4
¡Bien! Por fin vuelvo a vestir pantalones y una camiseta normal y corriente, lo que he echado de menos esto no lo sabe nadie, por fin puedo moverme como me dé la gana y sin incomodidades.
Estaba en uno de los verdes jardines junto con Sombra, que relinchaba feliz de verse libre de los establos y poder trotar y cabalgar con esa energía que poseía. Mi sonrisa no se borraba al ver al joven potro saltando y corriendo de aquí para allá. En un momento tranquilo, mi belleza negra se quedó quieto frente a mí mientras yo le acariciaba el morro y la marca blanca que tenía en la frente, en forma de una estrella de cuatro puntas. Seguía sin saber como un simple animal me podía provocar tanta felicidad. Aunque Sombra tenía la rara costumbre de intentar comerse mi pelo, según mi hermano es porque tiene el mismo color que una chuche y dan ganas de darle un bocado. Empujaba al potro intentando separarlo de mí para que dejase de morderme el cabello, pero con su fuerza apenas pude moverlo un centímetro. Me reía, su boca me hacía cosquillas en la cabeza, y él también parecía pasarlo bien intentando dejarme calva.
Vi a Aragorn caminando hacia nosotros a paso lento, para luego darle una palmada amistosa en el cuello a Sombra cuando llegó a nuestro lado. El potro por fin soltó mi pelo y atendía a las caricias que le hacía el hombre.
-Supe que os ibais a llevar bien desde que lo vi en aquellos establos-.
-¿Cómo pudiste saberlo, Aragorn? Solo hacían unas horas que nos habíamos conocido-. Pregunté con un leve tono burlón, sin dejar de mimar a mi caballo. Vi como él sonreía, dándome la razón con un asentimiento de la cabeza y una pequeña sonrisa.
-Tal vez… Pero en sus ojos vi el mismo sentimiento y necesidad que reflejaban los tuyos-. Aragorn pasaba sus ojos de Sombra a mí, y yo le devolvía una mirada confusa.- Ambos teníais ganas de escapar de vuestras vidas…Y vivir una aventura-.
Reí a la vez que el animal chocaba el casco de su pata derecha contra el suelo repetidas veces, y su morro acariciaba mi mejilla izquierda. Aragorn era muy observador.
Anduve junto a aquel hombre que se había ganado mi respeto y admiración. Aragorn tenía ese aire misterioso y serio, pero tenía un gran corazón y un valor sin igual. Era alguien digno de poder decir "eres mi modelo a seguir" o "de mayor quiero ser como tú" como había soltado Darren en algún momento, con esa voz que reflejaba su inocencia infantil. Ninguno de los dos hablábamos en ningún momento, no lo necesitábamos, el silencio era roto por el canto de los pájaros y por los relinchos de Sombra que pastaba libremente.
Nos sentamos bajo un frondoso y hermoso árbol, notando la frescura de su sombra. Bueno, más bien, él fue quien se sentó en la raíces, apoyando su espalda en el tronco mientras hacía uso de su pipa.
-Al menos podrías sentarte un rato ya que no duermes, tu cuerpo lo agradecería-. Soltó de pronto Aragorn, tomándome desprevenida.
-¿De qué hablas?-.
Su mirada se volvió seria clavándose en mí, haciéndome sentir un poco incomoda.
-¿Crees que me no me he fijado que estos dos días no has estado más que cansada, o de esas ojeras que tienes?-.
Desvié la mirada de él, dirigiéndola hacia ningún lugar en particular, susurrando en voz baja cualquier excusa que se me pasase por la cabeza. Escuché como se levantaba y ponía su mano en mi hombro, obligándome a dar media vuelta y así quedar cara a cara, aunque mis ojos solo miraban hacia un lado o al propio suelo.
-Intenta dormir aunque sea unos minutos, si sigues así caerás enferma-. Su voz sonaba realmente preocupada.
Solté un suspiro y negué con la cabeza.
