Hola chicas! espero que estén muy bien, aqui les traigo un nuevo capi! espero que lo disfruten.
Las dejo continuar...
Marcando territorio
Peeta POV
Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no subir los escalones de un salto, tomar a Gale Hawthorne por las solapas del traje de chaqueta italiano y echarlo de allí a patadas.
Aquel canalla, por lo visto, no quería perder el tiempo ahora que Katniss era una mujer libre.
Pues iba a llevarse una sorpresa.
Pero no inmediatamente. Katniss lo había pasado muy mal ese día, de modo que me contuve. Un divorcio, un embarazo sorpresa y la decisión de volver a conquistar a mi esposa también me tenían nervioso.
Y, además, Gale Hawthorne había sido objeto de muchas discusiones en el pasado.
-¿Qué está haciendo aquí?
-No tengo idea –Katniss se encogió de hombros mientras se dirigía al porche.
Hawthorne se levantó de la mecedora, estirándose la chaqueta.
-¿Qué está haciendo él aquí?
Había hecho lo posible por ser civilizado con aquel hombre en el pasado. Al fin y al cabo, era el propietario de la empresa de decoración en la que trabajaba Katniss. Hawthorne se había hecho un nombre como el decorador favorito de las estrellas del deporte mientras su mujer: Madge Undersee, se encargaba de decorar mansiones más clásicas.
Al principio no le había prestado mucha atención, pero con el paso de los años empecé a pensar que Hawthorne sentía algo por Katniss. Quizá porque, entre otras cosas, la hacía viajar justo cuando yo tenía algún día libre.
Además, el instinto me había servido suficientes veces en los tribunales como para saber que no me fallaba con el jefe de mi mujer.
Le paseé un brazo por el hombro mientras atravesamos el camino de piedra rodeado de macizos de flores.
-¿Por qué estoy aquí? Soy el marido de Katniss.
-Ex marido –Hawthorne se apoyó en una de las columnas del porche con aire de propiedad que me hizo apretar los dientes-. Pensé que Katniss necesitaría animarse un poco después de la vista, así que he reservado mesa en un restaurante. Si nos vamos ahora mismo, todavía llegaremos a tiempo.
-¿Cenar? –repitió ella, confusa-. Gracias, pero…
Entonces oímos ladridos en el interior de la casa. Pollux.
Katniss corrió a saludarlo y a mí me dieron ganas de apartar al molesto Hawthorne de un empujón y seguir con mi vida normal: dar un paseo por el bosque con Katniss, hablar del niño mientras los perros exploraban ahi…
Aunque tenía una montaña de trabajo esperándome porque había tenido que tomarme un día libre para solucionar el lío en que se había convertido mi vida personal.
Me detuve al lado Hawthorne, que media al menos seis centímetros menos que yo.
-Ya ha cenado.
Las cestas de helechos que colgaban del techo del porche se movían con la brisa mientras Hawthorne miraba el bocadillo que Katniss llevaba en la mano con cara de desprecio.
-Ah, ya veo.
Cuando Katniss abrió la puerta Pollux se lanzó sobre ella, entusiasmado.
-Hola, precioso. ¿Me has echado de menos?
Yo si te he echado de menos… si, te he echado mucho de menos.
Katniss adoraba a aquel perro y el perro la adoraba a ella.
Recordé entonces la imagen de una niña acariciando al perillo… y maldita fuera, la visión fue como un puñetazo en el estómago.
Pero iba a ser padre otra vez.
La realidad del niño me envolvió entonces por primera vez, en un día que había ido demasiado rápido como para que pudiera pensar. Mi instinto de abogado me decía que tenía el caso más importante de mi vida entre manos: reunir de nuevo a mi familia. Perderla no era una opción.
De modo que miré a Hawthorne con expresión amenazante.
-Será mejor que saques tu agenda de teléfonos y te pongas a buscar otra cita.
-Pero bueno… -Katniss se había vuelto hacia nosotros, enfadada-. Estoy aquí, puedo hablar por mí misma.
-Pues claro que puedes –dijo Hawthorne, pasándose una mano por la bien cuidada barba-. Ahora eres una mujer libre.
