Purificación.

"La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas."– Earl Gray Stevens.

Capítulo cuatro: Confianza.

Jadeos escaparon incesantes de los labios de Ichigo mientras el sudor perlaba su frente aumentando a medida que se movía a través del Dojo de entrenamiento de la quinta división maniobrando con su espada y llevando su cuerpo a los límites.

Hace mucho que se apagaron las velas que antes había encendido en el lugar y ahora se podía apreciar la luz del sol colándose por el frágil material de las puertas Shoji. El amanecer hizo acto de presencia pocos minutos antes y él continuaba entrenando como si no necesitara dormir.

La verdad estaba muy cansado, pero no quería detenerse, no hasta sentirse fuerte otra vez.

El sonido de las puertas descorrerse finalmente frenó sus pies y su espada. Volteó curioso por quién estaría allí en el Dojo tan temprano en la mañana, encontrándose con dos pares de ojos igual de curiosos. Eran dos shinigamis probablemente sin rango. Hombres, uno rubio de estatura promedio y el otro pelinegro de estatura baja.

-¡Oye! ¡¿Quién eres tú y qué haces aquí a estas horas?!- exclamó bravamente el rubio y los dos se acercaron pisando fuerte.

-¡Soy Hyorei Reito, el sexto oficial del quinto escuadrón!- se presentó el pelinegro.

-Yo soy Sabaku Atsui, séptimo oficial. ¡¿Quién eres y a cuál escuadrón perteneces?!- ambos tipos mucho más bajos que él lo miraron tratando inútilmente de intimidarlo.

-Soy Kurosaki Ichigo, shinigami sustituto.- se presentó con el rostro en blanco.

El sexto y séptimo oficial se congelaron por completo por un momento, abriendo cada vez más los ojos y la boca sin apartar la mirada del de cabellos anaranjados como si fuera una especie de aparición.

-¡NO PUEDE SER!- de repente gritaron y los ojos de ambos se llenaron de estrellas. -¡¿Eres el héroe de la Sociedad de Almas?!- ahora lo miraban como si fuera una especie de dios.

-Ehh… sí, supongo que algo por el estilo.- se frotó la nuca antes de bostezar, estaba muy cansado. –Lamento si los estoy molestando, si necesitan el Dojo puedo irme.- no le vendría mal dormir aunque sea unas horas, luego podría ir a entrenar con Rukia o Renji.

-¡No, no, para nada!- ambos negaron frenéticamente con la cabeza. –Nuestro entrenamiento no es tan importante. E incluso si lo fuera, preferiríamos mil veces verlo entrenar a usted.- de nuevo hablaron casi al mismo tiempo.

-Oh, bien… ¿Quieren entrenar conmigo?- si eran oficiales de alto rango deberían ser capaces de darle una pelea decente… aparte de que en su estado actual si iba a entrenar con Rukia o Renji seguro ellos se reirían en su cara por su enorme retroceso. Tenía sueño pero podía soportar un poco más.

Casi pudo ver las estrellas brotando de los ojos del rubio y el pelinegro mientras asentían con ferocidad.

-¡Sería un honor!- se inclinaron profundamente antes de sacar sus zanpakutos y mirarlos como niños a su profesor súper genial favorito. -¿Por dónde empezamos?- era un poco espeluznante esa capacidad que tenían de hablar al mismo tiempo.

-Bueno… pues… ¿Por qué no me muestran lo que tienen? Saquen su shikai.-

-¡SÍ, SEÑOR!- ambos volvieron a gritar al mismo tiempo fuertemente.

Desenvainaron sus katanas y se pusieron en guardia.

-¡Fluye, evapora y congela! ¡Onsui!- Reito, el pelinegro, alzo su katana y esta se dividió en tres cuando la guarda en forma de gota se amplió, y en medio de las hojas simples surgió un flujo de agua pura en forma cilíndrica que llegó a alcanzar un metro de largo, la empuñadura antes simple de color azul y negro se alargó levemente y se tornó color celeste, con una especie de joya como pomo.

-¡Enciende tu ira! ¡Kazanbai!- Atsui, el rubio, extendió su zanpakuto frente a él y esta se agrandó el triple hasta llegar a ser un gran sable que luego se prendió en llamas por un momento hasta apagarse dejando a la vista la gran hoja que parecía completamente carbonizada, con filosos dientes bordeándola, la guarda seguía siendo igual en forma de circulo pero la empuñadura antes simple y roja se tornó color marrón oscuro.

Fuego y agua, ¿eh? Interesante combinación.

-Bien, supongo que ya han oído hablar de mi Zangetsu, ¿verdad?- ellos asintieron vigorosamente. –Entonces, empecemos a pelear y tratemos de no destruir este Dojo.-

Los dos vitorearon de puro júbilo y sin siquiera pensarlo dos veces se lanzaron hacia él.

Ichigo sonrió cuando uno vino por la izquierda y otro por la derecha, y rápidamente sostuvo a Zangetsu por encima de su cabeza con las dos manos, haciendo que la primera embestida de los oficiales fuera frenada sin mucha dificultad para luego tomar impulso y arrojarlos a ambos frente a él.

Ellos seguían pareciendo extasiados así que el Kurosaki no lo pensó dos veces y atacó con fuerza planeando asestarle a los dos pero solo chocó espada con el sable carbonizado brillante de pequeños surcos de lava de Atsui, sabiendo que Reito lo atacaría por detrás, así que rápidamente empujó lejos al rubio y se giró para encontrarse con el pelinegro, sorprendiéndose cuando no solo se enfrentó a las tres hojas sino que mientras sus espadas chocaban el flujo de agua se alzó por sobre su cabeza.

-¡Congela!- gritó Reito, y de inmediato el agua por encima de su cabeza se disparó hacia él en forma de mortales picos de hielo.

Frunció el ceño y uso shunpo para alejarse del rango de tiro, no pudiendo ni siquiera recuperar el aliento antes de nuevamente tener que frenar el ataque de la zanpakuto de Atsui, comenzando a sudar un poco debido al inmenso calor que irradiaba. Si esa cosa impactaba con algo no tan duro como otra zanpakuto, seguro lo derretiría como a un trozo de madera en un río de lava, debía evitar que tocara su piel.

Oyó al sexto oficial gritar otro comando para congelar y rápidamente giró sobre sí mismo para evitar los picos de hielo, que se derritieron como si nada apenas perturbando al sable de lava cuando Atsui lo uso para evitar que el ataque llegara a él.

Claro… ellos eran elementos opuestos. Podía usarlo a su favor.

Realmente estaba agotado por el sueño y quería terminar la batalla rápido, pero podía postergarla lo suficiente para darles un pequeño espectáculos a sus admiradores.

Nuevamente saltaron hacia él y se preparó para frenar sus ataques, pero entonces notó como el charco de agua en el que se habían convertido los picos de hielo de Reito se arrastraba cautelosamente para atacarlo por detrás.

