Discleimer:

Los personajes de Naruto y la trama de Lynch no me pertenecen, le pertenecen a Masashi Kishimoto y a Moviecity, respectivamente. Yo solo revolví todo a mi manera, gracias a mi imaginación. Sin fines de lucro.

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Di NO al plagio. Porque inventar es vivir. Se original.

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Resumen:

Luego de morir algunos van al cielo y otros…a su propio funeral. Hinata se da cuenta que todo su esfuerzo por ser la digna heredera de la empresa, ha sido en vano y tras darse cuenta de la dura realidad decide dar un cambio a su vida—Te pago un millón de dólares para que me ayudes a fingir mi muerte —habló decidida—, tengo derecho a una segunda oportunidad… Después de la muerte viene el retorno.

•• Las aves dejan el nido ••


George Bernard Shaw dijo una vez: "La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo"


Hoy era otro día típico en su vida no tan típica. Desde el amanecer, la elegancia y la perfección de su espacio no tenía la suficiente cabida como la que él proporcionaba a su alrededor. El sonido de los autos pasaba de un lugar a otro pero pasando de largo a sus oídos, el ajetreo del centro de Tokio no era algo de incumbencia y por lo tanto no era de su interés.

Su perfume natural y exquisito porte, dejaba huellas en el corazón y mente de la población femenina, y cómo no, de los hombres también, con su incomparable sex appeal que ni siquiera se esmeraba en expresar. Irradiaba éxito en su caminar y al entrar a la aclamada empresa de su familia, donde trabajaba, el silencio de las actividades anteriores a su llegada se hacía presente, todos sabían que él había llegado ya. Nada más y nada menos que Sasuke Uchiha. El heredero de la empresa y único hijo de la poderosa e imponente familia Uchiha.

Como todos los días, después de ignorar todas la miradas acosadoras e infiltrantes para con él, llegó a su oficina pero a diferencia de otros días una elegante y muy bien proporcionada mujer lo esperaba ante la puerta de su oficina, con la seriedad para nada esperada para él por una mujer, para avisarle que su padre, Uchiha Fugaku, lo esperaba en su oficina. Como otras veces se dirigió con el mismo porte e imponencia de siempre, hacía el lugar donde se encontraba su progenitor y al entrar, como muchas otras veces, todo ese poderío que sentía correr en sus venas se sentía reducido al llegar ante la presencia del gran patriarca.

La gran oficina se encontraba casi totalmente en la oscuridad, el amplio espacio hacia el frente daba con una silla amueblada para las visitas y frente a esta, un gran escritorio de roble en el cual descansaban unos cuantos archivos. Unos enormes ventanales, del techo al piso alfombrado, eran los que proporcionaban luz al elegante espacio algo monocromático. La ciudad parecía un reflejo completo ante los cristales de brillosa y transparente apariencia. La elegante y cómoda, al menos a la vista, silla de porte empresario yacía de espaldas ocultando la presencia del gran jefe, quién seguramente se encontraba viendo la enorme ciudad con un deleite neutro.

Fugaku tenía esa costumbre y como siempre, Sasuke se dignó a hablar primero, al menos con él.

—He venido como pediste, otō-sama —. El tono neutro de Sasuke voló por el espacio, segundos después, la silla de Fugaku daba la vuelta para verlo, prácticamente ellos eran reflejos, ambos serios e inexpresivos.

—Tú desempeño en la empresa ha mejorado con el paso del tiempo, al final de cuentas eres un adulto —. La mirada del mayor se paseó por los archivos, que yacían a su vista en el escritorio, hasta encontrarse con los orbes negros de su hijo— desde la muerte de tu hermano he estado pensando cuál será el futuro de esta empresa.

Y ahí venía, una sonrisa de satisfacción estuvo a punto de aflorar en los labios del menor pero por pura marca de su personalidad, se abstuvo. El recuerdo de su hermano mayor comenzó a aparecer en escenas por su mente, un hijo talentoso, noble, ejemplar, serio, crítico, exuberancia en todo sentido. Un hijo y hermano del cual presumir. A pesar de ser la futura cabecilla de la empresa tenía un gran corazón que no a todos les era merecedor mostrar. Sasuke recordaba como jugaba con él de pequeño, le daba ánimos para seguir adelante y lo llenaba de promesas que, por suerte y crueldad del destino, nunca podía cumplir, aún siendo joven tenía muchas responsabilidades en sus espaldas. Sasuke pensaba que era preferible tener todas esas promesas, colgadas por todas partes, que nada, pues su padre ni siquiera tenía tiempo, o el querer, de prometer algo.

El menor Uchiha pensaba eso muy seguido, su hermano mayor intentaba apoyarlo en todo pero aún así Sasuke lograba sentir el frío de estar en la sombra de su tan furtivo hermano mayor. Cuánto se odiaba a sí mismo al pensar en lo egoísta que había estado siendo en ese tiempo pero no se le puede culpar, en ese entonces tenía catorce años. Solamente catorce años de vida real para Sasuke, debido a aquella tragedia.

—Y la verdad, creo que ya es tiempo de revelarlo—. Sasuke volvió en sí, poniendo atención a lo que su padre decía—, es muy obvio que pronto será el momento en que me retire y es muy obvio que te dejaré todo a ti.

Eso era lo que estaba esperando a oír, ya lo sabía pero esperaba a que el propio Fugaku lo dijera, después de todo en este mundo de los negocios nada es seguro hasta que el jefe habla y dicta.

—Pero, hay una condición.

El tono distante y a la vez cercano de su padre no le dio buena espina, por eso no pudo evitar tensarse, era bien sabido que nunca se le podía decir no al gran empresario y ciertamente como para que le pusiera una condición significa que quería estar seguro. Sasuke tensó los dientes, Fugaku no estaba seguro de que su hijo fuese el elegido real, más bien él era el elegido dudoso.

