La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no puede; la otra mitad no tiene nada que decir, pero no calla.

Robert Lee Frost


Mi única estrella.

Capitulo 4

El tiempo tomo su curso Legolas y Tauriel habían vivido muchas aventuras juntos y normalmente se metían en problemas ocasionados por Tauriel, en los que siempre Legolas los arreglaba lo mejor que podía o los ocultaba de su padre.

Al cumplir la edad para el entrenamiento Tauriel entro inmediatamente sin necesidad de esperar ya que Legolas intervino para que entrara enseguida

El príncipe cumplía su promesa y la ayudaba a mejorar cada día. Al pasar del tiempo entre ambos creció una gran amistad y un cariño incondicional, llegando a un punto que con sólo una mira sabían lo que le ocurría al otro.

Al finalizar el entrenamiento a los elfos se les asignaba una tarea para probar sus habilidades y el manejo de las situaciones difíciles.

La tarea de Tauriel fue que se encargará de dirigir las guardias nocturnas dentro del reino. Cuando le dieron la noticia se emociono mucho por la importancia de la misma, muchos de sus compañeros la felicitaban y algunos otros decían, por lo bajo, que había recibido esa tarea a petición del príncipe, ella sabía que Legolas le tenía un aprecio y hacia todo lo posible porque recibiera las mejores oportunidades en el entrenamiento. Pero la tarea la había obtenido por sus méritos y no por Legolas. Lograría la misión porque estaba calificada y lista, pero y si el príncipe había hecho que se la dieran y no la hubiera conseguido por sus capacidades, que pasaría si fallara.

Salió de la sala de entrenamientos y caminó por los pasillos del reino, su cabeza iba pensado en todo lo que temía y miles de dudas la invadieron hasta que chocó contra alguien provocando que saliera de sus ideas, era el príncipe que al mirarla en su rostro se tornó una leve sonrisa.

-Estaba buscándote. -dijo Legolas rápidamente. -Me dijeron que hoy les darían sus tareas para finalizar el entrenamiento.

-Si. -dijo ella sin mucho ánimo.

Legolas entrecerró los ojos. -¿Que sucede Tauriel?, pensé que te alegrarías, has esperado este día por más de cincuenta años.

-Lo se pero es que…

En ese momento un elfo de la guardia llamo por detrás de ellos.

-Alteza lo necesitan en la puerta principal.

-Un momento. -le dijo Legolas al guardia.

-Ve, es más importante ese asunto que mis problemas. -le dijo Tauriel dulcemente.

Ella se alejaba cuando Legolas se puso de frente y le dijo en lo bajo.

-Te veré por la noche donde siempre. Hablaremos de esto.

Legolas siguió su camino y acompañó al guardia sin antes mirar como Tauriel se alejaba.

Legolas continuó con sus deberes del día y Tauriel siguió pensando en que si fallaba sería un caos.

Por la noche Tauriel salió de su habitación haciendo el menor de los ruidos, descendió más allá de los calabozos, entro en medio de dos enormes paredes y se encontró a Legolas observando el pequeño lago que se encontraba frente a él.

(Cuando Tauriel empezó su entrenamiento de la guardia el príncipe la citaba en el lago por las noches para enseñarle lo que sabía, al pasar del tiempo los elfos consideraron ese lago su secreto y el único lugar donde ambos podían charlar sin ningún problema.)

-Siempre miras el lago como buscando alguna respuesta. -dijo Tauriel mientras se acercaba.

-Es que trato de encontrar las repuestas a todas mis dudas. -Legolas miro a Tauriel. -Que sucede por que no estás feliz con tu tarea, deseas que te la cambien.

-No claro que estoy feliz.

-Entonces que sucede.

Tauriel guardo silencio unos instantes, miro el lago y después a Legolas directo a los ojos.

-No puedo mentirte, tengo miedo de fracasar, que pasaría si arruino todo.

-Tauriel eso es imposible, eres una gran guerrera y tienes mucho talento, por eso sugerí que eras la mejor candidata para lograrla.

-¡Hiciste que!, no Legolas prometiste que no harías nada para favorecerme en la entrega de tareas. Se supone que esa tarea se le da al mejor de la clase y si no la merecía y me la dieron gracias a ti, fallare y todo será un desearte.

-Tauriel tranquila, yo no dije que ordene que se te dieran solo comenté que tú eras una gran opción para eso, y que importa si te la dieron gracias a mi, harás un gran trabajo, lo sé.

-Legolas tu no entiendes, todos rumoran que tú me das un trato especial y que todo lo que he logrado ha sido por ti porque piensan que tenemos algo y eso es muy frustrante ya que nadie nota que tengo habilidades propias.

-Tauriel por favor eso lo dicen hace años no debe importante.

-No me importa pero me molesta que nadie reconozca mis logros.

-Claro que lo reconocen pero dicen lo que dicen porque te tiene envidia, no aceptan que eres mejor que ellos. Me podría atrever a decir que eres tan buena como yo.

-Pues si dices eso es porque tuve al mejor maestro.

Legolas y Tauriel rieron suavemente.

-Lo lograras lo sé. Debes enfrentar tu miedo a fracasar.