Mantuvo su postura en guardia, calculando que los dos oficiales llegarían un poco después que el charco de agua que el pelinegro estaba controlando, pero no podría ser capaz de aprovechar la situación a menos que…

Con su estrategia ya planificada en solo pocos segundos, rápidamente saltó hacia los shinigamis y uso a Zangetsu para golpear las tres hojas del sexto oficial con tanta fuerza que lo lanzó hacia el techo del Dojo, aprovechando eso para tomar impulso y patear en la espalda a un desprevenido Atsui, mandándolo directo a donde los picos de hielo ya se habían lanzado hacia el de cabellos anaranjados, por lo que inconscientemente los defendió a los dos de eso usando su sable para derretirlos.

Apenas volvió a tocar el suelo, el rubio se lanzó furiosamente hacia el shinigami sustituto, que notó una ola de agua dispararse con fuerza hacia su dirección desde donde había quedado plasmado el otro chico. Cielos, esto estaba empezando a ser demasiado fácil.

Rodando los ojos, saltó fuera del camino, dejando que la gran ola se estrellara directo contra la zanpakuto del séptimo oficial, enviándolo contra la pared y haciendo salir vapor del sable que casi se apagó por completo.

Frenó con Zangetsu las tres hojas del pelinegro que había tratado de atacarlo sorpresivamente y de un solo movimiento de su muñeca lo mandó de cabeza a estrellarse contra el rubio, que recibió de lleno el impacto pero aun así alcanzó a arrojar su sable en dirección a Ichigo, que movió un poco la cabeza dejando que la hoja volcánica se hundiera hasta el mango en la pared detrás de él.

Los dos chicos gimieron miserablemente tirados en un montón en el suelo mientras sus zanpakutos regresaban a ser simples katanas.

-Esa fue una muy buena pelea muchachos, los felicitó.- sonrió cansinamente por el sueño.

Ellos se incorporaron con sonrisas radiantes.

-¡¿En verdad?!-

Él rió entre dientes ante su entusiasmo y sacó la katana de Atsui de la pared, aproximándose a ellos para entregársela.

-Claro. Sus zanpakutos son muy interesantes, estoy seguro de que con más esfuerzo llegaran a ser poderosos guerreros.- alabó y ellos prácticamente se desvivieron en halagos hacia él y preguntas sobre cómo ser tan geniales y fuertes.

-Mi zanpakuto controla el agua en sus tres estados, pero solo tengo una fuente muy limitada de cuánto puedo usar.- explicó Reito con un mohín mirando a su katana. –Y siempre que la liberó pierde más y más agua, así que tengo que recargarla constantemente.-

-La mía puede derretir casi cualquier cosa.- el rubio llevó una mano a su pecho con arrogancia, pero luego su ánimo decayó. –Excepto otras zanpakuto o siquiera simples katanas. Y no tiene ningún otro poder especial aparte de estar a tres mil grados centígrados.-

-Vamos, no se desanimen.- Ichigo se frotó la nuca nerviosamente, sin tener mucha idea de que decirles. –Hoy pelearon muy bien contra mí. Traten de entrenar más y comunicarse más con su zanpakuto, seguro se sorprenderán de ustedes mismos.- les sonrió. Ellos asintieron con los ojos más brillantes que nunca. –Bueno… ya tengo que irme. Fue un placer conocerlos, Reito, Atsui. ¡Sigan entrenando!- ellos parecían demasiado maravillados como para siquiera despedirse, así que solo se encogió de hombros y se marchó con shunpo a su habitación en el quinto escuadrón para dormir un poco.

Apenas despertara comería un poco y luego seguiría entrenando.

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Yuzu se sentó junto a Ikami Kouzu en la mesa con todos los nuevos reclutas del escuadrón cuatro para comer su desayuno.

El ambiente era algo tenso alrededor de los shinigamis ya integrados en la división, en especial los altos mandos. Ella sabía bien porqué, los cazadores que invadieron Seireitei el día anterior y casi se las llevan a ella y a su hermana gemela, aun así no sabía bien cuáles eran las intenciones de esas personas, ni cuánto sabían los demás al respecto, así que Kouzu y ella habían acordado con Karin no decirle nada a nadie por más que presionaran.

-Aun no puedo creer que hayan derribado una porción del muro que rodea al Seireitei. Se supone que este lugar era más seguro que Rukongai, pero ahora pasa esto y los oficiales superiores se enojan contigo si preguntas.- refunfuñaba un hombre entre los novatos.

-Estoy bastante asustada, no creí que fuera posible que algo así pasara… pero confió en los capitanes, e-ellos nos protegerán, ¿c-cierto?- tartamudeó una mujer.

Yuzu compartió una mirada con Kouzu. Les gustaría decir algo para tranquilizarlos, teniendo en cuenta que al menos sabían quiénes eran los que estaban amenazando al Seireitei, pero lo cierto es que dudaba que la información acallara sus miedos, ellos mismos tenían tanto o más miedo que ellos.

-Dejen de ser tan llorones.- bufó la única niña pequeña entre ellos, Mijow Kimi, que rápidamente se había hecho conocida entre ellos debido a su mal carácter y tendencia a no callarse lo que pensaba ni en los peores momentos. –Si tienen tanto miedo entrenen y háganse más fuertes, confíen en su propia fuerza antes que en los capitanes.- regañó como si fuera la mayor allí.

-¿Y tú quién te crees para dar órdenes?- el otro pequeño de entre los nuevos, un niño de apariencia más bien preadolescente entre los doce y trece años, hizo una pausa de llenarse de comida la boca para mirar mal a la niña más pequeña. –Ni siquiera eres la mejor de la clase. Pero aun así todos deberían dejar de lloriquear. Este es el cuarto escuadrón, a ustedes solo los llamaran a curar, no a pelear.-

-Bueno… en realidad tiene razón.- los otros parecieron más aliviados ante ese recordatorio.

-Claro que la tengo.- dijo con arrogancia el pequeño, que recordaba se llamaba Hikisaki Hei.

El niño y la niña empezaron a pelear porque aparentemente él la había hecho quedar mal o algo, hasta que la pelea finalmente fue frenada por un oficial cuando el niño volcó la mesa donde habían estado comiendo con todo y platos, por lo que su superior se llevó a rastras a los dos niños para llevarlos a recibir un regaño de la teniente.

La Kurosaki rió enternecida pese a que los otros nuevos reclutas se notaban molestos, pero ella nunca había podido enojarse con los niños pequeños, además de que Ikami había logrado salvar sus platos antes de que cayeran con todos los demás.

Terminaron de desayunar y decidieron ir a visitar a Karin para tratar de convencerla de que le curaran aquella horrible cicatriz en su rostro, casi no había podido dormir de la preocupación de que tal vez ella estaría sufriendo por ese feo latigazo que recibió cuando trataba de protegerla.

