Nota: Los personajes y lugares son propiedad intelectual del profesor Tolkien. Este es un nuevo capítulo de mi sacrílega historia que la buena gente sigue leyendo a pesar de mis advertencias.
Capítulo 4
Curufin llegó a Himring sin más novedad que la enorme preocupación que sentía por Tyelkormo. Por fortuna su pequeña comitiva no se había topado con ningún escollo en el camino y todo parecía marchar como lo había previsto. Sin embargo los problemas le alcanzaron en la fortaleza. Allí se encontraban Maedhros, Maglor, Caranthir y Ambarussa, ambos, que recientemente retornaron del sur.
—Curvo —dijo Telvo —No esperábamos verte por aquí.
—Sí, porque pensábamos que estabas más cómodo en Nargothrond —siguió Pityo —. ¿Ha pasado algo?
—Lo que me faltaba que mis hermanos menores cuestionen mis decisiones —dijo Atarinke con claras muestras de molestia.
—Son cosas que se dicen en el sur sobre el primo Finrod y un humano llamado Beren —Amras habló con su habitual tono de broma, pero inmediatamente cambió a un tono más sombrío —. Algo sobre una traición.
—¿No irás a creer chismes de moriquendi a estas alturas?
—Los elfos verdes por favor —corrigió Amrod —. Ellos siempre son muy amables, y tienen medios para enterarse de algunas cosas más rápido, cosas que compartieron con nosotros.
—Supongo que ya le han ido con el chisme a Maedhros.
—Nosotros acabamos de llegar y al parecer tú traes información de primera mano.
—Pensábamos entrevistarnos con él ahora, pero te cedemos el turno.
Como le molestaba a Curufin esa actitud de los gemelos hacia Maitimo, como si tuvieran que rendirle pleitesías, siendo hermano suyo y conociendo a Maedhros a quien no le importaba ese tipo de detalles. Más aún cuando los gemelos siempre fueron cercanos al Tercer Finwë, con quienes solía pasar largas temporadas cabalgando en los bosques de Ossiriand.
—No necesito de su permiso para hablar con Russandol —Curufin se marchó y fue directamente al salón principal donde Maedhros se entrevistaba con una comitiva de naugrim que pasaban casi siempre por Himring, la ruta más segura por el norte desde que Caranthir perdiera el dominio de los territorios del lago Helevorn.
Ingresó al recinto y Maedhros se sorprendió de ver solamente a Curufin, puesto que no esperaba que Curufin hiciera un viaje largo y peligroso sin compañía de Tyelkormo.
—Estoy feliz de verte —Dijo Maedhros al ver a Curufin, y lo dijo con sinceridad aunque las dudas ya comenzaban a inundar su cabeza —. No esperaba verte por aquí porque pensé que estabas cómodo en Nargothrond.
¡Rayos!, pensó Curufin, como se parecía Maedhros a los gemelos, o sería al revés, los gemelos se parecían a Maedhros, y hasta le adivinaban los pensamientos.
—Querido hermano —comenzó Atarinke en quenya—, mi visita es para informarte sobre las cosas que ocurren en Nargothrond, cosas que tienen que ver con los Silmarili de nuestra familia.
La expresión en el rostro de Maedhros pareció no cambiar en absoluto ante estas palabras, pero Curufin logró ver ese breve instante en que mostraba un ligero movimiento en sus ojos mostrando asombro. Maitimo cerró los ojos y amablemente se disculpó de los naugrim para conversar con Curufin a solas en una apartada habitación de su palacio.
Las noticias que su hermano traía no fueron del agrado de Russandol, quien escuchaba el relato de Atarinke, porque sabía bien que esa historia estaba incompleta e intentaba atar los cabos. Lo de oponerse a ayudar a un humano a robar un silmaril lo entendió perfectamente, él hubiera hecho lo mismo, al igual que evitar una confrontación directa con Angband con el ejercito de un solo reino. Habiendo estado en ese territorio maldito conocía bien el poderío de Morgoth. Comprendía las razones de Finrod y del deber que tenía para con el humano, pero pensaba que era una locura partir así.
