Buscó por horas pero todo fue inútil, en el hotel, según algunos, sólo vieron a unos hombres de negro subir hasta su habitación, escucharon algunos ruidos extraños y el desprendimiento de la puerta, pero nadie les vio salir, estaba desesperado, y ansioso, tomó algunas cosas y continuó con su búsqueda, ignorando al conglomerado de gente que le observaba las heridas que ya estaban cerrándose. Siguió buscando por las calles, y se topó con una persona donadora de sangre y se sirvió de ella sin matarle para poder recuperar energías, ya que sus heridas estaban tardando demasiado en cicatrizar.

De nuevo, en la búsqueda sintió esa desesperación terrible que hacía años no sentía.

Miraba a su alrededor y sentía el sentimiento en su pecho carcomerle y quemarle de manera súbita y sin piedad, buscaba y parecía como si aquello fuese una terrible pesadilla, se detuvo en una esquina intentando calmarse, reposando unos instantes las heridas que aún manaban sangre.

Nuevamente, esa terrible sensación volvía.

Soledad.

Y extrañamente, sin pensarlo, en una noche, la había perdido, y con ella, su mundo completo.

Winter despertó sobre una amplia cama con ligeras cortinillas traslúcidas que la cubrían alrededor, se reincorporó sintiendo el fuerte dolor de cabeza, se tocó la frente justo sobre la ceja izquierda y notó una mancha de sangre que aún manaba por la herida. Hizo a un lado los velos de tela fina y observó la habitación, decorada con pinturas que al parecer eran de las más caras que jamás había visto en su vida, jarrones detalladamente decorados y pintados, finas lámparas que alumbraban desde el techo una exquisita y armoniosa luz amarillenta, no había ventanas, y la enorme puerta de madera parecía ser tentadora en esos momentos, se puso de pie sintiendo el mareo provocado por el fuerte golpe que recibió contra el piso al ser derribada por uno de esos extraños hombres que entraron por la fuerza a su habitación. Había luchado e incluso había lanzado a uno por la ventana, pero cinco hombres fueron demasiados para ella y su necesidad de escapar.

Se apresuró hacia la puerta pero parecía estar cerrada por fuera, empujó, pateó y demás pero no halló nada, parecía ser que aquella enorme puerta era demasiado fuerte para ella, continuó observando el lugar, amplio, elegante y limpio; como si lo hubieran preparado para su llegada, buscó en el buró a un lado de la cama y las gavetas que estaban en la cómoda cerca del gran espejo que reflejaba su figura completa, no halló nada, tomó una silla que estaba frente al mueble que albergaba peines, lociones y demás cosas de arreglo personal y la apoyó entre sus manos retrocedió unos pasos dispuesta a romper esa puerta a como diera lugar.

Pero antes de que ella pudiera mover un músculo los cerrojos de la puerta sonaron haciéndola fijarse sin soltar la silla de madera, sea quien fuere, Winter estaba dispuesta a matarle para poder escapar.

- Ah, ya despertó –balbuceó un hombre alto y delgado pero con presencia fuerte e imponente.

Lanzó un grito de guerra y moviéndose ágilmente levantó la silla rompiéndosela encima de aquel hombre, le dio un golpe en el abdomen haciéndolo caer y dos más entraron a intentar sujetarla, pateó a uno pero no se libró del otro que la sujetó de los brazos, retrocedió unos pasos haciendo que chocara contra la pared, movió la cabeza golpeándolo en la nariz, se liberó, tomó un pedazo de la madera de la silla que se había roto momentos atrás y se la insertó al enorme hombre que se había recompuesto.

Salió de allí y vio a su alrededor una gran casa de amplios pasillos y gran escalera que conducía a quién sabe dónde, intentó bajar pero se topó con otros tres hombretones que subían, retrocedió pero notó a los hombres maltrechos que salían de la habitación que ella había abandonado.

- ¡Maldita perra!, ya verás lo que es pelear –gritó uno de ellos.

Se acercó y ella le esquivó dándole un puñetazo en el costado, los demás se aproximaron pareciendo aquello una rara demostración de peleas callejeras, derribó a aquel hablador, y al que le había lastimado la nariz le dio un fuerte revés que le hizo retroceder, tomó uno de los jarrones que había sobre las mesitas de madera cerca de la esquina del pasillo y le estrelló una en la cabeza de uno de ellos, parecía ser una pesadilla en la cual su batalla no tendría final, uno le dio un puñetazo en la mejilla moviendo su mundo, después de ello varias manos la sujetaron levantándola del piso, inmovilizando sus brazos y sujetando su cabeza, justo cuando el hombre que la había golpeado inicialmente iba a darle una serie de golpes desquitando el fuerte golpe propinado por ella, alguien detuvo aquel espectáculo.

