Youfound me
Disclaimer: soy como la Dumbledore de los personajes de mi historia… ósea, hago lo que quiera con ellos.
Summary; porque tu traición me ha matado así que la única solución será terminar con todo este dolor/ ¿pero que has hecho niña tonta?...
Advertencia: situado después de "Las reliquias de la muerte" un universo alterno y bastante ooc de los personajes, y si eres fan de Ginny y Ronald no te lo recomiendo.
N/A: un fuerte agradecimiento en animarme a publicar a May, Astharth y a caro :)…
Traición.
¿Que he hecho yo para ganar esta traición?
El único pecado que he cometido yo, fue sin importar los rumores,
amarte con todo mi corazón.
Al salir del consultorio, ambos jóvenes se dirigieron a la entrada del callejón Diagon a la manera muggle, por cortesía de la castaña. Ya que extrañaba enormemente esa manera de transportarse. Después de todos estos años de solo utilizar el método mágico, aun seguía sin acostumbrarse del todo a ello. Y es que aun atesora en lo más profundo de su corazón, las memorias de cuando era niña y viajaba de esa manera con sus padres. Cuanto les extrañaba.
Al cruzar la enorme pared de ladrillos, de la cual alguna vez su amado Harry le había contado. Sintió un leve mareo mezclado un extraño y desconocido sentimiento que surgía de su interior. Ron al notar el leve mareo de la castaña, la tomo suavemente del brazo — debes de cuidarte Mione, ya has escuchado al sanador muggle — le dijo a la joven bruja con una sonrisa amable en su rostro.
La castaña solo sonrió levemente a modo de respuesta.
Ambos amigos iban caminando por las largas calles del callejón Diagon, mientras eran saludados cálidamente por todo mago y bruja que se encontraban. Ya era común que les agradecieran, a pesar del tiempo que había transcurrido ya desde la batalla final. Se habían alejado un poco de la multitud cuando el mago hablo.
—Te invito hoy la comida Mione— dijo halando a la castaña al pequeño restaurante del señor Thompson — hoy quiero consentirte.
Hermione se detuvo en seco — No lo creo Ronald— dijo seriamente mientras fruncía su seño levemente.
Ron le miro fijamente y con preocupación impresa en sus claros ojos azules. Hermione no pudo aguantar más y soltó una risa traviesa, como si fuera una niña la cual acabara de hacer alguna maldad, ante la mirada sorprendida del chico. La castaña amaba engañar a su pelirrojo amigo.
Ante la contagiosa y fresca risa de Hermione, Ron comenzó a reír también. Hacia mucho que ambos no se reían así… de relajados… de libres. El escucharla reír así de libre y tranquila, reafirmaba una vez mas, para si mismo cuanto la amaba.
— Hubieras… visto… tu… cara… Ronald— decía Hermione entrecortadamente debido a la risa— hubiera… pagado lo que… sea por tener una… cámara muggle conmigo.
Ante toda respuesta del joven mago solo hizo un puchero demasiado adorable para Hermione, la cual comenzó a reír de nuevo. Que bien se sentía este dia. El pelirrojo al ver que su amada tenía de nuevo un ataque de risa, se acercó a ella y le abrazo fuerte mientras la alzaba y comenzaba a girar con ella en brazos.
Hermione comenzó a reír mas fuerte mientras se aferraba a su amigo. Ron comenzó a ceder poco a poco mientras la hechicera se tranquilizaba del ataque de risa.
— Eres mala Hermione Granger— dijo con voz dramática el chico Weasley mientras abrazaba de nuevo a la castaña.
Hermione le devolvió el cálido abrazo, pero de nuevo aquella extraña sensación le volvió a embargar… algo andaba mal… Ron sintió como se tensaba levemente su amiga y algo en su corazón se comprimió.
— ¿Sucede algo pequeña? — susurro cercas de su oído.
— No... No — negó rápidamente— vamos al ministerio, tengo ganas de visitar a Harry.
El pelirrojo solo se encogió de hombros y le siguió. Como siempre lo haría hasta el resto de sus días. Le seguiría como el más fiel de los devotos seguiría a su inmaculada virgen.
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La luz de la oficina del ministro de magia era tenue, al final de la habitación se podía apreciar la robusta figura de aquel hombre. El ministro mantenía la vista fija en el ex espía de la orden. Aquel a quien secretamente admiraba.
