Nadie lo a notado pero tuve un error con respecto a las fechas. A partir de Enero el año es 1945...pero como somos muy perezosos ninguno lo notó ¿ah?. Bueno, prosigamos con el fic. Como dije en mi facebook REALMENTE ME ENCANTA escribir este fanfic. ME satisface mucho y espero que a ustedes también. Disfrútenlo.
11 de Junio de 1945
Aquel día, por primera vez, le vio llorar en un silencio abismal. Tsukishima sintió algo que nunca había sentido puesto que estar junto con Hinata, en esa especie de amistad inesperada e indescriptible, se había vuelto por si misma una serie de eventos y descubrimientos, de momentos y sentimientos nunca experimentados. Precisamente fue el verlo llorar que hizo florecer uno o varios de estos sentimientos, hubo empatía, hubo incertidumbre y bastante frustración al no saber qué hacer. El rubio estiró los brazos hacia él más dudó un par de veces recogiendo los mismos y volviéndolos a estirar. Cuando al fin fue más valiente y menos consiente puso sus brazos en los hombros del pelinaranja y lo apegó a su pecho en un abrazo que daba un vuelco a su corazón y a su vez una tristeza infinita.
Fue más emotivo aun cuando Hinata lo rodeó con sus brazos sollozando sobre su camisa y negando suavemente. Quiso decir que todo estaría bien pero no lo estaría, no aun al menos. Tsukishima no conocía ese dolor de perder a alguien querido, había perdido a sus padres más aun siendo ellos no había esa clase de conexión y amor que Hinata expresaba por cada persona de ese pueblo así que si decía "Entiendo cómo te sientes" estaría mintiendo. Solo se quedó ahí, abrazándolo en el umbral de aquella enorme mansión.
Ese día desastroso y lamentable empezó así. Tsukishima había llegado, como era costumbre o necesidad al vivero donde Hinata atendía más ese día pasó algo diferente. El lugar no había abierto, no había clientes, no estaba la sonrisa adorable del pelinaranja. Tsukishima alzó una ceja y sin pedir consentimiento entró al invernadero rebuscando con la mirada a Hinata. No tardó mucho en notar el ruido de unas cosas al fondo del lugar y como unos pasos se aproximaban a él tomándole por sorpresa.
—Tsukishima-kun….—dijo el pelinaranja con preocupación en su mirada, apretando los labios, torciendo las cejas. —Hoy no puedo quedarme a charlar, yo….
—¿Pasa algo?— Hinata detuvo su andar más no sus nervios y bajando un poco la mirada Tsukishima notó que en su mano el joven traía un bolsa donde solía guardar hierbas.
—Necesito ir a un lugar… ¿Podrías llevarme? —el rubio entendió que aquello era una emergencia, un enfermo tal vez, solo eso podía poner así al chico.
No quedó más que aceptar a pesar de que nunca había montado a su caballo con alguien más. Ayudó al pelinaranja a subir quien, a pesar de su nerviosismo por montar un animal así, disipó su miedo ante lo que ocurría. Tsukishima se subió delante de él y le solicitó algo.
—Dime a donde vamos…—Hinata tomó aire y bajó la cabeza.
—A la casa del alcalde…—Tsukishima abrió los ojos un poco presintiendo que pasaba, fijó sus orbes dorados por un segundo en el porte angustioso de Hinata y miró hacia el camino.
—Sujétate bien….—dicho esto emprendió la marcha a todo galope por las calles de Karasuno hasta tomar un atajo veloz en donde podían, aparte de todo, pasar desapercibidos perdiéndose después en un camino empedrado que daba hacia una colina retorcida a una distancia considerable del resto del pueblo. Algo solitario, verde en sus alrededores y con la mira del cielo que se extendía encima de él tan azul y hermoso.
Llegaron al lugar, un vigilante les observó y tras atinar de quienes se trataban, algo extrañado, les permitió pasar. Tsukishima bajó del caballo y ayudó al pelinaranja a hacerlo y este apenas agradeciendo corrió hacia la enorme puerta de la casa. Su andar se detuvo con la mano de otro vigilante.