- ¡Pobre de aquel quien toque a esa mujer! –una voz firme se escuchó desde las escaleras—. Porque será lo último que haga en su patética existencia.

Las fuertes manos la soltaron de un momento a otro al escuchar esa voz, Winter escupió un poco de sangre de la boca mirando con furia a aquel hombre, los pasos se detuvieron y ella se volvió para observar a quien dirigía a todo ese grupo de salvajes.

- A… Ale… —ella lo miraba con espanto manteniendo la mano sobre su boca sangrante—, Alexander…

- Hasta que nos volvemos a ver, mi hermosa Winter –dijo con ese tono altivo e intimidante de siempre, a su lado estaba el hombretón que la había intentado capturar aquella vez en el bar—. Perdona las molestias, pero ellos no saben tratar con mujeres.

Ella lo miraba con los ojos bien abiertos de arriba hacia abajo, intentando comprender lo que sus ojos percibían, vestido con pantalones negros y una camisa a mangas largas blanca y fina. Él realmente estaba completamente cambiado, distinto a como ella le recordaba, tragó saliva intentando hacerse creer que todo eso era una pesadilla.

- ¿Quién te ha hecho eso? –preguntó intentando acercarse pero ella retrocedió como un animal asustado.

Todos los allí presentes, incluso el enorme hombre al lado de Alexander estaban con las miradas bajas demostrando respeto a quien aprecia ser su líder, y Winter, sin titubeos levantó la mano apuntando al individuo que la había golpeado momentos antes.

- Vaya, parece que no entienden cuando les doy una orden –él dijo en voz media meneando al cabeza con un poco de disgusto.

- Señor, ella se estaba saliendo de control…

- No me importan tus justificaciones –él dijo interrumpiéndolo—, Ralph, ya sabes qué hacer.

El hombre alto y moreno hizo un movimiento con la mano y varios de ellos sujetaron al hombre, éste intentaba justificarse pero entre empujones violentos y golpes se lo llevaron.

Winter los vio pasar aun sin creer lo que estaba sucediendo a su alrededor.

- Déjennos solos –ordenó tranquilamente mirando a los machos violentos que permanecían allí.

- Pero señor…

- Les he dicho que nos dejen solos –repitió con voz autoritaria a lo que todos se fueron de allí.

Ella mantenía cubriendo la herida con sus manos, mirándolo detenidamente sin decir palabra.

- ¿Qué sucede mi amor?, ¿ya no me recuerdas?

Intentó acercarse pero ella volvió a retroceder.

- Aléjate de mí infeliz. –ella pronunció mirándolo acusadoramente con un tinte de desprecio.

- Winter, tenemos tanto de qué hablar…

- Sí –dijo alterada—, como por ejemplo el por qué me abandonaste a mi suerte para que muriera.

Ella soltó conteniendo sus manos de intentar matarlo.

- Precisamente de eso tengo que hablarte –indicó calmadamente intentando dar justificación—. Mi amor, jamás pensé en dejarte, sólo que tú, te aferraste tanto a la idea de matar a ese vampiro que… tuve que irme.

- ¡Me abandonaste! –ella gritó apartando las manos de su boca.

- No, no fue así.

- ¡Sí, sí que lo fue! –volvió a levantar la voz—, para cuando me dijiste que te ibas, era porque ya tenías todo preparado para dejarme. No te importó que estuviéramos en plena emboscada, no te importó que podrían matarme, no te importó nada.

Él recibió esas palabras de manera dócil como si fuese uno de aquellos hombretones cuando se presentan ante su líder.

- No te importó que ese vampiro me matara… —dijo ella con la voz quebrada por el recuerdo—. Arriesgué mi vida por ti, muchas veces… —ella se acercó continuando con los reproches de manera violenta y cargada de dolor—. Yo te amaba Alexander –pronunció en un hilo de voz—, solamente pedía un poco de amor pero tú, tú… ¡me abandonaste, me dejaste!

- Perdóname Winter –él pronunció y su mirada se volvió preocupada—. Tienes razón por odiarme ahora, aquello que hice no tuvo nombre… y quisiera recompensarte –dijo en tono amable—, porque después de haber pasado tanto tiempo sin ti, pude entender lo que me habías hecho sentir.

- ¡Qué estás diciendo! –ella negó con la cabeza y sonrió de manera irónica—, ¿tú?, ¿sentir algo por alguien? No pidas que te crea.

