Perdido

Perdido

Dejó corre el agua del lavamanos por un largo rato. El chorro chocaba estrepitosamente en la losa celeste salpicándole con gotas frescas, heladas y tan parecidas en violencia a sus lágrimas, que no podía diferenciarlas unas de otras.

Sabía que necesitaba recuperar la compostura, acababa de llegar y ya estaba destrozado como una frágil copa de cristal en medio de un terremoto. ¿Qué podía esperar para el resto de la semana? Quería irse ya de una buena vez de ese lugar.

"Ikki, sé que me necesitas, que quieres que esté a tu lado, pero no puedo, no puedo si él está aquí. No estoy preparado para verlo y compartir con él como antes, para enfrentar estos sentimientos que en estos años no han hecho más que crecer y crecer… ¿Cómo podrías tu entender esto que está aquí en mi pecho Ikki?… Si pudiera decírtelo…".

Toc, Toc

Escuchó que golpeaban a la puerta. Inmediatamente se puso en alerta, seguramente su hermano al regresar se había extrañado de no encontrarle en la sala junto a Hyoga y ahora le buscaba.

Se miró en el espejo asustado, sus ojos estaban levemente hinchados y rojizos. Se lavó la cara con efusión y decidió que algo le inventaría si notaba que había estado llorando, pero al quitar el seguro y mirar afuera se encontró con quien no esperaba, Hyoga, que molesto lo miraba intensamente.

-Shun… ¿Estás bien? – Le preguntó con un tono bastante neutro que hizo temblar al menor incómodo y avergonzado.

-Sí… - Contestó mirándolo fijamente, sin atreverse a desviar la vista y ofenderlo más con ello de lo que ya lo había hecho antes.

-No me parece que sea así, estás muy raro. No sé porque no has querido que te recoja en el terminal, ni sé porque le has mentido a Ikki sobre eso. No me voy a meter en tus asuntos, pero no quiero que estemos así… en malos términos ¿Me entiendes?

-Yo-yo tampoco quiero eso – Sonrió con una mueca dolorosa y distorsionada, era difícil gesticular aquella expresión cuando lo que quería era gritarle que estaba cada vez, jodidamente más bueno y que lo amaba – Lo que me pasó… es algo que no entenderías y discúlpame por haberte involucrado – Terminó, sabiendo que lo mejor era mantener la distancia, estar en buenos términos con él sólo le causaría más dolor y de cualquier forma, la distancia era la única salida que tenía para no terminar confesando su más oscuro secreto.

-Sí, bueno, todos tenemos nuestros días – Suspiró el rubio – Regresa a la sala y cuéntame que has hecho en estos años, ¿De acuerdo?

-De acuerdo – Contestó viendo como el rubio desaparecía por el corredor. Aquello había sido demasiado sorpresivo. El caso era que, seguramente había adivinado que estaba llorando, porque habría que ser imbécil para no notarlo. Cuando una persona llora, el rubor que acude a las mejillas es absolutamente diferente al de la vergüenza o al del calor. El rostro se mancha tan profundamente en rojo, que pareciera llorar sangre por cada poro, los ojos se dilatan tan desbordadamente en lágrimas, que pasa un buen tiempo antes de que vuelvan a ser como antes, y sus ojos, sus ojos en particular, eran tan acusadores de sus sentimientos que no quedaba duda que Hyoga, había comprendido que estaba llorando.

¿Era por eso que le habría tratado amable aún cuando él se había comportado tan estúpidamente?... Conocía a Hyoga, lo conocía tan bien que si él hubiese sido más villano y cínico, hubiera conseguido que le abrazara y le consolara apretado a su pecho, quizás hubiera conseguido también alguna caricia…

Hyoga era así, era el tipo de persona que no deja a alguien triste desamparado, que jamás dejaría a alguien sufrir por su culpa, no, eso jamás, él conocía mejor que todos el dolor de una perdida, la desolación del abandono, de la soledad…. Él jamás dejaría que otro sintiera dolor a solas, podría consolar a las almas más heridas del mundo… y entregarles su calor, su amistad hasta sanarlas.

¿Qué haría realmente su rubio, si supiera que él sufría por su amor? ¿Por no poder estar a su lado?... ¿Por saber que jamás probaría un beso labio a labio con esa boca tan hechizante? Incluso amaba cada uno de sus blancos dientes. Su lengua atesorada… que entre palabras divisaba con anhelo, con necesidad, el aliento que moría por atrapar profundamente mientras jugaba a besarle el rostro en su imaginación.

Por fin había dejado de llorar. Toda esa ficción si bien era utópica, al menos servía para controlar la desesperación. Y Sabía que aún cuando él rubio fuera buen amigo, no entregaría un falso amor por lástima, ante todo… siempre estarían sus principios, siempre.

