PROFECIAS Y MENTIRAS

Varios días después, con muchas de sus pociones ya terminadas y entregadas a ambos bandos, el adusto profesor de Pociones paseaba por uno de los innumerables y casi desiertos corredores, aparentemente en su camino hacia algún otro lugar cuando su camino se cruzó – ¿accidentalmente?- con el de habitualmente huidiza profesora de Adivinación Sybill Trelawney.

Sybill…

La cortes inclinación de cabeza del normalmente seco y huraño hombre hizo aminorar el paso a la extrañada profesora de Adivinación, y tras un par de pasos, el moreno se giró y llamó suavemente:

¿Sybill? ¿Puedes dedicarme un momento de tu tiempo?

Sorprendida, y arrebujándose en sus chales y bufandas la mujer le miró desde detrás de sus enormes gafas y murmuró:

¿Qué has dicho Severus?

El hombre vaciló, miró al suelo y murmuró con aire inseguro:

Puede que no sea nada, pero he tenido…un sueño…

La mujer se aproximó y susurró, estremeciéndose, haciendo tintinear las cuentas de sus collares:

¡Un sueño! ¿Has dicho un sueño…?

Agitando una mano, el hombre pareció darse por vencido y rezongó entre dientes:

Necesito tu sabia ayuda, para entenderlo…

El rostro de Sybill se iluminó como si repentinamente fuese el día de Navidad, y la mujer asintió, vehemente:

¡Claro, claro! ¡Cuéntamelo!

Repentinamente receloso, el profesor se encogió y murmuró:

Aquí no, Sybill, en mis aposentos…

Escoltando a la dama por corredores vacíos, llegaron al despacho del hombre y este hizo pasar a la mujer. Tras activar las protecciones, el hombre ofreció galantemente:

Té, o tal vez una copa de algún licor?

La mujer aceptó al ver aparecer una buena botella de jerez dulce y pronto bebía de su copa, encantada.

Los ojos negros vieron como apuraba su contenido y sonrieron veladamente. En cuestión de minutos y mientras el desvariaba imparable, contándole a Sybill el supuesto sueño, manteniéndola atenta a sus monótonas palabras, y ofreciendo otra copa que fue igualmente consumida con entusiasmo, hasta que la poción mezclada en ellas hizo efecto y la mujer se quedó dulcemente dormida.

Con rapidez, el hombre exploró la mente de la mujer y encontró en ella numerosas lagunas y discrepancias. Alguien había manipulado sus recuerdos reiteradamente, y pese a que el trabajo era bueno, había ciertos flecos perceptibles para alguien entrenado como él. Finalmente encontró la memoria que buscaba y la examinó una y otra vez, hasta estar seguro de que la entendía plenamente. Acabó y salió de su mente y vertió en los labios de la dama el antídoto, y esta empezó a despertar, mientras él seguía hablando sin cesar, añadiendo detalles y giros al relato de su sueño.

Severus, perdona, pero no he entendido eso último…

Con una sonrisa, el hombre repitió un par de frases y la mujer comenzó a hacer su interpretación del sueño. Se despidieron, la profesora muy contenta de haber ayudado tanto y el hombre, furioso más allá de toda imaginación. La profecía, la maldita profecía no era más que un fraude del viejo loco, producto de un Imperius del Director, en su afán de ser todopoderoso y derrotar a Voldemort.

Y todos habían creído a pies juntillas las mentiras: él, James y Lily, Riddle…todos. Furioso, descargó su rabia contra la inocente silla que ocupara la profesora y la redujo a astillas, con una maldición explosiva.

