Silent Memories – Chapter IV

Walking the same road.


"Tú también… crees que no lo merezco…"

Las voces extrañas se alejaron de mí hasta perderse en mi subconsciente. Tuve terror de abrir los ojos en busca del lugar donde mi cuerpo había rodado por las escaleras, me siento cansado y adolorido. Lentamente, acorde mis músculos me lo permiten retomo el control de mis extremidades y con parsimonia despegué mis parpados.

La luz me cegó por unos instantes y para cuando me acostumbré a ella pequeños puntos oscuros navegaban delante de mis ojos. Lo que pude distinguir no eran más que tablas ordenadas. Una tras otra formando un techo. El soporte blando debajo de mi espalda era sólo un sucio colchón y las mantas tienen un olor extraño, como perfume barato con desinfectante y suavizante para ropa. Incluso a cigarrillo. Mis manos recorrieron el borde de ellas hasta incorporarme algo mareado y adormilado.

No había nada de mucho allí, sólo latas de gaseosas, vacías por supuesto, algunos envoltorios de alimentos y diarios viejos, amarrillos. Olía a humedad y un pequeño y destartalado encanta viento sonaba desafinado. Los palitos de madera y tubitos de metal chocaban sin sentido y más que encantarme, me dio un mal presentimiento. La ventana estaba levemente abierta y el aire cargado de vapor se adentraba por allí con facilidad.

—¿Ariel? —Llamé lo suficientemente fuerte como para que alguien me escuchase. Pero no había ruido más que el del metal y la madera. Quité las mantas y completamente tullido comencé a ponerme de pie sobre los tablones del suelo, rechinando una y otra vez. Mis pies chocaron con botellas de cerveza y una hoja de periódico ilegible que por sus pocas letras negras entendí algo sobre un accidente en la carretera. Con suavidad me acerqué a la ventana y la cerré. Había perdido mi canguro gris en alguna parte y la camiseta negra no ayudaba demasiado—. ¿Ariel?

Aturdido, y como si me faltase sueño caminé lo mejor que pude hasta la puerta. Me abrí paso ahora a un pasillo oscuro, estreché los ojos enfocando algo, sólo era una silla. Confundido, no supe qué pensar. No había visto un pasillo en casa de Ariel… no uno que no fuese el que recorrí antes de desmayarme. Los flancos del corredor me ayudaron a encontrarme con una sala y comedor unidos en una sola estancia, separados por un mesón lleno de basura, hojas y pétalos, también comida descomponiéndose y un macetero con una planta muerta y reseca. El resto sólo eran millares de cachivaches más, sillones llenos de polvo. Una torre de videotapes yacía derrumbada sobre el suelo y la alfombra. Mis pasos me llevaron hasta la mesa del teléfono. Tomé el auricular y lo coloqué en mi oreja, no había tono. Y mientras lo devolvía a su lugar revisé un portarretratos sobre la mesa.

Había la mitad de una fotografía, un joven de cabello oscuro, parecido Chris, y quizás eso fue lo que más llamó mi atención, que sonreía mientras la otra mitad había desaparecido, debajo de la imagen sólo restaban un par de letras sin sentido.

NGENUO.

«¿Ngenuo? ¿Qué significa?» Dejé el marco allí recordando estar en una casa ajena, y por ende la palabra significaba algo para el dueño de esta. A pesar de que siempre y faltaba la otra mitad y aunque tratase de ocultarse todo el mundo se daría cuenta de que allí faltaba alguien. Quizás una mujer, parecía el tipo de cosas que hace un hombre despechado. Entonces me sentí vacío y desesperado busqué con la mirada mi mochila encontrándola centímetros más allá, detrás del sofá, pero ni rastros de mi sobretodo. Sólo el reproductor de música encima de todo. Cuando intenté prenderlo este permaneció apagado.

—Está muerto —Lapidé tajante arrojándolo dentro del bolso—. Mierda, está casi nuevo. Mamá va a matarme.