Llegaron a los cuarteles del décimo escuadrón y de inmediato buscaron su reiatsu, localizándolo rápidamente y dirigiéndose hasta allí.

Ella estaba hablando con un chico muy lindo, alto con cabello café con ojos amables, pero parecía ser una conversación tensa y había una chica de cabello rubio oscuro detrás de ellos mirando con mala cara. Curiosamente, no había ninguna cicatriz en el rostro de su hermana gemela.

-¡Karin-chan!- la saludó animadamente, extrañándose cuando de inmediato le chitó indicándole que guardara silencio.

-Hola, Yuzu, Kouzu.- los saludó viéndose aburrida. –Este es mi superior, estamos hablando algo importante.- informó casi como una invitación a que se fueran, pero su superior le colocó una mano en el hombro.

-Vamos, no seas tan formal en mi presencia.- sonrió a la pelinegra, que retrocedió tenuemente sonrojada. –Soy Oshiza Niji, tercer oficial del décimo escuadrón, es un placer.- tomó la mano de la rubia y la besó suavemente, también haciéndola sonrojar. –Eres la hermana gemela de Karin-chan, ¿verdad?- ella asintió como toda afirmación. –Estábamos hablando sobre la nueva inquilina en el escuadrón diez, por lo que Karin-chan me ha contado creo que ya la conoces.- dijo un poco más seriamente y ella supo comprender de quién estaba hablando.

-¿La cazadora está aquí?- preguntó sin poder evitar que la voz le temblara un poco.

-Sí, pero no tienes nada de que temer, el capitán Hitsugaya tiene la situación bajo control, y la chica se ha estado comportando hasta el momento, solo es un poco caprichosa.- sonrió despreocupado, luego fijó su atención en el aún más alto chico de cabello castaño claro tras ella. –Oh, disculpa, no te había visto. ¿Y tú eres?-

-Ikami Kouzu, señor.- hizo una nerviosa reverencia. –Soy amigo de Karin-san, y Yuzu-san y yo somos nuevos reclutas en el escuadrón cuatro.- informó.

-Ya veo.- Oshiza Niji también se inclinó. –Por cierto, ella es la cuarta oficial al mando.- señaló a la de cabello rubio oscuro que siempre parecía estar dos pasos detrás de él.

-Soy Itsukimi Misa, un gusto.- sonrió con un toque de malicia que no pasó desapercibido para los de la cuarta división. –Justo estábamos hablando sobre ir a visitar a nuestra invitada para ayudar a nuestro capitán de ser necesario. ¿Gustan acompañarnos?- propuso inocentemente ignorando las malas miradas del tercer oficial.

-Claro.- accedieron rápidamente.

Oshiza Niji abrió la boca probablemente para discutir, pero aparentemente su lado educado gano y terminó haciendo un ademan para que lo siguieran a donde Yuzu podía sentir levemente el familiar reiatsu de Matsumoto Rangiku y Hitsugaya Toshiro, los amigos de su padre.

Pasaron pasillo tras pasillo hasta llegar a lo que claramente era la oficina del capitán. Pensó que iban a entrar, pero en cambio los oficiales de alto rango abrieron levemente la puerta y asomaron solo un ojo en la habitación con cuidado de no hacer un solo sonido.

Karin se los quedó mirando como quien mira a dos locos, pero finalmente se encogió de hombros y se arrodilló en el suelo para espiar dentro de la oficina también, jalándolos a Yuzu y a Kouzu con ella. Ellos se resistieron al principio, pero finalmente cedieron y fijaron sus vistas dentro de la oficina del capitán, sorprendiéndose de reconocer a la cazadora de cabello celeste sentada frente a una mesa con decenas de alimentos en ella.

La comida se veía deliciosa, pero esta estaba siendo completamente ignorada por la cazadora, que en ese momento parecía tener un concurso de bebidas con la teniente de la décima. Típico de Rangiku emborracharse aun cuando era tan temprano. Su capitán solo observaba a ambas mujeres de reojo cada par de minutos sentado en su escritorio mientras se encargaba del papeleo.

-Ya sé que están ahí.- la repentina exclamación de Hitsugaya hizo que los cinco se fueran de cara contra la puerta hasta aterrizar en el piso de la oficina. -¿En serio, Oshiza? ¿De nuevo te dejas arrastrar por las malas influencias de Itsukimi?- el pequeño capitán en un parpadeo estuvo parado frente a ellos mirándolos con absoluta reprobación a todos y cada uno de ellos.

-¡Oiga! ¿Qué le hace pensar que fue mi culpa?- Itsukimi Misa hizo un mohín mientras se levantaban del suelo.

-Tú eres igual a Matsumoto. Todo lo que pasa en este escuadrón siempre es culpa de alguna de las dos.- rodó los ojos antes de volver a su asiento. –Tienen prohibido venir aquí ahora que tenemos una invitada, y mucho menos con gente de otro escuadrón o nuevos reclutas.- murmuró con indiferencia volviendo a sus papeles sin siquiera mirarlos.

-¡Vamos, capitán, no sea así!- la voz de la teniente se alzó antes de que nadie pudiera decir nada. –Izara-chan es un encanto, y cualquiera que pueda mantener al día conmigo en cuestiones de sake merece respeto.- alzó su botella de sake con orgullo.

-No el mío.- gruñó entre dientes el albino. -¿Y cómo demonios es que ya la tratas con tanta familiaridad? ¿Tengo que recordarte que es una prisionera y trato de invadir la Sociedad de Almas?-

-¿Y qué me desfiguró la cara?- Karin también gruñó con rencor.

-¡Lo siento por eso, niña!- llegó la voz burlona de la cazadora evidentemente ebria hasta la medula. -¡Pero sin rencores! Yo voy a estar completamente de su lado mientras me sigan dando de esta bebida de dioses.- alzó otra botella de sake y brindó con Rangiku.

-Sí estás de nuestro lado entonces dime cómo hicieron para derribar la muralla que rodea al Seireitei.- el capitán alzó la vista de su papeleo por un momento para mirar con interés a la cazadora de cabello extravagante.

-¡Ya les dije que eso yo no sé!- se rió como hiena desquiciada, haciendo que el primero al mando rodara los ojos y volviera a lo suyo.

-No volveré a repetirlo, Oshiza. Veté y llévate a Itsukimi y a Kurosaki a cumplir sus respectivos deberes, y que los otros regresen a su escuadrón.- ordenó tranquilamente pero viéndose como que realmente no quería tener que volver a repetirlo.

El tercer oficial al mando suspiró.

-Entendido, capitán, lamento haberlo molestado.- sin más hizo una seña hacia la puerta y salió esperando a que lo siguieran, cosa que la cuarta oficial y Karin hicieron inmediatamente. Yuzu y Kouzu se tomaron un momento para mirar desconfiados a la cazadora antes de seguirlos fuera de la oficina.

