-¿Y dices que es muy guapo? -preguntó Patricia, genuinamente interesada-. ¿Qué tanto? ¿Es verdad lo que dicen de esos ojos azul mortal que son herencia de no sé qué tatara, tatarabuela?

-¿Y tú cómo sabes tanto sobre la familia Cornwell-Aston? -inquirió Dulce, sorprendida. Patricia no se caracterizaba precisamente por su interés en el universo financiero.

-Porque una compañera también está realizando su servicio social en el corporativo; aunque ella ya está por concluir el año. Dice que frecuentemente la asignaban para acompañar a Alexander, que es el nieto del fundador y quien está a cargo del departamento de obras.

-No sabía que tenían un departamento de obras -declaró Dulce con cierto aburrimiento-. Me suena un poco a secretaría del Honorable Ayuntamiento.

-¡Ay Dulce! -se quejó Patricia. Con frecuencia el despiste de su amiga la exasperaba-. El Corporativo San Andrés forma parte de una Sociedad de inversión excelentemente posicionada no sólo en México, sino en el resto de América Latina y uno que otro país de Europa, en especial el Reino Unido. Se rumora que está relacionado con capitales importantísimos en Norteamérica.

-Estados Unidos -corrigió Dulce automáticamente-. ¡Qué manía de llamar "norteamérica" a ese país! ¡Por todos los cielos! ¡Norteamérica es el norte del contienente! ¡No un país!

-¡Uff! ¡Ya! ¡Párale! Que no estamos en uno de tus debates -declaró Patricia con desesperación; cuando su amiga comenzaba con una de sus discusiones no había quién la parara-. Y todavía no me dices si puedo fiarme de la opinión de mi compañera.

-Pues... -la joven, de larga y rizada cabellera oscura, permaneció reflexionando un instante-. Es que no podría decir que es guapo; sí, es pelirrojo, bueno, como que su cabello parece más castaño-rojizo, pero en fin; es muy alto, de complexión atlética y sus ojos son de un tono miel con chispas doradas. Por lo que dijo una de las secretarias, tiene la extraña manía de vestir sólo en tono gris oscuro.

-¿Miel con chispas doradas? -interrogó Patricia, observándola con sospecha-. ¿Y desde cuándo la señorita "yo no creo en los hombres" se fija con tanto detalle en un superior?

Fue el turno de Dulce de sonrojarse. Sus mejillas apiñonadas se pintaron de un interesante tono que hizo ver sus ojos aún más azules. En ocasiones detestaba su apariencia que no denotaba ningún origen y parecía una exótica mezcla de castellana-aborígen con un dejo de siciliana, en opinión de Nelson.

-¡Pues es que era inevitable mirarlo! -estalló, sonrojándose aún más-. ¡Choqué con él cuando salía corriendo a almorzar y lo derribé!

-A eso le llamo buen tino socia -dijo Patricia, con admiración, después de emitir un silbido por todo lo alto-. Sabía que eras ruda, pero esto ha ido más allá de mis expectativas.

-¡Ríete! ¡Claro! ¡Como tú no hiciste el oso en el mezzanine y en plena salida de los empleados!

-Entonces ni ojos azules, ni cabellos rubios ensortijados -concluyó Patricia, recordando el motivo de la conversación-. Tendré que exigirle a Milagros que invite ella la pizza mañana ¡Me las debe la muy chismosa!

-Bueno, es que apenas conozco a uno de ellos -corrigió Dulce-. Y según tengo entendido son tres.

-¡Tres! -exclamó Patricia con los ojos muy abiertos-. ¡Pero cómo es posible!

-Y yo que pensé que lo sabías todo sobre los Cornwell-Aston -declaró Dulce con un guiño, evidentemente divertida-. Tal parece que no has hecho tu tarea, señorita.

-¡Y que lo digas! Pero tú puedes contarme ¿no?

-Ya es tarde...-declaró Dulce, bostezando.

-¡Pues no te dejaré dormir hasta que me digas todo lo que sabes! -sentenció Patricia al tiempo que le lanzaba una almohada.

-Pues sólo se que son tres hermanos a cargo del corporativo, ambos hijos de un hijo del dueño de Finca del Cobre.