Cuando logró controlarse, entró en sus habitaciones privadas y abrazó a los niños, sobresaltando a Harry y angustiando ligeramente a Draco, que devolvieron el abrazo con ganas, consolando calladamente al hombre con sus presencia y contacto, murmurando entre lágrimas de rabia :

Nadie va a lastimaros nunca más… nunca…nunca jamás…

Escribió una larga y complicada carta para Remus y llamó a Dobby para enviarle con ella, las lechuzas ya no eran seguras y el elfo tembló de emoción ante la responsabilidad, restregando nerviosamente los pies en el suelo. Vacilando, la criatura murmuró abatiendo las orejas:

Dobby se arrepiente ahora de ser un elfo libre. Los secretos de los amos estarían más seguros…si Dobby fuera su elfo…

El hombre dilató los negros ojos y murmuró sorprendido, sabiendo lo duramente que el elfo había luchado por su libertad:

¿Estás seguro Dobby?

El elfo asintió y bajó los verdes ojos acuosos de color verde como el agua sucia al suelo murmurando:

Dobby quiere más a Harry Potter que a su libertad, Señor. Y sabe que será un amo bueno y bondadoso.

El muchacho moreno se levantó y abrazó al elfo, haciendo llorar a este de emoción. Severus aguardó, y cuando el elfo dejó de llorar ruidosamente, preguntó:

¿Quieres hacerlo Harry? ¿Realmente?

Mirando al elfo el muchacho asintió y este susurró, tímidamente, mirando intensamente a Severus con aire suplicante:

Winky sería una elfina feliz si tuviera un amo de nuevo también…

Mirando a Severus, y cuando este asintió, Harry aceptó y tras un chasquido de desaparición y otro más, al regresar, los dos elfos se inclinaron ante el muchacho. Winky dilató los ojos y su borrachera desapareció casi totalmente cuando Harry le preguntó suavemente si quería tener un nuevo amo y la criatura se arrojó a sus pies. En pocos minutos, Severus realizaba el encantamiento para aceptar a la elfina y la magia de esta hizo el resto, atándose voluntariamente a la del hombre. Harry le imitó, y a los pocos instantes susurraba:

¿Dobby?

Si amo?

No me llames amo, nunca mas Dobby, por favor.

Sí Señor Potter.

Se inclinó el elfo, sonriente y radiante, haciendo rodar los ojos al joven adolescente.

Y otra cosa, Dobby, hazte un uniforme por favor, unos pantalones, camisa y túnica… En tu tiempo libre puedes llevar lo que quieras pero en público, limítate a algo sencillo.

Winky sonrió, encantada, cuando Severus le ordenó lo mismo, en gran parte para mantener la ilusión de que los dos aun eran elfos libres, y finalmente Dobby partió con la carta y dio algo de dinero a la elfina para comprar las telas necesarias.

Una vez vinculados, entregar la carta a Remus fue facilísimo, ya que un elfo siempre sabe donde están sus amos y puede encontrarlos en cualquier circunstancia, salvo que alguna barrera impida su acceso a ellos. El profesor Remus Lupin era familia para Harry y Dobby le localizó sin esfuerzo.

Con precaución y haciéndose invisible, el elfo se aproximó cauteloso al refugio del hombre lobo, y una vez que estuvo seguro de que estaba solo, se hizo de nuevo visible, sobresaltando ligeramente al hombre.

¿Dobby?

La alarma brillo en sus ojos dorados y se levantó del tosco lecho en que descansaba. Olfateando nerviosamente, el hombre preguntó inquieto:

¿Ha pasado algo?

Inclinándose en un reverencia, el elfo sacó la carta de entre su ropa y exclamó tendiéndola con gozo:

No, amo Remus. El Señor Harry Potter es ahora el amo de Dobby y Winky pertenece al Profesor Snape. Y Dobby está muy contento de servir a Harry Potter y a su familia.

Remus tomó la carta y rompió el sello, husmeando el delicioso aroma de Severus en el pergamino y se sentó de nuevo, leyendo cuidadosamente la densa letra de su compañero y amante. Sus ojos chispearon y el hombre gruñó sordamente de furia, apretando el pergamino hasta casi romperlo entre sus manos engarfiadas. Cerró los ojos, haciendo una bola cada vez más apretada con la carta, mientras su mente se disparaba.

