Un año después...
Punto de quiebre en negocios
Es que se emplea para dejar patente que una industria o un negocio concreto se ha ido a la bancarrota al producirse una situación en la que la cantidad de dinero que adeuda es muy superior al capital que posee lo que supone que no pueda hacer frente a aquellos pagos.
Un año después...
Debió de haberse deshecho de Harley desde el principio.
No se suponía que esto estuviera pasando.
El auto púrpura del Joker surcaba las calles de Ciudad Gótica con una velocidad que dejaba a los transeúntes con los pelos de punta, aunque en sí, a su piloto le daba lo mismo.
El Joker sentía la sangre correr de la herida que tenía en la frente y la hemorragia nasal aún no se había detenido. Estaba seguro de que había perdido la sensación del hombro izquierdo, y que tenía por lo menos, tres costillas rotas, sin contar que tenía un diente flojo.
Sus manos se tensaron mientras apretaban el volante del auto con fuerza hasta que los nudillos perdieran irrigación sanguínea, la mano derecha tenía trozos de piel colgando. Tenía varios raspones y moretones en los brazos y piernas.
Maldita sea.
Todo iba perfecto, todo era perfecto.
Maldita sea.
Había escapado con un margen muy pequeño, y claro, con muchas heridas de por medio.
Todo estaba mal, terriblemente mal.
El Joker golpeó en múltiples veces el volante del carro con la mano derecha, provocando que el sonido de claxon sonara por las calles desiertas.
Joker hundió los dedos de su mano izquierda en su cabello haciendo un esfuerzo enorme por no arrancárselo de tirón. La ira latía sus venas suplicando un acto de violencia, pero se contuvo en su rechinando los dientes.
Nada de esto estaba bien. Pero pronto lo arreglaría.
Colocó ambas manos de nuevo en el volante de su auto y apretó los puños hasta que los nudillos se vieron blancos, acelerando a fondo sin importarle la temeridad de sus acciones.
Esto no estaba bien.
Las ruedas del auto se detuvieron frente a una callejuela oscura y sin vida. Era una zona poco transitada de la ciudad al ojo público. Un par de prostitutas estaban paradas en la esquina bajo una lámpara intermitente que estaba a punto de fundirse por el uso, y por la antigüedad de la bombilla.
La intrusión del veloz y colorido auto en aquella calle venía fuera del lugar para el entorno. Pero extrañamente y sin haber dado una señal algunos hombres se acercaron a él por una callejuela a un costado de un establecimiento de mala muerte. Como si lo hubieran estado esperando, como si supieran que él estaría ahí.
Curioso, no recordaba haberlos llamado, pero suponía que a estas alturas todo, absolutamente todo el mundo sabía lo que había pasado.
Se reclinó hacia atrás, tomó aire tres veces, inspiró y exhaló profundamente tratando de darse un poco de claridad pero nada de esto llegaba. Los accesos de frustración que no podía controlar suplicaban una salida. Su puño derecho hizo colisión repetidamente el volante del auto hasta que éste se venció. Era una mala suerte que este fuera su carro favorito y que no fuera un auto de los que había robado en la calle antes de salir.
El Joker abrió la puerta y una sonora y enfermiza música que provenía de dentro del auto vino a interrumpir la calma. Curioso, no había notado que el estéreo estaba encendido hasta ahora. Bajó del auto con movimientos tambaleantes.
Aquel lugar era uno de sus lugares favoritos. Unas letras brillaban en la oscuridad mientras que otras estaban fundidas, pero claramente se leían las palabras: "Sonríe y aguanta".
El viejo teatro le recordaba a sí mismo, a otro momento, a otro yo.
Al menos lo que parecía haber sido uno de los teatros más prestigiosos de los años cincuenta, cuando la antigua época de esplendor de la temporada teatral de Gótica era la capital del arte más prestigiosa del país. Esa clase de teatros de la época dorada, cuando grandes estrellas de cine se presentaban en los mejores musicales y las actrices de la época dorada de Hollywood comenzaban a hacer su debut en las grandes productores teatrales del país.
Una época maravillosa, cuando el blues y el swing daban ritmo a la prometedora propuesta que era Cuidad Gótica.
Antes de la gran depresión. Antes de que aquel esplendor quedara sepultado en una montaña de desesperación y deudas quedando únicamente como un recuerdo en el subconsciente de sus ciudadanos. Y que poco a poco era olvidado debido a la llegada de nuevas generaciones aterradas bajo la ola de pobreza y a los criminales que hicieron de aquella ruina los nidos de grandes cadenas de mafia y gánsteres.
El Joker no podía evitarlo, después de todo, tenía debilidad por la nostalgia. Actualmente tanto el teatro como su querida Ciudad Gótica, solo parecía recubierto por los residuos del gran hundimiento que había azotado la ciudad y no había permitido que nadie se recuperara de aquella ruina. Quedando únicamente con las ruinas de un antiguo éxito que era enterrado poco a poco por las nuevas generaciones.
Generaciones protegidas con el legado de Batman.
Porquerías.
El show debía de continuar, pensaba el Joker, limpiándose con la manga del antebrazo el chorro de sangre que le corría por el labio superior. Uno de sus hombres se acercó a él listo para recibir instrucciones. Lo más gracioso de la situación, era que no podía dar instrucciones porque la cólera que sentía era incontenible; repentinamente su puño hizo contacto en un gancho directo a su cara. El hombre cayó al suelo con un sonido sordo sosteniendo su nariz rota y ensangrentada en sus manos.
El muy idiota seguramente había perdido la nariz o la cara si se hubiera acercado un poco más al Joker.
