¿Responder reviews o actualizar? Actualizar. SIP. Sabéis que leo todos los bonitos reviews que me dejáis y los amo mucho. Gracias por tomaros el tiempo de leer y dejar reviews y poner en fav y follow todo mE HACÉIS MUY FELIZ GRACIAS.
Conteo: 5 #TeamOmegaHarry, y 4 #TeamAlphaVoldemort en total. Muchas gracias a Cristine Malfoy, Tsuruga Lia1412, gissel-chan, onlysecret25, maryana, y mafermfml por los reviews y el apoyo. Ah, claro. Este capi va con dedicatoria a la preciosura de Kyuubi, a quien le prometí actualización hoy y gracias a ella tenemos este capítulo por aquí :3
BESOS, ABRAZOS, OJALÁ OS GUSTE MUCHITO.
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Welcome to the final show
(Bienvenido al espectáculo final)
La semana transcurrió de forma vertiginosa. Voldemort, acostumbrado a que todos hagan todo por él y no hacer nada por nadie, la consideró un suplicio.
Voldemort asistió junto a Potter a ensayos de la ceremonia. Muchos ensayos de la ceremonia. Si el chico Potter tenía los deseos de sorprenderlo de alguna forma, aquello le fue impedido al ser obligado a participar en los ensayos para que todo se desarrolle perfecto. Dos sacerdotisas, un viejo brujo de aspecto extravagante y una mujer que parecía un enorme insecto cargado de pecas revolotearon en torno a ellos durante tres días. Tres días para que Potter aprendiera a recitar un par de líneas. Voldemort tenía más cosas que decir y una compostura que mantener, y lo había aprendido en dos horas, practicándolo todo cada vez que Potter debía recuperar el pie de la palabra.
Durante la semana previa a la boda, solamente se vieron en las comidas y en los ensayos. Obviamente, Voldemort sabía que Potter seguía vivo, en algún lado, dándole por el coñazo a alguien con su presencia. Podía imaginárselo a la perfección, pero no podía imaginarse por qué Potter no lo fastidiaba a él. Él era su prisionero. ¿Por qué fastidiar a otras personas?
Dos días antes de la boda, un grupo de modistos apareció en su prisión. Voldemort seguía sin poder abrir la puerta, que era abierta por Potter, por Lovegood o en todo caso por la maldita sangresucia. La chica, como una beta, parecía creerse superior que todas las tradiciones Alfa / Omega, y como una sangresucia, parecía creer que lo que los magos necesitaban era modernizarse y dejar las antiguas tradiciones machistas atrás. Voldemort la hubiera golpeado si Potter no hubiera aparecido, observándole con una mirada altamente homicida.
Los modistos tomaron sus medidas y le enseñaron diferentes tipos de tela. Telas que, claramente, habían sido aprobadas por Potter, por los amigos de Potter, y quizá por el mismísimo Dumbledore, apostaba Voldemort. Escogió verde y negro, y las túnicas fueron confeccionadas en su presencia. Voldemort las probó sobre su cuerpo, sintiendo el peso conocido de la elegancia y la dignidad, algo que ya casi no podía permitirse. Su elegancia residía en ropas prestadas, y su dignidad había sido arrebatada. Obligado a casarse, ¡obligado por un Omega! Patético.
Una última práctica después, Voldemort estuvo listo para la ceremonia.
La casa hervía de actividad. No sólo estaban trabajando los elfos domésticos: parecía que la mitad de la población estudiantil de Hogwarts había decidido ayudar. Adolescentes de todas las edades corrían de un lado hacia el otro, moviendo sus varitas con libertad, creando magia que de otro modo hubiera estado prohibida fuera del colegio. Cuando los adolescentes le miraban y sonreían como si él no fuera un asesino en masas, Voldemort pensaba que matar a alguien con un arreglo floral era una forma muy creativa de comenzar el día e imponer algo de respeto.
Finalmente, los alumnos de Hogwarts fueron abandonando sus trabajos de decoración. Todo estaba tan impecable que parecía que algún experto hubiera sido contratado para ello. Voldemort observaba a algunos invitados tomar sus respectivos asientos en las butacas de madera rodeadas de enredaderas cuando una mano se posó sobre su hombro.
Al voltearse, el Alfa que le estaba tocando le dirigió una sonrisa burlona.
—Hola.
Entonces, un puñetazo muggle cargado de fuerza le golpeó, proyectándole hacia la pared. Voldemort le observó alarmado, pero se encontró incapaz de hacer nada que implicara lastimarlo, y no porque no estuviera verdaderamente deseando matarlo con un arreglo floral. En realidad, todo su cuerpo parecía rechazar la idea de herirlo, y podía sentir que la culpa de ello estaba en sus muñecas.