—Te casaras, con la hija de unos de nuestros más grandes socios, eres muy popular entre las mujeres y ella desea estar contigo.

En ese momento no podría describir bien cómo se sentía, si como un futuro esposo, jefe y padre; o como un salmón bañado en miel y servido en una bandeja de plata. De cualquier forma se sentía claramente ofendido y su ceño fruncido lo mostraba. Fugaku no cambió la expresión de su rostro, dijo todo como si del clima se tratase.

— ¿Por qué? —alcanzó a escupir, literalmente, el menor necesitaba escuchar una buena, muy buena, razón para que él se tuviese que comprometer con una desconocida que lo adoraba. Necesitaba algo para sentirse todavía libre y no como una pieza manipulable en un juego de ajedrez.

—Nunca nadie me pregunta mis razones, Sasuke.

—Pues yo sí pregunto cuando se trata de mi vida, padre —. Claramente el tono casi burlesco con el que ambos se refirieron era el inicio de un debate.

Fugaku se levantó inexpresivo, solo mandándole una mirada para nada contenta, que helaba la sangre de cualquiera que se le atravesase pero el calor en las venas de Sasuke era suficiente para sentirse a salvo de tales ojos. El mayor caminó hasta los imponentes ventanales, quedándose viendo la vista, la cual desde ese punto daba la sensación de sentirse rey del mundo, dios y señor. Se mantenía de espaldas a su hijo.

—Quiero asegurarme de que eres lo suficientemente entregado como para aceptar tal papel, ser el jefe de todo esto significa sacrificio.

Sí, sacrificio. Fugaku sacrificó todo por la empresa, la relación con su esposa, la relación con sus hijos, las relaciones personales en general. Sacrificó su sangre.

—Eres un buen candidato pero te falta madurar, un matrimonio terminará de endurecerte, de hacerte dedicado.

—Solo con la empresa —Fugaku sabía exactamente a qué se refería por eso se tenso pero sin que su hijo lo notase. Sasuke se sentía impotente, su padre quería que él tuviera una familia para que después prácticamente la abandonase por la empresa, y sabía que su padre lo aceptaba, así quería a su sucesor, vacío y sacrificado. Al menos le gustaría que su padre se lo dijera de frente, hablándole así, de espaldas, era como hablarle a un impenetrable muro— ¿No te he demostrado suficiente? He hecho todo lo que ha sido necesario y aún así quieres más.

—Esto es trabajo completo, no puedo darle esto al alguien que no está dispuesto a ello.

—Hay otras formas. Una forma en la que yo no sea un prisionero fortuito.

—Esa actitud —Fugaku cruzó los brazos—, es la misma actitud que tenía tu hermano, la actitud que lo condenó, él tenía esas aspiraciones y mira dónde está.

Se escuchó el puño de Sasuke estrellarse fervientemente contra el escritorio, haciendo que el espacio se llenara con ese vibrante y duro sonido. El "basta" sonoro pero sin letra. El llamado salvaje del silencio.

—Es de Itachi del que estás hablando —el tono mordaz de Sasuke dejaba entrever las emociones que no era visibles para lo demás y que ahora, lucían tenues pero eran el centro estelar del momento—, mi hermano no tuvo la culpa de morir en ese accidente de tránsito y lo sabes, él solo quería…

—Escapar, escapar de sus responsabilidades y eso es algo que no toleraré nunca, a quién le respondía su confianza no era a mí y la traición los Uchiha no la perdonan —el mayor parecía inescrutable, nada le llegaba.

—Pero si lo hubieses escuchado…

— ¡Es suficiente! —el aire se heló más que de costumbre, el eco de la voz molesta y raramente vista del jefe, hizo un hueco en toda la habitación, llegando desde cualquier punto que estuviese—, no habrá más discusiones. O te casas con la señorita Sakamoto o te olvidas de que te apellidas Uchiha —. Los puños de Sasuke estaban blancos de tanto apretarlos, su rostro agachado y su porte oprimido—. Ya puedes marcharte.

No fue necesario que el mayor terminara de hablar, los pasos de Sasuke ya se había dirigido a la salida, casi podía sentir los hilos invisibles que se le pegaban a los huesos, uniéndose a sus tejido, en cada célula de su cuerpo, esas sensación nunca le agradó. Sacrificio. Salió como alma que lleva el diablo e ignoró todo lo que la secretaria le decía, a la distancia, esa voz, esa oficina, todo se sentía lejano, a excepción de ese sabor amargo. La pena de la culpa. La decepción de lo inescrutable. Subiendo al elevador que lo sacaría de ese maldito lugar logró pensar en algo muy verídico y razonable.

Su hermano no escapó, tomó la decisión más sabia y humana posible. Por el deseo de tener una vida propia, sin hilos, más viva. Nunca pensó que fuese necesario pero esos rumores se estaban volviendo muy fuertes y aunque la racionalidad encarnada de familia le gritaba que aceptara lo impuesto, la parte más viva y poderosa de sí le dictaba que corriera el riesgo. La decisión más arriesgada que tendría en su vida. Tal vez esta vida no le pertenecía completamente pero… podría conseguir una nueva en la que fuese su propio dictador. Cerrando los ojos y con una sonrisa invisible en su rostro, las puertas del elevador se cerraron.


¿Cuánto tiempo había pasado desde su llegada? Un mes y algo, ¿y desde su último trabajo? Un poco menos. Generalmente los días en la funeraria eran bastante tranquilos, se podría decir que ya tenían una rutina impuesta para cada uno. No tenían tiempo para conocer un poco la ciudad, darse una vuelta algo por el estilo, en cualquier momento podría llegar un muerto o un muerto real, saben a lo que me refiero. Su trabajo se mantenía con esa fachada primordial, aunque no hubiese casos, aún tenían que mantener la funeraria.

Y era una parte que hacía sentir normal a Hinata.