Recordé sus ojos carentes de brillo y orgullo, sólo antipatía y furia.

—Mamá…


—¡Ya deja de revolver sus cosas, no encontrarás nada! —Pidió el hombre de cabellos platinados cuando intentaba llegar a la mujer que seguía arrojando cosas del armario—. ¡No hay nada, entiéndelo!

—¡No, tiene que haber algo! —Gritó Kate fuera de sí, los bucles rebotaban con afinidad cuando recogía las prendas de vestir. Había pasado un día completo y su hijo no llegaba a casa. Su padrastro había dicho que tenía que pasar mínimo veinticuatro horas antes de poner una denuncia por presunta desgracia. Sin embargo la mujer, muy dentro de ella, sabía que Derek estaba bien, sólo era parte de la rabieta del menor, no por nada había levantado los pedazos desparramados del boleto de avión que estaban en el suelo—. Quizás, dijo algo y no le escuché. Derek… ¡A veces me dan ganas de…! ¡Maldición!

—Relájate, ya me contacté con el jefe de policía de Baltimore, nos van a ayudar —Roy tomó asiento en la cama palpando la superficie. La mujer hizo caso y se sentó a su lado recargando su cuerpo contra el hombre—. Vendrá un especialista, revisará la computadora de Derek, a veces, un pequeño vistazo al disco duro o los sitios de búsqueda más frecuentes, se encuentra una pista. Pero tienes que estar tranquila.

—No, no puedo —Kate miró el aparato sobre el escritorio—. ¿Servirá? Derek no es tonto y si tuvo la precaución de ni siquiera decirle a Chris, su mejor amigo, donde iba… no lo sé…

—Confía —Aconsejó, al parecer la cordura reinaba en su mente. Los años de consolar a su madre en el mismo estado que su hijastra—. Aparecerá, tú lo dijiste, Derek no es tonto. Sabe cuidarse.

El timbre de la morada sonó con estruendo en el segundo piso. El anciano se puso de pie, alejándose un momento hacía la puerta.

—Debe ser el tipo del que te hablé —Aseguró—. Pronto Derek volverá a casa.

Kate quería creerle, intentó despejar su mente tirando sobre la cama las cosas que había tirado al suelo. Oyó pasos y voces ajenas, prontamente aparecía por la puerta su padrastro, un hombre de gafas y un oficial de policía que ella reconoció al instante.

—¿Señora Trader? —El hombre sonrió con tristeza. Nuevamente le tocaba un caso similar. Dean y ahora Derek, esperaba que ahora las cosas fuesen mejores—. Tanto tiempo sin verla.

—Catorce años —Respondió con rudeza—. Para ser exactos. Veo que lo ascendieron.

—Sí, usted lo dijo, catorce años…

—Por suerte se conocen —Susurró Roy con aparente alegría—. Kate, el teniente Jacobs está a cargo en campo. Y él es Mathias, en analista. Tienes que firmar unas formas, mera política.

La mujer accedió, está vez haría todo lo que estuviera en sus manos para encontrar a Derek. No para regañarle, sino que esta vez detendría toda locura heredada de Dean y su sangre. Mathias prontamente encendió el aparato y hurgó en él, dando sonrisas y sonido extraños. Parecía un niño con un juguete nuevo.

—La interfaz es sorprendente… realmente me impresiona la velocidad con la que navega, lo digo, por que es una red hogareña —Decía anonadado arreglando sus gafas—. De seguro ha descargado programas que han optimizado su procesador, cualquiera pudiese hacerlo con algo de estudios en el campo ¿Qué edad tiene el ignoto?

—Dieciocho —Contestó Kate luego de una larga pausa, estaba concentrada en la velocidad con la que el hombre tecleaba sin parar y sin siquiera mirar donde lo hacía, acertando siempre en la tecla que quería. Sus rizos se movieron en cuanto ella negó con la cabeza, conocía tan bien a su hijo y ahora no sabía dónde estaba.

