III
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—"Quiero agradecerles a todos en el Club de Niños porque este lugar salvó mi vida. Crecí dentro del sistema —Ichigo leía lo que estaba plasmado en un papel bajo la atenta mirada de su hija. Rukia también estaba en la habitación junto a ellos escuchando atenta a las palabras que salían con fluidez por los labios del pelinaranja —Mi madre me dio a luz estando en prisión…me dejaron con familias temporales…" —Ichigo bufó con cierto enojo y frustración. Tomó el papel en sus manos con rabia medida —No quiero hacer esto, no puedo.
El pelinaranja se levantó rápidamente pero la mano de Rukia lo detuvo tomándole de un brazo —Oye, tranquilo.
—No quiero hacerlo. —Aun así, Ichigo se libró el agarre y fue hacia una puerta cercana de la gran habitación. La pequeña Amane observaba en silencio —No quiero hablar sobre eso.
Rukia, quién había llegado a su lado para calmarlo le habló —¿A qué te refieres?
—No quiero pararme frente a un grupo de personas y contarles toda mi historia de mierda —Ichigo poco a poco estaba perdiendo la paciencia y su ceño comenzaba a fruncirse.
Rukia tomó su rostro en sus manos en un intento para calmarlo, sabía que el tema de su familia era sumamente delicado y tener que contarlo frente a una gran audiencia debía ser algo duro. Le comprendía y si pudiese hacer algo para haber cambiado su pasado lo habría hecho. Pero el pasado, pasado es y aquello Ichigo debía aprender a conllevarlo.
—Actúas como un loco. Está bien.
—No. Van a mirarme como si fuera un idiota.
—No, te aman. Esos chicos te aman. Esto es para ellos. Es caridad, fresa.
Y el asunto era que, Ichigo debía dar un discurso frente a niños que vivían en la Soul Society, el orfanato donde Rukia y él vivieron y se conocieron. Aquel discurso estaba destinado para que aquellos niños sin un hogar y carentes de amor fraternal se sintieran esperanzados a que algún día, lograrían ser famosos, sin importar cómo, ni cuándo.
—No te pongas nervioso. Estarás bien, ¿sí? —Ichigo se quedó observándola y admiraba el cómo Rukia con tan solo un par de palabras podía calmarle de una manera que nunca llegó a imaginar que alguien fuera capaz de hacerlo. Lo que la pelinegra tenía de rudeza, también lo tenía de dulzura. —Ahora, ponte los pantalones, por favor.
Aquello sacó una risa por parte de los tres. Ichigo andaba a medio vestir. Amane observó todo con detalle y permaneció en silencio. Al final, observó cómo sus padres se dieron un corto beso e Ichigo le susurraba enana a la pelinegra y el cómo se llevaba un golpe de vuelta.
—Oye, Amane —La voz de Ichigo resonó desde el closet y de repente apareció con la camisa ya puesta y la corbata colgando desanudada de su cuello. Se acercó a la pelinegra —Voy a decirte algo…algo muy importante…
—Te…—interrumpió entuciasmada.
—Te amo —completó Rukia seguida de la niña. Ichigo carcajeó. A veces se ponía demasiado sentimental con la pequeña Amane.
—Tan predecible —Habló Rukia mientras pasaba por detrás de él.
—El club de Niños de Japón de la bienvenida al campeón mundial de peso semipesado, Kurosaki Ichigo.
El pelinaranja se asomó de a poco al pódium, su andar era lento y un poco cojo, aún estaba dolido por la pelea que había tenido contra Ikkaku. Vestía un elegante traje negro, sencillo. Y las heridas aún estaban presentes en su rostro, la más notoria era la del ojo izquierdo. Los aplausos inundaron el ambiente.
La luz pareció molestarle un poco, ya que al acercarse bien al pódium, usó su mano con protección.
El lugar era demasiado grande y elegante, candelabros de cristales caían por el techo.
—Preferiría recibir algunos puñetazos a estar aquí arriba, pero…—fue sincero en el mismo instante en que comenzó a hablar, su lengua se trabó un poco. No se sentía a gusto ser el centro de atención y menos a hablar frente a una multitud, aunque ya llevara años haciéndolo. Rukia le observaba desde al lado.