La gente podría pensar en la rareza de sentir calor de hogar en un lugar donde la muerte está presenta, fría y solitaria. Pero era muy probable que no lo entendiesen, muchos de ellos tenía sus vidas simples, cotidianas, más fáciles de llevarse que la vida que ella mantenía. Aunque, de cierta manera, ella sabía que de una u otra forma, una familia jamás sería normal, y si era normal eso también la hacía rara.

Toda la vida está llena de preciosos recuerdos escarchados en azúcar pero hay otros que simplemente están llenos de sal. Hinata no podía decir que Konan y ella se daban concejos de belleza para ir a algún baile, como las chicas normales, pero podía decir que Konan le daba muy buenos concejos sobre cómo tomar un arma correctamente y dejar fuera de batalla a la mayor cantidad de hombres posibles, usando una cantidad mínima de esfuerzo… y balas. Eso era en cierta forma más divertido ¿no?

De cualquier forma, fuese su vida normal o no para el ojo público, se sentía feliz. Y aún más feliz cuando alguien necesitaba de Akatsuki.

— ¿Una carta? —decía Hinata para sí. Apenas eran las diez y cuarto de la mañana, hace unas horas que habían abierto. La primavera en cierta forma instaba a la gente a trabajar más temprano. Y hoy, llegó el repartidor, como es costumbre de Hinata revisar "por si las moscas", se aproximó al repartidor con una sonrisa amable, era un habito pero el repartidor ya había tomado ese acto como mera cortesía, y él solo le devolvió el saludo y se marchó.

La razón era simple, la primera vez que se topó con la hermosa dama de cabello azulado, una chica de la funeraria, rubia, plana y con una voz muy masculina, lo amenazó con darle una paliza si se pasaba de listo con Hinata. Y en está ocasión prefirió prevenir inconvenientes, sobre todo porque la misma chica rubia lo observaba desde una de las ventanas, fulminándolo con el único ojo visible que tenía. Si supiera que no era una chica.

Hinata se adentró al lugar, era un día bastante fresco, las flores de cerezo revoloteaban libres por todas partes, la luz del sol completaba su cometido de darle al día un aspecto cálido y vibrante. La mayoría se encontraban ocupados, Konan, Yahiko e Itachi regresaban de hacer unas ciertas compras que necesitaban, para ambos trabajos. Deidara limpiaba las ventanas, Nagato se encontraba ajustando unas cuantas cosas de seguridad con su computadora, Sasori realizaba papeleo de los últimos clientes de la funeraria y Madara, como ya era costumbre, se encontraba en su oficina.

—Este… todos —llamó la atención Hinata, recibiendo las miradas de todos—, hay una carta sin dirección.

Los demás asintieron, las cosas que traían los recién llegados se encontraban en maletines con apariencia clínica, las llevaron consigo a la oficina. Nagato activó todo el sistema de seguridad de respaldo y los siguió, todos dejaron lo suyo para cerrar todo, poniendo un cartel en la puerta "Cerrado. Hora de almuerzo. Que pasen un buen día".

Cualquiera que entrara al corredor, por el que ellos estaban pasando, sentiría una sensación algo estremecedora, con solo unas luces iluminando su camino, con la sensación de que algún muerto despertaría en cualquier momento. Aunque claro, era demasiado temprano para asustar a alguien, pero ese era el objetivo de estar en una funeraria, espantar a los ojos curiosos.

La puerta de la oficina ya se encontraba abierta. Al entrar, la silla de Madara se encontraba de frente y él en ella los veía.

Hinata rompió el sobre con delicadeza, estaba algo sorprendida, apenas habían pasado unas dos semanas desde el último trabajo. No sabía si alegrarse por poder ayudar a personas o si sentirse mal por que más personas se veían en la situación de tener que morir para vivir.

Al romper el sobre alzó las cejas, pues solo había una nota escrita con una letra muy pulcra, reconoció un olor que desprendía la nota. Sintió algo de melancolía, uno de sus mejores, y únicos, amigos en su anterior vida, Kiba, le había pegado esa maña de detectar olores en las cosas.

—Huele a oficina —logró decir.

— ¿Eh? Solo es una nota —dijo Deidara—, qué aburrido hm.

— ¿Qué dice, Hinata? —preguntó Nagato.

—Oh, sí, dice:

"Si les llega a las personas correctas, nos vemos en el Parque de los Cerezos en flor a las doce en punto. No crean que no estaré preparado, el dinero lo tengo, solo faltan ustedes.

Uchiha Sasuke."

—Parece que es alguien bastante precavido, ¿no? —dijo Hinata sonriendo. Miró a todos, un silencio sepulcral se instaló en el lugar, su sonrisa se desvaneció, ¿había un problema con el cliente? ¿O simplemente había algo que ella no sabía? Leyó nuevamente el nombre "Uchiha Sasuke"—. Este, ¿algún problema con el cliente? Sí, sé que no nos dio mucha información pero eso ya nos ha pasado antes…

—No, no hay ningún problema, Hinatan —la interrumpió Madara con el rostro acunado entre sus manos entrelazadas. Hinata por un momento creyó ver a su padre mandar una fugaz mirada a Itachi, siguió la mirada y notó que todos los presentes estaban algo tensos en torno al azabache «Itachi…» pensó.

—Entonces, será mejor ponernos en marcha —cortó el silencio Konan con ligereza—, ya casi es hora de ver al cliente precavido.

En el mismo silencio todos salieron, dispuestos a preparase. Hinata se quedó en su sitio, algo no estaba cuadrando aquí, si eso era así, entonces, ¿por qué su familia se lo ocultaba? No, sacó ese pensamiento de su cabeza, era su familia, la única que tenía, no había que pensar en eso. La única que se quedó con ella fue Konan, la cual se le acercó.

