.

Capítulo 4: Silencio (I)

.

Jueves (al mediodía):

—Vaya que tiene apetito…—murmuró Sharpner, observando con asombro como Gohan devoraba su cuarto plato consecutivo de pastas.

—No sé de qué te sorprendes—acotó Erasa, llevándose un vaso de jugo a los labios.

Videl, sentada al lado de Gohan y de frente a sus dos amigos, no pudo más que sonreír ante los comentarios. Ciertamente, ya se había convertido en algo habitual ver al joven Son devorar como un poseso todo lo que se le ponía en la mesa durante el almuerzo. De todos modos, siempre había ocasión para sorprenderse un poco más ante sus explosivos hábitos alimenticios, y ese era uno de esos días. Gohan no solo había liquidado cuatro platos seguidos de pastas con salsa, sino que antes se había zampado toda una partida de hamburguesas con papas fritas. En ese momento, varios de los alumnos reunidos en la cafetería parecían estar murmurando divertidos sobre él, lo cual tampoco era algo fuera de lo común: tanto por sus altas calificaciones en todas las asignaturas, como por sus habilidades en educación física, y, por supuesto, por su insuperable capacidad para devorar, Gohan había terminado por convertirse en un personaje bastante conocido en toda la escuela. Eso, claro está, lo tenía sin cuidado, pues él siempre había sido demasiado humilde como para siquiera reconocer la popularidad de la que gozaba. Videl ensanchó su sonrisa, contemplándolo con ojos brillantes.

"Y pensar que cuando recién ingresó todos se burlaban. Hoy no hay una sola chica en la escuela a la que no le encantaría tener una cita con él"

Sacudió levemente la cabeza, concentrándose en su propio plato. ¿En qué estaba pensando?

—Por cierto—comentó de improviso Erasa, trayéndola de vuelta a la realidad—. ¿Qué les pasaba a ustedes dos esta mañana? Se veían como si hubiesen vuelto de una guerra o algo así. —Sonrió pícaramente, paseando su mirada de uno al otro—. ¿Problemas de pareja?

Videl no estaba segura de si Gohan había escuchado lo que Erasa acababa de decirles, pues siguió plenamente concentrado en su comida, como siempre. Ella en cambio, esbozó una amenazante mueca de disgusto, intentando disimular el rubor que comenzaba a trepar por su rostro.

—Por favor Erasa…no digas idioteces.

La aludida soltó una sonora carcajada, dándole un fuerte golpe en el hombro a Sharpner, el cual a punto estuvo de enterrar la cara en su propio almuerzo.

— ¡Oye, ten cuidado!

—Siempre lo mismo con ustedes dos—continuó Erasa, sin prestarle la más mínima atención a su amigo—. Por más que intentes negarlo otra vez, no vas a pod… —La chica calló de repente sus palabras, llevándose ambas manos al rostro con gesto desesperado—. ¡Oh no! ¡No me digas que estaban así porque Gohan invitó a otra chica al baile de mañana! ¡Gohan, miserable! ¿Cómo pudiste hacerle eso a Videl?

Por primera vez en los cuarenta y cinco minutos que llevaban en la cafetería, Gohan pareció levantar la vista de su plato, observando confundido de Erasa a Videl, la cual estaba más sonrojada y molesta que de costumbre.

— ¡Erasa! ¡Te dije que dejaras de inventar estupideces!

— ¿Baile?—preguntó Gohan, totalmente ajeno a la indignación de su compañera—. ¿Qué baile?

Sharpner y Erasa se miraron entre sí con cierta perplejidad.

— ¿De verdad lo preguntas?—indagó la muchacha rubia, indignada—. ¿No has visto los afiches pegados por toda la escuela? ¡¿No te diste cuenta de que es lo único de lo que estuve hablando en las últimas dos semanas?!

El joven Son negó con la cabeza, sonriendo inocentemente. Sharpner no tardó en soltar una sonora carcajada, pasándose una mano por su larga cabellera rubia.

—No cambiarás nunca, ¿verdad, Gohan? Muy bien, te lo explicaré despacio para que lo entiendas. Erasa se refiere a la fiesta de fin de año de mañana en la noche, aquí en la escuela. O sea, el baile de graduación. ¿Te suena ahora?

— ¿Pero que acaso esa fiesta no es para los egresados de último año?—preguntó Gohan, todo inocencia.

Sharpner arqueó ambas cejas, cruzándose de brazos.

—Bueno, sí, la fiesta es en honor a los chicos de último año, que se gradúan mañana, pero todos los alumnos de secundario estamos invitados. Así fue siempre los años anteriores.

— ¡Exacto!—chilló Erasa, señalándolo con un dedo—. ¿En verdad no lo sabías, Gohan? En fin, como sé que no puedo esperar que tú me invites, yo iré con Sharpner al baile.

