Hola! :) traigo un regalo para mis preciosas lectoras :) espero que disfruten de este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo. AL final tengo algunas preguntas para ustedes que me encantaría que respondieran en sus comentarios. MUCHÍSIMAS gracias por estar ahí!
Capítulo 3: "En medio del silencio"
Las sonrisas no faltaron mientras Elena y Nick comían en la pequeña mesa de la cocina, ya que el comedor le pareció escandalosamente grande a Elena como para comer allí sola con el niño. Hablaron durante la cena y Nick se comió todo el plato sin dejar de decirle a Elena lo divertida y buena cocinera que era. Al final, compartieron una copa de helado ya que ella intuía acertadamente que el niño no iba a terminarla y levantaron la mesa juntos.
-Elena... ¿Vas a quedarte conmigo? -preguntó Nick mientras ella lavaba los platos. El pequeño estaba sentado en la encimera a pocos centímetros de ella.
-Claro que sí -sonrió ella mientras enjuagaba los vasos.
-Porque me gusta que estés aquí -continuó- Eres buena...
-Gracias Nick -dijo la castaña sinceramente, enternecida por aquella confesión.
-¿Crees que papá regresará ahora?
-Nick, tu padre dijo que volvería tarde de trabajar...
-Pero lo extraño... él ya nunca está aquí.
-Podemos preparar una sorpresa para él mañana. ¿Qué tal un rico postre? -dijo Elena entusiasmada, haciendo un gran esfuerzo para distraer al niño de aquellos pensamientos que teñían sus bellos ojos de tristeza.
-A papi le gusta el chocolate -susurró Nick encogiéndose de hombros.
-Entonces cocinaremos el mejor postre de chocolate -ella terminó de lavar el último vaso y miró a Nick fijamente a los ojos con una sonrisa- Tu padre te quiere mucho Nick, es solo que ahora tiene mucho trabajo... y mientras él trabaja, nosotros podemos divertirnos aquí. Pero apuesto a que seguramente piensa en ti todo el tiempo que pasa en la oficina.
-¿Tu crees? -preguntó con ilusión.
-Claro que sí, Nick. Tu papá te adora...
Y otra vez, Nicholas sorprendió a la joven lanzándose a sus brazos en un gran abrazo que ella correspondió sin dudarlo.
Ambos estaban tan enfrascados en aquella escena que no fueron conscientes de su público. Damon Salvatore los había estado observando apoyado en la puerta de la cocina por un largo rato. Él había regresado corriendo del trabajo cuando Ric lo llamó diciéndole que habían tenido que volver a llamar a los médicos y había permanecido encerrado en la planta de arriba todo el tiempo que Elena y Nick estuvieron en la cocina. Tenía ganas de estar con su hijo el momento en que puso un pie de nuevo en su casa, pero estaba tan devastado que sabía que no le haría bien al pequeño que al fin parecía haber pasado un buen día después de tantos días malos.
Algo en su corazón cosquilleaba al ver al niño interactuar con Elena. La forma en que se abría con ella, la forma en que ella siempre sabía que decir... nuevamente, él pensó que no se había equivocado para nada al elegir a Elena. Era más que evidente que ella hacía feliz a su hijo.
Con aquel pensamiento en mente, Damon salió de allí sin ser visto y desapareció escaleras arriba de vuelta al infiero que lo esperaba en la planta más alta de su casa.
Media hora después de la cena, Elena estaba sentada en la cama de Nick mientras el niño se colocaba meticulosamente su pijama amarillo de piratas. Parecía cansado pero era evidente para Elena, que trataba a menudo con niños, que no estaba muy por la labor de dormirse.
-¿Te gusta mi pijama? -sonrió Nick emocionado, saltando dentro de la cama.
-Es precioso, ¿Te digo un secreto?
-¡Sí, sí, sí!
-El amarillo es mi color favorito -murmuró Elena, como si estuviera confesando un inmenso secreto y los ojos del niño se iluminaron.
-El mío también -dijo Nick en el mismo tono divertido por aquel juego.