-Eso fue… interesante.- comentó la Kurosaki rubia enganchándose al brazo de su hermana.

-Lamento no poder pasar tiempo con ustedes hoy, Yuzu. Pero tengo cosas que hacer y seguro ustedes deben regresar a sus escuadrones ahora.- Karin comentó soltándose de su agarre y llevándose las manos a las caderas.

-Sí… pero de todos modos aparte de venir a verte quería preguntarte sí podríamos ir a ver a Onii-chan a la hora del almuerzo. Me quedé un poco preocupada por él y también quisiera preguntarle si sabe un poco de lo que está pasando…- esto último lo susurró en voz baja.

-Oh. Claro, yo también quería hablar con él, de cualquier forma.- se encogió de hombros y le dio un leve abrazo para luego girarse hacia Kouzu y revolverle los cabellos pese a que él le sacaba como dos cabezas. –Los veo luego.-

Ellos agitaron sus manos en señal de despedida y sus caminos se separaron para volver a su escuadrón, sin embargo, a medio camino, se encontraron con una horda de shinigamis corriendo todos en una misma dirección, y hasta vieron a uno de los capitanes salir corriendo hacia el lugar también.

-¡Oigan! ¡¿Qué pasa?!- gritó Kouzu tratando de hacerse oír entre tanto escándalo.

Uno de los shinigamis tuvo la amabilidad de detenerse un minuto de su camino para decirles el porqué de la prisa de todo el mundo, dejándolos completamente helados antes de seguir su camino otra vez.

-¡De nuevo están invadiendo el Seireitei!-

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Jinta corrió velozmente justo detrás de todo el escuadrón once que había salido disparado de los cuarteles apenas el teniente informó que llegó una mariposa del infierno reportando que nuevamente habían invadido el Seireitei aprovechando la rotura de la muralla. Su capitán estaba emocionado con la posibilidad de una buena pelea así que rápidamente salió disparado a la rotura gritando que los que no sean cobardes que lo siguieran. Como todo el escuadrón se fue y nadie les dijo que se quedaran, los nuevos reclutas fueron igual.

No tenía mucha idea de qué había pasado el día de ayer con esos "cazadores", quiso hablar con Urahara pero este de inmediato fue llamado a una reunión de capitanes y apenas esta terminó el bastardo solo se despidió de Ururu antes de volver al mundo humano.

Sean lo que sean esos cazadores y sus intenciones, solo tenía una cosa segura, se haría lo más fuerte posible para proteger a Yuzu.

Llegó junto con todo su escuadrón a la rotura de la muralla, notando inmediatamente a los invasores. Eran solo dos, un hombre alto y fornido y una mujer bajita y menuda, ambos tenían el pelo y los ojos azul oscuro junto con un parecido inquietante. Cientos de shinigamis los rodeaban, atacando al campo de fuerza en el que parecían estarse protegiendo parados como estatuas sin decir absolutamente nada, solo mirando a sus alrededores como esperando algo.

El capitán Zaraki junto con la mayor parte del escuadrón once se lanzó hacia el campo de fuerza, siendo expulsados lejos de inmediato debido a una especie de electricidad cubriéndolo… claro que eso no los detuvo de seguir intentando atacar a los invasores por los siguientes diez minutos, hasta que empezaron a llegar más capitanes que calmaron las cosas.

Jinta se sentó junto a su teniente, tercer oficial y los pocos que se habían rendido de atacar el campo electrificado, observando a lo lejos como algunos capitanes se acercaban con intenciones más pacificas a los invasores, entre ellos la capitana Kuchiki.

-¡¿Quiénes son ustedes?!- casi rugió furiosamente la capitana Soi Fong. Los invasores permanecieron en silencio.

-¿Podrían decirnos cuáles son sus intenciones aquí, por favor?- el tono suave pero fuerte de Rukia apenas llegó a ser oído en la multitud de personas que allí se encontraban, pero solo ella logró que los invasores la miraran con interés.

-Oh.- absolutamente todo el mundo guardó silencio cuando la mujer finalmente dijo algo. -¿Así que sí hay gente con modales por aquí? Que alegría saberlo.- su tono pareció sarcástico en un primer momento, pero entonces ella sonrió cálidamente. –Disculpa todo el secretismo, querida, es que apenas llegamos empezaron a atacarnos y eso nos pareció muy grosero.- la pequeña mujer de cabello azul se cruzó de brazos apartando la mirada pareciendo sumamente ofendida.

-Umm… ¿me disculpó en nombre de mis compañeros shinigamis?- la capitana más bajita parecía dudosa sobre cómo tratar a los invasores, pero solo parecían responder ante los buenos modales por lo que iba a seguir el juego.

-Aceptamos las disculpas.- el hombre de pelo azul sonrió mostrándose tan complacido como su acompañante.

-¡Permítanme presentarme!- exclamó con voz fuerte la mujercita. -¡Soy Tamirity, princesa de Tamirity!- hizo una extraña reverencia agitando su cabello largo hasta la cintura.

-Yo soy Reiv, príncipe de Tamirity.- hizo la misma rara reverencia ya que su cabello también era largo para un hombre, llegándole hasta los hombros.

-Solicitamos humildemente que nos lleven ante la máxima autoridad, si es que no está aquí presente. Hemos escuchado que ya han recibido visitas de esos molestos cazadores, y no sé qué les hayan dicho esos infelices, pero los únicos que buscan la guerra son ellos. Vinimos por motivos pacíficos y estamos dispuestos a negociar una alianza.- habló la princesa.

Los capitanes se miraron entre ellos.

-¿Cómo podemos confiar en ustedes?- preguntó un capitán rubio de grandes dientes.

-Todo lo que hemos hecho hasta ahora es resistir los ataques que ustedes nos mandan.- reclamó la princesa zapateando acusadoramente. –Venimos aquí para ayudar y nos reciben de muy mal modo. ¡Sí quieren nos vamos y ya!- pisoteó como niñita.

-Por favor, entiendo que seguramente han pasado por una mala experiencia con los cazadores, pero creo que deberían darnos la oportunidad de hablar antes de atacarnos con tanta ferocidad.- dijo más civilmente el príncipe.

El lugar permaneció en silencio por un momento, antes de que el mismo capitán rubio suspirara y murmurara algo a los otros capitanes que Jinta no llegó a escuchar desde donde estaba sobre un techo cercano.

-¡Bien!- finalmente exclamó con furia Soi Fong. –Los llevaremos con el capitán comandante, pero más les vale no intentar nada o no dudaremos en matarlos.-

-Que amenazante.- la princesa rodó los ojos. –Bien, entonces ¿ya puedo quitar el campo de fuerza?-

Los capitanes ordenaron a los shinigamis no atacar a los desconocidos y solo entonces ellos quitaron el campo de fuerza y se acercaron para hablar con ellos para luego encaminarse hacia la dirección del primer escuadrón.

