Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Solo la historia es completamente de mi propiedad :D

Espero que disfruten la historia.


Capítulo 4. Beso Prohibido

Me levanté de la cama al sentir los rayos del sol atravesar la ventana, mi piel comenzó a brillar en cuanto la luz del astro rey la tocó. Me dirigí hacia el armario y tomé una chamarra para ocultar mi piel, aún no deseaba que ella viera lo que provocaba el sol, debía esperar un poco más y le mostraría de todo lo que podía ser capaz. La contemplé detenidamente, lucia más hermosa durmiendo que me era imposible despertarla, no quería interrumpir su sueño pues los estaba disfrutando con tan solo ver la expresión de su rostro; sonreí divertido al escuchar a lo bajo mi nombre salir de sus labios mientras se aferraba a la almohada, no quería pensar en lo que estaba soñando pues aquello solo aumentaría mi deseo de estar con ella por lo que decidí salir de la habitación y dirigirme hacia el bosque en busca de una presa pequeña. Corrí a toda velocidad hasta mi presa, la tomé del cuello y encajé con fuerza mis afilados dientes, saboreaba la sangre que corría por mi garganta al finalizar limpié mi rostro y sacudí mi ropa para regresar de nuevo al lado de mi ángel. Mientras corría escuchaba todo lo que se encontraba a nuestro alrededor, me encontraba alerta al oler el aroma de otro vampiro, mis sentidos se agudizaron y sin esperar más seguí el rastro del aroma hasta darme cuenta que conducía a mi propia casa, una ira invadió mi cuerpo al pensar que Rosalie estaba en riesgo por mis descuidos, debía protegerla había sido un idiota al salir de la casa sin antes revisar la zona, aceleré mi paso y al encontrarme cerca de la casa vi a lo lejos que alguien entraba a la casa quizás guiados por el intenso aroma de la rubia, salté a lo más alto de un árbol y entré por la ventana de mi habitación aún sabiendo que era demasiado tarde pues nosotros no éramos lentos. Al entrar no vi a Rosalie por ningún lado, la habitación se encontraba vacía y el aroma del forastero se encontraba aquí, me era familiar pero no podía detectarlo claramente al encontrarse mezclado con el de Rose, bajé a gran velocidad al escuchar un pequeño grito de Rosalie proveniente de la sala y mi peor temor fue verla muerta a causa de dos afilados colmillos, bajé las escaleras y me detuve al ver la espalda de mi enemigo frente a Rose, la cual lo abrazaba, ¿acaso no se daba cuenta del peligro al que se enfrentaba?

Alice, ¿qué haces aquí?- Le cuestionó con una gran sonrisa en su rostro.

Lo mismo quiero saber- Respondió molesta y al olerme giró para observarme detenidamente. No me había dado cuenta que se trataba de Alice, mi pequeña hermana, ¿por qué conocía a Rose? Y ¿qué relación tenía con ella?- Emm- Susurro para que solo yo pudiera escucharla.

Te llevaré a tu casa Rose.

Emmett ella es Alice la novia de mi hermano. No se como nos encontró- Rió divertida acercarse a mi lado.

No es difícil percibir su aroma- Habló solo para mi. – Anda Rosalie tu hermano no tarda en despertar y si no te encuentra en la casa será difícil para mi alegrarlo-Ordenó sonriendo y mostrando sus típicos gestos.

Emmett no la lastimes, ella es mi amiga.

Anda vámonos- Dije saliendo de la casa dejando que ambas se despidieran. Debía llevar a Rosalie a su casa y regresar hablar con Alice, no entendía lo que estaba ocurriendo, ¿acaso Alice estaba con el hermano de Rose para llegar a ella? De ser así no lo permitiría, incluso la mataría con tal de proteger a mi pequeño ángel.

Salimos de la casa y subí a Rose a mi espalda, recorrí todo el bosque en cuestión de segundos, escuchaba como se quejaba al sentirse mareada por la velocidad en la que íbamos, me divertía escuchar su voz, subí hasta la ventana de su habitación y la dejé, ella me tomó del rostro pero antes de que intentará hacer algo me aleje, aún no era el momento de intentar algo nuevo, debía ser paciente si deseaba obtener algo. Acaricié su rostro con mis fríos dedos delineando sus labios y sintiendo la suavidad y la calidez que portaban, me atreví a aspirar de nuevo su aroma no sin antes ver de nuevo su intensa mirada azulada. Bajé de un solo salto y me adentré de nuevo al bosque apresurando el paso hasta llegar de nuevo a mi casa donde me esperaba una Alice desesperaba a fuera del porche. La examiné con la mirada, no quería pensar que solo se traba de una trampa pues a estas alturas en los que menos confiaba era en los vampiros. Caminé hacia ella y aspiré su aroma, toda su ropa se encontraba impregnando por el olor de Rosalie, me molestaba saber que ella la había conocido primero.