"¡Mentiras! ¡Todo mentiras! Ese viejo ha estado jugando con nosotros, como piezas de ajedrez, peones prescindibles y desechables. ¿Cuánto daño ha hecho? ¿A cuántos más les ha destrozado la vida con sus manipulaciones? Sirius, Harry, Severus, tal vez incluso Draco…"

El hombre lobo se calmó lentamente, mientras Dobby temblaba ligeramente, acobardado ante la rabia que emanaba de él. Poco a poco, Remus alisó el pergamino entre sus dedos y acabó por tener que usar su varita para poder leer el resto, de tan arrugado como había quedado. Bien, tenía trabajo al parecer, y poco tiempo para llevarlo a efecto, así que doblando de nuevo el pergamino, lo guardó y le dijo al elfo:

Dobby, dile a Severus que haré lo que me pide, y que si necesita ayuda, que te envíe de nuevo. Vale?

El elfo asintió en silencio y partió, desapareciéndose de la choza con un plop. Remus recogió sus escasas cosas y metiéndolas en una usada mochila, se la puso al hombro y empezó a caminar por el bosque, sin tan siquiera molestarse en mirar atrás.

Pocos días después, un Albus Dumbledore internamente muy enfadado, pero con una radiante sonrisa en los labios, enviaba recado a Harry indicándole que quería verle en su despacho. El joven palideció al ver la nota, entregada por un elfo se Hogwarts, y apretó la mano de Draco entre sus dedos, tirando de él apresuradamente en dirección a las mazmorras y las habitaciones de Severus Snape. El profesor no estaba en sus cuarteles privados ni su despacho y tras instruir a Draco para que se quedara en la seguridad de las habitaciones, en compañía de Azul, el Griffindor se encaminó hacia el laboratorio, usando el camino del pasadizo secreto.

Su presencia inesperada alertó al hombre, que le hizo un gesto con la mano al verle aparecer. Varios calderos reposaban en una mesa lateral, fruto del trabajo de esa mañana, pero el hombre aun trabajaba en alguna otra cosa, rodeado de varias barreras protectoras y vestido con ropas especiales y guantes de piel de dragón.

EL moreno se detuvo, pese a su evidente agitación y aguardó mientas el Profesor removía velozmente en un sentido con una varilla de cristal y rápidamente la cambiaba por otra de plata para remover en el sentido opuesto. Incluso a través de las burbujas de protección, Harry percibió el intenso olor acre de la poción, y tras un rato, esta cambió de color y Severus pudo por fin relajarse y colocarla a enfriar bajo una nuva burbuja.

Despojándose de los guantes y la túnica protectora, el hombre escuchó en silencio a Harry mientras este le comunicaba las órdenes del Director. Los ojos negros relucieron y el gesto del Slytherin se endureció, y el hombre cerró completamente los ojos de rabia, antes de poder volver a abrirlos, reprimiendo un estremecimiento de ira.

Cerrando el laboratorio completamente, protegiéndolo con su magia, el hombre se sentó en un banco y Harry ocupó el sitio a su lado. Deslizándole un brazo por los hombros y besando ligeramente el brillante cabello moreno el hombre suspiró pesadamente y murmuró:

No puedes negarte, eso está fuera de lugar, pero si puedes ir acompañado, por mi…

Un largo rato después, Harry se plantó delante de la gárgola susurrando "varitas de regaliz" y la escalera espiral se reveló, girando suavemente, mientras el muchacho miraba tercamente al suelo. Educado pese a todo, tocó en la puerta, y la voz falsamente dulce y paternal del Director exclamó:

¡Adelante Harry!

El joven abrió la puerta por completo y se plantó en el umbral, vacilando sobre sus pasos, mirando a ambos lados como si quisiera comprobar que no había nadie más en la habitación. Tras unos instantes el Director añadió:

Vamos hijo, pasa y siéntate de una vez…

Con un suspiro casi inaudible el moreno cerró lentamente la puerta, apretó los puños con decisión y se sentó rígido y erguido en la dura silla de madera, mirando atentamente a los retratos de los antiguos directores. Uno de ellos en especial, entreabrió los ojos al verle y en aquellos ojos brilló una leve chispa de reconocimiento.