—No pueden entrar ¿Qué haces aquí, Hinata? —preguntó el vigilante frunciendo un poco el ceño.
—Por favor, déjame entrar….tengo algo para él —el vigilante negó invitándoles a retirarse.
—Es un momento delicado y privado para la familia, por favor…deja de intentar…nada se puede hacer…—comentó con preocupación haciendo que el chico, nuevamente, bajase la mirada. Cuando iba a desistir, o buscar un plan para colarse, la voz de alguien llamó la atención de los tres.
—Déjale pasar…después de todo Hinata es como parte de la familia—susurró el peliplatino cuyas ojeras y porte indicaban cansancio y depresión aunque buscaba con esmero una sonrisa para sus ahora invitados. Hinata no esperó a que el guardia dijera algo, entró a trote hasta Suga y entregó la bolsa con las especias.
—Algo podremos hacer, él estará bien…—Suga miró la bolsita de cuero entre sus manos, percibió ese olor a hierbas y sonrió ladino, enternecido y asintió con confianza.
—¿Quieres ir a verle? —dijo ladeando un poco la cabeza y alzó la vista hacia Tsukishima —¿Qué le parece, Doctor? ¿Gustaría hacer un chequeo a mi padre?
Tras esas palabras entraron al cuarto enorme con paredes de mármol y decoraciones en plata. La familia del peliplatino era adinerada, su padre era el alcalde más a diferencia de los avaros y maliciosos él obtenía su dinero de forma justa, le gustaba ser noble con todos, amaba a Karasuno tanto que a voces se rumoraba que tras su muerte toda su fortuna enriquecería al pueblo. A pesar de eso, tanto amaba Karasuno al viejo alcalde, que deseaban con todo ese dinero darle más vida y que él les entregase más de sus sonrisas.
Bastó una mirada por parte de Tsukishima para ver que ya no había esperanza. Quedaba tan poco de su vida, El anciano yacía en la cama rodeado de sus sirvientes quienes le cambiaban las sabanas, humedecían la frente y estaban al tanto de sus necesidades. Tsukishima alzó la vista y notó en la cabecera de su cama una foto donde estaba la feliz familia. Una madre, muy similar a Suga con cabellos platinos largos y ojos almendrados, el señor con porte noble y recto junto al pequeño hijo único con sonrisa de ángel. Recordó que había escuchado de la separación del alcalde con su mujer, ella se fue de Karasuno sin siquiera despedirse cuando Suga aún era muy chico. Cuando escuchó ese rumor de la gente de clase alta no le tomó importancia pero hasta ver ese cuadro aquella historia llegó a su mente.
—Papá, Hinata está aquí —el viejo parpadeó con cansancio y miró a su hijo buscando palpar su mano. Suga la tomó de inmediato con los orbes llenos de lágrimas. El hombre apenas podía balbucear algunas cosas incoherentes hasta que tomó aire y giró la vista al otro lado donde el de cabellos naranjas le miraba con preocupación, con los ojos rojos.
Si alguien había estado ahí para Hinata cuando su familia murió en aquel incendio fue precisamente el alcalde y su hijo. Le ayudaron, junto con todo el pueblo, a alzar su vivero y reestabilizar su economía para subsistir. El hombre, con todas las arrugas de su rostro, sonrió ante la imagen del hierbatero y recostó su cabeza contra la almohada para dar un último respiro silencioso.
Las lágrimas se hicieron presentes, aún más fuertes que antes, mientras Tsukishima revisaba el pulso del viejo para decretar la hora de muerte. Una sábana cubrió su cuerpo mientras, con todas sus fuerzas, Sugawara soportaba el dolor. Por otro lado Hinata estaba demasiado devastado para seguir viendo como el cuerpo del noble anciano estaba cubierto. Retrodeció un par de pasos y emprendió hacia la salida sin decir más nada. Tsukishima le observó partir e impropiamente en él decidió seguirle, no era momento para que estuviera solo.