El capitán Zaraki saltó hacia el techo donde ellos estaban con cara de que podría matarlos a todos en ese momento, pero simplemente chasqueó la lengua y ordenó volver a los cuarteles, maldiciendo por lo bajo a los "invasores pacifistas".

A Jinta no le quedó de otra que obedecer a su iracundo capitán y volver junto con todo el escuadrón de regreso a los cuarteles, esperando luego poder reunirse con las gemelas Kurosaki y que ellas hayan logrado sacar algo de información a su hermano respecto a qué demonios estaba pasando en la Sociedad de Almas.

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Rukia respiró hondo mientras entraba detrás de los otros capitanes y los nuevos invasores aparentemente pacíficos a la oficina del capitán comandante. Estas invasiones le estaban quitando demasiado tiempo con su hija, quería llevarla al mundo humano hoy pensando que la paz que tenían podría acabarse en cualquier momento, pero había surgido esto que no podía hacer más que confirmar su presentimiento de que venían cosas peores.

Esa mañana había entrenado con la nueva recluta Mijow Shiky, una mujer sumamente agradable, y había salido del entrenamiento con muy buen humor que acababa de desvanecerse debido a nuevamente tener que estar atorada en otra reunión de capitanes.

La cara del capitán comandante y sus tenientes cuando cinco capitanes, Soi Fong, Hirako, Muguruma, Iba y la misma Kuchiki, entraron a su oficina junto con dos desconocidos vestidos con togas blancas y mantos azules con mayas debajo.

-Ehh…- tartamudeó el hombre con el kimono floreado sobre su uniforme. -¿Puedo saber quiénes son nuestros invitados de hoy?- rápidamente se recompuso y empezó a mirar con ojo crítico a los extraños de cabello azul oscuro.

-¿Usted es la máxima autoridad?- preguntó con incredulidad la princesa. Kyoraku solo atinó a encogerse de hombros con una pequeña sonrisa confundida. –Bien… Yo soy Tamirity, princesa de Tamirity.- agitó su cabello en una especie de reverencia. –Y él es mi hermano el príncipe Reiv.- señaló al príncipe.

-Entiendo, interesante.- Kyoraku parpadeó un par de veces. -¿Puedo saber qué es Tamirity, aparte de tu nombre, y qué quieren aquí?-

-Disculpe a mi hermana, a ella le gusta hablar sin pensar antes.- Reiv sonrió con condescendencia ante la mirada fulminante de su hermana. –Contaremos todo a su debido momento. ¿Podemos saber su nombre?- inquirió cortésmente.

-Kyoraku Shunsui, capitán del primer escuadrón y comandante del Gotei 13.- dio una pequeña reverencia con la cabeza. –Ahora, si no es molestia, me gustaría que me sacaran de mi confusión.- aunque el comandante se estaba comportando de una manera muy amable, Nanao estaba en una posición alerta, y la capitana Soi Fong parecía lista para saltarles encima en cualquier momento.

-Primero que nada, no se preocupen, no somos ningunos salvajes como los cazadores que sabemos han venido a importunarlos.- se apresuró a decir el príncipe. –Probablemente ya les han hablado cosas malas de nosotros, somos del Segundo Universo.-

-¿El que tiene nueve mundos?- indagó Hirako con los ojos abiertos interesados.

-Sí, aunque nos quitaron uno de esos.- la princesa hizo una mueca de desagrado. –Pero nosotros liberamos a uno de sus mundos de la esclavitud a la que los someten ese horrible rey Jigen, y nos aliamos a ese planeta por lo que ellos perdieron uno también.- sonrió socarronamente victoriosa.

-A diferencia de ellos nosotros no robamos planetas esclavizándolos a nuestro gusto. Puedo preguntar… ¿qué más dijeron de nosotros? Seguramente quisieron asustarlos diciendo que querríamos esclavizar su mundo o algo, ¿me equivocó?- apretó la mandíbula con rencor.

-Dijeron algo así, es cierto.- Kyoraku entrecerró los ojos. –Pero no creímos que fuera para asustarnos, ya que todo lo que sabemos viene de una prisionera que capturamos por pura suerte y no parecía estar mintiendo cuando nos dio información.- guió su mano disimuladamente al mango de su zanpakuto.

-Oh.- Tamirity arrugó la nariz en señal de sentirse ofendida, pero luego sonrió con burla. –El viejo trujo de dejarles un clon desechable para que les dé información sobre ellos, pero que les aseguró que tienen planeado recuperar. Mientras ustedes obtienen información del clon, el clon obtiene información de ustedes.- se cruzó de brazos. –Si tienen un clon aquí, deben tener espías no muy lejos.- de repente miró alarmada a su hermano.

-Maldita sea, ya deben saber que estamos aquí.- Reiv suspiró frustrado. –No importa, ustedes parecen tener un comité de bienvenida maravilloso para los invasores.- ambos extraños rodaron los ojos seguramente recordando cómo fueron recibidos. –Supongo que podemos hablar tranquilos.- se sentó en el piso como si estuviera en su hogar de toda la vida y no rodeado de poderosos guerreros apuntándolo con espadas.

-Espera.- la máxima autoridad frenó al príncipe antes de que pudiera decir otra cosa. –Nanao-chan, por favor envía una mariposa del infierno al capitán Hitsugaya y pídele que traiga a Jigen Izara-san aquí, quiero verificar la información que nos acaban de dar nuestras nuevas fuentes.- susurró a la teniente, pero por el silencio en la sala todos lo oyeron.

-Oh, ¿con que capturaron una Iza?- el príncipe alzó una ceja, intrigado.

-¿Una Iza?- Rukia frunció el ceño.

-Las Iza son un tipo de clon femenino de cabello celeste que combate con un látigo.- explicó el príncipe. –Todas vienen de una cazadora llamada Izamiratia, una guerrera muy feroz que murió hace cientos de años ya. Sus clones son llamadas Iza, Izami, Izara, Izati, Izatia o como la misma Izamiratia. Antes eran muy desechables pero ahora no hay tantas de ellas, sin duda vendrán a recuperarla.- advirtió mirando con preocupación a su hermana.

-Todo eso es muy interesante, pero siguen sin explicarnos quiénes son y qué quieren.- señaló Hirako.

-Ya se los dijimos.- la princesa se cruzó de brazos con frustración. –Hay cuatro universos, como seguramente ya les habrá explicado la Iza, nosotros venimos del segundo universo, como a ellos les gusta llamarnos. En nuestro universo hay nueve mundos, y la mayoría de esos nueve formamos una alianza para defendernos de esos malvados cazadores que hace mil años invadieron nuestros mundos y comenzaron a cazarnos como niños a los insectos.-

-Nosotros no somos como los cazadores, buscamos la paz y odiamos la guerra. Antes de que ellos nos invadieran, nosotros…- las puertas de la sala de reuniones se abrieron antes de que pudiera completar la oración.