No te atrevas a tocar a Rosalie, Emmett, ella no es como los otros humanos.- Habló levantándose y encarándome con su intensa mirada dorada.

¿Qué haces con su hermano? ¿Acaso quieres llegar a ella?

Se que Rosalie huele delicioso, pero jamás me atrevería a tocarla, y si tú intentas hacerlo créeme que te mataría. Lo que haga con Jasper es solo asunto mío.

Responde Alice- Ordené molesto.

Es mi novio.

¿Un humano?

Pronto será uno de los nuestros.

¿Rose lo sabe?

No, y no lo sabrá, ella no debe saber lo que somos Emmett, jamás lo entendería.

Estas en un error, ella lo entiende perfectamente, pero espero que no sepa lo que tú quieres hacer con su hermano, porque dudo que te perdone, es lo único que tiene.

¿Qué? Como pudiste contarle lo que somos, Jasper no podrá. . . Emmett eres un egoísta, ¿por qué tuviste que aparecer ahora?

No seas ingenua Alice, ustedes no estuvieron cuando más lo necesitaba y ahora dices que soy egoísta, dime ¿qué papel estas jugando ahora? Ella si tuvo el valor para salvarme y ahora estoy en deuda con Rose, jamás la lastimaría, en cambio tú solo piensas en ti, ese tal Jasper es igual a ti, dejar a su hermano por. . .

¿Por un vampiro? Rosalie querrá lo mismo Emm, ambos somos egoísta, nosotros éramos los únicos que no habíamos encontrado a nuestra otra mitad, en cambio tú te dejaste seducir por. . .

Basta- Rugí furioso al escuchar sus palabras, no tenía derecho de expresarse así ni mucho menos recordarme mi pasado. – Se que ambos deseamos lo mismo pero al menos yo había elegido alguien de nuestra especie, en cambio tú elegiste a un humano.

Emm, haz hecho lo mismo con Rose,

Jamás la convertiré.

Lo harás algún día hermano. Debes ir a ver a la familia, todos estábamos preocupados por ti, aunque no lo creas. Desde aquel día jamás pude verte en mi mente, era como si hubieses desaparecido hasta que te vi en los pensamientos de Rosalie, ten cuidado Emm, ella se esta enamorando de ti.

Basta Alice solo déjame solo, si deseas puedes venir cuando quieras, dile a los demás que esta es su casa, pero ahora lárgate.

Emmett- Rió enredando sus dedos en mi cabello.- Deja de atormentarte, todos tuvimos la culpa, además estas comenzando una nueva vida, descuida por los demás ellos aceptaran tu relación con Rosalie.

Yo no tengo esa clase de relación con ella, solo la cuido por que me salvo, es un pago nada más.

Terminarás enamorándote de ella, ¿acaso no lo ves? Por cierto descuida ya no puedo verte más, solo puedo hacerlo a través de Rosalie, quizás pasar mucho tiempo en la oscuridad hizo tu mente más fuerte y creaste alguna clase de barrera.

Al menos resulto algo bueno de ese encierro, ahora lárgate Alice, y mantente alejada de Rose, no me gustaría tener que arrancarte la cabeza.

Basta oso- Rió y me abrazo con fuerza como antes, intentaba calmar la tensión entre los dos, pues ambos habíamos empezado con el pie izquierdo. Le respondí el abrazo y vi como se alejaba del bosque dirigiéndose quizás a la casa de los Hale. Me quede afuera pensando en las palabras de Alice, no podía permitir que Rosalie se enamorará de mí o viceversa, sería condenarla y ella aún era muy joven para estancar su vida a mi lado.

Ya habían pasado dos meses desde mi encuentro con Rosalie y ella parecía cada día más interesada en mí; disfrutaba estar a su lado y verla sonreír pero sentía como si solo viviera para mi, pues pasaba la mayor parte del tiempo a mi lado, no me incomodaba en lo absoluto incluso me agradaba pero si esto seguía así ella terminaría pidiéndome que la convirtiera y Alice tendría razón. Cada día deseaba que ella se aburriera de mí y me dijera que la dejará pero no era así, ella temía por que yo la dejará, un error que debí haber previste el día que la conocí.

