-haciendo el baile del mono- Hiya!
Sé que me tardé en actualizar, pero ocurrieron una serie de eventos que... Meh, no sé, a veces tienes tiempo pero tienes hueva, luego tienes inspiración pero no tienes tiempo de escribir y es un ciclo sin fin(?) de todas formas, no pienso dejar este fanfic, no por ahora(?)
Así que... Vengo a dejarles mi abominación 3 espero que no me odien por el cambio tan drástico que este capítulo representa, y... A las dos personas que dejaron sus comentarios anteriormente, quiero decirles tres cosas:
1.- Nunca me habían dejado reviews tan largos en mi chota vida.
2.- Los amo por eso(?) enserio, fue, no sé, la cosa más shula, no tengo palabras para agradecer que les guste, lean este fic y lo expresen así ;A;
3.- Gato volador, no te preocupes, el seme es Dib(?)
Ahora sí, haghfxdgh, aquí dejo el capítulo 4 "voy a pensarlo" (deberían darme ideas para los títulos, enserio(?))
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Zim estuvo toda la madrugada investigando.
Era crucial para su plan saber cómo funcionaban las relaciones humanas, y hasta ahora, iban muchas cosas que le tomaban por sorpresa, no podía darse el lujo de no saber qué estaba haciendo, así que pasó horas en el internet, así como leyendo testimonios de parejas diciendo qué hacían en sus tiempos libres. Algunas personas solían darse obsequios, otras salían para pasar el tiempo juntos en algo que se le llamaba "cita", o se quedaban en casa para ver películas, cocinar, también había algo llamado sexo, pero ya no quiso entrar más en detalles de eso, era demasiada información, en fin, nada que llamara la atención del alienígena realmente.
Se frotó la sien sintiéndose fastidiado de ver tantas muestras de afecto terrícola, no entendía por qué estaba la necesidad de llenar a alguien de regalos y amor, pero eso al final resultaba siendo una ventaja a su favor, era lo que él necesitaba, el amor más puro, genuino y desinteresado, por eso necesitaba a Keef, él iba a darle ese amor.
―Amo, faltan 30 minutos para que tenga que ir a la escuela. ― Habló su computadora distrayéndolo de sus pensamientos. El invasor se levantó de su asiento, el cual ya tenía ahí su marca después de estar tanto tiempo sentado, y salió de su laboratorio por un elevador de cristal que lo dejó en el bote de basura de su cocina.
― ¡Gir, Gir! ― Le gritó a su esclavo robot, quien en menos de un segundo, salió de la alacena, completamente energético como siempre.
― ¿Qué pasa, amo? ― El robotito se acercó dando un salto hasta su dueño, la comisura de lo que podían llamarse "sus labios" estaba cubierta por un montón de chocolate, harina y otras sustancias que Zim desconoció, era obvio que se estuvo comiendo cualquier cosa que encontró.
―Quiero que hagas waffles antes de que me vaya a la escuela, los necesito para el almuerzo.
Los ojos de su ayudante resplandecieron en un brillante azul turquesa, como si hubiera esperado aquella orden toda su vida. Se hincó frente al Irken, tal como un caballero, con su mano derecha en donde debería estar su corazón y la izquierda en su espalda.
―Mi momento ha llegado. ―Se levantó rápidamente y corrió hasta el refrigerador para comenzar a sacar todo lo necesario, Zim por su parte, quiso tomarse la libertad de relajarse un momento. Sus ojos estaban cansados de tanto estar frente al monitor toda la noche, y aún tendría que ponerse esas lentillas que de vez en cuando le causaban picazón. Dos brazos biónicos salieron de su pak, uno colocándole los ojos falsos y el otro la peluca. Se sentó sobre el sofá de la fea sala de estar, acomodándose sobre la piel color ciruela. Buscó con la mirada el control, el cual al divisarlo supo estaba a unos pies de él tirado en el piso, podría levantarse y cogerlo perfectamente, como un individuo normalmente haría, pero en vez de eso, se inclinó de manera dolorosamente incómoda, estirando su brazo todo lo que podía hasta que finalmente sus dedos lo rozaron y fue jalándolo lentamente hasta que pudo alcanzarlo sin mayor problema, teniéndose que volver a acomodar para volver a su antigua posición.
