Cuarto Capítulo: Mi destino está ligado al tuyo.

Confesiones, sobreviviendo entre mentiras y verdades parte I

Los adultos me juzgaron sin antes preguntar mi versión, ellos asumieron con desgano mi nueva "identidad", la cual parecía que había tenido la culpa de lo sucedido esa tarde con el cachorro de la casa. Esa pequeña bola de algodón que dormía a mi lado, oculto bajo todas mis frazadas para que mi madre no se diera cuenta de mi pequeña travesura. Recuerdo que mi padre era mi aliado y mantenía oculto mi gran secreto, aunque él sabía que ese pequeño cachorro estaba moviendo la cola o ladraba con todo entusiasmo para escaparse de mi prisión de cobertores, sí mi padre era el confidente perfecto quién antes de retirarse a dormir nos despedía con un beso sobre mi frente y una caricia de afecto a la nariz húmeda de mi amigo, lo único que se podía entrever entre tanto secretismo. Sí durante esos meses luego de que mi cachorro llegará a mi vida, en una caja con un moño rojo y exageradamente gigante, era que todos los miembros de la familia estaban disfrutando la felicidad que trae consigo el movimiento de rabo y los ladridos entusiastas de un manojo de rizos blancos, que en la peluquería lo asemejaban a la suavidad del algodón.

Aún recuerdo como si fuese ayer, el cómo ese pequeño animal corría por todos los jardines, persiguiendo a las mucamas que llevaban consigo la ropa blanca, perfectamente doblada, en pequeños cestos y que en un descuido de ellas, esas mismas sábanas impolutas sin mugre ni arruga terminaban en el hocico quién tironeaba con tanta fuerza hasta el punto de que los cestos terminaran sobre su cabeza, rodeándolo y encerrándolo entre medio de su predilecto juguete. Las mujeres no compartían la felicidad del cachorro, en realidad una vez hasta las escuché maldecir en voz baja palabras que podrían ser motivo para el despido.

Aún recuerdo las lamidas llenas de felicidad, que me hacían cosquillas, los saltos que me llegaban hasta la altura de mi cintura y por supuesto el movimiento de su cola, de izquierda a derecha, parecía que el vaivén no tenía fin. Su expresión cuando lo retábamos por haber roto y cuando estaba curioso ladeaba la cabeza tantas veces que sus orejas se daban vuelta. El movimiento de su nariz olfateando por toda la casa buscando algo que parecía exquisito y era sólo un trozo de alimento que se le había caído a alguien. El can era feliz… exageradamente feliz.

Por eso me canse, sus expresiones y demandas a toda hora por mimos y atenciones me hicieron encerrarlo en las habitaciones, sus insistencias para dormir en mi misma cama cuando yo no lo deseaba, me hicieron echarlo de mi alcoba, y esté encaprichado por no obtener lo que el quería, gimoteaba frente a la puerta de mi habitación, y para no despertar a mis padres le permitía la entrada y rendida también le permitía subir a mi cama, este se apropió de la mitad de la misma. Pero, yo fui la culpable de mal acostumbrarlo, tal y como leí en un libro: es necesario poner límites cuando son cachorros. Aunque me ensuciaba la ropa y a veces caía de bruces al suelo gracias a sus saltos y movimientos en zigzag, no le echaba la culpa. Lo quería y sólo debía de ser más dominante y paciente con mi compañero perruno.

No lo odiaba, eso es lo que quiero confesar, ni siquiera sentía tanto amor y dependencia del mismo. Yo no fui culpable de su pronta marcha, lo encontré unos minutos antes de que mi madre nos hallara, yo sólo le coloque el collar y até el extremo en una de las patas de mi lecho, como un pedido especial que una de las mucamas requirió. Lo deje unos minutos solo, el tiempo suficiente para que esté se vaya enredando, seguro que se movió por todos lados hasta el punto que el collar lo fue rodeando más y más sobre el cuello hasta apretarlo, como si fuese una serpiente enroscándose sobre su presa.