Inclinándome para acariciar a Pollux, ni siquiera me molesté en esconder una sonrisa. Los dos adorábamos a los perros, pero ¿Cómo sería mirar a nuestro hijo por primera vez? Una conexión que no se rompería nunca…
Entonces miré a Hawthorne, que estaba muy ocupado babeando sobre sus zapatos. ¿Qué pensaría aquel tipo del embarazo de Katniss?
-Ni se te ocurra –dijo ella entonces, clavando un dedo en mi pecho.
-¿No debería saberlo tu jefe? –le pregunté al oído, mientras fingía estar muy interesado acariciando a Pollux.
-Se lo diré yo, cuando me parezca. Y deberías ser lo bastante inteligente como para no hacerme enfadar en éste momento.
Sabía que Katniss no iba a robarme a mi hijo, pero yo lo quería todo: al niño y a ella. De modo que debía ser diplomático.
-¿Ha habido algún problema en el juzgado? –preguntó Hawthorne.
-No, el divorcio es oficial –dijo ella-. Gracias por invitarme a cenar… pero la verdad es que estoy agotada. Otro día, Gale.
La preocupación por su salud se mezcló con el alivio cuando vi que Katniss rechazaba la invitación. Mientras lo acompañaba a su jaguar, recordé los paseos por el bosque de noche -Katniss lo conocía como la palma de su mano-… memorables, pero no muy frecuentes últimamente.
Seguir con mi trabajo mientras intentaba conquistarla de nuevo no sería fácil, pero a mí siempre me habían gustado los retos.
¿Y quién necesitaba dormir?
Katniss estaba atravesando el camino de piedra que ella misma había diseñado. Había preguntado mi opinión, por supuesto, pero ese tipo de cosas se las dejaba a ella, que era la experta.
-Gracias por no decir nada. Aun ni estoy preparada para contárselo a todo el mundo. Necesito tiempo para acostumbrarme… además, quiero estar segura de que todo va bien.
-Lo entiendo.
Pensar que pudiera perder el niño otra vez, recordar el infierno que tuve que pasar tantos años atrás, cuando estuvo a punto de morir de una hemorragia, hizo que se me encogiera el corazón. Y me negaba a pensar en la niña que habíamos perdido meses antes. Ni siquiera podía pronunciar su nombre por el dolor que me provocaban.
-¿Te importaría no contárselo a tu familia todavía?
-Yo creo que eso es algo que deberíamos hacer juntos. Pero lo haremos cuando tú digas.
-No puedo creer que estés siendo razonable. Pero la verdad es que eso significa mucho para mí.
-Que estés contenta es una prioridad en este momento.
Ella apartó la mirada.
-Sí, claro. El bebe es primero.
-Tú me sigues importando –sonreí.
Y lo decía en serio. La deseaba y quería estar con ella. Aunque no sabía muy bien si algún día nos entenderíamos como pareja, teníamos algunos recuerdos preciosos. Eso y el bebe serían suficientes. Tenía que serlo.
-Es imposible que no me importes después de nueve años de matrimonio.
Vi que le temblaron los labios. Qué ironía que hiciera falta un divorcio para suavizar a Katniss. No pensaba desperdiciar esa ventaja, pero cuando iba a acariciar su cuello los faros de un coche iluminaron el porche.
-¡Katniss! –La llamó Hawthorne-. No olvides que mañana tenemos que ver a Cato y su prometida para discutir los detalles de su nueva casa.
Aparté la mano. No iba a poder evitar que Gale y Katniss fueran juntos a casa de mi hermano, pero al menos sabia dónde iba a cenar el día siguiente… y yo.
Katniss POV
Me dirigía a la finca de los Mellark, tan grande que, además del edificio principal, tenían varias casitas de invitados. Peeta ocupaba una de ellas desde que nos habíamos separado.
La casa principal era un edificio blanco de tres pisos, con enormes ventanales frente a enormes árboles y un gran lago. Una larga escalera llevaba al porche, que daba la vuelta a todo el edificio y en el garaje había una flota de coches de lujo para toda la familia.
Detuve mí mercedes frente a un macizo de azaleas y deje escapar un suspiro.
Aunque agotada después de una larga tarde discutiendo con una señora muy rica, estaba deseando terminar el día allí. Me caían muy bien el hermano de Peeta y su prometida. Les había preguntado muchas veces si querían consultar con otro decorador de la empresa, pero ellos habían insistido en que me querían a mí.