Prendió el televisor, como era de esperarse, estaba puesto en un canal infantil. Fue cambiando con pereza hasta encontrar el canal de las noticias, justo a tiempo para el pronóstico del clima. Era cierto que siempre antes de ir a la escuela se tomaba la precaución de darse un baño de pegamento todas las mañanas, pero de ser posible, también era una buena opción ver el pronóstico de tiempo, no sólo por las lluvias, sino también por las olas de calor, que desde que llegó, azotaban al planeta con cada vez mayor fuerza, especialmente en esas épocas de verano, tan insoportable.
Ese día podía estar tranquilo, el clima sería fresco, y sólo llovería hasta la noche, así que no tendría por qué preocuparse. Aun así, decidió quedarse en el sofá a ver sólo un poco más de televisión hasta que los waffles estén hechos.
Sólo es cuestión de diez minutos para que Gir salga de la cocina con un pequeño sombrero de chef medio caído en su cabeza y un recipiente de cristal transparente en sus dos manos, adentro a penas y podían verse los waffles uno encima de otro, debido a que el vapor había opacado los muros de vidrio. Encima del envase cilíndrico se hallan varios sobres de miel de maple amontonados uno sobre otro. Le extiende sus brazos a Zim, con una sonrisa de satisfacción, el pak de Zim saca un brazo que toma la preparación del robot y la guarda dentro, justo para el almuerzo.
―Gracias Gir, no vayan a hacer desastres, como siempre.
Le advirtió entrecerrando sus ojos, aunque ya era consciente de que cuando llegara a casa, muy probablemente sería un caos. Salió de su base, notando que los hoyos que había en su patio, efectivamente habían sido rellenados con tierra, y ahora, bueno, no era muy agradable estéticamente, pero al menos ahora los gnomos podían andar por el patio sin caerse.
No vio a Keef por ninguna parte, así que decidió restarle importancia y seguir con su camino, pero apenas caminó por un par de casas más adelante, sintió unos fuertes brazos rodeándole, apretando todo su squeedly spooch. Se retorció intentando zafarse, lo cual el pelirrojo notó e inmediatamente acató. Zim al voltearse, notó esa sonrisa amable de siempre, su ropa tan colorida y alegre, y sobre todo, cómo se acercaba para darle un beso en la mejilla. Hizo como un gato molesto soltando pequeños arañazos que en realidad no iban con la intención de herirlo. Él se rió.
―No pensabas irte sin mi ¿verdad?
―La verdad, sí.
Keef no supo qué decir, pero volvió a reír, caminando alegremente con el extraterrestre a la escuela. El camino a diferencia de lo que Zim se esperaba, era bastante silencioso y tranquilo, los pájaros cantaban, las flores brotaban, en días como esos, alienígenas como Zim, sentían que había un desequilibrio en el ambiente, ¿por qué su pareja humana no estaba hablando y hablando como ya era su costumbre? No es que le molestara, sólo que lo sentía extraño, como cuando de repente ocurrían ruidos extraños en la casa y Gir no era el responsable. Se giró para ver al chico más alto, parecía distraído mirando el camino de concreto, sus manos estaban jugando nerviosamente con sus bastas pulseras multicolores, un indicio muy común en la psicología humana de nerviosismo.
―Dile a Zim lo que tienes. ―Dijo con una expresión seria, su mente disparaba un montón de posibilidades en ese instante mismo. Keef no se había mostrado así desde el domingo, incluso parecía más feliz de lo habitual, pero ahora se preguntaba "¿y si sus esfuerzos no fueron suficientes?" "¿Iba Keef a terminarlo?" No podía darse ningún lujo para quedarse sin sujeto de pruebas a esas alturas, cuando ya tenía planeada cada minúscula parte de la operación, cuando el suero estaba a mitad de fabricación.
Basta. Debía calmarse.
―Uh, creo que no puedo ocultarlo por más tiempo. ― El pelirrojo rascó su nuca suspirando resignadamente, enredando un poco sus dedos entre sus rizos rojizos. Sus ojos esmeralda se enfocaron sólo en Zim, admitía que le tenía un poco de miedo al de piel verde desde la niñez, cuando éste se subió hasta el techo y al querer seguirle, él le empujó haciéndole caer, tuvo que pasar varios meses en el hospital por su brazo y piernas rotas. ―Dib me preguntó ayer desde cuándo salíamos, y yo le respondí que desde el sábado… No-no sé cómo lo supo, pero aun así le respondí, supuse que no querías que él supiera, lo siento.
