Chihiro no fukki

4. Cruce.

–Haku… –dije en un susurró.

¿Haku? ¿Cómo sabía su nombre? ¿Por qué lo sabía? ¿Y por qué él sabía el mío?

–¿Tú… eres Haku? – pregunté algo confundida.

–¿No te acuerdas? –preguntó con voz triste. Negué con la cabeza. era cierto, no me acordaba de nada, sólo tenía intuiciones y extrañas visiones. – Chihiro… ¿Por qué cogiste las bayas? –me preguntó con un tono de voz que no supe identificar.

¿Cómo lo sabía? ¿Por qué lo sabía? ¿Quién es él?

–¿Eh? ¿Hice mal? –pregunté con voz temblorosa, levantando mis brazos hacia mi cabeza. La atrapé y la estrujé – yo… sólo quería llevarme un recuerdo… – ¿Tan idiota era? ¿Quiero ir a un sitio, hago el acto más inocente que se me ocurre y hago mal?

Él sonrió. No le entendía. ¿No estaba enfadado? ¿No me reprochaba que hubiera cometido un error?

–Has conectado el mundo de los espíritus con el de los humanos. –me dijo tranquilo.

¿Mundo de los espíritus? ¿Entonces él…? Algo se movió por mis sesos. Una conexión de neuronas que me dolió de manera que me dio la impresión de que se morían unas cuantas de golpe, del chisporroteo que había causado recordar eso.

–Tú… eres Kokahu–dije mirando al suelo mientras hacía cálculos con los dedos. – ¡Eres el río Kohaku!

Le exclamé sorprendida y feliz de haberme acordado. No sé cómo, pero lo había conseguido.

–Ah, pero ¿por eso estás aquí? –pregunté temerosa. ¿Sólo había venido por la ramita que había robado? – ¿no conseguiste que Yubaba…?

¿Yubaba…? ¡Yubaba! ¡La abuelita!

–No es eso… sí que lo conseguí. Además, te prometí que volveríamos a vernos. –me dijo con una sonrisa, aunque antes hizo una mueca rara.

Es verdad. ¡Sí que lo es! Me lo prometió… ¡Me acuerdo de todo! ¡Y no estoy soñando!

–Pero… yo te vi en forma de dragón…– le dije algo confundida. Es verdad, era un dragón. Un precioso dragón de escamas blancas y crines verdes.

–Y yo te vi a ti… – me dijo sonriéndome, a lo que no pude contenerme por corresponderle.

Era a él a quien echaba tanto de menos. Me había visto. Sólo que no podría acercarse a mí, pero, ahora estaba conmigo y… estaba en este mundo… Yubaba le ha dado la libertad… seguro… ¿seguro que no es un sueño? Pensaba que nunca volvería a verle…

–Chihiro…–noté cómo me envolvía entre sus brazos. –deja caer tus zapatos más a menudo…

Mis manos estaban levantas a la altura de mis hombros, una pequeña costumbre que tenía, sentía el movimiento de estos hacia atrás y hacia mi cuerpo, cada vez más cerca de mí, mientras eran sus brazos quienes lo provocaban. Sus manos suaves se cerraban en mis hombros con una fuerza delicada, y sentía el tacto de su pelo lacio sobre mi piel haciéndome cosquillas.

Y no sé por qué, me reí. Era tan tonta… En ese momento, podría haberle dicho miles de cosas. Cuánto le había echado de menos, cuántas cosas me recordaban extrañamente a él, cuánto le quería… sin embargo, sólo podía reírme de la felicidad. Él estaba conmigo otra vez, ayudándome.

–Por cierto…–dijo separándose de mí– sé que te hacía mucha ilusión el recuerdo pero… tendrás que devolver la rama al mundo de los espíritus.

–Vaya…–dije apenada. –bueno, al menos ya me acuerdo de todo…

–El problema es que ahora los espíritus y dioses pueden pasar tranquilamente a este mundo, y ya sabes lo desastrosos que pueden llegar a ser… además, es más problemático que los humanos se cuelen por error en el de los espíritus… podrían quedar esclavizados, o según cómo sea el humano, querer apropiarse de ese mundo y eso es algo que debe evitarse a toda cosa.

–Aah… entiendo. –dije un poco triste. –por eso me encontré con kaonashi… –suspiré y me aparté de él, para mirar el agua del río. – ¿no puede solucionarse si me las como?

–No… sólo puedes en el de los espíritus… y te las tiene que dar alguien, si no, te convertirías en cerdo. Y como esas las has arrancado tú, no hay nada que hacer, sólo devolverlas. –me explicó a mi lado.

Me agaché y senté, dejando mis piernas colgar del puente, y apoyando la cabeza en la baranda de abajo.

–¿Aunque estén podridas o secas?

Él rió.

–Las bayas espirituales no se pudren tan fácilmente.

Me quedé callada. Estaba tan feliz de tenerle a mi lado. También estaba feliz por tener una razón de peso por la que volver al mundo de los espíritus. Pero me sentía culpable por provocar un desastre. Por no acordarme de lo que podía causar, por no recordar nada sabiendo que él…

–Kohaku… ¿Cómo es que tú no lo has olvidado al cruzar el túnel? –pregunté mirando el agua.

Él se sentó conmigo. Noté cómo me miraba, así que decidí encararle.

–Tú tampoco lo olvidaste. Todo lo que sucede nunca se olvida, a pesar de que tú no puedas recordarlo. –me recordó con una mirada indescifrable. –lo llevabas aquí –me dijo señalando mi pecho. – sólo que Yubaba hizo un conjuro más fuerte para hacerme sufrir. –eso lo dijo en voz baja.

¿Por qué le tendría que hacer sufrir que yo no le recordara? ¿O se refería a que habría preferido olvidarlo todo? No, porque conjuro más fuerte… ¿o…?

–Bueno, creo que tus padres te estarán esperando… –me dijo con una sonrisa, otra vez, cortándome mis pensamientos. Se levantó y me ayudó a mí también.

–Gracias, Kohaku. –le sonreí convencida. –nos veremos muy pronto. ¿Me ayudarás con lo de las bayas?

–Por supuesto. –me afirmó cogiéndome las manos. – venga, ahora tienes que irte.

Bajé la cabeza como señal de afirmación y me giré. Otra vez, nuestras manos se separaron dejándose llevar por la del otro hasta acabar en las yemas de los dedos y abandonarlas.

Me sentía horrible con esa imagen de nuevo, esa repetición. Aunque no me daba miedo. No estábamos en mundos distintos, y, aunque lo estuviéramos la vez anterior, habíamos conseguido cumplir la promesa.

Nos habíamos encontrado de nuevo.

Fin del cap!

¡Lo siento por no haber subido antes! . Pero es que realmente estoy muy ocupada. Haré lo que pueda.

Intentaré no ser malvada, aunque lo sea, pero no en el sentido de dejar colgado el fic, aunque por lo que tengo pensado, será un tanto largo, y no sé si me cansaré…

¡Bueno, eso ahora no importa! .

Gracias a todos los que leéis este fic, y por vuestros reviews, que me motivan a continuar, aunque no lo haga inmediatamente, pero lo tengo en cuenta.

Ah, por quien no la haya escuchado, fijaos en la letra de Shiroi Ryuu. ¡Es preciosa!

Yanne!

Mashetsu