—Hinata, no te angusties, recuerda que todo en la vida tiene una razón —Hinata abrió los ojos, parecía que le había leído la mente, todavía era bastante transparente para con los demás. Konan la tomó de la mano, saliendo de ahí para prepararse.

De cualquier forma, Hinata no entendió la respuesta pero sabía que todo lo que no comprendió era el doble de complicado. Y ella quería saberlo.


¿Cuánto tiempo lo harían esperar? Ya eran las doce con doce minutos, si pensaban que era una persona paciente, pues se equivocaron. Tal vez su carta fue algo sintética pero qué esperaban, era unos desconocidos a los que les estaba pidiendo ayuda, o contratando, no aceptaría que pedía ayuda, pero volviendo al tema, tal vez había sido demasiado optimista, siendo él.

Vamos, la supuesta organización se dedicaba a fingir las muertes de sus clientes por sumas bastante grandes de dinero, según supo, se dieron a conocer en Londres pero ahora estaban en Japón, parecía un negocio que se expandía. Comenzó a pensar qué tan importante para él era tener una vida propia, después de todo qué podía esperar si la famosa organización sí existía, unos tipos rudos, prófugos de la ley y que sería capaces hasta de vender a sus madres por dinero.

Estaba pensando muy bien a qué clase de personas les estaba confiando su vida o mejor dicho, su muerte. En el caso de que sí existieran. Miró su reloj, doce y quince. Cada segundo dudaba más de ello.

Había tomado su tiempo de almuerzo para ello. Había enviado la carta el día anterior, podría ser que esos tipos no captaran la hora y el lugar en el que se verían. Estaba en uno de los lugares más apartados del hermoso parque, en esta época del año los arboles de cerezo que cubrían casi la totalidad del terreno, se hallaban cubiertos de flores de cerezo, de ahí su nombre. Vestía de traje negro, zapatillas y corbata azul opaco, en verdad se veía muy profesional «Demasiado profesional si tomamos en cuenta con quiénes tal vez me veré».

Colgado por su mano se hallaba un maletín negro cromado, ahí estaba el pago para ofrecer. Una corriente de viento azotó su cabello y alborotó los pétalos rosas del lugar. Se dio la vuelta, casi por instinto y los vio. Cuatro figuras se encaminaban hacia él. Sus pasos se veían firmes y en conjunto. Todos estaban cubiertos completamente de negro, gabardinas grandes y maletines en algunas manos. No podía ver bien sus rostros, llevaban sombreros tradicionales de los pueblos japoneses que cultivan arroz, con tiras blancas que solo daban leves vistazos de sus caras.

Había solo una persona con el rostro descubierto. Una chica, podría ser de su misma edad, cabello negro azulado, un color extraño en verdad pero que hacía juego con sus ojos azules y su piel blanca. El rostro de ella se mostraba apacible, al menos no lo estaba acosando.

Si hubiese personas presentes, por la escena que estaba presenciando, lo más probable era que los padres se llevaran a sus hijos rápidamente. Era una escena que no avisaba nada bueno. Ellos se detuvieron justo cuando él se volteó completamente, había como cinco metros de distancia.

—Tú nos llamaste, ¿Uchiha Sasuke? —Preguntó ella con voz calmada, tal vez fuese su rutina— mi nombre es Hinata, entonces, creo que tu deseas morir, entonces nosotros…

—Claramente deseo morir, por eso estoy aquí —la interrumpió Sasuke, provocando que los presentes fruncieran el seño, a excepción de Hinata—, he escuchado bastante de ustedes, han tenido muchos trabajos pero eso no es lo que me importa.

Una brisa pasó por el lugar.

—Soy una persona con dinero, eso es lo que ustedes quieren pero deben darme lo que yo quiero primero —espetó el joven Uchiha. Deidara dejó salir un chasquido de lengua, hace tiempo no trataban con un caso como este, en el que el cliente siempre cree tener la razón. No pasaron ni cinco segundos cuando Hinata y Deidara avanzaron unos cuantos pasos y se detuvieron. El rostro de Sasuke no se inmutó en nada.

—Parece que eres alguien bastante frío y serio —dijo Deidara con algo de burla, miró un momento hacia atrás, como pidiendo permiso, recibió un asentimiento por parte de Madara—, pero ya me cansé de escucharte hablar —De un rápido movimiento, el rubio sacó un arma y apuntó directo a la cabeza del Uchiha. Sasuke abrió los ojos más de lo usual.

—Creo que entenderás que en esta situación tú no mandarás, al menos de la forma que quieres —la voz de Hinata llegó a sus oídos, la miró y luego volvió la vista a la brillante nueve milímetros, la sonrisa de Deidara se acrecentó.

—Ahora, camina lentamente hacia acá o te volaré la cabeza en una explosión de color muy artística hm—ordenó el rubio. Sasuke obedeció, no tenía caso enfrascarse en una lucha innecesaria. Sus pasos se encontraron con los de Deidara y Hinata, ellos lo tomaron de ambos brazos, el rubio bajó el arma.

Cuando ya parecía todo controlado, un movimiento brusco alertó a Hinata, Sasuke logró liberarse de su brazo, torciendo el de Hinata. Ella hizo una mueca de dolor pero en segundo, Sasuke la había estampado contra el suelo, sacándole el aire. El Uchiha dio una patada hacia el rubio que solo logró cubrirse con ambos brazos antes de caer unos cuantos pasos hacia atrás. Hinata abrió sus ojos con una mueca, el golpe la tomó desprevenida pero al abrirlos vio al azabache cerniéndose sobre ella, la usaría como chivo expiatorio, justo cuando ella iba a alcanzar el arma que se le había caído a su hermano, vio una sombra acercarse muy rápido.

En un parpadeo, Sasuke vio unos ojos que se le hacían familiares y sintió un ligero deja-vu. En unos segundos y de un solo golpe, Itachi lo había dejado inconsciente, con un golpe en la nuca.