Tras cruzar los elegantes pasillos le dio alcance en la salida de la casa, en ese umbral elegante. Lo sujeto del hombro haciéndolo girar. Entonces vio fijamente a Hinata llorar de una manera tan desconsolada, tan destrozado. Tomó sus hombros y lo pegó a su pecho en un abrazo, el primer abrazo que tenía un sabor amargo.
24 de Octubre de 1945 8:40 pm
Tsukishima miró su reloj y suspiró un poco mientras estaba sentado en su viejo estudio revisando su correspondencia y preparando lo necesario para su partida. Entre sus papeles estaba aquella carta para partir a Vienna, el correo matutino, un periódico de hace varios años y un papel algo viejo que había estado guardando para cuando ese día llegase. Dejando todo eso de lado empezó a redactar una carta con una pluma elegante de ave y tinta negra mientras la oscuridad llegaba a Karasuno, mientras las velas se encendían para dar iluminación a la casona del Doctor.
La puerta resonó un par de veces, hueca como la madera misma, y dando punto final dobló la carta cuidadosamente colocándola en un sobre de color hueso.
—Adelante…—indicó Tsukishima mientras ponía un sello de cera en el sobre con el emblema del cuervo que siempre usaba. Yamaguchi pasó al estudio con una leve reverencia y fue hacia él.
—Traje un poco de té…—dijo dirigiéndose con la bandeja hacia el rubio y colocó la taza de porcelana fina sobre el escritorio para, lentamente, servir el líquido en la misma. Terminado hizo una reverencia para partir nuevamente más la voz del rubio le detuvo.
—Tadashi… ven un momento. —el pecoso parpadeó un poco y caminó de vuelta hacia el escritorio. Tsukishima le indicó que tomase asiento y el otro asintió algo temeroso. El rubio siempre era formal y directo más nunca le había llamado con esa tensión en el ambiente ¿Acaso habrá hecho algo mal? Tragó saliva ante la espera de que hablase.
—Tsukki, yo...—el rubio le interrumpió alzando la mano y negó con la cabeza.
—Supongo que mereces una explicación de todo lo que has visto hoy…tal vez todos la merezcan y es hora de que lo diga antes de irme de aquí para siempre —el pecoso abrió los ojos sorprendido. ¿Realmente pensaba dejar Karasuno para siempre? Hace unas horas no lo habría entendido pero a sabiendas del amor que tenía su amo por aquel joven fallecido comprendía que debía ser doloroso permanecer ahí. Aun así dolía despedirse de él pues toda la vida habían estado juntos.
Pensar que no volvería a ver a Tsukishima le destrozaba un poco y le hizo torcer los labios intentando contener un poco su tristeza.
—Escucha…—susurró el rubio más Yamaguchi no alzó la vista, le daba pena que él le viese en ese estado. —hay una cosa que debo preguntarte antes de todo —entonces Yamaguchi se sintió curioso y alzó la vista encontrándose con esos orbes dorados —¿Crees en mi inocencia?
—¡Claro que lo creo!...Tsukki no sería capaz de …hacer algo tan horrible —emitió suavemente. Conocía al rubio muy bien para saber que él jamás mataría a alguien y menos a alguien importante.
—Entonces puedo contarte que pasó entre Hinata Shouyo y yo…—susurró serio.
19 de Julio de 1945
El vivero cerró temprano ese día. La gente andaba caminando por las calles con trajes tradicionales, los niños pequeños corrían con luminarias en las manos. Las niñas usaban elegantes tocados con flores pequeñas al igual que las jóvenes que buscaban pareja. El festival de verano en Karasuno era famoso por ser el punto de encuentro del amor, de los enamorados. Ese día todos estaban esperando divertirse, darse un respiro de la ajetreada vida en la plaza central del pueblo que, decorado con quinqués y papeletas de colores, daba la sensación de alegría con solo verle.
Más dentro del vivero el pelinaranja se preparaba para la siesta algo exhausto, los ánimos no estaban para fiestas, su traje tradicional estaba colgado donde siempre, ni siquiera hizo el intento de sacudirlo. Respiró estirando los brazos y buscó ir a su cama cuando la puerta de madera sonó.
