Capítulo 3: Ayuda divina
Stryker buscó desesperadamente con la vista qué era lo que ella estaba viendo, hasta que finalmente logró distinguir una forma en el cielo estrellado, una silueta alta y con las alas extendidas, que se acercó paulatinamente a ellos y aterrizó silenciosamente en el callejón, a solo unos metros del policía. Él, confundido, intercambió miradas entre ella y lo que sea que esa cosa fuese, pero Nitara parecía absolutamente paralizada. Respiraba rápidamente y tenía los puños apretados.
―Llevamos un buen tiempo siguiéndote el rastro ―murmuró. La figura, que traía una larga túnica, se echó la capucha hacia atrás, exhibiendo unos cabellos castaños y unos gélidos ojos grises ―. Princesa.
― ¿Qué? ― preguntó Stryker, sorprendido ―. ¿Quién es él?
―Salem ―dijo ella, aunque más que responder su pregunta, parecía estar hablando con el sujeto.
―¿Creíste que no percibiría su presencia? ― la interrumpió ―. Sabes que puedo percibir tu sangre a kilómetros de distancia, ¿por qué intentar escapar de nosotros, tus hermanos?
―Tú no eres uno de los nuestros― respondió ella, sin perder los estribos, a pesar de que por su expresión parecía llena de ira ―. Se supone que sabes eso.
De repente, Salem lanzó una estruendosa carcajada, que le permitió a Stryker notar sus afilados colmillos, que destacaban mucho al lado de sus labios pálidos. La risa se extendió y resonó por todo el callejón y, quizás por el terror, a Kurtis le comenzaron a zumbar los oídos.
―Cuida esas palabras, Nitara ―le advirtió, moviendo su dedo índice de un lado a otro ―. No querrás que tu muerte sea lenta y dolorosa.
―¿Quién mierda eres? ―preguntó Kurtis, enfadado ante aquella amenaza.
Salem lo miró divertido, como si se tratase de alguna extraña criatura. Lo miró de arriba abajo, despectivamente.
―Mi nombre es Salem ―se presentó, en un tono sorpresivamente educado ―. Soy el líder de los hijos de la noche.
―A este ritmo vas a destruir a nuestra raza ― acotó Nitara, claramente indignada ―. No mereces ser llamado líder. Todo lo que te interesa es aumentar tu poder.
Pero nada de lo que Nitara dijo borró la sonrisa en el rostro de Salem, que comenzó a caminar hacia ellos.
―Les daré la oportunidad de elegir cual de ustedes va a morir primero ―ofreció, mientras señalaba a uno y luego al otro ―. Vamos, no sean tímidos.
Pero Stryker, que ya llevaba un buen momento harto de la personalidad de ese sujeto, se lanzó directo a la batalla con un puño en alto.
Estaba a solo un metro de distancia de su oponente, cuando creyó ver una fugaz sonrisa socarrona surgir en su rostro. Luego nada, durante una fracción de segundo ya no había nada. No acabó de preguntarse que había pasado cuando de repente sintió repentino dolor en el plexo. Logró bajar levemente la mirada para ver la oscura figura de Salem antes de salir inevitablemente expulsado hacia atrás por el golpe.
Habría caído de bruces al suelo, pero algo lo sujeto por la espalda durante su recorrido. Sin poder respirar y sintiendo un contundente dolor, miró de soslayo. Era Nitara.
― ¿Eso es lo mejor que uno de los guerreros de la Tierra tienen para ofrecer? ― preguntó Salem, caminando hacia ellos.
Stryker miró rápidamente a su compañera intentando hacer un esfuerzo para levantar. Ella lo sujetó fuertemente para ayudarlo y extendió sus alas, en una aparente intención de escapar volando.
― ¿Escapar? ― le preguntó Salem, que estaba cada vez más cerca ―. Sabes que es inútil, puedo alcanzarte antes de que llegues al otro lado de la calle.
Por la mirada de desesperación de Nitara y por el hecho de que había parado de batir sus alas, Stryker supuso que ella parecía comprender que él tenía razón. Buscando desesperadamente un recurso para escapar, palpó su cinturón.
―Nitara ―susurró, en un tono apenas audible que ella pareció escuchar ―. Necesito que ganes unos segundos, voy a sacarnos de esto.
Ella pareció captar el mensaje, ya que rápidamente regresó la vista al vampiro que se acercaba a ellos con un largo tapado negro y unas botas del mismo color. Los miraba con cierta indiferencia, como si matarlos no le supusiese nada.
―Esto no llevará a nada ― comenzó a hablar Nitara, mientras el oficial sentía que sus uñas se clavaban en su piel, quizás por la tensión ― La Tierra no es nuestro mundo, los humanos nos cazarán y la luz solar nos matará. Nunca convertirás este lugar en Vaeternus.
―Podemos controlar a los humanos ― respondió ―. Este planeta es enorme, hay muchos lugares donde ubicarnos. Respecto al Sol, contamos con la noche para salir a alimentarnos. Es más que suficiente.
