Yullen, como pueden imaginar.
Yaoi, con el Occ correspondiente, debido a que los personajes no son míos, y cualquier reacción que yo crea de ellos no tiene nada que ver con lo que idea Hoshino, pero lo hago con mis más grande deseos, y porque no, diversión propia.
Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
SIEMPRE QUISE DECIR ESO...^^
YA VIERON EL CAPI 211, AH QUE KANDA NO ES UN AMOR...NO PUEDO EVITAR AMARLE. ^^
A LEER... Creo que es el capi más largo del fic que he escrito.
- Aun estás a tiempo, ¿sabes?
- No te estoy pidiendo ningún consejo, Usagi.
- ¿No crees que al menos deberías decírselo?
- … No… No tiene por qué saberlo.
Capitulo 3: Lo amargo de una despedida.
Se paseaba por los salones del primer piso como amo señor del universo, no es que Yuu Kanda se creyera como tal, pero en definitiva, ya que así pensaba todos de él, no tenia porque negarlo; mientras se mantuvieran alejados era más que suficiente, en todo caso, lo había llevado muy bien estos últimos años nada tenía porque cambiar. El universo le confirmo que tan equivocado estaba con ésta introspectiva.
A unos pasos del salón de música, una melodía empezó a sonar. Yuu no se consideraba amante de la música clásica, mucho menos un experto, pero había veces en que las melodías de un buen piano, y un excelente pianista, le hacían sucumbir en un mundo paralelo al suyo, pero él no estaba tan amargo, y sin duda, la pequeña sonrisa que apareció en su rostro no causaría tanta conmoción.
A ésta hora del día no había nadie por los pasillos, o bien estaban en la cafetería o en el patio trasero, e incluso puede que en los campos deportivo. Él lo sabía porque era el tiempo que se buscaba su espacio y se alejaba de todo lo demás. No tardó en asomarse por la puerta y descubrir al personaje que estaba tocando una melodía que Yuu estaba seguro de no haber escuchado antes, de nuevo, no era un experto, pero no creía que Beethoven ni Chopin, menos Ravel, escribiera una melodía que se asemejaba a un canto de cuna, o algo así. Lo que le sorprendió un poco, tal vez, fue descubrir quién tocaba la melodía.
Aunque no le veía el rostro, no necesitaba ser un genio para reconocer al sujeto, bastaba el cabello, porque ¿quién más tendría ese estúpido cabello de anciano vistiendo en uniforme escolar sino ese idiota? Allen Walker a veces le sorprendía. Ya había escuchado antes de que el mocoso era tenia un don innato para la música, un prodigio, así le llamaban; y aunque Kanda jamás le había escuchado tocar antes, suponía ahora que los rumores eran ciertos, es más, tenía la idea que el imbécil del Moyashi había compuesto la melodía que en ese momento estaba tocando.
No pasó mucho tiempo cuando la voz del Moyashi se fue agregando al mismo tiempo en que el enano tocaba; entonces sí podría ser que Moyashi la hubiera compuesto, aun cuando pareciera muy infantil, pero claro, se trataba del idiota del Moyashi, si quien no.
soshite bouya wa nemuri ni tsuita
ikidzuku hai no naka no honoo
hitotsu futatsu to ukabu fukurami itoshii yokogao
daichi ni taruru ikusen no yume
yume...
No tenía idea que al mocoso se le diera tan bien el japonés, aunque tal vez debido a ello, el chico se le impusiera muy bien cuando él le insultaba en su idioma natal. También le había gustado la voz del mocoso, era de cierta forma complementaria a como se veía, y sino fuera porque estaba tan abstraído en la melodía se hubiese burlado de él de inmediato, tachando la voz del Moyashi como de mujercita. Sin embargo, ni siquiera notó cuando entró a la habitación y el golpe ocasionado por su entrada precipitada dio la señal al mocoso que no se encontraba solo. Cuando los ojos grises impregnados de lágrimas le observaron el mundo fue diferente para Yuu Kanda.
En los últimos meses, desde que el Moyashi había arribado a Londres, y desde que ambos idiotas que se proclamaban sus amigos – Lenalee y Lavi – le presentaran casi a la fuerza al mocoso, jamás le había visto llorar, más que nada porque se mantenía lo más alejado de ese niño. Había algo en Allen Walker que le atraía de una forma que antes nunca le había interesado nadie, tal vez fue el cabello, o sus ojos, aquellos diamantes plateados; quizás era esa sonrisa falsa con las cual muchas veces engañaba a los demás y solamente él había notado. O cuando reía de verdad, cuando le molestaba, cuando le enfrentaba; todo en él le gritaba "aléjate mientras puedas". Por eso nunca había querido transgredir la valla que los separaba de conocidos por la fuerzas de la circunstancias – Lavi y Lenalee, otra vez – y tolerar la presencia del chico.
Viéndolo así en este momento, descubrió cual era la razón. Ni siquiera había escuchado o prestaba atención cuando Allen le llamó, ni mucho menos cuando le dio la espalda mientras se escabullía para limpiar las lágrimas que rodaban por sus mejillas. Yuu se iba acercando poco a poco al menor, y entre pasos iba descubriendo la desesperación del más pequeño, restregando con sus manos – ambas llevaban guantes blancos – su rostro con demasiada fuerza.
- Idiota – le susurró cuando estuvo ya cerca, Allen le miró con furia, enfrentándole como quería.
- ¿A quien llamas idiota, Bakanda? – le reprochó molesto, acercándose más al mayor, quedando a un solo paso de el cuerpo más grande.