— Toma asiento… Snape. — ofreció secamente aquel hombre de piel obscura.
En respuesta Severus simplemente soltó un gruñido seco, no le agradaba en nada cuando era llamado por Kingsley para alguna de esas misiones impuestas por el ministerio. ¿Es que no lo podían entender? Su deuda ya estaba saldada, ¡por Merlín! Había mantenido con vida al hijo de su Lily, lo demás ya no era asunto suyo. Pero como Potter hijo no podía solo, le mandaban llamar a él. A componer lo que aquel niño inepto no podía solucionar, ya que supuestamente era su obligación para con el mundo mágico por no mandarlo a Azkaban. ¡Y todo por petición de ese estúpido de Potter!.
Kingsley miro detalladamente al obscuro mago que estaba frente a el mientras tomaba asiento, su expresión seguía siendo temible y aun más después de esas cicatrices ganadas en la guerra. Dejó escapar un poco del aire que había contenido y pensó que esto no iba a ser fácil—Severus, necesitamos de tu ayuda— dijo con voz calma.
— ¿Mi ayuda? — Pregunto con fingida sorpresa ante la mirada calma del ministro— vamos Kingsley, tu y yo sabemos que estoy obligado a hacerlo, es una de las condiciones. Entonces ¿Por qué fingir cortesía? — incito a responder al mago con voz suave y tersa, aquella con la que aterrorizaba a los mas valientes de sus ex alumnos.
— Snape, sabes que no es así— le respondió el ministro— sabes que solo son medidas que tomo el ministerio en tu caso, eres libre de hacer lo que te plazca.
— ¿Libre?— añadió con seca ironía mientras soltaba una risa vacía— por favor Kingsley, tú y yo sabemos que eso no pasara. Mientras siga siendo un indeseable, seguirá habiendo mas y mas procedimientos para tenerme vigilado. — Añadía con voz tenue mientras clavaba sus obscuros ojos sobre el ministro — todo esto terminara hasta que muera o me encierren en Azkaban… y personalmente prefiero lo primero. — termino de decir mientras desviaba la mirada, como si aquellas ultimas palabras fueran una inoportuna confesión de debilidad.
La mirada de Kingsley se clavo de nuevo en el pocionista mientras subía sus codos a su escritorio y entrelazaba sus gruesos dedos , el haber escuchado eso le provocó un escalofrió. Nunca se había detenido a pensar en lo que podía sentir el pocionista acerca de las clausulas impuestas por la corte del ministerio. —Sabes que mis manos están atadas… que si pudiera tu ya serias libre— confeso el ministro en un arranque de confidencialidad, entonces inhalo fuertemente y siguió — además el ministerio te considera un indeseable aun, si no fuera por Potter y compañía… no estarías aquí…
—No... No quiero oír más de la caridad de Potter y compañía hacia a mi. — Replicó rápidamente el mago— estoy enfermo de que en cada oportunidad me lo echen en cara, Yo no necesitaban nada de su… caridad…
Severus se levanto violentamente del asiento con la clara intención de irse… no quería escuchar mas de las "bondades" del salvador del mundo… estaba enfermo de ello.
Kingsley solo se limito a observarle mientras se preguntaba, ¿Qué es lo que hacia Dumbledore en estas ocasiones? ¿Que es lo que hacia el anciano director para que el pocionista siguiera las órdenes al pie de la letra sin rechistar? Oh , como le necesitaba en estos momentos… tal vez nunca lo sabría pero, esperaba no fallar en un nuevo intento de pedirlo… quería, mas bien necesitaban su ayuda y era indispensable a pesar de lo que el jurado y toda la comunidad mágica pensara…
— Por favor Severus… — pidió en un susurro impregnado de un amargo sabor a suplica. — Por favor.
El oclumante escucho el susurro a su espalda, no quería caer… no otra vez. E ignoro la voz del auror. Quiso huir antes de que escuchara algo que le atara de nuevo…
—Te lo ruego… Severus…— suplico abiertamente el auror sin importarle nada, esta era su ultima oportunidad ante la rotunda negativa el ex profesor y no la dejaría escapar.
Severus paro en seco, mierda había caído de nuevo en el maldito juego…
— Lo hare… — respondió sin ánimos, dejando escapar un sonoro suspiro— pero esta vez será la ultima.
