-Hoy es el día ¿no?

-Así es – le respondo a Edmundo al tiempo que extiendo sobre la cama los vestidos tres vestidos diferentes: uno negro muy elegante, uno azul que sé que sentará bien a mi figura y uno blanco estilo coctel.

-¿Qué haces? – de pronto él notó que mi interés en nuestra conversación no era tan fuerte.

-¿Nunca has oído que la primera impresión es la que cuenta? Hoy por fin veré a Rose después de mucho tiempo y tengo que estar presentable.

-Definitivamente naciste para la diplomacia – suspiró Sonya.

-Por eso mismo me buscaron ¿no?

-Así es – concedió con una sonrisa – en fin ¿has considerado la posibilidad de que Rose no llegue sola?

-Sí.

-¿Y? ¿Estás preparada para enfrentar a los guardianes?

-¿Guardianes? No. En todo caso Christian vendrá con ella y hasta ahí, créeme cuando te digo que si Rose no quiere ser seguida no hay manera de seguirla.

-Pero cabe la posibilidad de que no tengan que seguirla sino que ella les diga donde es la cita.

-No, ella fue muy explicita en su correo: no me dará el gusto de responder "a favor de mis planes".

-¿No hay alguien más a quien ella acudiría?

-Tal vez a Dimitri pero él es demasiado correcto como para hacer algo como lo que ella planea; sabiendo eso Rose no va a pedirle ayuda.

-Siendo así ¿qué preparaste, princesa?

Sonreí con anticipación.

-Ya lo verás – fue mi única respuesta mientras repasaba con los dedos la fina tela del vestido seleccionado.

Rose

Tal vez suene un poco irónico pero de pronto la habitación de Adrian se sintió cálida y acogedora.

-Guau pequeña dhampir – escuché la voz de Adrian a mis espaldas – no puedo creer que en verdad lleves puesto eso.

Sonreí; el disfraz de pantalón de mezclilla extra ajustado y blusa roja de tirantes decorada con grabados en brillantina y un escote en la espalda que terminaba casi donde terminaba la prenda tenía el propósito de hacerme "localizable" y por supuesto que también el de desviar un poco la atención de mis compañeros de viaje que iban vestidos con ropas mucho menos escandalosas que las mías: Christian con una playera negra y pantalón de vestir y Dimitri llevaba el guardapolvo en la mochila luciendo solo una camisa blanca con los dobleces ligeramente marcados y pantalón café pardo. Por supuesto en el sueño Adrian no pudo darse cuenta de eso.

-¿Sabes Ivashkov que a los 18 puedo entrar legalmente a los centros nocturnos? – le pregunté dando la vuelta y encarándolo con expresión sarcástica.

-Por supuesto y te recomiendo tequila o whisky, cocteles sólo si vas a lagar con categoría.

Tal como había llegado, el buen humor desapareció y noté en los ojos de mi amigo la preocupación.

-¿Están cerca de ella? – preguntó medio ahogado, temiendo la respuesta.

-No lo sé – reconocí de mala gana.

Adrian se acercó y me abrazo con fuerza.

-Ten cuidado pequeña dhampir, ten cuidado.

-Sí – prometí intentando contener las lágrimas que buscaban mis ojos cuando pensaba en lo que tenía que hacer.

Entonces desperté con un ligero sobresalto. Desde su posición (a siete personas de mí) Dimitri me dirigió una de sus sonrisas tristes y a dos pasajeros de él noté que Christian también dormía.

Treinta minutos más tarde llegamos a nuestro destino y la prioridad principal fue buscar un lugar seguro para acuartelarnos en caso de que fuera necesario, para eso hicimos reservaciones en cinco hoteles diferentes en diferentes áreas de la ciudad; el dinero no era problema debido a que Adrian nos ayudaba financiando la cacería.

Un par de horas después el sol cayó lentamente y la ciudad se cubrió de tinieblas profundas; el juego comenzó y mientras que yo era la carnada esperaba sinceramente no convertirme en la presa.

Visitamos el exterior de algunas discotecas Moroi –Dimitri y Christian siempre a una distancia prudente de mí –, recorrimos una y otra vez callejones obscuros, caminamos por parques obscuros.