Yuu chasqueó molesto la lengua, así como él lo llamaba Moyashi en ocasiones, Allen le había impuesto un sobre nombre también, Bakanda, alababa el ingenio, pero le molestaba tener que oírlo como tal vez al mocoso le enfurecía tener que escuchar el "Moyashi". Ahora estaban los dos, sin terceros de por medio, mientras su sangre corría caliente entre sus venas; podía darle la tunda que desde hace tiempo el mocoso estaba pidiendo a gritos, desde el día que lo conoció y ese sentimiento de atracción dominó su cuerpo.
Contrario a lo que pensaba, y lo que el mismo Allen esperaba, alzó su mano, no para golpearle en el rostro, sino para acariciar aquella mejilla izquierda mojada por las lágrimas. Sea ya por el llanto, o por su acción, ambas mejillas del menor enrojecieron al sentir la fría mano del japonés sobre su caliente piel. El mayor recorría la cicatriz que muchas veces le acarreaba dolor y maldiciones de parte del resto del alumnado, lo creían un tipo de rebelde, o – como le había llamado el japonés la primera vez que le vio – un freak. Ahora, venía Kanda y actuaba de esa manera.
Allen no odiaba a Kanda, en contra de la sabiduría popular, le gustó desde el primer momento – hasta que el mayor abrió la boca –, con el pasar del tiempo, ese gusto fue creciendo, ya no era simple atracción, por ello, cuando Kanda se las ingeniaba para discutir con él, Allen le correspondía igual; también porque el mayor era lo suficiente molesto como para sacarle de sus casillas, y había quedarle puntos extras al japonés por lograr lo que solamente Cross podía ocasionar en él. Así le fue gustando, a pesar de que Kanda siempre quería mantenerlo alejado.
No sabía porque, pero a veces Kanda le miraba y parecía que traspasaba su coraza y miraba en su interior como nadie nunca lo había hecho antes; y cuando él veía al japonés, ocurría lo mismo, Allen miraba en los ojos de Kanda una tristeza que bien podría ser confundida con frustración o molestia, pero Allen se daba cuenta de ello, porque sentía lo mismo. Vio en Kanda a alguien similar a él.
Pero una cosa era que parecieran tener puntos en común, y otra que el mayor le gustara de una forma que no se debía querer a un amigo, menos cuando éste era hombre. Menos cuando éste era Yuu Kanda. Nuevamente, Kanda le sorprendía.
Ambos no supieron como fue, o como es que ambos parecían de acuerdo a los movimientos del otro, menos quien tomó la iniciativa; pero cuando se dieron cuenta, ambos sintieron el aliento del otro sobre sus labios. Fueron tal vez ambos, pero segundos después, ambas pieles de sus labios acariciaron al contrario, se apoderaron de aquel sentimiento que les embriago cuando uno tocaba el piano y el otro le escuchaba. Allen sintió su cuerpo temblar, y sus piernas le fallaron; Yuu previendo eso, le sujetó de la cintura, ocasionando una cercanía mayor entre ellos, sus cuerpos sintiéndose y que de su garganta escaparan gemidos de gusto.
Kanda le mordió suavemente el labio inferior, lo lamió y lo besó mientras lo tironeaba con delicadeza y rudeza al mismo tiempo; a Allen se le escapó un gemido de sus labios ante el acto que el mayor hacia sobre sus sonrosados labios. Los sentía quemar y deseaba sentir más. Yuu le complació, escabullendo su lengua en la cavidad bucal del menor, encontrando la otra extremidad que tímidamente le correspondía sus exigencias.
El gemido fue mayor, el sabor del Moyashi era demasiado delicioso para el propio bien del menor; sus labios, su lengua, su piel expuesta ahora a sus caricias avasalladoras, todo se inclinaba a un fruto demasiado bueno para dejarlo ir. Allen sentía las manos del mayor sobre su camisa escolar, podía sentir como esas mismas manos desordenaban su inmaculada apariencia con todas aquellas caricias sobre su cuerpo. El mismo albino hacia de las suyas, sujetándose con ambos brazos detrás del cuello mientras jaloneaba suavemente aquel sedoso cabello, le gustaba el cabello el cabello de Kanda, siempre le había parecido suave y sedoso. Ya podía comprobarlo.
Se estaban quedando sin respiración, ambos necesitaban del aquel gas vital para respirar, se fueron separando poco a poco, entre interludios de besos cortos, no querían separarse y abrir los ojos, si lo hacían puede que ello significase que la magia entre ambos terminaría. A su pesar, ese momento llegó. Allen respiraba entrecortadamente, más claro que el mismo Kanda, quién se sabía controlar un poco; las mejillas del Moyashi estaban sonrojadas, y aun estaban lo suficientemente cerca el uno del otro para sentir el aliento cálido de su compañero.
Yuu miró el cuerpo del Moyashi que aun tenía apresado en su abrazo, el uniforme desordenado; la camisa fuera del pantalón, el cuello desecho, arrugas por todas partes comprobaban el paso de sus manos. Aun sentía los brazos del Moyashi tras su cuello, y a pesar de que sabía que era una tontería, que debería alejar el cuerpo de ese pequeño idiota del suyo, y hacer como nada pasara, porque sabía que el Moyashi tampoco hubiese querido que nadie más supiera lo que tras esas cuatros paredes había pasado; no lo hizo. Su deseo fue mayor a lo que esa simple acción de besar a alguien que, creía que detestaba, pero que en realidad desde un principio le había atraído; le tenía sin cuidado lo que le fueran a decir, e incluso que el mocoso pensara y actuara con más lógica que él, y fuera ese idiota quien se alejara por estúpidos estándares que le decían que estar besando a un tipo de tu mismo sexo no era lo correcto. Que tenia que besar a una linda niña, como el jodido del vejete le decía.