El sábado por la mañana Rose me insistió en que pasáramos el fin de semana juntos, alejados de Forks; yo me negué pues mi autocontrol aún no era fuerte y en cualquier momento podría acabar con su vida, por lo que solo le sugerí que podía estar con ella el sábado. Así fue, Rose llegó temprano a mi casa, tocó la puerta y esperó a que le abriera, pero hoy le jugaría una broma la cual me costaría muy caro. Salí por una de las ventanas de la casa y me subí a la copa más alta de un árbol, observé desde lejos como lucía mi pequeño ángel de pie frente a la puerta tocando insistentemente en la esperaba de que su depredador saliera a recibirla. Esperé durante cinco minutos hasta que se canso y caminó alrededor de la casa, me buscó y gritó mi nombre con molestia, escuchaba como sus pasos eran marcados mostrando un enojo, la seguí durante veinte minutos hasta verla que se recargaba en unos de los troncos, cerró sus ojos por una milésima de segundo dando me la señala para mi susto. Salté en un solo movimiento hasta ella, coloqué con fuerza una de mis manos sobre sus ojos evitando que me viera, podía escuchar como su corazón latía a prisa, se encontraba asustada por mi presencia. Tracé su cuello con mis fríos dedos sintiendo sus aceleradas palpitaciones, me acerqué a el depositando un pequeño beso y sin darme cuenta sus brazos se encontraban alrededor de mi cuello sujetándolo y obligándome a seguir con mi acción, Rose sabía perfectamente de quien se trataba y no era miedo lo que sentía, era otro sentimiento, el mismo que yo trataba de ocultar. Aparté mi mano de sus ojos y alcé mi rostro para encontrarme con su perfecto rostro, lo contemple durante minutos, no podía dejar de ver la intensidad de su mirada azulada, eran tan expresivos tan hipnóticos que sentía como su cálido aliento chocaba contra mis labios. Estaba sobrepasando mis límites, su presencia, su aroma y su belleza me atraían por completo, era como mi marca personal de heroína, que al ser probada sería difícil de dejar. Cerré mis ojos al rozar a penas sus labios y antes de que pudiera seguir me aparte de ella, al final yo había sido sorprendido por mi travieso ángel.

Emm. . . – Pronunció mi nombre en apenas un susurro.

No lo hagas más difícil rubia- Hablé molesto conmigo al haberme dejado seducir tan fácil.

Lo siento. . .

No fue tú culpa, anda debemos entrar al parecer será un día lluvioso- La animé tomando sus cosa y caminando hacia la casa. Entramos y nos dirigimos hacia la sala en donde ella se sentó en unos de los sofás mientras yo me disponía a colocar la película que había traído. Encendí la pantalla e introduje el disco, presioné play y la imagen apareció. Yo me senté en el otro extremo del sillón intentando calmar la sed pues comenzaba a sentir como la ponzoña se alojaba en mi boca al recordar la suavidad de sus labios sobre los míos, debía controlarme estando cerca de ella, pero me era imposible. Intenté ver la película pero mis ojos terminaban viéndola.

Emm, lo mejor será que me vaya- Habló levantándose y comenzando a caminar hacia la puerta.

Si es lo que deseas.

No deseo esto Emmett, te quiero a ti pero tampoco quiero que te lastimes, se que es difícil tenerme a tu lado, y más cuando una parte de ti desea beber mi sangre.

Rose. . . – Y mi mayor temor había llegado al fin, ella me quería sin importar lo que era, Alice tenía razón Rosalie al final se enamoro de su depredador.

Me levanté del sofá y caminé hacia ella, estaba dando inicio a lo que tanto había odiado hacer pero que por dentro lo deseaba desde la primera vez que la había visto en la cueva. Acorte poco a poca la distancia entre los dos, la acorralé contra la pared, su cuerpo se tenso al tocar la fría pared y sentir como una de mis manos sostenían delicadamente su barbilla, la observé con detenimiento, aún era tiempo de retractarme y seguir actuando como lo venía haciendo hace dos meses, pero este sentimiento iba más allá, incluso era más fuerte que el que sentí por aquella traidora. Acerqué mi rostro al suyo dejándome aspirar libremente su aroma, era un imbécil por torturarme de esa manera, el oso estaba sucumbiendo por el pequeño conejo. Su corazón se encontraba tranquilo al igual que su respiración, no sentía miedo ni siquiera intentaba escapar solo permanecía inmóvil entre mi cuerpo y la pared, esperando a que el depredador actuara.