Elena rió ante aquello. Era bastante predecible que ese fuera su color preferido, sobre todo teniendo en cuenta las cortinas, la pintura de las paredes y el enorme baúl de juguetes que decoraban la habitación. Por supuesto, todo amarillo.
-No tengo sueño -comentó el niño aburrido- ¿Quieres contarme algo?
-¿Algo como qué? -sonrió Elena.
-Me gustan los piratas... ¿Tienes alguna historia de piratas, Elena?
-¿Prometes intentar dormir si te cuento una? -ofreció ella tentadoramente.
El niño se cruzó de brazos y la miró con los ojos entrecerrados, pensando si tomar o no su oferta y Elena no pudo más que ensanchar su sonrisa ante aquella mueca tan graciosa.
-Está bien -dijo finalmente Nick y sin agregar más se acurrucó sobre la falda de Elena, quien lo rodeó automáticamente con los brazos, para escuchar su cuento.
-¡Oye! ¡Ese no era el trato!
-Seré bueno...
Elena negó ligeramente con la cabeza, sabiéndose vencida, y se acomodó mejor en la cama para que Nick estuviera más cómodo sobre su cuerpo. El niño se removió hasta encontrarse completamente a gusto y rodeó a Elena con sus pequeños bracitos.
-Bien... comencemos. Hace muchos, muchos años... más de los que tú puedes contar, había un pirata que tenía el más hermoso y veloz barco de todo el océano...
No era su primera vez contando cuentos y su experiencia dio frutos cuando, un par de minutos después de haber comenzado a inventar aquella historia, sintió a Nick relajar completamente sus músculos y respirar profundamente. Elena miró fijamente al niño que acababa de dormirse con una suave sonrisa curvando sus labios y no pudo evitar estrecharlo un poco más entre sus brazos. No sabía que tenía exactamente ese pequeño pero claramente se había ganado completamente su corazón. Con cuidado, Elena se incorporó con Nick entre sus brazos y lo dejó lentamente sobre la cama no sin antes besar suavemente su frente. Antes de irse, Elena lo arropó y se aseguró de que la ventana estuviera cerrada. Nick ya era un niño grande para esas cosas, pero Elena no pudo evitar encender el monitor de bebés que le había mostrado Meredith más temprano y llevárselo para escucharle si le necesitaba. Por más que durmiera a solo una pared de distancia, se sentía más cómoda con aquello.
Antes de salir, le dedicó al bello niño una sonrisa y cerró la puerta despacio para regresar a su habitación, que estaba convenientemente junto a la de Nicholas. La sensación de calidez que le brindaba el pequeño Salvatore se vio esfumada en el segundo exacto en que cerró la puerta a sus espaldas e inmediatamente sintió un nudo enredándose en su garganta al recordar a su familia. Desde que Claire había nacido jamás había pasado tanto tiempo alejada de ella, solo habían estado separadas cuando ella quedaba internada y debía pasar las noches en el hospital, quizás esa fuera una de las razones por las que Elena se sintiera tan desgarrada al encontrarse separada de su pequeña hermanita.
Sin dudarlo, Elena buscó su teléfono móvil entre sus pertenencias y rápidamente llamó a casa. Sabía que era tarde, pero necesitaba desesperadamente hacerlo.
-¿Hola? -contestó una voz en un susurro antes de que el teléfono sonara por segunda vez.
-Mamá...
-Elena, cariño no es un buen momento. Por favor llama dentro de una hora...
La voz de su madre sonaba apenas audible y evidentemente quebrada, haciendo que Elena rápidamente comenzara a debilitarse.
-Pero mamá ¿qué...
Pero la pregunta murió en la línea. Su madre había cortado. Elena sintió su cuerpo temblar ante el miedo de que algo le hubiera pasado a Claire y casi quiso saltar por la ventana y salir corriendo en busca de su niña. Tuvo que recurrir a todo su autocontrol para no romper a llorar y, mirando antes fijamente la hora para llamar de nuevo en sesenta minutos exactos, se refugió en la ducha que ocultaría el sonido de sus suaves sollozos.
