Veamos...
Por fin tengo tiempo de subir el cuarto capítulo... Ni se imaginan todas las cosas que tengo que hacer... y se acercan los Parciales de la Universidad y... Mejor ni lo pienso ahora...
Quiero agradecer a Yui H. y a Richard Letters por sus reviews, me hacen animar el espíritu para poder continuar con todo esto...
Calculo que serán a lo mucho dos capítulos más. Tenía ganas de escribir algo relativamente corto... Sin historia muy longeva ni trama infinita...
En fin, espero que sea de su agrado, lectores...
Disclaimer : Vocaloid y sus Pjs no me pertenecen en ningún sentido, solo escribo por diversión, sin ánimos de lucrar... para nada...
Escúchame bien...
En cierto modo agradeció el haber bebido tanto, ya que en el momento, no dolían tanto los impactos de los puños del más alto.
Al ver eso, la muchacha de cabellos rosados, no lo soportó. Se libró como pudo del agarre de su amiga y corrió hacia él. No podía estar pasando, no podía estarle pasando eso por su culpa. Desesperada, empujó con todas sus fuerzas a Kuiko, ayudada por el impulso de la carrera, haciéndolo caer al suelo. Meiko, al notar que no podría hacer nada ante la desesperación de su amiga, se acercó a Kaito y ayudó a que se incorpore, notando que no estaba muy bien que digamos.
- ¡NO, LUKA, VETE! – gritó el de cabellos morados, librándose del otro al darle con la cabeza hacia atrás. Se acercó a la chica, quien le hizo daño por tan fuerte que se aferró a él, al rodearlo con sus bracitos, pues su cuerpo estaba ya en malas condiciones por la golpiza.
- No… m-mi… culpa… - decía con voz entre cortada. Las lágrimas escapaban de sus ojos, haciendo que se vean aún más azules. El mayor la observó, compungido, por verla de aquel modo. Y la rodeó con sus brazos al sentir que Kuiko se volvía contra la chica.
- ¡Grandisima hija de...! – gritó el muchacho, dispuesto a hacer gritar a la muchacha por meterse en su pelea. Su puño viajó por el aire, y se detuvo antes de llegar a su rostro. Parpadeó confundido al ver una cabellera morada en su camino, y un dolor en su nudillo le hizo saber que era un hueso duro.
- G-Ga… kupo… - susurró Luka, sin dejar de verlo a los ojos. Había detenido el golpe con su propia cabeza al no poder mover con velocidad sus adoloridos brazos.
- ¿Estás bien? – preguntó notando como la imagen de su angelical rostro se invadía de negro.
- Gakupo… - repitió, totalmente incrédula. Vio cómo se comenzaba a desmoronar frente a ella, y cerraba los ojos con lentitud. – N-no, NO, GAKUPO.
- Lo siento… - susurró y su cuerpo acabó por caer en brazos de la chica, quien terminó sentada en el suelo por el peso, rodeándolo con sus brazos.
- NO, DESPIERTA, GAKUPO. ES MI CULPA – lloró cerrando los ojos, encogiéndose en el lugar. Kuiko se había quedado quieto en el lugar, aún con el puño en el aire. ¿Tan noble podía llegar a ser ese sabandija? En su estupefacción, no notó que alguien más había llegado, al menos hasta que lo hizo girar y le volteó la quijada de un solo golpe con sus enormes manos. El recién llegado León, notó que quien era sostenido por la belleza de ojos azules era su amigo, al notar una cabellera morada. Abrió sus ojos como platos. Se inclinó a su lado, pidiendo con señas a la chica que le muestre su rostro, el cual cubría con sus brazos y cabellos, bañándolo con sus lágrimas. Luka hizo a un lado su cabello y León apretó los puños con fuerza, impotente.
- ¿Por qué no me llamaron antes? – preguntó notando también el estado de Kaito, quien recibía ayuda de una angustiada Meiko en todo momento.
- Lo sé, lo siento, debería de haber llamado antes, pero… Lo siento, fue mi culpa. – dijo apenado, sintiendo cómo la castaña le quitaba el polvo a su ropa.
- No – interrumpió de mayor de las chicas. – Es mi culpa que estén así… - dijo acariciando con delicadeza el rostro de quien reposaba sobre ella.- ¿Por qué teníamos que salir justo esta noche? – cerró los ojos con fuerza, sintiendo un profundo dolor en su pecho. Por su culpa ellos estaba heridos; por su culpa él estaba…
- Esta noche, es la más feliz de mi vida entera... – escuchó que una voz grave decía debajo y abrió sus ojos, para ver entre las lágrimas los ojos abiertos de Gakupo, quien sonreía levemente.- No llores, Luka… - dijo estirando su mano hacia el rostro de la menor, acariciándolo con sumo cuidado.
- Gakupo… - susurró la chica y colocó una de sus manos sobre la de él en su propio rostro; tantas cosas se le cruzaron por la mente para decirle, a lo que atinó a soltar aquello: - IDIOTA ¿Cómo diablos se te ocurre hacer algo como eso? Meterte con un matón por nada… - le dijo a modo de regaño; su voz sonaba enojada, pero su rostro detonaba que estaba realmente compungida por todo ello.