No te muevas Rose- Le pedí apenas rosando sus labios. Una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo con el primer roce, mis sentidos se pusieron alerta en cuanto sentí como mis labios pedían más y ella me respondía con gusto. La unión fue indescriptible, sobrepasabas todas las veces en que imaginé como sería besarlos, era una sensación diferente a cuando la besaba a ella, pues la calidez que portaban los labios de Rosalie era aún mejor. Me aferré al borde de la pared intentando no perder el control, Rose había rodeado mi cuello e intensificaba más el beso, su lengua pedía acceso a mi cavidad y como adolescente acepté sin pensarlo. Nuestros labios se movían al mismo compás, el latir de su corazón intentaba seguir nuestro ritmo, sentía como me aferraba más al borde de la pared mientras ella despeinaba mi cabello con desesperación, no me importaba si estaba cometiendo un error, lo único que deseaba era seguir probando aquel fruto prohibido, deleitarme en el pecado y dejarme guiar al mismo infierno, pero antes de que pudiera seguir sentí el sabor de la sangre tocar mi lengua, era tan exquisito que superaba al aroma mismo, me aferré más a sus labios siendo aún más brusco. Estaba perdiendo el autocontrol, la bestia que mantenía durmiendo se había despertado con la espera de seguir probando sus sangre, Rose no se percataba de lo que estaba ocurriendo y seguía aferrada a mí, con todo mi autocontrol me alejé de ella bruscamente, observando desde lejos como su pecho subía y bajaba a falta de oxígeno, su labio se encontraba inflamado y sangrando, había sido un estúpido, la estaba matando y decía que era capaz de controlarme. Quería alejarme en ese instante de su lado, deseaba desaparecer de su vida y sobre todo anhelaba que me borrara de su mente.

Emmett, lo siento fui una imprudente. . .- Se disculpo al ver la pared marcada por mis manos. Dirigió una de sus dedos a sus labios y removió la sangre en el. Caminó hacía mi pero yo me aleje de nuevo, aun no estaba preparado para oler su sangre y haberla probado había sido el peor error pues la deseaba aún más.

Lo siento Rose, me deje llevar por mis instinto jamás debo perder el control en estas situaciones y menos contigo, ve a lavarte, saldré un poco el olor de su sangre es… delicioso…no podre soportarlo más.

No me importaría si la tomase Emm. . . – Habló lastimándose más y dejando que fluyera más sangre por su labio inferior. El aroma golpeo por completo mis fosas nasales, el deseo por probarlo de nuevo era demasiado fuerte para mí, podía sentir como mis ojos se opacaban por la sed, la ponzoña se acumulaba en mi boca dispuesta a morderla, Rosalie estaba siendo una imprudente al tentarme de esa manera.

Me dirigí hacía ella siendo controlado por la bestia, aquella que había mantenido encerrado desde hace tiempo y ahora salía con facilidad al probar apenas una gota de su dulce sangre, me detuve frente a ella e intenté soportar su aroma pero era más fuerte, ella deslizó su dedo por su labio y yo lo tomé con mi mano para dirigirlo a mi boca y saborearlo, la sensación era mil beses mejor que el aroma, sin duda era la sangre más dulce que había probado antes, en toda mi vida de vampiro jamás había deseado tanto la sangre humana, como ahora y Rose me la entregaba sin miedo, sin flaquear, ella se estaba entregando a mí. ¿Acaso podría soportar y dejarla con vida?