- Winter, yo te amo…

Se acercó a ella tomadora de los brazos acercándola a él, ella le empujó de inmediato rechazándolo violentamente.

- Tú no puedes amar a nadie. Si alguna vez sentiste algo por mí, se hubiera dejado ver en ese momento en que tú huiste de la amenaza de William –le apuntó dejándole caer la enorme culpa encima.

- No sabía lo que hacía, por favor tienes que creerme –intentó acercarse y ella volvió a rechazarle—. Winter, te lo ruego. Reconstruyamos lo que antes teníamos –su voz suplicaba y ella limpió las lágrimas que escurrieron de sus ojos al escuchar esas palabras—. Déjame –se acercó a ella pudiendo tocar su rostro—, déjame darte ese amor, esa felicidad que algún día te negué.

Ella lo miró fijamente mientras él fundía esa disculpa en esa caricia, Winter volvió a limpiar sus lágrimas y dijo:

- Llegas un poco tarde para eso… –dijo intentando sonar tranquila.

- Por favor, sé que aún hay espacio para mí en tu corazón…

- ¡No! –elevó la voz de nuevo alejándose de él—. ¡Tú deberías estar muerto! , no aquí, no así, no frente a mí.

- Winter, es real, estoy aquí, te he buscado por tanto tiempo. Oh dios, desde que salí de esas cuevas y toque la muerte, pensé en ti, supe al fin lo que te hice, entendí al fin tu desesperación de estar sola, sin nadie… sola contra el mundo.

- Tú no puedes entender eso

- Lo entiendo, porque lo viví, al igual que tú. Cuando William nos atacó, mató a todos mis compañeros, y a mí me dejó moribundo, por fortuna el amanecer ayudo a mi escape, él huyó del sol y yo me interné en lo más profundo y lejano de la selva. –Winter lloriqueaba escuchando su narración, él se acercó de nuevo hacia ella, esta vez sin tocarla—. Estuve por un mes alimentándome de animales, hasta que pude recuperarme del todo, para cuando volví, la ciudad no era la misma, y William, ese maldito, había acabado con casi todos los que eran como nosotros. Intenté localizarlo por mi cuenta, juro que así fue, pero no di con él. Pensaba cada día en ti, en la suerte que tuviste después de mi estupidez… ¿Qué no lo entiendes Winter? –volvió a sujetarla de los brazos suavemente—, estoy completamente arrepentido.

- Si estuvieras arrepentido no me hubieras mandado a traer de esta manera –ella soltó seriamente mirándole con ira y desprecio.

Su rostro se ensombreció e intentó abrazarla a lo que ella no se lo permitió.

- Eras tú quien nos había estado vigilando en estos días ¿no es así? –ella afirmó mirándolo ferozmente—. Idiota –soltó una risilla iracunda—, ¿creías que robándome ibas a salirte con la tuya?

- Estaba intentando recuperarte –justifico desesperado.

- ¡Pues ésta no es manera! –respondió despectiva parándose frente a él—. ¿Qué has hecho con Andy?

Cerró las manos en puños y bajó la mirada tratando de ocultar su cólera hacia ese nombre.

- ¿Dónde está Andy? –ella volvió a repetir, esta vez con menos paciencia.

- Ese… –dijo con desprecio—, no lo sé.

- Si le hiciste algo, si te atreviste a tocarlo…

- ¿Qué? –la miró amenazante interrumpiéndola—, ¿tanto te importa ese idiota?, ¿tanto te interesa?

- ¡Sí! Me interesa, me interesa más de lo que te puedes imaginar.

- Pues lo siento, en este lugar no hay espacio para él.

La sujetó del brazo y la empujó hasta entrar de nuevo a la habitación en donde había despertado.

- Tú te quedarás aquí –ordenó empujándola hacia adentro—. Esta vez nada nos separará, ni decisiones estúpidas, ni cobardías, ni mucho menos muchachitos motociclistas.

- ¿Qué estás diciendo?, tú no puedes encerrarme aquí –Winter riñó.

- No, no estarás encerrada –corrigió—. Míralo Winter –extendió los brazos mostrándole el ambiente fino y elegante en el que estaban—, todo esto puede ser tuyo. Es más, ya lo es querida, tú aquí serás la reina de todo esto, serás mi reina…

Intentó besarla pero ella le dio una fuerte cachetada, Alexander la miró y sonrió suspicaz.

- ¡Estás loco si piensas que me quedaré aquí!

- Tú te quedarás –señaló seriamente—, porque eres mía –la sujetó fuertemente de la cintura pegándola a él—, mía y de nadie más.