—¿Tú qué hubieras hecho en nuestro lugar? —le preguntó Curufin.
—Probablemente me hubiera opuesto a semejante empresa, pero mandar solo a Finrod, no creo que lo hubiese permitido. Eso casi le cuesta la vida —dijo entristecido —. Lo que no acabo de entender es la parte en que Celegorm marchó al norte luego de rescatar a Finrod. Si no quería volver a Nargothrond, debió venir por aquí —añadió como si estuviera hablando consigo mismo —, a menos que tuviera algo más importante que hacer. ¿Estás seguro de que me estás contando toda la historia?
—No puedo saberlo porque no fui con Turko —respondió Curvo evitando dar más explicaciones —. Si no me necesitas, iré a hablar con Moryo.
Nelyo asintió con la cabeza mientras observaba por la ventana de la habitación. La visita de Curufin le había llenado la cabeza de dudas sobre el proceder de Celegorm. Como buscando respuesta observó el patio donde un mensajero sinda llegó. Las respuestas que buscaba habían llegado.
Aquella tarde, llamó a Curufin a la torre más alta de la fortaleza.
—Querido hermano —le dijo a Atarinke —, acércate, quiero que veas algo.
Curufin hizo caso y se acercó al borde la torre donde se observaba Thangorodrim y sus humos negros a lo lejos.
—¿Ves aquellas fumarolas? Yo estuve por aquella región durante mi cautiverio —Curufin se inclinó hacia delante para ver mejor, fue cuando Maedhros le asió con su mano izquierda y le colgó en el precipicio de la torre —Fue así como me sentí cada día, hasta que Fingon me sacó de ese lugar. Esa historia la conoces bien, ahora quiero que me cuentes otra, una donde Celegorm tuvo la alocada idea de pedir la mano de la hija de Thingol. Digo yo, ¿de dónde puede nuestro hermano conocer a esa muchacha que no ha salido del reino de su padre y cuyas fronteras son inexorables? ¿Tienes alguna idea querido hermano?
—¡Estás loco, sé que no lanzarías a tu propio hermano al abismo!
—Tienes razón, pero mi brazo comienza a cansarse y podrías resbalar de mi mano.
Maedhros podía ser tan convincente, que Curufin no tuvo más remedio que contarle todo sin omitir nada, incluso los planes de apoderarse de Nargothrond. Sólo cuando le dijo todo esto es que Maitimo se sintió satisfecho y puso de nuevo los pies de Curufin en tierra firme. Pese a que los gritos de Atarinke alertaron a los otros hermanos que corrieron a la torre a ver lo que sucedía, pero ninguno se atrevió a decir algo, simplemente observaron a Maedhros.
—Por lo menos el daño a Finrod está parcialmente arreglado —dijo Maedhros en un tono áspero —. Debería dejar solo a Celegorm para que reciba su merecido, pero no puedo abandonarle, más aún porque con él va la hija de Thingol y eso acarrearía más problemas sobre nosotros.
—¿Cómo les hallaremos entonces? —preguntó Maglor.
—No han debido ir muy lejos sin un caballo —dijo Caranthir —. Si como dice Curufin, Tyelko envió a Finrod en el suyo, se supone que ha seguido su camino a pie.
—Debemos reparar este daño inmediatamente —dijo Maedhros que pensó que lo más sensato era encontrar a la doncella y a su descocado hermano —. Ambarussa será preciso que partan inmediatamente con un grupo de rastreadores para buscar a Celegorm y la doncella.
—Saldremos esta misma noche —dijeron los gemelos, que parecían contentos porque les mandasen a hacer lo que más les gustaba.
—Hay algo más que quiero saber —dijo Maedhros dirigiéndose a Curufin —¿dónde está Celebrimbor?
—Está en Nargothrond.
A Maedhros no le gustó nada la respuesta de su hermano.
—¿Cómo se te ocurrió dejarlo ahí cuando sabes que su vida podría correr peligro si Orodreth se entera de lo que planeaste?