La contemplé por última vez grabándome su bello rostro angelical; no quería olvidar como eran sus mejillas sonrojadas por su cálida sangre, el intenso azul de sus grandes ojos, sus largas pestañas que cubrían adecuadamente su mirada, las largas y bien pobladas cejas rubias, aquella respingada pequeña nariz, y sin olvidar aquellos carnosos labios que aunque ahora estaban inflamados y manchados por su sangre los recordaría siendo de un intenso carmesí. Aquella pequeña humana tenía una belleza incomparable que ni siquiera la luna podía igualarla en ningún aspecto. Aspiré de nuevo el aroma de su sangre, sentí como invadía y llenaba mis pulmones y mi mente con su olor, era tan adictivo que difícilmente podía rechazar la oferta. Sentí como ella tembló al sentir el contacto de mis colmillos sobre su delgado y suave cuello, era tan perfecto y bello que me sentía molesto por lastimarlo solo para satisfacer mi deseo; estaba siendo un egoísta pero ¿cómo no serlo cuando el deseo por probar la sangre es más fuerte que mi autocontrol? La acerqué más a mi cuerpo con un delicado movimiento, remplacé mis colmillos con mi lengua, aún no deseaba atravesar su delicada piel, primero quería saborearla y hacer más fuerte el deseo para que al saborear su sangre me llevará hasta al paraíso. Rose gimió sin pudor al sentir los círculos que comenzaba a trazar en el lugar donde se llevaría acabo la mordida, mis manos se aferraban a su frágil cintura pero sin presionar demasiado. Comencé por contar el ritmo de sus respiraciones y latidos, ambos eran desiguales pero entre ellos sincronizaban una hermosa melodía para mis odios, todo aquello formaría parte del pasado, de recuerdos guardados en mi mente como si fuese el oro mismo. La espera por probar la mejor sangre de todos los siglos solo duraría escasos minutos pero su sabor y aroma quedarían grabados para siempre, ella sería diferente a todas incluso a ella, Rosalie sería la única mujer a quien recordaría con amor, con alegría y con tristeza pues era una frágil chica a quien le arrebataría su vida. Di el último respiro a su agradable aroma, aquel que me había convertido de nuevo en la bestia que odiaba ser, cerré mis ojos por temor a ver su rostro ser transformado por el dolor.

Encajé mis dientes en su fina piel, había sido tan fácil que parecía como si cortará una delgada hoja de papel, ella ahogo un grito de dolor al sentir mis colmillos, no podía creer lo que estaba haciendo, simplemente era irreal, al probar las primeras gotas de sangre supe que esto era el paraíso al cual siempre había deseado llegar y que solo Rosalie tenía la llave para abrir sus puertas. Me pegué más a su cuello casi con desesperación, la sangre cruzaba mis labios y se mantenía por breves segundo dentro de mi boca hasta descender por toda mi garganta y calmar el ardor que su aroma y calidez provocaban en ella; no podía tomarlo con calma incluso al escuchar como ella comenzaba a gemir de dolor por la forma descontrolada en lo que lo estaba haciendo, incluso pude escuchar como mis manos quebraban algunos huesos de su cintura al pegarla más a mi cuerpo, estaba matándola con tal de seguir succionando cada gota de sangre en su cuerpo. Ella no se quejaba, y aunque al principio intentó rechazarme al sentir mis colmillos dejó de hacerlo al comenzar a perder la fuerza, su piel se estaba volviendo más y más pálida conforme drenaba su sangre; su ritmo cardiaco aumentaba conforme su cerebro comenzaba a informarle que necesitaba oxígeno y sangre, pero era inútil cada latido que daba pues jamás lograría abastecer de sangre aquel frágil cuerpo, su temperatura descendía en cada segundo, la vida que antes disfrutaba estaba llegando a su fin, solo era cuestión de segundos para que el corazón dejará de latir y de esta forma terminar con su agonía.

Conviérteme Emmett… — Me suplico apenas en susurro.

No puedo controlarme…tu sangre, oh están dulce y cálida que deseo beberla toda…— Le respondí sobre su cuello— Discúlpame mi ángel, soy un egoísta…

Entiendo…yo te ofrecí mi sangre conociendo los riesgo… solo veme y nunca me olvides Emm…

No quiero… odiaría ver tus hermosos ojos envueltos en lágrimas y dolor, déjame imaginarte con aquella luz que cubría tu perfecto rostro, permíteme creer que no estas sufriendo… perdóname Rosalie… fui un débil…

Emm…

Mi nombre fue lo único que pude escuchar después de sentir la última gota de sangre en mi boca, la aparte escasos centímetros, contemplé aquel pálido rostro obligándome a volver a la realidad, en la cual ella ya no formaba parte. Había extinguido su luz con mi oscuridad, terminé con lo único que me mantendría apartado de mi oscuro pasado, había cometido el error de aceptar su vida por un placer momentáneo y ahora que sabía la cruel verdad ya no había vuelta atrás ni siquiera podía convertirla para rescatarla, era un completo imbécil y sin darme cuenta alguien entró a la casa, sentí que una delgada mano me tomaba por el cuello y me separaba bruscamente del pequeño cuerpo inerte de Rosalie.