Natsuki, aunque todos creen que fui la culpable, en realidad yo intenté salvarlo pero este en su desesperación continúo jalando y jalando hasta que su cuerpo se desplomó sobre el suelo. Recuerdo aún su expresión y la lengua reposando al costado, y la mirada de ojos de botón que tanto mi madre adoraba observarme como pidiendo urgentemente que lo salvará.

MI madre llegó a los segundos de que mis manos con pavor intentaban desatarlo no notando que al hacerlo inducía a que su agonía se extendiera. El rabo hizo su último movimiento, golpeo el suelo como despidiéndose y pude sentir como se escapaba la ultima exhalación de aire de su cuerpo, todo eso paso en poco tiempo, pero lo que más puedo rememorar, fue el cambio drástico del rostro de mi madre. Tú la conoces, mi Natsuki, ella siempre tiene una bella y gentil sonrisa plasmada en sus labios, pero esta desapareció en un instante, su rostro se desfiguro en una máscara de agonía y sufrimiento. Cómo sí estuviera observando la cosa más horrible del mundo y no a su hija intentando salvar a su cachorro.

Mi madre a partir de ese día cambió rotundamente, existió una brecha entre nosotras, una que no podía cerrarse ni siquiera con todos mis intentos de acercamiento. Acepte sin oponerme a todas esas clases de arreglo floral, de etiqueta y hasta los que impartía una institutriz sobre historia y economía del país. Clases que iban en aumento, hasta agotarme o quitarme el tiempo que convivía con mis padres. Madre parecía temerme, no lo expresaba en palabras, pero ella dejó de mirarme y me rehuía inventando tantas excusas entre ambas que con el tiempo acepte como mi nueva realidad.

Todo eso cambió con tu llegada Mi Natsuki, tú fuiste el motivo por el cual mis padres volvieron a sonreír de manera sincera. Porque entre nosotras dos, mi padre también había optado por sentir cierto recelo, pero él sabía ocultarlo mucho mejor que mi madre o sus pretextos eran mejores que los de Violet. Tú no lo sabes, pero todo cambio en tu presencia, mis padres dejaron de inventar mil y un excusas para verme, las reuniones de emergencia y con los vecinos sobre el cómo recolectar dinero para los más necesitados o en estado de indigencia. El trabajo de ambos era más importante que estar con su hija, y por ello Natsuki cuando apareciste, ellos dejaron de lado sus obligaciones y se enfocaron en ti.

Mi hermosa y bella chica de cabellos color cobalto, aún recuerdo mi primer pensamiento cuando abriste los ojos mostrándome el color esmeralda de ellos. No te desperté inmediatamente, me quede antes estudiándote con esmero y en silencio. Vi tus pequeñas heridas abiertas que ensuciaron tus ropas, y que seguro nunca se lo advertiste a los adultos. Tu gesto durmiente y el cómo tu respiración iba a un ritmo calmado, cuando despertaste no escondiste tu gesto incomodo al ser observado por mi. No, Mi Natsuki nunca ha podido esconder sus sentimientos, como lo hacemos nosotros, eres la única que no necesita mascaras sino que es del todo honesta, y es por ello que aun recuerdo tu mirada algo sorprendida y el gesto de tus cejas que me hacían recordar a un pequeño animal asustado, pero capaz de morderte sí me acercaba peligrosamente a este.

Duran, también estaba ahí, siendo abrazado de manera afectuosa entre tus brazos. Como sí fuera el único objeto de valor que tuvieras en el mundo. Por un minuto sentí celos de ese peluche, pero supe ocultarlo con una sonrisa llena de amabilidad. La misma que mi abuela utilizaba para calmar o convencer a los demás de hacer cosas que ellos no quisieran.

Mi inicial y original sonrisa manipuladora nació contigo. No es algo para enorgullecerse, y sí tú nunca pudiste descubrirla durante muchos años, ya sea por mis habilidades actorales o por tu ingenuidad que no llegaba a desconfiar de mis actos llenos de impurezas y egoísmos.