Vaya, se sentía fabuloso, al menos eso había liberado un poco de tensión.
Debió de haberse deshecho de Harley desde el principio.
Un segundo hombre se acercó. El hombre era rubio y alto, cuadraba bien los hombros y sostenía su barbilla al hablarle. Seguramente eran tips que alguien le había dicho por ahí, le ayudarían a conservar su vida si quería trabajar para el Joker. Pero el Joker, no sólo valoraba la garantía de sus hombres en apariencia física, sino en efectividad.
"¿Dónde está?", masculló el Joker entre dientes.
El nuevo hombre dudó un segundo. Tartamudeo algo, y cerró la boca tres veces antes de siquiera emitir un sonido. Pero justo cuando iba a hablar se vio interrumpido repentinamente por el intenso dolor del gancho del Joker volvió a conectar con su cara derribándolo al suelo, solo que esta vez no se detuvo ahí. Una segunda patada directa a la ingle, provocaron un sonido agudo por parte del derribado..
Llevó sus manos a su cabello y respiro sonoramente un par de veces antes de darle una patada al hombre derribado en el suelo. No era muy útil después de todo.
Levantó la mirada, había tres hombres más ahí parados en el callejón oscuro y sin salida. No era necesario ver para saber que por lo menos dos de ellos, estaban temblando en sus rodillas y que por lo menos uno de ellos se había orinado en los pantalones, el olor a orines estaba fuerte en el aire.
Con una sonrisa de adorable culpabilidad que en otro tiempo había enamorado a una psiquiatra, el Joker levantó los hombros.
"Tartamudeaba demasiado" , Se dirigió al resto, el semblante juguetón que había tenido segundos antes se había esfumado como el aire mientras ronroneaba por lo bajo.
"¿Dónde está?" volvió a preguntar en un susurro.
Los tres hombres no hicieron ni un solo movimiento. El Joker, volvió a reír entre dientes.
"¡Nadie. En este maldito lugar, sabe dónde está! "gritó puntualizando palabra por palabra mientras echaba la cabeza hacia atrás.
Pero fue contestado con un silencio y sin recibir respuesta. Al parecer dentro del grupo de hombres ahí reunidos, había un valiente. Quizás por el hecho de que podría ganarse un par de monedas más al complacer al jefe o quizás porque quería probar su valentía un chico joven e intrépido se acercó al hombre.
"Está dentro señor", intervino el chico temblando.
El Joker se carcajeó mientras apuntaba su arma directamente a su cabeza. Sus ojos bajaron la mirada para darle un rápido vistazo a su pantalón, "Excelente chico, te mereces un premio", le dijo acercándose y susurrándole al oído. "Mejor cámbiate de ropa interior"
Rodeando al chico le arrojó unas llaves.
"El volante se rompió, lo quiero arreglado para el lunes en mi cochera o tu cabeza en mi mesa, tu escoges amigo", El hombre las atrapó en el aire mientras su jefe lo pasaba de largo.
El Joker se dirigió al tercero de los presentes, al único que no había hecho ni un solo movimiento y no había ni siquiera parpadeado. Se llevó una mano a la cabeza y hundió sus dedos en el alborotado cabello, se balanceó un momento en su lugar, mientras gruñía algo que no se alcanzaba a comprender, y se colocaba a centímetros de su rostro.
El hombre hizo un chequeo rápido del singular Príncipe payaso del Crimen.
El hombre que tenía en frente estaba lejos de ser el suave y galante guasón al que estaban acostumbrados. Su ropa era sucia y estaba destrozada, la sangre manchaba todo centímetro de ella posible y junto con los agujeros, dejaba ver un curioso cuadro al estilo de Picasso. La costosa camisa de vestir blanca era irremplazable.
Trozos de lo que había sido una gabardina de un intenso púrpura brillos estaban despedregados sobre sus hombros y se movían con el balanceo de su cuerpo. Los pantalones estaban llenos de lodo y rasguños que no iban a poder ser remendados.
Las cadenas y adornos que usualmente cubrían su cuerpo estaban ausentes, el cabello que usualmente siempre conservaba impecable estaba demasiado desaliñado, enredado parecía haber perdido el vigoroso verde y ahora se veía como hilos de paja. La sangre seguía corriendo de su nariz y su frente.
Los ojos, rodeados de unas aún más profundas ojeras, estaban inyectados en sangre y perdidos en las profundas cuencas de su cráneo, perdidos los irises y las pupilas en la oscuridad, solo se veían destellos, quedando únicamente como rendijas blancas que se movían de un lado a otro vagando en alguna parte.
Decir que el Joker era un desastre sería una mentira. Era un asco.
El hombre, muy a pesar de sus observaciones, no perdió el momento en el que el Joker le hiciera una señal para que lo siguiera, pareció dudar un momento, el Joker volvió la mirada y la cruzó con la de él; era una amenaza. El hombre no dudó más y lo siguió a través del callejón.
"¿Quién es él?", preguntó uno a sus espaldas.
"¿No has oído?, él es Johnny Frost", contestó otro susurrando.
"Creí que había muerto".
"Casi"
Johnny Frost les lanzó una mirada por encima del hombro. Los dos hombres restantes callaron al ver la enorme cicatriz, roja y palpitante que lucía Johnny Frost en la mejilla izquierda. Un haz de luz alcanzó a iluminar lo que era una peculiar letra "J" tatuada con tinta negra sobre aquel asquerosos revoltijo de carne roja y palpitante.
Un aire frío cubrió el ambiente
De los dos hombres que habían quedado vivos y en pie, Johnny no los oyó hablar más.