Era deseo, solamente eso, no tenía por qué importarle lo que todos pensaran, porque solamente era lujuria, quería sentir más de aquello que el pequeño cuerpo de ese mocoso le hacia sentir, llevarlo a su cama si ese acaso pasara; pero nada más, y esa lujuria se transmitió en sus ojos.
Allen tembló, la mirada que Kanda le dirigió le daba terror y lo llenaba de expectativa, con aquel beso muchas respuestas a sus acciones con el japonés tenían sentido ahora. Éste sentimiento al que no sabía como clasificar y que solamente conocía por el gran amor que le había tenido a su fallecido padre; todo eso sentía por ese idiota, diferente a Mana, pero con igual o mayor intensidad. Nunca se había sentido tan necesitado de aquellas caricias que su maestro le proporcionaba a las lujuriosas mujeres con las que el mayor le gustaba estar. En ese caso, él también era un lujurioso.
No, no sólo era eso, ya lo sabía, ese sentimiento que se apoderaba en su corazón, logrando que latiera con tanta fuerza, y que le rogaba que Kanda se sintiera igual, tan necesitado, no sólo por la necesidad del cuerpo, sino también de aquella necesidad que noche tras noche se había negado pero que su corazón no se cansaba de recalcárselo. Quería que Kanda le quisiera, al menos un poco.
Yuu tenía otra cosa en mente.
Yuu Kanda no demostraba lo que sentía, años de experiencia adquiridos por la práctica; en todo caso, aun cuando estuviera preocupado en esos momentos, Yuu no lo demostraba, sentía la mirada de todas aquellas personas sobre sí, justo como cuando estaba en el instituto. Tal vez por razones diferentes, pero era lo mismo, le molestaba tener que escucharles cuchichear a sus espaldas, por eso odiaba a los americanos. El sujeto que le esperó en la entrada y le comunicó lo que había pasado con su familia le guio hasta a un salón aparte de todos aquellos metiches.
No escuchaba ningún sonido de piano, así que supuso dos cosas: o se habían detenido por lo acontecido, o el concierto había terminado. Espera que fuera lo segundo, aun cuando había llegado más temprano lo que se suponía, Yuu estaba harto de esconderse. Sus resoluciones habían sido diferentes cuando tomó aquella decisión al final; y haber huido de esa manera – ya era muy difícil aceptar que lo había hecho en primer lugar – a la primera oportunidad. Ahora su familia lo necesitaba, y como ya se había dado cuenta, era un hombre de familia. El pasado tenía que quedarse exactamente donde estaba, en el pasado.
El mayordomo abrió la puerta y cuando hubo cruzado el umbral la conmoción de la sorpresa no le dejó avanzar.
Cabello blanco, podía verlo, y ya lo había dicho antes, no tenía que ser un genio para darse cuenta de quién era; lo había conocido muy bien para estar seguro de quien era la persona, tenía, además, el cabello más corto de lo que recordaba. No podía verle el rostro, porque parecía más abstraído con la mujer que permanecía inconsciente en el sofá, quién para su desgracia era la mujer con la que se hubo casado hace cinco años; y el fruto de esa relación estaba a la par de éste, sujetando con sus pequeñas manitas el brazo del peliblanco. Y aun así, aun cuando reconoció a su familia, no se movió. El mayordomo le miraba expectante y con una ceja enarcada.
A unos metros de sí estaba nada más ni nada menos que Allen Walker, su Moyashi.
- ¡Papi! – gritó Yuki, corriendo a su lado, llamando la atención de Allen. Yuu sintió el cuerpo de su hijo colisionando contra sus piernas, pero Yuu sólo podía ver a Allen.
Todo ocurría como en cámara lenta, Allen observando a la persona que acaba de llegar, girando poco a poco y sus ojos abriéndose con sorpresa y pánico al ir detallando las facciones de la persona a la que Yuki había llamado papi, a la que Yuki abrazaba, y que le miraba con la misma sorpresa que el menor lo hacia. Contuvo la respiración, sintiendo su pecho latir con molestia, como si de un momento a otro fuera a salírsele del pecho. Se fue incorporando poco a poco, aun teniendo la vista fija en el japonés, en Yuu Kanda. Su bilis serpenteaba por su garganta, incomodo, sofocado. Sabía que era él, por Dios que lo había conocido lo suficiente para saberlo; y aunque sus facciones eran más maduras que en el pasado, Allen no necesitaba nada más que ver aquellos ojos azules casi negros para comprobar quien era.
Yuu había cambiado, sí, y hasta su cabello era unos centímetros más corto; pero Yuu no sólo había cambiado en el exterior, ahora sabía, o tenia una cierta idea de lo que Yuu Kanda había estado haciendo todo este tiempo. Miró a la mujer, su rostro pálido, y aun así, todavía bella, viró otra vez para mirar al niño que, aun abrazando a su padre por las piernas, lloraba; miró a Yuu Kanda, y el mundo se le vino abajo. Si en el pasado, cuando el japonés le dejó sin razones, creía que su existencia había sido miserable, ahora que podía verlo otra vez, descubriendo algo que aunque se lo hubiesen advertido antes, no hubiese creído, ahora, su existencia no era nada. Pero lo confirmaba, las razones por la que Yuu le había abandonado, lo que siempre había querido; Yuu había seguido adelante dejándole atrás, como siempre. Sólo Allen quedaba atrás.
