El capítulo de hoy está dedicado a mi hermosa beta y amiga Gaby Madriz que ayer estuvo de cumple. Besos a ella.

Y besos a ustedes que siguen esta locura. Gracias por sus lecturas y comentarios.

A leer!

Y ya saben, pueden encontrarme en Facebook como Catalina Lina y en Twiter como Cata_lina_lina


3.

― ¡Por qué simplemente, no viene él y habla con la niña esa…!

―Isabella.

―Sí, ella. Por qué no viene y le dice la verdad, para qué todo este montaje de querer invertir en este pueblo…

―Hay buenos nichos de negocio aquí, Rosalie. No es sólo un montaje.

― ¡No me hagas reír, Garrett!

Rosalie Hale había sido reclutada junto a Garrett, para ir hasta ese pueblo y entablar negociaciones con un par de agricultores para la compra de sus producciones. Ella era una mujer de la urbe, no de pueblos pequeños como aquel al que se acercaban. La rubia y hermosa empresaria de veinticinco años odiaba tener que ir a meterse a ese lugar que la apartaba de su amplia y luminosa oficina. Pero debía hacerlo por Aro, a él simplemente no podía negarle nada.

En tres días, desde que supieron de la existencia y el paradero de Bella, Aro contactó a estos agricultores del poblado aquel y les ofreció el negocio de sus vidas, proponiéndoles comprar por el triple de su valor la producción de lácteos que se obtenía en los criaderos de esa zona. Y no era un mal negocio, pues él ganaría tanto o más que ellos, pues Aro Vulturi no hacía negocios sin una sólida base de datos sustentables, así que pensó que todo se confabulaba para acercarse a su hija de forma paulatina. Por eso, en primer lugar envió a sus dos más fieles colaboradores a finiquitar el negocio y de paso, acercarse a Isabella.

"Garrett, sabes cómo hacerlo, búscala, que parezca casual, hazte amigo de ella y pregúntale cosas… lo que sea. Acerca de su infancia, su adolescencia, cuáles son sus planes… cualquier cosa que me ayude a conocerla, a acercarme a ella"

Garrett, por cierto no pudo negarse, porque el hombre a quien él quería como padre se lo había pedido como medida desesperada. Él también creía que Aro debería haber ido allí y hablar directamente con Isabella y su padre, pero él insistió en tantear el terreno.

― ¿Y él, a qué viene? ―Preguntó Rosalie, mirando por sobre su hombro hacia el asiento trasero del coche, en donde venía el investigador Jason Jenks.

―A continuar con mi trabajo, Srta. Hale, como el señor Vulturi me lo pidió ―. Respondió muy estoicamente el hombre, quien esta vez lucía un impecable y elegante traje negro, con corbata y sombrero de ala a juego. No era que el viaje al pueblo ameritara semejante vestimenta, pero la idea de volver a ver a la hermosa Esmerald, hacía que valiera la pena.

Kilómetros adelante, el conductor del coche vislumbró a un policía pararse en medio de su carril, alzando una mano y agitándola hacia el costado, indicándole que se detuviera.

―Supongo que vienes con tus documentos en orden, Garrett ―. Indicó Rosalie con desdén, mientras él rodaba los ojos y estacionaba su lujoso auto. Abrió la ventana y vio como el oficial se acercaba a ellos, quitándose las oscuras gafas.

―Sus documentos, por favor ―. Pidió; mientras Garrett buscaba estos en la guantera del auto, el oficial de policía desvió su vista hacia la acompañante del chofer y en ese preciso momento, sintió coros celestiales cantar, como acompañando la belleza de esa mujer que a él lo dejó estupefacto.

― ¿Oficial?

―Sí… sí… ―dijo el oficial Emmett Cullen, sacudiendo su cabeza y agarrando los documentos, mientras caminaba frente al auto para checar que el número de la patente fuera el mismo que el del registro, en un control de rutina. De reojo, aprovechó de mirar a aquella mujer que se mantuvo impasible, muy cruzada de brazos, observando el entorno rustico que rodeaba la carretera.

Emmett suspiró, sintiéndose ya perdido por esa mujer ―y eso que ni siquiera le había mirado ni dirigido una palabra― y regresó su camino hasta la ventana del conductor.

―Está todo en orden, señor. Puede retomar su camino ―. Indicó el oficial, extendiendo los documentos hasta Garrett.

―Gracias, Oficial ―. Agradeció Garrett, poniendo en marcha su coche hacia su destino, mientras que su risa salía de él sin poder controlarlo.

― ¡¿Qué?! ―Preguntó Rosalie, algo irritada. Garrett la miró de reojo sin dejar de reír.

― ¿A caso no lo viste?

Rosalie alzó una de sus delineadas cejas hacia Garrett ― ¿Qué cosa?

―Al policía, cómo te miraba…

― ¡Cierra la boca, Garrett! ― Protestó ella, golpeando su brazo ―Y acelera será mejor, que quiero terminar luego con esto y regresar a mi casa.

―Vale, vale… ¡Qué genio!

Finalmente, Garrett entró en la ciudad que daba la bienvenida con un inmenso cartel, auspiciando a una, poca conocida marca de gaseosa. Siguió las indicaciones de Jason, quien había conocido bien el lugar en su visita anterior, dirigiéndose hacia el lugar donde habían concordado con los productores lácteos para esa reunión.

Cuando finalmente se estacionó, Rosalie miró con horror el frontis y luego a Garrett.

―Pero… pero… ¿qué hacemos en un bar?

―Es el lugar donde tendremos la reunión ―. Explicó Garrett con mucha calma, mientras desabrochaba su cinturón de seguridad.

― ¡¿Un bar, Garrett?! ¡¿Un maldito bar?!

―Perdone usted, dama ―. Interrumpió Jason, arreglando su corbata― Esto es más que un bar. No se deje influenciar por el nombre.

