IV
Kim se irguió, talvez demasiado rápido, pues una fugaz sensación de desorientación de vértigo la asaltó de pronto.
Se miró a sí misma y notó que ya no estaba usando su vestido negro, el que había confeccionado ella. No. En su lugar llevaba la adaptación de G-man, con los altos tacones rojos, las ajustadas medias de red, de escote amplio y ajustado, así como el choker sobre el cuello. Las uñas arregladas, los labios pintados y el cabello cuidadosamente arreglado con una diadema sobre la cabeza.
Sus ojos miraron alrededor, y descubrieron que se encontraba en lo que parecían las ruinas de un castillo. Las paredes estaban derrumbadas e incompletas y no había techo que los escondiera del cielo perfectamente negro del subespacio. Algunos candeleros en los extremos del cuarto alumbraban pobremente la estancia. Sobre suelo pulido de azulejo negro y blanco lo único que había era una enorme cama adoselada de sabanas moradas donde ella despertó, pero sabía que no estaba sola.
¿Qué caso tendría si lo estuviera?
―Así que definitivamente no piensas dejarme dormir esta noche, ¿cierto? ―dijo ella mirando al fondo de la cama que quedaba oculta en las sombras del dosel donde una silueta cómodamente recostada entre cojines y almohadas era apenas visible. ―Te volviste loco si piensas que te llamaré "Señor Graves" nuevamente.
―Lo dices como si no te hubiera gustado. ―respondió la voz varonil de Gideon de entre las sombras.
―¿Y quién dice que me gusto? ¿Ser tu sirvienta y que me tomes sobre la mesa como si fuera un pavo en navidad? Fue tu rara magia del subespacio jugando con mi mente, nada más.
―Nada de eso, Kim, querida ―respondió él acercándose a la luz para mirarla de frente y acariciarle el rostro. Estaba usando unos cómodos pantalones flojos y lo único que le cubría el torso desnudo era una chaqueta que llevaba abierta ―Yo te di el vestuario y la escenografía, es cierto, pero quien eligió el papel fuiste tú. Y me parece fascinante, ¿sabes? Es posible que en la seguridad de tus sueños te sientas lo suficientemente confiada como para ser, aunque sea por un momento, suave, gentil y sumisa.
―Ahora que sé que eres un mirón entrometido, puedes irte olvidando de eso ―la chica se cruzó de brazos mirando a otro lado.
―¿Por qué? A final de cuentas, lo hiciste para mí. Pensaste que era solo un sueño, ahora sabes que era yo realmente haciéndote una visita nocturna. ―Se había acercado a ella y le buscaba la mirada tan de cerca que estaba a escasos milímetros de besarla ―¿Tanta diferencia hace para ti?
―Si la hace. Talvez, si me ves así, querrás que sea así todo el tiempo.
Sin dejar de mirarla ni de sonreír, Graves negó con la cabeza.
―Quiero que tú seas tú todo el tiempo. En todas mis fantasías, en todos mis sueños. Si quieres ser ruda e indiferente o si prefieres por un día descansar y te sientes frágil y complaciente, mientras seas tú, puedes usar este o el otro, o cualquier vestido, o nada. Me gustaras igual.
Y rodeándola con sus brazos nuevamente, la abrazó a su pecho desnudo, donde por un momento Kim se refugió en silencio, para después decir:
―Ahora te has puesto todo cursi.
―Eso no quiere decir que te hayas librado de que te vuelva a tomar salvajemente…
Los ojos de la pelirroja se abrieron mucho al escucharlo decir eso, pero antes siquiera de que pudiera ella oponer queja alguna al respecto, Gideon ya había reaccionado más rápido y aplicando sus manos ferozmente sobre los pechos de la chica, le echó el vestido hacia abajo descubriéndole en un solo movimiento ambos pezones. Fue ahí que Kimberly lo entendió: G-man no había perdido el tiempo un segundo y mientras la abrazaba le estaba aflojando los listones de la espalda al vestido para que desnudarle los senos le fuera sencillo.
Pero Kim tampoco tuvo tiempo de quejarse de eso. Sorprendida de verse con la piel salpicada de pecas de sus pechos descubierta al aire, abrió la boca para lanzar algún reclamo, pero en lugar de eso, un largo y quejoso gemido salió de su garganta en el instante que sintió que los dedos de su novio jugaban vulgarmente con sus pezones, pero no lo hacía frente a ella, sino que la rodeaba desde atrás con sus brazos, metiéndolos por debajo de los de ella.
La mirada de la baterista se alzó al frente y sin Graves obstruyendo su mirada, pudo verlo. Se trataba de un gran espejo ovalado, justo frente a ella, idéntico al que había en su habitación pero varias veces más grande. Debía ser algún tipo de espejo mágico del subespacio pues todo lo que se reflejaba en él se veía magnificado como si se tratara de una pantalla gigante transmitiendo una película porno.
Y lo único que vio Kim en su pulida superficie reflejante, fue su propio y enorme reflejo, de pie en la oscuridad, indefensa con el ceño fruncido la boca abierta, jadeante, los senos desnudos, siendo invadidos y estrujados violentamente por las manos inquietas de delgados dedos de Gideon cuya silueta oscura resaltaba tras ella, apenas de entre las sombras por el tenue brillo de su cabeza y sus anteojos.
―Infeliz… me torturas ―dijo Kim entre gemidos. ―¿pretendes tenerme frente a este espejo para que pueda ver cómo me humillas?