- Gracias por venir –la voz sombría de Andy le indicó malas noticias.

Estaban en un bar confundiéndose entre los mortales que pasaban por allí y bailaban entre la música, Ashley había asistido ante la llamada de Andy, y minutos después llegó notando el terrible estado de su amigo.

- ¿Cuál es el problema hombre? –Ashley frunció el ceño observándolo entre las luces del lugar.

Andy le comentó todo lo que había sucedido, Ashley escuchaba atentamente mientras él le narraba todo conforme sucedieron las cosas, la desaparición de Winter, e incluso la emboscada que terminó en ese accidente que aún recordaba debido a las terribles laceraciones en sus extremidades.

- Malditos –pronunció Ashley inclinando la cabeza pasando la mano por su cabello—, no te preguntaré cómo te encuentras, sería algo estúpido en estos momentos.

Andy sonrió sin ningún toque de gracia ante su comentario.

- Casi no me dejan entrar debido a mi estado.

Comentó de manera ligera quitándose la chamarra que había tomado entre las cosas regadas en el hotel mostrándole a Ashley lo que quedaba de su enorme herida en el brazo. Ahora sólo era una lesión no muy profunda, pero aún abierta y sangrante, Ashley soltó un sonido ronco al ver todo su brazo desgarrado y manchado de sangre. Miró hacia abajo notando como la tela de su pantalón colgaba de su pierna dejando expuesto la piel aun manchada de sangre con algunas aberturas peor que las del brazo.

Incluso su propio rostro estaba manchado de sangre y polvo, Ashley lo miró con seriedad, mientras Andy se inclinaba hacia adelante apoyando los brazos sobre la mesa y fundiendo la cara entre sus manos, se notaba terriblemente devastado, y no solamente por lo físico.

- Necesitas curarte esas heridas.

- Ahora no es momento de eso –dijo mientras ponía sus manos a los costados de su cabeza sujetándose el cabello y observando un punto incierto en la mesa.

- Tienes que, así no podrás encontrarla, ni mucho menos pelear si es necesario.

- Es que no entiendes –su voz se escuchaba por debajo de la música como un leve quejido, algo débil y entumecida—, tengo que encontrarla, tengo que saber dónde está. Si esos bastardos le hicieron algo, o si ella escapó… si está herida, por dios… si está herida.

Apretó sus cabellos intentando controlar esa enorme impotencia y cólera hacia sí mismo por no haberla protegido, por no haber estado allí cuando ella le necesitaba, por no haber hecho caso a esos presentimientos.

- Entiendo –puso la mano sobre su hombro acercándose un poco más—, entiendo lo mucho que la necesitas, y el cómo ella te necesita a ti. Sé lo mucho que te preocupa que ella esté bien, pero en este estado no podrás hacer mucho. Andy –palmeo su hombro ligeramente—, vamos a buscarla un momento más, hasta que amanezca, y después, te prometo, que daremos con ella y haremos pagar a esos canallas quienes le hicieron esto.

Levantó la cabeza para mirarlo, sus ojos se notaban cargados de desesperación, una desesperación que jamás había visto en él, sonrió y Purdy pasó el brazo por sus hombros estrechándolo fraternalmente, como solían hacer.

- Siento que te estoy metiendo en problemas –mencionó sonriendo con desgano.

- Va, uno más, uno menos –dijo malicioso—. Además, ¿qué son los problemas para nosotros?, ¡nada!

- Gracias Ash. Si no fuera por ti, no sé qué demonios estaría haciendo en este momento.

Ashley soltó una risotada revolviendo los cabellos de su compañero.

- ¿Recuerdas esa noche cuando estuvimos bebiendo toda la noche para que olvidaras que habías terminado con esa chica, la modelo alta y sexy que cantaba? –Andy asintió levemente—, esa noche te dije con toda sinceridad que sería tu cómplice para lo que sea…

- Para golpear cabrones –Andy continuó—, beber toda la noche, cometer delitos, ir a la cárcel…

- ¡Sí!, para orinar en las aceras, vengarnos de todo el mundo y hasta para ir a buscar prostitutas –carcajeo intentando animarle—, recuerdo que tú estabas tan, pero tan ebrio que me dijiste « ¿incluso si vomito sobre tu playera favorita?» –ambos sonrieron–, y antes de que te dijera que sí, ya lo habías hecho.

Por un instante su rostro abandono ese abatimiento inicial y Ashley continuó:

- Por fortuna estamos aquí hermano. Y encontraremos a tu chica –lo apuntó de manera solidaria—, te prometo que la encontraremos, ya verás que sí.