― ¡Ya ves! Deja de refunfuñar y bájate, que estamos retrasados ―. Dijo el conductor finalmente saliendo de su asiento. A ella no le quedó de otra que hacer lo mismo, mientras lanzaba improperios contra Aro, Garrett y ese maldito oficial de policía que con esos ojos grises y aquel cuerpo de adonis la dejó temblando.

― ¿Y usted qué hará mientras tanto, Jason?

―Hacer mis propias averiguaciones. Y antes que pierda la oportunidad de recordárselo, recuerde que la florería del pueblo es el lugar donde encontrará a la señorita Isabella.

― ¡Demonios! Ni siquiera sé cómo voy a abordarla ―. Se lamentó Garrett, entrando al bar.

―Ella es muy linda, si me permite decírselo. Quizás entrar allí y preguntar si ellas saben sobre un lugar que se rente como para montar oficinas. Ella le preguntará para qué, usted le contará sobre el negocio que van a montar aquí, una cosa llevará a la otra ―. dijo, alzándose de hombros.

―Toda la razón, Jason. Toda la razón.

Al menos ―pensó Rosalie― el lugar era limpio y no olía a cerveza ni cigarrillo. Era iluminado y agradable, aunque algo pequeño. Ni modo, no todo era tan malo.

Los productores lácteos recibieron a los capitalinos con un amable saludo y apretón de manos, habiendo reservado una mesa de mantel blanco junto a una ventana, dispuesta para un desayuno de trabajo.

― ¿Qué va a servirse, señor? ―Preguntó Victoria, cuando el investigador Jason Jenks se sentó tras la barra, después de quitar solemnemente su sombrero de ala negro. Tras sonreírle a la colorina mujer, hizo su pedido:

―Quisiera el desayuno ejecutivo que ofrecían en la pizarra de la entrada.

―Café negro, huevos con tocino y pan recién salido del horno ―. Reiteró Victoria, reiterando el menú.

―Suena delicioso.

―En cinco minutos está aquí para usted, señor ―. Dijo la sonriente mesera, caminando hacia la cocina, para traer su pedido. Él suspiró y tomó el periódico que se hallaba a un lado del mesón, leyendo las noticias mientras se tardaban en traer su desayuno.

―XxX―

Charlie Swan recostó su espalda en el sillón de su escritorio, sobándose el pecho de arriba abajo, haciendo fricción para ver si eso aliviaba un poco el dolor. Los medicamentos que estaba tomando para mantener a raya el dolor de la enfermedad que lo aquejaba, al parecer no estaba teniendo el efecto de antes, y eso era seguro porque la enfermedad estaba tornándose rápida en sus sistema. Pero lamentablemente, no podía darse el lujo de tener casi medio millón para esas medicinas, y mucho menos para una intervención.

"Es simple, señor Swan, debe tener su tratamiento mientras no pueda someterse a la intervención, de lo contrario la enfermedad irá ganando terreno, hasta que no podamos detenerla."

Esa fue la sentencia que dio para él un médico conocido de Carlisle, su gran amigo, cuando este lo llevó para que lo checara. Él estaba dispuesto a someterse, eso claro antes de enterarse de lo costoso que era todo. Él tenía un trabajo humilde en un pueblo pequeño que no le permitía acceder sino a los gastos básicos para él y su hija Bella, quien había declinado de asistir a la universidad después que no le fuera concebido una beca con el monto necesario para cubrir sus estudios, prefiriendo quedarse en el pueblo y trabajar. Eso era lo que lo amargaba, la idea de que su hija hiciera a un lado sus sueños porque él no era capaz de suplirlos monetariamente. Era una amargura que lo aquejaba cada noche, al igual que el miedo de que por esa enfermedad él pudiese llegar a ser una carga. ¿Qué diría Renée? Que no supo ser padre de esa niña que él, quería como suya propia, aunque no fuese sangre de su sangre…

"Es tuya, Charlie… en nuestra, es nuestra hija" le dijo Renée el día que su Bella nació.

― ¿Jefe Swan?

El llamado del cabo Black lo distrajo de sus cavilaciones, sacudiendo la cabeza y mirando al joven frente a él.

―Jacob, qué sucede.

― ¿Se siente bien, jefe?

―No, la verdad es que no, así que te tendrás que quedar aquí a cubrir mi turno hasta la seis, ¿tienes algún problema, muchacho?

―Para nada, Jefe. Las cosas han estado tranquilas, así que puede irse sin problema. ¿Pero no quiere que le traiga algo?

―No, no muchacho. Sólo hazte cargo, ¿sí? ―Indicó, levantándose y tomando su chaqueta para salir del cuartel de policía para ir a su casa, después de que se despidiera de Jacob.

Cuando estuvo allí, se dejó caer en el sofá de la sala y agarró el teléfono llamando a su amigo Carlisle:

―No me siento muy bien, Carlisle.

―Voy para allá, Charlie.

El paramédico amigo de Charlie llegó al cabo de quince minutos, sentándose junto a él con la instrumentaría para checarle la presión.

―Estoy asustado ―. Admitió el jefe de policía. Carlisle apenas alzó la vista para mirarlo y seguir con su tarea.

―Ni siquiera has querido chequearte como corresponde, Charlie. Te he dicho un montón de veces que puedo pedirle a Edward que nos consiga una hora con algún profesor suyo. Podría hacerlo incluso gratis…

―Y Edward preguntaría por qué y tendríamos que decirle ―. Explicó― Iré en un par de días a la capital y buscaré al médico de siempre. Tengo unos ahorros para el costo de la consulta.

―Te acompañaré ―. avisó Carlisle, luego de checar que la presión de su amigo estuviera dentro de los rangos normales y sacar de su maletín algunos medicamentos suaves para palear su dolor, mientras tanto.