Rukia volteó creyendo que se trataba del capitán Hitsugaya con "la Iza", solo para llevarse la palma de la mano a la frente al ver a un somnoliento y mal vestido Ichigo entrando bostezando con grandes ojeras bajo los ojos y el cabello hecho un completo desastre.

-¡Hola! Momo-san me dijo que llegaron dos nuevos invasores al Seireitei y que estaban teniendo una reunión importante, así que vine para asegurarme que todo estuviera bien.- se frotó los ojos intentando terminar de despabilarse. –Bien, ¿qué pasó con…?...- sus palabras se vieron interrumpidas cuando una mano se posó en su nuca tirando su rostro directo a la rodilla de Rukia. -¡Agh! ¡¿Qué mierda, Rukia?!- la fulminó con la mirada.

-¡Imbécil! ¡¿Quién te crees para entrar así en la presencia del capitán comandante?! ¡Ni siquiera eres un capitán así que compórtate!-

-¡¿Qué demonios pasa contigo?!- varias venas brotaron en la frente y cuello del sustituto mientras chocaba duramente su frente con la de la pequeña capitana. -¡¿Acaso volverte capitana te volvió también una maldita engreída?! ¡Yo entró a donde quiera como se me dé la gana!- trató de doblegarla con su altura pero ella se mantuvo firme y le pisoteó un pie para alejar su rostro del suyo.

-¡Solo atrévete a intentarlo!- ambos empezaron a mirarse como si se estuvieran disparando rayos por los ojos con la clara intención de someter al otro o hasta matarse, pero solo bastó un carraspeó de la teniente Ise para que recordaran dónde estaban. –Umm…- ella se sonrojó un poco ante su actitud nada digna de una capitana o una Kuchiki para el caso en presencia del capitán comandante. –Lo siento.- solo atinó a disculparse incómodamente.

-Ehh…- Ichigo al menos tuvo la decencia de verse avergonzado. –Lo siento, pero tenía curiosidad sobre los nuevos invasores. ¿Son más cazadores?- miró con desconfianza a los dos de cabello azul.

-Oh, por todos los dioses, no.- la princesa hizo una mueca de desagrado. –Que los guardianes nos libren de ese virus letal.- alzó la barbilla. –Mi nombre es Tamirity, soy la princesa de Tamirity.-

-¿Eh? ¿Eres tu propia princesa o qué rayos?- Rukia rodó los ojos y resistió el impulso de volver a golpearlo mientras maldecía interiormente lo lento que podía ser el pensamiento del Kurosaki, eso era algo que le había quedado muy claro en el pasado…

-No. Tamirity es el nombre que tiene mi mundo, y es una bonita costumbre que tienen los reyes la de nombrar a su primera hija igual que el planeta.- explicó con una sonrisa amable. -¿Tú eres Kurosaki Ichigo, verdad? Esperábamos poder conocerte.-

-¿Ehh?- pestañeó confundido, señalándose. -¿Y ustedes cómo rayos saben mi nombre?-

-Somos enemigos de los cazadores, y ansiábamos felicitar a aquel que logró herir y humillar a uno de los nueve bastardos.- Reiv sonrió enseñando toda su brillante dentadura. –Nos enteramos de tu nombre porque Fakujise te puso en el lugar número 99 de la Lista de Cabezas junto con una jugosa recompensa y una tanda de insultos por lo que le habías hecho.- soltó una gran risotada. –Aunque realmente lamento que estés tan alto en la lista, no tardaran en venir por ti.- lo miró como disculpándose por haber reído.

-La Lista de Cabezas… Jigen Izara-san había mencionado algo acerca de eso.- Kyoraku alzó la vista al techo como tratando de recordar.

-Espera. ¿Cómo es el lugar 99 un puesto alto en cualquier lista?- el de cabellos anaranjados le lanzó una mirada de incredulidad al príncipe de otro mundo.

-La Lista de Cabezas alberga aproximadamente mil puestos.- explicó Reiv y Rukia se estremeció, recordando bien lo que la cazadora capturada había dicho acerca de que estar en esa lista era garantía de que alguien iba a intentar cazarte, y mientras más alto estabas, más y mejores cazadores irían tras de ti. –Que te pongan entre los primeros cien puestos es básicamente tallar tu sepulcro.- el humano pareció no entender lo que estaba diciendo en un primer momento, pero luego procesó las palabras y palideció.

-¿Quién más está en esa lista?- preguntó con los hombros tensos.

-Oh, espera, aquí la tengo.- la princesa Tamirity rebuscó entre sus ropas y sacó una de esas esferas que Izara había denominado "botones", este Botón era de color rosa. –También tenemos acceso a la lista, es muy sencillo ya que como elemento público no es difícil penetrar su sistema.- apretó el botón de la esfera rosa y un cuadro holográfico rectangular ilumino una de las paredes de la sala de reuniones. –Ahí están, los primeros diez puestos…-

Rukia al igual que todos los otros capitanes e Ichigo se acercó a la proyección, pero no entendió nada de lo que veía. Las fotos que aparecían allí eran claras pero los garabatos junto a ellas no eran algo que pudiera entender, seguramente era otro idioma muy complejo para que pudiera siquiera asociarlo a otro ya conocido.

El príncipe Reiv se acercó hasta ellos notando sus miradas de confusión y deslizó un dedo por la proyección como si fuera uno de esos aparatos táctiles que tanto se utilizaban últimamente en el mundo de los vivos, bajando hasta que llegó a una foto de Ichigo que reconoció como una tomada en algún momento en la noche anterior. ¿Cómo la habían obtenido? No tenía idea.

-Ahí estás, puesto 99, lo siento por ti.-

-Eso no me interesa, quiero saber quién más está en el puesto. ¿Hay otro Kurosaki?- dijo y la Kuchiki entendió todo.

Sus hermanas también habían hecho enfadar a Fakujise, también podrían estar en esa condenada lista.

-Umm… sí, creo que sí.- Ichigo se puso completamente lívido mientras el príncipe bajaba hasta el puesto 199. –Ahí está, Kurosaki Karin.- señaló la foto de Karin también tomada en algún momento la noche anterior, cosa que se notaba fácilmente debido a la marca del látigo de Izara. –Que lastima, sí que es linda.- al mismo tiempo, tanto la Kuchiki como el Kurosaki fulminaron con la mirada al de cabello azulado. A pesar de que no estaban muy lejos de cumplir tres décadas, la pequeña capitana seguía considerando a las hermanitas de su mejor amigo unas niñas inocentes y no quería a ningún pervertido interplanetario acosándolas. –Y creo que había otro… mmm…- bajó hasta llegar al puesto 257. –Aquí. Kurosaki Yuzu. ¿Son tus hijas o algo? Son muy lindas.-

-Son mis hermanas, idiota.- crujió los dientes sin importarle faltar el respeto a una autoridad, como el mismo Ichigo de siempre. –Dime…- su tonó bajo a uno que no ocultaba para nada su preocupación. -¿Esos puestos también son peligrosos?-

-Sí, pero no tanto como el 99 en el que estás. Es probable que un par de cazadores intenten ir tras ellas, pero no creo que sean tantos… aunque…- frunció el ceño. –Mientras más escapen de los cazadores o sí llegan a matar algunos, subirán su puesto en la Lista, y más mucho más peligrosos podrían venir. Realmente lo siento.-

Ichigo tenía los ojos muy abiertos, cualquier rastro de sueño que pudiera haber persistido completamente ido al hallarse completamente horrorizado y preocupado por sus dos adoraciones en peligro potencial.