—Vaya, me encanta ver que soy tu primera segunda opción—se quejó el aludido, cruzándose de brazos.

—Ushhh, cállate—replico ella, sacudiendo despectivamente una mano en su dirección—. Porque…tú vas a invitar a Videl al baile… ¿verdad, Gohan?

Gohan se dio cuenta de que tanto Erasa, como Sharpner, e incluso Videl, estaban mirándolo en absoluto silencio, expectantes a su respuesta. Tomándose todo el tiempo del mundo, el joven se llevó una servilleta a la boca, observándolos con una sonrisa nerviosa.

—Vaya…estas pastas están muy buenas, ¿no?

. . .

—En la corrección de los exámenes he visto que muchos de ustedes cometieron errores al calcular la reducción de la entropía. Debían determinar la entropía inicial primero, para lo cual era necesario calcular el logaritmo en base dos de las probabilidades a priori, multiplicar el resultado por esa misma prioridad y luego sumarlo a…

El profesor hablaba y hablaba, anotando los cálculos en el pizarrón a un ritmo exasperantemente lento, para desgracia de la mayoría de los alumnos. Videl, sin embargo, no estaba prestando atención en lo absoluto a la explicación del profesor. Por más que se lo reprochaba internamente una y otra vez, la muchacha no podía sacar de su mente la estúpida conversación que habían tenido en la cafetería. Observó de reojo a Gohan, sentado a su lado, frunciendo marcadamente el ceño al verlo.

"¡¿Por qué diablos te quedaste callado?!"

De acuerdo, era cierto que a ella jamás le habían interesado las fiestas y los bailes, pues desde que tenía uso de razón su interés siempre había estado ligado a las artes marciales y demás cosas no del todo femeninas. Así era como todo el mundo la conocía, por lo cual la mayor parte de los chicos, en los años anteriores, simplemente habían renunciado a intentar invitarla a los bailes de fin de año. Por supuesto, la consigna que su propio padre había impuesto a los muchachos que osaran pretenderla también influía mucho. Su propia personalidad había hecho el resto, y estaba bastante conforme con ello. ¿Qué rayos importaba entonces? Increíblemente, mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Videl se cruzó de brazos, mirando nuevamente de reojo a Gohan. Éste parecía inmerso en la explicación del profesor, a pesar de que había aprobado el examen final con la más alta calificación posible. Verlo tan despreocupado y ajeno a su desconcierto, para su propia sorpresa, la enfurecía de un modo injustificable. No se creía del todo eso de que no supiera que el baile era al día siguiente (a pesar de que a ella le había sucedido exactamente lo mismo). Sospechaba que había tenido tiempo de sobra para…para… ¡pues para invitarla al estúpido baile!

Bueno, siendo justos, tal vez en verdad lo había pasado por alto, dado lo despistado que era. Pero, entonces… ¿por qué había evitado de modo tan evidente dar una respuesta a la pregunta de Erasa? ¿Por qué no le había dicho nada luego del almuerzo, cuando lograron pasar unos instantes a solas en la biblioteca? Cualquier persona que los conociera habría atado cabos y concluido que aquello se debía a la timidez propia de Gohan, pero, aun siendo así, Videl no había podido evitar tomárselo como una forma de rechazo hacia ella, lo cual la hizo sentir sorpresivamente mal. Se recordó a sí misma en la mañana, mirando su reflejo en la vidriera. "¿Pensará él lo mismo cuando me ve…?" Aquello la hizo sentir aún peor, ¡y todo por un estúpido baile!

Bien, de acuerdo. Admitía que no tenía verdadero interés en asistir al día siguiente, como tampoco lo había tenido en el pasado. Pero también admitía que no le molestaría en lo absoluto ir con Gohan. Más aún… ¡deseaba ir con él! ¿Pero por qué? No tanto por la maldita fiesta y el baile en sí, sino porque en verdad quería que él la invitara a ella.

Sacudió la cabeza con frustración. Si Erasa supiera lo que estaba pensando en esos momentos sin duda se habría puesto a saltar en un pie de la alegría. Muy a su pesar, Videl sabía que estaba comenzando a actuar y a pensar un poco como ella. ¿Por qué le importaba? ¿Por qué la exasperaba el silencio de Gohan? ¿Por qué la asfixiaba la sola idea de que quisiera invitar a otra chica al baile, alguien como Ángela por ejemplo?

Videl intentó calmarse y reflexionar racionalmente, pero le estaba empezando a costar de verdad hacerlo. Prácticamente se sentía como una tonta enamorada en presencia de su príncipe azul, esas que tanta repulsión le habían generado en el pasado. "Si serás hipócrita… Siempre has sentido algo por él" susurró una vocecilla en el interior de su cabeza, lo cual la hizo enfurecer aún más. "Solo estás dejando que tu orgullo y tu imagen de dureza se interpongan en algo que sabes que es cierto"

¿Tan evidente era?

