Disclaimer: El maravilloso mundo de Harry Potter [incluyendo personajes] le pertenecen a J.K. Rowling Solo la trama & unos cuantos personjes nuevos son míos.
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Harry Potter [2009] FanFiction
яεмεмвεя мε © GirlGryffindor
Harry Potter © J.K. Rowling
I've spent so much time throwing rock at your window that I never even knocked on the front door. I walk by statues never even made one chip but if I could leave a mark on the monument of the heart I just might lay myself down
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Evanescene - The Last Day
.3
S T R A N G E E V E N T
Cielo
Me han atacado unos Dementores y es posible que me expulsen de Hogwarts. Quiero saber que está pasando y cuando voy a poder salir de aquí.
Harry
Deslizó los dedos por pequeño pedazo de pergamino amarillento. Sentía las marcas donde él había presionado con tanta fuerza la pluma contra el pergamino que casi lo había roto. Podía imaginárselo mientras escribía; lo veía garabateando aquellas palabras llenas de ira y frustración con su tosca letra, acuchillando una línea tras otra cuando sentía que las palabras no reflejaban su verdadero sentimiento. Se imaginaba su desesperación, lo veía muy claro.
Volvió a releer las palabras que ya casi había memorizado. No le resultaba sorprendente en la manera en que la hacía sentir en esos precisos momentos. Detrás de casa violento comienzo, había un inmenso pozo de sufrimiento; la pena de Harry le dolía mas que la suya.
Mientras reflexionaba acerca de todo aquello, captó el olor inconfundible de algo que se quemaba en la cocina de Grimmauld Place. En cualquier otro hogar no hubiera resultado preocupante que cocinara alguien que no fuera la Señora Weasley.
Metió el pequeño pergamino amarillento y arrugado en el bolsillo trasero de sus pantalones y echo a corre, bajó de las escaleras hasta el final en un tiempo récord llegando a la puerta que conducía a la cocina del sótano.
Una pipa de humo suspendida en el aire se vislumbraba en toda la grande estancia de la cocina, como si allí se hubiera librado una batalla y través de ella se escuchaban las disculpas de Tonks por su torpeza.
— ¿Qué ocurrió? — Preguntó entrando en la gran estancia.
— Solo quise ayudar con la cena — Contestó la inconfundible voz de Nymphadora Tonks quien se encontraba junto con la Señora Weasley, tratando de remediar la comida mal hecha.
Cielo sonrió un poco ante este divertido hecho. Le agradaba mucho la gracia torpeza y simpatía de Tonks. Mientras que en el fondo de la sombría cocina trataban de poner todo en orden, en una larga mesa de madera cubierta de rollos de pergamino, copas, botellas de vino vacías y un montón de algo que parecía trapos. Hermione Granger se encontraba concentrada en un gran libro viejo y grueso.
— ¿Recibiste la nota de Harry? — Hermione levantó la cabeza al escuchar la calmada y suave voz de Cielo Bonneville.
— Si, he estado buscando información y no pueden expulsarlo, no pueden hacerlo, lo estipula el Decreto para moderada limitación de la brujería en menores en situaciones de amenaza para la vida…—
— Claro que eso no pasara eso Hermione. Dumbledore no lo permitirá…nadie lo hará — Hermione quitó las vista del viejo libro. Miró fijamente a Cielo quien se movía inquietamente del lugar en donde se encontraba.
— Creo que es mejor que nos tranquilicemos un poco — Al ver su estado y el de ella.
— No debimos haberle ocultado tantas cosas a Harry…No era justo para él — Cambiando el tema por completo. Hermione se movió incomoda en su asiento.
— Pero, no podíamos recuerdas, Dumbledore nos hizo jurar que no le diríamos nada — Sentenció Hermione.
— Lo se pero…aun pienso que hicimos mal. Harry nos necesita mas que nunca y haber hecho eso siento que…lo hicimos aun lado. Y un claro ejemplo de es esto — Enseñando el dedo índice de la mano derecha donde tenía un corte ya casi curado pero profundo — Hedwing casi nos mata a picotazos al traernos las ultimas cartas de Harry. Quería respuestas…— Hermione también miro sus heridas. — Y ahora esto, debemos ir ah…—
— Basta de charlas — La voz autoritaria de la Señora Weasley resonó en toda la habitación. Cielo cerró la boca ante su interrupción, le dio el presentimiento de que quería evitar que dijera algo descabellado. — No deben preocuparse ¿De acuerdo? Ahora que a Harry le sucedió esto la Orden no tardara mucho en ir por él, muy pronto estará con nosotros, sano y salvo pero por ahora, ayúdenme a llamar a los demás para que venga a cenar ¿Esta bien? —
Cielo miró a Hermione mientras que ella le devolvía la mirada. Las dos cabecearon en silencio y la señora Weasley suspiró de alivio.