¿Qué acabas de hacer Emmett?— Gritó Alice tomando entre sus brazos a Rosalie y llevándola al sofá donde la deposito con mucha delicadeza. — ¿Por qué ella? ¿Por qué de esta forma?

Yo…

¿Crees que acabaré con tu vida para vengar la muerte de Rose?

Deberías… fui un estúpido… no debí permitir que Rose me entregara su vida… debía alejarme de ella desde el primer momento en que la desee…

Acabar con tu vida sería librarte del dolor… de limpiarte del pecado…No permitiré que mueras Emmett pagarás durante muchos siglos incluso si deseas ir con los Voltouri no lo permitiré viviré solo para atormentarte… te haré desear la muerta cuantas veces sea necesario…

Alice… acabe con su vida…

Y dime, ¿disfrutaste su sangre? ¿crees que valdrá la pena ese pequeño placer?

¡No!— Rugí molesto por sus palabras, no quería escuchar el gran error que había cometido por un placer pasajero, deseaba poder cambiar el pasado pero pensar en eso no me ayudaría ni mucho menos regresaría el tiempo. Las acciones siempre son las que nos marcan, y ahora yo estaba siendo marcando por mis acciones de la cruel forma posible.

Emmett, es mejor que desaparezcas o de lo contrario Jasper acabará contigo y yo no lo podré detener… recuerda que cuando son neófitos son más fuertes…— Habló casi en silencio al tocar la frente de Rosalie. Sus dorados ojos se encontraban opacados por una inmensa tristeza, no podía imaginar siquiera el dolor por que el estuviera pasando.

Alice… yo no deseaba matarla la quería con vida… yo no podía no podía…

Abrí mis ojos al sentir la cálida piel de Rose ser tocada por mis colmillos, contemplé su rostro y me di cuenta del grave error que estaba a punto de cometer, por extraño que parezca había imaginado como sería beber su sangre y acabar con su vida de la forma más ruin y cobarde, la bestia comenzaba a ocultarse de nuevo tras las sombras y una pequeña luz me iluminaba con tanta intensidad que incluso la muerte sería incapaz de tocarla. Logré separarme de su cuerpo y alejarme lo suficiente como para impedir que la bestia saliera de nuevo; ella me observaba desconcertada, preguntándose lo que estaba ocurriendo o lo que podría ocurrir, yo solo me limité a dejar de respirar su aroma y salir de la casa para adentrarme al bosque y saciar un poco el deseo de sangre, quizás estaba huyendo pero por el momento era la mejor manera de actuar pues aún no estaba en condiciones de afrontar mi realidad. Mis piernas se detuvieron al escuchar a alguien acercarse a mí, mientras otra persona corría en dirección a la casa donde se encontraba Rosalie y su intenso aroma revoloteando por todo el aire. Me lancé en un solo movimiento atrapando fácilmente a mi enemigo que al verlo me di cuenta que solo se trataba de Bella la cual sonreía alegremente. Nos levantamos mientras sus ojos me inspeccionaban cuidadosamente intentando buscar rastro de algo.

Dile a Edward que no entre a la casa, Rose aún se encuentra allí.

Descuida él no entrará solo quería asegurarse de que estuviera con vida, Alice pudo ver un poco como su futuro cambiaba y debo decirte que no fue nada agradable— Explicó mientras ambos caminábamos de regreso a casa.

Estuve a punto de matarla Bella… incluso pude sentir y saborear su sangre… ahora tengo miedo de no poder controlarme.

Descuida Emm se que nunca la matarás puedo ver a simple vista que comienzas a quererla igual que Alice quiere a Jasper.

¿Ustedes saben sobre su relación?

Por supuesto recuerda que Edward puede leer mentes salvo la mía y al parecer la tuya— Nos detuvimos cerca del porche al ver a su esposo caminar hacia nosotros con un gesto difícil de descifrar, ni siquiera Bella entendía lo que le estaba ocurriendo a Edward.

¿Ocurre algo amor?— Preguntó al mismo tiempo que tomaba su mano.

Ella desea convertirse en uno de nosotros y esta furiosa contigo Emmett, aunque… también herida pues piensa que no la amas.

Rubia testaruda, ¿cómo puede pensar en eso?, cuando estuvo a punto de perder su vida por nada— Respondí molesto y alejándome de mis hermanos.— En otro momento hablamos, díganle a Carlisle que me reuniré con todos mañana en la noche.