Pensó en las frecuentes bromas de Erasa.

¿Tan transparente para todos?

Recordó las palabras llenas de doble sentido de Bulma, y el entusiasmo pueril de Chichi cada vez que los veía juntos.

¿Tan evidente salvo para ellos dos?

"Maldición…quizás debería pedírselo yo misma y terminar de una vez con esto…"

Pero no podía, sabía que no podía. No solo le faltaba el valor necesario como para hacerlo, sino que además, pedírselo no cambiaría el hecho de que él no la había invitado a ella en primer lugar. No borraría aquel silencio que le dolía prácticamente como un rechazo.

En ese instante, de un modo prácticamente inevitable, Videl recordó el día en el cual él había vuelto a su lado, hacía casi un año, en el templo de Kami Sama. Recordó la angustia, el dolor atroz que había sentido al creer que lo había perdido; y también recordó la alegría, la felicidad…el maravilloso sentimiento que la llenó cuando finalmente volvió a verlo, allí, de pie detrás de ella, sonriéndole, como si nada hubiera ocurrido.

Claro que lo recordaba, ¿cómo olvidarlo?

Jamás podría.

Videl suspiró, observando a Gohan por tercera vez. El joven seguía en su mundo, completamente ajeno al vórtice de ideas y sentimientos que exprimía su mente. Finalmente, no fue capaz de soportarlo un minuto más. Debía hablar con él cuanto antes, debía obligarlo a decir algo al respecto, cualquier cosa, lo que fuera. Arrancando de un tirón el borde inferior de su hoja, Videl escribió lo primero que se le pasó por la cabeza.

"¡Hoy mismo continuamos con el entrenamiento!"

Acto seguido armó una diminuta pelota con el trozo de papel, arrojándolo sin ningún disimulo sobre el pupitre de su compañero. La respuesta Gohan no tardó en llegar, mucho más breve y concisa de lo que se esperaba.

"De acuerdo"

Videl frunció el ceño, releyendo una y otra vez las dos simples palabras. ¿De acuerdo? ¿Eso era todo lo que tenía para decirle? ¡¿Qué acaso no se daba cuenta de todo lo que estaba pasando por su cabeza en esos instantes?! Evidentemente, no.

Dando vuelta el papel, Videl volvió a escribir.

"¿De acuerdo? ¿Eso es todo lo que tienes para decirme?"

Nuevamente, Gohan no se hizo esperar.

"Sí. ¿Por qué?"

Videl estrujó el papel entre sus manos hasta casi despedazarlo, garabateando con fuerza.

"¡Olvídalo!"

. . .

El sol comenzaba a ocultarse muy lentamente tras las inmensas montañas rocosas, bañando de un tinte anaranjado todo el amplio valle en el que se encontraban. Hacía casi dos horas que habían llegado allí, a la región 439, pero Videl no estaba dispuesta a detener el entrenamiento aún. Respirando agitada, la chica alzó nuevamente sus puños, colocándose en posición ofensiva. Podía sentir el sudor recorriendo cada centímetro de su rostro, resbalando por su cuello hasta perderse debajo de los pliegues de su camiseta. Sus cabellos negros se veían más desordenados que nunca, revueltos por el constante movimiento que suponía intentar asestarle un simple golpe a su invencible oponente.

Gohan, de pie frente a ella, la miraba con cierto aire de desaprobación. Al igual que en los días anteriores, en ese momento vestía su clásico gi azul de entrenamiento, con muñequeras y cinto de color rojo. Pero Videl no estaba de humor para dejar que eso la distrajera. Por el modo en que Gohan la miraba, era obvio que percibía lo enfadada que estaba, y de seguro debía estar pensando en advertirle que la ira no la ayudaría a concentrarse en una batalla real. Pero no le importaba… ¡Solo quería golpearlo!

Dando un paso al frente, Videl se arrojó nuevamente sobre él, concentrando el ki en el extremo de sus puños. Cada vez encontraba más fácil hacerlo, pero eso no la ayudaba en lo más mínimo a romper la impenetrable defensa de Gohan. El joven movía sus antebrazos a una velocidad imposible, deteniendo cada uno de sus golpes con extrema facilidad. Durante varios segundos tuvo la sensación de estar intentando atravesar un grueso muro de acero con las manos desnudas. Pero incluso eso era preferible a cuando él simplemente se limitaba a eludir sus ataques. En ese momento, para su disgusto, Gohan creyó oportuno comenzar a hacerlo. Dando simples pero veloces pasos hacia los costados, el joven Son comenzó a esquivar sin esfuerzo cada uno de sus puñetazos, dejando que cortara el aire con ellos. Videl gruñó, arrojándose nuevamente sobre él.

