Too Lost To Be Saved?

~~By Karumi

Capítulo IV.- Where Has My Heart Gone?

—¿Dónde estabas?

Era tal el tono de amenaza, que la pregunta quedaba un poco desfigurada. Hugo Weasley era tan parecido a su madre como Rose a su padre, aunque sólo fuera en lo físico: de cabello castaño ligeramente enmarañado a pesar de lo corto, ojos marrones y la misma sonrisa de su madre, era su vivo retrato. Ambos hermanos eran altos, siguiendo la contextura de su padre y tío Percy, más larguiruchos que otra cosa. De todas maneras, Hugo era exactamente igual de celoso que Ron, cualidad que al parecer Albus también había heredado.

En ese momento, ambos hermanos estaban en el dormitorio de la mayor. Rose había subido inmediatamente al llegar a la casa, mientras que Albus se había quedado con Hugo jugando en la consola. James y Lily se habían ido directamente a la casa de los Potter, esgrimiendo excusas. Lily era una niña feliz, por eso Rose la adoraba. Ella tendía a pensar mucho más las cosas, mientras su prima menor simplemente vivía. En realidad, Rose no había tenido muchos actos impulsivos en su vida, a excepción de las decisiones rápidas que como Guardián del equipo de Quidditch de su casa había tenido que tomar. Lily era la niña consentida de casi todo el mundo, jugaba todo el día y en Hogwarts era una buena estudiante. Claro, no llegaba a los niveles de Rose, pero era muy buena; también era popular, por supuesto, al igual que James. No el "popular" que te llegaba directamente de ser un Potter o un Weasley, sino populares por luces propias, por su carácter, por su habilidad. James era un estupendo cazador, y Lily era una enemiga temible en los duelos por sus hechizos y sus reflejos.

Pero ahora tenía otro problema, un poco más acuciante que pensar sobre sus primos.

—Hugo… cálmate.

—Desapareciste. Te fuiste por lo menos cuarenta y cinco minutos, nadie sabía dónde estabas. Y la dueña del Caldero Chorreante me dijo que te habías ido a mundo muggle con un chico rubio.

—Hugo…

—¡El mundo muggle! ¡Y con Malfoy! ¿Sabes lo que haría papá si se enterara?

—Por favor… de verdad…

—¿Por favor qué?

—¡Hugo! ¿Crees que es justo? ¿No puedo escoger yo misma acaso con quién salir?

—¡Es Malfoy!

—¡Y yo soy Weasley!

—¡Exacto!

Se miraron, enfadados. Rose había perdido todo el toque suplicante que había tenido en un principio para adoptar ese temperamento Weasley que ambos tenían, sólo para mirarse de un lado al otro de la cama.

—¡Niños, a comer!

Se miraron atentamente por un segundo, hasta que Hugo se levantó exasperado y fue al comedor. Rose estaba tentada a decir que estaba enferma, pero eso le significaría más preguntas. Y es que había sido obvio cuando llegaron del Callejón Diagon, con un Hugo molesto y ella con esa estúpida sonrisa que no se le había quitado aunque la mirada de Albus era bastante atemorizante. Nadie había dicho nada de su desaparición, aunque sabía que Albus hablaría con ella al otro día y que Hugo no aguantaría más. También sabía —cómo los conocía— que habían hablado de ella mientras jugaban, que Albus le había contado lo poco y nada que sabía.

Que ella y Scorpius se habían juntado ese día, a esa hora, que ella lo había citado, que Scorpius esperaba que ella le dijera algo respecto a su declaración…

De acuerdo, era más que "poco" lo que él sabía, pero en su contra debía decir que la historia era bastante fácil de deducir teniendo en mano algunos detalles.

Aunque Hugo tenía razón en un punto: su padre. Si Ron Weasley se enteraba, estaría metida en un buen lío. Y no sólo eso, sino también se abriría la caza Malfoy.

Where has my heart gone?

Así se sentía. Su corazón estaba dividido fuertemente entre su familia y… no, no era Scorpius el problema. Podría ser cualquier otro, podría ser ese lejano compañero de la primaria. El asunto era ella misma. Ella misma tenía que tener cierto poder de decisión sobre su vida.

Y eso lo vería ahora.

—¿Hija?

