El olor a sal invadió mi nariz, los sonidos de distintas embarcaciones amarrando con una enorme cuerda los barcos para que estuviesen seguros en el enorme puerto invadía el ambiente. Un hombre mayor cargaba las valijas de tres jovencitas de al menos diez y seis años, otros hombres con hostentosas ropas, comunea en la nobleza de europa, bajaban por la rampa de madera extendida en los muelles de madera de caoba. Cuando bajé de mi barco, recién bañada y vestida, Momoka y Takakura-san bajaron tras de mi, todas las personas giraron a vernos, unas mujeres hacían muecas de enojo, otras de deslumbramiento, y los hombres no despegaban la vista de mi. Giré para anunciarle al capitán que podía esperar aquí en Italia hasta que yo le enviara una carta indicando mi regreso. Le di unos cuantos euros y partí junto con Takakura-san y Momoka a tomar un carruaje, el cual nos llevaría directo a Inglaterra. Se harían al rededor de dos días más, donde en el transcurso pararíamos para estirar las piernas y comer, claro está. Viajamos por Genóva, Suiza y llegamos a francia, donde volvimos a embarcarnos y viajamos hasta la isla de inglaterra, llegamos al rededor de una semana.

El recorrido fue largo, pero cuando comenzamos a ver las calles pavimentadas y enormes casas aquí y allá, reconocí de inmediato el lugar en el que crecí, los extensos campos, las hectareas de tierras trabajadas, los palacios de barones y baronesas, además de el de duquesas, los distintos hombres que iban y venian por los caminos, acarreando frutas y verduras para llevar a los mercados, los carruajes de duques conocidos de los alrededores, las distintas mujeres que cargaban quien sabe que cosas.

Recorrimos una enorme colina con bastos campos de fresas y otros cultivos, y llegamos a un enorme portón de granito con un enorme cancel de hierro negro vertical. El cochero se bajó y tocó, y un hombre mayor con canas en las sienes preguntó:

― ¿Quién es la persona que desea ver al señor Uzumaki?

― La señora Hyūuga-Uzumaki Karin, hija de Uzumaki Kushina y Namikaze Minato, ha viajado desde el oriente para venid a ver a su señor, hombre.

― De acuerdo. Abrid las puertas. - ordenó, y unos hombres comenzaron a halar del gigantesco cancel. Una vez que se abrió por completo, el cochero haló las riendas y los caballos chillaron, para después comenzar a avanzar.

El palacio perla, nombre otorgado por mi hermano como regalo de bodas para mi amada amiga, nos recibía con una enorme fuente de granito justo en el entro de la explanada, formando una especie de glorieta, con dos ángeles hasta el final, uno, con la palma extendida, lanzaba agua, el otro, inflando sus cachetes, soltaba chorritos de sus pequeños labios. El jardín de frente era grande, del lado izquierdo se dejaba ver una rotonda con más figuras de ángeles, y rosales rodeándolos, del derecho, un camino hecho de piedras, cercado con vallas y un enorme árbol que se extendía al final de éste. El coche giró en torno a la fuente, y paró en la enorme entrada, ésta constaba de dos enormes portones de caoba negra, con unos círculos de hierro donde tenían una figura de dragón, el lacayo halo de ellas y la puerta lo abrió, dando paso al vestíbulo, los suelos estaban relucientemente limpios, la madera brillaba, la mesa redonda del recibidor contenía uno de los jarrones que el rey le había otorgado a mi no tan honorable hermano, y dentro de ellas haba flores, como claveles, margaritas, petunias, entre otras tantas más. No esperamos mucho y la segunda puerta se abrió, dejando ver a mi amada amiga, la baronesa, lady Hinata.

― ¡Oh dios mío! pero si es mi amada hermana, Uzumaki-Hyūuga Karin... que.. que alegría ver... verte - dijo, mientras sus blancas mejillas se tornaban rosas - haced pasad... el equipaje a.. a la recamara de invitados. - ordenó, o mejor dicho, susurró a unos lacayos.

Estos tomarom con rapidéz las valijas y desaparecieron dentro. Hinata, con gesto amable, nos indicó pasar a mi y a mis acompañantes.

― Mi querida amiga, he osado traer a mis fieles amigos, os presento... ella es Niita Momoka, y ese hombre es Yamada Takakura.

Ambos hicieron una reverecia a Hinata, y ella inclinó un poco la cabeza.

― Seaís bienvenidos, sentiros en vuestra casa. - continuó ellla - los... los amigos de Karin-san son míos también. En un momento os indicaran cuales son vuestros aposentos. ¿Deseaís pasar al gran salón?

