Natsu Draneel POV

Llegué a casa muy confuso, no paraba de darle vueltas a la cabeza sobre ese chico y es que reconocía que había metido la pata con él, debí leerme la ficha de mis estudiantes antes de impartir clase, pero no me había dado tiempo a revisarlos a todos. Miré el montón de papeles aún encima de mi escritorio, ese que me faltaba por revisar y estaba convencido de que ese chico estaba ahí, no había leído ningún expediente de chicos sin familia y había tres en mi clase.

Miré en el montón de papeles y busqué al chico entre todos ellos, estaba casi al final su hoja y la miré, Gray Fullbuster, sin familia conocida. Desde luego había metido la pata al decirle que quería hablar con sus padres, su contestación había sido que él no tenía padres. Me dejó allí sin saber qué decirle viendo como se marchaba, le daban igual los partes disciplinarios, le daba igual todo, era un chico que cuando pregunté al resto de profesores por él, todos decían lo mismo… conflictivo.

No sé si había empezado aquella pelea Sasuke Uchiha o Gray Fullbuster, pero ambos llevaban un parte a su casa…o más bien Sasuke lo llevaba a su casa, porque Gray ni eso tenía. Me llamaba la atención su situación, jamás me había cruzado con un caso como el de él. Sé que era mi primera clase, pero podría haberme tocado algo normal, ahora tenía al hijo de un político y a tres chicos huérfanos en mi clase ¿Cómo debía llevar esto? Se supone que yo era el tutor de la clase y además… el profesor de ética.

- ¿Qué tal el día? – escuché que me preguntaban y pude ver a Lucy que salía por la puerta del salón con una toalla envuelta a su cuerpo mientras se secaba el cabello con otra.

- Raro – le dije sonriendo.

- ¿Ha ocurrido algo? – preguntó acercándose y mirando la ficha que tenía ahora entre mis manos - ¿Gray Fullbuster? ¿Quién es? – me preguntó.

- Un alumno – le dije – creo que he metido la pata con él, no hemos empezado muy bien. Le he puesto un parte disciplinario el primer día por una pelea y le pedí que me trajese a sus padres para hablar.

- ¿Y cuál es el problema? – me preguntó.

- Que no tiene padres – le dije dejando la hoja de nuevo con el resto del montón.

- Natsu – me llamó cogiéndome antes de que fuera hacia el baño y besándome con dulzura – tranquilo, seguro que lo arreglas, siempre se te ha dado bien solucionar problemas – me dijo Lucy tratando de animarme.

- Voy a ducharme – le dije sonriendo besándola – cuando salga estaré más tranquilo, te lo prometo.

Me duché y aún así seguía pensando en el lío en que estaba, era mi primer año como profesor, siempre había soñado con ser profesor, quería ayudar a mis alumnos, enseñarles, ser un apoyo para ellos ¿Y qué había hecho el primer día? Meter la pata con un huérfano, era lo que me faltaba, me sentía como la peor persona del mundo, le había herido donde más le dolía a ese chico. Creí que la ducha me relajaría o que se llevaría el recuerdo de lo que había pasado de mi cabeza, pero no, seguía estando ahí, me había dejado muy preocupado ese chico, me daban ganas de disculparme pero no podía, era su profesor… no debía darle ciertas confianzas ¿Qué iba a hacer con este problema? Sé que Lucy siempre pensaba que era muy bueno arreglando problemas, pero la verdad es que era mejor encontrándolos que arreglándolos. Mi primer colegio, mi primera clase… y me encontraba con tres huérfanos ¡Los problemas me perseguían!

Cuando salí al comedor, Lucy ya estaba cambiada, había puesto la mesa y había preparado la cena, eso me hizo preocuparme por cuánto tiempo había estado en la ducha, supongo que demasiado. Ella sonrió al verme y me indicó que me sentase a cenar. Aproveché para darle las gracias por la cena y comimos mientras me contaba cosas de su trabajo y es que prefería que hablase ella para no tener que pensar yo en mi trabajo. Lucy era periodista, ahora trabajaba para una importante revista pero aún se quejaba de que la trataban como a la becaria aún teniendo un pequeño apartado dentro de la revista. Me contó los rumores y cotilleos que tenían por allí y aunque yo no le estaba prestando mucha atención por estar dándole vueltas al problema que yo tenía con mis alumnos, sonreía de vez en cuando fingiendo que la escuchaba para que ella siguiera.