Damon Salvatore bajó las escaleras del tercer piso abatido luego de un día demasiado largo. Los pasillos estaban oscuros y silenciosos mientras él caminaba refregándose los ojos hinchados por el cansancio y la angustia. No podía dejar de preguntarse cuántas veces más iba a tener que escuchar aquel abatido tono en doctor Mikaelson "La estamos perdiendo, hijo..." Se suponía que había escuchado aquello tantas veces que ya no debería hacerle ningún daño pero no había nada más lejano a la realidad. Cada vez que escuchaba aquellas palabras sentía su corazón estrujarse intensamente, como si lo estuvieran apretando en el helado y sádico puño de un asesino demasiado experimentado.
Él suspiró cuando llegó a la puerta cerrada de la habitación de su hijo y la abrió sin hacer el menor ruido, no sin reparar antes en el fino hilo de luz que escapaba bajo la puerta de la habitación que ahora era de Elena.
Ni bien entró a la habitación de Nick, trastabilló un par de pasos hacia su hijo hasta quedar arrodillado frente a su cama. Era tan hermoso... tan, tan bonito... Definitivamente Nicholas Salvatore era su propio milagro personal. El niño parecía en completa calma, hasta parecía tener buenos sueños, algo que sorprendió a Damon ya que últimamente Nick tenía pesadillas bastante seguido y acababa recorriendo medio pasillo para colarse en la cama de su padre que frecuentemente encontraba vacía u ocupada por un hombre demasiado agotado para despertarse por los leves sonidos de Nick que terminaba por acurrucarse silenciosamente junto a su padre. Damon se sintió terriblemente culpable al recordar aquello, estaba cometiendo demasiados errores con respecto a Nick... tantos que temía no poder arreglarlos tan fácilmente después.
Él pasó un par de minutos más observando a su hijo dormir, disfrutando de la sensación de paz que le brindaba aquella pequeña criatura, y antes de irse buscó, como cada día, el monitor de bebés solo para sorprenderse de que ya no se encontraba allí. Suspiró con algo de tristeza y resignación, probablemente Elena lo hubiese tomado, no la conocía demasiado pero claramente parecía algo que ella haría. Tenía que admitir que aquella joven estaba haciendo un gran trabajo... muchísimo mejor que el de él mismo.
Con un poco más de calma, Damon bajó las escaleras rumbo a la cocina. Con todo el movimiento en la casa durante el día, Damon asumió que debería cenar algo de comida congelada para el microondas y hacia allí se dirigió pero enorme fue su sorpresa cuando encontró un plato de comida envuelto en papel aluminio térmico junto a una nota que leyó inmediatamente mientras rasgaba el papel dándose cuenta por primera vez en el día del mucho hambre que tenía.
"Señor Salvatore:
La señorita Fell me comentó que no podría preparar la cena para usted esta noche así que me tomé la libertad de cocinar un poco más para usted. En la heladera hay una copa de helado que Nick y yo preparamos para el postre.
Espero que no le moleste.
Elena Gilbert."
La comida aún estaba tibia gracias a la envoltura y Damon no pudo evitar sonreír ante aquello. Hacía demasiado tiempo que alguien no le preparaba un plato de comida caliente sin que le pagaran por ello. Técnicamente, no le pagaba a Elena para que cocinara para él, ni siquiera tenía que cocinar para Nicholas pero de todos modos ella se había tomado la molestia de preparle la cena y el postre. Quizás no significara nada, pero añadió otro granito de arena en aquel pequeño montículo de cosas que le desconcertaban agradablemente sobre aquella joven.
Sin dudarlo, el empresario se puso a comer inmediatamente, deleitándose con el sabor de la comida hecha por aquella joven castaña.
Luego de ducharse y ponerse rápidamente su bata, Elena se apresuró a buscar su teléfono para llamar a su madre. Aún faltaban unos poco minutos para que se cumpliera la hora pero aquello era mucho más de lo que ella podía aguantar así que marcó rápidamente el número que sabía de memoria y realizó la llamada.
-Su compañía telefónica informa que registramos una falta de pago por lo que no podrá utilizar los servicios hasta regularizar la situación.