Mientras Frost lo seguía de cerca a través de lo que eran unos intricados pasillos dentro del viejo teatro, el Joker no pudo evitar observar la extraña tranquilidad con la que estaba siendo recibido.
Un giro a la izquierda y un giro a la derecha, entrando a una enorme sala que en otros tiempos había sido la sala principal donde se proyectara el acto estelar. El Joker lo había renovado las butacas que habían sido removidas y colocadas de forma que dejaran espació a las pistas de baile, mesas y las jaulas que colgaban del techo. Había un par de desniveles a ambos costados de la salón, uno en el que estaba un costoso equipo de música y un panel de control para los reflectores y del otro lado una barra decorada con colores neones.
Los palcos habían sido transformados en pequeñas salas y conectadas unas con otra en un segundo piso, dando al abierto ambiente nocturno un aire laberintico y de privacidad en el que usualmente las personas peligrosas que rondaban la zona se pudieran perder en la oscuridad. Era uno de los clubes nocturnos más exitosos del bajo mundo por la circulación libre de drogas ilícitas y sustancias alcohólicas prohibidas, no pasaba un día en el que en el club no estuviera lleno a tope.
Singularmente, aquella noche a pesar de ser una hora avanzada de la noche, el club no estaba siendo ajetreado por las hordas de clientes demandando alcohol, baile y desenfreno.
No había más que un par de reflectores de luz roja encendidos, los cuales iluminaban las barras de luces neones que decoraban el lugar, las cuentas del cristales de las jaulas, las pieles que habían sido renovadas de las butacas, la decoración de oro. El conjunto le daba un tinte casi rosado al ambiente.
Pero evidenciaba una pobre asistencia aquella noche. Los únicos presentes eran sus hombres, los cuales tomaban un trago sentados en la barra mientras que otros jugaban cartas en una mesa en una esquina, el aire pesaba a humo. Nadie querría estar ahí en aquel momento, seguramente todos habían oído de lo sucedido y sabían que sus cabezas estaban en juego si se quedaban en la fiesta aquella noche.
El Joker no pudo evitar pensar que definitivamente la noticia de lo que había sucedido aquella noche se había corrido, un repentino silencio inundó el aire al verlo llegar, la tensión subió en el aire. El Joker quiso reír; tan rápido viajaron las noticias ya que todos tenían temor, y eso que no tenían idea de lo que en realidad había sucedido allá.
El hombre en el bar dejó de encerar la barra y se detuvo a mirar la llegada del Rey. Los chicos bajaron sus cartas, los demás bajaron sus Martini, paró el polvo blanco y uno que otro detuvo su coqueteo con las bailarinas que trabajaban en el lugar. El aire se corto, todas las mirada caían sobre él y ni siquiera la animada y tormentosa música podía alterar el humor que se había instalado nada más llegar.
Un vaso de líquido ambarino lo esperaba en la barra, se acercó y lo tomo con desgano.
El Joker avanzó por entre las colillas de cigarrillo en la alfombra sin poner atención a quien se quitaba de su camino, hasta llegar en dónde en otro tiempo había sido un escenario, subió unas escaleras hasta el segundo nivel permitiendo que el fuerte olor a vodka derramado le quemara la garganta y le quemara la garganta. Giró en una esquina y supo que había encontrado lo que había venido a buscar.
Lo que en otros tiempos había sido el palco principal, había sido remodelado en lo que era su palco personal, al centro y sobre todo el club podía observar a los que estaban abajo. Una amplia sala privada donde disfrutaba de privacidad, negocios y un poco de placer carnal.
Suyo. Su trono.
Johnny se colocó tras él en la puerta, no emitió ningún sonido, pero sentía a sus espaldas cómo este se había tensado nada más ver la escena frente a él. Los bajos de la música retumbaron en sus oídos, la ira reprimida se le incrustó en la piel. La sangre, los moretones, los raspones, todo dejó de importar repentinamente. La furia roja se volvió lo único que podía pensar; esta no era una buena broma.
Debió de haberse deshecho de Harley desde el principio.
Esta era una mala broma.
Pésima.
La peor.
Entre el rojo, veía flashes de cabello sedoso y rubio; dos colores, rosa y azul. Vestido corto, adornado de diamantes de pies a cabeza rubia que se perdían en metros de aperlada piel al descubierto. Harley estaba sentada en su silla.
Mejor dicho sentada sobre alguien.
Un asqueroso cerdo que se había desabotonado la camisa, sudoroso, sonrojado y con una protuberancia que sobresalía de sus pantalones. Los largos brazos de Harley tomaban a aquel desconocido por el cuello, sus pechos se restregaban sobre la tela de la camisa de él. Con el vestido arremangado en la cintura, moviéndolas tentadoramente al compás de la música, mientras se estrechaba y susurraba cosas al oído del desconocido.
Como en una pesadilla, entre los flashes, Harley levantó la mirada. Sus interminables ojos azules se cruzaron con los de él, y una sonrisa blanca y hermosa se abrió paso en su rostro. Era una sonrisa encantadora, de lado a lado, amplia, brillante, tentadora...culpable.
Culpable.
Venenosa.
"¿Te gustó mi sorpresa Puddin?", preguntó Harley con los brazos aún alrededor del soquete.
El Joker sonrió dejando ver su metálica dentadura.
Arrojó la cabeza atrás y aspiro sonoramente, mientras que una serie de contracciones se apoderaba de su tórax, su pecho subía y bajaba rápidamente. Un sonido desgarrador rompió el suspenso, era como el sonido de las uñas en la pizarra.
Perturbador.
Las carcajadas fueron subiendo de tono, eran profundas, pesadas y abrasadoras. La música se detuvo, el aire se volvió frío. El sonido se convirtió en un aullido nasal, mientras el Joker echaba la cabeza hacia adelante.
