*Gilbert y Ludwig tampoco son hermanos. Básicamente nadie es hermano de nadie en este fic. Excepto los Vargas, porque es imposible que no lo sean (;


-¡Ei! ¡Señor! ¡Señor, por favor, voy a pedirle que salga! ¡No puede estar aquí!

Me di la vuelta conteniendo una mueca, tratando de componer mi mejor cara de inocente desconcierto. No fue muy difícil.

-¿Qué? ¿Perdón? ¡No hablo inglés!- Grité, en el español mezclado con inglés más chapucero que pude imitar. Tuve que morderme el labio para evitar soltar una carcajada ante el repertorio de improperios murmurados por el guardia.

-Señor.- Dijo muy pacientemente el pobre guarda de seguridad, hablando lentamente y gesticulando.- No puede estar aquí a no ser que sea cliente del hotel.

Abrí mucho los ojos, encogiéndome levemente de hombros y frunciendo el ceño con fingida frustración.

-No entiendo ni una palabrita, lo juro, podríamos estar aquí todo el día y nada de nada.- Hablé, en español tan rápido que ni mi madre me entendería, gesticulando como un maniaco.- Pero tranquilo, no pasa nada, yo disfruto un segundo más de las vistas maravillosas de su fantástico hotel y me largo y no molesto más, parece que tienes cosas mucho más interesantes que podrías estar haciendo ahora mismo en vez de atender a un español idiota, ¿verdad? Seguro que eso es lo que andas murmurando, normal por otra parte.- Fui avanzando hacia el ascensor sin dejar de hacer aspavientos, seguido por el desconcertado guarda, que parecía ligeramente mareado con la velocidad a la que le estaba hablando en un idioma que no comprendía. Lo cual era el objetivo, claro.- Lo siento, Johnny, ¿tu nombre es John, verdad? Eso pone en tu placa. Pareces buena gente, padre de familia y todo eso, y… y voy a dejar de marearte ya, porque imagino que sufrirás bastantes turistas a diario. Hablando de eso, ¿unas clases de español? No te vendrían mal, ¡esto es Las Vegas, amigo mío! Y resulta que tu hotel tiene una de las terrazas con mejores vistas de toda la ciudad, no podía perdérmelo, ¿sabes? No sería nada asombroso, como diría un buen amigo. Este truco lo aprendí de él, por cierto. Te hablaría más del tema, pero creo que empiezas a plantearte usar esa porra conmigo, así que voy a ir retrocediendo muuuyyy lentamente, me piro, tranquilo, ¿ves? Nada que ver aquí, un turista perdido. Vale, Johnny, ha sido un placer charlar contigo, ya nos pondremos al día en otro momento, ¡chau!

Hice un gesto de despedida justo cuando se cerraban las puertas del ascensor del hotel en la cara del exasperado guarda. Pobre hombre. Pulsé la planta baja, canturreando para mis adentros la melodía de "Misión imposible".

Había empezado el día revisando todas las notas sobre los crímenes del "asesino del mundo", como había empezado a llamarlo en mi cabeza, pero después de dos horas atrapado en la habitación de mi motel cutre me había rendido.

Nunca he sido una de esas personas que pueden permanecer sentadas mucho rato, al fin y al cabo. Y como detective, revisar, leer y hacer hipótesis en una habitación cerrada no ha funcionado nunca para mí. ¿Qué puedo decir? La calle me llamaba. ¡Y estaba en Las Vegas! Así que cogí mi mochila y me puse a recorrer la ciudad.

Entrar en hoteles de lujo para asomarme a la última planta a disfrutar de las vistas era algo que llevaba haciendo desde los tiempos en los que éramos Gil, Francis y yo recorriendo Europa haciendo auto stop. Y la maniobra "Habla-hasta-que-exploten-cabezas", era algo que Gilbert había desarrollado durante aquellos días. Aunque siempre acababa siendo yo el que la llevaba acabo. Algo que ver con mi facilidad para hablar sin parar de forma natural y parecer encantador, según Francis, y no un pesado escandaloso como Gil o un pervertido como el propio francés. Múltiples experimentos habían demostrado que, de los tres, yo era el que tenía menos posibilidades de acabar recibiendo una hostia. Aunque reconozco que un par de veces nos habíamos cruzado con gente que de verdad entendía lo que decíamos. No fue bonito. Pero era un clásico igualmente.

Pensar en Gil y Fran me estaba poniendo nostálgico, así que mientras salía del lujoso hotel saludando con una sonrisa a la recepcionista, saqué el móvil y pulsé mi contacto favorito.

-Línea caliente "L'Amour", hacemos descuentos para españoles buenorros, ¿en que puedo servirle hoy?- Me contestó al tercer timbrazo la voz de mi mejor amigo francés, en un ronroneo supuestamente seductor.

-No sé si califico, Fran.- Respondí con una carcajada.

Se oyó un bufido al otro lado.

-Por supuesto que calificas, idiota humilde.