El alíen abrió aún más sus ojos, ahora comprendiendo por qué Dib le hizo tantas preguntas ayer, aunque no es como si esas cosas pudieran pasarse por alto, en cuestión, sabía que iba a darse cuenta más temprano que tarde, pero desearía que al menos no metiera tanto sus narices. Suavizó su expresión para Keef, logrando que éste se tranquilizara de manera increíblemente rápida.
―Ya me encargaré de ese entrometido. ― Dijo restándole mayor importancia por el momento, su pareja sonrió y siguieron su camino, el cual al sentirse más en confianza, volvió a hablar como siempre, haciendo comentarios sobre cualquier cosa que se le venía a la mente, ya fuera por un perro o por la última moda estúpida adolescente, entonces Zim se maldijo por haberle levantado los ánimos.
Cuando llegaron a la escuela, cada quien tomó caminos distintos, Zim por su parte, caminó hasta su casillero, sacando la misma libreta de ayer color granate, así como la pluma. La recargó sobre el casillero y comenzó a escribir.
"Ya es miércoles, tercer día de la investigación, he decidido que Gir haga el almuerzo para Keef, voy a tener que dárselo después. Todo va como he esperado hasta ahora con el sujeto de pruebas, pero el mono cabezón Dib cada vez intenta involucrarse más, deberé hacer algo para que deje de sospechar de mi relación con el humano Keef."Terminó de escribir su corto avance y lo guardó todo donde siempre, cerró su casillero y caminó a clases. Al entrar, el profesor ya estaba tomando asistencia, él se sentó justo cuando dijeron su nombre. Era casi por un tonto capricho suyo, que cada vez que estaba en un lugar donde sabía que el humano azabache estaría, lo buscaba con la mirada, para cerciorarse de qué es lo que hacía, pero esta vez al ver en el asiento de Dib, éste se encontraba ausente. Fueron pocas o en realidad nulas las ocasiones en las que Dib faltó a una clase durante todo el ciclo escolar, pero decidió dejarlo sólo en algo sin importancia, cualquiera tiene un desliz de vez en cuando.
Cuando el timbre de la primera hora sonó, todos comenzaron a recoger sus cosas para salir del aula, y después comenzaron a tomar caminos distintos, Zim por su parte, fue al salón de biología. Cuando entró, vio a Dib sentado en su mismo lugar; unas ojeras enormes se marcaban debajo de sus ojos, más grandes a las del día anterior, apoyaba su mejilla sobre la palma de su mano derecha intentando mantener sus ojos abiertos, porque muy despierto no estaba. El alienígena caminó hasta donde él se encontraba, una sonrisa bastante cínica a decir verdad se mostraba entre sus labios, suponía el porqué de su estado, probablemente no encontró ningún lugar para dormir.
Se sentó en su lugar y juntó sus manos tranquilamente mientras esperaba la llegada de la profesora, cuando Dib volteó a verlo, soltó un gruñido para nada disimulado y le pateó su silla que era un banco de madera alto, esto por consecuencia, ocasionó que éste perdiera el equilibrio y cayera inevitablemente al piso, creando un fuerte ruido que llamó la atención de todos, tanto los alumnos que recién llegaban así como los que ya estaban ahí. En menos de un segundo las fuertes carcajadas comenzaron a escucharse mientras que Zim entrecerraba sus ojos y hacía sus manos puño, se levantó del piso mientras aún las risas se escuchaban, y sin importarle estar rodeado de compañeros, se lanzó sobre Dib soltándole un puñetazo en su estómago, pero fue el impacto lo que hizo que Dib cayera hacia atrás, ocasionándole caer de espaldas contra el suelo.
―Apestoso humano. ―Zim gruñó comenzando a soltar varios golpes más en su rostro, Dib se cubría con ambos antebrazos mientras intentaba soltarle patadas al más pequeño, a la vez que todos los demás coreaban en voz alta "¡Pelea, pelea, pelea!" y uno que otro "ya empezaron otra vez". El azabache de gafas logró cambiar las posiciones, dejando al de ojos magenta debajo, y éste empezó a descargarse dándole varios puñetazos en el rostro. Tan normal en ellos.
― ¡SILENCIO! ―Se escuchó una voz resonar por todo el salón.