—No te enfades—le espetó Gohan, eludiendo cada una de sus aproximaciones—. Si no sabes manejarla, la ira es lo peor que puede pasarte en una pelea.

— ¡Cállate! Solo… ¡Solo quiero golpearte!

Y lo intentó, continuó intentándolo durante varios minutos más. En uno de sus embistes, Gohan simplemente se limitó a inclinar el cuerpo hacia un lado, eludiendo milimétricamente su puño, y entonces, con un movimiento invisible, elevó el propio a toda velocidad, deteniéndolo a solo unos centímetros del rostro de la muchacha. Videl retrocedió bruscamente, intentando poner distancia entre ambos. Maldición…ni siquiera había alcanzado a ver cuándo levantó el brazo… Aquello hizo hervir la sangre en cada una de sus venas. Enfadada ante su propia debilidad, ante la superioridad de su oponente, Videl reanudó la ofensiva a toda velocidad, encontrándose con que, luego de cada golpe eludido, Gohan colocaba la punta de su dedo índice en algún punto vital de su cuerpo.

—Si estás enfadada no puedes concentrarte—dijo en tono tranquilo, apoyando el dedo sobre su frente tras esquivar otro ataque—. Si no estás concentrada, cada paso en falso puede ser fatal.

Videl se maldijo internamente, intentando golpearlo en el abdomen con un veloz golpe de puño. Gohan colocó una mano sobre su brazo, desviándolo sin problemas hacia un lado. Al instante siguiente, su dedo índice ya se encontraba suspendido a milímetros de su corazón.

—La ira te hace débil, Videl.

— ¡AHHHHHH!

La chica concentró absolutamente todo el ki que fue capaz en su puño derecho, arrojándole un golpe a una velocidad que la sorprendió incluso a ella misma. Gohan cruzó ambos brazos por delante de su cuerpo, deteniendo de lleno el impacto. Sin embargo, antes de que pudiera siquiera pensar en volver a atacar, el pie del joven se desplazó por detrás del suyo, justo a la altura del talón, jalando en dirección opuesta a su punto de apoyo.

Videl cayó de espaldas sobre la hierba, quedándose inmóvil allí, con los brazos y las piernas extendidos hacia los lados. Lo único que pudo ver durante varios segundos fue la infinidad anaranjada del atardecer, junto con las diminutas partículas de flores y hierbas que flotaban arrastradas por la brisa. Para su propio asombro, se dio cuenta de que ya no se sentía enfadada. Se sentía…agotada, no solo por el cansancio físico de haber concentrado tanto ki, sino por todo el esfuerzo que había puesto en intentar descargar la frustración que sentía.

Frustración… Esa era la palabra. No solo por sentirse incapaz de siquiera estar cerca de golpearlo, sino por la angustia que provocaba en su interior no escuchar aquello que, muy a su pesar, tanto deseaba.

"¿Por qué sigues sin decir nada…?"

La monotonía naranja del firmamento se vio interrumpida cuando Gohan se acuclilló a su lado, observándola con un claro pesar. Videl se incorporó lentamente, sentándose en el suelo. No lo miró. Sus ojos permanecieron fijos en la hierba que apretaba entre sus manos.

—Videl… ¿Qué te sucede?

Ella lo observó durante apenas un segundo, topándose con la sinceridad y la preocupación reflejadas en sus ojos negros.

—Nada…

Era gracioso. No podía decírselo. Simplemente no podía. Por más vueltas que le diera en su mente, por más que intentara justificar la irracionalidad de su enfado, no dejaba de ser el capricho infantil de una niña...

Gohan suspiró, poniéndose lentamente de pie. Sin decir nada, el muchacho se dio vuelta, llevándose una mano detrás de la cabeza. Videl lo observó confusa. Conocía ese gesto, sin duda alguna heredado de Goku. Padre e hijo solían hacerlo cuando estaban… ¿nerviosos?, ¿avergonzados?

Cuando Gohan finalmente se dio vuelta, encarándola, sus ojos dejaron entrever una leve chispa de algo muy parecido al humor. Videl alzó ambas cejas, viendo como él se arrodillada nuevamente a su lado, observándola con una sonrisa cargada de inocencia.

—Ya sé que este no es el momento más adecuado, Videl, pero… ¿aceptarías ir conmigo al baile mañana?

La muchacha inclinó el rostro hacia un lado, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano. Lo observó de reojo durante un instante, esbozando una tímida sonrisa.

—Pensé que nunca me lo pedirías.

—Sí…yo también…—se sinceró Gohan—. Entonces… ¿aceptas?

Videl ensanchó su sonrisa.

—Claro que acepto.

.

Continuará…

.