¿Cómo te va con Severus, Harry?

Gruñendo y frunciendo el ceño, los ojos verdes relucieron y el joven masculló entre dientes:

¿Ud que cree, Director?

Albus alzó una ceja y murmuró condescendientemente:

Vamos Harry, el Profesor Snape puede ser algo…adusto, pero incluso eso es mejor alternativa que pasar las vacaciones con tus parientes, no?

Los ojos verdes refulgieron de nuevo, pero el joven guardó silencio, mirando obstinadamente a la pared, aunque en realidad, sus ojos buscaban los del cuadro. Con una sonrisa, el anciano mago ofreció:

¿Té? ¿Alguna galleta?

Sobre la mesa apareció un servicio de té y el anciano sirvió dos tazas, invitando con los ojos al muchacho a beber antes de continuar la charla. Harry tomó la taza entre sus manos y ante presión de los ojos azulones, tomó un sorbo, imitado por el anciano que apuró su taza y murmuró:

Bien Harry… me temo que tenemos un problema que resolver.

Los ojos exploraron el rostro adolescente y ante su expresión de confusión, el hombre añadió:

Hemos tenido que abandonar Grimauld Place, Harry… el lugar ya no es seguro para la Orden…

Harry parpadeó furiosamente, luchando por contener las lágrimas, los súbitos recuerdos de la muerte de Sirius agolpándose en su mente y jadeó, los ojos bajos, luchando por recobrarse. Viéndole roto, Albus esbozó una ligera sonrisa de satisfacción, y murmuró en tono falsamente reconfortante

Me temo que la muerte de Sirius nos ha afectado mucho a todos, hijo, pero este tema no admite demora.

Secándose las lágrimas con las mangas de su horrenda camisa, el muchacho alzó la vista de nuevo y murmuró casi inaudiblemente:

Pero…¿Qué puedo hacer yo, Director?

El hombre sonrió y añadió con ojos chispeantes tras las gafas de media luna:

Veras Harry, creemos que Sirius no tuvo tiempo de hacer testamento, y por lo tanto, no estamos seguros de a quien pertenece la casa ahora mismo…y dado que no tuvo hijos, existe la posibilidad de que haya pasado a manos de Bellatrix Lestrange, su prima… aunque también podría haberla heredado tú…

La mente de Harry gritó en silencio, mientras el muchacho ponía cara de ultraje y dolor, los ojos llenos de emociones encontradas.

"¡Maldito seas! Tu preciosa Orden es todo lo que te importa, no?¡Al diablo con la casa! Si no fuera porque tampoco quiero que sea para Bellatrix, me importaría un bledo lo que ocurriera con ella"

Una fantasmal presión en su hombro le reconfortó y el joven murmuró:

¿Y qué puedo hacer yo?

Veras Harry, si resulta que eres tú el que ha heredado la casa, también habrás heredado…

A un gesto suyo, un elfo mugriento y muy anciano, de narizota similar a un hocico, con grandes ojos sanguinolientos se apareció en el suelo del despacho .

A Kearcher…

El elfo se agarró una tremenda pataleta y berreó:

¡Kearcher no quiere, el ama se enojará si un sangre sucia pone las manos en su casa! ¡La señorita Bellatrix es su nueva ama, si, una Black de purasangre!

Mientras el elfo pataleaba y continuaba protestando, el Director alzó la voz para hacerse oír por encima de las protestas del este y añadió:

Dale una orden, Harry. Si la casa es tuya, Kearcher también, si no, tendremos que pensar en cómo mantenerle alejado de Bellatrix, conoce demasiados secretos de la Orden…

Harry vaciló, dividido, pero la presión de su hombro le decidió y exclamó:

¡Cállate Kearcher!