―Ve a recostarte y descansa, antes que llegue Bella y te encuentre así.

― ¿Sabes? Anoche soñé con Renée. Creo que es una señal…

― ¿Señal sobre qué? ―Preguntó Carlisle con un poco de molestia― ¿Te está llamando a hacerle compañía al cielo, Charlie? Porque eso es lo que vas a conseguir. ¡Demonios! Sabes que te llevaría a rastra para que tomes un tratamiento como corresponde, pero no puedo hacerlo en contra de tu voluntad. Y me molesta mucho que no tomes en serio esto, que estés dejando pasar el tiempo y dejando ir las oportunidades...

― ¡¿Qué oportunidades, Carlisle, qué oportunidades?! Para quienes no tenemos dinero no hay oportunidades.

― ¡Oh, escúchate, Charlie! ¡Vas a arrepentirte cuando te veas agonizando en la cama, dejando a tu hija sola…!

― ¡Cállate, Carlisle, cállate!

―No sé cómo hacerte reaccionar. Eres mi amigo, te estimo como tal, pero odio que te dejes estar de esta manera, ¿qué estás esperando que ocurra? ¿Qué se presente alguien y ponga sobre tu mesa el dinero que necesitas para el tratamiento? ¡Eso no va a pasar, Charlie! Debes ir y buscar las oportunidades.

― ¿Cómo, Carlisle, cómo?

―Escúchame, el día que vayamos a ver al médico veremos primero en que condición ha avanzado la enfermedad y le pediremos que nos diga qué debemos hacer. Luego iremos hasta una financiera y veremos si nos dan un préstamo o algo así para cubrir los gastos, ¿entendido?

―Eres como un hermano para mí, Carlisle.

―Es lo que soy, Charlie, y me lamento de no haberte obligado antes a esto, es lo que desde un principio tendríamos que haber hecho. Ahora ve a recostarte y descansa. Me ocuparé de apartar una hora con el médico lo antes posible y te llamaré esta noche para avisarte el día y la hora en la que nos esperará.

―De acuerdo… pero una cosa, nada de pedirle favores a Edward. No quiero que nadie más se entere… al menos hasta ver lo que me dice el doctor, después de eso hablaré con Bella y pues… le contaré… supongo.

―Es lo que debes hacer. Verás que con su apoyo será todo más fácil.

―Eso espero, mi amigo, eso espero.

―XxX―

Después de acabada la reunión donde se cerró el trato de negocio, Garrett se acercó hasta la barra mientras Rosalie hablaba por teléfono. Un hombre alto que secaba unos vasos mientras leía un documento con mucha atención, alzó su vista hacia él cuando presintió su presencia.

―Hola… uhm… ¿podría decirme donde hay una floristería por aquí? ―Preguntó al barman, escondiendo la información que él manejaba, pues Garrett ciertamente sabía a la perfección donde se encontraba la dichosa floristería donde encontraría a Isabella, pero como le dijo Aro, quería que todo pareciese casual, para no levantar sospechas.

―Sí, claro. A dos cuadras de aquí, frente a la plaza ―. Dijo, extendiendo su brazo hacia la derecha, indicando la ubicación― Es la única florería del lugar, no le costará nada dar con ella ―. Agregó.

―Muchas gracias.

Dio media vuelta y se dirigió hasta su colega que lo esperaba de brazos cruzados, golpeando con sus altos tacones el suelo del local.

― ¿Ya nos podemos ir entonces?

―No todavía, tengo que pasar antes a un lugar… ―. Dijo, sonriéndole y dirigiéndose hacia la puerta.

― ¡Por vida de Dios! Tendría que haber venido en mi coche ―. Regañó, siguiendo a su amigo.

Garrett condujo su coche hasta la plaza, donde aparcó justo frente a la floristería. Rosalie lo miró y antes de protestar, él le dijo:

―Quédate aquí, no demoro en regresar.

Salió del coche y caminó hasta la floristería, donde al abrir la puerta de vidrio, unas suaves campanillas sonaron, avisando de su entrada.

Desde el interior, apareció una mujer cargando un sinfín de flores de todos los colores, lo que le pareció una imagen hermosa ver a aquella linda chica, con cabello negro atado a su nuca, piel levemente bronceada y unos lentes de marco negro que escondían detrás una alegre mirada, elevándosele la comisura de sus labios cuando le vio allí parado, como embelesado por ella.

Era sin duda, la mujer más linda que él había visto desde hacía tiempo. Suspiró, rogando que fuese ella la mujer que buscaba por petición de Aro, pues de ser así, para él sería todo un placer acercársele y relacionarse con ella.

Carraspeó, caminando hacia el mesón, mientras la dama colocaba las flores a un costado.

― ¿Lo puedo ayudar?

―Sí, bueno… quisiera… quisiera flores…

―Por supuesto ―. Asintió ella, bajando su cabeza para esconder su diversión. Porque esa era una floristería, ¿qué otra cosa podría querer él?

"Tonto de mi"

― ¿Busca algo en especial? ―Preguntó la chica.

"Lo que sea que tú quieras darme" pensó él, torciendo su boca, deseando haberle respondido eso a la risueña chica.

―Rosas ―, respondió, siendo lo primero que se le vino a la cabeza― rosas rojas.

―Claro ―. Ella se dirigió hasta donde se encontraban las flores requeridas y sacó un paquete de las flores requeridas –¿Cuántas desea? –Preguntó ella a continuación. Él miró el ramo de rosas y luego la miró a ella, pensativo.

-Uhm… bueno, no estoy seguro… no sé, para un arreglo promedio…

–Con media docena estaría bien. Se las puedo arreglar con hojas verdes y flores perene blancas– indicó ella con una sonrisa. Él asintió y le sonrió de regreso.