Al caer Sasuke, Itachi lo tomó y lo puso en su hombro, cual saco de papas. Deidara extendió su mano hacia su hermana, apenas se había levantado y su rostro ya no estaba cubierto. Ella la tomó y se levantó.

—Vaya, ese tipo es un imbécil, los chicos con dinero siempre tienen esa actitud hm— Hinata le mandó una sonrisa, se encaminaron hacia Madara, no sin antes Deidara volverse a poner el sombrero. La chica alcanzó a Itachi y le tocó un hombro.

—Itachi, sabes que yo no le iba a disparar, solamente lo iba a golpear con el arma —Itachi le mandó una rápida mirada, claramente ella intuyó el por qué él intervino, en su interior, el mayor deseó que la joven no sospechara nada de ello, aunque Hinata ya tenía avanzando sus teorías.

Una sonrisa de felicitación les mandó Madara, oculto entre el parque ya se encontraba la camioneta de la morgue, donde los esperaba el resto del grupo. De manera rápida y ágil se introdujeron en ella y salieron de ahí. Al salir a la auto pista, Hinata se permitió respirar tranquila y observar bien la situación, de alguna forma se sentía extraño mirar a otros con esos ojos, tan azules y no perlas.

—Parece que el chico puso resistencia —mencionó Konan, que al igual que los demás vestía totalmente de negro. Se encontraban en ese espacio Konan, Yahiko, Deidara, Sasori, Itachi, Hinata y el inconsciente Sasuke. Madara y Nagato se encontraban en la cabina de manejo.

Sasori tomó el maletín que Deidara había traído consigo, al abrirlo se topó con lo esperado, vacío.

—Y es que el tipo es más precavido de lo esperado —admitió el pelirrojo.

—Es muy normal eso —todos miraron a Hinata—, él es alguien de negocios, una empresa, los Uchiha son un imperio en ese ámbito —su tono era bastante serio—, es una de las empresas globales que está en alianza con la empresa Hyuga, por eso… —«Creo haberlo visto antes» quiso decir—, es normal que no confíe en nadie.

No supo por qué pero no dijo lo que en realidad pensaba, tal vez era mejor guardárselo a sí misma. Los demás solo asintieron sabían muy bien cosas de la anterior vida de ella pero evitaban rozar el tema.

Hinata sacó un botiquín que estaba en el auto y tomó un pañito y lo humedeció con agua oxigenada. La acercó a los orificios respiratorios del Uchiha.

—Por favor, sosténganlo, me imagino que no despertará feliz —Yahiko y Deidara acataron la petición. Mientras Hinata le aplicaba ese método para despertarlo, pudo apreciar más las facciones del cliente. Piel bastante blanca, facciones finas pero masculinas, cabello bastante alborotado por el pequeño conflicto que tuvieron y pestañas negras, tan negras como los ojos que se habían cernido sobre ella momentos atrás. Lo ojos que ahora se abrían con gravedad.

Él se había despertado con ella observándolo, la anterior Hinata se habría sonrojado al ser pillada en el acto pero esta Hinata solo alertó a sus instintos. Sasuke intentaba librarse de sus captores, le era mucho más difícil puesto que ahora estaba esposado de manos y pies, cortesía de Yahiko. Se quedó quieto cuando la chica de ojos azules le apuntó con un reluciente y pequeño, pero no menos efectivo, revólver.

—Esta vez yo hablaré primero —le dijo ella con suavidad pero a la vez con firmeza—, será mejor que te comportes porque si no te juro que no me temblará la mano, sé que a ti tampoco te temblaría.

La mirada de ella demostraba su total sinceridad, Sasuke solo pudo pensar en la habilidad de ella de conocer eso con solo una mirada.

—Y nuestra adorada Hinatan se puso brava —exclamó Yahiko, quitando la seriedad de la chica en su rostro, un pequeño sonrojo apareció en el, Konan le manó una mala mirada al de cabellos naranja que solo reía al igual que Deidara. Sasori e Itachi negaban mientras Sasuke alzaba una ceja.

—Entonces… —Sasuke miró a la mujer de cabello azul y ojos ámbar la cual ahora le hablaba—, comprenderás que en este negocio tú pones la misión pero nosotros decidimos el cómo cumplirla —la mirada que le dirigió Sasuke no supo si era una de aceptación o negación, era muy obvio a quien le recordaba, toda la familia se parecía, por lo que veía—; sería una buena idea de que nos hablaras un poco de las razones.

—No tengo porque decirles detalles, ¿no? —espetó Sasuke.

—Pero al menos queremos motivos —presionó Yahiko.

Sasuke suspiró, de una u otra forma esta era la forma en la que había decidido ser libre. Y no retrocedería, no ahora que tenía esta oportunidad. Por mucho que le incomodase hablar más que un simple "hmp".


La espera se hacía inagotable. Hoy era el día de la boda y la verdad no esperaba que su pulso se acelerara tanto. Suspiró y frunció el ceño. Ya estaba listo para la boda, la ceremonia empezaría a medio día. Habían tenido una semana para pensar muy bien cómo perpetrar la muerte y la verdad esperaba que todo saliera bien.

La boda se llevaría a cabo en una de las casas vacacionales de la familia Sakamoto. La mansión se hallaba en una colina, a esta hora del día se encontraba bañada por el sol. Justamente ahora se encontraba en una de las habitaciones para huéspedes, terminando de alistarse aunque hace mucho que lo hizo. Akatsuki había vigilado la zona, se había asegurado de ver los patrones de guardia, posibles rutas de escape y todo preparado para cualquier emergencia. De hecho estaba seguro de que en estos momentos el grupo estaba vigilando el lugar.

La habitación lo hacía sentir aprisionado. El día anterior había conocido a su "futura" esposa. Hubo una cena en la mansión Uchiha, regodeo y regodeo por todas partes, solo estaban los Uchiha y los Sakamoto. La noche transcurría entre pláticas hipócritas y tratos venideros, mientras Sasuke intentaba mantener una conversación con su prometida.