Aquella noche no pegué ojo, pasé la peor noche en meses y es que daba vueltas y más vueltas tratando de pensar una solución, no podía creerme lo imbécil qué había sido al decirle aquello a ese chico. Sólo tuve que haberme leído su ficha, tenía todo su expediente, quizá le estaba dando más vueltas de las que debería, todos los profesores decían que era un chico problemático, pero a mí me daba la sensación como si no fuera del todo cierto, algo tenía que haber para que se comportase como lo hacía, todos teníamos pasado, el pasado nos forjaba, quería saber qué es lo que escondía detrás de esa actitud distante y fría.

Cuando me desperté, Lucy ya se había marchado y me había dejado una nota en mi mesilla indicándome que tenía el desayuno listo en la nevera. Sonreí y es que de verdad que ella siempre estaba en todo. Desayuné bastante rápido y me marché a clase, no quería llegar tarde y es que hoy me tocaba la primera hora. Al entrar empecé a explicar la lección y me sorprendió no ver a Gray en su sitio, de hecho… entró cinco minutos tarde y estuve a punto de no dejarle entrar, pero al ver como se disculpaba me pareció muy formal y por nuestro mal comienzo de ayer, le dejé entrar. Vi a Jellal preguntarle entre susurros si estaba bien y les mandé callar, no quería que siguieran interrumpiendo mi clase.

Estuve contando un poco sobre los dilemas morales, haciendo preguntas a los alumnos y viendo sus contestaciones, hasta que me di cuenta de que Gray… se había quedado dormido en la mesa. Jellal trató de despertarle disimuladamente cuando me vio fijar mi vista en él y aunque Sasuke también se giró hacia atrás para tratar de despertarlo les mandé que pasaran de él. Busqué la pregunta del temario más complicada que pude encontrar, algo que no daríamos hasta final de curso y se la formulé llamándole, no se despertó, así que le lancé la tiza desde mi lugar y pareció quejarse mirando a Jellal y éste le indicaba con los ojos que había sido yo.

- Espero señor Fullbuster que haya descansado a gusto en mi clase – le dije – puede por favor contestarme a la pregunta.

Sabía que no la había escuchado, debía de estar tronco perdido cuando se la hice y me sorprendió cuando de golpe la respondió perfectamente frente a todos, sin saltarse ni una coma ¿Cómo narices podía estar prestando atención cuando dormía? Era algo que no me explicaba pero gracias a dios que sonó la sirena del cambio de clase y pude retirarme antes de que me dejasen a mí mal. Ese chico era muy raro… era inteligente, nadie se podía saber esa respuesta, no entendía como alguien con su cerebro podía meterse en tantos problemas.

Salí hacia la sala de profesores y me crucé con Laxus, el profesor de gimnasia que también terminaba ahora su clase y se dirigía junto a mí a por un café. Me sonrió al verme y tras pedir un par de cafés nos sentamos en una de las mesas del fondo de la sala. Algunos profesores estaban por allí leyendo un periódico y otros repasando sus notas de lo que iban a dar en las siguientes horas.

- ¿Qué sabes de esos chicos huérfanos? – le pregunté a Laxus.

- No mucho – me dijo – que suelen estar siempre en líos.

- Ya, eso es lo que todos me dicen, pero no sé qué pensar.

- ¿Ha pasado algo?

- Ese chico, Gray… me ha respondido una pregunta que ni siquiera yo me sabía, he tenido que mirarla en el temario – le dije.

- ¿Y? – me preguntó.

- Estaba dormido en clase, ni siquiera sé cómo ha escuchado mi pregunta.

- El cerebro humano hace maravillas – me dijo Laxus sonriendo – la verdad es que son algo raros… siempre van los tres juntos, no suelen separarse y creo que son los otros alumnos los que suelen meterles en problemas, pero aquí lo pagan con ellos, supongo que es lo más fácil – me dijo susurrando – en mi clase no tengo quejas, se comportan bien, tienen buena disciplina, no se meten en jaleos, sacan buenas notas, son buenos deportistas…quizá hablan poco y son muy reservados.

- ¿No has notado nada raro?

- No, si hubiera algo raro… creo que se cubrirían bien entre esos tres. Pero estaré atento por si veo algo extraño – me comentó.