Era curioso...se sentía como si fuera a...perder la cabeza.
Cerró los ojos un segundo, y al siguiente estaba justo a un lado del par. Sus músculos tensos y mallugados cobraron vida sin dificultad. Las carcajadas no paraban mientras hundía los dedos en el cabellos de Harley y la arrojaba al suelo con una fuerza que no era normal para alguien en su estado.
El hombre en la silla se levantó rápidamente, el movimiento brusco provocó que los pantalones, los cuales carecían de cinturón, cayeran al suelo en un acto casi cómico. Ambos brazos levantados a la altura del pecho, las manos temblando de pánico mientras el Joker daba un paso más cerca y se clocaba frente a él.
"Lo...siento jefe", murmuró con la mirada inyectada en terror, "yo...no quería... "
El Joker tomó otro paso en su dirección, levantó una mano y la colocó detrás de su propia oreja haciendo un ademán exagerado de pregunta.
"¿Qué dices Chuckie?, no te escucho" preguntó risueño.
"Yo n-no...quería...ella me obligó", dijo apuntando a una Harley tumbada en la alfombra la cual en lugar de estar preocupada parecía extrañamente complacida por la situación, y enrollaba un mechón de su pelo en un dedo divertida.
El Joker paró de reír, era cómico, era casi cómico, tan cómico, que era una terrible broma que Chuck, uno de sus hombres, decidiera que estaba bien manosear a su novia en su ausencia. Era una broma aún más mala que lo hiciera cuando lo había capturado en el acto, y aún peor que lo hiciera mientras sus pantalones formaban una halo a sus pies y su erección aún no había desaparecido siendo presa del pánico. Repentinamente, su puño hizo colisión directa con su estómago. Una, dos, tres, cuatro veces, una lluvia de golpes directa al rostro. Los flashes de rojo no se detenían y los flashes de claridad solo veía a sus manos llenándose aún más de sangre. Chuckie no emitía más que débiles gemidos, uno tras otro, golpe y golpe que no se detenía ni siquiera cuando sus músculos comenzaron a quemarle por la tensión la que los estaba sometiendo.
Un sonido burlón a sus espaldas lo hizo detenerse, la risa juguetona, casi soñadora. "¡Boom!, ¡Boom! enséñale quién eres Puddin´", una cascada de risas que parecían campanillas.
El Joker sacó su navaja del bolsillo de su camisa, un perfecto instrumento letal con un mango tallado en púrpura, y un filo peligroso. Hundió las manos en la ropa interior de Chuckie, sacó su miembro al aire, y de un corte limpio lo extrajo. Por un segundo el grito de Chuckie inundó sus oídos, provocando una sensación de tranquilidad, la herida comenzó a escupir sangre manchando el suelo.
Respiró un par de veces agitadamente e hizo una señal a Johnny que se acercó para retirar el cuerpo de un aterrorizado Chuckie. "Romeo aquí necesita tratamiento médico Frost, lo quiero vivo y en la Ha-hacienda", piso un trozo de carne en el suelo provocando un sonido esponjoso, "Esto ya no lo va a necesitar".
Frost se llevó el cuerpo tembloroso de un aterrorizado hombre, seguramente delirante de que había salido vivo y que el Joker no lo había matado, pero Johnny sabía mejor que eso. Sabía que la única razón por la que el Joker lo quería en la Ha-hacienda era porque lo iba a torturar aún más. Johnny había sido testigo personal el último par de meses, de cómo uno tras otro, caían varios hombres en los pervertidos juegos de Harley y de cómo estos conocían su final a manos de su novio celoso.
En otro tiempo, sería normal, pero no ahora.
En otro tiempo el juego que habían jugado esta noche terminaría en besos desenfrenados en la parte trasera del auto y él cómo el chofer que los llevaba de regreso a la Ha-hacienda.
Pero este juego se estaba volviendo enfermizo. Aún más de lo acostumbrado, esto se estaba saliendo de los límites, y ya ni siquiera la locura sería suficiente adjetivo como para describir la putrefacción y asco del que estaba siendo testigo ahora. Ya no hablaba de los cuerpos que tenía que limpiar, sino de su jefe y de su novia.
Cada vez era más evidente de que algo se estaba cayendo.
Johnny no pudo más que desear que todo volviera a lo que había sido antes, mientras cerraba la puerta detrás de sí.
Hundidos bajo los reflejos que se colaban de la luz del exterior el Joker se quedó quieto observando a Harley desde su altura. Las energías le habían abandonado, pero la ira aún no se desprendía de él.
Harley lo miraba con una ademán coqueto. El vestido aún alrededor de la cintura y una bomba de bomba de mascar tronó en el aire.
En otra ocasión, años atrás, esto habría sido la excusa perfecta para arrojarse sobre ella, desvestirla y hundirse en las profundidades de sus cuerpo. El juego de celos que tenían era uno de sus preferidos. Harley lo llevaba al borde, verla entregarse a otro jugando con su lado más posesivo lo volvía loco, sus pupilas se dilataban, su corazón se estremecía, su lujuria salía volando por los cielos.
Era como pararse frente al precipicio sin ninguna seguridad y dejarse caer.
La muerte venía después. El Joker no se habría imaginado antes que matar en compañía de alguien era tan estremecedor, o que sería una experiencia tan erótica. Pero cuando lo hacía con Harley, era intoxicarte verla despedazando ayudándola en los detalles, compartir besos sangrientos entre corte y corte.
Nunca lo podía soportar demasiado tiempo antes de terminar sobre ella o con ella sobre él.