Intercambiaron miradas y luego prosiguió —No estaría aquí esta noche de no ser por el Club de Niños. Me dieron una cama. Mi primer par de guantes. Unos guantes que estaban apestosos, andrajosos y todos rotos, pero eran míos ¿entienden?.
Los flashes sonaban en medio del silencio, todos estaban atentos a las palabras de Kurosaki.
—Pones tu alma en esos guantes. Me dieron un hogar. Conocí a mis amigos —aplausos se escucharon —Miren a los de esa mesa —En una de las mesas cercanas al escenario estaban Renji, Ishida, Keigo, Tatsuki, entre otros de sus amigos —Yo me mantendría alejado de ellos.
—¡Ichigo! —el grito de sus amigos sacó sonrisas en los presentes.
Ichigo sonreía un poco —Compórtense. Hay mucha gente rica aquí —Todos carcajearon. El ojo izquierdo de Ichigo estaba irritado, estaba completamente rojo —Cuando tenía 12 años conocí a una niñita. Era delgada, tenía el pelo desaliñado, era una enana: había soportado muchas cosas y se quedó conmigo cuando estuve…cuando estuve en prisión un par de veces —La pelinegra no pudo evitar sonreír y asintió ante sus palabras, aquellos tiempos del que el pelinaranja hablaba no habían sido muy buenos, el carácter áspero y problemático que poseía Ichigo siempre le hacía meterse en pleitos —Y yo sabía que ella estaba allí.
Ichigo pasó su mano por su cabello, estaba un poco nervioso. No sabía cuál era el punto de que le hubieran pedido contar parte de su vida. —No estaría aquí de no ser por mi esposa, Rukia.
Aplausos se escucharon, la pelinegra era querida y apreciada por varios de los presentes.
—Ahora ustedes, con sus lujosos autos, vestidos, trajes y hermosos cabellos, tomen algo de su dinero y dónenlo, donen esa porquería.
Después de aquello, la cena siguió de manera lenta y amena. Todos los presentes se conocían, o al menos la mayoría. Después de un rato, Ichigo y Rukia iban tomado de la mano mientras caminaban por el salón, se estaban retirando y eran seguidos por los flashes.
No muy lejos por donde ellos estaban pasando, se escuchaba una voz —¿Arrogante?. No, tengo estilo. Es más que la arrogancia. Es lo que está de moda —Grimmjow se encontraba sentado en una mesa rodeado de sus camaradas, amigos y cercanos —Vamos, todos están hartos de lo viejo.
—Grimmjow —uno de sus acompañantes le llamó la atención —Allí viene el llorón.
Grimmjow sonrió con burla —Hablando de cosas viejas. Miren esto —detrás de él iba pasando Ichigo y Rukia, se giró hacia ellos —¿Por qué te vas tan temprano?
Ichigo le quedó mirando mientras aún caminaba, Rukia le sostenía del brazo —Vámonos, cariño.
Ichigo sabía que lo mejor era ignorarlo, gastar saliva y energía con el peliceleste no era la mejor decisión que alguien inteligente sabría tomar.
—Espero que no tomes esto como algo personal, amigo —El peliceleste se había puesto de pie y había llegado al lado de la pareja. Sabía que todos estaban mirando, y a él le gustaba ser el centro de atención, pero lo que más le gustaba era molestar al pelinaranja, porque sabía que desde el primer momento en que se conocieron, no le había caído bien a Ichigo —Solo intento vender una pelea.
Jaegerjacquez tomó el brazo de Ichigo pero éste lo movió con fuerza —Quítame las manos.
—Vamos —intentó calmarle la pelinegra —No le des publicidad.
Estaban próximos a llegar a la salida cuando la prepotente voz del peliceleste rebotó con rabia en los oídos de Ichigo —¿Tengo que cogerme a tu perra para hablarte?
Ichigo se detuvo de golpe y su cara adoptó un gesto de enojo puro —Vámonos, Ichigo. Sigue caminando. Anda, vámonos.