Ambos se detuvieron al instante, el humano con una expresión preocupada, casi pasando por asustada, y el Irken con una mueca de indiferencia. Se levantaron del piso, inevitablemente sus miradas vieron a la maestra de larga cabellera negra y trenzada parada en el umbral de la puerta, con sus manos en la cintura y una mirada fulminante.
―Acompáñenme a la dirección. ―dijo ella dándose la vuelta y caminando con fuertes pisadas hasta el lugar ya mencionado.
Ambos se miraron, uno visiblemente molesto y el otro con clara despreocupación. Dejaron el desorden de las sillas tiradas y salieron del aula con varios "Uhhhh" y "Sssss" por parte de sus retardados compañeros de clases. La experiencia ya era muy conocida por ambos chicos, inclusive, como narradora de esta historia, me atrevería a pensar que ya se les hacía extraño que no hubiesen ido a dirección durante el último mes.
Cuando entraron a la oficina del director, sin preguntar siquiera, ambos tomaron asiento en unas sillas con acolchonado barato que habían ahí, justo frente a un elegante escritorio de madera negra con una base de vidrio, con unos lápices acomodados perfectamente junto a una taza que decía "lágrimas de feminazi", el monitor por aquí, unos diplomas de dudosa credibilidad por acá, nada raro. El hombre entrelazó sus dedos mientras escuchaba la misma historia de siempre, a veces se peleaban en la cafetería, otras veces en el patio o el salón de clases, el baño e incluso una vez fue en el techo de la escuela, pero siempre era igual.
― ¿No va a hacer algo? ―Dijo la mujer de mediana edad al notar que el hombre detrás del escritorio parecía más metido en sus pensamientos que atento a lo que ella le informaba, él enfocó su mirada en ella y soltó una pequeña tos y le pidió que saliera para tener una plática con los muchachos. Ella no pareció conforme, pero igualmente salió, no sin antes mirar a ambos de manera desaprobatoria. Cuando ella cerró la puerta, el hombre dirigió su mirada hasta ellos, daba una expresión cansada, pero a la vez comprensiva, sin saber exactamente qué decir, pues no se puede decir mucho a alguien que ha estado más veces en la misma situación de las que puedas contar.
―Bien, voy a decirle algo a ustedes dos. ―Se aclaró la garganta y tomó una postura más relajada, ante los dos chicos que se encontraban ahí con intenciones de marcharse lo más pronto posible. ―Están a tres semanas de terminar el ciclo escolar, después de esto van a irse a la universidad, no pueden seguir adoptando posturas tan infantiles, estos problemas los llevamos desde el primer semestre. ―Parte de su rostro, reflejaba como si recordara algo. ― ¿Podrían al menos prometerme que tratarán de comportarse hasta que todo esto se acabe? Después ya harán lo que quieran con sus vidas.
―Lo intentaré. ―Dijo el azabache, aun sabiendo que no se contendría de hacer algo si el extraterrestre junto a él salía con otro de sus estúpidos planes.
―Zim no promete nada. ― El más pequeño por su parte, sólo se cruzó de brazos con todo su egocentrismo.
―Así me gusta. ―Habló por último el director, sabiendo ya de manera anticipada que nada le serviría discutir con el de piel verde. ―Sin embargo, no voy a dejar pasar por alto el hecho de que causaron un alboroto en la clase de biología, deberán venir y quedarse en el descanso para escribir un pequeño reporte del por qué los trajeron a llamar y mañana deberá estar firmado por sus padres. Ya pueden irse.
Ninguno de ellos replicó, pero hicieron sonidos de fastidio. Se levantaron de su asiento y caminaron por el pasillo que los llevaría hasta la siguiente clase. Conociendo a la profesora de biología, ella no los dejaría entrar sino hasta la siguiente clase que era mañana. Ambos se sentaron en el piso, Dib con las piernas cruzadas y Zim abrazando sus piernas en una posición fetal, el silencio entre ambos se sentía como pequeñas apuñaladas, porque faltaban los insultos que hacían el mismo efecto, nadie los mandaba a sentarse juntos en primer lugar, pero nadie dijo nada tampoco. El amante de lo paranormal estuvo a punto de volver a insultarlo y echarle la culpa por todo eso, pero actualmente, prefirió guardar silencio, después de todo, aún tenía un tema que quería discutir con el alienígena. Pensó bien sus palabras, aun sabiendo que lo que diría inevitablemente causaría disgusto.
