—Accio ropa de Arthur.
Arthur Kirkland, que estaba... leyendo en su rinconcito de la biblioteca, en una butaca apartada de la sección de historia donde nunca va nadie más que él, tiene que soltar el libro cuando el chaleco de Slytherin le sale por la cabeza y se cae al suelo mientras los pantalones y los zapatos le salen volando.
Tarda unos segundos en entender lo que pasa pero consigue sostener los calzoncillos, peleando para que no salgan volando también, gritando como un loco, pataleando e intentado recuperar su varita.
En cuanto llega lo primero de la ropa del inglés, saliendo volando por la ventana hacia los jardines, desde donde lo ha hecho, Francis sonríe vencedor mirando a Antonio y a Gilbert.
—¿De dónde calculan que viene?
—Biblioteca seguro —responde Gilbert calculando mientras Antonio saluda a alguien a lo lejos.
Francis se ríe, esquivando los zapatos y dejando que sea Gilbert el que los atrape.
La bibliotecaria llega a donde está el inglés a gritarle por dos horas y se asusta tanto que se cae y pierde los calzoncillos también. Se cubre con las manos, rojo de la vergüenza mientras ella le da además un castigo y una moción de censura por exhibicionista, mientras él intenta replicar gritando que no es su culpa.
—¿Vamos a ver? —propone el francés.
—Claro —Gilbert le da un golpe a Antonio para que preste atención cuando los calzoncillos del inglés se le estampan en la cara. Francis levanta las cejas y sonríe quitándoselos de la cara.
—Ya los estaba esperando... ¡Se tardaron, eh!
—Uuuh... ¿qué es eso? —pregunta Antonio que no se ha enterado. Francis le cierra un ojo al español y se ríe, llevándose los calzoncillos a la nariz para olisquearlos.
—¿Tú qué crees que sea?
—¿De quién? —se ríe al imaginar lo que son cuando le ve hacer eso. Gilbert arruga la nariz un poco cuando los huele.
—¿Quién podría usar unos calzoncillos tan feos? ¡Y lo que debe estar gritando en la biblioteca ahora mismo, anda, vamos a ver! —abraza a Antonio de los hombros y toma a Gilbert de la mano, entrelazando los dedos.
Arthur sigue alegando con la bibliotecaria y cuando han empezado a venir alumnos a ver qué pasa ha usado un libro para cubrirse, haciendo que la bibliotecaria aun enfurezca más. Suscitando las risas de los mirones y aun sintiéndose más avergonzado e humillado.
—Quizás deberíamos fingir que no he sido yo... Y ayudarle muy amablemente —las ideas de Francis.
—¿Crees que va a creerse eso? —pregunta Gilbert.
—Desde luego que no —se ríe—. Tú eres bueno en transfiguraciones, hazle unos calzoncillos o una túnica o algo para que SÍ pueda venir a perseguirme.
Al final, la bibliotecaria tampoco es una arpía, así que echa a los mirones y le tiende su capa al alumno. Y ahí, afuera de la biblioteca, es que se encuentra el trío con todos los mirones.
—¿No le vas a devolver los suyos? —pregunta Gilbert—. ¿Con qué quieres que lo haga?
—Nah, los suyos son míos ahora. Y yo no sé, ¿con el aire que le rodea? Tú eres el genio en transfiguraciones, mon amour.
—Se va a ahogar si hago eso...
Al final, la bibliotecaria sale con Arthur, directo a llevarlo al despacho de su jefa de casa, (Slytherin) la señorita Hassan.
—¡Eh, miren, ahí viene! —Francis suelta al español y da un par de saltitos.
Arthur se hace bolita bajo la capa toda rosa y bordada de flores de la bibliotecaria y cuando oye la voz del francés se sonroja más, intentando esconderse y taparse la cara.
—¡Hombreeee, pero yo quería verle chillando, parece que lo llevan a la guillotina! ¿Creen que vayan con la señorita Hassan o con el director?
—Si va con el director lo tenemos todo ganado —asegura Antonio yendo a perseguirles.
