Capitulo IV
Esta noche la pesadilla es diferente, nadie me persigue, nadie quiere hacerme daño. Estoy sola en el Centro de Entrenamiento, practicando con el arco y la flecha, solo que cuando me acerco a sacar las flechas del muñeco, éste no es tal, sino que es Peeta. Yo intento alcanzarlo para ayudarlo por lo que yo le hice, pero no llego a él, y corro cada vez más pero solo parece que me alejo.
Me despierto cansada y sudorosa, pero el cuerpo caliente de Peeta debajo de mí me recuerda que en este momento está conmigo, que esta bien (dentro de lo que puede estar, dado todo lo que vivió, todo lo que vivimos).
- ¿Una pesadilla? – dice él.
- Si – por supuesto que lo sabe, siempre lo nota -, pero esta fue diferente.
- ¿Quieres hablarlo? – él espera un no como respuesta, como casi siempre, sin embargo esta vez le cuento de lo que se trataba.
- Solía tener ese tipo de pesadillas contigo – dice, una vez que finalizo mi relato.
- ¿Ya no las tienes? –temo que la respuesta sea no, así que escondo mi cara en el hueco de su cuello.
- ¿Por qué llorabas? – pregunta, sin contestarme.
Yo muevo mi mano por su pecho, recorriendo una cicatriz que lo atraviesa desde el hombro derecho hasta las costillas izquierdas.
- ¿Cómo ocurrió esta? – digo, sin querer contestarle tampoco.
- En el Capitolio, antes de que me pusieran el veneno de rastrevíspulas – dice.
Me inclino y beso la cicatriz, lo siento tensarse.
- Lo siento – digo.
- No fue tu culpa – me inclino para besar una que tiene en el brazo y dice – No es necesario que hagas eso, no fue tu culpa – repite.
¿Hay enfado en su voz?
- No lo hago por que haya sido o no mi culpa, lo hago porque quiero – digo y paso mis labios por todo el largo.
El simplemente suspira. Recorro con mis dedos y mis labios cada cicatriz que encuentro. Al tiempo, ya pasé por todas las del pecho y sigo por el cuello, allí hay un par, más las de las quemaduras. Peeta tiene los ojos cerrados, pero su mano sigue acariciando mi espalda, lo que tomo como buena señal.
Ahora estoy casi encima de él, y estoy recorriendo su cara con mis labios, paso por su frente, sus mejillas, me detengo un momento en sus ojos y les dedico especial atención, evito intencionadamente sus labios; él solo suspira.
Dejó sus ojos y vuelvo al pecho, quiero que reaccione, que me mire, que me diga algo. Ahora recorro con la lengua cada cicatriz, tomo una que llega casi hasta su ombligo, y bajo un poco más, justo sobre la cintura del pantalón. Es entonces que noto que Peeta no es inmune a lo que le estoy haciendo, solo que su reacción se produjo en esa parte media de su cuerpo. Quiero seguir, motivada por la curiosidad y por un sentimiento de expectación y ansias. Pero aun no me atrevo, no sin un consentimiento más explícito.
- ¿Katniss que haces? – dice con voz áspera.
- Nada –digo - ¿Quieres que me detenga?
Él no contesta, así que lo tomo como un permiso. Su mano cada vez baja más.
Es entonces que descubro dos cosas, una que ese sentimiento de ansias se convirtió en una clara excitación, siento un calor húmedo entre las piernas que parece subir por mi estómago; y otra cosa es que deseo que sea Peeta el que me toque y sacie ese deseo. Tomo su mano (la que está libre) y la llevo a mi pecho.
Él abre los ojos y los fija en mí, no puedo más que esconder mi cara en su cuello y apretar aún más mi mano sobre la suya.
¿Dónde quedó la Katniss de hace unas horas? ¿Qué lloraba desconsoladamente? Decidió que no va a llorar y que va a luchar por lo que quiere, sé que aun puedo hacer algo por Peeta, demostrarle que si aún puede sentir algo por mí, yo le entregaría lo que queda de mí.
¿De dónde salió este sentimiento de completa entrega? ¿Será que yo…? No quiero pensar en eso ahora, no es momento de analizar esto, solo sé que necesito a Peeta como al aire, que tenerlo cerca hace que mi corazón se acelere, y que por él resignaría lo que queda de mi maltrecha vida y me enfrentaría a todo y a todos, porque él es el único que siempre ha estado ahí para mí, y si alguna vez me falta, entonces no me quedará realmente nada.
Analizando estos sentimientos me encuentro cuando siento que Peeta aprieta la mano por sí solo, una descarga recorre mi cuerpo. Me aprieto contra él, buscando aumentar el contacto, subo una pierna, que queda justo sobre su miembro, lo siento duro y grande. Él lleva la mano que esta en mi pecho a la pierna y la acaricia a lo largo, mientras que la mano que estaba en mi espalda va en remplazo de la otra. Una hoguera se enciende en mí y empiezo a besar su cuello, y muevo mi mano por su pecho, cada vez más abajo.
Pero lo que más deseo son sus labios. Y él parece decidido a hacer que se los pida. Pero no voy a hacerlo, yo ya me ofrecí para él de todas las maneras que pude. Su mano se mete por debajo de mi camiseta y toca directamente mis pechos, que reaccionan poniéndose duros y suelto un gritito ahogado; lentamente se coloca sobre mí, la única parte que queda libre es mi pierna izquierda, que flexiono, todo lo demás esta bajo su peso.
Me esta mirando a la cara, puedo sentirlo. La mano que estaba en mi pierna comienza a acariciar la cara interna de mis muslos, con movimientos provocativos. Yo recorro sus hombros con mis manos, sin poder mirarlo.