—¿Dieciocho? Ni siquiera tiene estudios universitarios —Observó con perspicacia—. Condenado…

—¿Puedes concentrarte en lo que buscamos? —Jacobs golpeó la nuca del hombre—. Vamos, su historial, documentos, últimas páginas visitadas. Lo que haces también sabe hacerlo mi hijo de siete años.

—¡Hombre, espabila! —Hubo una risa por parte del genio en computación antes de mostrar un par de ventanas relacionadas—. ¿Qué tenemos aquí? Un contacto frecuente…

—¿Importante?

—No lo creo, parece un juego en línea, nada más —Mathias señaló un cuadro con varios nombres. Jacobs echó un vistazo y creyó entrar en un mundo de caracteres inteligible—. Se llaman nicknames, nombres en clave o de usuarios, así nadie sabe cómo te llamas en realidad. Suelo jugar Vendetta, mi nombre allí es…

—¿Es relevante? —Preguntó Roy desde atrás, dando un paso adelante para divisar el monitor—. ¿Encontraremos a algún adolescente sabiendo que es un maldito juego de rol?

—No era de rol, es de simulación y estrategia —Respondió el analista entre dientes—. Pero no, creo que deberían echarle un vistazo a esto. Múltiples páginas que hablan de un lugar… Silent Hill.

—¿El pueblo abandonado de West Virginia? —El teniente dio varios pasos a través de los vestigios de desorden que encontraba—. ¿Estás seguro? No hay nadie allí, excepto algunos campesinos que viven esparcidos por el bosque, y que se niegan a dejar sus chozas.

—Hay algo más que me sorprende — Susurró esta vez el semblante de Mathias se había tornado serio—. Este niño… no ve porno.

Jacobs lo fulminó con la mirada a la vez que sacaba su comunicador, Mathias ahora cerraba las ventanas y apagaba el computador con una sonrisa en el rostro. Roy abrazó suavemente a Kate acariciando sus cabellos.

—Señor y señora Trader —Interrumpió el teniente rodeándolos—. Mis hombres y yo buscaremos en Silent Hill, aunque dudo mucho que esté allí.

—¡Yo voy con ustedes! —La mujer tomó la mano del encargado policial, pero Roy no iba a dejarla—. ¡Entiendan, es mi hijo! Además, conozco Silent Hill, puedo ser de ayuda, por favor…

—No está en el protocolo, me estaría metiendo en un buen lío si la dejo venir con nosotros —Advirtió Jacobs, Roy asintió en silencio palpando el hombro del oficial—. Bien, pero estará bajo mis ordenes. Nada de locuras.

—Gracias…


Derek traspasó la puerta de la cabaña y de inmediato tuvo que abrazarse a sí mismo en busca de calor, al menos la mochila en su espalda servía para cubrirse medianamente. Tendría que encontrar al dueño de la casa donde pernoctó quizás toda la noche, al menos para agradecerle la hospitalidad. Aunque algo le decía que la casa estaba abandonada. De todas maneras de alguna forma tuvo que llegar allí, tal vez Ariel tenía las respuestas ¿Acaso Ariel era real? Sospechaba pesadamente que toda esa locura había sido una pesadilla, el fuego, el pasillo, las baldosas. No, era producto de su imaginación.

Se maldijo por ser adicto a los videojuegos de terror que muchas veces le jugaban malas pasadas.

El bosque adelante le parecía espeso y la neblina no dejaba ver mucho. Recorrió el porche de la cabaña, descendiendo los tres escalones hasta la tierra que desprendió un gratificante aroma junto a la hierba aromática que encontraba en el camino y a medida que avanzaba se sumergía en el esponjoso llano verde. Debía encontrar la ciudad o pueblo, lo que fuese. Se vio envuelto poco a poco por la soledad y el silencio del lugar, aterrándolo de la manera en que aterra el silencio de un pantano. Cuando las criaturas que habitan en él estuvieran esperando el momento exacto para atacar de entre los matorrales o los juncos, lo que fuera, era lo mismo. Por primera vez se sintió acechado por la inmensidad, acostumbrado a la vida urbana, las grandes avenidas y los altos rascacielos era natural sentirse perdido por los altos árboles y los curvilíneos senderos que formaba el viento y el agua cuando se formaban torrentes que bajaban de la montaña.