Fue lo ultimo que dijo antes de salir rápidamente y azotando fuertemente la puerta de la oficina del ministro. Shacklebolt sonrió, lo había logrado… al menos por un tiempo tendrían la ayuda del ex profesos, solo rogaba a Merlín que los miembros del ministerio no intervinieran en la misión.
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El día esta nublado, pequeñas nubes grises se arremolinan sobre el cielo del pintoresco barrio muggle. El frio viento mecía los arboles en rítmicos movimientos que parecían danzar una rápida melodía, mientras que el silencio inunda por completo las solitarias calles. El cielo gris estaba anunciando una tormenta. Pero, al final de la calle muggle, se podía apreciar una tenue silueta negra emergiendo del suelo, casi como si hubiera aparecido. Sus rápidos y elegantes movimientos solo podrían pertenecer a una sola persona en todo el mundo mágico… y ese solo podría ser Severus Snape.
Su presencia en ese absurdo lugar era una orden impuesta por el ministerio, y eso le hacia enfurecer a aquel obscuro mago. Estaba furioso, bueno más que furioso, estaba enfermo de aquella agobiante situación. Y es que se seguía preguntando repetidamente ¿Desde cuando cambio de titiritero? Y lo más importante, ¿Porque se seguía sintiendo en deuda, si ya la había pagado con creces?. Por un instante se había sentido tan libre de aquel vejete metomentodo, para venir a caer en las manos de su sucesor. Y ese era nada menos que Kingsley.
Lo ultimo que Snape hubiera querido era que le chantajearan de nuevo, pero el tono de suplica del auror le desarmo por completo… estúpida sensación de culpabilidad…
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El dia comenzaba a nublarse pronosticando la pronta lluvia que anunciaba el cielo, una fresca brisa envolvió a ambos hechiceros haciéndolos estremecer. El pelirrojo sacó su varita y quitándose una de sus camisas la transfiguro rápidamente en un cálido y suave suéter. Tendiéndoselo a la dueña de su corazón.
— Toma Mione…
Hermione sonrió ante el cálido gesto de su amado hermano, nunca dejaba de sorprenderle como había cambiado. De ser aquel niño con la sensibilidad de una cuchara, ahora se convertía en un hombre sensible y protector…
Ambos jóvenes llegaron rápidamente al ministerio y entre efusivos agradecimientos y cálidos saludos de sus amigos, llegaron al piso donde estaba la oficina de Harry.
—Sr. Weasley…— llamo Sophie, la nueva secretaria de Harry.
— Hey Soph, — saludo de vuelta el chico de intensos ojos azules, mientras la castaña saludaba de mano a la muchacha.
— Sophie, ¿esta Harry en su oficina? — pregunto Hermione con una cálida sonrisa.
—No señora Potter — respondió la chica con un leve sonrojo al ver al pelirrojo fugazmente— le escuche que iba a ir rumbo a la oficina del señor Malfoy.
—Gracias Sophie, iré a su oficina y Ron…— miro fugazmente al chico— te espero allá.
Hermione se alejó sonriendo, esa Sophie nunca cambiaria. La castaña esta al tanto de la admiración que tenia la chica por su pelirrojo amigo. Aunque en mas de una ocasión le recordaba que si llegaba a dañar a Luna, se la tendría que ver con ella y su varita.
Al llegar a la enorme puerta de la oficina la encontró sellada con magia, sonrió al pensar en la extrema precaución que tomaba Harry. Con un leve movimiento de varita abrió la puerta, eso era lo bueno de la magia compartida.
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— Harry te amo— susurro en un leve gemido mientras se subía ahorcajas sobre el moreno, ante esta nueva insinuación el azabache reacciono y la tomo por su estrecha cintura mientas la recorría lentamente con sus manos, ante este estimulo la pelirroja empezó a frotarse contra el nuevamente excitado miembro del mago de ojos verdes para empezar una nueva ronda de sexo. Pero antes de comenzar nuevamente con la acción la pelirroja susurro al oído del moreno— Harry… estoy embarazada….
Harry paro inmediatamente mientras le miraba fijamente— estas bromeando— susurró mientras la levantaba de encima de él— como fue posible…
—enserio quieres que te diga como Potter— respondió Ginny con una mueca.
—Entonces es… ¿es verdad? — preguntó de nuevo, con voz contenida.