—Si va con la Srta. Hassan... Debería yo de estar ahí ANTES de que llegaran, o no me va a dejar entrar. ¿Qué hacemos?
—Corre con ella y si van al director te mando un patronus para que te avise —Antonio le da una palmada amistosa al culo a Francis.
—¡Vale, merci! ¡Los quiero! —el chico Ravenclaw sale CORRIENDO hacia el despacho de la egipcia, su profesora favorita (nunca pensé escribir esas palabras en mi vida), utilizando un pasadizo secreto que no me pregunten cómo es que conoce, consiguiendo llegar un poco antes que la bibliotecaria. Toca la puerta.
—¿Sí?
—Soy yo, profesora, Francis... ¿La interrumpo? —mete la cabeza al despacho, tratando de ralentizar su respiración y verse completamente normal. Más o menos lo logra. Sonríe.
—Ah, no —le sonríe, dejando de corregir lo que hacía y hace un gesto para que entre.
—¿Cómo está profesora? Además de extremadamente guapa, como siempre —sonríe un poco tímidamente y se acerca a ella.
Ella se ríe un poco, negando con la cabeza y le invita a sentarse.
—Merci... —sonríe un poco más y se sienta con toda la pompa y calma del mundo—. Quería contarle una idea que tuve, que no sé si sea muy buena...
—¿Una idea? ¿Sobre qué? —pregunta con curiosidad, levantando las cejas.
—Sobre una de las pociones —se revuelve un poco tratando de que se le ocurra algo que parezca una buena idea.
—¿Cuál? —pregunta cuando tocan a la puerta—. ¿Sí? —le pide un momento a Francis.
El francés traga saliva al oír la puerta, sin girarse a mirar quién es. La bibliotecaria abre la puerta levemente.
—Profesora Hassan, traigo a un alumno de su casa por desacato en la biblioteca.
—No ha sido nada de desacato —protesta Arthur detrás, aun sin ver quien más está en el despacho. La profesora pone los ojos en blanco y se vuelve a Francis.
—¿Me permites un instante, querido?
Francis sonríe nervioso y asiente sin moverse de su silla.
—Es desacato y a las pruebas me remito. Estaba desnudo —la bibliotecaria lo señala.
—¡No estaba desnudo! —chilla el inglés entrando cuando la morena hace gesto para que pasen, se queda congelado al ver ahí a Francis... ¡aseguraría haberle oído en el pasillo!
—Pues le encontré prácticamente sin nada, tuve que prestarle la capa.
Francis le cierra un ojo al inglés y le sonríe conciliadoramente.
—¡Ya le he dicho que mi ropa salió volando de repente! —sigue protestando, sonrojándose un poco y haciendo un gesto de asco para el francés, dispuesto a ignorarle.
—¿Y quién podría hacer volar su ropa?
—¡No lo sé! —chilla él pero es interrumpido por la reprimenda de su jefa de casa.
—Qué extraño que un Kirkland esté dando problemas. Devuélvele la capa a la bibliotecaria para que pueda marcharse y resolvamos esto —ordena.
—WHAAT? —se agarra a la capa sonrojado de muerte y mirándola con los ojos como platos. Francis se muerde un poquito el labio y sonríe.
—¿Alguna parte de lo que he dicho se te dificulta de entender?
—B-B-But... E-Estoy desnudo... —susurra, agarrándose a ella.
—Más motivo para aprender a no ir por ahí sin ropa —le hace un gesto con la mano. El inglés se sonroja tres veces más y mira además a Francis de reojo.
—¿Pe-Pero va a dejarlo ir así como está, profesora? —pregunta la bibliotecaria vacilando un poco.
—No, ahora nos encargaremos de ver qué castigo necesita.
—Ehm... Bueno. Tengo que volver a la biblioteca. Puede quedarse mi capa, jovencito, llévemela cuando termine su castigo —la bibliotecaria se apiada de él.
La morena frunce el ceño porque no es eso lo que ha dicho, fulminando a la bibliotecaria porque SÍ pretendía humillar un poco al inglés y ahorrarse de estar cuidándole durante el castigo y no le gusta nada que cuestionen su autoridad.