Prefirió continuar por donde la neblina se hacia menos espesa, donde debía haber menos espacio para que circulara las masitas de aire. Prontamente el sotobosque rodeó sus piernas, otra vez, estaba perdido. Todo era igual, quizás daba vueltas en círculos sin desearlo, los cuervos piaban en las copas de los árboles, anunciando su inevitable perdición. Su ropa ahora estaba tan húmeda como la primera vez, y sin el canguro protegiéndole el frío pronto estaba carcomiendo sus extremidades superiores. Se acercó a una roca y tomó asiento en ella, estaba cansado y el vértigo le estaba pasando la cuenta, por lo que prefirió descansar antes de que su enfermedad lo llevara obligadamente a la ruina en aquel bosque interminable. Derek sacudió su cabeza alejando esos pensamientos y prosiguió cuando estuvo repuesto. Sus pies torpes le llevaron a un llano cubierto de hojas cafés y doradas, mezcladas con tierra y cenizas. Parecía que parte de la vegetación se había consumido entre las llamas, extrañamente de forma circular. Desconfiado dio un par de pasos inseguros sobre la tierra.

"¡Edward!"

Derek cayó al suelo sujetándose la cabeza con dolor, el grito proveniente de ningún lugar en particular se había transformado en un pitido en sus tímpanos, sus dientes se apretaron unos contra otros, su piel ardió suavemente donde la ropa aún húmeda le seguía protegiendo y para cuando pudo abrir los ojos nuevamente seguía complemente solo. Trastabilló un poco al ponerse de pie, las cosas dentro de su mochila se tornaron pesadas, como plomo sobre su espalda, sin darse cuenta realmente comenzó a caminar cubriendo sus oídos, aunque estaba convencido de que los sollozos y lamentos que escuchaba estaban en su interior, afuera el único gobernante era el silencio.

Todo su cuerpo estaba agarrotado y los llantos le hacían sentir triste, como si fuese su propio dolor derramándose en lagrimas que no existen, en un dolor que no siente como tal, pero que está allí consumiéndole, obligándolo a detenerse. Pero por alguna razón no lo hace, quizás es el miedo. Y los lamentos continúan agolpándose en sus canales auditivos. Derek echó a correr en un vago intento de hacerle creer a su cuerpo que escapaba de si mismo, aunque no pudiese por recomendaciones médicas, él sólo sabía del insufrible temor que sentía de ser atrapado por la pena y el desconsuelo.

No, él había huido de ellos por largos años como para permitir que le atrapasen de nuevo.

No se dio cuenta que cada vez que cerraba los ojos para tomar un poco de aire, estaba contaminándose de las cosas que el silencio procura entregarle, aunque ninguno de los estuviese consciente de ello. En fin, a nadie le interesa lo que un mocoso pueda hacer en Silent Hill, menos si es por voluntad propia. Derek se detuvo en seco y el pavimento le recibió a encontrones poco placenteros y obligados.

Ahora él sólo observaba la soledad del pueblo y se preguntó si este era el pueblo que tanto alababa Google y muchos turistas. Derek creyó estar en el epicentro de alguna catástrofe natural o humana, o tal vez ninguna. El pueblo estaba abandonado, se lo decían las paredes resquebradas, los hierros álgidos de los letreros comerciales que rechinan con el viento y la basura que repletan los basureros públicos, y encima de todo, una fantasmal y poco creíble capa de nieve, delgada y sin cuerpo, parecía derretirse más que acumularse. El muchacho rodeó un edificio de comida rápida, sólo había oscuridad y polvo junto a los vidrios rotos junto a la cara feliz de una mujer con vestido.