Pero eso era en otros tiempos.
Cuando sabía que Harley no se entregaría a nadie más que él, pero ahora, ahora ya ni siquiera estaba seguro de eso. Estaba seguro que de llegar un poco más tarde, quizás la hubiera encontrado montada sobre Chuckie con su miembro enterrado en ella. Hasta ahora lo único que la había detenido de hacerlo había sido Frost quien la detenía de cometer un tontería como esa o él. Ni siquiera estaba seguro de que no lo hubiera hecho mientras estaba con Ivy y él no podía vigilarle.
El Joker viró su vista y vio una visión muy familiar estos días.
Una botella en el suelo.
Ella tenía prohibido tomar, pero ahora había siempre una botella cerca de donde estaba ella. Cuando caminaba por ahí y veía los restos del cristal. Los chicos se echaban la culpa por miedo, diciendo que habían sido ellos y que descuidadamente la dejaron por ahí. Incluso Frost, a quien nunca le había visto tomar nada decía que las botellas le pertenecían.
Pero él sabía la verdad.
Y no podía culparla, quizás la mitad de esas botellas también eran de él.
Esto se estaba cayendo.
Esto se había salido de control.
Debió de haberse deshecho de Harley desde el principio.
El Joker juntó ambas palmas de las manos y señaló a Harley con el dedo índice. "Tú no finjas demencia"
"¿Huh?, ¿De qué hablas bebé?", Harley no hizo ningún movimiento y siguió quieta en su lugar.
Una bofetada. Dos. Tres. La tomó de los cabellos. La levantó hasta que quedaron al mismo nivel.
"¿Acaso no te gustó mi regalo?", preguntó ella.
Otra bofetada.
"Echaste a perder horas, días de trabajo. Lo arruinaste con tus patéticas manos y tú inepto cerebro", golpe, "Y luego te encuentro nuevamente con otro imbécil retorciéndote frente a él, ofreciéndole el cuerpo que es mío".
La mirada de Harley mostraba una expresión completamente inocente. Pero detrás de esta pantalla estaba una culpa, decepción...terror.
Alivio.
Harley se había perdido en las profundidades de esos bellísimos ojos azules y lo que era peor; ni siquiera la doctora podía recuperarla.
"Vámonos", le ordenó el Joker sin paciencia.
No supo cómo pero la arrastró todo el camino hasta la salida, a bofetones y a jalones hasta subirla a una camioneta en la que Johnny los estaba esperando.
Ella no hizo ningún comentario, no se defendió, no le devolvió los golpes como lo habría hecho en otro tiempo.
Cuando él estaba loco por ella.
Harley se mantuvo inerte aceptando el castigo hasta que regresaron a la Ha-hacienda.
Harley era una perra. Una maldita desgraciada, zorra estúpida. No era nadie. Ya no era nadie.
Estaba enfadado con ella.
Ella, ella, ella.
Lo había arruinado todo.
Vaciar los químicos en los suministros de agua de Ciudad Gótica sólo era un pretexto. Bats vendría corriendo en el momento en el que supiera del cargamento que salió desde las bodegas hasta el puerto, sabía que llevaba semanas siguiéndole la pista, sus pistas.
Pistas que había plantado cuidadosamente, una por una con el solo y único objetivo de que él, le siguiera la pista hasta el acto final. Al momento clave en el que Bats se diera cuenta de que era una pantalla.
Podía imaginarlo en su mente.
La increíble batalla en la que neutralizaría a sus hombres, los ataría en un costado de la camioneta, iría a la cajuela, seguro de sí mismo, listo para rescatar a los honorables ciudadanos de Ciudad Gótica de un triste destino de morir intoxicados por venenosos químicos solo para darse cuenta de que, ¡La fiesta no estaba ahí!.
La fiesta estaba en la plaza Central donde en Joker estaría en persona, tendría máquinas preparadas para rociar gas de risa a todos los presentes. Pero ya sería muy tarde como para poder llegar a tiempo.
No habría ningún contra tiempo. Y en caso de que Bats pudiera darse cuenta y volver a tiempo habría una enorme fiesta. Él reiría de felicidad, golpes por todos lados, Bats corriendo en círculos buscando atinar un golpe certero.
¡Siempre era tan entretenido ver los intentos de la rata voladora por regresarlo a Arkham!
Era un juego que quería jugar por siempre.
Pero nada de eso había sucedido.
Una noche de fiesta totalmente arruinada.
Había llegado a la bodega, al almacén donde guardaba la carnada para cazar a Bats, ¿Y qué había encontrado?, ¿Mnh?.
A su mejor amigo Bats.
Y no como siempre, no.
Bats colgado de una polea del techo. Colgado de cabeza con los brazos atados, una mordaza en la boca. Su máscara cubría su cara y solamente conservaba la parte inferior de su armadura. No veía su afamado cinturón y no solo eso, sino que pendía de un tanque enorme de pirañas salvajes y hambrientas.
No tardó en darse cuenta de que en el tanque , las pirañas tenían marcas de colores rojos y negros, dándole una pequeña pista. Había una botella de soda vacía en una mesa próxima, y por si aquello fuera insuficiente para saber quién había cometido semejante acto. Una enorme manta colgada en el techo dejaba en claro al autor de aquel desastre.
En la manta había escrito con aerosol en letras rojas un pequeño letrero que leía "Felicidades Puddin", seguido de un garabato con cuatro rombos en disposición de diamante.
El Joker no cabía en sí mismo al darse cuenta de quién se había atrevido a arruinar uno de los más elaborados planes que había maquinado durante casi un año. Flashes de las horas y noches en vela en las que pasó planeando hasta el más mínimo detalle; la composición del gas venenoso, la ruta perfecta entre un punto de la ciudad y otra, el desfile, los hombres que utilizaría para la redada.