Las palabras de Rukia parecieron no entrar en su cabeza. La frase dicha por el peliceleste le rebotaba una y otra y otra vez. Aquello ya había sido lo máximo que podía aguantar, si aquel sujeto quería dejarle en vergüenza frente a todos humillándole, diciendo que no era digno de un título, o lo que quisiera inventar, bien, le dejaría ser feliz. Pero nada ni nadie se metía con la pelinegra, aunque bien sabía que ella era capaz de protegerse sola, aquello le había envenado.
—Tomo a tu perra y luego tu cinturón.
—Vamos a casa —Volvió a hablar Rukia, su voz era rígida. Con sus manos tomó el rostro de Ichigo y le obligó a mirarla.
Grimmjow no se detenía —¿Y si tomo tu cinturón y luego a tu perra?
Y aquello fue todo.
Rukia seguía diciéndole que se fueran de ahí, pero su cerebro no reaccionaba a aquellas palabras, estaba demasiado cegado por las venenosas palabras que el peliceleste decía, sabía que lo estaba provocando para generar un escándalo, y que no debía caer en su juego, que sería estúpido. Pero nadie sabía que él –cuando quería- era el rey de los estúpidos.
—Ichigo, detente.
Ichigo se acercó a pasos agigantados hacia Grimmjow —Tomaré tu cinturón, perra.
En el momento en que Grimmjow deja de mirar sus manos y alza la mirada, el puño del pelinaranja impacta en un seco golpe contra su rostro.
Reaccionó rápido y golpeó el rostro de Ichigo. Un grito de Rukia se escuchó a las espaldas de ellos, estaba llamando a Ichigo. El Kurosaki devolvió el golpe.
La gente comenzó a alarmarse, se escucharon gritos y pronto un círculo intentaba armarse alrededor de ellos. Aunque había personas que impedían que se generara caos, no sirvió de mucho.
Renji llegó al lado de Rukia y la tomó de la cintura para detenerla —¡Sal de aquí, Rukia!
Ichigo y Grimmjow estaban ajenos a todo lo que sucedía a su alrededor, estaban ensimismados en acertar el golpe en la cara del otro. Grimmjow tomó a Ichigo por el torso y de un solo movimiento lo clavó en el suelo. Alguien intentó detener a Grimmjow y un socio del peliceleste se acercó a Ichigo a golpearle con los pies.
Keigo, el amigo de cabello castaño de Ichigo al ver aquello, se acercó al pelinegro que golpeaba Ichigo y tomándole de la chaqueta lo dio media vuelta y le asestó un golpe. Ichigo al verse libre de su atacante se lanzó encima de Grimmjow y lo tiró al suelo. Comenzó a golpearle con repetidos puñetazos.
La voz de Rukia sonaba desesperada —¡Ichigo, detente! ¡Basta ya!
Y en el momento justo en que Keigo sacaba un arma para detener la revuelta, un disparo sonó de lleno generando más gritos.
—¡Hijo de puta! —los guardias del evento se acercaron a apresar a Keigo y a alejar a Ichigo de Grimmjow.
—¡Suéltame! —gritó Ichigo —Estoy bien. Estoy calmado.
—¡Yo no lo hice! ¡Le disparó! —gritaba Keigo, mientras apelaba a su favor.
La gente aún seguía gritando e Ichigo aún seguía su lucha para que lo liberaran, de repente un femenino grito llamó la atención del pelinaranja.
—¿Ichigo?
—Oye. ¿Qué sucede?
—¿Ichigo?
Ichigo logró al fin soltarse del agarre del guardia y fue hasta donde se encontraba Rukia, a tal solo unos pasos de él junto a Renji.
—¿Qué pasa, enana? ¿Qué sucede? —la pelinegra se encontraba hincada en el suelo y con su mano se tomaba el lado izquierdo del torso. —¿Qué pasó? ¿Qué tienes?
—No lo sé —habló agitada la pelinegra. Ichigo se había arrodillado a su lado.
—¿Qué?
