N / T: ¡Losientolosientolosientomucholosientomuchooolosie ntomuchísimolosientomuchisísimolosientocontodamial ma! Siento el retraso y la verdad creo que merezco que me tiren todo lo que quieran a la cabeza, pero aviso que si me hacen algo no podrían tener la continuación (evil grin!). Pronto contestaré a todos los R&Rs así que un poco de paciencia, porfis.

Psta.: ¡Necesito beta! ¡Estoy abierta a cualquiera que lo desee!


N / A: LEE. GRACIAS. LIRIOS. ¡Hola a todos! Sé que todo el mundo quería que lo subiera y para eso estoy aquí. Estoy realmente apenada de que me tomara tanto tiempo subirlo. De todas modos, espero que os guste y gracias por apoyarme durante tanto tiempo. Y voy a estar subiendo mis otras historias pronto. ¡No olvidéis de R&R! :)


"Así que, ¿tú eres mi niñero definitivo?" Kai pronunció suavemente, tomando todas sus fuerzas en no entrar en el tema. ¿Cómo puede ser un niño tan imponente? Para alguien que era experto en el cuidado de los niños, Tsuna había conocido muchísimos niños, pero nunca había conocido a un pequeño que podía dejarlo sin habla. De tal palo, tal astilla, ¿eh?

Esa misma mañana había estado durmiendo como si su vida dependiera de ello, pero no…, su molesto auto-proclamado hermano había encontrado la necesidad de levantarlo. Golpeando su puerta temprano en la mañana, entonces procedió a meterlo en el coche, dejándolo sin si quiera la oportunidad de cambiarse… El moreno definitivamente podía sentir como sus orejas se calentaban mientras Kai observaba su ropa. Realmente, esto había pasado demasiado rápido para que pudiera comprender lo que ocurría.

Dino sonrió de manera lobuna para sí mismo, por lo visto, divertido con el repentino giro de acontecimientos. Sus ojos pasaron por el rubio con desdén. Lo peor es que se estaba partiendo el culo cuando esto, para empezar, era su culpa. Él no se sentiría como un pez fuera del agua si no fuera por las estúpidas formas de Dino de despertar a la gente.

Y pensar que Kai lo vería con un de sus 'pocos viriles' pijamas. Bien, en defensa del moreno (incluso como apelación), los patrones eran lindos. O no. Desde que él podía ver la mirada de cuestión del niño de cabellos negros. Tsuna podía esperar que Kai se lo ahorrara.

"¿Patitos de goma, herbívoro?" Tsuna se sonrojó avergonzado, cubriendo parte de su cara con su mano y gruñendo en bajo ésta. Dino rió desde el lado donde se encontraba y el moreno sólo se pudo preguntar: ¿En qué me he metido?

Kusakabe Tetsuya era un hombre muy perceptivo. Él también tenía una seria de principios establecidos desde el comienzo. Aparte de infringir castigos a los malhechores, él también serviría a una sola persona a la que respetara. No le tomo mucho tiempo antes de encontrarse con ese alguien al que servirá por el resto de su vida. Y esa persona no era otra que su superior, jefe y amigo, Hibari Kyoya.

Desde la secundaria, él ha estado bajo la autoridad de ese hombre y nunca ha tenido el atrevimiento de desobedecerle. No lo hará ahora ni lo hará en un futuro cercano. Hibari Kyoya había sido su salvador, salvándole de un grupo de matones, que lo habían encontrado monstruoso, y los golpeó hasta dejarlos medio muertos. Aunque Kusakabe tampoco salió ileso. La única razón por la que no había acabado tan malherido era debido a que era un estudiante de Nami-chuu.