Quiso huir, como en el pasado, cuando se sintió abandonado de todas las maneras posibles, no sólo por Yuu, también por el resto a quienes había empezado a querer con el tiempo; alejarse de Kanda y los sentimientos que aun despertaba en él, alejarlo de sus pensamientos, y vaya que lo había intentado en el pasado. Sí que lo había intentado bajo todas las consecuencias. Se obligó a no mirarlo y aparentar indiferencia, aunque de seguro se veía como si le temiera estar cerca de él, patético. Se alejó de la mujer de Yuu, se alejó para darle espacio que se acercase con la persona que había elegido pasar el resto de su vida. Respiró, tratando de controlarse y no salir corriendo, no quería humillarse de esa forma, no quería.
Yuki fue quién hizo reaccionar a su padre, tomándole de la mano y guiándolo hasta donde estaba su madre, no vio a Allen nuevamente, sólo le siguió cuando el albino se alejó hasta la esquina opuesta de la habitación, dándole la espalda; no podía seguir mirándolo, Yuu no sabía cuanto tiempo resistiría tenerlo en la habitación y lo mejor no era tentarse viendo cuanto el menor había cambiado estos cinco años. 'Ahora debe tener 22 años", pensó un segundo, pero se bloqueó, no era tiempo para ello.
Miró a Alma, no parecía que la mujer fuera a despertar en cualquier momento, analizó sus opciones, tenía que llevársela, pero para ello tenía que dejar al Moyashi atrás, tenia que atravesar ese salón mientras todos le miraban. Atrajo a Yuki con una caricia en el cabello del más pequeño, Yuki paró su llanto, mirando a su padre con aquellos grandes ojos azules, iguales a los suyos. Le sonrió mientras se separaba de él, Yuu vio con sorpresa como su hijo corría hacia al Moyashi, su corazón dio un vuelco cuando Allen miró al niño que le jalaba a tela de su pantalón, e incluso cuando el mismo albino se inclinó hasta su altura y le sonrió.
Estaba seguro que Allen tenía idea de quién era el niño, después de todo Yuki había salido corriendo y le había gritado "papi", estaba más que claro. La sonrisa era real, y Allen estaba muy relajado en contra de lo que por dentro Yuu estaba sintiendo, sabía que en su exterior no se expresaba como se sentía en realidad; Allen era bueno también en ocultar lo que sentía, o al menos esperaba que sintiera algo. En todo momento, deseo que el menor le mirase y distinguir en los ojos del chico desprecio u odio, pero Allen actuaba como si la presencia de Yuu sobraba en el salón. Lo vio acariciar la cabeza de su hijo, y no pudo seguir mirando, su atención recayó en Alma, o lo intentó, su mente estaba puesta en el Moyashi, que aunque lejos, su presencia no era del todo indiferente para Kanda Yuu.
Allen escuchaba a Yuki, pero no miraba sus ojos, no podía; fue un tonto al no darse cuenta antes, los ojos de Yuki se parecían mucho a los de Kanda, obvio, y aquel sentimiento se lo había advertido. Pero suponía que jamás creyó que volvería a verlo otra vez, menos en una situación como ésta. Había ayudado a la esposa de Yuu Kanda, se había encariñado con el hijo de su antiguo amor; ironías de la vida.
- Muchas gracias por ayudar a mi madre, Sr. Aren – no pudo evitar la sonrisa, el niño no era culpable, es más, ni ahora sabiendo lo que sabía le desagrada el niño, en lo absoluto.
- No te preocupes, está bien – sus palabras eran sinceras, más allá del verdadero sentido. Porque estaba bien, al menos por ahora.
- Quiero presentarle a mi padre – tembló, sin hacerse notar por ello.
Por primera vez, desde que les dio la espalda, miró a Kanda; ahora era el mayor quien les daba la espalda, pensó en lo que el pequeño le decía, ¿Podía acaso actuar como dos completos desconocidos? Allen creía que Yuu tal vez así lo haría, estaba seguro que el japonés no quería comprometer a su familia, en cuyo caso, tendría que dar muchas respuestas. Además, no estaba preparado para ello, no podía hacerle frente y decir: "Tiempo sin verte, Kanda"; por el simple hecho que verlo aun dolía; tenerle cerca no significaba que el mayor lo estuviera, ambos estaban separados por una enorme verja que ninguno de los dos podía cruzar, ambos cargaban con responsabilidades que el tiempo y la vida había impuesto en sus recorridos desde que se separaron. Ya no eran más unos adolescentes, por ello, no deseaba cometer ningún error frente a Yuu Kanda, la herida estaba supurando, no quería reabrirla.
- Sr. Walker, la segunda intervención está por comenzar – el mismo mayordomo que se había visto en todo aquel trabajo de ir y venir a la habitación, apareció ante ellos.
Allen le miró, y vio un rayo de esperanza, sabía que actuaba como un gran cobarde, pero no era el momento, no cuando Yuu estaba con su familia, además, tampoco parecía que Kanda apreciase su presencia. Le dolía un poco el pecho.
- Será en otra ocasión – acarició los cabellos tiernamente, Yuki asintió y le sonrió por la caricia – Espero que tu madre se recupere.
- Nos veremos entonces, Sr. Aren – Allen se incorporó, mirándole con la misma sonrisa desde su altura, asintió, afirmándole con el silencio y la acción.