Se miró al espejo nuevamente. Lucía cansado y agotado. Pero al menos a ello, podía culpar a su viaje en tren y lo poco que había dormido en aquel asiento duro y que jamás llegó a parecerle en lo más mínimo acogedor.

Se arregló la ropa y después de inhalar llenando sus pulmones completamente, abandonó el cuarto de baño dirección al salón. Cuando llegó, el rubio estaba en el mismo sofá de antes, cambiando canales sin interés. Shun se sentó en el sofá contiguo en silencio. La conversación acordada… nunca inició.

No pasó mucho para que Ikki regresara con una charola en las manos donde llevaba jugo y un emparedado gigante para el menor, que tenía de todo para alimentarlo bien después de lo que supuso fue un viaje destrozador.

-Shun, no quiero que tomes esto a mal y no es porque pase a llevar tu opinión, pero esta casa es grande y he dejado un cuarto para ti… Espera, no pongas esa cara Y tu Hyoga no te rías… Es para cuando vengas, siempre que quieras, pues… te puedes quedar siempre y si quieres vivir un tiempo con nosotros… - Terminaba de decir angustiado el peliazul.

-No creo que sea buena idea vivir en la misma casa con una pareja, además, Esmeralda no lo tomaría nada bien – Sonrió el peliverde relajándose un poco al ver como el rubio se reía animadamente.

"Esa sonrisa tan hermosa"

-Por mi no hay problema, prefiero que estés aquí a vivir con Ikki todo el día preguntándose si estás bien – Interrumpió Esmeralda entrando a casa acompañada de Saori y un montón de bolsas.

-¡Cariño! ¡No hagas tanta fuerza! – Se alarmó el moreno levantándose enseguida a quitar las bolsas de su joven esposa ante la mirada divertida de todos, era impresionante lo tierno que era Ikki con su amada chica.

-¡No exageres! – Le susurró ella sin que esto pasara desapercibido por el peliverde, que sabía muy bien a que se debía la sobre preocupación de su hermano por la chica y su futuro hijo - ¿Has llegado bien? – Le preguntó al menor mientras se sentaba a su lado.

-Sí, gracias – Respondió mientras bebía de su jugo. Miró disimuladamente a la muchacha y cuando sus miradas se cruzaron, le hizo saber con los ojos que estaba en conocimiento de su futuro sobrino. Esmeralda se sonrojó y la mano del peliverde le acarició los nudillos gentilmente mientras ella sonreía emocionada.

Ikki desapareció nuevamente de la sala con los paquetes y Saori se sentó cerca de Hyoga.

- ¿Cómo van tus asuntos Shun? Seiya nunca nos cuenta mucho, creo que le gusta presumir de ser el único que sabe de ti – Habló con algo de resentimiento, incomodando al menor que no sabía como justificar su falta de contacto.

-¡Vamos Saori! Debe estar muy ocupado – Lo defendió Esmeralda buscando apoyo en el rubio - ¿No es cierto Hyoga?

-Supongo – Contestó con la voz apagada, provocando un vuelco repentino en las tripas del menor, que sintió sus mejillas arder en vergüenza ante el evidente desinterés del ruso.

Esmeralda notó enseguida que algo estaba mal entre los dos y acudió a la vieja táctica familiar que había heredado de antaño para momentos difíciles… "Cuando no sepas de que hablar, mira fotografías"

-Ho, ¿Por qué no miramos el álbum? Quiero ver si hay cambios significativos desde la última vez que te vimos Shun y a ti también Hyoga, los años no pasan en vano – Argumentó alegre, satisfecha con el interés que logró ganar de parte de los tres jóvenes en la sala.

-¿Salgo en algunas? – Cuestionó la pelilila con curiosidad. Alzando la voz para que Esmeralda la escuchara desde la otra sala.

-Sí, por no decir que casi en todas – Ironizó arrancando risas de Hyoga y Shun. No tardó en volver, junto a ella Ikki que había abandonado la mercancía en la cocina.

-¡Ho no! Fotos otra vez – Le susurró a la rubia mientras esta le daba una mirada apenada - ¿Qué ha pasado? – Preguntó sutilmente conciente de que la rubia sólo hacía ello cuando la situación era incomoda.

-Es Hyoga y Shun – Medio murmuró con una sonrisa para disimular. El peliazul guardó silencio extrañado, esos dos y menos su hermano, no solían llevarse mal en absoluto con nadie, el hecho de que algo anduviera mal entre precisamente ellos era demasiado extraño.

-Miren – Dijo Esmeralda entregando un libro de fotos a cada uno, dejando en su falda los restantes.

-¡Esmeralda no! – Advirtió buscando la forma de arrebatarle los libros, llamando la atención de los demás – Quiero decir, están empolvados, te vas a ensuciar – Terminó apoderándose de ellos y dejándolos sobre sus piernas.