-Lo he intentado Aragorn, en serio. Pero simplemente no puedo, cada vez que cierro los ojos tengo como extrañas pesadillas-. Confesé, y en sus ojos reflejaron interés, diciendo un "continua".- No recuerdo de que tratan y aún así me sobresaltan. Solo sé que hay oscuridad sin luz alguna, me siento agobiada y con mucha desesperación-.
Su mano pasó de mi hombro hasta mi cabeza y despeinó un poco mi rosado cabello, para luego besar mi frente. Aragorn era como aquel hermano mayor que Darren y yo tanto extrañábamos, siempre preocupado por nosotros a pesar del poco tiempo que nos conocíamos. A mi hermano es muy fácil cogerle cariño, quieras o no, pero en cambio yo… Siempre he sido de esas personas que estén donde estén y sea con quien sea, siente que no encaja de ninguna de las formas. Sabía que él seguiría hablando del tema de mis sueños, pero no tenía gana ninguna de recordar esas sensaciones ni nada que tuviese que ver con ello, así que me despedí con otra de mis estúpidas excusas y luego salir a paso rápido de allí, bajo la mirada preocupada de Aragorn.
Acompañé a Sombra hasta los establos, aunque este no parecía muy contento con ello. Su hogar se encontraba junto al corcel blanco de Legolas, y parecían que ambos se llevaban realmente bien. Arod calmaba la rebeldía de Sombra.
Pensé en mi hermano, este se pasaba día sí y día también yendo de aquí para allá con los demás, si no estaba haciendo bromas con Gimli se encontraba descansando junto a Aragorn, o paseando con Arwen, y si no, estaba admirando a Legolas o a cualquier otro elfo. Ya ni siquiera venía a dormir conmigo, siempre se iba con la dama Arwen y Aragorn, confirmándome así, que estos dos eran más que simples amigos. Debía admitirlo, me sentía un poquito celosa. En verdad me alegraba de ver la felicidad que tenía mi hermano. Él se ha pasado casi toda su vida con mi única compañía. En el pueblo donde vivíamos no había muchos críos, así que Darren solo veía a sus amigos unas semanas cada verano, cuando estos venían de vacaciones. Supongo que estar ahora rodeado de gente que le presta tanta atención y cumple con sus travesuras, es algo nuevo y fantástico para él. Y para mí también… Nunca nadie antes se había tomado tantas molestias ni nada por el estilo con nosotros, o bueno, casi nadie.
Caminé a paso tranquilo hasta mi habitación y cuando llegué, me dejé caer contra la cama. Necesitaba al menos que mi cuerpo descansase un poco, aunque mi cabeza esté dándole vueltas a cosas sin sentido alguno. Cerré los ojos y tatareé una canción en mi mente, una de esas que en mi mundo siempre me había tranquilizado y logrado que me olvidase del mundo exterior. No me quería dormir, no quería volver a tener una pesadilla. Por un momento, me acordé de cuando era niña y tenía el mismo miedo, los malos sueños siempre me poseían por las noches, pero ahí estaba mi osito, lo abrazaba y mágicamente todo lo malo desaparecía… Pero aquí no había ningún osito de peluche que me protegiera. Estaba sola. Al final, el cansancio me ganó, llevándome al mundo de Morfeo.
De nuevo, oscuridad. Solo había eso, todo era negro y no había rastro ni de una tenue luz. Sentía una presión en mi pecho, demasiado agobio. Mi corazón latía aparentemente tranquilo, pero yo no lo sentía así. Estaba en medio de la nada, no veía nada y mi vista tampoco parecía tener mucho éxito. Entonces un susurro sonó, una voz lejana que decía cosas que no entendía por la distancia. Mis ojos intentaron, en vano, buscar al propietario de aquellos susurros, pero en mi alrededor no había absolutamente nada. Mis pies empezaron a moverse hacia ningún lugar y sin que yo hubiese decidido es acción. Supuestamente, seguía la dirección que me guiaban los susurros, que paso tras paso, se hacían cada vez más fuerte y clara. Decía mi nombre, me llamaba y eso me provocaba un intenso miedo. Tenía ganas de escapar de ahí, cada vez se me hacía más complicado respirar, pero no podía parar, mi cuerpo no me obedecía.