Su mirada, en contra de cualquier otra restricción, se encontró con la de Yuu Kanda, el japonés parecía analizarle de cuerpo completo; ya no eran los mismo, no como aun se preservaban en los recuerdos del otro, sonrió con tristeza, se acaba el tiempo y parecía que el mismo ni siquiera corría. Aquellos ojos negros le enfrentaron, logrando que Allen contuviera la respiración; sin embargo, cuando Kanda finalmente parecía estar dispuesto a no darle más la espalda, Alma despertó, sujetando a su esposo de la chaqueta. Estaba un poco débil, su cuerpo parecía no haber recuperado las fuerzas perdidas por el desmayo, pero en aquella situación su espíritu se autoimpuso con rebeldía; su deseo iba ponderado a sus sentimientos, y teniendo la oportunidad no iba a perderla, a pesar de la presencia de aquel chico. Por eso detuvo a Yuu, no se dejaría vencer estaba vez, significara lo que significara aquel rencuentro impuesto por el destino, ella pelearía estaba vez para obtener lo que quería.
Allen les miró, Yuu parecía por completo absorbido por la presencia de su esposa, que al instante de sentir la acción de la mujer, había apartado la vista de Allen y la atención había recaído en la bella nipona. No pasó mucho tiempo cuando fue Yuki quién salió corriendo al lado de su madre, que incorporándose con ayuda del japonés mayor, recibió a su hijo entre sus brazos, brindándole palabras tiernas y sutiles caricias; Allen observó abstraído a la familia, la mano de Kanda reposaba en el hombro de la mujer, y el mensaje fue captado a la perfección: "Aquí tienes tu respuesta, otra vez". Sonrió, con la misma tristeza del pasado, mientras sentía su corazón colapsando en fuerte sondeos de aquel dolor no menguado a pesar del tiempo; sonrió, porque sólo eso podía hacer.
- ¿Señor Walker?
- Un momento, por favor – respondió al mayordomo, quién se inclinó, aceptando las palabras del pianista, retirándose a continuación – Me alegro que se haya recuperado.
Su voz salió lo más calmada de lo que pensaba, su garganta le molestaba, e inspiró para darse fuerza ante las palabras. Las tres miradas estaban fijas en él, o algo así; Yuki le sonreía desde su puesto, entre los brazos de su madre, Kanda miraba hacia un punto fuera del alcance de los ojos y el cuerpo del albino – seguramente a la pared de la espalda de Allen – y la esposa de Yuu, Alma, le miraba un poco cohibida por alguna razón. Algo que Allen no entendía.
No se acercó a ellos por la simple razón de que no tenía la fuerza para ello, así que desde su posición, se inclinó, despidiéndose, claramente, ante la desesperación que se formaba en el pecho de Yuu; palabras como: "Se va, se aleja de ti, lo pierdes otra vez", se manifestaron en su interior, sin embargo, fue una más ruda que todas las anteriores lo que le dejó helado en su lugar: "Pero tú le dejaste primero".
- ¡Prométalo! – la pequeña voz del niño sacó a los mayores de su aturdimiento, todas las miradas recaían en el pequeño – Prometa que lo veré otra vez.
Ambos padres miraron con asombró al más pequeño de la familia, por primera vez sus corazones latían en sincronía por una misma razón, la respuesta del albino – aunque ambos esperaban distintas respuestas – y para su desconcierto no recibieron ni una ni otra.
Allen sonrió al más pequeño, de entre los tres, era al único al que le podía mantener la mirada fija: – Sí así tiene que suceder – se despidió con una leve inclinación de cabeza, y partió por el mismo lugar que el mayordomo había hecho – Fue un placer conocerlos…a todos.
Salió, ante la mirada atenta de los miembros de la familia Kanda; y fue en ese segundo que Allen salía que el impulso de perseguirle en Yuu creció, sin embargo antes de sus acciones fueran tomados por sus deseos, la voz de Alma le detuvo y le regresó a su realidad: – Volvamos a casa.
Asintió sin dejar de mirar la puerta ahora cerrada. – Sí – Segundos después, la melodía de un piano se volvió a escuchar en toda la residencia. Rammaninov.
La voz de Yuu estaba furiosa, era como en el pasado, o peor; Lavi sabía como actuaba el japonés en ocasiones cuando jóvenes el pelirrojo lo molestaba, en esta ocasión, la furia era proyectada en su imaginación y se alegraba que lo separaran kilómetros de distancia, no quería estar cerca de Yuu si el pelilargo estaba a punto de perder el control. Lavi sabía que eran pocas las ocasiones que sucedía algo así, y la última vez había sido en aquella ocasión, cuando vio a su amigo derrumbarse frente a sus ojos; por ello, el pelirrojo podía asegurar que la furia no era el único sentimiento que se albergaba en el interior de su antiguo compañero de clases.
- ¡Será mejor que me des una explicación, Lavi! – rugió el japonés desde el otro lado de la bocina - ¡¿Por qué mierda no sabías que el Moyashi estaba en New York? ¡Joder! ¡Nos vio a los tres, pendejo! ¡¿Entiendes?
- Trata de calmarte, Yuu – suspiró Lavi, el reloj marcaba veinticinco a los nueve, Lenalee no tardaría en llegar – No tenía idea, te lo juro.
- ¡Púdrete, imbécil! ¡No me llames por mi nombre! – estaba alterado – ¡Te lo pregunte! ¡Ahora me encuentro con nada menos que con el Moyashi brindado un concierto para la más alta alcurnia New Yorkina! ¡¿Cuál es tu excusa?
- ¿Te habló? ¿Te reclamó frente a ellos? ¿Qué te dijo?