Sakamoto Hitomi.

Además de ser adinerada era… una niña de papi. Y no lo decía solo por el hecho de que ella prácticamente lo compró, sino porque nada de lo que ella hacía era por su propio esfuerzo. Admitía que no era fea de hecho era bastante atractiva, cabello lacio, corto de color chocolate y unos ojos peculiarmente rosados, piel blanca y curvas presentes pero ella se regodeaba demasiado de ello. Y con lo poco que logró ponerle atención, supo que era de esa clase de personas que quieren todo y nada a la vez, querer cosas vacías y fáciles de que se las consigan pero dejar las verdaderas cosas importantes que implican esfuerzo.

Y era bastante pegajosa con él, no dudaba que podía llegar a ser una muy buena manipuladora pero en verdad, no se imaginaba un futuro con ella. Ni en algún universo alterno. No importaba que la chica creyera que lo conocía, las revistas no podrían decir la verdad.

Tocaron a la puerta. Suspiró por doceava vez en esa mañana. Un hombre con gafas y traje negro, rapado, un guardia de seguridad, lo esperaba en la puerta abierta. Habían tomado muchas precauciones para todo. Su padre todavía no confiaba en él. Afiló la mirada hacia el guarda, se levantó de la mullida cama, sin retocar su esmoquin, podría darle igual si estuviese vestido con un barril. Al salir, el guardia lo siguió a una distancia prudente, el corredor estaba muy bien iluminado en tonos dorados.

Bajaron escalera, en silencio, para Sasuke esto era como encaminarlo a una horca, es decir, era él al que estaban casando, con una desconocida. Se dirigían a la capilla de la mansión. Sí, la mansión tenía su propia capilla, lo primero que cruzó por la mente de Sasuke al saberlo había sido que esa familia era asquerosamente rica.

Pasaron una puerta que los llevó directamente al altar, los invitados presentes miraron al novio con guardia de cabecilla. Pulcro era la palabra para describir todo el lugar. Desde su sitio, Sasuke podía ver a todo el público en general, los ojos fijos en él, algunos con mediocridad, otros con envidia, la mayoría con hipocresía. Estaba seguro de que no se sabía ni cinco nombres de los presentes en las bancas pero igual la presencia de ellos era "importante".

Todo el lugar estaba decorado por lo mejores diseñadores, todo lucía perfecto, tan perfecto que molestaba a Sasuke. Rosa blancas por aquí, rojas por allá, el símbolo Uchiha por aquí y el escudo de armas ahí.

Se escucharon trompetas —sí, resulta que la prometida era una fan de los castillos y las princesas— y todos los presentes dirigieron su vista hacía la entrada, ahí estaba ella, Hitomi caminaba siendo guiada por el brazo de su padre, el cual iba bien peinado y arreglado con traje casi tan bueno como el de Sasuke. Hitomi llevaba el cabello recogido con unos cuantos mechones rizados sueltos del moño de flor. Un vestido caro y blanco, corte de sirena para variar, de un largo extravagante, abombado en las piernas y bastante ajustado en el estomago y el pecho. Por la mirada que ella le envió desde la distancia, podía estar seguro de que ella lo escogió para él. Frunció el seño, eso ni en sueños.

El señor Sakamoto entregó a su hija al altar, Sasuke le dirigió una última mirada, él se sentó junto a la amable y poco capciosa señora Sakamoto, justo en la banca en la que también estaba Fugaku. Sasuke se dio el lujo de comparar las reacciones de los padres de su novia y las de su padre, los Sakamoto ya tenían señales de llanto, era obvio que estaban dispuestos a todo para que su hija fuese feliz, aunque eso significase malcriarla por consentirla en todo. La expresión de Fugaku era auto-suficiente, no mostraba alguna señal de empatía, para él esto era como ir a comprar el periódico, no podía descifrar los sentimientos resguardos en los fríos y sellados ojos de su progenitor, él no lo consentía en nada, todo lo que hacía relevaba pruebas para los demás, si quería a su hijo no había manera de saberlo.

Sasuke escuchaba las palabras del padre, Hitomi ya se encontraba frente suyo pero no había nada en el espacio que lo hiciera reaccionar, simplemente ignoraba todo. Recordando muy bien esas reacciones, una parte de él, muy oscura, profunda y abandonada en él, se removió. Tal vez si su madre estuviese viva…

Tiempo después de la muerte de su hermano Itachi, Uchiha Mikoto, su madre, falleció. Su corazón no pudo soportar la pérdida de su hijo, Sasuke pensaba en que su madre había soportado más de lo posible, sin tener el apoyo de nadie más que de sí misma, Fugaku no pudo, ni supo, ayudarla. Eso desencadenó aún más la frialdad de su padre y fue desde ese momento en que su progenitor se volvió un muro inescrutable. Y entonces lo supo, su padre sí amaba a su madre pero tal vez todo ese amor que tenía había muerto junto con Mikoto.

—…Si alguien quiere oponerse a esta unión, que hable ahora o calle para siempre… —esa era la frase que estaba esperando a escuchar para salir de su ensoñación, este era el presente, no podía ver el pasado más porque ahora estaba a punto de decidir su futuro.

—Yo me opongo —la voz fría de Sasuke resonó en todo sitio hasta que se escucharon las exclamaciones de sorpresa. De la nada, una alarma se escuchó por todo el recinto, los rociadores de agua se activaron, empapando todo el encanto y a los invitados de la capilla, los cuales intentaban resguardarse del agua.

Sasuke ni siquiera miró a la novia cuando salió corriendo del lugar, los guardias ya tenían previsto esto y salieron en su búsqueda, Fugaku no estaba para nada contento pero sabía que no llegaría lejos, todo el edificio y la salida estaban rodeados de guardias.