–Usted es la profesional, así que adelante– indicó, dándole la libertad a la hermosa chica, que con una delicadeza que él pocas veces había visto, sacó la media docena, dejándolas sobre el mostrador, para luego tomar un paquete de ramas verdes, las que él ciertamente ignoraba el nombre y también pequeñas flores blancas,las que comenzó a arreglar sobre una base verde.

En completo silencio, observó como ella daba forma al ramo con tanta delicadeza, como si estuviera haciendo una obra de arte, que para él, en verdad era lo que ella estaba haciendo. La delicadeza de sus movimientos sobre el ramo y su concentración le parecieron atractivas… bueno, ella en realidad le pareció atractiva.

― ¡Ángela, en dónde pongo los lirios! ―Se oyó otra voz femenina gritar desde adentro, que sobresaltó a la artista. Al menos ahora Garrett sabía que lamentablemente, ella no era Isabella, pero al menos sabía que la artista se llamaba Ángela, nombre muy acorde para su aura angelical, pensó el joven empresario.

"Ángel"

―Sólo déjalas ahí, Bella ―. Gritó en respuesta. Sacudió su cabeza como recordando que no estaba sola, girando enseguida al cliente con una mirada de disculpa. Él simplemente sonrió.

―Bueno, aquí están sus rosas ―. dijo Ángela, poniendo el ramo frente a Garrett.

―Es un arreglo hermoso, realmente.

―No es muy difícil de hacer.

―No lo creo… yo no podría haberlo hecho.

―Años de práctica ―. Se jactó ella, alzando sus cejas. Él se carcajeó animosamente, acompañado luego por ella. Desde la parte trasera, quizás después de oír las risas, apareció una segunda chica, mirando hacia ellos con curiosidad.

"Es ella, es Isabella" pensó Garrett cuando la vio. Tenía que pensar en algo rápido para comenzar a sacarle información, pero era una distracción tan fuerte tener a Ángela frente suyo, que sintió que todas las ideas escapaban de su cabeza.

―Usted no es de aquí ―. Afirmó Bella entornando sus ojos hacia él, afirmando sus manos sobre el mesón― ¿Viene por Jasper?

Garrett frunció sus oscuras cejas, confundido por lo que Bella le preguntaba y algo sorprendido por la manera en que lo abordaba.

―No sé de quién me habla la verdad ―. Admitió Garrett― Yo viene a cerrar un negocio con unos productores de leche de la zona.

―Ah… ―asintió Bella simplemente.

― ¿Se quedará mucho tiempo por aquí? ―Preguntó ahora Ángela con mucho interés, cosa que a él le gustó.

―Sí bueno… estaremos viniendo constantemente ―. Dijo, y su ampolleta de ideas se alumbró― ¿No saben sobre alguna casa por aquí, que se arriende?

― ¿Una casa grande?

―Sí, más o menos. Tendremos que poner una especie de oficina aquí, además de servir para ser habitada, ya sabe.

― ¿Usted la habitará? ―Preguntó Bella con mucho interés.

―Eventualmente, creo que sí.

Ángela pensó por unos segundos antes de responder ―Uhm… creo que la señora Carmen Uley tiene una casa en arriendo que puede servirle. Nadie la toma, porque es bastante grande.

― ¿Y cómo puedo ubicar a la señora Uley?

―Esto… yo… yo puedo acompañarlo hasta donde ella vive, para que hable ahora con ella… ―. Se ofreció Ángela tímidamente.

― ¡No, yo lo acompaño! ―Exclamó Bella interrumpiendo a Ángela, mirando fijamente a Garrett, no percatándose del rostro de decepción de su amiga, quien bajó la vista y frunció su entrecejo, agarrando luego el talonario de boletas y donde anotó el valor del ramo. Ciertamente, Garrett quiso agradecerle a Bella que se ofreciera a acompañarle, pues prefería ir con Ángela, pero sabía que esa era una buena oportunidad para hablar con Bella.

―Muchas gracias ―. indicó Garrett a Bella, sacando su billetera y extendiendo un billete para pagar el ramo. Ángela sin mirarle, tomó el billete y le dio el cambio correspondiente. Bella salió de detrás del mostrador, y sonriéndole le extendió una mano en señal de saludo.

―Soy Bella Swan, si va a salir conmigo, es mejor que conozcamos nuestros nombres, ¿no cree?

Él medio sonrió, tomando la mano de Bella ―Toda la razón, soy Garrett Anderson ―. dijo, mirando de soslayo hacia Ángela, quién ahora estaba como ajena a ellos, con sus ojos puestos en el ramo de flores con el que la vio entrar.

― ¡Oh, ella es Ángela Weber! ―Dijo Bella, como recordando que su amiga estaba allí también. La aludida solo alzó brevemente su vista y asintió hacia él levemente.

Él se la quedó mirando unos instantes más, jurándose regresar allí para llevarla a pasear, y quien sabe, explicarle que en ese momento lo mejor era ir con Bella, aunque él deseaba que ella fuese su acompañante. Quería conocerla, lo deseaba en verdad, pero tenía un compromiso con el hombre a quien veía como padre, el que no podía eludir.

―Bueno, vámonos, no quiero retrasarlo más ―. Dijo Bella, tomando las rosas del mostrador y entregándoselas a Garrett― ¡Regreso enseguida Ángela! ―Indicó ella, caminando hacia la puerta.

―Hasta luego, Ángela, y muchas gracias ―. se despidió Garrett gentilmente hacia Ángela, quien lo miró asintiendo una vez en su dirección, regresando luego su atención hacia su trabajo con un sentimiento cabizbajo que Garrett quiso pensar era porque él se iba con Bella, y no con ella. Se giró para seguir a Bella, jurándose volver por ella, más temprano que tarde.

Una vez afuera, le preguntó a Bella si desde ahí podían ir caminando, a lo que ella asintió, diciéndole que la casa quedaba nada más a una cuadra de distancia. Él le solicitó que la esperara, mientras él atravesaba la calle y se enfrentaba a una enojada Rosalie Hale, esperándolo.