- ¡Ni mierda! Actuó como si no me conociera
- No veo el problema – se sinceró, esperando que Yuu le atacara segundos después – En ese caso no tienes que preocuparte, si él fuera a delatarte lo hubiera hecho.
- ¡Ése no es el maldito problema, Baka Usagi!
- ¿Ah, no? – cuestionó intrínseco, pululando entre varias ideas – Entonces ¿Cuál es? Porque yo no lo veo, si Allen no te habló eso significa que no quiere saber nada de ti, en cuyo caso, no tendrías ningún problema… Porque eso es lo único que te importa ¿cierto, Yuu? … Que tu familia no se encuentre nunca con Allen.
- … Lo vieron, lo han conocido… ¡El Moyashi sabe sobre ellos, con un demonio!
- … Hará las cosas más fáciles, entonces. Tu padre dejó en claro-
- ¡Joder, no me digas lo que ya sé! ¡Sé lo que ha dicho!
- ¡Entonces porqué actúas así, ¿eh? – se alteró, el silencio fue su respuesta – Dime la verdad, Kanda, ¿Cuál es la verdadera razón de que hayas querido averiguar sobre Allen? ¿De qué hayas querido saber todo lo qué hacia?
- …
- ¿Acaso querías estar seguro de que estuviera bien?... o ¿Deseabas verlo otra vez? ¿Qué era, Yuu?
- …Vete a la mierda, Lavi – y colgó.
Lavi quedó con las palabras queriéndose salir por la boca, miraba alternativamente el reloj pegado en la pared, y la bocina que seguía sonando con ese pitido de descolgado. Lo dejó en su lugar, y su atención se posó en el reloj, cinco minutos y Lenalee entró por la puerta de enfrente. Le saludó con una sonrisa y el semblante cansado; antes de que la china pudiera preguntarle cualquier cosa, Lavi habló:
- Lenalee ¿Tengo algo que preguntarte?... Se trata de Allen – la sonrisa se borró en las facciones de la oriental.
- Madre, ¿Ya te sientes mejor?
- Sí, no te preocupes – sonrió a su hijo, sentándole en su regazo. Descansaba en la cama matrimonial – ¿Ya has cenado?
- Kaede-san se encargó de que comiera todo – respondió con una pequeña sonrisa – Padre no me acompañó en la cena… ¿Por qué?
- ¿Dónde está tu padre?
- Se ha encerrado en su despacho – prosiguió Yuki, con la mirada gacha – Ha dicho que no quiere ser molestado.
Fue la caricia de su madre lo que reanimó al pequeño Yuki; pero fueron las palabras dichas por el menor lo que desanimaron a Alma. Eso significaba que el encuentro de ese joven de su pasado si le había conmocionado, Alma ahora estaba segura. La persona de la cual Yuu mantenía fotos en el escritorio de su despacho, de la que a veces llamaba en sueños, e incluso pensaba aun estando con ella, era aquel músico de cabello blanco.
Alma no podía negar la belleza andrógina de aquel chico, aun así, era hombre. La persona por la cual no podía ganar un lugar que merecía en el corazón de Yuu, era hombre; cuando supo eso, en aquella ocasión no pudo creerlo, debió haber sido un error, lamentablemente no fue así. Una vez que quitó el marco, descubrió una pequeña leyenda en la parte trasera de la fotografía, la cual despejó todas sus dudas: "Feliz aniversario, Bakanda… Te amo, Allen".
Quiso destruirla, oh, vaya que lo deseo con todas sus fuerzas; enfrentarse a Yuu y reclamarle su infidelidad, aun cuando no lo viera, era obvio que Yuu aun pensaba en aquel muchacho, que no podía amarle si aun seguía en sus pensamientos. Quería reclamarle por qué si no la amaba se casó con ella. Pero no lo hizo, la educaron para callar, esperar el momento y ser leal a su esposo; tampoco Yuu había dado señales de adulterio – además de la foto – y sabía que si alguien se enteraba sobre que el hijo único de los Kanda había tenido una relación… homosexual en el pasado, toda la familia, inclusive la suya, sería perjudicada; no quería mucho menos lastimar a Yuu, herirlo de esa forma a pesar de lo que había hecho en el pasado. Y también estaba su hijo, quién sería el más lastimado en todo aquello. Por eso callaba, por eso evitó que cualquier contacto que se pudiera dar entre ellos no sucediera.
No era tonta, Alma sabía que aquel momento, cuando el chico se despedía de ellos, había visto en los ojos de Yuu el deseo de ir tras él. No podía dejarle, no cuando su hijo estaba presente, no cuando era obvio que el pelilargo aun sentía algo por aquél muchacho. No podía decir lo mismo del tal Allen Walker, no lo conocía lo suficiente, y cualquiera entendería porque era lo último que deseaba hacer; tenía la convicción de proteger la estabilidad familiar de su casa, y para ello, Yuu no tenía que acercarse a Allen Walker. Siendo sinceros, no vio en el menor ningún deseo de hacerlo. Nuevamente, Alma no sabía todos los detalles de aquél… retorcido pasado de su esposo, las razones porque terminaron eran desconocidas para ella, pero tenía algo en su favor; estaba casada con Yuu Kanda, tenían un hijo, y la primera impresión pudo ser suficiente para Allen. No podía acercarse, no debía.
- No te preocupes, tendrá mucho trabajo – Yuki asintió, entendiendo aquél punto – Si quieres, puedo persuadirle que pasa todo el día de mañana con nosotros.
- ¿Podrías? – Yuki se emocionó - ¿No tiene mucho trabajo?