Su seño se frunció al ver que nada había detenido a Sasuke. En el alboroto de la gente él también se movilizó tras la pista de su hijo. Cuál no fue su sorpresa al ver a todos los de seguridad inconscientes. Fugaku junto a los únicos cuatros guardas despiertos, los señores Sakamoto y la novia devastada, persiguieron a Sasuke.

En los alrededores de la mansión se encontraba un bosque de arboles coníferos, entre todo ese bosque estaba un río por sobre el que pasaba una autopista. Nadie sabía qué hacer, Sasuke se les había adelantado y todos cogieron rumbos diferentes, entre la maleza, Hitomi se veía desesperada, cómo, cómo él podía haberle hecho eso. Las ramas rasgaban su costoso vestido, el sudor corría su maquillaje, hasta que vio unas ramas moverse.

Las pasó.

Había llegado a una de las salientes del puente, sonrió aliviada y se acercó en busca de su encuentro. Sasuke permanecía de espaldas a ella, la cual se acercó unos cuantos metros pero se detuvo al ver a Sasuke subir la barra de seguridad, no lograba verle el rostro.

—Sasuke, amor, ¿qué haces? —Dijo ella algo asustada, no quería creer lo que estaba viendo—, debemos volver a la capilla, suerte que compre dos vestidos —ella intentaba no sonar desequilibrada pero al ver las intenciones de Sasuke por saltar finalmente explotó en llanto— ¡No puedes hacerme esto! Este… este era el día de mi vida, ¡no puedes quitarme eso! Egoísta…

—Tal vez tengas razón —respondió Sasuke aún de espaldas, sintiendo el viento tomarle en brazos para impulsarle en su caída a la muerte— pero este será el acto egoísta más bueno que podré tomar en mi vida —ella permaneció en silencio—, no lo entenderías, no conoces lo que es sacrificio pero conoces lo que es tener una familia.

—No… no entiendo —admitió ella, nunca nadie le había dicho algo así.

—Hmp, lo sé —el Uchiha respiro profundamente, ese olor era el de la libertad—. Yo no tendré una familia solo para abandonarla, voy a ser libre de decidir sobre ello pero parece que en esta vida moriré solo —se dio el lujo y el placer de sonreír cuando una ráfaga de viento le dio las alas para dejarse caer al vacío.

— ¡No! —Hitomi se acercó de prisa al borde, justo para ver como el cuerpo de Sasuke chocaba directo con las aguas turbulentas del río, comenzó a llorar y a gritar— ¡Ah! ¡Ayuda! ¡Por favor que alguien venga! —se dirigió a la maleza nuevamente, con la esperanza de encontrarse con alguien que la ayudara.

Mientras tanto, Sasuke estaba todo menso muerto, bastante mojado en verdad. El plan había sido ese, que él escapará de la boda y se lanzase al río con solo una persona como testigo. Todo el día Akatsuki pasó vigilando el lugar y cuando llego el momento de la ceremonia, no tuvieron problemas para mandar a dormir a los guardias, sin dejar ninguna pista. La noche anterior habían instalado cámaras para mantener todo vigilado en el circuito cerrado de Nagato.

Deidara, Sasori y Yahiko se encargaron de la seguridad de la mansión para que no estorbasen, además de desactivar las alarmas de invasión de la propiedad. Konan se encargó de activar la alarma y los rociadores contra incendios para fomentar el caos.

En el bosque, Hinata siguió a Hitomi para hacerle señales para que ella fuese la única en ver cómo Sasuke se suicidaba. Pero eso no pasó claramente, la corriente del rio era bastante fuerte y estaba poniéndose peor, Akatsuki había colocado una red con una cuerda, de la cual Sasuke tenía que agarrarse para no ser tragado por las aguas. Sasuke lo hizo bien y en la orilla, Madara e Itachi lo ayudaban a salir, era necesaria una gran fuerza para sacarlo.

Cuando por fin salió, Sasuke respiraba completamente agitado y su ropa escurría mucha agua, además, digamos que un esmoquin de boda no es el traje ideal para saltar al vacío.

—Estuvo bien —habló Madara, su voz gruesa no se veía alterada por la máscara tradicional japonesa que llevaba. Itachi y él vestían de negro pero esta vez eran trajes más cómodos pero discretos, enmascarados andaban. Escucharon un ruido entre la maleza, Hinata salió de entre los arbustos, pantalones, camisa ajustada de cuello de tortuga, mascara y botas de escalar pero sin la máscara.

—Parece que todo salió bien —les sonrió a todos—, es hora de irnos, el auto está cerca y gané algo más de tiempo distrayendo a la señorita Sakamoto.

Madara asintió.

— ¿Qué pasa con los demás? —preguntó Itachi, hasta ese momento Sasuke lo escuchó hablar y sintió algo familiar.

Hinata se acomodó el cabello detrás de su oreja, dejando a la vista un audífono.

—Chicos, ¿están bien? —dijo ella ajustando el sonido con su mano, atenta.

Sí, estamos bien —contestó Konan—, el pánico se ha ido calmando pero falta mucho para que todo este normal.

Debería grabar esto, este caos es bastante artístico —se escuchó la voz de Deidara.

Ni se te ocurra/ ¡Ni se te ocurra! —lo reprimieron Sasori y Yahiko, Hinata rió levemente, el mayo solo negó levemente, ya podía imaginarse todo lo que pasaba por allá.

El sistema de seguridad de ellos está muerto —escuchó otra voz que interrumpía, era Nagato—, tardarán un rato en darse cuenta.

— ¿Es todo? —preguntó Hinata.

— ¡Sí! ¡Nosotros nos encargamos del resto! —contestaron a la vez, Hinata hizo una mueca por el grito en su oído, finalmente lo apagó.