—¿Dónde estoy? —Se preguntó al aire, a merced de las calles y la infraestructura era imposible que alguien le oyese, era imposible que alguien le encontrase—. ¿Esto es… Silent Hill? Imposible.

Derek consideraba errada su idea principal del valle de luces en la lontananza de las montañas, no, este era un sitio sombrío, lóbrego por naturaleza, de árboles desnudos, de grises nubes que cubren el suelo, de bestias que desafían su imaginación, un sitio alejado de la cordura, enfermo, carente de razón. Él siempre estuvo del lado contrario, en los meridianos que le permite el mundo real, y este pueblo estaba lejos de ello. Muy lejos.

El joven medía cada paso sobre el pavimento congelado y la nieve se adhería a las ranuras de sus zapatillas, pronto temería que sus pies se humedecieran con el contacto recurrente. Nadie estaba preparado para ese tipo de clima, se supone que era verano, el sol, el calor, y no el frío que congela y entume los huesos. Derek sabría lo que sería eso, por el momento quería encontrar a alguien que guiase su camino.


Leuviah guardó el último vaso dentro de la gaveta que daba hacia la ventana, luego cerró la pequeña puerta y su casa se sumió en un silencio cálido y tranquilo. Ella notaba el frío que había comenzado a descender desde lo alto y los árboles en la lejanía encogiéndose y difuminándose con la neblina. Cogió el trapo sobre el mesón de la cocina y limpió el cristal de la ventana que comenzaba a empañarse.

—Las aves están agitadas —Murmuró al ver una bandada desplazándose hacía el norte—. Alguien está interrumpiendo su tranquilidad. Hay algo en el bosque.

La anciana giró su cuello por encima del hombro. No había nada de especial en aquella imagen, sin embargo le traía un magnetismo singular, como un deja-vú atormentado y lleno de recuerdos dolorosos. El fuego de su fogata se alzaba con cuidado a tocar el metal de la olla sobre él. Leuviah acarició las diversas plantas y raíces sobre una cesta de mimbre antes de darse la vuelta completamente.

—¿Crees que vino hasta aquí? —Escuchó, la voz le parecía sumergida en aguas profundas o detrás de un grueso cristal, quizás era aquella coraza que le envolvía de vez en cuando.

—Por su bien, espero que no —Contestó cabizbaja dando sus primeros pasos hacia la improvisada cama—. Pero me temo que así es ¿Edward, estás bien?

No hubo respuesta, la mujer entendió cuál era, no se necesitaban palabras para contestar aquellas preguntas, ni menos una tan dolorosa como aquella. Edward recogió aún más sus piernas y las apretó instintivamente contra su pecho, suspirando largamente. Las manos cálidas de Leuviah recorrieron las hebras negras que bailaban en la cabeza de Edward.

Las cuentas en la puerta de la casa tintinearon llamando la atención de ambos. Leuviah se incorporó rápidamente y Edward sólo se quedó observando al hombre que acababa de entrar. Era alto y delgado, de aspecto desaliñado, pálido y sus mejillas hundidas le daban un aspecto cadavérico. Parecía agitado y sus botas militares llenas de lodo ensuciaron la madera reseca del suelo, el nuevo chistó con cansancio antes de pronunciar alguna palabra.

—Lo perdí, no sé cómo —Leuviah y Edward intercambiaron una mirada, la del último, era extrañada, había alguien más en el pueblo y él jamás le había visto.

—¡Pero dijiste que podías seguir un rastro! —La anciana se apoyó en el respaldar de la silla.

—¡Ese es exactamente el problema! —El recién llegado movió el rifle sobre su espalda denotando una larga tela rasgada color gris—. Encontré sólo esto… ¡No hay más pistas que seguir! ¡No huellas! ¡No ramas rotas! ¡Ninguna señal en ninguna parte!

—Imposible… —Leuviah endureció sus facciones—. No pudo volverse aire, o tierra, tiene que haber algo. Quizás no has buscado bien.