Elena maldijo silenciosamente apretando el aparatito con todas sus fuerzas y, sin ni siquiera pensarlo, se precipitó escaleras abajo. Corrió tan rápidamente como pudo y se precipitó sobre el teléfono de la sala marcando el número de su madre más rápido de lo que lo había hecho nunca.
-Elena... -contestó una Miranda cansada, pero aparentemente aliviada- Lo siento, cariño
-¿Qué pasó? -interrumpió Elena, demasiado nerviosa para esperar un segundo más.
-Todo está bien ahora...
-¿Ahora? Dime qué pasó mamá -suplicó haciendo un esfuerzo por no gritar.
-Claire no podía respirar -soltó Miranda rápidamente, con la voz quebrada- Llamé al médico, le pusieron una inyección y ya está bien... -aclaró rápidamente- Eso solo...
-Otro síntoma -se apresuró a completar Elena con los ojos llorosos.
-Ella estará bien, Elena... Está descansando, mañana iremos a ver al médico y... estará bien.
Elena asintió con un suspiro, incapaz de decir nada a causa del inmenso nudo en la garganta y el dolor en su pecho. Sin importar todos sus esfuerzos, Claire seguía empeorando...
-Bien -murmuró al fin- Bésala por mí... llamaré en cuanto pueda, lo prometo. Lamento no estar ahí para ayudar mamá...
-Ya estás ayudando suficiente cariño... - la consoló rápidamente Miranda- Le diré que llamaste, se pondrá muy feliz.
-Gracias... te amo.
Elena estaba a punto de echarse a llorar, de hecho, unas pocas lágrimas se escurrían por sus mejillas cuando se sorprendió de ver a alguien saliendo de la cocina y rápidamente ocultó su rostro sintiéndose avergonzada.
-Lo siento mamá, tengo que irme. Las amo.
Y ni siquiera le permitió despedirse cuando colgó el teléfono. Elena dejó suavemente el aparato sobre la mesita y levantó la mirada cohibida, deshaciéndose rápidamente de los restos de lágrimas.
-Lo lamento, Señor Salvatore. Mi teléfono no funciona y... realmente necesitaba hacer esa llamada.
Damon la observó profundamente por un momento. Había tanto misterio en ella... parecía salida de una película estando allí, sentada en su sofá, con las piernas descubiertas llevando solo aquella bata de seda rosada, con los ojos brillantes por las lágrimas... deseaba saber todo de ella en ese preciso instante.
-Creo recordar haberle dicho que se sintiera como en casa, señorita Gilbert. No tiene por qué disculparse -soltó Damon en un tono educado luego de aclararse la garganta tras haber superado la sorpresa inicial- ¿Se encuentra bien?
-Podría preguntar lo mismo -soltó Elena al ver el rostro de Damon, marcado por la angustia- Lo lamento, no es de mi incumbencia -se disculpó rápidamente- Debería irme... a dormir.
-Gracias por la cena, Elena -dijo Damon en un tono que a ella le resultó totalmente nuevo y se acercó lentamente a ella- ¿Estás bien? -volvió a preguntar.
Ella no respondió, pero aceptó temblorosa la mano que él le ofrecía para guiarla al sofá. Evidentemente, Damon Salvatore tenía mil caras y esta en particular era muy diferente a la del millonario confiado y engreído que había visto en la mañana. Ninguno de los dos comprendía realmente qué estaba pasando, porqué en ese preciso momento en que ambos estaban enormemente afectados por las malas noticias elegían estar sentados juntos. Quizás es que no tenían energía para nada más, pero también existía la posibilidad de algo más, una razón más profunda e importante que simple cansancio.
-¿Puedes prometerme no desaparecer si voy un segundo a la cocina? -preguntó Damon mirándola preocupado.
Cuando Elena miró dentro de sus ojos se sorprendió de encontrarse con la misma expresión que vio más temprano en los ojos de Nick cuando le preguntó si se quedaría con él. Sin saber ni siquiera por qué se encontró a sí misma asintiendo, sin dudar que esperaría. Damon se levantó rápidamente del sofá y desapareció en la cocina mientras ella se acurrucaba en el sofá.