- Sé que lo consideraría si ese es tu deseo.
- Gracias, Madre – el abrazó de Yuki la reconfortó, sí, definitivamente no se dejaría vencer por Allen Walker.
- Ahora, se un buen niño, y ve a la cama. Kaede-san te atenderá.
Yuki bajó de la cama, y una señora mayor de cincuenta años le esperaba con una sonrisa en los labios. Ya se iban, cuando Yuki paró y virando hacia su madre dijo:
- Madre, quisiera… quisiera aprender a tocar el piano – la noticia caló fuertemente en Alma. No podía creer lo que escuchaba, pero ahí estaba su hijo, confirmando lo que ya había dicho.
- ¿Por qué? – pudo a penas susurrar, pero Yuki no se alertó por el tono de su madre, estaba perdido en sus pensamientos, mientras los recuerdos de la noche regresaban a su mente.
- Fue increíble, como el Sr. Aren tocaba – imitó con sus pequeños deditos lo que hace unas horas había presenciado, ante la sonrisa de Kaede-san y la estupefacción de su madre – Yo quiero tocar como él, quiero sentirme tan bien como él.
- … Yuki – susurró, el miedo se apoderaba de él, en los ojos de su hijo se percibía admiración por aquél músico que insistía en llamar: Aren. Aren, Allen, Allen Walker, ni más ni menos.
- Por favor, madre, Realmente yo… – Yuki se sonrojo, sus tiernas mejillas teñidas de aquel rojizo suave para un niño de piel reluciente - Yo quiero que él me enseñe a tocar.
- ¿Él? – cuestionó, sentía su cuerpo débil y flojo - ¿Por qué él?... No creo que él se dedique a la enseñanza, querido. No creo que éste de acuerdo con enseñarte…
- Padre podría convencerlo, estoy seguro que Padre pueda hacerlo. Él siempre puede conseguir lo que quiere – pidió desesperado Yuki, recordando como muchas veces su padre decía que su trabajo consistía en conseguir lo que los demás no podían – Madre, dile, dile que quiero al Sr. Aren Walker como maestro, por favor…
- … ¿Por qué él? – cuestionó otra vez, mirando sus manos en su regazo a pesar de lo debilitada que se sentía - ¿Por qué deseas que el Sr. Walker te enseñe?
- Él me agrada, y mucho. Fue muy divertido… ¿No le agrada, Madre?
- Lo discutiremos después – fue su última sentencia, y Yuki entendió que su madre estaba cansada.
No queriendo importunarla por más tiempo, se retiró, deseándole un buen descanso: –Buenas noches, Madre –, tomó la mano de Kaede, para la cual no fue pasado desapercibido el espanto de su señora ante el nombre de aquél sujeto llamado Allen Walker. Quien parecía haberse ganado los favores del pequeño Yuki y su agrado; Kaede no entendía sin embargo, porque su señora parecía tan consternada, casi con terror.
Lo que Kaede no entendía, Alma lo exteriorizaba a la perfección. Su más grande temor vuelto realidad, Yuki deseaba la compañía de aquel ente que podía acabar con su familia con una sola mirada. Tenía tantas cosas en mentes que Alma no podía descansar como necesitaba, miró alternativamente en su habitación. Necesitaba a Yuu, necesitaba… tenerlo ahora.
Tenía que hacer cualquier cosa por su familia.
El tragó amargo corrió por su garganta, peor que todas las bilis amargas; aquel sentimiento no se apaciguaba así, sin embargo, sabia que poco le serviría descargarse gritándole a Lavi o perderse entre las olas incandescente que la bebida causaba en la psique de todo cuerpo. No olvidaba, sentía un poco menos, pero era igual de fuerte. Desde la primera copa, el recuerdo, el golpe seguían siendo el mismo, el licor sólo ayudaba a solventarlo, creerlo, y llevarlo lo mejor que podía. Respiró con furia, de la misma forma en que un toro lo hace cuando está apunto de atacar y el blanco está en la mira. Ahí, pululando frente suyo, regodeándose de su control, y esquivando cada arremate.
Era Allen Walker, y el peso de su pasado estaba ahí.
No sabía que le molestaba más, que el albino hubiera actuado tan desinteresadamente o que no había podido controlar el sentimiento que le había embargado desde que lo vio; se sentía herido en su orgullo, reprochándose así mismo por ello, después de todo, estaba claro que Allen tenia derecho de seguir con su vida como si nada; en apariencia, él había hecho lo mismo. Pero así también, en apariencia, y Yuu no sabia si lo de Allen había sido sólo mascaras.
Habían pasado tantos años.
Pero a pesar del tiempo, aun conservaba el mismo magnetismo que desde el principio le había atraído. Sus movimientos, sus ojos, su cuerpo, aquel sentimiento era el mismo, Yuu quiso apabullarse por ello. Ya lo sabia, siempre lo había sabido, aun no olvidaba al Moyashi, con familia y todo, con sentimiento de traiciones y de más, no podía olvidarle. Sus sentimientos seguían igual de frescos. Por ello se refugiaba en el alcohol, borrando sus acciones anteriores; marginándose en el "y si".
¿Qué hubiera sucedido si hubiese ido tras el albino? Lo hubiese detenido entre sus brazos, manteniendo el calor conocido entre su cuerpo, sintiendo de cerca el olor tan atrayente a menta y fresas silvestres. ¿Qué hubiera pasado? ¿Allen lo aceptaría nuevamente? ¿Le dejaría besarle en los labios, saboreando nuevamente aquel dulce prohibido? ¿A aquella boca con sabor a manzana acaramelada? ¿Se hubiese atrevido a dejar todas sus convicciones atrás como en el pasado, aun cuando ahora tuviera familia… y el Moyashi una posible pareja?
