CAPÍTULO 4: Entrevista Con Mi Destino.

Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los amo. Son creación de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, y sólo pretendo entretener con ellos nuestras imaginativas mentes…un abrazo.

Luego de un par de segundos que por la incomodidad a algunos de los presentes les parecieron horas, la ronca risa de Albert cortó la tensión: "Ja,ja,ja por eso es que el Consorcio insiste en patrocinar esta digna obra, si ésta es la pasión y espíritu de cuerpo con que trabaja la directora del recinto ¡puedes imaginarte Kathy el nivel de compromiso del resto de los profesionales que aquí colaboran!"…y mirando persuasivamente a la agraciada extranjera prosiguió:" ¿quisieras verificar en terreno dónde quedaría instalada la máquina de rayos X que has decidido donar?" y empujando sutilmente a la visita se encargó de hacer señas con una ceja a la Hermana María, quien los siguió alegremente hacia el interior de la clínica.

Aún en el umbral, Candy daba instrucciones a algunos trabajadores para que se adelantasen y revisaran que estuviese ordenado el sitio donde se dirigía la pareja de inversionistas. Cuando ya se habían dispersado todos, se acercó Steven: "Amor, ¿qué ocurre contigo?, si no es por la pronta intervención de tu tutor habríamos perdido esta gran oportunidad. ¿Te pasa algo?, por favor confía en mí."

"Sí Steven, creo que el agotamiento y las horas extras de la semana me han pasado la cuenta. Fui descortés con la nueva benefactora, sé que entre la Hermana María y Albert tendrán todo bajo control, por favor llévame a casa, necesito descansar". No podía decirle a su novio que no sentía en absoluto lo que le estaba diciendo. Que en realidad, quería sacarle los ojos a esa inglesa descarada, e increpar a Albert por acercársele en forma tan desvergonzada. ¿Cómo podía hacer eso?, ¿acaso no tenía respeto? ¿Acaso no le había dicho hace sólo un par de días que sentía cosas por ella? ¿Qué tipo de mentiroso era él? Seguro la muy maldita ya se había metido en su cama, ¡claro! Por eso quería quedarse en un hotel el muy fresco…su novio tenía razón ¡qué rayos le pasaba! Casi habían perdido una excelente donación, ¿dónde había quedado la sangre fría y el sentido común de la perita enfermera que ella era?, por nada del mundo volvería a descontrolarse, y antes de que se apareciesen nuevamente los tórtolos, tenía que salir de allí.

Ese lunes eran cerca de las tres de la tarde, Albert volvía del almuerzo laboral secundado por una juvenil y pelirroja asistente contable, cuando su secretaria le indicó que lo esperaban en el despacho. Intuía que era ella, él mismo había estado dándole vueltas a todo lo ocurrido la semana anterior, desatento y distante de las cifras e informes durante la reunión de directorio, razón por la cual había requerido la ayuda posterior de la contadora. Abrió la puerta y pasó junto a Candy saludándola rápidamente con la vista y haciéndole un ademán de que le diera un momento, posteriormente entregó unas carpetas y un par de instrucciones en voz baja a su colaboradora, quien se despidió efusivamente con una amplia sonrisa.

"Veo que no pierdes el tiempo William" remarcó Candy con ojos inquisidores.

"¿William? Ese nombre sí que no estaba en tu repertorio, jajaja. ¿Qué quieres pequeña?. Si vienes a disculparte por el comportamiento del sábado, te aseguro que tu exabrupto pasó prácticamente desapercibido", señaló con muy buen humor. Albert no se quedó esperando respuesta, rápidamente avanzó a su toilette privado y con la puerta entreabierta se cambió la elegante camisa de vestir blanca, por un sweater oscuro cuello polo. "Me excuso Candy, por no darte la atención exclusiva que los buenos modales y tu presencia por supuesto requieren, pero he quedado de mostrarle la ciudad a Kathy esta tarde, es su primera visita a Norteamérica. En serio, dime qué necesitas, para poder ayudarte."

Candy estaba perpleja, descolocada por la distante actitud de su adorado príncipe. Prácticamente no la miraba más de dos segundos, y dejaba entrever que lo único que deseaba era que se fuese pronto, haciendo que su disgusto fuese en aumento: "No sé qué te ocurre Albert, tu comportamiento raya en la mala educación. Me hablas como si fuese una niña, ya no soy tu PEQUEÑA, prácticamente me estás arrojando de la oficina, y ni siquiera me has atendido. ¿Y cómo que qué quiero? No necesito tu dinero, ni tampoco soy una princesa en apuros a la que haya que solucionarle nada. Sólo quiero saber honestamente ¡qué quieres tú!" indicó levantando su dedo índice y poniendo su mano izquierda en la cadera. Luego, ofendida, prosiguió:

"Primero me dices que sientes cosas por mí, luego te vas de la casa, después te apareces descaradamente en mi lugar de trabajo, mofándote, paseándote con tu rubia de piernas largas y luego…" hablaba casi sin respirar, furiosa, pero no pudo continuar sus descargos. Albert se acercó a ella decidido, haciéndola retroceder, arrinconándola hacia el lado del despacho donde se encontraba una robusta biblioteca, y apoyando su brazo derecho en el mueble, lo dejó a la altura de su cabeza, casi rozando su oreja. En esa indiscreta posición él bajó la nuca, para que sus ojos quedasen mirando directamente aquellas verdes esmeraldas, con una expresión que a ella le pareció indescifrable:

"Ya te lo dije Candy, no más juegos. La pregunta te la devuelvo… ¿qué buscas tú aquí? vuelve con tu novio. No sé por qué te pones tan celosa, no estás en posición de increparme ni exigirme nada. Claro que eres pequeña, en menos de una semana ya he presenciado dos berrinches tuyos, una sesión de exhibicionismo, y un nuevo amor presentado en sociedad… ¿qué más falta Candy?, ya no eres una niña, es cierto, pero te comportas como tal".