Entonces, lo inevitable ocurrió y rápidamente entró en el comité disciplinario. Él no se ha arrepentido de servirlo ni antes, ni ahora. Además, trabajando con ese hombre ha aprendido un montón de cosas sobre él. Toma como ejemplo sus hábitos. Muchos asumirían que era un hombre al que le agradaban los sabores amargos cuando, en realidad, Hibari Kyoya era un goloso. Él frecuentemente comía postres japoneses cuando estaba en su despacho privado.

Él también amaba el té al punto de que lo bebía más que el mismo agua. Uno podía decir que su superior tenía gustos delicados, aparte de tener un refinado paladar. Su sensibilidad le había salvado incontables veces cuando algún idiota se había atrevido a envenenarle la comida. Todos los tipos de té tenían su propio olor, color y sabor característico. Beberlo durante años afinaba los sentidos. Y no fue diferente de su líder para gran desgracia de asesinos y calumniadores.

Hibari Kyoya era también generoso. Todos aquellos que están dentro de sus tierras estaban, sin duda alguna, bajo su protección. Cualquier pueblo hambriento o empresas empobrecidas recibirían un buen tratamiento (siempre y cuando no lo enfurecieran). Muchos lo dudarían, pero su jefe era un amante de los animales o cualquier cosa pequeña y débil. Kusakabe creía que era una extraña fascinación. Dado que era fuerte y dominante, la regla física de: Los opuestos se atraen se aplicaba perfectamente a él.

Había pocas cosas que le gustaban, no importaban y directamente las ignoraba. Aunque, había muchas cosas que le disgustaban, y una de esas cosas que odiaba tanto eran las reuniones con otros aglomerados. Uno, por ejemplo, era Byakuran, el presidente manipulador con cara de zorro de la Millifiore. Otro era el jefe de una de las más grandes compañías de información y creadores de redes, Rokudo Mukuro. Hibari Kyoya los odiaba con todo su ser y la mera mención de sus nombres hacía que su mal humor alcanzaba niveles peligrosos. Desafortunada-mente, sus empleados eran los que sufrían la mayor parte de ese estado.

No, él no los hería, pero su aura llegaba a ser demasiado agobiante que él tenía que aguantar en la oficina de su superior por lo que quedaba de día. Él añadía más papeleo a su cargo. Muchos puede que no lo sepan, pero Hibari Kyoya era un adicto al abominable papeleo que tantos muchos odian. Por más que se sintiera culpable del trabajo de su presidente hasta el punto del agotamiento, esto era necesario para mantener la estabilidad mental de sus trabajadores.

"Tetsu, té." Kusakabe se levantó, hacienda de manera rápida lo ordenado. Su día empezaba ahora y sabía que luego, en la tarde, necesitaba añadir secretamente más papeleo el escritorio de su superior. Después de todo, la reunión con los otros presidentes era hoy estando todos reunidos en ella. ¿Qué les ocurriría si no hiciera eso, no es así?

"Ano… Kai-kun…" Tsuna se detuvo, vacilante de expresar su pregunta.

"Hn." Para ser un mero niño, el hijo de Hibari sí que sabía cómo ignorar la existencia de los demás. Si fuera un poco más iluso, sospecharía que Kai era Hibari encogido al tamaño al tamaño de un niño. El moreno suspiró, de todas formas, ¿qué demonios estaba pensando?

Miró a su alrededor con incertidumbre. ¿Así era como lucían los colegios de ahora? Un largo pavimento se extendía ante ellos, una fuente a un par de metros de dónde se encontraban con una estatua de un ángel como pieza central y frondosos árboles alineados a lo largo de los acres de tierra. Él sabía que había estado fuera durante un tiempo, pero pensar que tantas cosas han cambiado en Namimori… Era un poco abrumador…

"Kai-kun…" Llamó al niño y a pesar de su irritación al haber sido engañado por su tío, Kai volvió la vista atrás. Vio a su cuidador mirando a la distancia, y aunque no podía importar menos, caminó lo andado y tomó la mano del herbívoro.