—No lo sé —la voz de Rukia se había comenzado a cortar. Se sentía agitada y las lágrimas estaban comenzando a salir de sus ojos —Algo sucedió —Aun se encontraba en shock. Sacó su mano del torso y ésta estaba teñida de rojo.
Alguien se acercó a ellos —No sé qué hacer —Admitió Ichigo, Rukia se estaba apoyando en él.
—¿Estoy bien? —Le preguntó la pelinegra. Los gritos habían cesado.
—Sí. Estás bien —le mintió. La respiración de la pelinegra comenzó a agitarse —Mierda. Mi enana —dijo Ichigo. Estaba en shock también.
Nadie hacia nada.
Ichigo no sabía qué hacer. ¿Debía acostarla? ¿Debía ponerla de pie? ¿Apretar la herida?. Y en ese momento entró en cuenta de que le habían disparado.
A Rukia le habían disparado.
La voz de Aizen retumbó —¡Busca ayuda! ¡Llama al 119! ¡Rápido!
Renji comenzó a sacarse la chaqueta para usarla de acomodador. Rukia había comenzado a llorar e Ichigo estaba entrando en desesperación.
—¡No, no! ¡Oye, Renji Renji!
—No, fresa, no quiero acostarme —Renji colocaba su chaqueta en la cabeza de Rukia.
—No, quédate así.
—No me quiero acostar.
Por otro lado, Keigo seguía apresado por los brazos del guardia —¡Ulquiorra lo hizo! ¡Suéltame, no fui yo!
Grimmjow al escuchar aquello fue corriendo hacia donde estaba el pelinegro, lo tomó de la chaqueta —¿Qué carajo haces, Ulquiorra? ¿Qué mierda estabas pensando? —le quitó la pistola al pelinegro y la escondió entre su ropa, aprovechando que las miradas no estaban sobre ellos, sino en la pareja.
—¡Traigan un médico! ¡Consigan una maldita ambulancia!
Todo era caos.
Ichigo sentía la adrenalina del momento aún presente en él. Miraba atento a los ojos de la morena, su mano estaba en su cara y le hacía cariño mientras le intentaba hablar.
—Quiero…quiero irme a casa.
—Iremos a casa.
Las constantes palabras de Rukia diciéndole que se quería ir a su hogar lograron sacarle lágrimas, el llanto comenzó a brotar de él mientras respiraba agitado, aquello no podía estar pasando. La vida de la morena se consumía lenta y agonizante y él no podía hacer nada, solo decirle palabras que no se cumplirían, le estaba mintiendo. Y los dos lo sabían.
—Está bien. Quédate conmigo. Mírame —le tomó el rostro con las dos manos —¡Mírame a los ojos! ¡Mírame a los ojos, enana!
La cabeza de Rukia se fue hacia el lado, no podía concentrar la mirada en los ámbares ojos de Ichigo, no podía aunque quisiera. Las manos de Ichigo estaban teñidas de sangre.
—Es solo sangre —le habló Ichigo. Rukia intentaba ver —Hemos visto sangre.
Rukia iba a hablar pero la sangre comenzó a salir de su boca, haciendo que tosiera feamente. Ichigo comenzó a limpiarle la boca desesperado, tomó su corbata y le limpió. Rukia intentaba en un vano intento de alejar las manos de él.
—Está bien, amor. Te amo.
Ambos estaban llorando —Solo es un poco de sangre —Ichigo se intentaba convencer.
—Amane…—el rostro infantil de la pequeña se impregnó en la mente de la morena, quería ir a casa, quería volver a casa junto a su pequeña hija y dormir juntar, abrazarla y besarla. Cantarle hasta que se durmiera. Ver ese "deforme conejo" como le decía Ichigo, con ella. Quería volver a casa para hacer cosas de chicas con ella. Quería tenerla a su lado —Quiero ir a casa…
—Está bien, iremos a casa. Tranquila, mécete en mis brazos —Ichigo la había tomado entre su torso y la arropaba con sus brazos y comenzó a mecerla en un vano intento para que no cerrara los ojos. Aunque aquello no había servido. Rukia ya no respondía a sus palabras —No, no, no. Mírame a los ojos —la abrazó más fuerte —¡Mírame a los ojos, enana! Joder, mírame a los ojos…
Los ojos de Renji comenzaron a llenarse de lágrimas al ver como un desesperado Ichigo le hablaba al cuerpo de la morena.