Natsuki, nunca he sido sincera contigo… he ocultado tantas cosas y actitudes que nunca fuiste capaz de descubrirlas, siempre supe todo de ti. Todo, desde el saber cada uno de tus escondites en la casa, hasta el cómo lograr que te acercaras a mi sin necesidad de mucha mediación de mi parte, leía las historias que a ti te parecerían afables y perfectas, todos mis movimientos fueron calculados hasta el más mínimo. Esperé varias noches fuera de tu cuarto, supe que te ocultabas en el ropero desde la primera noche en nuestra casa. Les mentí a los adultos, y también te ayudaba a hacerlo para que ellos no se preocuparan más de lo debido, en realidad era para ser solo yo la persona que podrías de necesitar. Y cuando entré a tu cuarto, aparente buscarte, imite cierta preocupación en cada gesto, sin embargo mi sonrisa de complicidad se extendió al estilo el gato Cheshire. Cuando abrí la puerta del ropero, tu mirada fue de culpa junto con una acumulación de lágrimas que fueron lo que me sorprendió.

Tú llorabas allí en silencio y oculta de todas las miradas, era cómo sí estuvieras acostumbrada a ese ambiente. Encerrarte y hacer que los adultos no tuvieran información alguna de tus pesares y dolores.

Te abrace… por primera vez luego de mucho tiempo, abrace otra criatura y descanse a su lado durante horas, sentí tus llorisqueos silenciosos sobre mi pecho y el como las lagrimas humedecían la parte de arriba de mi pijama. A partir de ese momento, nació dentro de mí, un deseo de ser la única persona que buscaras siempre.

Y mis proyectos y maquinaciones para serlo fueron cada vez más agresivas, lo admito mi cachorrito, pero siempre supe que eras hostigada por esos niños. Y también que llevabas dentro de tu mochila a Duran entre tus cosas, y era el motivo por el cual comenzaron a molestarte. Una vez lo encontré y en vez de tomarlo y devolvértelo lo dejé allí en ese closet de escobas, lo abandone y les permití que continuaran sus juegos sin darle fin, ni siquiera el día de lluvia que tu corriste para salvarlo antes de que el animal de felpa terminará en la alcantarilla. Observe de manera pasiva sin objetar ni detenerlo, hasta que escuche tu grito. Natsuki siempre te vigilé a cada hora, así que supe todo, y aunque los maestros y algunos alumnos pensaban que estaba haciendo favores al presidente, porque era verdad sobre el rumor que ellos estaban queriendo que me uniera al centro de estudiantes antes de las votaciones. Sí me esperaba un lugar entre ellos, cosa que hizo feliz a mis padres, porque traía gran honor y respeto a la familia.

Rescaté a Duran, y con ello también obtuve tu confianza. Esa noche mientras reparaba al animal de felpa, supe que desperté en ti sentimientos que nos enlazaba para la posterioridad. Algo que ya había pensado obtener, Natsuki debía de sólo necesitarme y buscar mi ayuda, y desconfiar de los demás. Ella debía de seguirme como mi cachorrito, pero Natsuki era mejor que este, porque ella sólo me buscaba y ansiaba como única compañía la mía.

Contigo supe como manejar a los demás y al ambiente para que hicieran lo que yo quería. Es irrisorio y hasta irónico, pero que tu dependas de mi, me hacía feliz y completa. Porque, tu amor difería a la de mis padres y por supuesto a lo que seguro esperaban mis padres: nos criaron como hermanas… pero yo no siento una unión fraternal contigo. Cosa que, muchas veces, tú expresaste cuando te preguntaba sobre lo que éramos las dos:

_ Tú y Duran son mi familia-

Acepte durante muchos años que me vieras como tú hermana, quién siempre estaba en los momentos que más necesitabas, a quién buscabas para abrazar en las noches que tus lágrimas amenzaban en salir al recordar a tu madre. Me volví indispensable para ti, aunque no quería ser puesta en el mismo nivel que Duran, tú debías de sólo mirarme a mí.