—Ya está cerrado…—emitió cansado hasta que, arrastrando los pies, fue a abrir la misma encontrándose con la imagen del rubio alto usando un bello traje como kimono en blanco con llamaradas doradas que se alzaban hasta sus caderas en delgadas líneas. Su rostro estaba cubierto con un antifaz muy simplón con una pequeña luna dorada dibujada más aun así podría, por su altura, reconocerle fácilmente —Tsukishima-kun
—Adelante, no te quedarás aquí esta noche…—Hinata casi pudo ver el carmesí de las mejillas del rubio aparecer bajo ese antifaz y eso le produjo una pequeña sonrisa.
Suspiró derrotado y desempolvó su traje. Era un poco más humilde que el del Doctor pero le gustaba ya que cada pez naranja fue perfectamente bordado en la tela negra por su madre. Puso su antifaz sobre su cabeza, no le gustaba mucho usarlo porque le tapaba visibilidad.
—Estoy listo…—dijo alzando los brazos. Tsukishima lo vio fijamente y se aproximó a él quien un tanto nervioso alzó la vista y cerró los ojos impulsivamente. El rubio tomó el antifaz y lo colocó sobre sus ojos haciendo que parpadeara y los abriera.
—¿Te incomoda? —preguntó acomodándole el mismo. Hinata negó suavemente sintiendo el negro antifaz en su rostro y observó cómo los ojos dorados de Tsukishima se veían través de los que él usaba.
—Wo, el tuyo tiene una luna y el mío un sol —señaló su propio antifaz sonriendo divertido —que curioso ¿No?
Tsukishima asintió un poco y le invitó a salir del vivero para unirse a la caminata por las calles de Karasuno. El chico cerró bien su vivero y empezó a andar a lado del rubio alto charlando animosamente a diferencia de los otros días donde parecía taciturno por la muerte del exalcalde. Igual solo fingía para no preocupar al rubio pero era un avance que saliera de aquel lugar a respirar un rato y relajarse.
—¿Puedes ver sin tus lentes? —cuestionó curioso.
—Veo de cerca…—respondió sin más y Hinata rio divertido poniéndose frente al rubio pero dándole la espalda y tomando sus manos para ponérselas en los hombros como si fuera un trenecito de los que hacían los niños—¿Qué haces?
—Te guiaré, sujétate de mis hombros —cuando iba a quejarse prefirió guardar silencio y dejarse 'guiar' por Hinata quien delante de él parecía feliz, parecía en calma. Llegaron hasta la plaza principal donde la gente comía y charlaba, donde los niños jugaban a las atrapadas y cruzaban entre el rubio y el pelinaranja. Algunos bailaban cerca de donde la música sonaba y al fondo de la plaza misma había un pequeño tributo al exalcalde lleno de veladoras, flores y obsequios para agradecer, para hacerlo parte de la fiesta.
Hinata corrió hasta ese lugar siendo seguido por Tsukishima y juntó las manos frente a la mesilla haciendo una pequeña oración al hombre. El rubio le imitó, solo una pequeña petición para que obtuviese un buen descanso eterno.
—Me pregunto si a mí me ofrendaran así —dijo Hinata mirando el montón de flores bellas que decoraban alrededor de la pintura del viejo. Tsukishima no pensó en una respuesta, digirió la pregunta más ni quiso pensar en ello y miró hacia un camino empedrado que daba hacia una colina.
—Están por alzar las luminarias. Vamos —demandó y el de cabellos naranjas no se negó siguiéndole muy de cerca, algo extrañado del sitio hacia donde el Doctor le llevaba. Tras cruzar el camino empedrado y pasar algunos matorrales llegaron a un punto cúspide donde era fácil ver la extensión de la plaza y de Karasuno en general. Hinata abrió los ojos sorprendido ante las luces que pintaban el pueblo y la belleza del festival.