"No quiero llegar tarde, herbívoro." Tsuna miró a Kai, sus ojos muy abiertos, sorprendido por el repentino gesto. El niño le sostuvo la mirada, su pequeña mano firmemente cogiendo la suya. Sus ojos se suavizaron, y con una pequeña sonrisa agraciando sus labios, su mano se afirmó a la de Kai.

"Lo siento, Kai-kun, ¿vamos?" Con un asentimiento, ambos siguieron adelante, hacia la escuela preparatoria, de la mano. Durante su camino había un extraño silencio. Claro, había algunos niños corriendo por ahí, pero Tsuna capturó algunas miradas incrédulas puesta en ellos. Tanto niños como adultos los observaban. Era desconcertante, pero no dejó que se viera así. No tomó mucho antes de encontrarse en la aula de su joven cargo.

Igual que afuera, el interior del colegio era lo mismo de amplio. Las paredes de mármol y los brillantes pasillos, sólo podía preguntarse si realmente era ésta una escuela para niños. Casi parecía una escuela para estudiantes de secundaria, muy diferente de la guardería a la que frecuentaba cerca de su casa.

El moreno ni siquiera sabía que ésta escuela existía. La escuela de Kai se sentía demasiado estricta. ¿Se supone que los niños se tienen que sentir tan suprimidos? Abriendo la puerta de la clase, entraron en ella; dándose cuenta del súbito silencio que reinó desde que aparecieron.

"Herbívoro…" Tsuna miró abajo, toda su atención en Kai. "…los canguros solo observan de lejos." El niño señaló hacia el fondo y vio a otros adultos sentados en sillas alineadas pegadas a la pared. El moreno asintió y sonrió antes de arrodillarse en una rodilla y alborotar el pelo de Kai.

"Entonces, buena suerte, Kai-kun." Los otros niños y sus cuidadores vieron la interacción nerviosos. Ellos sabían que no terminaría bien. El hijo de Hibari siempre ha tratado sus canguro de manera áspera, y ésta vez no sería diferente. Sin embargo, cuando Kai asintió obedientemente, ellos sintieron sus mandíbulas caer, la absurdez de la situación era demasiado complicada para comprender-la. Él siempre apartó a sus canguros anteriores, ¿qué tenía diferente ahora éste?

Tsuna sabía que estaba dotado de una sensibilidad fuera de lo normal, híper-intuición se podría decir. Ése era el porqué sabía que toda la clase lo estaba contemplando cuando él se sentó en la parte de atrás. ¿Qué había hecho ésta vez? El maestro entró, una vez que el saludo habitual se hizo, pararse, inclinarse y en aquel momento se sentó. Era bueno saber que algunas cosas no cambian. El moreno observó como el maestro tomó su lugar delante de su escritorio, antes de testar a la clase con su perspicaz mirada.

"¿Supongo que todos han hecho sus deberes?" Uno a uno, los niños cogieron su asignado trabajo de sus mesas antes de rápidamente enseñarlos al frente. Tsuna los observa con leve incredulidad. ¿Cómo puedes ser esto una escuela preparatoria para jóvenes niños? ¿Los colegios no estaban presuntamente para ser divertidos e interactivos? Exactamente, ¿qué tipo de disciplina estaban inculcándole a éstos jóvenes? Su ceño se frunció en confusión y ligero enojo. Esto no era lo que esperaba en absoluto.

"Muy bien, ahora que todos el trabajo están todos hechos, procederemos con nuestra lección. Desde donde nos quedamos, a partir de las diferentes formas de representar figuras en cifras matemáticas…" Tsuna suavemente se masajeó las sienes. Podía sentir como el dolor de cabeza aparecía. ¿Qué clase de tiranía era ésta? Para esos niños ser sometidos a éste tipo de educación tan pronto era… triste. El moreno ya ni le importaba si era una escuela para superdotados o jóvenes talentos. Los niños tienen derecho a divertirse, especialmente tan jóvenes como lo son ahora.