Ese pensamiento le restregó la bilis, escupió ante su rival imaginario, dejando que el sabor del Vodka y el Ron apaciguara a la bestia de los celos que hace años se encontraba dormida, y que regresaba solamente cuando su maldita mente le hacia malas pasadas, y le obligaba a imaginar a un Moyashi con otro, un frijol siendo toqueteado por otro, saboreado, logrando con sus manos esos suaves y dulces gemidos turbulentos de la más tórrida pasión. Aprisionándole con su cuerpo, devorándole, haciéndole el amor, haciendo suyo aquel cuerpo, y su corazón… ese maldito órgano que sólo debería latir por él, y para él. Allen bien pudiera estar en los brazos de otro en éste momento.
Ensimismado, tal y como estaba, con aquellos sentimientos que no se decidían si aceptar la excitación o la furia como influencia de su empalamiento, no notó como la puerta su despacho era abierta. Yuu la había cerrado con llave, o tal vez no, no lo recordaba. En su mente, el último recuerdo del Moyashi regresaba, cuando se había alejado, cuando de cierta forma, con aquel movimiento le había dicho: "Tú ya no me interesas". Y tal vez había otro llenando su lugar.
Rugió, como el recordatorio a todo de lo que aun sentía. Buscó la perdida botella de Ron, no la encontró, y Vodka se había ido de paseo por la alfombra; desesperado por la traición de aquellos dos compañeros, se incorporó tambaleante, despilfarrando maldiciones aquí y por allá. Pero dos brazos le hicieron volver a su puesto, y su mirada cristalina por el uso excesivo de brebajes intoxicantes, confundió uno por otro. Creyendo ingenuamente que dos más dos es cinco, cuando en realidad era cuatro.
Porque al sentir esos labios sobre los suyos, y por efecto de lo que ya había tomado, entre sus brazos no estaba la persona que él creía sostener. La cual aun le trastornaba por noches enteras, le confundía y hacia avivar la llama de los celos y el deseo; porque no era el Moyashi – su Allen – a quién había vuelto a tener en sus brazos, reclamando frente a todos aquellos enemigos ficticios a quién pertenecía. No, era Alma, Alma quien deseaba esto más que nada, aun a pesar que la mente y el cuerpo de Yuu gritaran: Allen.
- … Allen…
Vomitó hasta que sintió su propio estomago arder por las arcadas, todo lo que había comido durante el día de seguro se había perdido por el drenaje, sentía su cuerpo débil, su mirada confundida. Le daba vueltas la habitación, y en su cabeza, el llanto de la última sinfonía que había tocado esa noche se repetía incansablemente. Tan desgarrador como su corazón en ese momento, como sus entrañas ardiendo.
¿Por qué? Repetía, ¿Por qué? Seguía repitiendo incansablemente. ¿Acaso Dios le odiaba tanto? Porque si así era, vaya que hacia muy buen trabajo para restregárselo en la cara. Se rió de si mismo, como si a Dios le importase lo suficiente como para tomarse su tiempo para brindarle calamidades tras calamidades, una tras otra. No, él se merecía esto, por sus mayores errores, por sus culpas olvidadas… porque ingenuamente había creído que podía ser feliz.
Se rió otra vez, desfigurado aun con lágrimas bañando su rostro. No teniendo nada más en el estomago, se acomodó lo mejor que pudo en el piso del baño, en posición fetal, abrazándose con fuerza, tratando de detener las convulsiones de su cuerpo por el gimoteo que se avecinaba. Hace ya tiempo que no lloraba así, ni por los último acontecimientos que había vivido lo había hecho. Pero ahí estaba otra vez él, trastornando su mundo, apaciguando sus fuerzas, liberando la fieras que lo auto agredían constantemente, y ésta vez con mayor fuerza.
Padre, Yuu, su Yuu – o su ex Yuu – era Padre, tenia esposa, un hijo. Lo que siempre quiso ¿no? Porque así era, si era eso lo que siempre había querido, y recordándole bien, ya una vez se lo había dicho a Allen, entonces debería felicitarlo, porque Dios, lo había hecho bien: "Ahí está, lo tienes. Ahora ¡Sólo déjame en paz!"; y no con esa cruda realidad podía olvidarle.
Porque si lo querían saber, pues sí, así era, aun dolía, le dolía más que nunca, su pecho se retorcía infraganti, le costaba horrores respirar; como si de su interior una bomba estuviese apuntó de estallar. Sabia que no sería lo único, y por ende quería odiarle; aun cuando sus piernas temblasen ante su recuerdo, aun cuando desease fervientemente que le tomara en brazos, susurrándole al oído que le deseaba, que quería tomarle aquí y ahora. Mientras era seducido por su calor y su olor. Maldición… ¿Por qué? ¿Por qué? Su corazón realmente dolía, a cada momento, convulsión tras convulsión. ¿Por qué?
¿Por qué tenia que seguir amándolo?
Notas finales:Más largo que lo acostumbrado, pero estoy de vuelta, me tomara tiempo volver con otro, ,estoy trabajando con en Inocentes ahora, me esta costando, porque el tiempo esta casi en mi contra, no hay mucho como veran, y también lo tengo vetado...En fin, espero que el capi les haya gustado de todas amneras. Disfrutadlo, esto es para usteds.
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sin espacios...^^
QUE PASEN UN FELIZ AÑO NUEVO 2012!