De acuerdo y ten cuidado con Rose es de un fuerte carácter— Me advirtió Edward al perderse entre los árboles.

Respiré profundo una vez más, necesitaba tener todo el autocontrol posible para afrontar la mirada de Rosalie, ambos necesitábamos aclarar muchas cosas. No podíamos seguir con esto era un juego muy peligroso en el cual solo habría un ganador y sin duda Rose carecía de ventajas. Entre a la casa y caminé hacia la pequeña rubia, lucía tan inocente cubriendo sus labios con una pequeña toalla blanca, limpiado los restos de sangre en ellos. Me acerqué e hinque a su lado, su mirada evitaba a toda costa mis ojos, ella en verdad estaba molesta conmigo. Sonreí e intenté lucir tranquilo pero en realidad en lo único que pensaba era en reírme. Ella notó el cambio de mi actitud y sin miedo su mirada me desafío, eso yo le llamaba valentía. Espere a que dijera algo pero simplemente Rosalie quedó en silencio; removió la toalla dejando ver aún sus labios rojos e inflamados, los toqué apenas con la punta de mis dedos, sentí las pequeñas palpitaciones, odiaba ser el causante de aquello. Me levanté sin decir alguna palabra, me dirigí al baño al recordar que una vez Alice había dejado una clase de gel, me había explicado que servía para las inflamaciones en la piel y jamás imagine que ella ya sabía que lo necesitaría. Regresé al lado de mi ángel y le coloque el gel por todos sus labios, lo hacia de una manera cuidadosa, como si estuviera reconstruyendo una valiosa obra de arte, el olor a menta impregnaba sus labios.

Rose… jamás vuelvas a darme tu vida, nunca me ofrezcas tu sangre… eres…

Lo sé Emmett, sé que tú jamás me querrás ni mucho menos sentirás un deseo por mi, digo no se necesita ser una genio para darme cuenta que entre nosotros no existe eso, ya que veo como Alice ve a mi hermano o Edward y Bella se aman, es sencillo saber que tú y yo…— Las lágrimas comenzaron a abandonar sus bellos ojos, dejándolos cubiertos por una pequeña capa cristalina.

Rose, mi vida, no llores — Le rogué abrazándola con delicadeza, odiaba escucharla llorar, ¿acaso Alice también había pasado por todo esto? ¿Amar a un humano sería el peor castigo que un vampiro pueda tener? Si debía tomar una decisión esta sin duda sería la más tonta pero sincera que jamás había tomado.— Rosalie yo te amo, pero temo acabar con tu vida, cada minuto que estas a mi lado haces que mi vida tenga sentido, es como si me sacarás de aquella oscuridad y me volcaras en un mundo de luz, odio cuando no te veo, extraño cada parte de ti, el aroma que despide tu cuerpo, la fragancia que me convierte en un irresponsable, pero sobre todo detesto hacerte creer que tú no eres importante en mi vida y jamás dejaré pasar un segundo más sin decirte lo mucho que te amo, sé que las palabras no pueden transmitir algún sentimiento, pero disculpa si no puedo expresarlo mediante acciones como un humano ya que, aún sigo aprendiendo como refrenarme. — La abracé con más fuerza al escuchar su llanto, quizás esto no era lo que ella esperaba, quizás lo único que podía ser era alejarme de ella para siempre, pero ¿cómo hacerlo ahora?

Emmett— Mi nombre quedó en el aire al sentir la frescura de sus labios besar los míos, quizás solo se trataba de un beso casto pero eso basto para saber que ella había entendido perfectamente la posición en la que me encontraba. — Quizás no seré un vampiro ni sabré muchas cosas de ustedes pero al menos entiendo la parte de refrenar muchas cosas y créeme Emm, que jamás volveré hacer algo imprudente, jamás.

Sus palabras me animaron a regresarle el beso, esta vez la bestia había perdido la batalla y ahora era yo quien gobernaba cada parte de mi mente, no tenía miedo de besarla ni mucho menos abrazarla, Rosalie era la indicada y dejaría aún lado mis miedos sin importar que esto fuera fugaz, lo disfrutaría con cada parte de mí.


Hola , siento mucho la demora, pero aquí está el otro capitulo!, espero que les guste y no olviden dejar sus reviews ! Pronto actualizaré los que me faltan! Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer lo que escribo.