"¿Alguien sabe el origen de la fórmula del teorema de Pitágoras?" Tsuna palideció. ¿Ellos aprendían esto también? ¡Él aprendió lo que era el teorema de Pitágoras cuando tenía catorce! Bueno, él ni siquiera se habría molestado en aprenderlo si Reborn no hubiera intervenido y forzado (amenazado) a aprenderse cada ecuación matemática conocida por el hombre. Levantó la vista y observó que la mirada del maestro estaba centrada en su cargo.

"Hibari-kun, ¿lo sabes?" El tono del hombre era duro y burlón, esto hizo que sus ojos se entrecerraran. No tenía que ser un genio para saber que al maestro no le gustaba Kai. El niño de cabellos negros se paró, una mirada feroz adornando se joven cara, antes de recitar obedientemente:

"El teorema pitagórico, o también conocido como el teorema de Pitágoras, pertenece a la geometría euclidiana…" Kai hizo una pausa, y Tsuna sólo pudo sonreír ante la vista del maestro mirándolo boquiabierto. Si los ojos abiertos y la boca abierta eran indicaciones de ello, entonces sí, su adorable cargo lo había dejado pasmado.

"[…] entre los tres lados de un triángulo. Su fórmula es: 2c = 2a + 2b." Kai se sentó, su expresión todavía contorsionada en desagrado. El moreno solo podía sentir lo mismo. Fue muy decepcionante, como tal adulto delante de él, actuara tan inmaduro y tratara de avergonzar a un niño. Patético.

"La próxima vez, sea más específico cuando responda, Hibari-kun." Su tono no se suavizó en lo más mínimo, en todo caso, se hizo incluso más rencoroso. Tsuna contempló al maestro, su cara inexpresiva y sus ojos ardiendo. Más de esto e intervendría. Por ahora, sin embargo, él cuidaría a Kai y lo protegería como prometió que haría.

"Oi, ¿dónde está Dame-Tsuna?" Reborn preguntó, sus ojos afilados y calculadores lo miraron. Dino trató lo mejor que pudo en no temblar, y en cambio, sonrió con torpeza. Cierto, Reborn no sabía que Tsuna continuará trabajando como cuidador de niños, que por desgracia, podría significar su muerte si no resolvía esto pronto.

"¿…Está trabajando? Ja, ja." El rubio de reír de ello, esperando que redujera el intento asesino que emanaba de su antiguo tutor. Sin embargo, resultó ser inútil cuando Reborn lo fulminó con la mirada.

"¿Trabajando?" Su tono de voz era de todo menos agradable. Dino podía escuchar ruidosas campanas de advertencia en su cabeza.

"El trabajo de niñero, ¿no te lo había mencionado?" Sabía que no estaba imaginando cosas cuando escuchó el gatillo de una pistola. Le tomó toda su voluntad no recordar esos mórbidos días de tortura; y pensar que eran casi de la misma edad.

"¿Cuándo comenzó?" Reborn preguntó, su paciencia ya casi inexistente. Sólo había estado fuera tres días y el estúpido de su estudiante había fracasado y aceptado otro empleo. Y eso viniendo de su ex-estudiante bueno-para-nada estaba bien. Lo sabía de antemano, pero no se lo creía, Tsuna debía de estar contratado permanentemente. Él ya tenía sus sospechas, pero, por ahora, dejaría que su curiosidad disminuyera.

"No me lo dijiste, ¿por qué?" Dino sintió que cómo el sudor se estaba formando en su frente y en su nuca. Él era un completo desastre sin sus subordinados a su alrededor y por supuesto no ayudaba tampoco que Reborn estuviera enfadado. Añade esos dos encantadores factores y obtienes un tembloroso desastre de sudoroso Dino.