―Antes que digas nada, debo quedarme por un rato más, así que puedes tomar las llaves e irte, porque supongo que no quieres esperarme ―. comentó.

Ella lo fulminó con la mirada ― ¿Y cómo pretendes regresar tú, genio?

―Existen los trenes, ¿sabes? Y son muy relajantes. Así que vete y déjame aquí ―. Dijo, entregándole las llaves del coche, y antes de salir extendió el ramo hasta su acompañante, que lo miró como si fuera un bicho raro― Y esto es para aplacar tu disgusto. "Rosas, para una rosa" ―. dijo, guiñándole el ojo.

Antes que ella respondiera, salió del coche, cerró la puerta y regresó hasta donde Bella lo esperaba, con un claro gesto de intriga en su rostro.

― ¿Es tu novia? ―Preguntó sin remordimiento. Él alzó las cejas por la sorpresa de esa pregunta, y se apresuró en negar con la cabeza.

― ¡Oh, no! ―Dijo, agitando su mano― ¡Dios me libre de ello y guarde al hombre que sea su novio! La quiero mucho, es como mi hermana, pero Rose tiene un carácter complicado ―. comentó, comenzando a caminar por la vereda hacia su destino.

― ¿Pero tienes novia? Esposa no tienes, porque no llevas un anillo.

"Muy perspicaz" pensó Garrett, un poco divertido.

―Ni novia, ni esposa, ni nada de eso.

―Qué bueno…― comentó ella.

― ¿Y qué hay de ti, Bella Swan? ¿Novio, esposo?

―Nada de eso tampoco. Estoy esperando al indicado.

―Ya veo… y dime, ¿sólo trabajas en la florería, o estudias también?

―Sólo trabajo, pero espero estudiar… aunque primero tengo que ocuparme de otras cosas…

― ¿Cómo otras cosas?

―No importa ―, negó, cambiando el transcurso de la conversación― Entonces, vienes de La Capital a hacer negocios aquí, ¿significa que te quedarás mucho tiempo?

―El necesario, hay que cubrir algunos movimientos desde aquí, así que creo que serán dos o tres meses.

―Bueno, si no te importa, me gustaría que nos viéramos el tiempo que estés aquí… para ser amigos… si no te molesta, claro…

"¡Guau!" pensó Garrett, como pensando en que ella sin querer estaba haciéndole su tarea más fácil, aunque le extrañaba que una chica de pueblo como ella, fuese tan intrépida al socializar con un hombres venido desde La Capital y a quien apenas conocía. Su instinto le dijo que detrás de ese deseo de acercársele, había algo más, que eventualmente averiguaría.

Llegaron a la casa de la señora Uley, a quien le sorprendió la visita. Garrett le explicó que lo llevaba hasta allí y lo interesado que estaba en rentar una casa para fines habitacionales y comerciales. La amable mujer no tuvo problema. Hablaron sobre negocios, quedando en dos días de juntarse a ver la casa, que él conoció por fotografías, para cerrar el trato del arriendo. Aquella pequeña reunión duró media hora, acabando justo a la hora de almuerzo.

― ¿Te quedas para almorzar? ―Preguntó Bella, como escondiendo tras esa pregunta una clara invitación. Él sonrió y negó con la cabeza.

―No, no lo creo. Debo regresar y cubrir unos compromisos en La Capital.

―Bueno… pero regresas en dos día, ¿no? ¿Tendrías una cita ese día conmigo?

―Oh… bueno… yo… supongo que sí.

― ¡Perfecto! Salgo a las siete de la florería, así que puedes pasar por mí allí. ¿Puedes, verdad?

―Sí, claro… por supuesto… ―podría haber extendido la invitación a Ángela, o pensó que ella lo haría, pero no dijo nada al respecto, y por lo entusiasmada que ella se veía, creía que eso sería más bien una cita, que una salida de amigos. Garrett sonrió con tensión, intrigándole en verdad mucho la actitud de Isabella.

―Ahora creo que debo marcharme, ¿la estación de tren queda hacia allá, verdad? ―Indicó, alzando su mano hacia el interior. Ella asintió, ofreciéndose enseguida a acompañarle, pero él denegó del ofrecimiento, excusándose que no quería quitarle más tiempo, aunque en realidad quería caminar un poco a solas, llamar a Jason Jenks y pensar.

―Pero nos vemos en dos días, ¿cierto? ― Reiteró Bella, recordando el compromiso.

―En dos días, a las siete voy por ti ―. Sonrió él. Ella dio un paso hacia él, se empinó sobre la punta de sus pies y dejó un beso suave en su mejilla, retirándose luego, mientras mordía su labio. Dio media vuelta y se echó a caminar con rapidez hacia su lugar de trabajo, mientras él se quedaba ahí, como en pausa después de aquello.

Soltó el aire de sus pulmones y se puso a caminar en dirección a la estación, sacando del bolsillo de su chaqueta su teléfono móvil para llamar a Jason, quien le dijo que se quedaría allí para completar unos informes.

A solas entonces, caminó pensando en los pasos que debía seguir a continuación con la supuesta hija de Aro, quien por cierto estaría feliz por ese acercamiento. A él le alegraba ayudarlo, pero hubiese deseado que las cosas se dieran de otra manera, pues a él le hubiese gustado ocupar su tiempo allí cortejando a Ángela, quien despertó en él un súbito interés.

Pensando en el "hermoso ángel artista de la flores" como la llamó, se subió al tren después de comprar su ticket y se encaminó hacia La Capital, en donde Aro lo esperaba con impaciencia para que lo pusiera al día con los detalles del viaje.

―XxX―

"De tripas corazón".