Las malditas esposas le prohibían herir al mago de ojos grises y cabellos negros, largos.
—Eso es por Azkabán —expresó, con una sonrisa ancha y ligeramente insana. Luego le tironeó de la túnica, atrayéndolo a sí a un sorpresivo abrazo que consiguió que Voldemort se congelara—. Y esto es por estar a punto de adentrarte a la familia. Las reglas son simples: nada de follar sobre superficies donde luego comerán invitados, nada de gastar más de cien galeones por mes si no los repondrás con un salario de más de doscientos, nada de malvados planes para conquistar el mundo si la familia no está enterada de tu breve ausencia en alguna prisión mágica, y por supuesto, nada de andar matando muggles indiscriminadamente por ahí. Si matarás muggles, intenta de que sean de esos repugnantes que no merecen la pena. ¡Que hay tíos muy guapos, joder! Así que, ya sabes. Sirius Black a tu servicio. Bueno, no a ese servicio. Ya sabes. Familia.
El sujeto rió de forma estrafalaria, como si acabara de hacer la mejor broma de todo el universo. Voldemort sentía que su labio latía donde le había golpeado. La necesidad de devolver el golpe era demasiado fuerte, pero de forma lamentable seguía sin ser capaz de hacerlo. Quizá, más adelante.
Black se despidió de forma alegre. Voldemort notó que llevaba un traje muggle, con pantalones de vestir negros y camisa blanca que sobresalía de los pantalones. Sobre la camisa blanca llevaba un chaleco gris, y la pajarita del cuello estaba sin anudar. Mientras caminaba usando botas de cuero de dragón rojo, Voldemort se dijo a sí mismo y sin equivocarse que todas las personas con las que Harry Potter se relacionaba (y el mismo Harry Potter) parecían haber perdido la cabeza hacia mucho tiempo.
La sacerdotisa que se encargaría del ritual de unión se acercó. Ella lucía elegante, con su apariencia de edad mayor indeterminada y los cabellos negros sujetos en lo alto de la cabeza, derramándose en tirabuzones oscuros por sus hombros. Lo guió hasta en frente de todo, donde debería esperar por su futuro esposo.
Voldemort repasó las palabras del ritual mentalmente. Sentía las miradas de muchos posadas en él, y deseó poder matar con los ojos, pero lamentablemente aún no alcanzaba ese tipo de poderes, y si los hubiera alcanzado seguramente que las puñeteras Ataduras de Magia se lo hubieran bloqueado.
La música de instrumentos de cuerda y viento fluía. Cuando la primera estrella apareció en el cielo crepuscular, la melodía cambió, dejando aparecer a Harry Potter.
Sirius Black le llevaba del brazo, aún con la ropa desarreglada y las botas de cuero de dragón resonando sobre el alfombrado dorado y cubierto de pétalos blancos de diversas flores.
Harry Potter no tenía un ramo de flores entre las manos, pero todas las flores que debería tener entre los dedos parecían haber ido a su cabeza en un tocado excepcional. No desencajaba en lo absoluto, y parecía una unificación preciosa con los cabellos salvajes, como si por fin la vida se hubiera revelado entre ellos haciéndolos florecer. Ningún tipo de maquillaje había sido aplicado a su rostro, pero la ancha sonrisa de adoración que tenía dibujada parecía ser suficiente para sombrear su expresión y colorear sus mejillas.
Tampoco llevaba túnicas largas y ejemplares, como vestidos. La túnica blanca era casi traslúcida, como miles de hilos de seda unidos, y caía por sus hombros después de envolver ligeramente sus brazos. Debajo de ella, una camisa blanca cubría su pecho siendo unida por lazos dorados, y los pantalones dos tonos más oscuros que la camisa envolvían sus piernas como una segunda piel, exponiendo los zapatos de vestir lustrados.
Voldemort extendió la mano al verle llegar. Black desentrelazó su brazo con el de Potter, tomando la mano derecha del chico y entregándosela a su futuro esposo. Con una mirada de cariño a su ahijado, Sirius Black se marchó, y Voldemort sostuvo las manos de Harry en las suyas mientras subía los escalones para estar a su mismo nivel.
—La luna es nuestra amiga, amante y compañera, desde que observamos el cielo por primera vez hasta que somos uno con el cielo —narró la sacerdotisa—. Hoy, honramos a la luna, mientras pedimos por su bendición en esta nueva unión.
Los palabreríos místicos aburrían a Voldemort y, por lo visto, también a Harry. Debían mirar con respeto sus manos entrelazadas, y todos los invitados debían entrelazar las manos con sus familias, parejas o compañeros de fila y cerrar sus ojos atrayendo a su mente los buenos recuerdos de una familia feliz y una pareja próspera, de esta forma apoyando el lazo a ser creado. Pero Voldemort alzó la mirada varias veces. Una de ellas se encontró con la de Potter.