Mientras subía los escalones del porche, intente recordarme a mí misma que no tenía por qué estar nerviosa. Yo era una mujer de veintisiete años con una prometedora carrera por delante. Había decorado de todo, desde mansiones históricas a una extravagante cabaña sobre un árbol. Era consultora en un programa de decoración… además, la familia de Peeta era encantadora. No iban a mostrarse antipáticos conmigo solo porque él y yo estuviéramos divorciados.
O eso esperaba.
Pero cuando iba a empujar la puerta me detuve. Ya no era parte de la familia. Sentí un pellizco en el corazón, llameé al timbre. Solo esperaba no ponerme a llorar, como me ocurría últimamente tan a menudo.
La puerta se abrió y mi ex suegra, una mujer de pelo rubio cenizo, me recibió con un cariñoso abrazo. En vaqueros y con una camiseta de manga corta nadie diría que Effie Mellark era una de las senadoras más importantes del estado.
Aunque había estado nueve años casada con Peeta, seguía impresionada por la influencia y el dinero de la familia Mellark.
-Entra, cariño. Veo que te encuentras mejor, estás radiante.
¿Sería por el embarazo?
-Gracias, Effie –mi temblorosa voz pareció hacer eco en aquella casa de techos altísimos.
Atravesamos un salón con dos sofás de terciopelo azul y varios sillones tapizados en color crema que le daban un aire cómodo pero informal.
El toque de lujo lo daban las alfombras persas que cubrían el suelo.
-Vamos a tomar el postre en la terraza –dijo la madre de Peeta-. He guardado un plato para ti. Sé que el pastel de chocolate es tu favorito.
Aunque quería que aquella fuese una reunión de trabajo, al oír las palabras "pastel de chocolate" no pude contenerme. Seguramente sería mi primer antojo.
-Muchas gracias.
Effie me miró entonces.
-Aunque Peeta y tú ya no estén casados, yo te sigo queriendo.
Me lo había dicho muchas veces, pero oírlo en aquel momento, cuando el divorcio era firme, significaba mucho para mí; especialmente estando embarazada.
Incluso más porque la madre de Peeta no sabía nada sobre el bebe.
-Has sido mi nuera durante nueve años y eso no es algo que uno olvide tan fácilmente.
Oh, no, las hormonas otra vez estaban haciendo de las suyas mientras miraba a Effie con una nueva perspectiva: como abuela de mi bebe. ¿Por qué no podíamos celebrarlo? Peeta y yo habíamos soñado con ese momento tantas veces…
Y lo habíamos experimentado el día que Prim llegó a nuestras vidas.
Una lágrima escapó de mis ojos entonces.
-No sé qué decir… gracias, tú también eres muy especial para mí.
Effie sacó un pañuelo de papel.
-Me alegra saberlo querida.
Mientras intentaba contener la emoción, me preparé para enfrentarme con el resto del grupo…
Esperando para enfrentarme con el resto del grupo…
Esperando que fuesen tan amables como Effie…
Siendo hija única, seguía sintiéndome un poco abrumada por la familia de Peeta, pero aquel día no estaría todo el mundo; Finnick, el esposo de su hermana Annie, estaba en las fuerzas de infantería marina y acababan de enviarlo a Afganistán esa misma mañana.
-Nos alegra verte antes de irnos al Capitolio–Haymitch Mellark, el papá de Peeta, pasó un brazo por los hombros de su mujer.
El prestigioso panadero de los mejores eventos de Panem, siempre que podía acompañaba a Effie en sus giras o presentaciones oficiales.
El hermano menor de Peeta, Cato, estaba sentado al lado de su prometida, Clove. Y la pareja se miraba con tanto amor que tuve que apretar el pañuelo que tenía en la mano.
-Hola, Katniss –la más joven de los Mellark, Annie, me saludó apartándose el flequillo de la cara.
Un ladrido llamó mi atención entonces hacia el lago y cuando levanté la mirada vi a Castor… corriendo con Peeta.
¿Había salido temprano del bufete? Sorprendida, me permití un segundo para observarlo jugando con el perro, su perro ahora. Incluso se había cambiado el traje por un pantalón corto y una camiseta.
Con el pelo más alborotado que de costumbre, se miraba guapísimo.
¿Qué locura era esa de sentirme más atraída por él ahora, que antes del divorcio?
¿Sería por qué ahora no lo podía tener?
¿O el resultado de mi desorden hormonal?
