Capítulo 4
Una nueva vida
Al día siguiente nuevamente pensó que había sido la primera en despertar… hasta que vio a Sesshoumaru. ¿Es que ese demonio nunca dormía? Durmiera o no, no tenía ni una pequeña ojera, ni muestra de cansancio.
Suspiró. Se levanto y empezaba a caminar colina abajo cuando escucho la fría voz de Sesshoumaru:
–¿A dónde vas?
–¿Yo? Al río. Si te preocupa que no vuelva, puedes olvidarlo, sé que estoy en deuda contigo –al terminar sonrió y esperó la contestación del demonio.
–Haz lo que quieras –tal vez estaba pasándose de lista, pero valía la pena molestar a ese demonio lo suficiente como para que se notara en su voz el desagrado.
Reinició su camino y en poco tiempo ya estaba metida en el río. El agua estaba helada, pero le resultaba agradable. Disfrutó un rato más de la sensación de completa relajación antes de salir. Se secó con las partes menos sucias de su antiguo kimono y se puso el nuevo. No podía creer, cuando finalmente se lo vio puesto, que le quedara tan bien, la medida era perfecta y el color rojo de la ropa hacía un juego perfecto con el color de sus ojos y de su piel.
La imagen que le devolvía el riachuelo la hacía sentirse orgullosa, feliz consigo misma.
Comenzó a desenredarse el cabello con las manos y cuando estuvo lista volvió con los demás.
Cuando volvió Rin guardaba los recipientes en un saco cercano a Ah–Un y Jaken estaba ocupado en vigilarla.
Tal vez fuera porque ya no quería –ni necesitaba– más enemigos o porque ahora estaba en paz consigo misma y quería estarlo también con los demás o porque simplemente planeaba quedarse y la idea de pelear con el demonio sapo cada vez que lo viera no le era atractiva, o por lo que fuera, pero decidió que, al menos, debía intentar arreglar las cosas.
Suspiró y se acercó a él, que volteó a verla con desagrado y, nuevamente volvió la vista a Rin. Se sentó cerca de él y tosió para llamar su atención, dirigió su vista hacia ella con desgana.
–Jaken, quisiera hablar contigo: no podemos pelear cada vez que nos veamos– la miró como diciendo "¿y por qué no?" así que decidió intentar con otra cosa–. No creo que a Sesshoumaru le agrade, ¿no te parece?
– Al amo bonito no le…
–… ¿gusta el ruido? Sí, ya lo sabía.
A Jaken sólo le quedó poner los ojos en blanco, bufar y mirarla con odio, pues tenía razón.
–Podríamos tratar de no matarnos, ¿no crees? A cambio te quitaré a la humana de encima –al decir eso apuntó con la mirada a Rin, que seguía jugando alrededor del dragón. Jaken siguió los ojos de Kagura y también vio a la niña.
–¿A Rin?, no la aguantarías ni por media hora.
–Pues… te equivocas. Entonces, ¿aceptas? –le preguntó al tiempo que le extendía la mano derecha; el demonio sapo la miró y bufó dejando en claro que la idea de tocarla no le agradaba… pero tampoco le llamaba la atención cuidar de Rin y Sesshoumaru parecía confiar lo suficiente en la Controladora del Viento como para encargarle a la niña, así que él también extendió su mano para estrechar la de la pelinegra que sonrió y se levantó para ir con la niña, que parecía que no sabía que había vuelto.
–¡Buenos días, señorita Kagura!– la saludó tan pronto la vio– Se ve muy bien.
–Gracias –¿cuándo había sido la última vez que había dicho ésa palabra? Nunca, ésa era la respuesta– Rin, ¿no piensas bajar al río?
–No, ¿para qué?
–¿Y por qué tiene que haber una razón?– inquirió al tiempo que se acercaba al dragón –tal vez con un poco de vacilación–, pero el animal le acercó una de las cabezas para que la acariciara– Jaken estará bien solo y parece que Sesshoumaru no piensa regresar hasta en la noche. No importará si nos vamos un par de horas.