Eso se repetía Bella, cuando recién salida de la ducha se miraba al espejo y agarraba su secadora de pelo, encendiéndola para que el aire tibio secara su cabello. Ese día, Garrett iría por ella hasta el negocio y tendría con él una cita, la que ella intuía sería muy fructífera. Tenía la sensación de que por fin había encontrado a alguien que le diría "sí". Él era agradable, guapo, muy simpático y de una muy buena situación económica, por lo que entrelazar una relación con él sería fácil, incluso pensó, podría llegar a enamorase y sacarse de una buena vez a… lo que sea.

Lo único que le dolía, era el rostro de tristeza de Ángela cuando ella le contó que habían acordado una cita con él. Ella no era estúpida, había visto como ambos se miraban ese día, como Ángela estaba encantada con él y como él le retribuía de igual forma. Pero que ese hombre se hubiese presentado en el local ese día era una señal para ella, estaba segura, y por mucho que le doliera hacer sufrir a su amiga Ángela, evitaría que ella se entrometiese en su camino. Ángela era su amiga y sabía por qué ella hacía todo eso, así que debía entenderla.

"De tripas corazón"

―Te ves muy linda ―. Exclamó Charlie, la mañana aquella mientras desayunaban― ¿Tienes alguna cita?

― ¡Sí, papá! ―Respondió con entusiasmo.

―Te ves más contenta que otros días, ¿es por el chico con quien vas a salir? ¿Lo conozco?

―Sí, es por el chico, y no, no lo conoces… ―. Todavía― Estoy segura que muy pronto lo traeré aquí para presentártelo. Es encantador, muy agradable y guapo, se llama Garrett y viene de La Capital. Llegó aquí para hacer negocios con los señores de la lechería.

― ¿Un capitalino? ―Preguntó Charlie, entornando sus ojos hacia ella― ¿Hace cuánto lo conoces?

―El tiempo suficiente para tener una cita con él ―. Mintió Bella, tragándose de una vez el contenido de su taza de té― Y se me hace tarde, así que me voy.

―Hija… yo… esta tarde… iré a La Capital con Carlisle… me pidió que lo acompañara ―. Dijo Charlie, intentando mantener sus palabras en el filo de la normalidad. Bella sin más asintió a sus dichos, acercándose a él y dejando un cariñoso beso en la mejilla de su padre.

―Te cuidas, ¿sí? Te quiero, papá ―. Dijo al despedirse. Charlie sonrió y gritó de regreso a su hija un "Te amo" cuando ella iba saliendo de la casa.

Caminó con espíritu alegre hasta la tienda, extrañamente entusiasmada por su cita con Garrett, como nunca antes lo estuvo con otra. Así, muy alegre llegó hasta la tienda como cada mañana, haciendo sonar las campanillas de la entrada. Ángela se encontraba de espalda hacia la puerta, poniendo atención a dos gigantescos ramos de flores de todos los tipos que debía tener listo para dentro de una hora. Bella se le acercó y la saludó con un beso en la mejilla, el que ella no correspondió, sino más bien dándole un frío recibimiento, muy extraño en ella. Bella hizo caso omiso, pues bien sabía que se merecía ese trato, pero aun así, no iba a dar su brazo a torcer.

― ¿Te parece bien como luzco? ―Dijo Bella, sin intención de molestar, girándose sobre sus pies para mostrarle a Ángela su atuendo. Tendría que calarse encima un delantal para no ensuciarse el vestido de tirantes azul marino, perfecto para el día templado que la unidad meteorológica indicaba, muy típico de esa época del año. Ángela apenas la miró y sólo asintió con la cabeza, concentra aparentemente en su trabajo.

El día allí, transcurrió en breves diálogos, y no como habitualmente era. Ángela, muda en su pena ―o rabia, frustración o como sea llamara a los sentimientos que la aquejaban― trataba de pensar en otras cosas, pero le lastimaba que su amiga pasara por alto lo que el joven que conoció hace un par de días atrás le hizo sentir. Nunca un hombre la había hecho sentir así con tan solo una mirada. Entonces, por qué Bella, si era consciente de eso ―y ella sabía que era así― seguía adelante con todo eso.

Llegado el momento, antes que fuese la hora de cerrar, las campanillas de la puerta repicaron y por esta apareció la figura masculina que a la propietaria de ese pequeño local la había dejado sin dormir durante los dos últimos días. Ángela levantó la vista hacia él y suspiró lentamente, mientras él la miraba fijo y anhelante, como si quisiera decirle algo. Pero antes de articular palabra, desde adentro y ya lista para salir, apareció Bella, corriendo hasta Garrett, poniendo sus manos sobre sus anchos hombros y dejando un beso en su mejilla. Ángela apartó la vista y Garrett se puso tenso. Aun así, forzó una sonrisa y saludó a Bella, preguntándole si estaba lista para salir.

― No hay problema que me vaya, ¿verdad Ángela?

―No, no, para nada ―. Respondió ella, sin levantar la vista de su trabajo.

―Bien, entonces vámonos Garrett ―. dijo, corriendo hasta detrás del mostrador, y sacando su chaqueta de y su bolso del pequeño armario empotrado en la muralla, pasando enseguida junto a Ángela, para dejar un beso en su mejilla y un "Te quiero" susurrado sutilmente, como si estuviera pidiendo perdón, que era en verdad lo que estaba haciendo.

―Hasta pronto, Ángela ―. susurró Garrett desde la entrada, antes que bella tomara su mano y lo arrastrara hacia afuera.

Ángela cerró los ojos cuando se oyó la puerta cerrar y tragó grueso, respirando pausadamente.