Cato Mellark se levantó de la silla para saludarme.
-Gracias por venir. Espero que no te importe que miremos los planos aquí mismo.
-No, claro que no –sonreí.
Lo que quería era marcharme, pero ¿Quién podía discutir teniendo enfrente aquella vista de un millón de dólares? La vista del lago no, la de Peeta.
Intente concentrarme en el trabajo, haciendo lo posible por no mirar a mi ex marido, que subía los escalones del porche.
-Me alegro de estar aquí. Gale vendrá enseguida y…
-Hola, preciosa.
Después de eso hubo un incómodo silencio. Afortunadamente, Castor llegó corriendo a mi lado, ofreciéndome una salida.
-Hoy has salido temprano de trabajar, ¿no? –me incliné para acariciar al perrito.
-Un hombre tiene que cenar.
Me contuve de no recordarle cuantas veces había cenado en la oficina.
¿Estaría haciendo un esfuerzo por el bebe?
De ser así, solo el tiempo diría si podía seguir haciéndolo.
Seguí acariciando a Castor y el perrillo se tumbó de espaldas para recibir mis caricias, encantada. Pero volví a cuestionarme la decisión de separar a los perros. ¿Había sido egoísta? ¿Debería haber dejado que se quedaran los dos con Peeta? Yo misma se los había regalado dos años antes, en navidad.
Entonces noté el roce de unos dedos en mi tobillo y levante la cabeza, sorprendida. Peeta, aprovechando que aún no había subido los escalones del porche, estaba pasando los dedos por mi empeine; un sitio que, como él sabía muy bien, era una de mis zonas erógenas.
-Bonitos zapatos –murmuró, tocando la piel de color rojo cereza hasta que aparté el pie.
No, no me los había puesto para él.
¿O sí?
Lo fulmine con la mirada, pero la caricia me había puesto nerviosa. Más que eso… me hubiese gustado que siguiera haciéndolo. Y, a juzgar por el brillo de sus ojos, Peeta también lo sabía.
-Tócame otra vez y te tiro el zapato en la cara –le advertí con voz baja.
-Siempre tan peleonera –río él, apartando el pelo de su cara.
-Eres mayorcito, puedes soportarlo –me aparté.
-¿Puedes soportarlo tú?
-¿Crees que es un problema?
-Dímelo tú. Mi coche está en la puerta.
Aparté la mano.
-Deja de tontear.
-Perdona ¿has dicho algo? –Peeta sonrió-. Estaba muy ocupado admirando tus recién adquiridas curvas.
Levante los ojos al cielo, sin saber si sentirme halagada o irritada por el comentario. Al menos estaba intentando, a su manera, hacerse el simpático.
Pero no sabía si podría soportarlo.
Gale Hawthorne salió a la terraza en ese momento, con sus pantalones de diseño y su chaqueta italiana.
Inmediatamente, Peeta pasó un brazo sobre mi hombro y, frustrada, tuve que reconocer que me gustaba el calor de su mano.
¿No acababa de decirle que no me tocase?
Pero cuando miré a mi ex descubrí que no estaba mirándome a mí. Estaba mirando a Gale Hawthorne fijamente.
Y yo pensando que podría pasar una tarde agradable con un Peeta reformado. Pero no, mi ex marido no había cambiado en absoluto.
Peeta Mellark estaba marcando su territorio.
Comenten, comenten! espero sus reviews, animense a dejarlos, se los agradecería mucho :D
Ah por cierto si tienen dudas o ven algún errorno duden en decirme ok!
Gracias a todas las chicas que dejan sus reviews:
Sakurakp89: Si siempre serán el uno del otro 3
Angiiee7: Lo se! seguro de que katniss no ha estado con nadie más, como el no ha estado con otra, es taan lindo!
Katri Wishart: Si lo se, tiene que trabajar más su personalidad jeje y bueno creo que ya te diste cuenta de que es lo que quiere Gale :(
DjPuMa13g: Lo se, yo soy de las que creen que todos somos libres, pero bueno asi es la historia... no lo odies! el también tiene sus razones jeje
JekaMellark:si creo que ya todas sabemos eso, me alegra que te haya gustado :D
amarilis24: Como ya dije yo creo que todos somos libres y bueno esperemos que Peeta le baje un poquito a sus celos.
Gracias también a las lectoras silenciosas, animense a comentar :D