Por un momento el elfo boqueó, en silencio, y después, una sonrisa maliciosa se dibujó en sus facciones y la criatura exclamó:

¡No!

Y desapareció con un plop, dejando boquiabierto a Albus, cuyos ojos empezaron a relucir de enojo y furia. Solo la presión en su hombro calmó la angustia de Harry y este miró como las facciones del Director se transfiguraban.

¡¿Te das cuenta de lo que esto supone , muchacho?¡ ¡¿Sabes cuanto esfuerzo va a suponer mantener alejado a ese elfo de los Lestrange?!

Lo siento tanto Director…

Rumiando furia, el hombre gruñó y exclamó:

¡Márchate! Tengo asuntos de que ocuparme!

Murmurando mas disculpas, Harry se apresuró a deslizarse hacia la puerta y corrió escaleras abajo, sin detenerse hasta llegar a las habitaciones de Severus. Despojándose de la capa de invisibilidad, apenas entraron a su salón, el hombre abrazó al moreno y susurró:

Lo has hecho muy bien, Harry.

Draco saltó del sofá exclamando alegre:

¡Harry!

Y se lanzó su cuello, dejando que el adolescente le cogiera en brazos como siempre, mientras enredaba brazos y piernas en torno a su amigo. Harry besó las suaves mejillas y Draco plantó un casto beso en sus labios, ignorando las miradas de su padrino. Los chicos comenzaron a murmurarse naderías el uno al otro, olvidados por completo de la presencia del adulto, sumergido en una burbuja donde solo ellos dos existían. Las caricias que se prodigaban no eran impropias, eran como las caricias que una madre da a su hijo y viceversa, arrumacos llenos de afecto y ternura. Era la mirada que se cruzaba entre ambos lo que preocupaba a Severus, porque los dos perdían la noción de cuanto les rodeaba, y sus ojos relucían.

Meneó la cabeza, y carraspeó, atrayendo la atención de ambos y sonrió al ver el mohín de disgusto de su ahijado al verse interrumpido. Si, Draco iba recuperándose lentamente, y al parecer Harry era la mejor medicina para él y viceversa. En el tiempo transcurrido desde el accidente, la mentalidad de Draco había madurado poco a poco, aunque no su cuerpo. Horribles memorias y recuerdos le asaltaban por las noches, en forma de pesadillas, y era Harry el único que podía confortarle y hacerle volver a estar en paz consigo mismo. Y si los indicios no mentían, el ayudar al chiquillo estaba haciendo maravillas para aliviar la amargura y el dolor del Griffindor.

Los chicos le miraron y Harry, más consciente, se sonrojó levemente y murmuró:

Lo siento Severus…

Suspirando, el hombre se sentó en el diván y los jóvenes le rodearon, cada uno aun costado, envolviéndole a él también en su afecto y confianza. Acariciándoles el cabello a ambos el hombre comenzó a hablar:

Veras Harry, con todo lo que ha pasado, no hemos tenido tiempo de hablar de asuntos legales, y supongo que te ha sorprendido lo que ha sucedido.

El ojiverde asintió en silencio, y el hombre continuó:

Tu padrino sí dejó testamento, Sirius era más precavido de lo que Dumbledore pensaba, creo que sospechaba algo, que desconfiaba…y te dejó todas sus posesiones, absolutamente todas, menos una cierta suma de dinero para Remus.

La cara de perplejidad del moreno fue evidente, pero guardó silencio, dejando continuar al hombre.

Te adoptó legalmente como hijo suyo, es una prerrogativa de un padrino, aunque no cambió tus apellidos, eso queda a elección tuya, y te legó su titulo y posesiones, así que no te preocupes, Kearcher estaba solo representando un papel.

Severus vaciló, no estaba seguro de que Harry apreciase lo que iba a decir a continuación, y el muchacho percibió su inseguridad, el hombre no llevaba su eterna mascara con ellos, dejaba fluir sus emociones y sentimientos.