―Hoy estuve pensando en lo que dijo Gir ayer. ―Aquello llamó la atención del más pequeño, quien sólo se giró a verlo, pero esperó a que continuara. ―No es que realmente me agrade la idea, pero debes hacerte responsable por lo que hiciste ayer, así que mientras limpio mi habitación, tal vez…― Dios, cómo le costaba decir eso. ―Tal vez… Pueda quedarme contigo unos días.
― ¡¿Qué?! ―Siendo sincero consigo mismo, esperaba justamente esa reacción, incluso le causó un poco de risa.
― ¡Sucio humano! ¡¿Qué te hace pensar que puedes quedarte en mi casa como si fuera cualquier cosa?! ― Se levantó de su lugar y le apuntó con lo que vendría siendo su dedo índice, recordando que él sólo tenía tres dedos.
En ese instante, Dib también decidió levantarse completamente erguido, al menos podía tomar como ventaja que era más alto que Zim, y así de alguna manera, en su cerebro se creía a sí mismo como superior. Le apartó su mano al otro con un manotazo, frunciendo un poco el entrecejo y apretando los labios. Sabía lo que decía, sabía que era un disparate, y más aún, que entrar a la casa de Zim era un equivalente a hacer un pacto con Satanás, quién sabe qué cosas le ocurrirían dentro. Pero, sí, había un pero para él, no encontraría otro lugar para quedarse, Gaz ni hablar, jamás le dejaría dormir en su habitación, y cualquier otro lugar de su casa estaba prácticamente prohibido, además, él nunca fue ningún tipo de chico popular, o mínimamente, un chico con amigos ¿quién querría dejar entrar al "niño loco amante de lo paranormal" a su hogar? Y por otra parte, si incluso le intentaba buscar alguna ventaja, estando en la base de Zim, podría averiguar con una mejor visión cuáles eran los próximos planes siniestros que acechaban al planeta Tierra. Él mismo tenía sus dudas, pero darse por vencido frente a ese alienígena NUNCA era una opción.
―Odio la idea tanto como tú, basura espacial, no me fío de ti ni de nada que tenga que ver con tu especie.
― ¿Entonces por qué piensas que te dejaré quedar en mi casa? ¿Por fin perdiste la poca cordura que te quedaba? ―Se le notaba claramente disgustado, y a la vez desconfiado, no sabía qué tipo de cosa estaba planeando el humano frente a él, pero fuera lo que fuera, él no cedería ante una petición tan atrevida.
―Porque si no tengo dónde dormir, entonces comenzaré a enloquecer por falta de sueño ¿y sabes qué puede llegar a hacer una persona enloquecida?
― ¿Qué? ― Él preguntó con un poco de curiosidad, lo cual, parecía que aprovecharía el azabache al máximo.
―Quizás, no sé, quizás piense cosas que no son, quizás de un día para otro pueda pensar que tu novio es bastante atractivo, y quizás, en ese entonces, pueda pensar que quiero quitarte a Keef. ― Sí, era perfectamente consciente de lo que decía, ¿estaba arrepentido? Probablemente, pero sólo así, conseguiría dos cosas.
― ¿Estás diciendo que si tú no duermes vas a quitarme a Keef? ―Zim cambió su postura. De estar completamente erguido, pasó a estar un poco encorvado, su voz pareció titubear, y era todo lo que Dib necesitaba saber, si a Zim realmente le importara el pelirrojo en un sentido emocional, el adolescente ya prácticamente hubiera estado preparado para escuchar al extraterrestre estallar en furia, pero no fue el caso, Zim dudó, precisamente, parecía pensar en una posible consecuencia, y le hizo sentir eufórico indudablemente, sabía que había dado en el blanco.
―El humano Keef no va a dejarme por un ser tan poco desarrollado como tú. ―(no malinterpretar por favor) Intentó mantenerse firme, aunque su lenguaje corporal lo delataba, Dib casi quiso sonreír con satisfacción, de no ser porque eso levantaría sospechas en el más bajo, lo habría hecho.
―Yo no estaría tan seguro, Zim, las cosas que puede hacer una persona en el borde de la locura son impredecibles.
― ¡MIENTEEES! ― Lo señaló de manera acusadora, Dib realmente cumplió con su objetivo, ponerlo frustrado al sentir que su plan podría fallar.