-¡Fran! ¡¿Es ese Toño, el que oigo al otro lado?!- Se oyó de fondo una voz a todo volumen.

-Ei, Gil.- Saludé sonriendo de oreja a oreja.- Al menos yo sí que te oigo. Desde el otro lado del atlántico y sin teléfono.

-Ya ves que este imbécil escandaloso sigue igual que siempre.- Resopló Francis.

-¡Oye! ¡Tan asombroso como siempre, quieres decir!

Me reí entre dientes mientras ese par se ponía a discutir. Si había una invariable en el universo eran esos dos.

De verdad echaba de menos a mis mejores amigos. Justificable, teniendo en cuenta que vivíamos en la misma ciudad desde los veintitrés, y antes de eso ya éramos amigos. Realmente fue casualidad que Francis acabase mudándose a Barcelona con su trabajo como escritor, pero él decía que la ciudad le inspiraba. Y nosotros, claro. No sé cómo exactamente inspirábamos sus libros de autoayuda, pero mejor no preguntar. Gil vivía en mi mismo barrio, pero de alguna manera siempre acabábamos en casa de Francis. Y parecía que la cosa seguía igual ahora mismo.

-¿Han vuelto a echar a Gil de su apartamento?- Me reí.

-Ha tenido que escapar de una horda de vecinos enfurecidos y llamadas a la policía por ruidos y condiciones insalubres en su piso de alquiler.- Comentó Francis.- Ya le dije que no podía tener pollos sueltos por ahí.

Solté una carcajada, aliviado al oír hablar del día a día de mis amigos.

La relativa normalidad de sus vidas solía funcionar como una válvula de escape para mi trabajo, lleno de muerte, almas retorcidas y crueldad humana. Restauraba mi fe en las personas y me ayudaba a recordarme por qué me dedicaba a esto.

Si esos dos podían seguir haciendo bromas el mundo seguiría girando, supongo.

Estaba bien poder relajarte y oír hablar de algo en lo que lo más grave eran los problemas de Gil por haber sido pillado volviendo a hackear una página porno.

-¿Qué tal todo por ahí?- Preguntó Fran, acallando al escandaloso germano.

-Pues estoy en Las Vegas ahora mismo… ¿os acordáis de cuando planeábamos venir los tres y casarnos entre nosotros solo por molestar a tus padres, Fran? Dios, hace la vida de eso.- Suspiré, sonriendo.- Os estoy echando en falta, eso seguro, tal vez no para casarnos, pero… ¡ah! y no os creerías la maniobra Hablar-hasta-que exploten-cabezas que acabo de ejecutar, esta vez ni siquiera he tenido que hacer "un Gil".

-¡No podrías hacer "un Yo" ni aunque quisieras!- Exclamó Gilbert con una risotada.- Acéptalo, Toño, ¡tu idioma es demasiado flojeras como para que funcionase!

-¡Ei! ¡Sexy! ¡La palabra que buscas es sexy, no flojeras!- Interrumpí, fingiendo haberme ofendido y riendo al mismo tiempo.

-Oui, pero Gil tiene razón, ningún idioma puede imitar al alemán enfadado.- Sentenció Francis.- Si nosotros nos pusiéramos a tronar palabras al azar como él no intimidaríamos a nadie.

-¡No tengo la culpa si gritar "mi pollo tiene anginas" en glorioso alemán con cara de estreñimiento hace que alguien se ponga a temblar!- Se carcajeó el germano.

-¿Eso era lo que decías? Habría jurado que estabas invocando a Satán.- Murmuró Francis.

-Menos, franchute. El alemán es un idioma jodidamente increíble. Asombroso incluso. Poético. Melodioso.

El bufido sardónico de Francis fue de proporciones épicas. Dejé que continuasen con otra de sus discusiones, paseando por la calle con el móvil al oído, mirando hacia arriba constantemente para no perderme los carteles de los casinos, las vallas publicitarias y altos edificios.

Me pregunté si habría cerca algún restaurante mexicano barato. De verdad que me apetecían burritos. Debería tratar de alejarme de las calles más turísticas si quería encontrar algo económico.

-Toni, sé que hace como diez minutos que no nos estás escuchando.- Cortó la voz de Francis en mitad de mi divagación.

Solté una risa culpable. A veces conocernos tanto no era nada útil.

-Umh. ¿Sí, Fran?

-Pff, ni siquiera lo niega.- Se rió Gilbert.- Decíamos que qué tal va el caso. ¿Algo interesante que no sea súper-ultra-mega-híper-confidencial y nos puedas contar? ¿Has hecho amiguitos en tu primer día de clase?

Me reí de buena gana.

-Bueno. No os puedo hablar mucho del caso, ya sabéis.- Dije. Entonces se me ocurrió una idea, acordándome de los últimos informes que había estado leyendo.- Pero la verdad es que no vendría mal vuestra ayuda respecto a unas cuestiones. Sobre todo la tuya, Gil; son dudas históricas.