—Disculpen —La voz de Ed sonó como un suave murmullo en el bosque, suave y diminuta a tramos—. ¿De qué me perdí?

Leuviah negó levemente antes de tomar la tela gris echa jirones y manchada con sangre, había un aroma peculiar en ella pero no se le hacía nada familiar, luego con lentitud atravesó la casa de hito en hito hasta la ventana. El hombre del rifle le siguió con la mirada al igual que Edward quién sumido cada vez más en el silencio su confusión no disminuía.

—¿Leuviah? —Llamó otra vez, pero la anciana no lo miraba—. ¿Qué sucede?

—No ha servido de mucho, sólo atrasamos esto, Edward —La mujer giró sobre sus talones con la mirada ensombrecida, su mano temblaba apretando la tela entre sus dedos—. Esto es de Derek. Ariel lo encontró vagando en el bosque ayer por la mañana, pero… desapareció, sin dejar rastro alguno, sólo esto.

—No puede ser —Edward prontamente estaba de pie, de cierta manera, si el niño estaba en Silent Hill era su culpa. Jamás debió entregar esa carta—. Pero… quizás… se fue.

—Lo dudo —Objetó Ariel moviéndose hasta la mesa—. Lo encontré más adentro del bosque, no creo que haya salido de este, de un lado esta Silent Hill, del otro el río y la catarata, al norte hay una montaña empinada y hacia abajo esta mi casa, eso, lo encontré rumbo al norte, perdí el rastro cerca del precipicio.

—Creo que… hay una cabaña más arriba, del otro lado, las rocas, se pueden bordear —Comentó Edward volteándose hacia la pared.

—Lo sé, ya revisé, no hay nada allí. Además, hay un camino que baja la montaña y te lleva al río, no creo que lo cruzara, está muy caudaloso, incluso hasta aquí y el sendero te trae directamente hasta esta casa —Ariel enfocó sus pupilas en Leuviah, la mujer ahora olía de cerca el aroma impregnado en la tela—. Huele a humo, lo demás parece perfume, pero no estoy seguro.

—Es desinfectante o limpia pisos —Leuviah abandonó el pedazo de genero sobre la mesa—. Tenemos que encontrarle ¿Ariel, puedes recorrer el bosque otra vez?

—Sí, supongo —Asintió, luego escaneó el sitio con la mirada y con un gesto le preguntó a Leuviah que sucedería con el hombre que le daba la espalda. La anciana carraspeó para aclarar su voz y responder pero Ariel ya revisaba su espalda y sacaba un arma colocándola sobre la madera de la mesa, junto a la tela que había traído—. Esto servirá. Hay algo afuera, es distinto que esos adefesios que mueren de una patada. Espero que sepa como ocuparla.

—Ve tranquilo —Edward miró de soslayo lo que sucedía, así como Leuviah despedía al extraño hombre del rifle llamado Ariel, cuyo acento poco fluido le hizo sospecha que no era originario de allí. Se acercó al arma que reposaba sobre la mesa y sin querer rozó levemente el trozo rasgado de lo que parecía un canguro. El pelinegro prefería quedarse en aquella casa llena de calor que a aventurarse a las frías calles del pueblo que tantos recuerdos le traía, aunque una mezcla de nostalgia y ansiedad le embargaban hasta la garganta, su cabeza le seguía gritando que era una mala idea—. ¿Algo en tu mente?

—Derek es igual a Dean —Replicó observando los grabados y rasguños de la empuñadora—. ¿Crees que esté bien? Digo… por qué vino en primer lugar.

—Por la misma razón que tú, Edward —Leuviah le cogió por los hombros sólo para observar sus ojos apagados, la oscuridad brillante de antaño se había transformado en un color mate, sin lustrar, como zapatos sucios guardados en un ropero—. Él y tú tienen cosas pendientes pero… simplemente hay personas que no están diseñadas para venir a este infierno. Derek es uno de ellos.