Toda la rabia que Curvo sentía se esfumó en ese momento. No lo había pensado, asumió que Celebrimbor estaría bien en Nargothrond, pero Russandol tenía razón, como siempre. ¿Cómo no se le ocurrió ordenar a Telpo que viniera con él? A pesar que sabía que Celebrimbor se hubiese negado en primera instancia, porque de seguro hubiera puesto de excusa que todavía tenía que cuidar a Finrod. Claro, eso fue lo que pensó Curufin, que Telpo estaría bien, pero aquella ayuda brindada por Telperinquar sería olvidada si se enterasen de que Celegorm y curufin planearon quedarse al mando de Nargothrond.
Maedhros sospechaba bien, pero el peligro no venía de Nargothrond sino de Doriath, donde el furioso rey Thingol mandó a llamar al mismo Orodreth, porque Finrod estaba todavía muy delicado para hacer ese viaje y con él fue Celebrimbor porque todos asumieron que algo tenía que ver en toda la tramoya sobre Beren y el silmaril.
Fue la única vez que se admitió a un feanoriano la entrada en el reino de Doriath y de la ciudad escondida de Menegroth.
Telperinquar observaba con cierta curiosidad la obra de los naugrim que tallaron las columnas cual si fueran árboles y esculturas de animales asomándose entre las ramas de la floresta pétrea.
No hubo tiempo para paseos de cortesía por la ciudad, de hecho su estadía fue más bien corta y llevaron a los visitantes directamente con el rey. Primero interrogó a Orodreth, quien contó con detalles los hechos ocurridos hasta la partida de Finrod.
—Fue así como Finrod partió con pocos hombres en busca del silmaril que le pediste a Beren —dijo Arothir.
—¿Y cómo fue que mi hija fue a parar en vuestro reino y tú, su gobernante no lo supiste? —Las palabras de Elwë eran severas olvidando el parentesco que le unía con el hijo de Aranfinwë.
Orodreth bajó la mirada y no supo que contestar.
—Tú —le dijo a Celebrimbor —, tú puedes contestarnos.
—Creo que su hija llegó a Nargothrond buscando a Beren, el humano —respondió tranquilamente Celebrimbor —. Probablemente mi tío la encontró y le dio refugio en el reino.
—¿Y qué me dices de esta carta? —Thingol le extendió la nota que en su momento Celegorm escribiera. Para Telperinquar no fue sorpresa, algo sospechaba, aunque deseaba que aquello no fuese así, en el fondo conocía bien a su tío y a su padre.
—No sabía que era delito pedir la mano de su hija —respondió Telpo con la misma tranquilidad de siempre —, ¿no es una elfa muy hermosa? Tal vez mi tío se sintió atraído por su belleza, más allá de eso no hubo mayor daño.
—¿Mayor daño dices? –Thingol comenzaba a perder la paciencia con Telperinquar que seguía inmutable —¿¡Y por qué no la devolvieron a mi reino!?
—No lo sé, lo que sé es que no estuvo mucho tiempo en Nargothrond, huyó así como huyó de Doriath –Telpo sabía bien que estas palabras disgustarían más al rey, pero siguió adelante —. Mi tío fue a buscarle y de este modo encontraron a Finrod, supongo que su hija fue a buscar a Beren al no encontrarle en Minas Tirith.
Melian exploró en la mirada de Celebrimbor y encontró sinceridad en las palabras del elfo, porque Celebrimbor era inocente en todo el plan de su padre y su tío.
—Dice la verdad, no creo que él sepa más de lo que nos ha contado, sin embargo veo que el destino está cambiando y que muchos eventos se precipitarán antes de lo esperado —habló la reina— . Mi consejo es que te olvides del Silmaril que le pediste a Beren y te prepares para la guerra que ha de venir lo quieras o no.
Thingol calló, sabía que Melian veía más allá que cualquiera de ellos y sus palabras no eran alentadoras. Salió del salón para pensar a solas.
—Acércate —le dijo la reina a Celebrimbor —Dale esta medicina a Finrod, le ayudará a contrarrestar el veneno de Sauron.
Telperinquar agradeció y se marchó con Orodreth de vuelta a Nargothrond.