—Esto es hermoso… ¡Mira, ahí está el vivero! —dijo señalando escandalosamente. —Tsukishima-kun ¿Qué hay detrás de esta colina?
—Está el peñasco y más allá el lago. —contestó serio sin despegar los ojos del festival.
—El lago…quiero ir al lago —el rubio negó tranquilo. Ir al lago era imposible pues el peñasco era muy empedrado así que prefirió cortarle la esperanza. Señaló hacia la plaza nuevamente y los ojos de Hinata se abrieron aún más ante lo ocurrido. Las luminarias empezaron a alzarse al cielo tranquilamente hasta pasar por encima de la colina donde los dos las observaban. Hinata abrió los labios y juraba que si alzaba las manos podría alcanzarlas más no era así, estas cruzaban alto y tranquilas — ¿Hasta dónde llegaran?
—No lo sé. Cuando cruzan esta colina nadie puede verlas ya…—comentó mirando hacia atrás.
—¿Entonces somos los últimos en verlas? —preguntó emocionado. Tsukishima suspiró y le hizo una seña para que le siguiera. Entonces, cruzando el punto más alto de la colina, pudo ver las luminarias cruzar el peñasco y una vereda enorme hasta llegar a lo que parecía el lejano lago y las primeras se perdían entre otras colinas después de un silencioso y largo rato.
—Ahora si somos los últimos…— en aquel punto la oscuridad se hizo presente y solo la luna y las estrellas y las leves luces que aún no terminaban de pasar pintaban con una tenue luz blanca la zona boscosa. Hinata estaba emocionado, siempre veía las luminarias en la plaza y las veía perderse en aquella colina más nunca vio más allá de ella.
—Quiero venir el próximo año —el rubio no dijo nada, solo bajó la vista un poco cansado. Hinata no lo pasó desapercibido y estando de pie a su lado tocó con su mano la del otro sintiendo un choque invadirle el pecho. Apretó los labios y casi desapercibido tomó la mano del otro. Tsukishima no se negó, ni chistó y entrelazó sus dedos sintiendo la suave piel de Hinata mientras las luminarias terminaban de perderse para todo Karasuno y ahora solo brillaban para ellos.
24 de Octubre de 1945 9:00 pm
—Tsukki… eso es…—dijo tras oír el relato, aquella historia de cómo Tsukishima y Hinata por primera vez descubrieron tener sentimientos el uno hacia el otro.
—Después de aquello parecía más en calma por lo del exalcalde y eso estaba bien…—dijo el rubio mirando como la noche se extendía por el ventanal. La primer noche de muchas más que vendrían, de muchas más que vinieron pensando en cómo sería decirle adiós.
—Pero hay algo que no entiendo…—susurró el pecoso —¿Por qué lo ocultabas? —el rubio le miró fijo y alzó los hombros un poco para después emitir.
—Al principio fue vergüenza …después fue para protegerme a mí mismo —frunció el ceño. Yamaguchi le miró con preocupación por la fuerza con la que resonaron esas palabras-
—¿Protegerte? ¿De quién? ¿De qué? —cuestionó consternado. ¿Algo amenazaba a Tsukishima? Esa historia cada vez era más un enredo y mientras más respuestas tenía Yamaguchi más preguntas surgían.
—Del fantasma detrás de él… —una pausa suave se hizo presente y acto continuo dijo algo que dejó aún más sorprendido a Yamaguchi — yo, en ese entonces, sabía que querían matar a Hinata…
3 de Agosto de 1945
—De verdad tienes muchos clientes, Hinata —dijo el pequeño joven de cabellos bicolor mientras ayudaba al pelinaranja a repartir hierbas a la gente.
—Bueno, es porque los trabajadores esta temporada necesitan energía —Nishinoya comprendió haciendo mohines graciosos y tras despachar algunos clientes Hinata suspiró cansado —pero me sorprende que vengas ¿Necesitas también algo de hierbas?
—Bueno, si —se talló la cabeza torpemente —Asahi dice que tuve un pequeño ataque nocturno y me gustaría tener un poco en casa para controlar esos episodios.