Todos los detalles que dependían de una perfecta coordinación entre él y el murciélago. Todo tirado a la basura.
Verde de ira se aproximó al tanque de cristal en donde una nota estaba pegada en el vidrio.
"Hola Pud', si estás leyendo esto quiere decir que ya viste lo que pasó con nuestro amigo Batsy.
Me tomé la libertad de explicarle los detalles de tu plan y mantenerlo quieto de la emoción.
Espero que te guste mi regalo y ambos se diviertan jugando mucho.
Besos, Tu Harley Quinn. XOXO"
No pudo pensar claramente después de eso. Harley Quinn se había encargado ella sola de tener a Bats colgado a su merced, se había tomado la libertad de explicar cada uno de los detalles de su plan echándolo a perder. Harley se había encargado personalmente de tomar su trabajo y pisotearlo regándolo por el suelo sin tener consideración alguna por él.
El Joker se habría esperado semejante movimiento de cualquiera antes que de Harley. Cualquier otra persona lo hubiera hecho menos ella. Porque aquel acto, era deliberado, era una declaración directa de que lo había hecho a propósito. Este no era ninguno de sus planes inútiles por obtener su aprobación.
Esto era un acto intencionado de desobediencia, y no solo eso, sino que se jactaba; el letrero enorme que pendía de su cabeza era un burla para él.
Era como si ella se estuviera burlando de su inteligencia.
Esta broma no era divertida, esta broma sólo era divertida cuando él lo hacía. No cuando la idiota de Harley lo hacía.
El acto en sí le parecía tan estúpido, que le costaba aceptar que ella era la autora de semejante tontería. Sólo podía ver rojo de la ira contenida que sentía, la impotencia, el enfado la locura se juntaron frente a sus ojos.
Con un movimiento rápido bajó a Bats de su confinamiento solo para ser recibido directamente por una golpe en la cara por parte del murciélago. Puñetazos, batarangs, pistolas y balas volaron entre uno y otro en una lucha cuerpo a cuerpo por el dominio de la situación. Sólo que esta vez los golpes del Joker eran salvajes y poco controlados a comparación de como lo solían ser de manera regular.
Casualmente Batsy se mantuvo al margen, el Joker no se permitió hablar ni siquiera una sola palabra para referirse a lo que había pasado con Harley. Se mantuvo riendo como loco incluso cuando Batman tuvo el control de la situación y lo arrojaba de un lado a otro sin misericordia.
Era fascinante ver como aquella mole negra azotaba al hombre delgado y febril mientras la sangre se derramaba como si fuera agua. La lucha no era igual, Batman siempre sería ganador en una pelea cuerpo a cuerpo sin importar cuales fueran la habilidades del Joker.
Hasta que el pequeño mocoso de Robin apareció interrumpiendo la diversión de los adultos, como un aviso de que el Joker debía alejarse de ahí lo más rápido posible, pues en las condiciones en las que estaba, dudaba que pudiera hacerle frente al murciélago y al pajarillo de una sola vez.
A penas y pudo escapar en su auto favorito de la escena, no sin antes dejarles al par, un regalito explosivo, del cual estaba seguro, saldrían ilesos en un abrir y cerrar de ojos, pero al menos los mantendría ocupados liberando civiles de las llamas el suficiente tiempo como para alejarse del radar de la rata voladora y su molesto acompañante; el niño estúpido.
Había escapado con un margen muy pequeño, y claro, con muchas heridas de por medio.
Todo estaba mal, terriblemente mal.
Ella ya no era la misma.
El Joker anhelaba internamente que ella hiciera algún movimiento mientras la llevaba a rastras por las escaleras, pero solamente se reía. Se reía con una risa falsa, un sonido sordo que inundaba sus venas y no lo dejaba tranquilo.
Necesitaba una amenaza, un golpe, una señal de que Harley seguía ahí.
Pero Harley estaba perdida.
"Creo que no te gustó después de todo", murmuró débilmente con la mirada fija en el suelo.
El Joker suspiró. Este era el final de otra de esas noches.
Otra de esas noches; tediosa, apagada, tormentosa...extraña. Podía dejarlo ir, ignorar las botellas en el suelo, ignorar a Chuckie en el sótano de la Ha-hacienda, cerrar los ojos, ir a dormir con el cuerpo de Harley cálido junto a él. O podía seguir peleando hasta que ambos explotaran y Harley se fuera a vivir una semana con Ivy, para que, al cabo de ése tiempo ella volviera arrastrándose de nuevo y repitieran lo mismo.
Una vez.
Otra vez.
Y otra vez.
Como lo venían haciendo el último año.
El Joker miró al techo y suspiró pesadamente, lo iba a dejar ir.
"Debiste de haberme dejado tranquilo Harley", rechinó entre dientes.
"¿No te gustó que te dejara con Batsy?, creí que te gustaría fornicar con él, sé que te encanta coger con él más que conmigo", tosió, "Seguro te la metió tal y como te gusta".
No era la primera vez que oía ése insulto, muchos en los medios hablaban de que él tenía una atracción romántica hacía el murciélago, pero se equivocaban, su relación con Bats era de otra índole.
Sin embargo, escuchar aquellas palabras de parte de Harley activaron un switch en su mente que no sabía que existía. No era la primera vez que Harley lo insultaba, frecuentemente en sus peleas había lanzado insultos a diestra y siniestra que eran contestados por su lado igualmente.