Hermione Weasley entró a la habitación. Debió golpear, pero Rose no la había sentido. Ante el asentimiento de su hija la mujer se sentó en la cama, acariciando distraídamente un peluche de un gato anaranjado que Rose tenía desde que era pequeña y que, vale decir, adoraba.

—Hija… ¿Qué ocurre?

—Mamá… necesito ayuda. Me gusta Scorpius Malfoy.

No faltó más. Para la mente rápida de Hermione bastó sólo eso para entender la curiosidad repentina de su hija por los acontecimientos de la Guerra, la insistencia en los Malfoy, la sonrisa perenne, los ademanes ansiosos. Miles de detalles que no había tomado en cuenta tomaron su lugar en ese momento. Los ojos azules de Rose miraban fijamente a su mamá, en parte esperando que no le diera un ataque o se desmayara o cualquier cosa. De todas maneras era una mujer fuerte, pero… si Rose había elegido la vía rápida era porque no se sentía capaz de darle más vueltas al asunto. Contarle a su madre había sido un impulso, así es que debía ser así también.

—¿Qué?

—Eso… me gusta Scorpius, y me junté con él esta tarde. Él me dijo en el tren, cuando volvimos en junio, que yo le gustaba… y yo se lo dije hoy.

Su tono era el de una completa descarada, pero en sus ojos se veía el temor ante la reacción de su madre. Hermione se enterneció un poco al notar eso, aunque estaba estupefacta de todas maneras.

—De acuerdo… ¿Y? ¿En qué quieres que te ayude?

La histeria no le iba a resultar con su terca hija de quince años, así es que optó por el pragmatismo. Rose no le había contado para comentarlo, le había dicho que necesitaba ayuda. La pelirroja, por otro lado, agradecía que no le hubieran venido con un sermón, y miraba esperanzada a su madre para comenzar a explicar su idea. Necesitaba hablar con la persona más tolerante que conocía… claro, aparte de tía Luna.

Al otro día, Ron se levantó con bastante energía. Sabía por experiencia que los cumpleaños de cada hijo Weasley conllevaban una estupenda cena en la Madriguera. Podía sonar un tanto idiota, pero… pocas cosas le levantaban tanto el ánimo como la perspectiva de una cena en su casa de infancia.

Fue a la cocina. Cuando compraron la casa, Hermione había exigido que fuera una casa luminosa, con ventanas grandes y la pintó de blanco en el interior, con alfombras color arena y molduras en café. El estilo era muy diferente al de la Madriguera, pero le gustaba. Era el estilo de Hermione, todo pulcro, "estilo minimalista", había dicho ella en esas palabras incomprensibles que a él le parecían tan divertidas. Pero a decir verdad la combinación de distintos tonos de madera con el perenne blanco y mantequilla de las paredes hacía maravillas con su ánimo y, además, las típicas flores que su mujer mantenía tanto en la sala de estar como en el comedor, y las infaltables fotografías familiares en la pared, donde se repetían mucho los rostros de dos castaños y dos pelirrojos, pero también estaban los Potter y el resto de los Weasley. Habían retratos en las paredes y en los muebles, algunos se movían y otros —como las antiguas fotografías de Hermione con sus padres— eran estáticos. Podía decir que esa era una de las cosas que más le gustaban de su familia y de su casa. Convivían el televisor con las escobas voladoras que Hugo y Rose dejaban tiradas en mitad de la sala de estar, y Hugo en su cuarto tenía imágenes de muggles acarreando pistolas casi imposibles de levantar, un poster de los Chuddley Cannons y otro de un tipo de pelo negro, bigote, gorro y jardinera rojos y una sonrisa saltando a una tortuga y algo que, según su hijo, era un Mushroom. Rosie leía tanto el Profeta como las colecciones de clásicos que Hermione tenía en su casa, y se declaraba una fan del Señor de los Anillos. Sus hijos vivían en contacto con ambas realidades, tan distinto a él y sus hermanos para quienes los muggle no significaron mucho más que las cosas raras que llevaba su padre a la casa, por lo menos hasta que cada uno salió de la Madriguera para entrar a Hogwarts.

Sonrió al enviar mediante un encantamiento los libros de Rose a su habitación. Definitivamente lo que ninguno de sus hijos había heredado era la manía por la pulcritud de Hermione.

—Buenos días, amor…

Y ahí estaba.