-El hogar de la familia original ¿no? Es la hacienda que fotografiaron hace poco con motivo de los documentales del Bicentenario.

Dulce torció los ojos ante la mención del evento. Había pasado los meses anteriores quejándose por la falta de creatividad en la organización de los festejos y la excesiva inversión gubernamental en los mismos.

-Sí, hasta un reportaje hicieron. Parece que ningún miembro de la familia reside ya ahí y ahora la han convertido en un sitio turístico. Ya sabes, hotel, spa, club de golf y demás tonterías. Se supone que el abuelo de los accionistas principales del Corporativo San Andrés desciende directamente de un conde escocés que vino a vivir a Finca del Cobre para gestionar los negocios de la familia De Arredondo y Huesca.

-¡Órale! Son los que salen en esas revistas de sociedad ¿no?

-Creo que sí. No entiendo muy bien cómo está el asunto; pero lo cierto es que se rumora que el corporativo San Andrés tuvo como base capital de los De Arredondo y Huesca. La empresa, que ha expandido su rango de operaciones paulatinamente hasta abarcar los tres sectores principales, pertenece desde su fundación a la familia Cornwell-Aston y actualmente la controlan sólo cuatro accionistas, todos hermanos: tres varones y una mujer. Al principio, cuando lo recibieron como herencia, los cuatro tomaban parte en las decisiones; pero la hermana se accidentó hará algunos tres años y, debido a sus precarias condiciones de salud, permanece recluída en una propiedad que la familia posee cerca de aquí; su hermano mayor, William Guillermo, es quien la cuida y vive con ella; el otro hermano, Alexander, supongo que es el rubio que tu amiga conoce, y está soltero y bueno, por último está Alixto Antonio, el tipo al que derribé esta mañana, quien es mi jefe, bueno, más bien el jefe de mi jefa.

-¿William Guillermo? -preguntó Patricia en tono de no querérselo creer.

-Es estúpido ¿verdad? -aseveró Dulce-. ¡El mismo nombre en español y en inglés!

-En inglés y español, Dulce -corrigió Patricia, con exasperación.

-Bueno, como sea. Pero a mí sí que me pareció extraño al verlo escrito en un contrato que tuve que ir a archivar al jurídico.

-Pues a mí lo que se me hace más raro es el nombre de tu nuevo jefe -declaró Patricia sin dudarlo.

-¿Alixto? -inquirió Dulce y en seguida, sin esperar confirmación, explicó-: pues sí, al parecer es un error de los muchos que cometen las secretarias en el registro civil. Ya sabes...

-¡México lindo y querido! -gruñó Patricia, interrumpiendo la explicación.

-Pues sí -confirmó Dulce, comprendiendo la ironía-. Resulta que lo iban a llamar Alistair Antonio, en memoria de no sé qué tatara, tatarabuelos lejanos con no sé qué historia trágica, pero la secretaria entendió "Alixto" y así lo escribió.

-¡Puff! Otra de esas... -se quejó Patricia y, de pronto reaccionó, incorporándose en la cama con la presteza del rayo-. ¡Un momento! ¿Y tú cómo sabes ese detalle tan personal...?

-¡No es ningún detalle personal! -exclamó Dulce, sonrojándose de nuevo-. Lo que pasa es que el señor Alixto es un bromista incorregible y cuando se presenta con una persona, le cuenta la anécdota con pelos y señales. Es lo primero que me dijo cuando entré a su oficina para conocerlo.

-¿Bromista? -Patricia puso cara de circunstancias- Pues más bien a mí me parece que a tu nuevo jefe le encanta el chisme.

-Quiero dormir... -se quejó Dulce, girando en la cama para enterrar la cabeza bajo la almohada.

-Está bien -concedió Patricia, arrebatándole la almohada con que se cubría para hacerle una advertencia-: pero, espero que mañana me cuentes cómo te fue en el trabajo y si tu nuevo jefe, bueno, el jefe de tu jefa, que al parecer habla demasiado, hizo algún comentario sobre esos ojazos tuyos.

-Él lo hizo...-la voz de Dulce descendió de tono, señal evidente de que se estaba quedando profundamente dormida-. Él dijo... dijo que mi-s o-jos pa-re-cí-an... pare-cían...Dley. No sé... qué... quiso decir...