–Es cierto –cedió Rin– ¿Podríamos llevar a Ah–Un con nosotros?
–Sí esa cosa quiere moverse, sí.
Como si el demonio le hubiera entendido se movió y emprendió la marcha hacia el río, lo que extrañó a Kagura, pero no sorprendió Rin.
–¿Verdad que es muy listo? –le preguntó antes de darle la espalda y seguir al demonio dragón. Tenía que admitir que era más listo de lo que esperaba. Suspiró y siguió a los otros dos, pero entonces recordó algo que aún tenía pendiente. Volteó a ver a Jaken, que también miraba en su dirección y sonrió triunfal y burlonamente antes de apresurarse a alcanzar a Rin y al demonio.
Ya en el río ella se sentó en la hierba y se dedicó más bien a observar a Rin y al dragón que chapoteaban y reían.
Volvieron antes de mediodía, pero Jaken no estaba solo, sino que Sesshoumaru lo acompañaba. A diferencia que los días anteriores el youkai no se encontraba sentado, sino que estaba de pie, con la espalda recargada contra un árbol, como si esperara algo.
Y seguramente lo hacía, pues tan pronto aparecieron en el claro se separó del tronco y les habló:
–Rin, Kagura, nos vamos. –dicho eso a penas les dio tiempo de asegurar algunas cosas al lomo de Ah–Un antes de ponerse en marcha.
Naturalmente Sesshoumaru encabezaba el grupo y tras de él y con pequeños saltos Jaken trataba de seguirle el paso, y un poco apartadas iban Rin, Kagura y Ah–Un; Rin a veces a pie y otras sobre Ah–Un, que con ella se mostraba tan manso como un caballo o un perro.
De la joven no podía decirse que le costara trabajo seguirles el paso a los otros dos demonios, pues a pesar de que el pecho le dolía un poco, no pasaba de ser una pequeña molestia, nada que no pudiera soportar o ignorar, inclusive le pareció que para un demonio completo, como Sesshoumaru, que era quien marcaba el paso, iban un poco… lentos y, además, se detenían con regularidad, en una o dos ocasiones el demonio dijo que para recuperar el rastro de lo que fuera que seguían o para que Rin y ella recogieran agua, pero al decirlo no miraba el vacío, sino que sus ojos ámbar estaban fijos en ella y la observaban críticamente, como si pudiera ver a través de ella. En ésas ocasiones sentía algo que los humanos llamarían nervios y emoción.
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Los días fueron pasando, de la herida del pecho sólo se acordaba cuando se cambiaba y la veía, pues ya ni siquiera le dolía. Se había acostumbrado con rapidez a la vida tan simple y tranquila del singular grupo.
Durante todo ese tiempo no tuvieron que pelear más que muy contadas veces, y siempre lo hacía Sesshoumaru; algo bueno de viajar al lado de alguien que inspiraba tanto respeto como él.
Afortunadamente Sesshoumaru en ningún momento insinuó que le molestara su presencia, aunque tampoco la invitó a quedarse; sus peleas con Jaken disminuyeron e incluso, de cierta forma, le empezó a agradar; Rin la trataba como si la conociera de toda la vida, y era tan sencilla e inocente cuando se expresaba que le había tomado una especie de "cariño," si podía llamársele así.
Todo lo que había deseado, lo tenía, su libertad, estar al lado del único demonio que le hacía sentir algo además que deseos de pelear en su contra, no peleaba, a menos que quisiera hacerlo, nadie la obligaba a nada, vivía tranquilamente, pero, aún así, sentía que algo le faltaba, y sabía exactamente qué era.
Cada vez que veía a Rin, le recordaba a su hermana y resonaba en su cabeza una vocecilla que le decía que Kanna y sus hermanos aún eran víctimas de la crueldad de Naraku. Había prometido que los ayudaría cuando su estado de salud mejorara, pero aún no tenía una idea de cómo lo haría.