—¿Lo dices porque está enfermo? —Ed fue distante con sus palabras, ya lo sabía, el tiempo, fue quien las había robado todas. Era la misma razón por la cual no había hablado nunca en la caridad y su marcado y sombrío silencio era siempre confundido por la timidez—. ¿Y qué hago si lo encuentro?

—Dile que se vaya de aquí —La frase sonó gélida, incluso proviniendo de una mujer tan amable como la anciana, Edward sabía la razón—. Tienes que sacarle de aquí, su vida corre peligro, no es su enfermedad lo que me preocupa, es… otra cosa.

—No me hará caso…

—Lo sé, tú lo dijiste, muy parecido a Dean —Leuviah tomó las manos de Edward y le obligó a mirarle esta vez—. Encuéntralo, y si no quiere marcharse, tráelo aquí, buscaremos una solución.

—Bien…

Leuviah tomó una pañoleta de un cajón y la cruzó sobre su cuello, dispuesta a atravesar el bosque que jamás había abandonado.

—Te acompañaré hasta la entrada del pueblo —La mujer agarró el cierre de la chaqueta de Edward y lo subió hasta su garganta protegiéndola con la tela—. Tengo un par de cosas que verificar. Y hace mucho frío afuera, no quiero que te engripes.

—Suena como a preocupación —Comentó Edward con una sonrisa falsa en los labios.

—Siempre me preocupo de ti —La mujer palmeó el hombro del hombre obligándole a salir de su cabaña. El frío les recibió con el viento más álgido que tenía soplando muy por debajo de la tierra—. Si ves que tu vida corre peligro, quiero que regreses, no deseo que te expongas demás está vez.

—¿Exponerme? —Pero Leuviah había dado por terminada la conversación antes de responderle a Edward algo que estaba claro desde antes.

Los senderos de vuelta hacia la carretera volvieron a abrirse entre la maleza sofocantemente verde hasta que ambas sombras se perdieron en un haz negro dentro del mismo bosque.


Derek se detuvo en la entrada de un callejón donde creyó ver a alguien moviéndose entre la neblina, pero nuevamente era engañado por las etéreas nubes. Ahora sus brazos se rodeaban a si mismos con más fuerza buscando ese calor que no existía, su cuerpo convulsionaba ante el frío y sus dientes castañeaban de manera exagerada. Si la nieve se estaba derritiendo, el muchacho no lo creía así, al contrario, se sentía en el peor de los ventarrones de invierno, y aunque la nieve sólo se quedaba en el pavimento y los tejados goteantes Derek percibía la escarcha acumulándose en sus cabellos húmedos creando improvisadas estalactitas muy poco rígidas. Tambaleante, sólo quería encontrar un lugar tibio o una excusa para volver a casa.

Consternado miró hacía ambos lados del corredor cuyos flancos eran las partes posteriores de los locales comerciales. Los botes de basura de apiñaban en ciertos lugares al igual que la mugre y las hojas de papel higiénico que volaban libres, sin que nadie las controlase, ni limpiase. Derek recorrió esos enredados pasillos evitando un poco el viento, apegándose a las paredes de ladrillos y suplicando porque fuera otra pesadilla y cuando estaba a punto de darse por vencido su mano rozó con lentitud la pared deshojando un panfleto amarillento y decrepito.

Había muchos de ellos, en todas partes, en el suelo, y tapizando las paredes. Sus ojos se entornaron hacia las letras negras y la fotografía que ocupaba en mayor espacio del cartel. Sus músculos se contrajeron de inmediato, y los recuerdos avanzaron de una línea de tiempo inexistente.

Era una extraña tarde de primavera, él la recordaba, el sol, las lágrimas en su rostro ahora seco y el cementerio donde las personas dejaron flores y se marcharon. Derek había despertado en el sillón de su casa, cubierto por una manta de lana y los recuerdos. Su mamá hablaba con alguien en la puerta, no pudo distinguir quién era, puesto que sus cansados ojos ardieron al mirar hacía el umbral y recibir la intensa luz detrás de los nubarrones grises. La puerta se cerró y su madre suspiró agotada para luego observarle con una sonrisa melancólica.