A veces ella no entendía sobre las extrañas cuestiones de la amistad y mucho menos entendía cómo sobrellevar esos nuevos sentimientos que dentro de ella estaban naciendo. De pronto alzó su rostro y tomó una decisión: iría al bar, se sentaría en la barra y le pediría a Edward que le preparara un buen trago para pasar el rato… o para pasar el nudo de pena que estaba ya formado en su garganta. Sí, eso haría, y entablaría una amena conversación con él, se reiría con él y se olvidaría de todo eso… y de paso, le daba un escarmiento a su "disque amiga" para que viera qué se sentía y meditara sobre la cláusula primordial e implícita en toda relación de amistad: "el chico que le gusta a tu amiga, es completamente prohibido para ti".

Así que cuarenta minutos después, se maquilló un poco, se calzó su chaquetilla café de cuero, tomó una bolsa de comida para gatos que alguien había dejado olvidada allí el día anterior, y salió de su negocio, rumbo al bar a un par de cuadras de allí. Delante de la puerta del bar, que no descansaba de clientela durante todo el día y que para la hora ya estaba medio repleto, inspiró una gran bocanada de aire, enderezó sus hombros y empujó la puerta.

Caminó directamente hacia la barra, evitando mirar hacia las mesas donde intuía estaba Bella y Garrett, mientras Bruce Springsteen cantaba ronco y sexy la melodía de "Fire". Se sentó en un taburete vacío y alzó la mano hacia Edward que estaba a un costado batiendo una mezcla en la coctelera, la que luego vertió en un vaso, espolvoreando algo como canela, poniéndola enseguida sobre la barra para el cliente. Se secó las manos y caminó hacia ella, con una amable sonrisa.

― ¡Esta si es sorpresa!

― ¡Ah, para que veas, los milagros ocurren! ―Respondió la mujer, poniendo la bolsa sobre el mesón― Y aquí hay un milagro para un gato. Alguien dejó este alimento en la tienda, no lo reclamó, así que pensé que le podía dar un mejor uso… o que León podría darle un mejor uso, la verdad.

Edward se carcajeó y tomó la bolsa entre sus manos ―León y yo te lo agradecemos. Te prepararé un trago, la casa invita.

―Gracias Edward.

Un trago a base de vodka y berry fue lo que Ángela degustó, mientras hablaba de la vida, estudios y trabajo con el barman. De tanto en tanto se les unían alguna de las chicas, Victoria o Jane, o Sam, que le preguntaba qué flores eran buenas para darle a una enamorada.

― ¿Y piensas seguir aquí mucho tiempo? ―Preguntó Ángela a Edward, cuando este puso su tercer trago frente a ella. Era una delicia esa mezcla, convirtiéndose ese en su ahora trago favorito.

―Bueno, precisamente tendré que preparar a alguien para que tome mi lugar aquí. Dentro de un par de meses tendré que quedarme tiempo completo en La Capital. Comienzo la pasantía a tiempo completo en la Clínica Universitaria.

― ¡Dios, Edward! Estás cada vez más cerca el momento de recibirte… dime qué se siente…

―Ansias es lo que siento ―. Dijo, negando con la cabeza― Tengo un montón de planes en mi cabeza… sueños que cumplir…

―Y seguro que se te cumplirá cada uno de ellos… ¡Te mandaré un hermoso y gran ramo de flores para tu graduación, Edward! A cambio por supuesto que seas mi médico de cabecera y mi barman… ¡Imagínate, un doctor que mezcla tragos a sus pacientes! ―. Exclamó Ángela, ya un poco dominada por el vodka y el Berry.

―Eso no es muy ético, pero se puede compatibilizar bien ―. se carcajeó Edward.

Ángela deseó levantarse del taburete para ir hasta el excusado, pero cuando tuvo los pies sobre el suelo, el bar comenzó a dar vueltas. Se sujetó a la barra, riendo como una colegiala, mientras Edward se apresuraba a salir de atrás para ayudarla.

― ¡Guau! ―Exclamó la florista, apoyándose de los brazos de Edward que la sujetaban por la cintura.

―Mucho vodka para alguien que no está acostumbrada. Es mejor que te despidas y te vayas a casa…

― ¡No sin antes bailar una canción conmigo!

― ¿Cómo…? ―Preguntó Edward confundido y divertido a la vez.

― ¡Baila con la dama, Edward! ―Vitoreaba un hombre sentado a la barra, mientras el resto aplaudía.

Ángela se giró y colocó sus manos alrededor del cuello de Edward, cerró sus ojos, echó la cabeza hacia atrás y comenzó a balancearse lentamente de un lado a otro, guiada por la música suave de "Take my breathe away", tema ochentero soundtrack de una de las películas favoritas de Sam, "Top Gun"; por lo que no era raro que sonara en el lugar.

Edward solamente la sujetó, torciendo la boca en una sonrisa, mientras Ángela se olvidaba de dónde estaba, y con quién, imaginando otros brazos y otro lugar, con la misma música. Cuando el tema iba llegando a su final, los comensales ―damas y caballeros― sentados a la barra y algunos de quienes rodeaban el lugar en las mesas, aplaudieron. Ángela esbozó una sonrisa antes de abrir los ojos y vio a Edward sonriéndole también. Pero de momento a otro su rostro se contrario y apostaría que se puso de un extraño color, por la manera en que Edward la miró. Entonces Ángela le susurró:

―Tengo ganas de vomitar…

El gentil barman la llevó en vilo hasta el baño privado a la velocidad de la luz, abrió la tapa del inodoro y sujetó la negra melena de su amiga Ángela, quien vació su estómago.

― ¡Dios, qué vergüenza… qué vergüenza… me siento tan mal…! ―Dijo ella, cuando bajó la tapa y tiró de la cadena.

― ¿Estás mejor?

―No lo sé… ¡Tú y tus demoniacos tragos, Edward! ―Protestó ella, aun un poco ebria, dándole un golpe en el brazo, cuando estuvo sentada sobre la tapa del WC. Él sonrió y negó con la cabeza.

―Bueno, mujer, a casa ahora. Yo mismo te llevaré, ¿sí?