Nada.

Después de algún momento de reflexión pensé "bien Rose Hathaway, se trata de Lissa ¿A dónde te llevaría ella?"

Nada se me ocurrió porque sinceramente ¿qué lugar donde no hubiera seguridad podría satisfacer los gustos finos de una princesa Moroi?

Aunque esa princesa es Lissa… y ya no es más una princesa Moroi.

Así sonaran solo en mi mente fueron palabras duras pero que me golpearon como un saco de razón.

Tratando de no ser obvia le hice una seña a Christian y corrí hasta una biblioteca escolar… en la entrada había pegado un sobre con mi nombre escrito en él.

Querida Rose: ¡sabía que podrías encontrarme! ¿Estás lista para venir conmigo? Permanece tranquila, estaremos juntas dentro de poco.

Su promesa no era ni por error tranquilizadora pero a estas alturas ya no tenía tiempo de dudar.

Entré sin forzar la puerta y me sentí sofocada por la cantidad de libros y estantes que facilitaban el terreno para una emboscada. Dudando seriamente si era o no el mejor movimiento que podía hacer entré y comencé a recorrer los pasillos…

Sin previo aviso cuatro Strigois me bloquearon las salidas.

-Esperaba que me encontraran frente a frente, Lissa – dije en voz alta tratando de asegurarme que ella escuchara.

Mi respuesta fue una risa espectral.

Los Strigois se abalanzaron contra mí con una rapidez exorbitante pero de alguna los evadí y alcancé a estacarlos en menos de un minuto… de no ser porque ya no estaba en la academia bien pude haber reclamado un "excelente" en la clase de combate y también en la de anatomía.

En fin, sin darme tiempo para analizar la posibilidad seguí la risa por los pasillos de la biblioteca.

Nada.

Di otra vuelta.

Nada otra vez.

Llegué a una puerta que daba a la calle y la risa volvió a escucharse ahora aun más lúgubre si es que eso era posible. En cuanto giré el pomo un Strigoi me atacó.

Para su mala suerte la estaca que me "prestaron" durante el ataque a la academia y que yo nunca devolví entró limpiamente pasando por entre sus costillas y perforando su corazón.

El cuerpo cayó a mis pies y me descubrió la visibilidad: la puerta daba a un callejón cerrado detrás de algunos edificios departamentales, había asfalto desgastado y cuadernos rotos, prendas íntimas y otras cosillas tiradas en algunas esquinas me daban la impresión de saber para que utilizaban los estudiantes el callejón pero a penas y había comenzado a pensar en eso cuando ahí, delante de mí el viento agitó el vuelo blanco de un vestido hermoso.

El Strigoi que se vestía con tan buen gusto sostenía en su mano un listón azul con el que hábilmente comenzó a peinarse el cabello sosteniéndolo en alto – tal y como lo llevaba yo – y calzaba unos zapatos de piso del mismo color que su atuendo pero sostenidos con cintas al estilo de las zapatillas de ballet.

Yo me paralicé no por su apariencia elegante y estilizada sino porque se trataba de ella.

Tal vez leyendo el desconcierto en mi rostro Lissa sonrió y avanzó un pequeño pasito hacía mí; no quise darle tiempo y me preparé para un ataque pero se detuvo antes de acercarse siquiera a mi alcance.

-Rose – cantó con su voz fina – te esperaba.

Sus palabras fueron seguidas por el ataque de a lo menos una docena de Strigois.

¡Mierda! Pensé mientras los enemigos me rodeaban…

Un circulo de fuego se extendió a mi alrededor como un escudo protector y dos segundos después se desvaneció dando entrada a Christian en la foto.

La sonrisa de Lissa se ensanchó.

-Así que viniste Christian ¡estoy tan contenta!

-¿Lissa?

No tuve necesidad de voltear a verlo para notar el dolor que había surgido en Christian, su voz ronca y cortada me era suficiente pero así como trataba de guardar la calma una parte de mí quería tumbarse y llorar en el piso al ver a Lissa en estas condiciones.