― Claro que sí, Hinata-san. Momoka, Takakura-san, podreís pasad a vuestras habitaciones, por ahora no hace falta que me acompañeís.

― Como deseé mi señora - dijeron ambos, girando y perdiendose en una de las puertas.

Una vez que se fueron, giré mi vista para con Hinata, ella volvió su mirada y dedico una de sus sonrisas calidas, me preguntó si quería pasar a comer algo, a lo que le respondí que sí, pero bien comenzamos a caminar cuando unos pasos presurosos se escucharon desde las escaleras de caracol que se sernía más adelante, escuché unos susurros y cuando por fin bajaron, puede ver a dos niños. Uno rubio de ojos azules y marcas en las mejillas, de aproximadamente ocho años y otra niña de cabello corto, azulado, con ojos azules y de marcas similares al otro pequeño, ella, en cambio, se veía de a penas seis años.

― ¡Tía Karin, tía Karin! - gritarin ambos, y se lanzaron a abrazarme, sujetándose de mi kimono.

― ¿Sois mis amados sobrinos, de los que tanto me ha hablado mi atolondrado hermano? - pregunté.

― Uzumaki Himawawi - dijo mi pequeña sobrina mientras hacia una reverencia.

― Hi-ma-wa-ri - deletreó con ternura Hinata, acariciando la cabeza de ella.

― Uzumaki Bolt, el más apuesto ¡Dattebasa! - respondió mi sobrino.

Me hinqué y los atraje hacia mi, abrazándolos mientras ambos correspondían de igual forma, llenándome de besos en las mejillas. Lady Hinata sonrío divertida, y después les ordeó con gentileza que se apartaran de mi, yo no quería, puesto que ambos eran una parte en miniatura de mi amado hermano y de mi querida amiga, Himawari había sacado los hermosos ojos azules de Naruto, pero en su aspecto físico era tan parecida a Hinata, aunque su personalidad era por completo, la de mi hermano. Bolt era otro Naruto pequeñito, pero con un aire de sofisticación que le otorgaba un estoicismo bastante magnético.

Ambos eran un amor.

No me extrañaba el que mi tan desgraciado hermano se sintiese tan avergonzado y con tanta pena ante su falta, su familia era hermosa, y que decir del pilar de ella, Hinata, quién con paciencia otorgaba paz al hogar.

Debía de acudir a su ayuda, tratar de convencer a Hinata que mi hermano estaba por completo arrepentido, aunque para defenderle, debía de conocer la verdad por completo.


Pasé parte de la tarde hablando con la agraciada Hinata, me preguntó a cerca de mi marido, su primo, y de Ryonuuske. Le conté que era la equilibrada combinación de mi respetable esposo Neji, junto conmigo. Le hablé de mis clases con el shamisen ―clases que ella tomó a una tierna edad, claro―, de la danza, las geishas, cuyas artes me parecían de lo más emblematico, junto con los teatros que las anunciaban. Le platiqué a cerca de lo poco afectivo que Neji-san se había vuelto, ella, abrió sus ojos perla, noté un deje de tristeza en ellos.

― Oh... yo, Karin-san... debo...debo contaros algo... - dijo finalmente.

― Adelante, Hinata-san, hablad lo que tengaís que hablad. Contadme lo que os apetezca, con lo que te sintaís cómoda.

Inhaló aire. Le noté la mirada de nerviosismo, tristeza, y muchos sentimientos encontrados. Sacó el aire que había retenido y se sentó firme en aquella mesita, bajo la lona que nos cubría los pocos rayos del atardecer.

― Quiero pediros una disculpa... yo... yo os he estado ocultando algo... no es por que no os tenga confianza, simplemente he decidido no deciros nada.

» Hacia algún tiempo, con exactitud os puedo decir, hace dos meses y medio, me encontraba tejiendo prendas para mis amados hijos, Bolt y Himawari. Sé, mi querída Karin-san, que cuento con la fortuna que ambas familias hemos unido, os diré que a pesar de eso, he amado tejer desde que mi madre, la cual esta con nuestro adorado señor. Sois conciente mejor que nadie de esto... pues bien, tejía prendas, como os he dicho con antelación, entonces, uno de los mensajeros trajo una nota, le dije que me la diese, y él, incómodo, comenzó a echar agua por las sienes.

» Esta nota que os digo - agregó Hinata-san, sacándola de uno de los pliegues de su hermoso y pomposo vestido turquesa- como podeís ver, ha de ser simplosa... nadie manda una "carta" a otro alguien. Me fuí al salón de té, donde no había nadie más que yo, y me senté en un salón frente a la chimenea. Desdoblé la carta - continuó, para después entegarmela - y, como veís, quiero que me hagaís el favor de leedla. Claro, sin recitarla... es decir, en vuestra mente.