Seguía siendo más baja que él por supuesto, pero había adquirido el porte que decía a todos "aquí yo doy las órdenes y me obedecen". Antes no se le notaba con la torre de libros que llevaba encima, pero desde ese año en que fueron proscritos, Hermione había acostumbrado a hechizar su cartera y llevar todo lo que necesitara sin peso mayor, al menos cuando iba a trabajar.

—Te levantaste temprano.

—Hoy es el cumpleaños de Harry. Quería saludarlo por chimenea, pero… me entretuve.

—¿En qué? —Preguntó la mujer curiosa

—Te amo…

Ni siquiera alcanzó a sonreír ante la repentina muestra de cariño, simplemente se aferró a su esposo al perder ligeramente el equilibrio cuando él la abrazó y la besó, dándose cuenta de que no podía imaginarse la vida sin ella y, que al fin y al cabo, eso no le importaba en lo más mínimo… porque ahí estaba.

Dos horas más tarde, Rose y Hugo se terminaban de alistar para irse a la casa de los abuelos. Hermione había avisado que sus tíos y primos ya se encontraban allá: tío George y tía Angelina con Fred y Roxanne, tíos Percy y Audrey con Molly y Lucy, tíos Bill y Fleur con Dominique, Victoire y Louis, y por supuesto el festejado y su familia. No sabían si tío Charlie iba a venir, generalmente eso era una sorpresa, y los tíos Bill y Fleur se irían esa misma noche para pasar su aniversario de bodas al día siguiente en Francia, dejando a los tres hijos en la Madriguera. Teddy era otro desaparecido en Rumania estudiando Dragones, sin embargo había prometido ir al cumpleaños de su padrino y, claro, ir a ver a su novia. Teddy y Vic se casarían en Navidad.

—¿Estás lista, hermana?

—Sí, enano…

La mayor le revolvió el pelo a su hermano y se puso delante de la chimenea, con Hugo justo a su lado, para decir con voz fuerte y clara "La Madriguera". La recibió la sonrisa extremadamente amable de Molly Weasley, la Abuela Molly. La pelirroja mayor seguía siendo enérgica, seguía siendo buena cocinera y seguía teniendo el corazón para regañar y consentir a sus nietos, a pesar de que a veces el tono amargo inundara su cara. La anciana mujer no podría curarse nunca de las heridas que las dos Guerras le dejaron, aunque seguía teniendo la fuerza para sonreír todos los días. Rose la admiraba mucho…

—Ahijada… ¿Cómo estás?

Justo a quien quería ver.

Evitó la mirada reprobatoria de Albus y James, la mirada extrañamente emocionada de Lily y se acercó a su padrino. Faltaban los Scamander, quienes, como siempre, se estaban demorando, y Harry, ante los gruñidos de Molly sobre que no podía ver el pastel hasta que estuviera completamente decorado, tomó a su sobrina por el hombro y la llevó afuera. Rose en un principio se sorprendió bastante, pero mirando a su madre se percató de todo: Hermione Weasley le había enviado una lechuza a su cuñado apenas había hablado con ella.

Caminaron, en silencio, por un buen tramo, hasta que el bullicio de la casa quedó más o menos apagado. En un sector más o menos escondido de las miradas indiscretas el hombre conjuró una manta que depositó sobre el césped y miró a su sobrina algo apenado.

—Conjuraría una banca, pero… ese tipo de hechizos, como casi todos, se le da mucho mejor a tu madre. Probablemente mi silla se rompería apenas nos sentáramos —La pelirroja rió ante el tono abatido de su padrino y, con una sonrisa, se sentó.

—No te preocupes, me gustan las mantas —El hombre la miró con una sonrisa comprensiva y se sentó también, mirando a los arbustos.

—¿Sabes? Acá nos veníamos con tu tía Ginny cuando nos lográbamos sacar a Ron de encima. Solíamos sentarnos a charlar, a jugar, a…

—Tío, ahórrate los detalles. Puedo pasar mi vida sin saberlos.

—De acuerdo —El hombre rió al ver el rostro de tortura de su sobrina, pero su risa se apagó pronto. Ahí se venía—. Tu madre me escribió anoche.

—Lo sé…

La muchacha miró también el arbusto, pero sin verlo. Estaba preparada para todas y cada una de las reacciones posibles de su padre, y a pesar de plantearse siempre en el peor de los escenarios sabía que sería mejor contárselo a él primero, para que juntos con su madre pudieran tantear el terreno para el jefe final: Ronald Weasley.