―Desde luego que no ―sonrió Gideon malicioso ―¿Por qué te humilla ser objeto de mi amor y pasión?
―Porque tu amor es morboso y tu pasión enfermiza. ―respondió desafiante ella, mirando hacia atrás buscando la mirada del chico.
―Y todavía no hemos comenzado siquiera… ―concluyó G-man mientras sus manos se escurrían bajo los brazos de Kim, soltándola, mientras él se dejaba caer sobre la amplia cama, quedando acostado.
Pero no la dejó descansar por mucho tiempo, lo que internamente la pelirroja agradeció pues sin el calor de sus dedos juguetones, los pechos de Kim comenzaban a sentirse con frio y un poco abandonados.
Pero fue por la cadera que las manos de Graves la sujetaron esta vez. No fue una caricia ni un abrazo, sino un agarre firme, tanto que cuando él la atrajo hacia ella, la obligó a caer sentada bruscamente, de espaldas a él. Más no fue en la cama donde cayó, sino que el bonito y redondo trasero de Kimberly que Gideon tanto le gustaba admirar y codiciar, fue a parar directamente sobre el propio G-man, que la recibió con las piernas abiertas y el pene duro.
El miembro erecto se abrió camino de golpe hasta lo más profundo del sexo de la chica haciendo que ella soltara un lastimero gemido, mezcla de dolor y placer. Las manos de Gideon la sujetaban fuertemente de la cadera y la empujaban y atraían a él con fuerza, marcándole el ritmo al que debía moverse, para que el pene del chico entrara y saliera de ella reconociendo cada espacio y cada centímetro de la piel interior de su vagina.
Los gritos y gemidos de Kim resonaron en el subespacio al sentirse invadida más profundamente de lo que creía posible y lo estaba disfrutando tanto que se había acomodado, subiendo los pies a la cama, abriendo mucho las piernas, incluso apoyándose con las manos para tener mejor soporte y moverse adelante y atrás con mayor fuerza y rapidez.
―Maldito seas, Gideon… ―dijo ella apretando los dientes entre gemido y gemido ―si no me gustara tanto la forma en que me coges, te juro que te haría pagar por todo esto.
Y entonces, viendo que la baterista ya tenía tan bien dominada la posición G-man le soltó la cintura, para que sus manos fueran a parar más arriba, rumbo a los senos de la chica, atrayéndola más hacia él obligándola a quedar casi recostada encima.
Sintiéndose perforada profundamente cada vez con más violencia por el miembro duro de Gideon y viendo como sus pechos eran masajeados y oprimidos bajo las manos hábiles del chico, Kim echó la cabeza hacia atrás, abandonándose al enorme placer y a la rapidez del movimiento, con los ojos entrecerrados y la boca abierta, jadeando.
―Pero mira nada más que maravillosa vista tienes. No veras eso en ningún canal de TV ni página de internet, estoy seguro ―se rio el ingenio musical, llamando la atención de su novia de vuelta al espejo.
En él, Kimberly se veía a si misma siendo tomada en la posición más vergonzosa que jamás habría imaginado: las piernas gruesas aun enfundadas en las apretadas medias de red, con las rodillas flexionadas y calzados los bonitos tacones rojos. Las piernas muy abiertas donde su sexo recibía gustoso al pene de Gideon que no paraba de moverse, entrando y saliendo de ella mientras era bañado por los líquidos lubricantes de la pelirroja al tiempo que sus pezones desnudos, que apuntaban hacia el cielo negro, eran apretadas entre los delgados dedos de G-man.
―Graves… no podemos continuar así ―dijo entonces Kim tan excitada como exhausta, su corazón latía sin parar pero el resto de su cuerpo no dejaba de pedir más. ―¿Cómo esperas que funcione si no me dejas dormir siquiera? Tengo una vida, ¿sabes? Un trabajo y cuentas por pagar.
―Pero si tú ahora mismo estás durmiendo, mira.
La imagen del espejo se disolvió entonces, mostrándole a la baterista una imagen agrandada de lo que sucedía al otro lado, en su habitación. Con la lámpara de la mesita de noche aun encendida, Kim se veía a si misma acostada en su cama, usando aun su vestido blanco y negro de lolita, durmiendo.
Pero no parecía estar teniendo un sueño apacible, sino que por los gemidos que salían de su boca, la expresión de su rostro y la manera que tenía abierta las piernas y la espalda encorvada, daba la impresión de que estaba soñando algo… interesante por decir lo menos.
―¿Lo ves? Tiene sus ventajas que venga a verte en tus sueños. Mientras tu descansas, yo puedo darte estos lindos y emocionantes paseos y lo mejor es que no necesitas saber montar a caballo para montarme a mí ―sonrió G-man acelerando la velocidad de la penetración.
Ella ya no pudo responder nada más. El mundo se quedó en blanco una vez más y la sensación de que su mente se borraba de golpe y ella se quedaba sola en un mar inmenso de placer la hizo desvanecerse de la conciencia por un momento.
En ese mismo momento, en su alcoba, el cuerpo de Kim suspiraba satisfecha, después de tan tremendo orgasmo. Sus sabanas se habían mojado un poco, pero ella posiblemente no lo notara hasta la mañana. Sus sueños se tranquilizaron por un momento y talvez, solo talvez, Gideon la dejara dormir en paz un par de horas antes de que tuviera que levantarse a trabajar.