―Entonces ¿qué piensas? ¿Me dejarás quedarme en tu base un par de días?
Los riesgos por ambas partes eran enormes, o al menos así lo veía Zim, si no dejaba al humano apestoso quedarse, entonces éste amenazaría con quitarle a su sujeto de pruebas, y actualmente, no podía darse el lujo para conseguir otro, especialmente porque nadie era tan estúpido y tan ingenuo como Keef como para dejarse convencer por un par de palabras bonitas. Y por otra parte, Dib en su base era igual a arriesgar todo en lo que había estado trabajando durante los últimos meses.
―Voy a pensarlo. ― La psicología le sirvió perfectamente a Dib.
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Pasaron dos clases más para que el receso llegara. Todos los alumnos caminaban por los pasillos empujándose mutuamente para llegar a sus respectivos destinos. Cuando el alienígena verde salía de su aburrida clase de algebra, no le sorprendió para nada ver que su pareja ya se encontraba ahí, parado con una amplia sonrisa. No fue necesario que le dijera algo, porque él ya le estaba siguiendo entre todo el gentío de adolescentes hormonados. Esta vez, en vez de dirigirse al patio trasero como Keef pensó, le siguió hasta la oficina del director. No sorpresivamente, el pelirrojo decidió no preguntar cuando vio al amante de lo paranormal ahí sentado con una expresión no muy amigable, aprovechando que no estaba el director, saludó con voz alta.
― ¡Hola Dib! Qué gusto verte hoy. ― Al parecer éste no notó su presencia sino hasta ese momento, bravo, no sólo soportaría al extraterrestre, también estaría ese molesto chico.
―Hola. ― Respondió secamente, continuando con el apunte en su libreta, precisamente, el reporte que el director pidió. Zim al no tener dónde apuntar, caminó hasta el escritorio del hombre y tomó la primera hoja que encontró, tenía algo impreso, algo probablemente importante ¿pero a quién le importaba? Quería largarse ya de ahí. Comenzó a escribir con una de las plumas que estaban ahí.
El silencio en el lugar se volvió incómodamente insoportable, al menos para Keef, quien no quería molestar a su novio mientras escribía su reporte, pero debido a su naturaleza, le costaba mantenerse callado. Comenzó a silbar una melodía bastante sencilla en un intento de estarse tranquilo, lo cual sin ser consciente, fastidió aún más a ambos chicos.
Pasaron tres minutos más del incesante silbido, finalmente Dib terminó, llenando apenas media cuartilla, escribió por último su nombre y lo guardó en una mochila negra que estaba a un lado suyo de donde estaba sentado, seguido de esto, salió del lugar, respirando el asqueroso aroma de sudor juvenil, debido a que estaba pasando el equipo varonil de fútbol americano, casi quería vomitar el pobre sujeto.
Zim por su parte, no terminó hasta unos segundos después, escribió su nombre y guardó la hoja en su pak, como si de una mochila "normal" se tratara, una mochila normal a la cual le salen extremidades y patas biónicas, pero el bolígrafo lo dejó donde estaba. Cuando el de ojos esmeralda se dio cuenta, fue como si se quitara un peso de encima y automáticamente el botón de "deja de hablar cosas que a nadie le interesa" se desactivara en él.
―Qué bien que terminaste, ahora podemos ir a almorzar, esta vez me desperté bastante tarde y por eso no pude hacerte nada, lo siento, pero traigo dinero, así que podemos ir a la cafetería a comprar- su boca fue silenciada por un waffle. Entre tanta palabrería, ni siquiera se dio cuanta cuando Zim sacó el recipiente con waffles húmedos y fríos que había preparado Gir en la mañana. Se sorprendió un poco, pero masticó gustoso a pesar de que el sabor era un poco seco, sentía que le faltaba algún endulzante. Mientras masticaba, tomó el resto del waffle con su mano, mirando al pequeño invasor que caminaba junto a él, con el recipiente de cristal abierto y listo para llenarle la boca con más gofres de ser necesario.
― ¡Muchas gracias Zim! Fue muy lindo de tu parte hacerme el almuerzo. ― Sus ojos resplandecían en alegría, sus mejillas se encendían un poco, incluso las delgadas antenas de Zim debajo del peluquín percibían un aumento en los latidos de su corazón. Keef realmente lo adoraba, y eso a pesar de ser beneficioso para él, le hacía pensar que estaba comenzando a abrir una caja de pandora que después sería imposible de cerrar.