Desdoble la fina hoja que tenía grabados, estaba un tanto arrugada, y la carta en cuestión, era bastante larga, aunque doblada hasta ser de un tamaño sumamente pequeño. Una vez que la desdoble por completo, miré a Hinata-san, antes de leer nada. Ella me dedicó una melancólica sonrisa, y continué.

Amado mío.

He de deciros que cada noche en vuestra compañía me hace inmensamente dichosa.

He de aseguraos que, aún sueño con vuestras caricias, rozándome.

Amado sol, que estaís siempre conmigo, me duele veros retenido por una mujer que, tan buena y amable, no hace más que vuestro preciado tiempo sea tan soso, si, amado mío, por que aunque no lo digaís, se que lo pensaís.

Os conozco.

Vuestros suspiros son cansancio, y en mis manos son suspiros de amor.

Os conozco.

Pues bien, amado Naruto, conoseeís esa parte de mi que ti desconocía, esa parte de mujer que os anhela a cada minuto.

Naruto, mi amado naruto, os conozco.

Tuya siempre, J.

Me quedé pasmada, no podía contener la rabia en mi interior, sobre todo por el pesar que la pobre de mi amada Hinata-san estaba cruzando, su corazón había sido destrozado, y los pequeños pedazos aún seguían esparcidos, provocandole solo un aspecto de derrota, de sufrimiento. El dormir a diario con mi... oh, por más que tratara de imaginarlo, se me encogía mi corazón, las noches tan burdas que ha pasado mi pobre Hinata-san eran tan burdas que ni el mismo Lucifer se las desearía.

El verla ahí, tan serena y correcta, sin decirle nada a mi hermano, no hacía más que venerarla más, era tan fuerte que me enorgullecía ―a pesar de la situación― ser su hermana.

También estaba el hecho de saber quién era aquella mujer "J" que había escrito tal nota, así que guardé debajo de mi obi la carta, asegurándome que estuviese bien sujeta. Miré a Hinata-san y le dije:

― Puedo preguntaros ¿Cómo es que mi hermano está enterado de que vos sabeís de su engaño?

― Después de tres días, él llegó aquí nervioso, has de saber que vuestro hermano tiene... por así decidlo, el defecto de reír mucho. Pues bién, aqurlla tarde preguntó nervioso si había llegado algún recado para él, yo... no pude ocultar mi tristeza, y he de confesaros que comence a hipar, hasta que no pude detener las lágrimas, y corrí a mis aposentos.

Pasé el pesado líquido salival por mi garganta, de verdad que me sabía tan mal por la pobre Hinata-san... mi hermano se había vuelto en alguien a quien yo desconocía, puesto que desde mi acogimiento, le noté tan limpio, aunque supongo que nunca logramos ser quienes nos proponemos..

― De verdad lo lamento, Hinata-san... me temo que os ayudaré a saber quién es "J", ¿estaís de acuerdo?

― Os agradezco, Karin-san.

Se oscureció, la tarde pasó tan rápido mientras hablábamos que el tiempo pasó volando, el sol se había escondido para darle paso a la luna, y esta, tan grande, se ubicaba en el punto más alto del oscuro cielo, iluminando todo aquello que tocaba, su luz había llegado al dormitorio y se fundía con la rojiza luz que despedía la chimenea. Me quedé perdida en las llamaradas que soltaba, en el crujir de la madera, quemándose, y en lo cuanto mi correcto esposo Neji no hacía. Pasaba días inmerso en su trabajo, y cuando caía el sol, solo me deseaba las buenas noches y dormía dándome la espalda, y yo me tragaba aquellas lágrimas que me gritaban ser amada, como yo lo merecía.

Alguien tocando la puerta hizo que el fuego quemara esos sentimientos, me levanté del suelo y me anudé la bata de seda, y una vez que me acomodé en el sillón, dije:

― Adelante.

La puerta se abrió poco a poco, y de ella surgió mi tontete hermano, me sonrió y le indiqué con un gesto, que se adentrara. Cerró la puerta con delicadeza y se sentó en el sofá frente a mi.

― Solo he venido a saludaros, hermana mía.

― Me alegra haberos visto hoy, hermano, creía que no os vería.

― He tenido unos negocios que me han consumido la mayor parte del día... por cierto...

― He charlado con Hinata-san, Naruto. Me teneís bastante consternada ante vuestro comportamiento, ¿Por qué habeís faltado a vuestra palabra para con Hinata-san? ¿Os ha hecho algo?

― Para nada, hermana... he sido un completo canalla, ya os he contado en la carta... ¿Habeís venido por ello?