—¿Derek? —Llamó dulcemente, pero él no respondió, al contrario, se había hundido aún más en la manta hasta perderse en los pliegues—. ¿Cariño? Te… te tengo un obsequio.

El niño sabía que un regalo no le devolvería lo que él quería, ese tipo de amor no era correspondido. Vio a la mujer pasearse por la sala hasta detrás del sofá y de allí sacó una caja de no más grande que una de zapatos, sin tapa y la colocó en frente del pequeño quien la miró con desconfianza. Derek sólo veía algodón blanco moviéndose lentamente, como ratón antes de alzar un poco más la mirada descubriendo el cartón y revelando un cachorro.

—Es un perrito —Susurró, quizás Kate hubiese deseado que fuese una exclamación emocionada—. Es lindo.

—Su nombre es Nim —Tomó asiento al lado de su hijo dejando la caja cerca, dónde Derek pudiese acariciar al animal sin mucho esfuerzo—. La han traído porque saben que la cuidarás.

—¿Quién? —Sí, parecía la pregunta exacta para aquella afirmación, el pequeño no tenía fuerzas para cuidarse a sí mismo, aunque admitía que el pequeño animalito le hacía sentir extrañamente bien.

—Alguien muy especial, Derek, ella te cuidará, y tú debes cuidarle también —Kate acarició los cabellos de su hijo a modo de peinarlos—. Tal vez… a ella puedas contarle todo eso que quieres decirme.

Y así lo hacía por los siguientes catorce años. Derek acarició la fotografía en los folletos sintiéndose triste y nostálgico. Nim le fue siempre más que un perro callejero o un amigo, ella era su confidente, y tal y como su madre vaticinó Derek siempre le contó aquellas cosas que nadie podía escuchar a ella. Secretos, amarguras, risas, todo siempre había sido escuchado por Nim, nunca se quejó del dueño demente que le había tocado. Simplemente miraba con sus ojos negros y perrunos las lágrimas que rodaban por sus mejillas o las risas que afloraban en sus labios.

Ahora estaba allí, en una fotografía desteñida y poco favorable. Con un mensaje escueto resumido en un «Perdida, llamar a este número» que su mente pasó por alto y sólo dobló el papel para meterlo en su bolsillo. Secó una traidora gota salina en su lagrimal repitiendo la dirección adjunta al número telefónico para sumirse en la neblina, su búsqueda de un mapa que prontamente le arrastraría cerca del lugar que buscaba.

«Greenfield Apartments»


N/A: Okay, así completamos la triple "W". Tardé en actualizar, Ariel está loco, Leuviah preocupada, Edward más callado que antes, Nim perdida, Derek es un idiota ¿Qué es lo nuevo? Que estoy haciendo dibujillos en Devianrtart XD Creo es lo mejor que me ha pasado desde que actualicé hace muchas semanas XD Suelo jugar Vendetta y mi nombre de usuario allí es… XDDDDDD Mathias, lo amé XDDDDD… sea o no sea relevante…. DEREK NO VE PORNO! XDDDDDDDDD –Se abofetea pero sigue- DEREK NO TIENE FLASHBACKS EN EL ESTRICTO RIGOR DE LA PALABRA! XD

Bien, agradecimientos. El primero es para mi bella Yaoist Secret (Quién hasta ya me dio su perspectiva de un final) por dejarme robar por segunda vez consecutiva a su adorado (?) Ed. Y segundo a SunCigarretes por sus ideas trolles que me repletaron el MP con cosas bizarras y yaoistas XDDDDDDD :$ -Toma algunas y huye-.

A las dos, las amo XDDDDDDD

Okay, me despido diciendo que ingresen a mi Profile donde encontraran los link a DA para ver dibujines XD.

Gracias a todos los que leen y dejan review, awww recuerden que quien deje review usualmente se lleva premio *-*

Y comenten, sugieran, critiquen, disfruten…