Después

Llegué a tu casa temprano, te dije que iría. "Hay que pasar un día diferente" fue mi excusa, y como perro por mi casa apenas abriste la puerta entré a la sala. Me quedaste viendo con cara de "¿qué vamos a hacer?" y yo entendí y te dije "juguemos ajedrez, tenemos bastante tiempo que no jugamos ¿no crees?". Recuerdo haberte dicho eso con mi mejor sonrisa infantil, sonrisa que no pudiste ignorar y reírte por ella.

Al poco rato regresaste con el tablero en mano, y después de sentarnos en la mesa del comedor, cada uno se puso a arreglar sus respectivas fichas, quedando yo, por elección propia, con las blancas. A mi primer movimiento, te fijaste en el anillo en mi mano. Me preguntaste por él y lo único que me atiné a contestar era que en dos días me iría a vivir a la capital. Leíste entre líneas y no sabes lo muy agradecida que estaba, aún después de casi siete años no podía tocar el tema contigo al frente y aún ahora prefiero ignorar el por qué de ello.

Seguimos jugando y mi mente se desconectó, yo todavía podía leer tus emociones a veces, no tus pensamientos, pero con las pocas emociones que leía me bastaba (creía yo), pero en realidad mi anhelo por escuchar aún ahora, que era exactamente para ti no había disminuido un ápice. Sabía que no era una existencia nula, después de todo sé interpretar hasta los silencios pero aún necesitaba oír lo que nunca me habías dicho, lástima que ya sabía que jamás lo iba a escuchar.

Creo que al salir de mi ensoñación, y al mirarte a los ojos, mi mirada era totalmente suplicante, te desconcentraste e hiciste una jugada para la que no estaba preparada, aunque definitivamente me favorecía, y cambié mi mano de la pieza para mover otra y finalmente cantar Jaque Mate.

Dentro de dos días me iría y sabía que no iba a saber más de ti, era casi una certeza, y eso me entristecía a pesar de que el anillo en mi mano significaba mi pertenencia a alguien más. Me deprimía saber que jamás iba a aclarar mis dudas, y aquella ridícula suposición y pregunta del "¿qué hubiese pasado sí…?" apareció de nuevo en mi mente, haciendo que me regañara por eso, era inútil, por más que intentaba no podía borrarla, ¿sería un simple capricho, cariño o simplemente curiosidad?, prefería no ponerme a indagar para responder a esa pregunta.

Luego de estar bastante tiempo hablando de cosas triviales, salí al jardín y al despedirme de ti con un abrazo sentí que la mitad de mi alma se quedaba contigo, después de todo, eso no era una mentira. "Maldita dualidad" –pensé ya harta- ¿es que acaso tenía que fastidiarme algo sucedido hace tanto tiempo por el resto de mi vida? "que asco, definitivamente" fue otro de mis pensamientos.

Inu…

¿Hmph?

Tu… "¿me quieres?" –terminé la frase en mis pensamientos.

¿Yo…?

Olvídalo –me separé de ti- nos vemos pronto –aseguré intentando convencerme más a mi misma que a ti.

Cuídate –fue lo único que me respondiste-

Tu también –fue mi despedida para luego alejarme caminando de allí y meterme en el carro, era hora de dejarlo atrás, en mi pasado, ya que después de todo, nunca hubo otra oportunidad