Siento como su mano sube cada vez más y vuelve a bajar, sin querer tocar el centro palpitante de mi ser, esperando a que lo mire. No me atrevo a verlo a los ojos, temo que lo único que encuentre allí sea deseo, temo que para él no sea nada más que un simple encuentro.
Su otra mano sigue acariciando mi pecho, girando en torno a mi pezón derecho, cuando finalemente lo toma, no puedo más y alzo la mirada hacia él. Sus ojos se han oscurecido por el deseo, pero hay algo más, una calidez que escapa del mero deseo, mostrando algo más profundo. Entonces la mano que acaricia mi muslo se mete debajo de mis bragas y el fuego se reparte por todo mi cuerpo.
Mis ojos están prendidos de los suyos, no puedo mirar a otro lado. Su mano sigue su camino y su palma abarca todo mi ser, sin notarlo empiezo a empujar contra su mano. Sonríe. Yo sonrío; y llevo mi mano a su miembro también, cosa que lo toma por sorpresa, pero se recupera pronto y me deja hacer.
Es enorme, por supuesto. Totalmente acorde a su cuerpo. Está caliente y duro, demasiado duro. Muevo mi mano a lo largo y noto en sus ojos que le gusta. Incrementa el ritmo de las caricias allí abajo y me estremezco contra él. Peeta sube completamente sobre mí, entre mis piernas, nuestros pechos rozándose y nuestras manos frotando al otro. Mi otra mano está en su hombro, y su otra mano pasó ahora a hacer de soporte de su cuerpo a mi lado, para no aplastarme. Sus labios están a unos centímetros de los míos, nuestras respiraciones se mezclan.
Saca su mano de mi entrepierna, y antes de que pueda quejarme, presiona contra mi cuerpo. Saco mi mano también, y empiezo a frotarme contra su miembro, él empuja.
Entonces nuestros labios se encuentran, no sé cual de los dos dio el último paso, pero no importa, siento que mi cuerpo explota, mi sangre hierve, mi corazón se dispara y el fuego se mueve por todo mi cuerpo a través de mis venas; rodeo su cadera con mis piernas buscando un contacto mas intimo a la vez que abro mi boca para dejarle entrar.
Su mano baja y arranca mis bragas, grito por la excitación, ya no somos personas, somos animales. Bajo los pantalones del pijama junto con su bóxer, y él se lo termina de quitar con un movimiento rápido de piernas. Por fin nuestros cuerpos se tocan.
- Peeta…
Es todo lo que puedo decir entre beso y beso, el solo gruñe entre mis labios como respuesta. No puedo dejar de besarlo, nuestras lenguas compiten por la dominación y nuestros cuerpos se pegan queriendo ser solo uno. No me importa el aire, no puedo dejar de besar a Peeta; lo necesito desde que sentí por primera vez esta ansia desde aquel beso en la cueva en los primeros juegos, y que se acrecentó esa vez en la playa; pero definitivamente en este momento llegó a cotas impensadas.
Entonces lo siento acomodarse en mi entrada, se aparta un poco, y suelta mis labios. Me mira a los ojos, preguntando, yo lo miro, confirmando.
Entra en mi de una sola vez, firme pero lentamente, la preparación de mi cuerpo se lo facilita, pero cuando llega a la barrera de mi virginidad un grito de dolor escapa de mis labios y muerdo su hombro. Él hace que lo mire, y deja que me acostumbre; por un momento siento que voy a romperme, y mis ojos se llenan de lágrimas, pero él reclama mis labios y comienza a moverse muy lentamente; el dolor poco a poco va haciéndole espacio al placer, y sus labios hacen que olvide todo lo demás. Lentamente, a la vez que el dolor desaparece, el beso gana intensidad, a la vez que sus embestidas aumentan el ritmo y la intensidad. Es un beso desesperado, acompasado por sus movimientos fuertes y profundos, me dejo guiar por este ritmo y empiezo a moverme contra él, sin dejar de besarlo, gimo contra sus labios y araño su espalda. Él tiene una mano en mi pecho y con la otra empuja mi cadera.
Siento subir un cosquilleo por todo mi cuerpo, hasta concentrarse e intensificarse donde nuestros cuerpos se unen haciéndose cada vez más alto, sus labios sueltan los míos solo un segundo entes de finalmente llegar al orgasmo, siento como él también se vierte dentro de mí, lo que aumenta mi placer. Su peso cae sobre mí. Yo acaricio su espalda y su cabello, ya sin fuerzas.
Peeta nos gira y me deja arriba. Me cubre totalmente con la manta y deposita un suave beso en mi frente.
Ambos suspiramos y caemos en el sueño más profundo y tranquilo que hayamos tenido en mucho tiempo.
Bueno gente, como les prometí: el capítulo domingo por la noche (obviemos, que sea casi lunes). :)
Espero que les haya gustado y haber cumplido con sus expectativas.
En cuanto a la historia, solo quiero decir dos cosas:
1- Que aun faltan unos cuantos capítulos (llenos de altibajos de la pareja) hasta que finalice.
2- Que las escenas con contenido sexual no terminan aquí (por supuesto, me encantaría saber que pensaron de ésta).
Y finalmente solo resta avisarles que esta semana empieza (y se extiende hasta la próxima inclusive) el turno de exámenes, así que no puedo prometer que para el domingo pueda traerles un nuevo capítulo porque no llevo la historia adelantada (apenas termino un capítulo lo subo), pero sí puedo asegurarles que voy a buscarme tiempo para escribir e intentarlo.
Como siempre, sepan que me interesa mucho su opinión. Muchísimas gracias por los comentarios, los valoro mucho y me motivan a seguir, podría decirse que es la mejor parte de todo.
¡Gracias por leer!
Un abrazo.