Notó en primer lugar que el chico no llevaba gafas. Sus ojos se veían sorprendentes sin ellas. Pero él no parecía reprocharle; en realidad, giró los ojos hacia un lado, haciéndole girar los propios para que viera cómo todas las personas allí cerraban sus ojos, algunos concentrándose tanto que sus rostros estaban enrojecidos. Volvió sus ojos a los de Potter, que le guiñó uno, divertido, antes de regresar la vista a sus manos entrelazadas. Voldemort hizo lo mismo justo a tiempo para que aquella parte del ritual acabara y comenzara aquella que, estaba seguro, Potter arruinaría.
—La luna ofrece sus servicios para bendecir esta unión —expresó la sacerdotisa—. ¿Qué le ofrecerás a la luna?
Voldemort estaba preparado para susurrarle las palabras, cuando Potter abrió la boca y respondió sin dudarlo:
—Le ofrezco mi fe, mis oraciones y mi fidelidad. Cada vez que alce la vista la buscaré en el cielo, y cada vez que la baje la buscaré en los charcos. Dejaré que su brillo plateado descienda en mi ventana, y no cerraré las cortinas hasta que esté muy alta en el cielo.
La sacerdotisa pareció satisfecha. Luego, sus ojos se dirigieron hacia Voldemort, repitiendo su primera pregunta. Las palabras de Voldemort brotaron encantadoramente fluidas.
—Le ofrezco mi lealtad, mi seguridad y mi protección. Cada vez que sea cubierta por las nubes, mis plegarias honrarán su brillo hasta que éste retorne a su sitio. Cada vez que desaparezca en su ciclo, encenderé velas para facilitar el retorno de su bendición mágica a nuestro hogar.
Potter soltó una ligera exhalación. Ahora, parecía venir la parte más difícil.
—¿Qué le ofrecerás a tu esposo, a tu Alfa?
—Le ofrezco mi fertilidad —enumeró— para crear su descendencia y su honor. Le ofrezco mi vitalidad para alegrar cada una de sus tristezas. Le ofrezco mi palabra para distraerle y divertirle. Le ofrezco mi lealtad y la promesa de no dejar que más que sus manos acaricien mi cuerpo. Le ofrezco mi vida, la cual será unificada con la suya, y no seremos más que uno en el infinito.
Ahora la exhalación la soltó Voldemort. El maldito chico lo había dicho todo perfectamente.
—¿Qué le ofrecerás a tu esposo, a tu Omega?
—Le ofrezco mi atención —su voz brotó con suavidad— para cubrir cada una de sus necesidades. Le ofrezco mi apoyo para estar ahí donde más lo necesite. Le ofrezco mi pasado, como manera de compensar; le ofrezco mi presente, de manera protectora, y le ofrezco mi futuro para cuidarlo y protegerlo. Le ofrezco mi fidelidad y el juramento de no acariciar jamás el cuerpo de ninguna otra persona. Le ofrezco mi vida, la cual será unificada con la suya, y no seremos más que uno en el infinito.
La sacerdotisa estaba gozosa cuando, con unas palabras de unión y oración, entrelazó las manos de los prometidos con hilos dorados que brotaron de su varita. Entre ellas colocó un cáliz de oro, tallado con maravillosas inscripciones, y sirvió la mitad de vino. El Omega le dio de beber a su Alfa, y luego, fue el Alfa quien le dio de beber a su Omega. Pequeños sorbos otorgándose hasta acabar la copa, cada uno habiendo bebido la misma cantidad de sorbos, para que la copa ardiera en sus manos deslizándose de forma mágica, entrelazándose a los dedos anulares de la mano izquierda de cada uno.
Quemó mientras la magia se unía a sus pieles. Pero cuando se hubo unido, todos los invitados estallaron en aplausos. Los anillos de oro tallado brillaban en sus dedos, y Voldemort movió sus manos, deshaciendo los hilos mágicos, para sostener el rostro de Potter entre sus dedos y unir sus labios en un suave roce.
No supo por qué lo hizo. Solamente supo que debía hacerlo.
Y Potter no se resistió bajo sus labios, como si llevara mucho tiempo deseando aquello.
TENDREMOS NOCHE DE BODAS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO así que ni se os ocurra amenazar con matarme, ¿vale? SÉ que no escribo lemons explícitos en long-fics, y que usualmente son escenas eróticas cargadas de metáforas y tal (me extraña araña que siendo mosca no me conozcas), pero creedme, este fic será diferente.
Así que, sabéis: os gusta, comentad; no os gusta, comentad y decidme por qué no; y claro, necesito seguir con el conteo: ¿#TeamOmegaHarry o #TeamAlphaVoldemort?
Nos vemos en el próximo round!
xxx G.