Fui con Laxus a la dirección y pedí de nuevo los expedientes, esta vez completos y revisamos entre los dos los tres casos. Laxus había estudiado en la universidad algo de Psicología y él mismo decía que no eran precisamente tres modelos de conflictividad, buenas notas, disciplinados… no eran como otros chicos conflictivos que él había tenido con anterioridad, le parecían buenos chicos ¿Entonces por qué todos los profesores los culpaban a ellos de todos los problemas? Pedí en la junta que se revisaran los expedientes y que investigaran lo que había detrás de los conflictos de estos chicos, algo tenía que haber para que se comportasen de esta forma, ¡en caso de fuera culpa de ellos!, pero todos se lavaron las manos y me pusieron a mí al cargo de vigilarlos y "reeducarlos" ¡Cómo si necesitasen educación! Lo que necesitaban esos tres era ayuda de alguna clase y no sabía cual, seguramente el no tener padres les había afectado a su carácter y yo estaba dispuesto a tratar de averiguar qué tipo de ayuda necesitaban y ayudarles. Laxus por hablar una única vez en la junta diciendo que en los expedientes no había signos de que fueran chicos conflictivos… acabó pagando el pato y lo asignaron conmigo para "arreglar" como ellos dicen… a esos chicos. De verdad que se lavaban las manos muy rápido todos, se supone que éramos sus profesores, debíamos ayudarles, ver a través de su carácter y sus corazas para tratar de entenderlos, no ponerles partes disciplinarios sin más porque eran los huérfanos y eso no llevaría a ningún lado.

Supongo que era simplemente eso… era más fácil en una pelea o discusión culpar a los chicos sin padres, en vez de meterse en jaleos, pero eso sólo nos traía problemas a la larga… porque esos chicos no confiaban en nosotros, sabían perfectamente que aunque nos explicasen o intentasen pedirnos ayuda si les pasaba algo, todos esos profesores les darían la espalda, por eso ya no se fiaban, ahora se defendían entre ellos y era algo que nos habíamos ganado nosotros. ¿Cómo iba ahora a ver tras esa coraza que se habían puesto? ¿Cómo haría para que confiasen en mí? No lo sabía, pero este tema me preocupaba.

- No confían en nosotros – le dije a Laxus cuando me quedé a solas con él y estaba claro que él veía más cosas que yo.

- Te equivocas Natsu – me dijo Laxus – no confían en nadie y menos en los adultos – me dijo muy serio – y eso es un problema. No puedes ayudar a alguien que no quiere ser ayudado. No quieren ayuda, sólo quieren que les dejen tranquilos.

- Nunca he llevado casos de estos.

- Dejé la psicología hace mucho Natsu – me dijo – sólo soy un profesor de gimnasia, así que tampoco sé muy bien cómo afrontar esto que acabas de decirme.

- Vamos Laxus… esos chicos no están perdidos, tienen potencial, sólo tenemos que hacerles ver a los profesores que se equivocan con ellos. No son conflictivos y si se les da la oportunidad, sé que la aprovecharán.

- Sí, bonitas palabras Natsu, ahora ve a la próxima Junta y trata de convencerlos – Laxus se quedó pensando unos segundos – podrías tratar de hablar con los tres a la vez, para tal vez conseguir que inconscientemente vayan viendo que entiendes perfectamente que son como una familiar, que respetas esa decisión que ellos han tomado, y de esa manera en alguna ocasión conseguir que bajen la guardia. Esto, lo más seguro, será complicado y costoso. Quizá a otro alumno le resultaría más fácil averiguar lo que ocurre ya que está más tiempo con ellos – me dijo.

- ¿Quieres que meta un espía?

- No, quiero que alguien se gane su confianza y nos pueda dar alguna pista de lo que ocurre. ¿Tienes a alguien en mente?

- A Sasuke Uchiha es al único que conozco – le dije – pero es tan diferente a ellos que no encajaría en su grupo.

- Puede que sea el que mejor encaje – me dijo Laxus.

Al finalizar las clases cogí el coche para regresar a casa y al pasar por el parque, el semáforo se puso en rojo obligándome a detenerme, pero mi sorpresa vino cuando vi a Gray cruzando por el paso de peatones con dos chicos de unos quince años, un chico pelirrojo muy serio y uno rubio que hablaba animadamente con él y sonreía sin parar. Y supongo que me fijé en la sonrisa de Gray porque jamás sonreía. ¡He descubierto algo que le importa!