"¡Porque Tsuna dijo que te lo diría él! ¡Sí, eso es!" El italiano rubiales en realidad trataba de convencerse a sí mismo que Reborn aceptaría esa patética excusa, pero de la forma en la que le enviaba dagas con la mirada, obviamente no había funcionado.

"¿Para quién está trabajando?" Intentó sonsacarle más, sus ojos fijándose en toda contracción y gesto que Dino había estado haciendo durante el último par de minutos. Ya que, después de todo, *obras son amores y no buenas razones. Miró cómo su ex-estudiante suspiraba antes de tumbarse en la silla. Una sonrisa petulante se formó en sus labios. Él realmente debería saber que era mejor no esconderle nada.

"Hibari Kyoya." Dino vio cómo los ojos de Reborn se oscurecieron, la leve luz que normalmente tenía desapareció rápidamente, el oscuro tono acaparaba todo a su paso. Sin una palabra más, se volvió, salió y dio un portazo detrás de él.

Él solo pudo mirar su puerta levemente sorprendido. Ahora, ésta no era la reacción que esperaba. Palideció repentinamente. No era como si esperara algo drástico o potencialmente mortal… bueno, sí lo hacía. ¿Quién podría culparlo después de haber estado en una situación familiar hace sólo unos años?

El rubio suspiró, masajeando suavemente sus sienes. No faltaba mucho para que el leve dolor de cabeza se convirtiera en una gran migraña. Realmente necesito que Romario guarde un par de analgésicos en mi oficina. Murmuró para sí, su rostro contorsionada en una mueca. Ahora que Reborn lo sabía, de una manera u otra ellos lo sabrían también. Parece que sus planes no irían tan bien como él creía que irían.

Dino sonrió con pesar, con pequeños matices de sus dientes asomando entre sus labios. No era como si no hubiera esperado ese mismo obstáculo en sus planes. Mucho antes de que éste día llegara, él ya había pensado en cada detalle.

"Maa, hora de trabajar." Estiró sus rígidas extremidades, rodando las uniones de sus hombres de paso. Sus ojos estaban cerrados de satisfacción antes de abrirse abrupta-mente revelando sus orbes marrones dorados, brillando breve-mente con malicia. Una agraciada sonrisa en sus labios. Su duro trabajo no sería en vano, porque él ya lo había estado formulando durante muchos años, diez años exactamente. Su porcentaje de fallo era…

"Cero por ciento."

El viaje hacia la mansión fue completamente silencioso, y, por una vez, a Tsuna no le importaba la incómoda atmósfera. Kai estaba sentado a su lado, su mirada en el paisaje de la ventana, un ceño grabado en su cara y su mentón apoyado en su mano. Si el moreno no lo conociera mejor, diría que el niño estaba enfurruñado. Pero, él no debía ser tan presuntuoso de pensar de él de esa manera. En todo caso, era lindo. Un ceño fruncido apareció de repente en su cara.

Él no podía culpar a Kai por estar tan irritado. Le tomó una enorme paciencia, y auto-control en sí mismo, de desairarse con la gente en el colegio de Kai. Parecía ser que ninguno de los compañeros de su clase no estaban encariñados con él. En realidad, todos le tenían miedo. Los cuidadores y los maestros no eran diferentes. Ellos pensaban de él en un cómo un perjuicio, un niño que no tenía disciplina o lo que sea. Por supuesto, había escuchado que su joven cargo había sido violento, pero, ¿quién no lo sería cuando estaba tan restringido como lo estaba, en casa y la escuela?

Tsuna miró al malhumorado niño, comprendiéndolo completamente. Al moreno no le gustaba el colegio, y también aborrecía sus maneras de aprendizaje. Incluso los genios prosperaron bajo circunstancias normales. Para los jóvenes niños encararse con el hecho de que eran diferentes de buenas a primeras habría sido injusto. No, era cruel. Sonrió irónicamente en cómo un pensamiento vino a su mente. Eso es Hibari-san para ti.