Claire estaba empeorando... no podía quitarse ese pensamiento de la cabeza. Y ese solo era el terrible final de un día demasiado intenso y emocional. No podía calificar el día enteramente como el peor de su vida, y estaba cerca de serlo, pero había algo que no podía ignorar: había pasado muchísimas horas con Nick, había sonreído genuinamente, había conectado con el niño de una manera que le resultaba difícil de creer. Y esa, era la única cosa que la ayudaba a sobrellevar el hecho de que estuviera lejos de casa, lejos de su mamá y su pequeña hermanita que lentamente enfermaba cada vez más.
En pocos minutos, Damon regresó a la sala sosteniendo dos tazas humeantes pero ella, demasiado perdida en sus pensamientos, solo fue consciente de su presencia cuando sintió su peso a su lado en el sofá. Él dejó suavemente las dos tazas en la mesita frente a ambos y se volvió a quedar en silencio, con la mirada curiosa de Elena sobre él.
-Has estado llorando -declaró mirándola profundamente- Es chocolate, suele ayudar a la tristeza.
-Gracias -suspiró Elena sin molestarse en negar lo evidente.
-Me preparaste la cena cuando no tenías obligación y sé que has cuidado muy bien de Nick. Esas son razones suficientes para devolverte un pequeño favor...
-¿Y qué se sienta solo y triste no tiene nada que ver? Conozco el sentimiento.
Damon se quedó callado ante aquello. Elena volvía a sorprenderle, la facilidad que tenía aquella joven para decir las cosas que pensaba sin miedo, decía la verdad, no intentaba agradarle pero al mismo tiempo se había preocupado de que él tuviera un plato de comida caliente esperándole luego de un largo día... pero lo que más le llamaba la atensión era que parecía ser capaz de leer dentro de él como si fuera un libro abierto.
-Es un sentimiento se podría decir que cotidiano en mi vida últimamente -comentó Damon, decidido a no mentirle. Después de un día tan largo y complicado, la compañía de Elena parecía ser un bálsamo para su alma herida y simplemente quería disfrutar de ella un poco más.
-¿Lo ve? No tenía que ver con un poco de pollo frito ni con mi "impecable" desempeño. Usted se siente miserable y necesita compañía, señor Salvatore -ella soltó una risita irónica- Bienvenido al club.
Aunque probablemente no lo reconociera, Damon haría cualquier cosa por quitar el dolor de la expresión de la joven, pero tenía que admitir que la Elena angustiada era mucho más fácil para mantener una conversación que la Elena segura de sí misma que había entrado a su escritorio esa mañana. De todas formas, su favorita seguía siendo la Elena de Nick, aquella simpática y adorable chica que cuidaba de su hijo con un cariño impresionante.
-Llámame Damon, Elena -pidió él, poseído por un extraño anhelo de que la preciosa chica acariciara su nombre con los labios. Parecía tan bonita y frágil allí sentada bebiendo de la taza a pequeños traguitos que casi le causaba dolor.
-Damon -sonrió levemente ella- Suena bien...
Él cerró los ojos por un segundo imperceptible, deleitándose con el sonido que producía su nombre en los labios de aquella dulce chica. Damon... Solo un pequeño puñado de personas le llamaban con ese nombre, el nombre que había elegido su madre para él, y el hecho de que Elena lo hiciera le hacía sentir pequeños espasmos casi imperceptibles en una zona cercana al corazón, un lugar que creía que ya no existía.
Elena dejó la taza vacía frente a ella y sacó el pequeño monitor de bebés del bolsillo de su bata acercándolo con cuidado a su oído. Se concentró un momento en el silencio, para ver si escuchaba algo y luego devolvió el aparatito a su bolsillo con una leve sonrisa de tranquilidad. Nick dormía tranquilamente, no había de qué preocuparse.
-Así que ahí estaba -dijo Damon señalando el aparato.
-Lo tomé de la habitación más temprano, Meredith me lo dijo...