― He venido aquí por ello, y claro, por mi querida amiga y hermana. Al igual para conoced a mis sobrinos... teneís una hermosa familia, tratad de hacedlos felices.

Mi hermano asintió, determinado a cumplir esa tarea, y si dijese que en su mirar no nité compromiso estaría mintiendo, ya que en sus ojos pude ver ese fuego que crece una vez que nos proponemos algo por alcanzar, y ese algo estaba llameando en su azul mirar, ese algo tan característico de nosotros los Uzumaki.

La descición.

Sonreí ante su respuesta, y él relajó la mirada, se levantó de la silla y lo hice de igual manera.

― Bien, hermana... descansad, yo iré a mi cuarto, esta noche... no dormiré en el cuarto de huéapedes.

― Estoy en completo acuerdo con vos, os deseo buenas noches.

Dicho esto, se inclinó y fue directo a la salida, me daba gusto que estuviese tan desidido a recuperar a su familia, remediar sus errores, y aunque estuviese en total confianza con él, desconfiaba de la misteriosa señorita J.

Había mucho por develar a cerca de su identidad, solo esperaba que no fuese alguien conocido, con el corazón tan frío e hipócrita como para hacer aquello.

. . .

Los sonidos de alguien tocando mi puerta me despertaron, y antes de poder decir más nada, dos pequeños toorbellinos dieron a parar a mi cama, uno rubio, y la otra azul.

― ¡Tía Karin, tía Karin! - gritaban al unísono.

― ¡Vaya, vaya... dos pequeños niños hermosos atentan contra la tranquilidad de mi mañana! - les dije.

― Oh, querída tía, nuestro amado padre ha contado tanto a cerca de usted! No pude decirle lo bella que mi tía es cuando esta llegó ¡Dattebasa! - dijo el pequeño Boruto.

― Eso es cierto, querída tía, sois más guapa de lo que nuestro padre os ha dicho. - musito con tranquilidad Himawari.

Los abracé a ambos y los invité a que se acomodasen en la cama, Himawari quedó a mi izquierda, mientras que Boruto quedó a mi derecha; me preguntaron muchas cosas, y a pesar de que su madre era de Japón, ambos habían visitado solo una vez dicho continente, y cuando eran aún más jóvenes, así que me tomé la libertad de contarles a cerca de las costumbres, mis días allá, lo que aprendí, y con obviedad, de su tío Neji y su primo Ryonuuske. Boruto alegó que lo retaría al esgrima, y yo le dije que Ryonuuske aceptaría gustoso ante su reto, por consecuente, le comenté a cerca de el amor de Ryonuuske por dicha aplicación, me dijo que pronto concertaría una fecha de enfrentamiento con su primo, Himawari me informaba a cerca de lo mucho que le gustaba jugar con el hijo de la baronesa Yamanaka, Inojin; me contó que tenía ojos verdes y el cabello rubio de su madre, me sorprendió por la manera tan ferviente en que lo hacía, y ella alegó que jamás podría ver a los chicos de esa manera.

― El amor no es más que una ilusión del cerebro, querída tía, ¡Además los niños son muy bobos!

Me reí ante sus figuraciones, y era dificil explicarle que tarde o temprano terminaría con alguien que sus padres elegirían para ella, aunque esperaba profundamente a que mi hermano y mi cuñada optasen por dejar a que mi bella sobrina eligiese con quién hacerlo.

Fui interrumpida por una tercera voz, era Hinata-san, quién me anunciaba que saldríamos a una fiesta de baile, concertada por el rey Enrique y, a la cual, asistirían una buena cantidad de nobles.

― Os esperaré, Karin-san, en el vestíbulo, de ahí, Naruto, tu y yo partiremos al palacio.

― Excelente - respondí - una salida me hará bien, querida.

Esperaba con ansia dicho baile, me sería nostálgico encontrarme con mis amistades, dado que hace mucho que no lo hacía ―para ser exactos, desde mi matrimonio―, Himawari y Boruto partieron con su madre cuando ella les anunció que había como desayuno lo que ellos deseasen, ambos me besaron la mejilla y corrieron fuera del dormitorio, tal y como habían llegado.

Hinata-san me sonrió.

― ¿Os molestaría que sugiriese arreglarnos juntas para dicho baile?

― Para nada, os esperaré aquí.

Dicho esto, hizo una reverencia y salió del dormitorio, y yo, salí de la cama, deseosa a que cayese la noche más rápido de lo que es costumbre.


hola queridos lectores!
Espero estén disfrutando de los capítulos tanto como yo, además, me he decidido agregara Sarada (por que la amo secretamente) y eso le agregará emoción a la historia.
¿quién será la misteriosa señorita J? ¿Sabrá Karin quién es "Uchiha"?
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