- Él… te insultó… No podía dejar que se fuese así como si nada… - susurró tratando de incorporarse. La boca se le estaba llenando de sangre.
- N-no te muevas… - susurró con preocupación la muchacha, pero una mano inmensa en su hombro le hizo levantar el rostro, notando al recientemente llegado León, quién le hizo señas para que le permita moverse al amante de las berenjenas. – P-pero…
- Con lo débil que está… se ahogará con su propia sangre… - habló con calma, señalando un hilo de sangre que escapaba de la comisura de los labios del herido. Luka apretó los propios aún más, buscando contener su llanto, y ella misma le ayudó a incorporarse, sosteniendo sus largos y algo sucios cabellos para que escupa la sustancia roja.
- Gracias por venir, León… - murmuró el chico, al notarlo, quitando un hilo espeso de saliva y sangre que había resbalado de sus labios con el dorso de su mano.
- Me debes más de una, Gakupo. Cuando quieras… - dijo amable y escuchó unas sirenas a lo lejos. – Los del bar llamaron a la policía… - murmuró y rodó los ojos.
- Ay, no… de esta no salimos bien parados… - Gakupo miró a Kaito sentado un poco más allá, con Meiko abrazándolo, escondiendo su rostro en su cuello. El nombrado hizo un mohín; sabía que estarían castigados de por vida si el rector debía de irlos a buscar a la comisaría, más no se arrepentía de nada, menos aún al sentir a Meiko buscar refugio en sus brazos. Sonrió ampliamente y la abrazó con suavidad. Gakupo trató de ponerse de pié, pero dos manos delicadas sostuvieron su rostro a lo que se quedó quieto, viendo a una frágil Luka luchar contra el llanto.
- Quédate quieto… por favor… - pidió mirándolo a los ojos, acariciando con suavidad sus mejillas golpeadas. El joven quedó con la mirada fija en ella, inclinándose hasta volver a reposar su cabeza contra el pecho de la joven, pudiendo sentir su aroma particular en su cuello.
- No te preocupes, por favor… - murmuró despacio, sintiendo que se aferraba a su cuello, temblando ligeramente. – Lo siento… - susurró, pues se dio cuenta en ese momento de lo mucho que la había asustado.
- Idiota, no me preocupo… - dijo con un hilo de voz, abrazándolo un poco más fuerte, sintiendo alivio de poder estar hablando con él. Habían tenido mucha suerte. Un auto se detuvo en la cercanía y Gakupo se distanció levemente de ella.
- De seguro nos llevarán, así que le pediré a León que las lleve a ambas a su casa – dijo con calma, con una paz que no cualquiera podría tener luego de haber pasado por algo como aquello.
- No dejaré que les lleven… - dijo Luka decidida, haciendo que el chico que sostenía entre sus brazos sonría, de forma bastante tonta, la verdad, y a pesar de sentir dolor el varias partes de su cara.
- No te preocupes, Luka. Estaremos bien. – aseguró aún con aquella serenidad anormal.
- Pero… - susurró y el chico negó con la cabeza, haciendo que guarde silencio. – Si los llevan a ustedes… nos llevarán a nosotras igual. – dijo haciendo que no solo Gakupo se extrañe; Kaito le miró un momento a la de cabellos rosados, y luego fijó sus ojos en Meiko, quién le devolvió la mirada con determinación.
- Tiene razón. Iremos los cuatro. Se han metido en este lío por culpa nuestra. – aseguró la castaña, decidida, mirando primero a Kaito y luego a Gapuko, sintiendo verdadera lástima del estado del chico.
- No es necesario. Nosotros solo…
- Gakupo, guarda silencio. – dijo bastante severa la mayor de las mujeres; el varón quedó quietito y sumiso, más aún al sentir que la chica besaba su mejilla, con cuidado y dulzura. Luka sonrió, satisfecha y sonrojada, al haberse animado a hacer algo como aquello. Pese a ser perseguida, admirada, hasta acechada por su cuerpo super desarrollado y forma de ser enigmática, nunca hacía nada con los varones más que hablar, discutir o, a lo sumo, si era agradable, reír. Nunca dejaba que le toquen, o besen. ¡Osadía sería que permitiese que se acerquen a ella de aquel modo! Conocía lo que querían los varones, pero no por eso había experimentado lo que tantos buscaban al verla con tan hermoso cuerpo. Gakupo cerró los ojos, sintiendo su rostro levemente caliente, especialmente la zona donde los suaves y perfectos labios de Luka habían rozado su mejilla, para volver a acomodar la cabeza sobre su hombro. No diría nada; si ella no deseaba que le diga nada, no diría absolutamente nada.
- Disculpen, jóvenes. Nos han llamado por que había una pelea callejera – habló un uniformado, con anteojos de sol y bigote blanco, que al parecer los miraba, sin estar seguros por la oscura pantalla frente a los ojos del hombre. - ¿Debemos saber algo? – preguntó agrandándose al notar las dos bellezas de chicas que había en la escena.