-Lo sé, está bien. Es solo que yo solía llevármelo por las noches. Me ayudaba a dormir más tranquilo.
-Oh lo siento -dijo entregándoselo inmediatamente- No tendría que haberlo tomado.
Damon la miró fijamente un momento, casi sin ver el objeto en realidad y le sonrió sinceramente, era la priemra vez que una mujer le hacía sonreír sin proponérselo en lo que parecía demasiado tiempo.
-Quédatelo, dormiré aún más tranquilo si sé que tú cuidas de él.
-Usted confía mucho en mí, Damon -observó Elena esforzándose por llamarlo por su nombre pero sin poder quitarse la costumbre de tratarlo de usted- No puedo hacer más que preguntarme porqué.
Damon la observó profundamente y sin poder creer que las razones que eran tan evidentes a sus ojos fueran tan complicadas de expresar en palabras. Ni siquiera él sabía exactamente por qué pero cuando la veía, allí sentada en el sofá de su casa, con los ojos brillantes por las lágrimas recientes, irradiando esa paz que él siempre había sentido, con aquella pequeña mancha de chocolate caliente al costado izquierdo de su boca simplemente no pudo imaginarse haber elegido a ninguna persona más. En realidad ni siquiera había elegido a Elena en el sentido estricto de la palabra... era como si la vida la hubiese elegido por él, y él no había tenido posibilidad de negarse.
Por otro lado, ella también se había quedado cautivada en ese momento. Quizás era el dolor que adormecía sus defensas y barreras, o quizás era la inmensa tristeza que veía en los ojos de su jefe, o aquel poder que ejercía su mirada sobre ella, que le calentaba el pecho sutilmente y le hacía sentir que su corazón latía tan rápido como el de un pájaro en pleno vuelo. En realidad no sabía lo que era, pero ni siquiera pudo sorprenderse cuando Damon extendió la mano lentamente, casi poseído por una fuerza que parecía instintiva. Con cuidado, él quitó la mancha de chocolate y simplemente se quedó mirándola en medio del silencio y toda la tristeza que se respiraba en aquella habitación.
Y aquella vez fue la primera que probó el pedazo de cielo que era su piel. Elena no apartó la mirada de sus ojos azules en ningún momento mientras él describía una línea temblorosa hacia sus labios que parecía dejar a su paso pequeñas chispas de electricidad. Pero cuando estaba a punto de rozar su labio inferior con el pulgar se apartó instantáneamente, con la culpa quemando en su pecho. Sentía la calidez de Elena, la suavidad de su piel cremosa, y no podía evitar una cruel comparación con la fría y áspera piel que tenía ahora su Katherine.
-Lo siento -soltó después de un momento.
Y una lágrima más desbordó los ojos de Elena, sin razón aparente, sin motivo, brillante como un diamante que cayó a toda velocidad hasta sus manos.
Pero ella sonrió, con esa sonrisa que era capaz de iluminar toda la habitación, y lo miró con sus ojos brillantes mientras se levantaba del sofá.
-Buenas noches... Damon -dijo con cuidado, sin acercarse a despedirse de él y, con una última sonrisa comenzó a caminar hacia las escaleras.
La culpa quemó más fuerte cuando Damon sintió en cada terminación nerviosa de su cuerpo la necesidad de pedirle que se quedara, de correr hasta ella y encerrarla entre sus brazos. Era la primera vez que había visto a alguien como una mujer en demasiado tiempo. Y no podía evitar que la culpa quemara en sus entrañas por el significado de aquello.
Bueno, espero que les haya gustado mucho y me gustaria que respondieran unas pequeñas preguntas para ayduarme a continuar con el proyecto.
¿Qué opinan de la evolución sentimental de Damon? ¿No creen que va muy rápido?
¿Quieren saber algo más de Kath, o es mejor mantenerla en las sombras?
¿Cuál fue su momento favorito hasta ahora? ¿Qué es lo que más les emociona leer en los siguientes capítulos?
GRACIAS! LAS ADORO! Prometo actualizar apenas tenga listo el siguiente capítulo