—Quédate aquí… —suplicaba Ichigo mientras su voz se perdía entre el cuello y el cabello de la morena.
Rukia se había ido.
La sala de interrogatorios se encontraba oscura y en un gran silencio. Ahí, sentado, estaba Ichigo. Su blanca camisa estaba ensangrentada y sus manos se mantenían esposadas.
—Lamentamos mucho su pérdida —habló el detective que le acompañaba. Las lágrimas seguían cayendo de los ojos del pelinaranja, los mantenía cerrados —Intentaremos hacer esto lo más fácil y simple posible.
Ichigo no hablaba, solo estaba ahí marcando presencia, pero no escuchaba lo que le decían —Necesitamos testigos presenciales del tiroteo. Nadie quiere hablar ni involucrarse. ¿Recuerda algo?
Ante aquellas palabras, el Kurosaki pareció reaccionar, levantó su cabeza y abrió sus ojos —¿Qué…qué hora es? —su voz salió apenas en un hilo.
—Las 6 de la mañana —respondió el detective —Sabemos que tuvo una noche larga, debemos hacerle unas preguntas.
Ichigo parecía no escuchar —Mi ama de llaves está con mi…con mi hija, ¿puedo… —pasó su mano por sus ojos y frente, se sentía agobiado —No encuentro mi celular.
—Solo necesitamos un momento de su tiempo. Uno de sus amigos tenía un arma. Dijo que era parte de su seguridad —Ichigo no respondió —Desafortunadamente no tenía permiso de portación.
Ichigo interrumpió —Mi hija se levanta a las seis.
—Está bien —El detective cedió —Le diré qué haremos, Sr. Kurosaki. Si puede recordar algo, cualquier cosa, como dijimos, no dude en llamarnos —Una tarjeta apareció frente a él, sin mucho interés la tomó en sus manos.
—Gracias.
—A usted, Sr. Kurosaki.
El detective salió de la habitación dejando a Ichigo solo con su tristeza, con su inmensa pena, y su mar de lágrimas. Tenía el corazón roto, se sentía vacío, sin vida. Estaba en un obscuro callejón. En el momento en que tuvo a Rukia en sus brazos sintió toda su vida pasar, los momentos junto a ella, cuando la conoció, cuando llegó Amane, cuando se casaron, todo llegó en un agobiante recuerdo que le había hecho olvidar como respirar.
Se sentía en un inacabable vacío. Su vida pasaba por sus ojos y el tiempo se paraba. Su vida se había detenido cuando el corazón de Rukia también lo había hecho.
La ceremonia había terminado hacia unos minutos, y los lujosos autos comenzaban a retirarse del silencioso lugar. Lo único animado, lleno de color y aparente vida era la tumba de Rukia. Estaba llena de flores y adornos.
Ichigo observaba de lejos, se había alejado porque no quería recibir el consuelo de los demás, no se sentía capaz de aguantar ninguna palabra sin propinar un severo golpe a cualquiera que se atreviera a decirle algo.
Desde una de las limosinas, Amane observaba a un sereno Ichigo mientras se alejaba cuesta abajo. De sus ojos no caían lágrimas.
Luego de unos minutos, Ichigo comenzó a caminar dejando atrás el lugar en donde descansaba Rukia, en donde descansaría para siempre. Le dolía el hecho de que no la vería nunca más, de que nunca más la escucharía reír, llorar, gritar, nunca más sentiría sus golpes, nunca más la vería dormir, nunca más la vería abrazando Amane mientras esperaban a por él después de una pelea. Rukia fue, era y seguiría siendo una parte esencial de su vida, incluso después de la muerte él la seguiría amando y recordando, y aquello le dolía. La misma persona que había detenido su lluvia interior, la había devuelto de una manera que no hubiese querido que volviera.