No debería sorprenderle de que Hibari querría lo mejor para su hijo. Después de todo, él esperaba la perfección aún durante sus jóvenes años. Esto todavía le entristecía de alguna forma. La vegetación que veía desde la ventana mantenía su mente divagando antes de que una idea surgiera de su cabeza. Rápidamente se volvió hacia Kai, sus ojos brillaban y una sonrisa en sus labios.

"Kai-kun, ¿por qué no salimos mañana?" Era un día de colegio, pero las clases terminaban a mediodía, tenía la tarde libre para hacer todo lo que quisieran. Kai lo miró escéptico, sus cejas fruncidas en confusión.

"Te llevaré a un lugar divertido, ¿te parece bien?" El hijo de Hibari lo miró antes de abrir su boca.

"No, suena estúpido, herbívoro." Tsuna rió torpemente mientras rascaba su cabeza.

"Será divertido, lo prometo." Kai solo lo contempló, haciéndolo suspirar. Realmente quería hacerlo, y aunque no quería usar su as, casi no tenía opción.

"Te enseñaré mi forma de pelear si vienes conmigo." Ahora, captó su atención. Tsuna apenas podía contener su sonrisa cuando los ojos del niño centellearon. Realmente muy parecido a esa persona.

"Bien, pero tienes que pedir permiso a padre antes." Se congeló ante esto, su pulso repentinamente acelerándose. Sabía que llegaría el día en el que se reuniría con Hibari, él sólo no esperaba que haya sido tan pronto, no después de tanto tiempo. Con un suspiro agobiado, sonrió torcidamente.

"Déjame pedirle permiso, Kai-kun."

Hibari Kyoya no era un hombre paciente. Cada persona que lo conocía estaba bien informada de ése oh-tan-importante hecho. Esos ingratos sentados delante de él, sin embargo, parecía que habían olvidado que su paciencia estaba cerca de no-existente. Discutían como los herbívoros que eran. Vulgar y absolutamente estúpida.

"Maa, Mukuro-kun, eso no era parte del acuerdo, ¿ne, Kyoya-kun?"

"Ku, fu, fu. Había un fallo en tu plan, Byakuran. Personalmente revisé esa patética excusa de contrato."

"¿Podríais simplemente callaros de una maldita vez y acabar con ésta jodida reunión?"

"Ahora, ahora, Gokudera, morirás de hipertensión si siempre te pones tan enojado." Y eso venía del estúpido Bronco, quién sonreía y reía de los bárbaros numeritos de sus socios. No era divertido en lo más mínimo que su reunión se había alargado desde una hora hasta cinco. Y no tenían ni si quiera la mitad terminada todavía. Sus manos estaban crispándose por coger sus armas y acabar con todo. Necesitaba distraerse de alguna forma, y la necesitaba ahora.

Midori tanabiku namimori no

Dai naku shou naku name ga ii

Hibari rápidamente pescó de entre sus bolsillos su teléfono. Los demás pararon para escuchar. Sabían que solo una persona tenía permitido llamarlo siempre, y ésa era su joven hijo. Tenía dos teléfonos a su disposición, uno para transacciones de negocios y otro meramente para Kai. Era sin precedentes; sin embargo, Kai llamaría durante el trabajo. Él nunca le había llamado y ésta sería la primera vez…

"¿Pasa algo, Kai?" Escuchó un revuelo en el otro lado y Hibari difícilmente podía contener su irritación cuando vio que cada individuo en la habitación le estaba escuchando.

"Padre, mi niñero querría preguntarte algo." Sus ojos se ampliaron antes de fruncir el ceño ligeramente, y ellos sólo se acercaron más. Dino se sentó junto a él, solo por si acaso. Si pudiera, ahora mismo, estaría mordiéndolos hasta la muerte, literalmente.

"Pásalo al teléfono." Dijo secamente, y un pequeño ruido se escuchó de nuevo, antes de que una suave voz resonara por toda la habitación.