Caminaron hasta el patio trasero, justo como el día anterior, se sentaron sobre el césped, uno con una expresión neutral y el otro masticando los waffles que le dio su pareja, habiendo ya esparcido la dulce miel de maple que venían en los sobres que empacó Gir en la mañana.
A Zim le disgustaba ver a Keef comer, no era algo particular, pero siempre que veía cómo la comida se salía por los labios de las personas mientras masticaban imprudentemente, le causaba cañangas ñangas.
Intentó pensar en otra cosa, encajó sus uñas enguantadas sobre sus negros pantalones, volviendo a recordar la amenaza de Dib, no quería que entrara a su base, no lo quería cerca de sus asuntos, no quería nada que se relacionara con él, quería verlo sufrir durmiendo en la calle, entonces ¿por qué aún lo pensaba?
Sin siquiera ser consciente, sintió una suave presión en sus labios nuevamente, era Keef haciendo aquello del beso. Cerró sus ojos con disgusto, sintiendo un dulce sabor de miel y masa humedecida, inconscientemente apretó aún más sus fauces, esta vez, su pareja intentó ir más lejos, presionando su boca y provocando que sus dientes chocaran en una dolorosa situación, se notaba la inexperiencia por ambas partes. Zim apoyó sus manos sobre los hombros del pelirrojo, los ojos aceituna se enfocaron en él, acompañados de ruborizadas mejillas.
―Uhm ¿sucede algo? ―Preguntó con inocencia.
Claro que ocurría algo, él realmente no debía, o al menos, no quería involucrarse demasiado con ese tipo de sentimientos, el amor no era algo para lo que un Irken estuviera hecho, nada que involucrara el sentir, aun así, el hormigueo en su squeedly spooch era inexplicable.
―No quiero besarte. ― Supuso, que habría otro tipo de cosas que los humanos podían hacer en una relación que no incluyera eso del "beso", así tendría que ahorrarse todas esas incomodidades y sensaciones en su cuerpo.
―Entiendo…― Pareció desanimarse, bajó la mirada y volvió a acomodarse en su lugar, tomando otro de los waffles que había en el recipiente, obviamente, intentando distraerse. De todas formas, eso no cambió nada en la decisión de Zim, ya le había arrancado los ojos una vez, pocas cosas podrían realmente conmoverlo.
El fin del descanso llegó al cabo de unos minutos, y dentro de unas horas, consecuentemente también fue el final de las clases, Zim no volvió a dirigirle palabra al amante de lo paranormal, aunque a veces pareciera como si éste tuviera algo para decir, sólo intentó ignorarlo, no necesitaba pensar más en él ni en los problemas que le traía siempre.
Cuando fue escuchado el último timbre por toda la institución, comenzaron a salir todos de a montón, algunos retardándose porque sacaban cosas de más, pero al final, siempre era un gentío en los pasillos. El pequeño alienígena caminó hasta su casillero, arrancando su avance de su libreta granate sin mucho cuidado, guardándoselo en el pak como siempre, tenía suerte de que ahí la gente fuera estúpida y no sospechara de ese tipo de cosas, lo aprendió pocos meses después de llegar al planeta.
Cuando se disponía a irse, por mala suerte para él, ya había sido alcanzado por el pelirrojo, quien por su expresión facial, parecía haber olvidado su sentimiento de malestar de hace tan solo unas horas atrás. Fue ésa la principal razón por la cual lo escogió.
―Estaba esperando a que salieras, Zim, mis clases terminaron hace como una hora, pero quería acompañarte a tu casa, y ya sabes, quizás hacer algo juntos. ― Ambos salieron con la multitud de adolescentes que se empujaban como sardinas en una lata, inevitablemente, el más bajo se encontraba fastidiado, con ganas de darle ya una patada y hacerlo caer, siempre podía decir que fue un accidente ¿no? Justo ahora, parecía el remedio perfecto.
― ¿Tienes videojuegos? ¿O prefieres los juegos de mesa? Por mí no hay ningún problema, también podemos hacer actividades al aire libre ¿sabes? Antes solía jugar con mis primos al escondite, yo era muy bueno, porque ellos siempre tardaban horas y horas en encontrarme, y casi siempre yo tenía que salir, aunque después me decían que me volviera a esconder. ―Zim dejó de escuchar lo que su pareja parloteaba apenas terminó de decir "el escondite" justo en ese momento, se le vino una idea brillante.