―Gracias, Edward… y espero no haberte avergonzado ―. dijo ella, tomando su frente.

― ¡Ey! Bailé con una linda chica, ¿por qué tendría eso que darme vergüenza? ―Indicó, guiñándole un ojo. La ayudó a levantarse y de la cintura la sacó del baño, dejó que ella enjuagara su boca.

Afuera, Bella y Garrett hablaban con Sam, ella muy preocupada y molesta por su postura corporal de brazos cruzados y frente arrugada, que empeoró cuando la vio salir del baño.

― ¡Diablos, Ángela, de qué se trata todo este show! ―Protestó Bella, increpándola con sus manos sobre sus caderas, mirando a Edward luego con reproche.

― ¡¿Qué show, Bella?! Simplemente vine a tomarme un trago con mi amigo Edward, con quien bailé, y quien ahora me irá a dejar a casa y se tomará un té conmigo, ¿verdad que harás eso? ―Preguntó ella, alzando su rostro hasta Edward y una sonrisa melosa.

Sam interrumpió la charla ―Te quedarás con ella hasta que sepas que esté bien, Edward.

―Claro, claro…

―Yo la puedo llevar ―. Se ofreció Garrett, acercándose a ella, con la intención de tomar el puesto de Edward, pero Ángela se agarró más fuerte a su amigo y negó con la cabeza.

―Quiero que Edward me vaya a dejar… no interrumpan su cita por mi culpa, chicos ―. dijo ella dejando entrever su disgusto, para finalmente comenzar a caminar acompañada siempre de Edward, quien la llevó en el coche de Sam hasta su casa.

La cocina de tonos verde agua del pequeño apartamento de Ángela estaba iluminado sobre la mesa de cuatro puestos donde la dueña de casa y su invitado tomaban una humeante taza de té. Ángela estaba sujetando su cabeza con una mano que estaba apoyada con fuerza por el codo, mientras que con la otra llevaba la taza hasta su boca, mientras luchaba con la embriaguez y el sueño.

― ¿Estás molesta con Bella por algo? Las noté extrañas… ―. Preguntó Edward, con curiosidad, terminando de beber su infusión. Ángela bufó graciosamente y miró a Edward con ojos medio abiertos.

―Yo a veces, no la entiendo… la quiero, ¿sabes? Hemos sido amigas desde siempre… pero para ella lograr su objetivo es más importante que los sentimientos de su amiga… o sea yo…

―Presumo que hablas del hombre que la acompañaba hoy.

― ¡¿Es lindo, verdad?!

―Pues si tú lo dices…

―..Si ella tan sólo viera que hay otras soluciones para su problema… que el matrimonio no es la única solución…

Ante lo que Ángela acababa de decir sin querer, la curiosidad de Edward se disparó. La joven florista amiga suya estaba algo pasada de copas y podría estar hablando de más, pero ¿no decían que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad? Así que, en un afán curioso, preguntó:

― ¿Qué problema de Bella es del que hablas, Ángela?

Ella sonrió y levantó su dedo índice incriminador hacia Edward y con voz pícara le exclamó ― ¡Ah! ¡Eres un curiosillo, Edward! Y no estoy tan ebria como para soltarte el secreto…

―Busca casarse para remediar su problema, fue lo que dijiste ―. insistió Edward.

―Olvida lo que dije… las palabras salen de boca sin sentido ―. Suspiró y sacudió su cabeza, finiquitando sutilmente la cita― Es mejor que me acueste, antes de seguir hablando tonteras….

―Vale ―. asintió él, levantándose de la mesa y ayudando enseguida a Ángela, que lo acompañó hasta la puerta y antes de retirarse, le preguntó si estaba bien, lo que ella le confirmó para que se fuera tranquilo.

Cuando cerró la puerta tras despedir a su amigo y agradecerle, recostó su espalda sobre esta y suspiró pesado recordando el tremendo ridículo que había hecho frente a Garrett, lamentándose profundamente.

"Soy una tonta… soy una tonta" se repitió, mientras caminaba hacia su cuarto, arrastrando sus pies, para dejarse caer sobre su cama y dormirse al cabo de unos minutos, sin siquiera quitarse la ropa.

Al regresar Edward al bar, encontró a Bella y su acompañante en la barra hablando con Sam. Cuando esta lo vio rodearla y ubicarse en su lugar de trabajo, se acercó hasta él.

― ¿Por qué la fuiste a dejar a su casa? Nosotros podríamos haber ido…

―Ella no quería arruinar tu cita, Bella, ¿lo olvidas?

― ¿Quedó bien? ―Preguntó con genuina preocupación el acompañante. Edward lo miró, asintiendo en confirmación a su respuesta:

―Bien… un poco habladora, pero bien…

― ¡¿Habladora?! ―Intervino Bella― ¡¿De qué hablaron?!

―Cosas ―. Admitió él, despreocupado, alzándose de hombros― ¿Por qué, piensas que me contó algunos de tus secretitos, Bella? ―. Agregó estrechando su mirada hacia ella, quien lo miró, abriendo ampliamente sus ojos. Edward se hizo hacia atrás y soltó una carcajada, provocando el enojo de Bella, agarrando el brazo de Garrett a quien sacó del local como alma que lleva el diablo.

Sam recargó su cuerpo sobre la barra, mirando a Edward ― ¿Me puedes explicar qué es lo que acaba de pasar?

Edward miró de reojo a su amigo, mientras tomaba un vaso largo y vertía un poco soda para bebérsela de un tirón. Enseguida respondió, alzando sus hombros ―Podría, Sam, pero ni yo mismo lo entiendo.

Allí se quedó Edward hasta la hora de cierre, mezclando bebidas, mientras por alguna razón le daba vueltas en la cabeza lo que Ángela le dijo sin querer y los cabos que en su cabeza estaba comenzando a atar.