Mientras, Stryker removía el seguro de su granada y comenzaba a contar los nueve segundos que esta demoraría en detonarse.
―Somos inmortales, Nitara ― añadió él, antes de que ella responda ―. Tenemos toda la eternidad para someter a los humanos.
―Necesito que se detenga ―le susurró Stryker, alarmado porque Salem estaba ya demasiado cerca y la explosión de la granada podía hacerles daño ―. No puede acercarse más.
― ¡Alto! ― le dijo Nitara, extendiendo un brazo hacia Salem. Él, más por la sorpresa que por obedecerla, detuvo su caminata ―. ¿Qué me dices de recuperar Vaeternus? Sabes que hay posibilidades de hacerlo.
―Vaeternus no es mi hogar ―respondió ―. Nunca lo fue.
― ¡Agáchate! ― gritó Stryker, un instante antes de lanzar la granada hacia el vampiro.
Nitara no entendió lo que ocurrió. Vio al oficial lanzar algo hacia Salem, parecido a una piedra negra que explotó justo antes de llegar a Salem. El impulso la hizo trastabillar torpemente hacia atrás, pero logró estabilizarse a tiempo y, dejando atrás la nube de polvo que se había levantado, emprendió vuelo sujetando a Stryker.
― ¿Qué fue eso? ― le preguntó, aun en estado de shock.
―Una granada ― dijo, con la respiración entrecortada y aferrándose más fuerte a ella ―. ¿Crees que lo maté?
―No ―respondió de inmediato, sin meditarlo ni por un instante ―. Salem no va a morirse tan fácilmente.
―Genial ― comentó, sarcástico ―. ¿Y ahora qué?
―Raiden. ― La vampiresa escrutó hacia abajo, como si buscase con la mirada ―. Una vez que nos hayamos alejado lo suficiente, debemos intentar contactarlo de nuevo.
―¿Intentar contactarme? ― preguntó de repente una voz.
Nitara paró en seco su marcha y Stryker se vio impulsado sorpresivamente hacia adelante. Desvió su mirada hacia adelante y se encontró de frente con unos imponentes ojos blancos y la mirada firme de Raiden.
― ¡Raiden! ― gritó, sorprendido ―. ¡Estuvieron a punto de matarnos y acabas de aparecer!
―Lo siento ―repuso él, sin perder la calma ―. Las cosas no han estado fáciles, y me he demorado en detener a algunos vampiros. Pero vamos, hablaremos con más calma.
Raiden hizo un ademán para que lo sigan, a lo que Nitara asintió. Stryker agradeció en silencio, no soportaba un segundo más en el aire.
Aterrizaron en la terraza de algún edificio que el oficial no logró identificar, pero no era algo que realmente importase.
―Raiden, por favor ― imploró de repente Nitara, y él volvió a notar aquel tono ligeramente desesperado que había oído cuando oyó su voz por primera vez ―. Necesito que me ayudes a llegar a Outworld para…
―Conozco tu objetivo, princesa Nitara ― la interrumpió Raiden ―. Y conozco la nobleza del mismo.
― ¿Entonces me enviarás a Outworld? ―preguntó ella, emocionada.
― Stryker te ayudará en tu propósito ―repuso, sonriéndole levemente ―. Los hijos de la noche deben irse del Earthrealm cuanto antes.
― ¿Dónde se encuentran los demás? ―inquirió Stryker, de repente extrañado por no haber visto a ninguno de sus antiguos compañeros ―. ¿No los trajiste para ayudar con todo esto?
―No es posible, no ahora ― explicó el Dios ―. Ellos están luchando para detener a la Alianza Mortal.― Había un tono de gravedad en su voz que no hizo más que preocupar aún más al oficial ―. Shang Tsung y Quan Chi. Te lo explicaré mejor cuando regreses ―añadió, al notar la expresión del oficial.
No dijo una palabra más; les dio la espalda a ambos y, extendiendo sus brazos, un portal de aproximadamente dos metros de diámetro se formó ante ellos. Stryker podía sentir la ligera brisa que circulaba, absorbida hacia él. Al mirar con atención al otro lado, podía ver los oscuros pantanos de Outworld y un imponente castillo. Nunca había estado en Outworld, pero se parecía bastante a la idea que tenía desde las descripciones de sus compañeros.
Nitara sonrió de lado y caminó, como hipnotizada hacia allí. Stryker la siguió.
―Recuerden ― advirtió Raiden. Ambos se voltearon a verlo ―. Una vez en Outworld, están fuera de mi protección. Pero les seguiré el rastro, y les enviaré ayuda en cuanto sea posible.
―Gracias. ―Nitara asintió gravemente y, tras decir aquello, se introdujo en el portal.
―Lo dices como si hubieses estado allí cuando estuvimos a punto de morir ―respondió irónico Stryker. Raiden sonrió y levantó el pulgar, en señal de aprobación.
Kurtis correspondió el gesto antes de darle la espalda e inspirar profundamente. Al otro lado, podía ver a Nitara contemplando Outworld. No la hizo esperar más. Dio un salto hacia ese reino de pesadilla.