-¿Hay algún otro de los nuestros en esa lista?- Hirako se acercó curioso al príncipe.

-Sí, de hecho. Varias adiciones se hicieron ayer, las marcamos todas y puedo reconocer a algunos solo en esta sala.- miró a Rukia y ella se estremeció, sabiendo que también estaba allí.

-¿En qué puesto estoy?- preguntó en un susurro, sin saber si quería saber la respuesta.

-Kuchiki Rukia.- en ese momento notó al capitán Hitsugaya entrar al lugar junto a la cazadora capturada, pero no le importó mientras veía al príncipe subir en la lista. –Puesto 134, lo siento por ti.- maldita sea, eso se oía mal.

-¿Cómo es que obtienen nuestros nombres y fotografías?- preguntó Kensei observando la foto de Rukia también tomada ayer.

-Como les dije, deben tener espías entre ustedes. Toman la foto una vez los consideran dignos de estar en la Lista de Cabezas, luego no es muy difícil averiguar el nombre si tienen espías alrededor, y más si tienen una Iza aquí.- el príncipe miró con desagrado a la clon recién llegada.

-Oigan. ¿Quién dejó al niño custodiar a la Iza?- la princesa se acercó sonriéndole dulcemente al molesto capitán de hielo. -¿Dónde están tus padres, pequeño?-

-Cierra la boca.- solo escupió Hitsugaya dejándola de piedra. –Aquí traje a la prisionera, lamento su estado, Matsumoto…- se frotó las sienes con la mano que no ocupaba para sujetar un brazo de su cautiva. –La emborrachó apenas me distraje.- confesó avergonzado por la conducta de su teniente. -¿Pueden explicarme qué está pasando aquí? ¿No son esos cazadores?- miró desconfiado a los de cabello azulado.

-¿Por qué todos nos acusan de eso?-la princesa se cruzó de brazos con un puchero muy infantil. -¿Acaso no les enseñan a sus niños a ser más respetuosos con los adultos?- la bajita de cabello azulado parecía sumamente disgustada.

-¡No soy un niño!-

-Oh, genial. Estos idiotas.- todas las cabezas se voltearon en dirección a la prisionera de Hitsugaya, que tenía las mejillas sonrojadas seguramente por el licor y sonreía cínicamente a los hermanos. -¿Ya vienen a llenarles las cabezas a estos ingenuos ignorantes sobre sus cuentos de paz y alianzas?- rió histéricamente. –Nunca les creerán, ni siquiera ellos son tan ingenuos como para confiar en quienes apenas conocen.- su sonrisa socarrona realmente estaba empezando a molestar a la capitana del treceavo escuadrón.

-Confiaremos en ellos más de lo que confiamos en ti, ellos al menos no atacaron a nadie, tú le atravesaste el rostro con tu látigo a Karin-chan, la hermanita de Ichigo.- Rukia la señaló acusadoramente, complacida de verla perder su sonrisa y lloriquear de dolor cuando el agarre de Hitsugaya en su brazo se intensificó.

-Por favor, están entrando en un terreno completamente desconocido para ustedes, ¿y van a confiar en los primeros que vengan con una sonrisita amable hablando de paz? Yo les recomendaría mucho cuidado.- la de cabello celeste volvió a sonreír mientras los hermanos de cabello azulado la miraban con furia silenciosa.

-Cuidado hay que tener contigo, serpiente.- la princesa finalmente no se abstuvo de caer en las provocaciones. –Ella está aquí para sacarles información, pronto vendrán a recuperarla. No le digan nada de ustedes y enciérrenla en las condiciones más deplorables que tengan, nosotros podemos ayudar a aclarar sus dudas si eso gustan.- se dirigió hacia Kyoraku, que lanzó un gran suspiró.

-Aunque no me costaría cumplir su deseo por la actitud desagradable de Jigen Izara-san, temó que no tengo el corazón para permitir que una chica bonita se pudra en una celda.- Izara parpadeó perpleja ante esto. –Solo que de ahora en adelante queda prohibido revelar cualquier tipo de información importante frente a ella, y, capitán Hitsugaya, esperó que de ahora en adelante tenga una supervisión más rigurosa sobre nuestra invitada.- la orden quedó implícita mientras el capitán más pequeño asentía.

-Entiendo, señor. No volverá a salir de mi vista.- asintió y sin más se retiró llevándose a la prisionera con una última mirada a la lista aun proyectada en la pared de la sala de reuniones.

-Bueno, queda claro que Jigen Izara no es muy de fiar, pero no tenemos motivos para creer que ustedes lo son.- Soi Fong miró con ojos entrecerrados a los desconocidos.

-Entendemos perfectamente su desconfianza.- Reiv sonrió incómodamente. –Escuchen, nuestro mundo hace mil años era un completo desastre. Lo habíamos contaminado y casi agotamos por completo sus recursos, pero entonces…- los ojos de ambos se iluminaron con adoración. –Nuestros dioses nos hablaron, ellos nos guiaron hacia la salvación. Nuestra gente dejó de matarse los unos a los otros y todos colaboramos para sacar nuestra civilización a flote. Encontramos la paz.-

-…Me gustaría que en el mundo humano pasé algo como eso…- murmuró Ichigo decaído a un lado de Rukia, que le dio unas palmaditas en el brazo en señal de apoyo. Los humanos solo aprenderían cuando estuvieran en el borde de la muerte.

-Los cazadores arruinaron esa paz cuando nos invadieron y comenzaron a cazarnos solo por diversión. Nosotros no les habíamos hecho nada.- la princesa Tamirity habló pareciendo casi a punto de llorar. –A nuestros antepasados no les quedó de otra que entrenar y volverse guerreros para poder defenderse, cosa que hizo que nuestros dioses nos dieran la espalda cuando el pueblo volvió nuevamente a los caminos de la sangre, y lo peor es que al batallarlos ellos solo se interesaron y se divertían más.- cerró los ojos con frustración. –Son unos monstruos.-

Rukia frunció el ceño. Por su tono y el dolor en los ojos de ambos parecían sinceros, pero no sabía si debía creerles o no. Una mirada a Ichigo bastó para saber que él ya estaba completamente convencido y confiado con el príncipe y la princesa, pero ella tenía sus dudas.