El problema es que a pesar de todo, Arthur es uno de los que visitan la biblioteca con frecuencia y quitarle la capa aquí es un poco... Feo. Carraspea y le sonríe a la egipcia.
—Disculpe, profesora, me retiro —dije la bibliotecaria.
—No. ¿No me has oído, Kirkland? —presiona ella con autoridad.
—Pero... pero... —sigue alegando el inglés, ella le fulmina.
La bibliotecaria mira al inglesito de reojo y espera sin poder hacer mucho más. Él aprieta los ojos y se cubre con las manos, medio hecho bolita esperando que ella sea quien se la quite.
Francis sonríe y se inclina un poco a mirarles, queriendo hacer algo pero sin saber bien qué hacer. La mujer de la biblioteca se acerca al inglés y le quita su capa de los hombros, poniéndosela en un revuelillo. Arthur se aprieta más a sí mismo sintiéndose tremendamente avergonzado, queriendo fundirse con la pared.
La profesora Hassan hace un gesto para que la bibliotecaria se vaya, asegurándose que la puerta queda bien cerrada y que no se puede abrir por accidente desde fuera. Qué es lo que hace la bibliotecaria, aún con una miradita preocupada al muchacho, pensando que quizás hubiera sido mejor llevarlo con el director.
—¿Y bien? ¿Vas a contarme qué ha pasado? —pregunta la profesora de pociones como si nada, en un tono completamente duro ignorando la situación de su estudiante, que se agacha y se hace bolita en el suelo al borde del llanto porque él solo estaba leyendo y no tiene la culpa de nada.
—Mmm... ¿Profesora? —interrumpe un poco Francis con su voz más suave y angelical. Ella le mira de reojo—, ¿No cree que esto... no lo hizo solo?
—Espero que sea eso lo que me cuente... ¿es que sabes algo de eso? —pregunta ella.
—¿Yo? Non. Sólo lo veo ahí tan desconsolado... —se encoge de hombros—, y no habla lo bastante rápido.
—Si te está incomodando esto, por favor, espera fuera un segundo.
—Non, Non. Puedo quedarme sin problema —la mira a ella y luego a Arthur. Saca su varita haciéndose un poco el loco.
—¿Y bien, Kirkland?
—Bububumnnnn —susurra y aprieta los ojos porque además odia estar llorando y que encima Francis esté viendo todo esto, se sorbe los mocos intentando recuperar un poquito de dignidad—. S-sólo estaba leyendo, m-mi ropa salió volando —mira al suelo.
Francis le mira de reojo y se mete la mano en el bolsillo, apretando el calzón del inglés.
—¿Y por qué la bibliotecaria no se lo cree? —pregunta la morena con dureza, Arthur solloza un poco. Francis mira al inglés un poco agobiado porque los sollozos no vaaaaaleeeen.
—Seguro fueron sus hermanos... —se entromete otra vez.
—¡La bibliotecaria no lo vio, cuando llegó ya se me había ido toda la ropa! —chilla—. ¡Si revisan todos los cuartos seguro encontrarán mi ropa!
El galo levanta las cejas con esta idea, poniéndose nerviosito. Aunque le hace gracia todo el asunto así que sonríe un poco, riéndose levemente. La señorita Hassan suspira y transfigura un pergamino en blanco en una capa sencilla, se la echa al inglés.
—Largo de mi vista.
Arthur se apresura a cubrirse con ella y a irse corriendo. Francis mira la escena con la boca abierta porque no esperaba que ella le echara así de... Rápido.
—Oh... Profesora pero... —alcanza a balbucear ahora queriendo ir tras él.
—¿Sí? ¿Qué me decías?
—D-De una... Cosa que justamente quería p-probar con...
—¿Aja?
—Tenía una idea de una nueva opción de combinación de veritaserum y... Bueno, él parecía el sujeto perfecto.
—No es una buena idea hacer pruebas con los alumnos, querido, ya lo sabes...
—Pero son ellos... —carraspea un poco y le sonríe, cerrándole un ojo.