"Sayrïm…"
¿Qué o quién era Sayrïm?
Sentía como el aliento de algo chocaba contra mi rostro, una presencia me miraba de cerca, pero yo no veía nada. Los susurros seguían y seguían, empezando a desesperarme. De pronto sentí como si algo me aprisionase el cuello con fuerza, deteniendo mi andar y logrando que un quejido de dolor saliese de mi garganta. La sombras de mi alrededor tomaron forma de algo que se posaba delante de mí. Algo parecido a un hombre alto, cubriendo todo su cuerpo por una armadura negra y un casco con una corona de pinchos que se alzaban hacia el cielo. Ese casco ocultaba todo su rostro a excepción de la parte baja de su rostro, dejando ver una pálida piel y una asquerosa boca con dientes afilados e igual de largos como los de una piraña. Su mano cubierto por un guante metálico sujetaba con fuerza mi yugular, intentando ahogarme.
-Sandra…- Susurro de nuevo aquel ser, su aliento era caliente y me olía a… ¿Sangre? – Me perteneces…Y te arrepentirás.- Su boca se movía con exageración a la vez que aumentaba la presión de su agarre.- Estarás sola…Lo perderás, te arrepentirás…Te lo arrebataré…Estas sola.- Se acercaba a mi rostro que reflejaba miedo, dolor y confusión. Rió-. ¿Dónde están tus padres?...Estás muerta-.
Me desperté de golpe respirando agitada y entrecortadamente. Me senté en la cama mirando a mi alrededor asustada, calmándome un poco al reconocer el lugar. Mi mano acariciaba con suavidad mi cuello, mientras intentaba buscarle la lógica a esa… Pesadilla.
¿¡Qué diablos había sido eso?! ¿Un sueño? Ha parecido tan real.
"Estarás sola….Lo perderás, te lo arrebataré…."
Un escalofrío recorrió mi cuerpo que se volvió rígido ante el pensamiento que se me acababa de pasar por la mente.
Salí disparada de mi cuarto, sin saber muy bien a donde ir. Me sentía desesperada y mis ojos recorrían todos los lugares, esperanzada de verlo por algún lado y que mis miedos se esfumaran. Mis pies se movían deprisa, y el aire entraba y salía de mis pulmones con rapidez. Al dar la vuelta a una esquina, me choqué con alguien pero apenas le presté atención, ni siquiera me disculpe o miré de quien se trataba. Tenía mis prioridades. Pero ese alguien había cogido mi mano, deteniendo de nuevo mi caminata.
-¿Estás bien? Te ves alterada-.
-¡Legolas! Por favor, por favor… Dime que has visto a mi hermano-. Supliqué con desesperación mirándolo a los ojos, que reflejaban confusión.
Negó con la cabeza.
Bufé intranquila y continué mi camino, aumentando la velocidad de mis pasos sin siquiera darme cuenta. Legolas me siguió de muy cerca, preguntándome "¿Qué es lo que ocurre?" pero yo solo lo ignoraba. Recorrimos medio Rivendel y no había ni rastro de Darren y eso hacía que mi corazón cada vez fuese mucho más rápido y sintiendo como la presión de mi pecho se hacía más y más grande. Vi al enano que se encontraba bebiendo una buena jarra de cerveza, me dirigía hacia él sin siquiera pensármelo dos veces.
-¡Gimli!- Grité sorprendiendo al enano que se atragantó con su bebida.- ¿Has visto a Darren?- El del hacha tosió unas cuantas veces y luego me miró a mí, negando, al igual que el elfo, con la cabeza.
-¡Joder! –Solté medio gritando, a la vez que caminaba de aquí para allá intranquila, suspirando cada dos por tres.
