CAPITULO III - UN TIEMPO DESPUÉS
Iori continuaría fuera de sí un largo tiempo. En ese lapso (habiendo empezado a lanzar sus primeras flamas producto del entrenamiento de su padre), en su estado actual comenzaría a arrojar sus flamas púrpuras de manera desenfrenada, quemando por completo el dojo Yagami, con el cuerpo de su padre dentro. Su demencia lo llevaría a escapar hacia la aldea, donde comenzaría a atacar casas, completamente enloquecido, hasta que finalmente su estado cesaría y caería inconsciente sobre el suelo.
Al despertar de su estado de inconsciencia, Iori descubriría que estaba amarrado a una cama, completamente inmovilizado. En eso vio que una persona ingresó a su habitación y preguntó
- ¿Donde estoy?
- ¿Realmente no recuerdas donde estás? - repreguntó el hombre
- No... Sinceramente... No recuerdo nada. - respondió Iori completamente perdido.
- ¿Ni siquiera recuerdas las últimas cosas que has hecho? - volvió a inquirir el hombre.
- No... Solo recuerdo... Una fuerte discusión con mi padre, quien me terminó arrojando contra la pared, dándome un menudo golpe en la cabeza - respondió Iori tratando de recordar.
El anciano que lo retenía lo miraba con extrañeza. No comprendía cómo, de un momento para otro, ese pequeño que había llegado en un aparente estado de demencia pura, hoy se encontraba hablando con él como un niño normal. Algo muy extraño ocurría y el hombre no lo podía dilucidar.
- ¿Ahora donde estoy? - preguntó nuevamente Iori.
- Estas en mi casa. Protegido. Te encontré en a calle en estado de inconsciencia y te resguardé en mi casa.
- ¿Calle? ¿Casa? - preguntaba Iori sin entender - ¿Donde está mi padre? ¿Que hago fuera del dojo?
- Niño cálmate - pidió el hombre.
Iori se sacudió violentamente y rompió las amarras que lo retenían. Asustado salió a la calle y más aun fue su sorpresa al no saber donde se encontraba. Pero lo que más le asustaba, era la gente que lo veía como un bicho raro. Asustado, se echó a correr por el bosque, tratando de encontrar una respuesta, hasta que sin querer encontró el camino a su casa. Pero cuando llegó al dojo y lo descubrió completamente incendiado, cayó de rodillas sin entender nada. El sueño que había levantado su padre y que tanto le pregonara que iba a ser suyo, hoy se encontraba reducido a cenizas.
Por otra parte, Saisyu no confiaría en la misión que le encomendara su viejo rival de proteger a la niña, de las garras de Orochi. Desconfiaba que su presencia en el dojo Kusanagi, sea motivo de la irrupción del demonio dentro de su territorio, por lo que decidió ir en busqueda de ayuda por parte de una vieja amiga. Fue así como visitó a Yuri Mitsui, la guardiana del espejo sagrado e hija de la última descendiente de apellido Yata. Al igual que Saisyu, Mitsui se encargaba de enseñarle a sus hijas Maki y Chizuru Kagura, las artes místicas del espejo sagrado. Al ver llegar a su viejo amigo, Mitsui se alegró.
- ¡Saisyu-san! pero que grata sorpresa. ¿A que se debe tu llegada, después de tanto tiempo de ausencia? - preguntó Mitsui.
- Yuri-san, necesito de tu ayuda. - respondió Saisyu
- ¿Dime que necesitas? - repreguntó Mitsui
- Hace poco, he tenido un encuentro con Yagami, quien me ha encomendado una misión especial. Sin embargo, tengo temor de fracasar - respondió nuevamente el maestro de las flamas naranjas.
- Explícate mejor - pidió Mitsui - ¿Y que es lo que llevas entre brazos? - preguntó al ver que Saisyu llevaba un bulto en sus manos.
Saisyu comenzó a relatarle a Mitsui como fue su último encuentro con Tao y como fue que le encomendó la misión de cuidar de su pequeña hija recién nacida, ya que presentía que su final estaba cerca. Mitsui también se sorprendió de la historia de Saisyu, a la vez de evaluar la gravedad del caso de sostener a un descendiente del demonio Orochi entre ellos. Así fue que Mitsui accedió a ayudar a Saisyu, con quien combinó sus poderes para neutralizar el gen d Orochi, dentro de la niña, a fin de lograr ocultarla de la vista del monstruo. Asimismo, la jovencita sería instruída para utilizar sus flamas violetas por el bien de la humanidad, en lugar de causar el mal como comúnmente efectuaban los descendientes de su clan.
Los años pasaron y el pequeño Iori finalmente sería adoptado por el anciano que lo rescató de su estado de inconsciencia. Con el paso del tiempo, se convertiría en un muchacho habilidoso, inteligente y muy hábil para desarrollar actividades físicas. Sin embargo, el odio y la violencia inculcada por su padre, lo harían un ser promiscuo y desconfiado, que no aceptaba compañía alguna.
Por su parte, tras haber neutralizado el gen del demonio Orochi y con ayuda del espejo Yata, Saisyu y Mitsui conseguirían dar con el paradero de los abuelos de Izzy (padres de su madre Lien), en quienes confiaron el cuidado y crianza de la jovencita. Desconocedora total de sus orígenes, la pequeña Izzy vivió y creció en un hogar lleno de la felicidad y la alegría que le proporcionaban sus abuelos, además de ser una niña muy inteligente y habilidosa en varios sentidos de la vida.