Tanto fue mi deseo de volverme lo más necesitado, que no supe cuando cometí mi primer error contigo. Me echo la culpa de todo, años de intuir cuando algún adulto se nos acercaba, momentos que aparentaba ser la hija perfecta para que mis padres no desconfiaran de mis movimientos para que te pegues más y más a mí. Desde lecturas frente al hogar, hasta enseñarte lo que no comprendías antes de un examen. Si para los adultos de la casa, nuestra relación era fraternal, sin llegar a ser prohibido o tachado como malo.

Hasta que mi abuela volvió a la mansión, Sonomi Fujino una mujer capaz de ver a través de la mascara ancestral de la familia, quién fue la que me encontró haciendo algo que no debía…

_ Natsuki, tú primer beso no fue con Nao, sino conmigo y fue uno robado.

El agua de la ducha golpea mi cuerpo, intento limpiarlo, sin embargo sé que las impurezas no pueden ser quitadas de mi mente. La línea de mi pensamiento terminó allí, en el momento que mis labios se unieron a los tuyos por primera vez. El agua fría me mantiene cuerda, pero mi cuerpo sigue en estado caliente. Durante más de media hora he intentado enfriar mi fiebre, un calor que me azotaba con clima de deseo. Sé que tu cuerpo está atado al otro lado de la pared, he dejado la puerta abierta para poder percibir cualquier sonido proveniente de mi cama. No solo tu cuerpo está magullado, sino que el mío también tiene algunas dolencias, mi espalda me arde ante el contacto del elemento. Desvió mi rostro lo suficiente como para observar el reflejo que el espejo podía darme de mi espalda.

_ Ara, Ara Natsuki es toda una fiera- sonreí al ver cada rasguño que proyectaba el espejo de mi cuerpo, podía hasta sentir el cómo esas uñas habían desgarrado mi piel a lo largo de una manera agresiva-

Cerré la canilla dando terminado mi momento de reflexión, caminé con lentitud hasta dónde había dejado la bata, que ahora que la noto, es más sexy de lo que había creído. Me la coloque y me volví hacía el espejo para estudiar el gesto de mi rostro. Una sonrisa de victoria nació, y mis mejillas se tornaron algo rojas al recordar lo que aconteció hace un par de horas atrás. Pero, eso será para mi próxima confesión, ahora debo de sorprenderte y aunque la bata hace que mi cuerpo se vea más perfecto. Supe que necesitaba algo más para que tus ojos no se vuelvan a apartar nunca más de mi.

Me quite lo único que ocultaba mi desnudez, dejándolo abandonado a un costado de la tina. Y como Eva, caminé hacía dónde estabas.

Mi Natsuki está vez nadie podrá detenerme… ni interferir para cumplir con mi propósito más anhelado. Porqué ya una vez nos separaron, y pasaron varios años hasta que nos volvimos a reencontrar, y aunque la Abuela Fujino intentó frenar mis impulsos nunca pudo matar mis sentimientos, porque aunque tú no lo creas: Yo siempre te he estado esperando, y está vez no tienes escapatoria mi linda cachorrita.

_ Feliz cumpleaños mi Natsuki- susurre sin mostrarme avergonzada ante mi desnudez-

Ahora intenta mirarme no como tu hermana sino como una mujer que siempre estuvo enamorada de ti, mi Nat- Su-ki.


Actualización…. De nuevo anduve con problemas así que sin corrección.

Pase a las finales en el torneo, así que les agradezco enormemente. Ahora mismo, sé que tengo poco tiempo para acumular comentarios y tienen que ser de cuentas oficiales, pero no quería retirarme sin siquiera por lo menos dar algo de mí. Estoy entre las cuatro favoritas, es un gran honor haber llegado tan lejos, todos los días alguien insistía que continuará.

Con este capítulo concluyo la infancia y en honor a mi contrincante adelante la VERDAD un poco antes.

Gracias por su apoyo, y sé que debido a mis problemas no tendré muchos días para dar algunas estocadas con sus comentarios a mi bonita contrincante DaniiiielaZ , les invito que la apoyen porque sé que merece ganar.

LO MALO es que se extendió el fic… no lo podré cerrar en cinco capítulos (malo para mi, bueno para ustedes)

Saludos y gracias.

Entropia