― ¿Sabes, Keef? Ese juego me parece genial, deberíamos jugarlo ahora.
― ¿Justo ahora?
―Sí, sí, deja de perder tiempo y ve a esconderte. ―Le ordenó señalando un punto al azar, el más alto sonrió y asintió con la cabeza.
―Está bien, tienes que contar hasta diez, pero te lo advierto, soy muy bueno. ―Se apuntó a sí mismo con el dedo pulgar y después comenzó a correr hacia el punto contrario a donde caminaban, el Irken se acercó a un árbol para fingir que contaba, pero apenas le perdió de vista, siguió con su camino a casa, un problema menos para él.
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Dib llegó a su casa y fue recibido por un aroma más leve al del día anterior, pero igualmente llamativo, Gaz jugaba en su consola como siempre, ella se acostó bocabajo sobre el sofá para estar más cómoda mientras que su hermano subía a su habitación, o lo que quedaba de ésta. La salsa que ayer estaba fresca, ahora en su mayoría se había secado, dejando sólo un olor ligeramente desagradable, que en un par de días más, iría a peor.
Dejó su mochila de la escuela en el piso, procurando dejarla en un lugar limpio. Hace tan sólo unos minutos, había dejado todas sus libretas y lapiceros en el casillero de la escuela, así que por lo pronto, sería lo que utilizaría para llevarse todo lo necesario. Sí, iría a la casa del Irken y no aceptaría un "no" como respuesta.
Metió todo lo que creyó útil, un par de camisetas, unos pantalones, calcetines, ropa interior limpia, una manta de bebé, sí, esa manta de la infancia que todo el mundo tiene en algún lugar de su armario refundida, una chaqueta, tampoco pensaba quedarse ahí una eternidad, no era masoquista. Fue al baño a tomar su shampoo, jabón, esponja, cepillo de dientes, pensó si debería llevarse su rasuradora, la barba de tres días comenzaba a sobresalir sólo un poco, pero bueno, por dos días que estuviera fuera de casa no pasaría la gran cosa, así que decidió dejarla.
Cerró su mochila, intentando recordar si no olvidaba nada, incluso llevaba una navaja de bolsillo por si el alienígena intentaba algo raro. Al parecer, todo estaba en orden.
Bajó las escaleras y vio a su hermana, recostada con sus piernas sobre las almohadas del sofá en una posición que no se veía muy confortable, sabía que a ella no le importaría, pero por más que quisiera ignorarlo, notaría su ausencia, así que decidió mejor dar una explicación.
―Voy a irme un par de días, si a papá se le da la extraña casualidad de aparecer, dile que sólo salí a comprar algo.
―Le diré que te degolló un oso. ―Contestó ella mirando sólo por el rabillo del ojo a su hermano, notando la mochila aparentemente pesada que se cargaba en los hombros, lo decía enserio.
―Igual sirve. ―Se encogió de hombros no dándole mayor importancia y salió cerrando la puerta detrás de sí, comenzando a caminar directo a la casa del Irken.
Si existía algún tipo de Dios bondadoso en el cielo, que se apiadara de su existencia.
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Ahora es cuando deberían preguntar "¿por qué?" y yo debería decir "porque no puedes esperar a que dos personas que se odian a muerte de repente poof, se amen de la nada, deben pasar tiempo juntos para aprender a soportarse y llevarse mejor, ¿y qué mejor manera que obligándolos a vivir juntos?"(?) Lo sé, merezco una patada :'v pero sólo una.
Disculpen las faltas que vean por ahí, siempre se me pasan unas dos o tres palabras que ni al caso.
Sin más, espero que les haya gustado ;3; no sé cuándo será la próxima actualización, porque la semana siguiente entro a clases (cuarto semestre, bebé(?)) pero sin duda, espero dar continuación a esta loca historia que apenas está naciendo.
¿quieren saber un pequeño spoiler? -frota sus manitas como mosca-
En el próximo capítulo, muuy posiblemente aparezca Skoodge.
Ahora sí, hasta la siguiente actualización, gracias a todos los que siguen esta historia, los que comentan, los que dan favoritos o los simples lectores fantasma, abrazos para todos.