El rostro de Candy ardía de rabia, las palabras de Albert resonaban en sus oídos como una gran provocación. Estaban muy cerca nuevamente, al límite de las barreras personales y ninguno de los dos bajaba la guardia en este duelo de miradas, hasta que ella, buscando salir airosa de ese rincón, manteniendo el orgullo intacto, lo abofeteó sorpresivamente obligándolo a pestañear unos instantes, que ella aprovechó para empujar su torso con ambas manos.

"¿Qué te has imaginado Albert? ¿Crees que puedes decirme lo que se te antoje y no responderé? Recuerda que estás hablando con una chica criada en el Hogar de Pony, sé defenderme de cualquier cretino, nunca pensé que tendría que hacerlo de ti. ¿Dónde quedó mi amigo, mi confidente, mi príncipe? Estaba muy equivocada contigo, ¡te comportas como un irrespetuoso!

Albert la miró directo, y respondió sin el más mínimo asomo de docilidad, palpándose la mejilla golpeada y arqueando una ceja: "Sabes que no miento, jamás te faltaría el respeto ni a ti ni a nadie, pero debes aprender a tolerar unas cuantas verdades, ¿o como no soy Terry no se me permite ser tan frontal? Estás celosa, cual Ofelia, porque quieres tenerme a tus pies, disponible como siempre. Olvídalo, eso no volverá a pasar. Busca a Steven o como se llame esta vez tu novio y hazle a él estas escenas". Luego bajó la vista, meditando si agregar la última frase, hasta que finalmente se decidió: "Es cierto Candy, me ilusioné contigo durante muchos años, lo que te dije ese día en el jardín es verdad, aunque probablemente no fue la forma. No tengo ningún derecho a meterme en tu vida, nunca me prometiste nada más que tu amistad, lo que yo he sentido estos años sólo ha sido alimentado por una esperanza juvenil y mi gran imaginación."

Candy estaba de una pieza, se sentía herida por la honestidad descarnada con que se habían desafiado uno al otro, pero aquello que no podía transmitirse con palabras, la electricidad que emanaba de su reciente acercamiento era lo que más le inquietaba. Se sentía ridícula y expuesta, aunque a pesar de ello, no quería marcharse…

De pronto, golpearon suave pero sorpresivamente la puerta, sacando a la rubia de sus cavilaciones, y por un momento le pareció percibir un dejo de desilusión en Albert. "Sr. William, llegó su cita de la tarde, la Srta. Royce se encuentra registrándose en la recepción del edificio", indicó la gruesa voz de su secretaria personal.

"Gracias Maggie, por favor avise en la planta baja que Kathy puede subir directamente, es una amiga personal". Luego, bajando un instante imperceptible la vista y conteniendo la respiración, tomó a Candy por los hombros, empujándola sutilmente hacia la salida con un tono conciliador: "Ha sido una charla para ambos extenuante, ahora con tu permiso PEQUEÑA, no puedo hacer esperar a Kathy y sugiero que vayas a la clínica si no quieres que el Consejo te vea por acá y comience a cuestionar ahora quien sabe qué…" trató de sonar amistoso, y pidió a su secretaria que la acompañase hasta el elevador, pero el ambiente entre ambos aún se percibía severamente incómodo.

Una vez dentro del ascensor, el anciano a cargo del traslado le consultó a qué piso se dirigía y trató de ser cordial, sin embargo no encontró respuesta en la bella joven que iba a su lado. Candy sentía que había perdido como en la guerra, dejando vulnerable y molesto a Albert. Temía que quisiese tomar revancha aprovechando que la inglesa piernas largas estaría con él toda la tarde. "¡Demonios!" Exclamó de repente llevando su mano a la frente. "¡Señorita le pido cuidar sus modales!." La regañó el viejecito.

"¡Oh disculpe por favor, es que olvidé por completo que me irían a buscar a la clínica!". Al abrir la puerta del ascensor, el anciano sólo percibió un gran estruendo en el exterior, producto del choque frontal entre Candy, que bajaba como potro desbocado y sin querer había tumbado a Kathy de espaldas al suelo, que se disponía a subir a la máquina en ese mismo instante.

"¡Pero qué demonios pasa contigo Candice!" gritó la inglesa ya sin paciencia. "¿Es que no te bastó la escenita del sábado?." Se paró displicente y luego, sin acercarse y mirándola de soslayo mietras el asceonsor se cerraba indicó tirando ponzoña "ahora tendré que pedir atención especial a Will para revisar si estoy amoratada"…

"No te atrevas a ….! Vuelve acaaaaaá!" "Huyyyyy que rabia…. No pude pegarle un puñetazo para decolorarle los cachetes a esa mona estúpida" dijo para sí Candy, apretando los puños.

Sin embargo, recordando que la esperaba Annie a la salida del trabajo, y que aún quedaba un largo viaje de regreso, corrió nuevamente desbocada, a la estación de tren.

...

GRACIAS POR LEERME! Les pido disculpas por tardar tanto en la publicación de este capítulo, pero lo rehice un par de veces, no estaba segura de cuánta pasión mostrar entre los rubios mientras discutían. Finalmente, he decidido que todo debe dejarse fluir entre ellos, ya que aún ninguno ha sido realmente honesto al 100% con sus verdaderos sentimientos, el orgullo sigue siendo lo más fuerte.

Espero les guste como está quedando, gracias por sus comentarios, me alimentan y motivan!

A seguir imaginando a esta hermosa pareja en las aventuras que les vaya deparando este fic, un abrazo ;) VIVA EL CANDYMUNDO Y LOS ALBERTFICS!