-Vinimos a liberarte, Lissa.

Ella volvió a sonreír.

-No me pongan las cosas difíciles, Rose. Soy yo quien los va a liberar a ustedes.

Ella hizo una seña a los Strogois y todos volvieron a abalanzarse en nuestra contra; Christian y yo despertamos del trance y comenzamos a pelear del mismo modo que lo habíamos hecho en la batalla de la academia tratando de ignorar el hecho de que a sólo unos metros de nosotros Lissa permanecía ahí sonriendo ante la muerte que causábamos, ante la muerte que nos amenazaba.

Casi habíamos terminado con los Strigois cuando más llegaron saltando las paredes y, lo mismo que los anteriores se abalanzaron sobre nosotros.

-¿Les gustan mis nuevos amigo? – Preguntó ella en un tono casi inocente – todos han estado tan felices de revivir el regalo de la inmortalidad.

-¿Inmortalidad? – Me escandalicé – Lissa, les estás dando la muerte.

Mi observación fue ignorada y la lucha siguió hasta que comenzamos a ser verdaderamente acorralados.

Ahora – susurró Lissa cuando uno de sus secuaces logró abalanzarse sobre mí y la estaca salió volando lejos de mi alcance – estaremos juntos para siempre.

Dos cosas pasaron a la vez: la primera Christian formó de nueva cuenta un anillo de fuego a nuestro alrededor, la segunda que del interior de la biblioteca llegó Dimitri desplazándose con esa velocidad y elegancia que sólo a él le eran posibles y derrotó de un solo momento a dos Strigois. Medio alcancé a ver la sorpresa escrita en el rostro de Lissa cuando él hizo su aparición pero tuve que concentrarme al máximo en la pelea.

Entonces los Strigoi dejaron de llegar.

La situación cambió en un minuto y mientras Christian provocaba distracciones con rayos de fuego una y otra vez Dimitri y yo estacábamos Strigois a todo lo que nos era posible. Los enemigos que se interponían entre Lissa y nosotros disminuían pero ella simplemente permanecía callada y estoica frente a nosotros con el seño fruncido.

Finalmente ella fue el único Strigoi que quedó.

-Reconozco que no esperaba esto – murmuró tan bajo que apenas y alcancé a escucharla – es decir, bueno la verdad no me sorprende la sorpresa de Christian pero ¿guardián Belikov qué haces aquí?

Dimitri miró a Lissa y el dolor se escribió en su rostro un segundo antes de que su mascara se deslizara nuevamente en su lugar.

Él no intentó responder a mi amiga, simplemente avanzó un par de pasos en su dirección y esgrimiendo la estaca.

-¡No! – chilló Lissa cuando Dimitri se abalanzó de lleno en su contra y yo intenté por todos los medios clavarme en el suelo para no intervenir y echarlo todo a perder… hasta que vi una sombra moverse en dirección de Dimitri.

Simplemente no pude evitarlo: corrí como no había corrido nunca, empuje a Dimitri con todo mi peso y recibí en su lugar al extraño con la punta de mi estaca. Por más que el objetivo era el corazón él parecía ser un luchador experto y logró desviar mi ataque haciendo que lo más que consiguiera fuera hacerle un corte en el brazo aunque por supuesto al ser un Strigoi el contacto con la plata lo hizo chillar de dolor.

Dimitri y yo caímos al piso dando a Lissa la oportunidad de escapar hacía otro lado del callejón.

-Rose, Christian me alegro tanto de verlos… en cuanto a ti – señaló a Dimitri descaradamente – tengo que ajustar cuentas contigo.

Obviamente su intención era que esas fueran las últimas palabras de la noche, sin embargo Christian creo una llamarada que le cortó el paso y Dimitri se lanzó de nueva cuenta en su contra esta vez con mi apoyo.

Ella no es Lissa me repetía a mí misma para darme valor Lissa moriría antes de lastimar a un inocente. Este monstruo no es Lissa.

Lissa nos miró con una sonrisa y en una fracción de segundo sacó algo de su vestido…

Entonces un disparo quebró la obscuridad de la noche y sentí un dolor agudo y lacerante.