-No es miedo.

-Bueno lo que sea debes enfréntalo.

Tauriel lo miró con ternura, como siempre lo hacía. -Gracias… creo que tus palabras son reconfortantes, bueno ya es mucho de mí, ¿ya hablaste con tu padre?.

Legolas se puso más serio. -No, aún no, sabes que no deseo estar aquí, quiero ir a conocer las tierras lejanas y por supuesto que no quiero casarme.

-Legolas tienes que decírselo, a mí me lo dijiste sin ningún problema.

-Si pero tú eres diferente, contigo puedo hablar libremente y con mi padre simplemente no puedo.

-Acaso tienes miedo de la respuesta.

-Claro que no tengo miedo, simplemente no puedo decirlo.

-Eso es miedo, acabas de decir que debo enfrentar el miedo pero tú no lo haces.

-Lo haré, pero no es miedo.

-¿Cuando?

-Pronto.

-Pero…

-Basta Tauriel. -dijo Legolas con voz más fuete. -No insistas por favor, lo haré pronto.

-Que te parece si hacemos un trato. -ella ignoro su poco humor y siguió sonriendo.

-Que clase de trato Tauriel.

-Pues si yo logró enfrentar la misión, tú hablarás con tu padre.

-Pero…

-Aceptas o no. -dijo ella estirando su mano y sonriendo divertida.

-No sé cómo lo logras pero si lo acepto.

-Lograr que.

-Sabes bien que, hacer que siempre diga que si a tus peticiones.

Tauriel le sonrió complacida. -Es por qué tengo lo que conocen como encanto.

Legolas y Tauriel se quedaron conversando hasta muy entrada la noche. Pasaron los días sin ninguna novedad, cuando llegó el día en que Tauriel llevaría a cabo su tarea se encontraba intranquila y ansiosa, antes de que la noche cayera por completo Legolas fue a visitar a Tauriel a su habitación para desearle suerte. Cuando llegó fuera de su habitación se divirtió al oír a Tauriel discutir con ella misma, toco la puerta y una Tauriel muy ansiosa lo recibió.

-Que

-Tauriel debes relajarte.

-Estoy calmada.

-Por favor estas discutiendo contigo misma

-Bueno si estoy nerviosa, y si fallo.

-Ya te lo dije eso no sucederá.

-Pero…

-Tauriel basta confía en ti, tengo mucho apostado.

Tauriel sonrió con el comentario, y con esas últimas palabras el príncipe se retiró.

Tauriel se fue de su habitación para dirigirse a la entrada principal para recibir sus últimas órdenes.

Cuando llegó ahí un elfo de la guardia que alguna vez había la había entrenado la esperaba.

-Muy bien, Tauriel, ¿lista para esto?

-Si

-Recuerda que debes ordenar cuantos guardias se quedan por sección y debes estar vigilando que todos hagan sus tareas correspondientes. Esperan tus órdenes en la armería.

-Gracias.

-Tauriel lo harás bien.

Tauriel llegó a la armería y hablo con las guardias con voz firme, dio órdenes a todos y les dijo como debían agruparse, su decisión fue poner más guardias en las entradas y en los exteriores del reino y menos dentro del castillo, designó poner solo dos guardias en los calabozos, aunque siempre había más de cinco en esa sección, pero como esa noche solo había un prisionero no le tomó importancia.

Todos fueron a cumplir con las órdenes, Tauriel iba y venía de una entrada a otra, por algún tiempo salía a los exteriores, fue a los calabozos y todo normal, cuando la noche había transcurrido casi completamente fue a dar su última ronda a los calabozos y al parecer todo seguí normal pero cuando subía las escaleras para llegar a la superficie del palacio oye un estruendo que la hizo bajar a toda velocidad, cuando llegó los guardias se encontraban en el suelo y el orco prisionero había escapado y se dirigía a ella.

Tauriel se impactó por unos segundo y a pesar que era la primera vez que combatía realmente, lo esquivo ágilmente y el orco chocó contra un muro, ella sacó sus dagas, lanzó una contra el enemigo enterrándose en un costado de este pero el orco solo miro la daga y se la saco sin ningún problema, se acercó a ella con la daga en la mano lanzando estocadas, Tauriel retrocedió rápido pero la daga alcanzo a rozar parte de su palma y ella cayó al suelo, el orco se apresuró y se acerca a Tauriel dispuesto a clavarle su propia arma, pero antes de que el enemigo se acercara lo suficiente cayo de bruces con una flecha en la cabeza. Tres elfos se acercaron y revisaron a los guardias que seguían vivos pero inconscientes, Tauriel les dijo que los llevaran a la enfermería inmediatamente. Un de los elfo se acercó a ella y le dijo que debía informarle al rey sobre lo sucedido Tauriel solo asintió sin decir ni una palabra.


Me tarde un poco en actualizar la historia pero aquí tiene el nuevo capitulo, espero los gustes y prometo subir mas seguido, ya que estoy de vacaciones espero escribir mas, bueno les mando un abrazo y no olviden dejar sus comentarios buenos o malos como sea, yo soy feliz de leer sus opiniones