—Entiendo, debí darte un poco por si eso pasaba —comentó el pelinaranja mientras sacaba una bolsita de cuero para echar las hierbas.
—Aunque ya no me dan tan fuertes, ya me he controlado mucho sobre todo desde que empecé a trabajar — presumió orgulloso de sí mismo señalándose aunque su porte cambió a uno más angustioso —y también sobre eso quería hablarte…
—¿Um? ¿Pasó algo en tu trabajo? —dijo entregándole las hierbas. Nishinoya miró a ambos lados y se mostró cauteloso, precavido y tras asegurarse de que nadie les oía se aproximó a Hinata.
—No debería yo decirte esto pero hay una investigación con tu nombre…—Hinata frunció el ceño con preocupación.—Daichi está en el caso de la evasión de impuestos que llevas …de cómo has mantenido el vivero todos estos años.
—Eso es…porque —Hinata bajó la voz. Nishinoya negó dándole un par de palmadas en el hombro.
—Sé que recibías apoyo pero a nadie le gustan los niños consentidos, al menos no a los avaros y a la justicia —comentó haciendo que la preocupación de Hinata aumentara —si no quieres tener problemas es mejor que verifiques las cuestiones de propiedades y adeudos del vivero…
—Lo haré…—dijo bajando la cabeza y aun cuando Nishinoya quiso pagarle por las hierbas el pelinaranja se negó rotundamente. Tras despedirse Hinata suspiró. Sabía que la advertencia de Nishinoya se englobaba a que podía perder el vivero, que podía perderlo todo si no encontraba quien le respaldara.
Continuó laborando y preguntándose qué hacer, al menos aun no tenía una notificación de juez por lo que la advertencia de Nishinoya le ayudaba a prepararse para lo que viniese. Se quitó los guantes acaba la jornada y se sentó en la entrada del vivero viendo la gente retornar a sus casas después de un arduo día de trabajo. Se mostró cansado, algo depresivo después de tantos días felices pensando en el tacto de la mano de Tsukishima, en todas esas emociones. En su caso, después de la calma venia la tormenta y no tenía idea que ese era el comienzo de una serie de catástrofes en su pacifica vida.
En su ensimismamiento no notó que alguien estaba de pie a su lado intentando hacerlo reaccionar desde hacía un rato. Inclusive picoteó su hombro un par de veces más nada, Hinata estaba perdido en su mente hasta que optó por hablarle fuertemente al oído.
—¡Hinata! —el pelinaranja dio un brinco ante el llamado y se puso en guardia hasta ver esos orbes azul oscuro clavados en él. Tomó un respiro, se tranquilizó y después le miró molesto.
—¡Me asustaste, Bakeyama!—el pelinegro frunció el ceño y le tomó la cabeza con una sola mano presionándosela —ou, ou. ¡Duele!
—Vuélveme a llamar así… —dijo irritado el sepultero del pueblo quien vestía sus típicas ropas oscuras aunque no traía en su espalda la característica pala que usaba.
—¡Lo siento, disculpa!—lloriqueo con tal de que le soltase y así lo hizo más el ceño fruncido seguía adornando su rostro, un poco más pronunciado de lo normal.
—¿Qué te pasa? Estabas muy perdido…—el chico recordó lo ocurrido y suspiró nuevamente. Kageyama no admitiría pero se preocupaba, no le gustaba ver esa mirada triste en el pelinaranja que le recordaba aquella época en que él había perdido a su familia.
—Es solo que… temo un poco por lo que tengo…—dijo acariciando la madera de la mesilla frente a él con los ojos concentrados en la misma. Kageyama le siguió con la mirada y chistó irritado.
—Sea lo que sea que te pase resuélvelo, odio ver cuando pones esa cara de idiota deprimido —se quejó. Hinata bajó la vista fingiendo depresión ganándose otra reprimenda por parte de Kageyama.