-Miren , estas fotos son del cumpleaños de Shiryu, pesaba dos kilos menos en esa época – Argumentó feliz Saori mientras le señalaba a Shun donde estaba y como su vestido se ceñía tan bien a sus caderas y cintura.

-Si, se ve que estabas más delgada – Acotó mientras distraídamente buscaba a Hyoga en la foto y daba con la imagen de Fler colgada de su cuello – Parece una lapa humana – Se le escapó entre dientes sin darse cuenta.

-¿Quién parece una lapa humana? – Preguntó interesada llamando la atención de Hyoga que dejaba su álbum de lado, mientras Ikki y Esmeralda miraban sorprendidos.

-Bueno… - Contestó nervioso, barriendo la foto con rapidez para buscar una víctima a quien decir que parece lapa – ¡Tatsumi! – Gritó asustando levemente a la pelilila que estaba muy cerca de él.

-¡Ho! Sí, sí… Tatsumi parece… algo así como, no sé si una lapa, pero si una bicho feo – Sonrió la chica ante la ocurrencia del menor.

-A mi me parece que la lapa humana es Fler – Acotó Esmeralda que se había acercado hasta ellos para mi miara la foto.

-No creo que a Hyoga le pareciera una lapa ¿Verdad? – Inquirió el peliazul codeando al rubio – Además, no estaría de novio con una lapa – Terminó riendo casualmente ante la mirada no conforme de la rubia que miraba la fotografía con interés.

-Debo reconocer que hay algo de lapa en ella – Sonrió el ruso acomodando su cabello hacia atrás, probablemente el comentario le había avergonzado un poco.

-Pero no te molesta del todo al parecer… ¿Vendrá aquí? – Pregunta Ikki descuidadamente volteando la página del álbum.

-Sí, llegará mañana, pero iremos a un hotel, no te preocupes por el espacio aquí, así puede llegar Shiryu con Shunrei y Seiya con Mino – Informó el rubio mientras las manos de Shun, pálidas y pequeñas, apretaba las uñas en su palma, tratando de evadirse de aquella conversación, de no escuchar más… no quería oír nada más… ojala un gran torbellino arrasara ahora mismo la sala y se lo llevara lejos, muy lejos de allí. Apuró su mano en su mejilla, para alcanzar a ocultar una lágrima que rodó hasta su mentón, pero que los entusiasmados chicos no notaron, estaban con su atención fija en la nueva foto en donde él, sonreía feliz, abrazado de Hyoga, Seiya y Mino.

-Parece que los únicos sin pareja somos nosotros – Codeó Saori al menor que respondió con una mueca lo suficientemente distante e indiferente, como para advertir a la pelilila de que abordaba terrenos desconocidos – Lo siento Shun… ¿Estás en alguna relación complicada?

-No… nada de eso, yo estoy soltero, libre – Se defendió – No quiero una mujer que me corte las alas yo quiero recorrer el mundo.

-Nunca pensé que terminaras siendo tú el aventurero e Ikki el maridito regalón – Bromeó la pelilila sacando sonrisas de todos.

-Las personas cambian – Contestó molesto, interrumpiendo el agradable momento, no había pretendido ser gracioso, si no más bien hiriente. Tenía tantos deseos en ese momento de herir que no podía tomar conciencia de lo que hacía - ¿No es así Hyoga? Tus anhelos de ser piloto y ser libre – Habló con un tono de burla – Imagino lo libre que eres volando una y otra vez desde Rusia a Japón. Todos los días, la misma ruta, el mismo camino, el mismo cielo, las mismas nubes, encerrado en un pájaro de metal el cual sigue una ruta establecida, sin variaciones.

Todos guardaron silencio, porque sin querer, había dado en una incomoda verdad. Y cuando miró a su hermano, supo que toda la intención había dado justo en el blanco, Hyoga estaba con la cabeza gacha, mirando el álbum sin levantar la vista.

Shun sintió que no podía volver atrás, había tomado el camino de la venganza tonta, decir algo amable ahora no tendría justificación ni veracidad, lo mejor era callar. Confirmar sus más temidas sospechas le había despertado una pasión agresiva y destructiva, pero también dolorosa, ella lo tenía a él, una mujer a sus ojos insípida, bonita pero, tan vacía, tenía al hombre que en sus sueños le hacía el amor, que al despertar le acunaba en sus brazos, que al cerrar los ojos le besaba, era como saber que le engañaban, como si tuviera un amante.

Sonrió ante la idea. Sin embargo, no creía realmente en que él estuviera insatisfecho con su carrera, con su trabajo, pensaba que era feliz, todo lo feliz que él no era y ahora descubría que a pesar de tener el amor, de tener una pareja y tener incluso quien lo amaba a escondidas, era infeliz y esa verdad, le hacía mucho más miserable que antes.