Antes de que comenzase la boda llegó el ministro Scrimgeour con el propósito de informarnos y legarnos la última voluntad y testamento del director Dumbledore. Algo que hizo con retraso. Le acusé de no tener derecho alguno a requisar tales objetos y mantenerlos bajo su poder solo para examinarlos, cuando legalmente ya nos pertenecían, ¡el Ministerio de Magia no podía apoderarse de los objetos del difunto sin antes haber evidencias de que fuesen oscuros!
-"A Ronald Bilius Weasley, le dejo mi Desiluminador, con la esperanza de que me recordará cuando lo utilice"-comenzó, y enseguida miró a Ron interrogándole con esos ojos pequeños y agudos.- ¿Alguna razón por la cual Dumbledore le cedería un objeto tan valioso, señor Weasley?
-Para apagar luces, supongo.
El ministro no se dio por satisfecho con esa respuesta, pero continuó con reticencia.
-"A Hermione Jean Granger, le dejo mi copia de los cuentos de Beedle el Bardo, con la esperanza de que la encontrará entretenida e instructiva"- me tendió el pequeño tomo, haciendo que se me llenasen los ojos de lágrimas contenidas.- ¿Algún código secreto...?
No dejé que continuase, corté su diatriba mirándole con furia.
-Él sabía que me gustaban los libros, si el Ministerio no ha encontrado nada relevante, es porque no lo hay.
Scrimgeour pareció a punto de contradecirme, pero pareció decidir que continuar con el testamento era más relevante.
-"A Harry James Potter, le dejo la Snitch que atrapó en su primer partido de Quidditch en Hogwarts, como un recordatorio de las recompensas de la perseverancia y la habilidad"- leyó el hombre con sospecha.-Se me ocurre que Dumbledore podría haber encantado la Snitch para que se abriese solo ante su usted, seguro que usted sabe el porqué, ¿no es así, señorita Granger?
-Las Snitch tienen memoria táctil. Si hubiese algo en su interior ¿no cree que ya se habría abierto?
-¿Eso es todo?- preguntó Harry.
-A decir verdad no, Dumbledore también te legó la espada de Godric Gryffindor, un importante artefacto histórico, y como tal pertenece a...
-¡Esa espada pertenece a Harry! Ella le eligió a él, salió del Sombrero Seleccionador para que Harry la tomase...-comencé
-Eso no hace que sea de la exclusiva propiedad del Señor Potter, puede aparecer ante cualquier digno Gryffindor, y podría haber razones ocultas por las cuales te cediese a ti la espada, pensaba, como muchos otros, que eras quien derrotaría a Quien-no-debe-ser-nombrado, pero...
-Ya, ¿eso es lo que ha estado haciendo el Ministerio todo este tiempo? ¿Tratar de abrir una Snitch a la fuerza, buscar códigos secretos en un libro y preguntarse por un desiluminador, en lugar de plantar cara, reconocer que Voldemort se ha levantado una vez más? ¡Ahí afuera la gente está muriendo!-explotó Harry-. Ojoloco Moody murió, y George Weasley perdió una oreja, ambos tratando de sacarme de la casa de los Dursleys; Hermione ha tenido que sacrificar mucho por mí, sus padres...- guardó silencio, nadie debía saber que había desmemoriado a mis padres, y mucho menos que los había enviado lejos... dolía que me lo recordasen, y además, era peligroso para ellos-. Muchos hijos de Muggles sufren, y todo es porque no me creísteis desde un inicio, me disteis por loco. Y todavía pretende que colaboremos con usted.
El muy cabrón se atrevió a levantar la varita contra Harry, lo que hizo que Ron y yo nos pusiésemos en tensión, preparados para actuar. Harry nos detuvo.
-No confío en el Ministerio para siquiera plantearme una colaboración en conjunto con usted- le mostró la cicatriz. "No debo decir mentiras".
Poco después de que entrasen los señores Weasley alterados por el alboroto, se escuchó la puerta trasera cerrarse.
Subimos deprisa los escalones hasta el cuarto que compartían Harry y Ron. Conjuré un Muffliato.
-Por qué no pudo darnos ninguna otra pista sobre los malditos Horrocrux.
-Puede que fuese todo lo brillante que se dice que era... peo hay que reconocer que estaba como una jodida cabra.- me respondió Ron.
-No lo sé, chicos... ni siquiera entiendo por qué nos ha dejado todas estas baratijas, lo único que realmente nos habría venido bien sería la maldita espada... ¡Joder! Es frustrante...-dijo Harry.
-Yo ni siquiera conozco este libro, no tengo ni idea de qué va...
-¡¿Hablas en serio?!- me interrumpió Ron.-Todos los niños han leído ese libro alguna vez, tiene todas las historias necesarias para irte a dormir.
Al final solo bajamos al jardín para terminar de ayudar con los últimos retoques de la boda.