Lo necesitaba de su parte, necesitaba que entendiera…

—Rose, no sé por qué tuviste que escoger de entre tantos al hijo del Hurón —Un ligero tono frustrado erizó los vellos de Rose—. Estoy seguro que tienes más donde elegir… eres muy linda, inteligente y bastante hábil. Rose… ¿El hijo del hurón?

—Padrino… él…

—No quiero saberlo. Tu madre tampoco lo entiende, y francamente eso no importa. ¿Lo quieres?

—Padrino…

—¿Lo quieres, Rose?

Una cosa era decírselo a Scorpius, pero… ¿A su padrino? Aparte de la vergüenza, tenía pánico que la regañara. No podía aguantar los regaños ni de su padre ni de su padrino, jamás había podido. Harry la había consentido desde siempre, confabulándose con Ron para comprarle su primera escoba de carreras a espaldas de Hermione, protegiéndola de las pesadillas cuando dormían en casa de sus primos, regañando a James cada vez que se metía con ella… porque Lily era su niñita, más sin embargo Rose era… Rose.

Por eso le retorcía el estómago ver a su Rose interesada en ese hijo de hurón. Más sin embargo, así como el amor que le tenía a su ahijada, Harry sabía que Rose jamás se dejaría llevar por un capricho. Jamás.

Where has my heart gone?

Rose, por su parte, sólo recordaba la firmeza de los ojos grises de Scorpius al decirle que la quería. A ella. Y, por Merlín, en el momento en que él la besaba no había recordado nada, ni siquiera lo mucho que le molestaría a su familia. A veces sentía que el corazón se le dividía, pero no podía evitarlo… más bien, no quería evitarlo.

—Sí, padrino… lo quiero.

Y si era igual de terca que sus padres y su familia entera, Harry sabía que no había nada que hacer contra eso.

Cuando volvieron a la casa y todos en coro le dedicaron a Harry el Cumpleaños Feliz y le pusieron por delante el pastel, el ojiverde atinó a darle una mirada a Hermione, quien asintió y miró el semblante feliz de su hija mientras su abuela cortaba el pastel para que alcanzara y, por supuesto, uno de los primeros trozos era para ella.

—¿Qué cantas, hija? —Hermione se acercó mientras todos conversaban entre ellos y su hija miraba distraída a través de la ventana.

—Una canción que escuché hace poco, mamá… ¿Crees que todo salga bien?

La mujer no supo responderle, sólo la abrazó ligeramente y la empujó a la fiesta, donde estaban todos… había escuchado lo que su hija había entonado, pero la respuesta sólo la tenía ella. Mal que mal, ¿Quién más sabría dónde estaba su corazón?


N/A

Hola! Ehm... ok, cada vez me demoro un poco más, pero también los capítulos son más largos xD. Cabe decir que estoy de vuelta de mis CORTAS vacaciones, hoy fue mi primer día de clases, charla con un profesor español y agendada una reunión para el jueves, así es que fue un día productivo ^^... respecto al capítulo... bueno, espero en el capi siguiente ya poner qué piensa el círculo cercano a Rose respecto a su decisión y... sí! pretendo también poner alguna escena de Scorpius.. quizá le diga a Draco xD... no lo sé aún, ruego de nuevo su paciencia =P. Ah! Si alguien ha pasado por mi Profile (sé que alguien lo ha hecho xD) sabrán que mi pareja favorita es el HHr, pero aquí hay una escena RHr... bueno, culpen a mi niño, ya que esa escena la escribí en el bus, ayer, mientras él, mi papá y su pareja me despedían en el terminal... seh, estaba con toda la pena, así es que piedad xD. Respecto al capi, se sube sin revisión alguna, así es que si hay errores me dicen para yo corregirlos y seremos todos felices, les parece? xD Ah!, lo de siempre... la frase es de la canción Field of Innocence, de Evanescence... si hay alguna frase de canción que les parezca interesante o que tenga que ver con la historia me lo dicen, yo veré en qué capítulo la integro... quizá, si la frase es estupenda, le escribo un capi especial xD...

En fin... gracias por leer, dejen un comentario si creen que vale la pena y... esop xD... gracias por todoo! ^^