- Ellos… yo… - vaciló Luka, formulando un plan en cuestión de segundos.- Fue horrible… - susurró llenando sus ojos de lágrimas. Corrió el rostro, fingiendo vergüenza, para poder dedicar un guiño a Meiko sin que los oficiales lo noten. La castaña sonrió por lo bajo.
- Casi los matan… - dijo dramatizando tal vez y un poco de más, al llevar el dorso de su mano sobre su frente, como las damiselas en peligro de las películas antiguas. – Pensé que no vería vivo a mi Kaito. – se lanzó a los brazos del nombrado, "llorando" desconsolada. El de cabellos azules, abrió los ojos desmesuradamente, con las mejillas rojas. Eso… no se lo había esperado.
- Nosotros solo nos estábamos retirando, y ellos… me quisieron llevar a la fuerza. Y mi rey solo me estaba defendiendo. – Luka, del modo más tierno y adorable, cubrió sus labios con su mano, dejando que una lágrima resbale por su piel de porcelana. Gakupo, entre los brazos de la chica, comprendió el plan, sin poder evitar querer que ella deje de derramar aquellas cristalinas lágrimas.
- No podría haber dejado que te lleven. Eres la luz de mis ojos… - totalmente afligido, el samurai dijo actuando malestar, pero siendo totalmente honesto en sus palabras… aun que la conocía hacía pocas horas.
- N-no debes decir esas cosas. – dijo viéndolo a los ojos. – Ponerte en riesgo a ti mismo y a tu amigo, por defenderme... es inaudito – ella también estaba siendo sincera, sin siquiera notarlo.
- Escúchame bien… - dijo elevando una de sus manos al rostro de la joven, sin perder sus ojos de vista. – Yo jamás… JAMÁS, permitiría que algo malo te ocurra. Nunca. Te protegeré aún a costa de mi propia vida. – dijo con un brillo especial en sus ojos azules. Luka le miró, sin darse cuenta de que él tenía mejillas rojas, solo observando aquellos zafiros intensos. ¿Era verdad eso que decía?
- G-Gakupo…- susurró hipnotizada por esa mirada, acercándose sin notarlo al joven. El de cabellos morados se sorprendió al notar el sutil movimiento de la chica, pero… quería que se acerque, la quería sentir más cerca. Luka entreabrió los labios con cuidado, bajando la vista a los labios del varón, notándolos con un golpe sobre ellos, lo que le hizo morderse levemente el inferior propio, la consciencia no le dejaría tranquila. Él, notando el pequeño gesto de la chica, sintió su cuerpo entero revolucionar. Necesitaba que se acerque más. La de cabellos rosas vaciló un momento, haciendo que Gakupo se impaciente, acercándose él con cuidado, queriendo evitar que se asuste y retroceda. La distancia se hacía corta, más y más corta. Sus respiraciones se mezclaban, y podían sentir la cercanía del otro casi sobre la piel.
- Lamento interrumpir… - dijo de pronto el oficial del bigote. Ambos jóvenes se distanciaron con brusquedad, más no se apartaron uno del otro, corriendo rostros en sentidos opuestos. Gakupo acabó viendo a Kaito y Meiko, quienes le hicieron señas de ánimo, a lo que se avergonzó aún más, sintiendo su rostro demostrar aquello en un sonrojo notable. Luka, por su parte solo cerró los ojos; su rostro, ya de color carmín, mostró a los oficiales su estado. La chica de pronto los miró, algo confundida por todas las miradas que sentía sobre ella; bajó la mirada con simulo a su cuerpo… y casi le da un ataque. La prenda que llevaba arriba, se había desacomodado, dejándola con un escote BASTANTE revelador. Solo se cubrió con un brazo y retrocedió hasta chocar de espaldas al de cabellos morados. Su vergüenza ante su casi beso, era mínima ante es asco que sentía de cuando la miraban así.
- ¿Qué pasa… Luka? – preguntó el chico al ver que no solo se había acercado a él, si no que se lanzaba a sus brazos, prácticamente escondiéndose de quienes la habían estado viendo. Se controló lo suficiente para no quejarse por el dolor.
- N-no quiero que me miren… - susurró con un hilo de voz. – No me sueltes… - pidió encogiéndose en sus brazos. El chico la rodeó con los propios, protector, cariñoso, dedicando una mirada fría, filosa e intimidante a los oficiales, algunos algo incómodos o algo avergonzados por no haber podido simular sus miradas.
- De acuerdo – dijo con aquel tono grave y profundo, que utilizaba en situaciones en las que estaba tenso. Reafirmó el agarre alrededor de la joven, la cual se dejó hasta mimar al permitir que Gakupo acaricie sus cabellos rosados con calma… La calmaba a ella, le hacía sentir bien. Sin notarlo, se hundió un poco más entre sus brazos, cerrando los ojos, dejando que aquel varonil aroma la haga sentir segura.
Awww(?). Por fin se están dejando llevar por sus sentimientos... no pueden negarlo...(?).
Hasta aquí subo por esta vez...
Espero en sus reviews quejas, sugerencias y demás...
Revoir...
Ayiw...
20/04/2013