-Aun así, Tamirity-san.- habló el comandante. –Tendrán que darnos una garantía de que podemos confiar en ustedes antes de hablar sobre alianzas.- el hombre igual no estaba del todo convencido.

-Sé que no hay nada que nosotros podamos decir para que confíen de buenas a primeras.- Reiv suspiró, pero luego sonrió. –Pero tal vez… sí hay algo que sus propios dioses puedan decirles para que confíen.- miró con complicidad a su hermana.

-¿Nuestros dioses?- Kyoraku así como todos ellos fue tomado con la guardia baja. –Nosotros solo tenemos un dios, el Rey Espiritual, y en este momento no podemos exactamente hablar con él.- no desde que nadie estaba seguro qué había pasado con los rastros del Rey Quincy y por qué el mundo no se desmoronó cuando desapareció por completo. –Aun así, estoy intrigado, ¿ustedes tienen un método para hablar directamente con sus dioses?- parecía interesado.

-Algo así.- Reiv frunció el ceño. –Y lamento diferir de sus palabras, pero ningún universo tiene un solo dios, y en caso de tenerlo, no pueden no tener al menos un guardián celestial.- se cruzó de brazos.

-¿Guardián celestial?- Rukia alzó una ceja.

-Los guardianes celestiales se encargan de vigilar la perpetuidad de los mundos, pueden ser hijos o cónyuges de los dioses principales pero son algo así como divinidades no tan relevantes.- explicó el príncipe. –Aun así, el reino tamiritian considera a los guardianes dioses, y podemos comunicarnos con ellos más fácilmente, de hecho.-

-Pueden hablar con sus guardianes, entiendo.- el comandante asintió. –Pero no entiendo por qué creen que pueden hablar con los nuestros… sí es que en serio tenemos tal cosa.- entrecerró lo ojos.

-En Tamirity existe un templo tan antiguo como la vida misma, y allí tenemos tallados a todos nuestros dioses y guardianes, pero aparte… también tenemos tallados a los dioses de los cazadores. Y hay otra sección que no habíamos sabido sobre que era hasta ahora, pero muy probablemente se trate de sus dioses tallados, si es que no es del tercer universo aún desconocido…- el príncipe llevó una mano a su barbilla. –El suyo es el cuarto universo, pero hace poco creíamos que los universos solo eran tres, por eso no se nos hacía raro que tuviéramos tres secciones de diferentes dioses en el gran templo, sin embargo ahora, ya que el tercer universo es un misterio, es muy probable que esos dioses sean suyos.-

-¿Quieres decir que si vamos a ese templo podremos hablar con nuestros dioses?- Nanao se ajustó los lentes, incrédula. -¿Cómo?-

-Sí realmente son sus dioses, solo basta con que prueben con gotas de su sangre ser aquellos a quienes custodian, entonces el guardián o dios hablara con ustedes. Hasta ahora solo hemos podido hacerlo un par de veces porque nuestros dioses están bastante disgustados con nosotros, y con los dioses de los cazadores lo hemos intentado una vez y funcionó, resulta que sus dioses, al menos con el que hablamos, sí aprueban su sed de sangre y el querer apoderarse de otros universos.- el príncipe rodó los ojos. –En fin, sí están dispuestos a darnos el beneficio de la duda, tal vez puedan obtener más respuestas de las que esperarían.-

-¿Lo que quieres decir es… ir a su mundo… otro universo?- murmuró Hirako en voz baja, casi cautelosa.

-Debe ser chocante para ustedes, puesto que todo esto es nuevo, pero ahora que están en la Lista de Cabezas los cazadores no dejaran de molestarlos, así que mientras más rápido aprendan a superar el shock y adaptarse mejor para ustedes. Y mientras más rápido confíen en el pueblo tamiritian mejor para nosotros, ya estamos hartos de la guerra contra esos infelices y creemos que tendremos una buena oportunidad contra ellos si formamos esta alianza.-

El capitán comandante suspiró, quitándose su sombrero.

-Bien, esto es una decisión muy complicada, ciertamente.- dejó escapar otro pesado suspiro. –Me temó que algo de esta magnitud debe ser discutido con la Cámara de los 46, que es la real máxima autoridad aquí. Y eso tomara algún tiempo.-

-Estamos dispuestos a esperar.- habló la princesa ya más recompuesta de su anterior golpe de sensibilidad. –Mientras tanto… ¿tendrían algo de comer que ofrecernos?- sonrió tímidamente.

Rukia suspiró.

-Los invitó a la mansión Kuchiki a servirse los platillos más exquisitos que se puedan conseguir, sí así lo desean.- vio de reojo la mirada de aprobación del capitán comandante y supuso que Byakuya no se opondría. Aunque eran de otro mundo/universo, seguían siendo un príncipe y una princesa.

-Es muy amable de tu parte, querida.- la princesa sonrió encantada. –Espero que puedan tener una respuesta para cuando la hora de la cena termine.- agitó su cabello en esa extraña reverencia una vez más antes de dirigirse a la salida, su hermano retiró la proyección de la lista y guardo la esfera color rosa antes de seguirla.

La Kuchiki se cruzó de brazos mientras hacia una seña a Ichigo para que viniera con ellos también. Él tal vez ya confiaba en esos dos, pero ella no estaba del todo convencida y usaría esta oportunidad para vigilarlos más de cerca y ver sí realmente eran merecedores del beneficio de la duda. Todo el Seireitei había aprendido que la desconfianza era una virtud muy valiosa desde Aizen, no iban a cometer el mismo error estúpido de confiar.

…Aunque por otro lado… si ellos resultaban ser sinceros, la idea de ir a otro mundo en otro universo sonaba aterradoramente emocionante, más si era para hablar con sus dioses o guardianes, y tal vez descubrir cosas de ellos mismos que ni siquiera imaginaban.

Continuara...

Hola! :D

Lamento la tardanza, estaba un poco desanimada con este fic porq parece q con cada capitulo espanto a más lectores x'D Pero mientras lo siga leyendo una sola persona yo lo seguire n.n Las actualizaciones desde ahora seran mensuales porq es lo unico q puedo permitirme y de todos modos no tengo tanta audiencia por aquí xP

Espero que les haya gustado el capitulo y gracias si es que llegaron hasta aqui :)

Realmente muchas gracias a los q comentaron :'D Diganme, está bien el largo de los capitulos o es muy tedioso? Quieren más corto, más largo o hago lo que quiero? xD Quieren más acción, menos, o de nuevo hago lo q quiero? :P

Siento mucho si la historia esta aburrida o tediosa en algunas partes, más adelante se pone más interesante, estos capitulos son introductores más q nada y espero q todo sea entendible. Por favor tenganme paciencia nwn

Me despido!

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!