Beyblade no me pertenece...


Creo que han pasado nueve días. Nueve días han pasado sin realmente dormir. Nueve días han pasado y aún estoy esperando por el sol…


-oO08( Nueve Días en Espera del Sol )80Oo-

por Kiray Himawari


Día Cuatro; No Siempre Significamos de la Misma Manera las Palabras


Puedo recordar, pero no quiero. Las palabras todavía resuenan en mi mente. Claro, qué más le daba al mundo si desaparecía. Odiaba cómo intentaban regalarme sus palabras huecas, sus palabras lastimosas. Odiaba el vacío que sentía al escuchar sus declaraciones, sus ánimos. ¿Por qué no podía entender que no quería escucharlos? Parecía que se empeñaban en que aceptara mi realidad, que me rindiera ante lo que me pasaba, ante mi muerte.

Cada palabra me lastimaba más que el dolor mismo. Cada palabra significando de manera distinta en mi cerebro. Sus palabras de aliento se convertían en palabras pesimistas, "saben que moriré" me repetía a cada instante, "saben que moriré y desean engañarme" concluía. Sentía la necesidad de salir corriendo, de lanzar mil maldiciones al aire, pedirles que me dejaran solo, y en lugar de hacerlo me quedaba callado, "agradeciendo" en silencio su apoyo moral. ¡Mierda, que es difícil! Aún siento esas palabras rodando mi cabeza. En algún punto sé que estaba y estoy mal, pero es que no puedo evitar sonar pesimista. Iba a morir y no quería aceptar la esperanza. Estaba muriendo y no quería aceptarlo.

Mis ojos se llenaban de nada por las noches, únicamente dejaba el sentimiento en mi interior, para ese momento ya tenía bloqueado cada uno de mis sentidos; ya pronto dejaría de preocuparme por sentir. Y los días pasaban de manera lenta, lenta y tortuosa, lo sabía, el tiempo había decidido detenerse para mí, para dejar mis agonizantes últimos minutos de vida. Los días eran soleados, el frío ni siquiera hacía su aparición, todo el clima era perfecto, el cielo despejado y el viento cálido como la caricia de una madre hacia su hijo. Y me sentí solo. ¿Dónde estaba mamá? ¿Dónde estaba papá? Estaba solo, no había nadie para mí, porque los que alguna vez estuvieron para mí me habían abandonado.

Me sentí patético únicamente porque no podía aceptar los buenos deseos, necesitaba sentirme miserable para aceptar mi muerte, necesitaba sentirme miserable para dejarme arrastrar por la oscuridad. El silencio era agonizante. Y eventualmente dejé de hacer lo que quería hacer, eventualmente yo solo comencé a cavar mi tumba; silencio y apatía como mis palas y maldiciones y lástima como tierra. Mi cuerpo de a poco iba quedando al fondo de aquel precipicio, por fin estaba muriendo.

Dormía sin dormir, descansaba sin descansar, vivía sin vivir… ¿A caso puede ser esto más patético? Qué débil me sentía, mi espiritualidad me había abandonado. Si en algún momento creí en Dios, mi visión de su grandeza desapareció desde el instante en el que me dejó a mi suerte para morir, porque, aunque rogaba y pedía diariamente, la respuesta de salvación jamás llegó a mí. El día se acercaba y Dios seguía sin responder. ¿En qué clase de Dios había creído? Hice una nota mental de preguntarle a la oscuridad una vez que la alcanzara por completo, faltaba poco y lo sabía.

Estaba asustado, solo y al borde de la muerte. Nadie me rescataría porque no era lo suficientemente importante para realmente ser salvado. Sus miradas sobre mí esperando verme caer. Tengo miedo, aún lo tengo, porque estoy parado justo al borde del vacío y no hay nadie que sostenga mi mano. Tengo miedo y mamá no responde al llamado, es mentira aquello que dicen que te esperan al inicio del túnel de luz cegadora. Para mí no hay nada, no hay nadie. Tengo miedo. Cierro los ojos y miro sus rostros, están allí para mí, para apoyarme ¿por qué no puedo sentir eso? ¿Por qué no puedo aceptar que me amen?

~oO080Oo~


Gracias de antemano por sus lecturas

Agradecimientos especiales a Lacryma Kismet por su apoyo incondicional con esta pequeña historia, no saben lo importante que es esto.

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