-¿Le ha pasado algo al renacuajo?- Preguntó contagiado por mi alteración Gimli.
Yo negué con la cabeza varias veces, para luego soltar un largo suspiro y pasar mi mano por mi cabello, llevándolo todo hacia atrás y despeinándolo un poco. Susurré un "No lo sé" demasiado bajo, el enano no me había escuchado, pero el oído elfico de Legolas lo había hecho a la perfección, acercándose a mí, notando su preocupación.
-Tú hermano estará bien Sandra… Sabes no se puede quedar en un mismo sitio mucho tiempo…- Intentó tranquilizarme, y por unos segundos lo había logrado, cierto era que podría estar jugueteando por cualquier otro lugar de la ciudad, pero yo no lo sentía así. Notaba que algo le había pasado, que me necesitaba y yo no estaba ahí para ayudarlo.
-No Legolas…No lo está…- Susurré de nuevo para volver a salir corriendo, sorprendiendo a ambos amigos que me siguieron segundos más tarde.
Subía las escaleras sin demora alguna, de dos en dos. Como le haya pasado algo malo a mi hermano no sé de qué sería capaz, nunca me lo perdonaría. Mi cuerpo estaba agotado, pero no había tiempo ni siquiera para bajar la velocidad de mis pasos. No había tiempo para nada. Cuando llegué a la misma sala donde hace un par de días nos habíamos reunidos, me encontré con Lord Elrond y Aragorn, quienes dejaron de conversar al notar mi presencia.
-¿Dónde está?- Ambos me miraban pero no decían nada.- ¿¡Dónde está mi hermano!?- Grité perdiendo la poca paciencia que tenía.
Legolas y Gimli se posaron a tras de mí y miraban de igual forma a esos dos. Esperando una respuesta. Aragorn se acercó con pasos lentos, con la mirada baja. Negó con la cabeza.
-¡Habla de una maldita vez!- Volví a gritar notando como mis ojos se humedecían, esperándome lo peor.
- No sabemos ciertamente lo que ha pasado…Por lo que parece, alguien tiene a Darren bajo su posesión-Su voz era apagada y seria, sus ojos no reflejaban más que preocupaciones. Todos los ojos de los presentes me miraban con el mismo sentimiento.
Mi mundo se quebró en mil pedazos, al mismo tiempo que el corazón me daba un vuelvo y el alma intentaba escapar. Alguien tiene a Darren bajo su posesión. ¿Habían secuestrado a mi hermano? ¡Mierda!. La ira me invadió y también la impotencia, la debilidad. No había sido capaz de estar ahí, de ayudarlo y protegerlo.
-¿Quién ha sido?- Pregunté en un susurro lleno de rabia mientras mis ojos intentaban dejar escapar las lágrimas acumuladas, mas yo me negaba a ello.
-No lo sabemos…- Habló esta vez Elrond.- Nos han mandado una nota, pero esta no dice gran cosa-.
-¿Qué es lo que dice exactamente?- Preguntó antes que yo Legolas, con una gran seriedad en su tono de voz.
-"Lo has perdido"-
Mis ojos se agrandaron y el miedo que ya sentía se duplicó. Era ese tipo, el de mis pesadillas. No, eran más que simples sueños…
Intenté buscarle la lógica, alguna respuesta a todo esto, pero nada. Desde que puse un pie en estas tierras se habían formulado demasiadas preguntas, pero ninguna tenía sus respuestas.
Me sentía agobiada con tantas personas mirándome. Necesitaba desahogarme. Quería ver a mi hermano, saber que estaba bien. Negué con la cabeza mordiéndome el labio inferior, sin poder evitar que esas lágrimas cállense por mis mejillas. Me di la vuelta sin decir nada y empecé a irme, pero tras unos cuantos pasos, mis pies empezaron a correr con fuerza, dirigiéndome a mi cuarto, encerrándome en ella, deslizando mi espalda contra la puerta hasta tocar al suelo.