"Uhm… Hibari-san… so-"

"Sawada Tsunayoshi." A la mención del nombre, Gokudera se irguió, su curiosidad despertó y se movió más cerca, para gran molestia de Hibari.

"Hai, me disculpo por molestarle en el trabajo." Su voz era una octava más baja de lo que recordaba, más suave y gentil también. Dino sonrió, una divertida mueca en su cara antes de gritar:

"¡Tsuna! ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo?" Hibari lo fulminó con la mirada, su agarre del teléfono más apretado que antes.

"Creo que no eres parte de ésta conversación, Bronco." Tsuna sólo pudo suspirar con cansancio. Su hermano adoptado era realmente un poco estúpido a veces. Hibari no era definitivamente un feliz campista. Únicamente podía imaginar qué pasaría cuando finalmente se reunieran. Tsuna tembló. No quería pensar en ello.

"¿Qué pasa, herbívoro?" Hibari gruñó, y pensar que estaban hablando a través de teléfonos, trató de no encogerse.

"Q-quiero llevar afuera a Kai… ¿está de acuerdo?" Un silencio que duró demasiado para el gusto de Tsuna y cada segundo que duró su ansiedad crecía.

"…Toma al chófer y el guardaespaldas de Kai acompañándote. Kai duerme a las nueve, estad en casa a las siete." El aliento que estaba aguantando salió en una rápida brisa de aire, y una sonrisa se instaló en su cara. Kai lo miró y él rápidamente le levantó en pulgar.

"¡Gracias, Hibari-san!" Tsuna exclamó alegremente antes de colgar. Sonrió amplia-mente y revolvió el pelo de Kai.

"¡Podemos jugar mañana, Kai-kun!" Kai miró a su niñero tararear alegremente como acariciaba a su perro. Parecía incluso más infantil que algunos niños que conocía. ¿Qué le ocurría a éste herbívoro? Le confundía aún más que lo que aprendía en el colegio. Sus cuidadoras anteriores siempre lucían asustadas cuando estaban solos. Algo que prácticamente no pegaba con la felicidad del herbívoro ante él. Apretó los labios ante el pensamiento. Tal vez, iba a averiguarlo mañana.

Hibari cerró el teléfono claramente ignorando sus miradas. Mukuro sonrió, sus ojos parpadearon durante un segundo.

"¿El diablillo tiene ahora un canguro?" Dino sonrió.

"¡Sí, y es mi lindo hermanito!" Byakuran se apoyó en su alma, sus ojos se curvaron en medialunas, como él rió entre dientes.

"Hmm… Debería reunirme con ése Tsunayoshi personalmente." Hibari no reaccionó en lo más mínimo. No tenía tiempo para esto.

"Oi Hibari, ¿es ése Sawada el mismo que estudió en Namimori?" Dicho hombre no contestó, incitando a Dino para que lo hiciera en su lugar.

"Bingo. Y él es el Sawada Tsunayoshi que estaba en vuestra clase hace diez años."

Cuando Tsuna dio un paso dentro de su apartamento no pensaba que alguien más estaría allí. Sin embargo, allí estaba él, su intimidante figura mientras se apoyaba contra la pared, sus ojos siguiendo los suyos en cada movimiento. El moreno retrocedió y rió nerviosamente.

"H-Hola, Reborn…" Se detuvo cuando lo vio caminando hacia él, una maliciosa sonrisa en su cara prometiendo muchas cosas terroríficas indecibles.

"Tienes muchas explicaciones que dar, Dame-Tsuna."

"¡Hieeeeee!"


N / T: Ésta expresión es un dicho aquí y significa que los hechos (y sin buenas razones) son actos de amor, o los hechos hablan por sí solos, o el movimiento se demuestra andando, o una imagen (o hecho, en éste caso) vale más que mil palabras; sólo para aclarar :D


R&R :)