—Y veritaserum nada menos... no es muy recomendable.
—¿Qué puede decirnos que no sepamos ya, profesora?
—Aun así es mi deber advertirte, ya lo sabes... y devuélvele su ropa antes de que venga su madre a gritarme, no quiero tener aquí al director y tener que estar buscando en todas las casas —responde como si nada, haciendo un gesto para que salga.
Sí, este era más castigo para ti que para él.
—Agh... Peeeeeroooooo —protesta riendo un poco y apretando los ojos, sonrojándose levemente.
—Ya —le mira fijamente de modo intimidatorio, sólo que sonríe un poco.
—Vale, vale... —levanta las manos—. Iré ahora mismo a devolverla.
La chica se vuelve a lo que estaba corrigiendo sin más ceremonia.
—Aún así, gracias Profesora —saca su varita, frunce un poco el ceño en concentración y consigue que uno de los pergaminos que tiene al lado de lo que corrige se doble varias veces hasta formar una flor de origami que le ha enseñado a hacer uno de sus compañeros de clase. No queda perfecta, pero tampoco queda mal.
Ella sonríe un poco porque después de todo Francis es su alumno favorito. El francés corre hasta afuera del despacho del director y... no hay nadie. Le pregunta a la gárgola si han entrado Gilbert y Antonio a ver al director.
No. Han ido detrás de la bibliotecaria e Arthur, se han quedado a las puertas del despacho de la egipcia. Cuando ella cerró la puerta, ellos se fueron.
Piensa en ir entonces al sitio donde siempre se reúnen, pero cambia de parecer, yéndose directo a buscar a Arthur a Slytherin. Y creo que Francis sí que se sabe todos los passwords de todas las casas, o si no hay alguien por ahí que se los sabe y le invita.
Así que ahí tenemos a Francis en la sala común de Slytherin y creo que se sienta a hablar con Irlanda mientras Arthur se viste y se hace bolita en la cama a llorar él solo.
Después de tontear un rato, Francis termina por sacarle a alguien la sopa de que ha visto al inglés por ahí, y Francis se escabulle al cuarto a hablar con él. Así que, cuando le ve en la cama traga saliva y se sienta junto a él.
—Get lost! —grita muy agresivo con la nariz llena de mocos sin saber ni quién es.
—No voy a irme, venga, no te enfades tanto... —le acaricia un poco el pelo.
Cuando oye su voz se separa de golpe y hasta se cae de la cama, mirándole desde el suelo con los ojos como platos, rojos de llorar. Se sorbe los mocos. El francés levanta las manos.
—Vengo en son de paz, no te enfades.
—¡No quiero verte, vete! —se abraza a sí mismo como si siguiera desnudo.
—Shhh, no grites y cálmate, por favor —levanta las manos hacia él—. Vine en son de paz a... disculparme.
—¡No! —se echa para atrás sin escucharle porque no quiere que además le vea llorando, ya ha sido suficiente que le viera desnudo en el despacho de Hassan, que ha subido muchos puntos en la lista de sus personas más odiadas. Encabezada ahora mismo por la persona que le había hecho eso, ¡que no sabe quién es, pero en cuanto lo descubra va asegurarse de devolvérselo y con creces!
—¿Por qué no? Vengaaaa, somos amigos, ¿no?
No había tenido tiempo de planear todavía su venganza, pero sería muy, MUY terrible. Esto era lo peor que le había pasado en la vida, sobretodo porque además Francis le había visto... y desde luego que el perpetuador no iba a salir impune de ello.
—No te enfades tanto... Yo... No... —se humedece los labios—. ¿Quién crees que haya hecho algo así?
—¡No lo sé, lárgate! —grita apretando los ojos y se levanta para esconderse en el baño.
—No voy a irme. Esperaaa —salta a él y le detiene del brazo.
Arthur le empuja hasta tirarlo al suelo, escondiéndose igual porque sigue muy avergonzado y sin ganas de ver a nadie. Francis aprieta los ojos desde el suelo, sobándose la cabeza... Pero se levanta y vuelve a ir tras él porque no puede sólo dejarle en paz.