Además… dejó nombrados tus tutores en el caso de…

La voz del Slytherin se quebró y una lágrima afloró en sus ojos negros, y fue restañada por las suaves manos de Draco, arrancándole una sonrisa triste.

Remus y yo…hemos aceptado, Harry. Es la mejor manera de protegerte a la larga, aunque ahora mismo no me atreva a usas mis prerrogativas y sacarte de aquí. Hay demasiados peligros ahí fuera, de momento…

Harry permaneció en silencio unos momentos, mirando fijamente al hombre, y este empezó a temer que el joven no le aceptase y se estremeció, bajando los ojos levemente con tristeza. Era duro, pero comprensible que Harry no le aceptase y suspiró resignadamente. En apenas un murmullo, el Griffindor preguntó:

¿Entonces… Remus y Ud son mis padrinos ahora?

El hombre asintió en silencio y murmuró:

Entiendo que estés disgustado, pero legalmente es imposible que hubiesen dejado que Remus asumiese tu custodia solo,…Sirius fue muy generoso demás de precavido al respecto.

Harry abrazó fuertemente al hombre, casi subiéndose a su regazo, y hundió la cara en su cuello, casi ahogándole con la repentina presión.

No podría desear mejor familia…de verdad, Severus.

Devolviendo el abrazo con ganas, el hombre murmuró:

Ni yo tampoco, Harry. Ni yo tampoco.

Tras el arrebato emocional, y mientras Draco escuchaba atentamente, el hombre les puso al corriente de las novedades respecto a su custodia. En ausencia de su padre y ante la inacción de Narcisa, su madre, Severus ostentaba provisionalmente la custodia de Draco también, y Remus estaba intentando hacer que los duendes reconocieran legalmente este derecho con plenitud, haciendo valer ante ellos los abusos sufridos por Draco a manos de su padre, despojándole para siempre de sus derechos sobre él. Los magos menos tradicionales, y en los últimos tiempos tendían a llevar sus asuntos legales ante el Ministerio, pero ancestralmente, y desde siempre, eran los duendes quienes habían sido los notarios y albaceas de los documentos y registros legales de los magos, neutrales e imparciales.

Por eso Remus estaba ahora luchando silenciosamente, presentando las evidencias que tenían, sus propias memorias y las de Severus, ya que no las de Draco, ante los más altos duendes, mientras arreglaba todo el papeleo preciso para que Harry nunca volviera a sufrir a manos de nadie. Por otro lado, el lobo había disfrutado especialmente de aterrorizar a los Dursley, rondando la casa bajo un hechizo, aullando maliciosos comentarios en los oídos del Vernon y haciendo sugerencias insidiosas en los de Petunia… hasta provocar tal altercado y alboroto en la casa, que la policía muggle acudió.

Aunque en principio se trataba de una simple visita, por los ruidos provenientes de la casa, los policías tropezaron con la alacena de Harry y las sabanas llenas de sangre y las fotos sospechosas de un niño desnudo les hicieron registrar más a fondo. Remus rió en silencio susurrando al oído del agente que registraba la alacena, que tal vez había algo debajo del suelo y el hombre encontró la tabla suelta, debajo de la cual, había cintas de video de Vernon y Harry. Los dos adultos acabaron en la comisaría y Dudley en los Servicios Sociales, mientras la risa de Remus rodaba una y otra vez por la casa ahora vacía.

La travesura de Remus aun no había alcanzado los oídos del Director, pero Harry estuvo seguro de que estaría furioso cuando se enterara, y de que le costaría muchísimo esfuerzo tapar todo el asunto. Harry rió y sonrió abiertamente, los ojos brillantes, apretando la mano de Draco en la suya, no queriendo dejarle a un lado y le miró, dedicándole esa mirada tan especial que ambos compartían, haciendo sonrojarse levemente al chiquillo, que había escuchado atentamente y fascinado toda la historia. Con una decisión y una vitalidad arrolladora, el rubito apretó la mano de vuelta y murmuró, mirando a su padrino:

Ahora ya nadie le hará daño, sois unos padrinos estupendos….