—Nunca te he mentido…— respondió la pelirroja mientras se agachaba a tomar la camisa de Potter.
Ante toda respuesta el azabache rio tan fuerte por la emoción. La abrazo fuertemente y la alzo mientras la besaba repetidamente.
Ginny sabía muy bien que un hijo de Harry seria la mejor venganza contra Hermione, ya que era el mayor sueño del auror.
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Hermione al abrir la puerta se encontró con una muy desagradable escena. A su esposo y a su mejor amiga, casi hermana desnudos. Al verlos juntos sus más profundas pesadillas se reavivaron con fuerza. El dolor de la traición se arremolinaba con fuerza en su interior, como llamas de fuego que consumían su interior.
No podía articular ni una palabra, ni un solo sonido se emitía de sus pálidos labios. Sus ojos se congelaron y cegaron de dolor. Quería gritar, reclamar… llorar. Mas sus pálidos labios no le respondían, estaban sellados por el dolor de saborear veneno tan letal llamado traición.
El azabache aun tenía en sus brazos a su amante, estaba más que feliz… por fin un hijo…algo que su amada no le había dado aun… por un leve momento recordó a su Hermione, pero la alegría le embargo por completo, esto cambiaba las cosas aunque le doliera le dejaría para formar una familia con Ginny, el nunca dejaría solo a su pequeño…
Un leve sollozo le saco de su pequeña burbuja de felicidad. En la puerta estaba la mujer quien era su esposa. Pero… ¿Cómo?. Harry solo miraba a su mujer, su aspecto era comparable al de un inferí. No podía moverse.
Hermione solo quería una respuesta a la dolorosa traición y como si estuviera hechizada bajo la maldición imperio dio cortos pasos hacia su… amiga y aquel quien era el amor de su vida… en ese instante el veneno de la traición dirigieron sus movimientos con suma lentitud. Su mano bajo hacia su varita y alzándola contra aquella mujer que alguna vez llamo hermana.
— ¿Porque? — exigió en un susurro.
La menor de los Weasley's tembló inconscientemente ante la fría imagen de la castaña, y por un instante sintió miedo. Harry al ver que Hermione apunta peligrosamente a la pelirroja de puso delante de ella, tratando de protegerla.
— No lo hagas Mione…— rogo el azabache.
— ¿Por qué? — repitió con asombro mientras empuñaba con mas fuerza su varita, sus ojos estaban obscurecidos.
— Porque la amo…
Fue la simple respuesta de él gran Harry Potter, para que aquella mujer que le había entregado su corazón sin reservas saliera de la oficina. Potter quiso detenerla, pero la pálida mano de su amante se aferro a su brazo impidiéndolo.
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Hermione caminaba lo mas rápido que sus pies se lo permitían por el pasillo del ministerio, con una única petición en la mente y corazón… quería desaparecer. La traición de Harry nunca la olvidaría y mucho menos sus ultimas palabras… — la amo— se repetía una y mil veces en su cabeza.
Ron al ver a la castaña caminando a torpemente por el pasillo y demasiado pálida un creciente temor se apodero de él. ¿Qué habría pasado para que se viera así? Se preguntaba a si mismo y con rápidos pasos fue a su encuentro dejando a la secretaria de Harry hablando sola.
Hermione sintió unas fuertes manos deteniéndola por los hombros, su mirada chocolate se encontró con unos ojos azules cargados de preocupación.
— ¿que sucede Mione? — pregunto el pelirrojo mientras la miraba fijamente tratando de averiguar el porque estaba así.
—Ron… quiero desaparecer…— respondió mientras saladas lagrimas comenzaban a brotar por sus ojos chocolate.
El pelirrojo quiso saber el porqué, pero en ese instante un mal vestido Harry salía de su oficina llamando a la castaña, Hermione al escucharlo se abraso a si misma y mirando a los ojos susurro un ultimo —quiero desaparecer…— y desapareció del pasillo…
— ¿A donde fue Ronald? — exigió el auror.
— ¿que sucede? — pregunto de nuevo el pelirrojo ignorado la pregunta de su mejor amigo, en ese instante una semidesnuda Ginny Weasley se asomaba por la puerta de Potter, y fue en ese instante que Ronald Weasley comprendió todo.
Por primera vez en su vida tuvo miedo… miedo por lo que fuera a suceder con Hermione Granger.