Pero esta era la primera vez que oía que Harley realmente creía lo que decía. Parecía estar realmente convencida de que él y Bats sentían atracción carnal, como si las noches en las que habían pasado el tiempo zambulléndose con el aroma uno del otro no existieran.
"¡Suficiente, estoy harto!", gritó empujando la al suelo y sacando su pistola de su funda. Harley estaba desparramada en el suelo, el vestido formaba ángulos curiosos alrededor de su cuerpo, y sus manos a cada uno de sus costados, extendidos.
Ambos se miraron. Harley tenía ojeras profundamente marcadas en los ojos, una expresión cansada, los ojos rojos, el maquillaje corrido, un hijo de humedad corría por el filo de su boca y su mejilla donde estaba su corazón tatuado infamada por los bofetones recibidos.
Apretó la culata de la pistola en su mano empuñándola hasta que sus nudillos se volvieron aún más blancos de lo que ya era, su dedo en el gatillo se tensó.
Podía ponerle fin a esto.
Podía deshacerse de todo este desastre si jalaba del gatillo.
El Joker iba a matarla, eliminarla de una vez por todas y deshacerse de todas aquellas inconveniencias indeseadas que ella había traído consigo. Todas esas sensaciones que le daban la importancia a su relación con ella.
Era la solución. El final a esta porquería, al hastío.
Harley, se rió suavemente. Era un murmullo deliberado una risilla que sonaban como campanillas en medio de la nube de rabia que se apoderaba de su cabeza. Harley irguió su barbilla orgullosamente y elevó el pecho del suelo incorporándose en sus codos, levantó su dedo índice colocándolo en su labios.
"¡Shhhh Puddin', despertarás a J.J y me costó mucho trabajo hacerlo dormir!".
Una pausa, ningún sonido entre ellos.
Joker estaba mudo, no podía hacer ningún ruido. No ahora. Sus ojos viajaron hasta dónde Harley tenía puestos los suyos.
La puerta continua a la de ellos, una puerta decorada con vívidos colores azules y diamantes enmarcaban un par de letras que leían "J.J".
Bajó el arma. No podía.
Harley se carcajeo tapándose la boca con ambas manos.
El Joker resopló con fuerza mientras la tomaba bruscamente del brazo y la levantó. Harley se puso de pie con mucho esfuerzo en los tacones de vértigo a los que estaba acostumbrada. Sin esperar a que ella retomara su equilibrio jaló de ella y la llevó dentro de su habitación, cerrando la puerta con llave.
No tenía caso.
Harley avanzó en la habitación sorteando los objetos que había despedregados en el suelo. Colocándose en medio de la habitación, se giró para darle cara. Soltó otra risa deliberada.
"¡Boo, boo!", hizo un puchero. Se burlaba.
Había que razonarlo con cuidado, Harley lo había arruinado todo. Había echado por la ventana meses de trabajo, de planeación de desvelos. Había estado revolcándose con cualquier sujeto con el único objetivo de provocarlo, de arrebatarle la satisfacción de saber que era suya.
Porque Harley.
La muy idiota creía que tenía poder sobre él.
Dominio. Autoridad. Influencia.
Creía que su deseo extremo por ella lo había hecho rendirse.
Creía su deseo se había vuelto su entrega, que su entrega se volvía poder.
Soltando un gruñido gutural el Joker se acercó a ella con pasos agigantados. "Esta vez llevaste tus jueguitos demasiado lejos Harls"
"¿Lo hice?", levantó una ceja seriamente.
"¡Estoy hablando en serio!", gritó marcando cada palabra.
"¿Serio?, ¿Qué tan serio?, ¿Mph?, no te gustó mi regalo"
El Joker apretó sus brazos con ambas manos clavándole las uñas en ellos ocasionando que marcas rojas rodearan la piel al instante. "Echaste a perder una de mis bromas Harley, y sabes que no me gusta nada eso. Regreso y te encuentro con Chuck. Ya estoy harto."
"¡Oh, no te gusto!"
"¡Compórtate de una buena vez perra!". Una bofetada. Dos.
El Joker esperaba un impacto. Harley se quedó quieta, un hilo de sangre corría por su labio.
"¿No te lo dijo Batsy?"
Silencio.
Harley murmuró algo inentendible.
El Joker se inclinó más para oírlo.
"No te dijo que yo me acerqué más a matarlo más de lo que tú lo has hecho en toda tu vida", murmuró explotando en risas.
El Joker se quedó frío, esta era la broma.
Una muy mala.
Otra bofetada que la arrojó al suelo. Se detuvo justo antes de que su pie colisionara con su abdomen. Esta era la noche. Iba a ponerle fin a todo esto. A éste estúpido ciclo vicioso que no hacía más que repetirse una y otra vez día tras día.
Por primera vez en meses lo vio claramente. Esta mujer frente a él solo era un cascarón. Ya no había emoción ya no lo provocaba igual, ni siquiera estaba seguro de que a ella le importase.
Ya no era más el Rey y la Reina de Ciudad Gótica, todo había terminado.
Era la hora de decirle adiós a Harley Quinn.
Aunque Quinn ya había dicho adiós hace mucho tiempo, este cuerpo vacío ya no era nada más que cenizas.
Empuñó su arma nuevamente, apuntó a su bella cara.
No era como lo había planeado hace años. Hace años había planeado asesinarla con su navaja favorita enterrada en su corazón, lo extirparía y lo sostendría en sus manos abriéndolo con sus dedos para ver, qué era lo que Harley guardaba ahí. Quería verlo en carne viva, quería saber por qué ella decía amarlo tanto, decía que era suya. Quería saber si la respuesta estaba ahí.
Pero ya no serviría de nada, porque ahora estaba seguro que no encontraría nada.
