, los gastos, la comida…

–Al grano –la interrumpí medio intuyendo de qué iba todo.

–Nunca he trabajado antes, así que tal vez sería buena experiencia hacer de tu secretaria… ¡Solo por un tiempo! –exclamó al ver mi cara de consternación– Hasta que encuentre algo estable, digo si ven en mi currículum que trabajé para el Li Group, de seguro se me abren muchas puertas y ya no necesitaré nunca más de tu ayuda.

Me imaginé el panorama. Lo primero que pasaría si dejaba que Sakura trabajara para mí sería que Amy me sometería a las penas del infierno, sin embargo también tenía su lado positivo, ambos nos conocíamos y hasta hace unos años nos llevábamos bien, por lo que no sería exactamente un problema o una preocupación trabajar juntos. Además hasta donde yo recordaba, si bien era un poco torpe, Sakura era ordenada y muy responsable.

–No sé –dije algo dudoso.

–Te prometo que seré la mejor secretaria que hayas tenido –aseguró sosteniéndome la mirada seriamente.

–Bien, te pondré a prueba por dos semanas y ya veremos –decreté.

–Genial –dijo– ¿Cuándo empiezo?

–Ahora mismo –respondí yo. Ella me miró sorprendida– Lo primero que harás será irte a casa, coger tu móvil, avisar a Eriol y pasar a buscar mis cosas a mi casa.

–A la orden –dijo haciendo la típica pose militar de obediencia, pero entonces me miró algo sonrojada– ¿Puedo saber mi horario? Tengo algunas cosas de las que ocuparme y me vendría bien para organizarme.

La miré intrigado. ¿De qué cosas se tendría que ocupar Sakura Kinomoto? Después de todo tenía una ama de llaves, personal a su servicio y todo lo que quisiera con sólo deslizar su tarjeta de crédito. Me encogí de hombros, era justo que conociera sus horarios desde ya.

–Lunes a viernes de 9 de la mañana a 6 de la tarde –informé– eso sí, en ocasiones tendrás que acompañarme a reuniones fuera de horario, pero no te preocupes que eso te lo pago extra –pareció dudar por un momento, pero entonces asintió– ¿Alguna duda?

–Todo claro –respondió.

–Bien, entonces te quiero aquí a las cuatro de la tarde –dije luego de mirar de reojo el reloj. Aún quedaban ocho horas, por lo que suponía tendría el tiempo suficiente como para dormir un momento y luego hacer el resto.

–¿Tan tarde? –preguntó sorprendida.

–Es una buena hora –respondí– Además así puedo dormir sin que me interrumpan.

–Bueno –dijo encogiéndose de hombros– hasta más tarde entonces –dijo mientras cogía las llaves del coche y se encaminaba hacia la puerta.

–Nos vemos –dije yo.

–Ah, y Syaoran…

–¿Si?

–Gracias –dijo sonriendo con sinceridad. Mi estómago dio una sacudida, había pasado demasiado tiempo desde la última vez que había visto esa sonrisa– Te prometo que no te arrepentirás.

–Comenzaré a arrepentirme ahora mismo si no te vas pronto –bromeé. Ella me sostuvo la mirada por unos segundos y luego sin decir nada más se marchó.

Suspiré con cansancio. Cuando Amy se entere de que Sakura fue quien me trajo al hospital y de que a partir de hoy será mi nueva secretaria, arderá Troya.

Notas de la autora: ¡Hola! Por fin Sakura ha conseguido lo que quería ¿Qué les parece? A mí personalmente me gustó que esos dos tuvieran un momento a solas y que Syaoran tuviera la oportunidad de sentir remordimiento… oportunidad que se repetirá muchas veces más así que no se preocupen.

Supongo que ya saben qué son las cosas de las que se tiene que ocupar Sakura ¿no? ¡Shinji, por supuesto! A él lo veremos en un par de capítulos más así que por mientras extráñenlo.

¡En fin, muchísimas gracias por sus reviews, follows y favorites! Recuerden que cualquier crítica, comentario o lo que se les de la gana es bienvenido, disfruto mucho leyendo sus reviews aunque entre el trabajo, mi novio, mi familia y mi perro me queda poquísimo tiempo como para responder… de echo si no fuera porque existe word para smartphones tampoco podría escribir xD.

Los dejo ya, ¡Hasta la próxima semana!