—Ya, lo siento… prometo no ponerme así de nuevo —dijo sonriendo. Sabía que Kageyama se preocupaba de más por él. En aquel entonces, cuando el vivero se quemó, el azabache había estado a su lado, había temblado junto con él e inclusive, estuvo seguro que por un instante, soltó un par de lágrimas cuando sacaron de aquel lugar los cuerpos de su hermana y su madre quienes también eran como una familia para él.
Kageyama le ayudó a superar un poco las cosas, a hacer más amenos los días y procuraba no dejarlo solo hasta que la tristeza se disipara un poco. Entonces, cuando eso pasó, volvieron a sus rutinas habituales más seguían frecuentándose, procurando que no volviera a caer. Kageyama haría todo, se juraba a sí mismo, para no volver a ver a Hinata sufrir de esa manera.
Tras una charla en la que el pelinaranja no mencionó lo conversado con Nishinoya el azabache se fue cuando la noche había caído en Karasuno. Hinata se despidió desde el umbral alzando la mano sintiéndose un poco en calma, hablar de cosas casuales le había hecho olvidar un poco su preocupación y agradecía a Kageyama por siempre aligerarle la carga. Cuando giró para entrar al vivero una voz le detuvo, giró el cuerpo encontrándose con esos orbes dorados que le tomaron por sorpresa.
—Tsukishima-kun…—susurró al verle ahí. El rubio miró a otro punto y emitió.
—Pensé que nunca se iría...—Hinata se sorprendió y relajó la expresión al instante siguiente sonriendo.
—¿Nos espiabas? Vaya…—cuando el rubio iba a exclamar que no era así el pelinaranja le invitó a pasar al lugar. Tsukishima se sacudió los cabellos y entró detrás del joven al hermoso invernadero que ahora estaba adornado de plantas y hierbas verdes. En esa época del año las flores no eran comunes pero aun así ver tantas plantas era algo agradable. El vivero de Hinata parecía como un mundo separado de la realidad del resto de Karasuno. —No debes de temer a Kageyama, no le molesta que seamos amigos.
—No me asusta ese idiota, jamás digas algo así…solo no confío en él—emitió enojado y Hinata se disculpó. Esos dos de verdad tenían un carácter similar y aun así ¿Por qué se sentía diferente cuando estaba con Tsukishima? ¿Por qué verlo a los ojos generaba una revolución en su pecho? Suspiró entrecortado pues era vergonzoso y esperaba que el otro no lo notase —Estás triste…¿Pasó algo?
Hinata le extrañó que Tsukishima notase tan fácilmente su estado de animo a pesar de que hacia un esfuerzo por disimularlo un poco pero supuso que se debía al tiempo que pasaban juntos y que, al igual que Kageyama, le había visto llorar tras la muerte del exalcalde.
—Bueno… parece que tengo un problema legal pero estaré bien —dijo tallándose la mejilla. Tsukishima no preguntó detalles, no era necesario hacerlo.
—Te daré un abogado…—Hinata negó sorprendido, negó fuertemente.
—No es necesario que hagas eso yo estoy bien….yo —movia las manos negando pero la mano de Tsukishima tomó la muñeca de Hinata haciéndolo que se detuviera. Sus ojos expresivos se clavaron en los dorados fijamente haciéndolo temblar, llenarse la mente de "¿Por qué?" —¿Por qué quieres ayudarme?¿Por qué sigues viniendo a mí?
Aquella pregunta lo era todo, aquella pregunta era necesaria en esos instantes pero por más que rebuscó en su mente una respuesta que no fuera estúpida o vergonzosa le fue imposible, Tsukishima no podía emitir palabras dulces con naturalidad por eso admitir que sentía algo por Hinata era algo que no saldría de sus labios, o al menos no de la forma normal.
Lo jaló un poco hacia él inclinándose, Hinata abrió los ojos sorprendido pues apenas fue consciente de lo que pasaba cuando la suavidad de los labios de Tsukishima estaban sobre los suyos, cuando no hubo otra opción más que cerrar los ojos y corresponder ese beso. Ahí, donde las estrellas se colaban en el techo de cristal y las plantas lo decoraban todo ellos habían confirmado el amor que existía entre los dos.