Se arrodilló frente a ella, Harley colocó ambos brazos extendidos a sus costados, espalda en el suelo. Parecía la foto de una crucifixión.
No era lo planeado, pero cuenta con Harley para hacer éste momento memorable.
Estaba listo para jalar el gatillo, cuando su mente lo asaltó nuevamente con las sensaciones de perdición que había experimentado tiempo atrás. Cuando Harley no estaba.
La sensación de estar perdido.
La soledad.
Los ojos de ella le rogaban que lo hiciera, que terminara con todo de una buena vez. Su consuelo estaba en la muerte.
Hubo un leve temblor en su mano. Harley sonrió soltando un resoplido fugaz.
"¿Sabes una cosa Puddin'?, tu falla fatal es que eres demasiado sadista como para terminar el trabajo. Has tenido tantas, tantas, oportunidades para terminar el trabajo, pero prefieres verme sufrir."
Harley tenía razón.
El Joker arrojó el arma a un lado y llevó ambas manos a sus ojos tallarlos con fuerza en un gesto de cansancio.
"Cállate Harley", murmuró entre dientes.
"Callarme...callarme", repitió Harley haciendo eco de su voz en su cabeza. Su sonrisa se desvaneció, las lágrimas comenzaron a correr libremente por las comisuras de sus ojos. Trató de contener el nudo caliente que se abría paso en su garganta.
Las palabras del Joker habían abierto algo que había estado ahí desde hace mucho tiempo atrás y estaba siendo liberado en sollozos, uno a uno sin poder hacer nada para evitarlos.
Había evitado derramar una sola lágrima frente a J en todos esos meses, pero ahora no le veía sentido a seguir ésa charada. Era curioso, como dos personas que abogaban siempre por la liberación de el verdadero ser, mientras que Harley se había guardado a sí misma durante todo este tiempo.
Una corriente de energía eléctrica sacudió su cuerpo con fuerza, repentinamente su cuerpo agobiado y cansado se revitalizó. Su puño viajó, antes de que pudiera tomar conciencia de sí misma ya había colisionado con la mejilla de J sin poder detenerlo.
Una sonrisa se asomó entre los labios del Joker estaba tan sorprendido y solo pudo quedarse quieto.
"Callarme...", repitió nuevamente entre lágrimas que nublaban su visión, "Callarme es lo único que he hecho todo este tiempo...soportando toda esta...esta basura"
Harley se incorporó poco a poco, mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano.
La mano del Joker viajó e hizo contacto con la cara de Harley al tiempo que con la otra le jalaba el cabello, desestabilizando a la chica, "Escucha rubia estúpida..." murmuró entre dientes, "He hecho todo por ti, te saque de esa aburrida y monótona vida en la que estabas sumergida en Arkham. Te mantuve conmigo, te acepte, te hice a mi imagen y semejanza. Te busqué hasta los lugares más recónditos del planeta, te traje e hice mi Reina. Joyas, dinero, fama, fortuna. He hecho cualquier cosa por ti... te lo he dado todo, todo lo que has podido desear, todo"
Esas palabras hicieron la reaccionar, la rodilla de Harley chocó sin piedad en su estómago haciendo que él se doblara de dolor, el Joker cayó al suelo sin fuerza. Normalmente esto no hubiera bastado para derribarlo, pero estaba demasiado agotado, todos los eventos de la noche lo habían drenado, además, parte de sí mismo estaba estática al recibir aquellos golpes, era un fragmento de Harley, de la Harley que había considerado muerta.
"¡No todo!", gritó Harley en un ruido agudo, chirriante que le heló los huesos, "Rey estúpido, es hora de que tú escuches...lo único...", las lágrimas le cortaron la voz, "¡Lo único que he querido...no me lo has podido dar...ni siquiera intentando!", gimió Harley derrumbándose en sollozos, sus puños chocaron débilmente con su pecho. Uno a uno.
Las palabras le cortaron el aire.
Era la primera vez que ella lo decía.
Que le daba voz a los pensamientos de ambos. Era hacer notar al elefante rosa en medio de la habitación. Estaba ahí, en medio de ambos y el Joker lo odiaba, lo odiaba, no quería saber de él, no quería oírlo. Deseaba con todas sus fuerzas se muriera, que pudiera asesinarlo, pero no se puede asesinar a una idea.
La cabeza de Harley se hundió en su pecho, mientras seguía sollozando lágrimas cálidas, "No escuchas J, abre bien los ojos..."
Ambos suspiraron. El Joker echó un vistazo. El suelo de la habitación estaba llenó de objetos; tabletas, cartas, cuchillos, balas, zapatos, ropa de bebé, monedas. Y junto a la cama estaba la caja color rosa que ya le era familiar. Había visto una cada mes del último año, y sobre la caja; con cuidado, estaba clocado un palito de plástico.
No necesitaba acercarse para saber qué era ó que decía. De antemano, ya sabía que lo único que quería decir aquel objeto, era la negación de los más grandes sueños de Harley.
Y tal vez también de los suyos.
Hola!, ya sé que me tarde demasiado en actualizar, tenía esto escrito de antemano, pero era un desastre. Todo estaba horrible y mal redactado, estoy segura de que parte de esto sigue igual que antes, pero ya no sé qué más hacer. Es un tema que jamás había tratado, y no he leído ni visto mucho sobre él, a eso súmenle que estamos hablando del Joker y Harley. Solo sabía que los quiero hastiados y en el borde, pero eso no salio muy bien tampoco.
¿Si se entiende lo que esta pasando o de plano lo escribi fatal?
Bueno, esperemos a ver como sale esto, uno más y concluimos.