—Arthuuur.
Bloquea la puerta del baño y se suena los mocos con papel, antes de hacerse bolita en la bañera porque de verdad se siente muy avergonzado... no es guapo y lo sabe y no se siente nada seguro con su cuerpo que además está cambiándole con la pubertad... y esta ha sido una broma muy pesada para encima ahora tener que aguantar a Francis que seguro sólo había ido a burlarse de él como siempre... no tiene ningunas ganas de pelearle ahora.
—¿Me dejas pasar? Venga, no sirve de nada estar encerrado ahí solito, es mejor si hablas con alguien.
—NO!
—No vengo a burlarme de ti, de verdad... Somos amigos, ¿no?
—¡No! ¡No quiero ver a nadie! ¡Vete! —solloza. El galo cambia el peso de pie, vacila un poco y saca su varita.
—No te creo que no quieras ver a nadie... Andaaaaa.
Arthur no responde, lloriqueando.
—Voy a... abrir yo si no me haces caso.
—Si entras aquí dentro vas a salir por la ventana —responde con los dientes apretados, porque no le deja en paz y la gente es idiota, odia a todo el mundo a falta de saber quién le ha hecho eso y no tiene ganas de ver a nadie mucho menos a él con su sonrisita de estar disfrutando de su ridículo que aún recuerda.
—¿Prefieres que me vaya y te deje en paz y que parezca que no me importas?
—YES!
—Vale, como quieras —se cruza de brazos, camina un poco y se esconde.
El inglés vuelve a hacerse bolita y a llorar... y al cabo de un rato llora también porque está solo y no tiene ningún amigo de verdad que se preocupe y le quiera y el mundo es un lugar oscuro y cruel...
Un rato más tarde... Francis toca otra vez la puerta del baño. Y tendría que haber ido con su mamá porque todo esto es feo y tiene que aprender un hechizo para que su ropa no pueda ser encantada de nuevo... se asusta con los golpes.
Francis no dice nada, sólo golpea otra vez.
—¡Ocupado!
—¡Ábreme!
—¡Sigues aquí! —protesta incrédulo porque es que ni dejarle llorar tranquilo el tiempo que necesite parece dispuesto a dejarle.
—¡Pues claro que sigo aquí! ¡Debías salir!
—¡No! ¡Déjame tranquilo! What the hell quieres ahora? ¿Ver cuánto tiempo es que estoy llorando? —protesta muy agresivo abriendo la puerta y apuntándole con la varita—. Vete antes de que te lleven de aquí directo a enfermería —le amenaza muy en serio con el ceño fruncido, dispuesto a pagar con él toda su rabia y frustración.
—Pero es que estás enojado y estabas llorando y... —palidece, pero no se mueve por un instante antes de hacerse bolita—. No me hagas daaaaañoooo.
—¡Déjame tranquilo!
—Nooooo... Es queeeee…
—Y no estaba llorando —le patea, empezando a llorar de nuevo. Francis empieza a llorar también—. ¡Vete! ¡Vete! —a cada palabra una patada, más fuerte que la anterior.
—Pero... Auuuu! No me pegueeees.
No se detiene, empujándole con los pies y pateándole fuera del cuarto.
—Expulsiarmus —acaba por conjurar para que salga volando con el empuje final y luego cierra la puerta del cuarto. Y teniendo en cuenta que planeaba hacerle un sectumsempra ha salido bastante bien parado.
—¡Eres un TONTO y por eso nadie te quiere y por eso te hacen cosas FEAS!
Arthur se va a hacerse bolita a su cama otra vez y a llorar más fuerte.
—¡Y por eso merecías que te quitara la ropa y ya no quiero ni tus calzones! —grita.
Y con eso, es que el británico frunce de nuevo el ceño y cegado por el cólera, sale del cuarto directo ahora sí a hacerle daño, daño de verdad.
Van a matarse.
De hecho, Arthur va a matarle. Sí…
No olvides afradecer a Josita su beteo y edición.