Los cuatro se escabulleron entre la maleza, hasta que llegaron a una calle solitaria, ahí estaba un auto bastante simple y que pasaría desapercibido. En el auto, Sasuke comenzó a secarse lo más que pudo con una toalla, Itachi le mostró una maleta, en la que había ropa, Hinata tuvo que quedarse viendo por la ventana mientras el Uchiha se cambiaba, este lo hacía sin tapujos o vergüenzas.

Aún si a Hinata se le ocurría mirar, estaba segura de que Itachi y su padre estarían atentos si lo hiciera. Se sonrojó.

El sol iluminaba plenamente su camino, la ruta por la que iban la desconocía, eran terrenos algo desérticos y hostiles, el calor se hacía sentir y por un momento, Hinata pensó en que estaban en Egipto. Observó a la distancia un aeropuerto bastante grande. Un kilometro antes, pero a la vista del edificio, se estacionaron. Todos bajaron y a su vez Sasuke, quien observaba con atención el aeropuerto a la distancia. Itachi le tomó nuevamente la maleta y se la entregó. Hinata le dio un pasaporte y una identificación, junto con boletos de avión.

—Toma, desde hoy eres Evans Roger —le dijo al Uchiha—, eres inglés, adoptado por una familia sur coreana, creciste en Londres y eres un empresario en ascenso —Sasuke observó muy bien su pasaporte y los boletos, eran tres—, escoge uno de esos lugares, todos son seguros y estoy segura de que podrás ser libre en cualquiera de ellos.

Los hombres vieron como la joven le entregaba lo que parecía ser un álbum de fotos.

—Este… cuando entramos a tu casa —Sasuke alzó las cejas, sí que lo tenían vigilado—, decidí rescatar esto, no sé si te importe o no pero me pareció correcto guardarlo para entregártelo —ella sonrió.

Sasuke observó el álbum, era algo que se merecía guardar. Miró hacía la camioneta, Madara se había puesto en el asiento nuevamente y sin la máscara Sasuke podía sentir su impaciencia, ya les había pagado y ellos habían cumplido. Miró a Hinata.

—Nunca se me va a olvidar que gracias a ustedes volví a nacer —le sonrió de lado pero de una manera sincera. Tomó su maleta y se acercó al auto donde estaban los sujetos, le extendió la mano a Itachi, quien por un momento dudo en estrecharla. Sasuke se mostró algo incómodo antes de decir:

—Gracias —su tono fue algo estrujado pero sincero, Itachi debajo de la máscara. El apretón de manos fue firme y fuerte, como un lazo recordado y presente.

—Cuídate, niño —dijo Madara sin verlo, Hinata se montó en el auto, las puestas se cerraron pero antes de que el auto se pusiera en marcha, Sasuke pudo ver una veza más la sonrisa de Hinata, quien lo despedía con un saludo militar.

El auto regresó por donde vino. Sasuke miró hacia el aeropuerto, toda una vida se veía más cerca que nunca, el vasto terreno mostraba su nuevo comienzo. Había vuelto a nacer, con un corazón nuevo y una mente dispuesta a todo. Ahora era un ave libre de volar lejos hacia su propio nido. No pudo evitar sentir algo de melancolía, nuevamente no tenía familia pero él se encargaría de formarla de la manera correcta, esta vez no moriría solo, era responsable de sí mismo. Caminando hacia adelante, con un atisbo de sonrisa, se preguntó si su hermano tuvo esa misma sensación al volver a nacer.

En el auto, la tensión se había calmado, los ojos de Madara no se habían apartado del Uchiha cuando habló con Hinata. A veces era una desventaja que Hinata fuese tan buena con la gente.

—Ne, Itachi —llamó la chica suavemente a su hermano—, en este caso has estado más callado y anónimo que de costumbre —Hinata no vio la mirada fugaz que intercambiaron su padre y su hermano—, pero no importa, respeto tus decisiones y estoy segura que tienes tus razones para ello —la sonrisa que le mandó ella confortó nuevamente a los hombre.

Pero.

Había algo que ellos no sabían. Que Hinata había visto y detallado muy bien el álbum de fotos de Sasuke, Uchiha Sasuke. No lo olvidaría. Este cliente había sido, en cierta forma, también su hermano.


Anatole France dijo una vez: "Todos los cambios, hasta lo más añorados, tienen su melancolía; porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos, debemos morir en una vida antes de entrar en otra."


¡Jueeeee….! El capítulo más largo que he hecho en toda mi desmandrada vida xD Estoy agotada. Creo que ya notaron que me gustan los apellidos que terminan en "moto" xD

Vengo con noticias, la primera: no cambiaré el titulo del fic, no me voy a complicar mucho y el nombre es parte de la identidad del fic. Segundo: ya está decidido, la pareja principal no será NaruHina, será ItaHina o SasuHina, qué le vamos a hacer .-. .

Voy a agradecerles un montón, este fic es unos de mis proyectos más ambiciosos y extraños, sin ustedes esta idea no sería nada. No pensé que esto pudiese agradar tanto como ahora y la verdad espero sigamos en esto juntos. Seguiré con los relatos individuales, Temari estará incluida en uno de ellos, Gaara también, además, nos acercamos a los problemas, recordemos que esta organización no hace cosas técnicamente legales. Me le acercó a muchos aspectos pero el que resalto bastante es el de la libertad. Parece que nos soy la única que desea que esta organización exista TwT.

No puedo contestar reviews por el momento pero sepan que los aprecio mucho por ello.

Agradecimientos con mucho café y chocolate para:

Yoru no Ouji •

Sasuhina •

Sarahi99 •

MitcheLove •

soten nagata •

Kuragari Uchiha •

lalatosa •

sunny •

En cuanto pueda les contesto por PM. Lamento no poder contestarle a los que no tienen cuenta pero igual sepan que los amo.

Espero haber mejorado mi ortografía y narrativa ._. . Nos leemos, si les parece 'ttebane.

El próximo capítulo se titula:

No solo una barbie…