— Hermione podrías llamar a Ron y a los demás mientras que tú Cielo a Remus y Sirius ¿Por favor? Díganles que la cena esta lista —
— De acuerdo Señora Weasley — Contestó Cielo antes de salir por la ancha puerta.
Salió de la cocina y se encontró con unas escaleras al final del estrecho pasillo, éstas conducían hacia arriba. Sin saber a dónde se dirigía, simplemente se dispuso a no dejar de caminar hasta no haber encontrado a su ex profesor y al padrino de su amigo. No tardó mucho en cumplir con su objetivo. Las escaleras la llevaron a un largo y oscuro pasillo. Había demasiadas puertas y todas cerradas a excepción de una que se encontraba semi abierta y adentro de ella provenían unos murmullos. Ahí estaban.
Siguió caminado hasta el fondo y al llegar a la puerta que se encontraba semi abierta, Cielo se detuvo cuando notó a Remus y Sirius teniendo una discusión en aquella habitación.
— Sé muy bien lo que te estoy diciendo Lunático ¡Es ella, lo se!
—Sirius…Piensa lo que estas diciendo. Estoy de acuerdo que tiene gran parecido, pero puede ser una simple coincidencia…
— ¡No, no lo es Remus, se que es ella! Lo presiento y se que tú también —
— No son la misma persona, deja de tratar de convencerte. Podrías cometer un error si intentas algo, Sirius —
— Pero piénsalo mejor, Remus. Ella me dijo que no lo entendería…—
Hubo silencio durante unos segundos. Cielo frunció el ceño. ¿De qué hablaban Sirius y el profesor Lupin?
— Sigues enamorado de ella — Suspiro Lupin — No has logrado olvidarla — Dijo por fin.
— ¿Cómo iba a olvidarla? La sigo amando. Su recuerdo me acompañó cada segundo en Azkaban, el recuerdo de su partida… y ahora… —
— No tienes pruebas de que sea ella —
— Tú tampoco tienes pruebas de lo contrario —
— Y en el caso de que fuera ella, ¿Qué más da? Ella nos olvidó, muy claro esta. Es lo mismo que deberías hacer tú —
— No es tan fácil, Lunático...—
Con suma delicadeza abrió los ojos color miel. Cielo se levantó confusa ¿A qué había venido ese recuerdo? Los latidos de su corazón eran demasiados acelerados, parecía que saldría de su pecho. Se llevo una mano a su frente; tenía unas pequeñas gotas de sudor.
¿Qué había sucedido?
Una mortecina luz; la luz propia del día penetraba por las grandes y altas ventanas. . El sol brillaba con todo su esplendor en el despejado cielo azul. Se acercó con paso delicado hacia la ventana. La luz del día iluminaba los grandes jardines de la Mansión. Un nuevo día había comenzado. Se alejó un poco de la ventana.
Observó su dedo con detenimiento y frunció el seño ¿Dónde de encontraba el picazón que le produjo el reloj? Cielo quedó pensando, intentaba con todas sus fuerzas encontrar restos de recuerdos de lo sucedido y una respuesta lógica por aquel extraño suceso, pero era inútil.
"¿Qué está pasando?" Pensó en voz alta mientras miraba alrededor de tota la habitación. En ese momento, una anciana entró en la gran alcoba con una bata de color rosa suave y esponjoso. Dio un gritó de horror. Cielo dejó escapar un grito pequeño y agudo de sorpresa.
— ¡¿Qué haces en mi casa? — Gritó la anciana.
Cielo quedó en estado de shock. — ¿Su casa? —
— ¡Esta es mi casa! — El rostro de la mujer se puso roja y ella respondió con enojo: — ¡Mi Douglas construyó esta casa hace treinta y cinco años y he vivido aquí desde entonces. Esta es mi casa! —
— ¿Quién demonios es Douglas? — Cielo preguntó todavía conmocionada.
Al parecer la anciana ya había tenido lo suficiente. Ella cogió un bastón que tenía aun lado e intentó golpear la cabeza de Cielo con ella. Cielo se agachó y corrió hacia el otro lado de la habitación, y al preciso momento en que iba salir de la ventana vio con el rabillo del ojo el pequeño reloj de bolsillo.
— Demonios —- Abalanzándose en dirección al pequeño objeto.
La anciana lanzo el bastón de nuevo y esta vez acertó en la parte posterior de la cabeza de Cielo.
— ¡Fuera! — Gritó — ¡Fuera de mi casa o llamare a la policía! —
Cielo no tenía que contar dos veces. Corrió tan rápido como pudo de la casa y no se detuvo hasta que cruzó cuatro cuadras de distancia. Una vez que ella pensó que era una distancia segura de aquella la vieja loca del bastón, se sentó en la acera. Se sentía completamente confundida e indefensa.
¿Qué significo todo eso?
...
to be continue