En el caso de Kanna o Byakuya, era fácil, solo debía conseguir sus corazones y devolvérselos, como había sucedido con ella, pero con Akago y Hakudoshi era más complicado.
"Salvaré tantas vidas como pueda" eso le había dicho Kikyo, y ahora la comprendía.
Sabía que ella no sería completamente libre hasta que sus hermanos lo fueran también y Naraku estuviera muerto. Estaba agradecida con Kikyo por haberle dado ésa nueva oportunidad para ser libre y, en correspondencia, ella también debía intentar ayudar, aunque fuera meramente para devolver el favor. A ella no podía ayudarla, ya estaba muerta, pero había otras personas a quienes Naraku también perjudicaba y que también necesitaban ayuda y su lista podía empezar por sus hermanos. Pero, aunque quisiera ayudar a Akago no podía hacerlo, pues era el mismísimo corazón de Naraku, si querían vencer al gran demonio debían de matar al demonio que tenía forma de bebé y, por otro lado, Hakudoshi creía que era importante para Naraku, que no corría ningún peligro y por más que ella le dijera lo contrario él no le creería. Y eso la frustraba.
Aun así seguía dándole vueltas al asunto, con la esperanza de encontrar algo que pudiera ayudarla a sus hermanos. Algo, lo que fuera, si había algo que le permitiera salvarlos a todos, lo encontraría.
Debía encontrarla.
N. A.
¡Hola! ¡He vuelto!
Bueno aquí ya empieza a verse más sobre sus hermanos, que es lo que ya les había comentado desde el cap. 2.
La verdad es que me había puesto a pensar sobre qué iba a hacer con los otros personajes porque no es como si sólo fuera a hablar sobre Kagura y Sesshy, no debemos olvidar a los otros personajes que también son geniales, y repito que me quedé pensando y fue así de, a Kikyo hay que darle un final digno, a Kohaku, Sango y Miroku terminan juntos, Inuyasha y Ahome, derrotan a Naraku y a los hermanos de Kagura… a ellos…
No sabía qué hacer, es decir sabía que odiaba a Hakudoshi y a Akago, que Byakuya se me hacía un cobarde y que Kanna… bueno que me había hecho llorar su muerte, pero no tenía en claro qué era lo que quería para ellos en mi final alternativo así que dije bueno, Kagura realmente no será libre hasta que Naraku haya muerto y para entonces sus hermanos o habrán muerto, o serán libres igual que ella.
Además yo creo que algo decisivo en mi decisión (valga la redundancia) fue que siempre me pareció que Kagura de alguna forma le tenía una especie de cariño a Kanna y que la protegía a su manera y en cuanto a Kanna, ella, pues yo tengo la idea de que ella admiraba a Kagura y no sólo como hermana –que aparte la mayor allí es Kanna–, ni tampoco por su maestría en cuanto a las peleas, sino por su valentía, y por su fuerza de voluntad; y no sé si la única con esa idea soy yo, pero cuando Kagura muere, Kanna, de alguna manera deja ver que la muerte de su hermana la ha afectado y a mí me pareció que había depositado toda su esperanza en cuanto a la libertad en Kagura, algo como "sólo ella podría hacerlo" o "si ni siquiera ella lo consiguió, ¿cómo esperaba hacerlo yo?" y cuando muere la Domadora de los Vientos pierde todo lo que tenía porque ya fuera de las ideas raras de Karen, la persona más cercana a Kanna era Kagura, así que quise ponerlo aquí, espero que al menos les haya gustado, díganme si opinan igual.
Como siempre muchísimas gracias a Cris: ¡te adoro, ya lo sabes!
Nos leemos pronto, Karen Hikari.
Inuyasha no me pertenece a mí, sino a Rumiko Takahashi.