El germano soltó un chillido de emoción.

-¡No me lo puedo creer!- Exclamó en falsete.- ¡Por fin mis tres años de grado en Historia dan sus frutos! ¡Para quién decía no iba a servir para nada! ¡Chúpate esa, papá! ¡JA!

Francis volvió a bufar.

-Ya, ya, Gilbert es útil, ¡novedad!- Se oyó un golpe y un quejido por parte del francés.- Auch, Gil, la violencia no lo hace menos cier… ¡ay! ¡para!- Se escuchó un estrépito y de nuevo la voz de Francis, resollando al teléfono.- En fin. Cuéntanos primero qué tal tus nuevos compañeros.- Dijo el francés con tono alegre.- Estoy seguro que ya les tienes fichados y diseccionados.

-¡Sólo he tenido una reunión con ellos!- Protesté.

-Por favor, Toni.- Resopló mi amigo.- Nos conocemos. Adelante, expláyate.

Eso era un claro vía libre para mis divagaciones. Sonreí.

-Bueno, tú lo has pedido, Fran.- Dije en tono cantarín. Oí a Gil gruñir de fondo. Tomé aire.- Primero tenemos a Kirkland, el director.- Comencé, dejado a mi mente vagar por todos los pequeños gestos e inflexiones en la voz que había recopilado de Kirkland, además de las sensaciones que me había causado y lo que había podido intuir de él.- A primera vista, un inglés pomposo, del tipo de persona que que va de profesional y cree estar por encima de todo, envuelto en seriedad y orden. Pero tiene un temperamento fuerte, bastante explotable, por no hablar del orgullo. Si tuviese que interrogarle siempre tiraría de ahí, sacándole de su zona de confort. Como poli parece del tipo perro de presa: si coge algo no lo va a soltar. Inteligente, cómodo en puestos de poder… ¿Posibles inseguridades relacionadas con su infancia? No lo sé, ahí me estoy arriesgando, ¿suena mucho a Freud si digo que problemas con la figura paterna?- Me pregunté, esquivando a última hora una farola hacia la que me estaba encaminando sin darme cuenta.- No sé, necesitaría más tiempo para desarrollar la teoría, y más datos, pero probablemente su puesto en su familia siempre ha provocado que tuviese que probarse constantemente a sí mismo, luchando por atención. Creo que es un rebelde bajo toda esa fachada trajeada.- Pausé un segundo, torciendo el gesto.- ¿Os podéis creer que me dijo que yo no iba adecuadamente vestido? ¡Llevaba una camisa! ¿No es suficiente? ¿Qué se cree que es? ¿una funeraria? ¿"Los hombres de negro" o algo así?- Me quejé, derivando fuera de mi análisis.

-Es el FBI, Toni. Lo más próximo a "Los hombres de negro" que te vas a encontrar.- Comentó Francis.- Y no tengo problemas para imaginarme la horrenda ropa que llevarías, así que estoy de acuerdo con el inglesito.

Murmuré un "traidor" por lo bajo, pero enseguida fui cortado por Gilbert.

-O sea que tu jefe es un punki disfrazado de traje y os caéis de culo en un solo día.- Resumió.- ¡Guay! ¿Alguien más interesante? ¿Chicas?

-Están Héderváry y Williams. Héderváry es también europea, de Hungría, creo, trabaja en la Europol, con carrera militar y todo.- Comenté, recordando la sensación que me había dado la agente morena.- Dura de pelar, no se deja mangonear. Probablemente del tipo de poli que prefiere trabajo de campo, muy de acción. Umh, hipótesis: siempre ha tenido que valerse por si misma y hacerse hueco en un mundo de hombres, para eso ha adoptado una actitud directa y agresiva antes que defensiva. ¿Algo masculina? En el sentido socialmente establecido, me refiero, no es como si las etiquetas de feminidad y masculinidad tuviesen sentido de todas formas, suele ser ridículo, ¿no creéis? … Mmh, ¿por dónde iba? ¡Ah! Muy leal, me apostaría algo, pero difícil ganar su confianza...

-¡Me encantan las tías duras!- Gritó el germano, interrumpiéndome.- ¡Preséntamela, Toño!

-Sueña, Gilbert, sueña.- Se burló Francis.

Continué diseccionando lo que había recopilado de mis impresiones de mis compañeros de trabajo, mientras mis dos amigos interrumpían de vez en cuando con comentarios, pero me dejaban seguir mi desarrollo. Me conocían de sobra como para saber que me encontraba demasiado metido en mis descripciones como para parar. Además hablar en voz alta me dejaba ordenar mis ideas y dar forma a detalles en los que ni siquiera me había dado cuenta que había reparado. Era terapéutico.

Fran y Gil estaban acostumbrados. Llevaba utilizando a mis amigos como pared de resonancia para mis ideas e impresiones de crímenes y personas desde que comencé como detective de homicidios. Por supuesto nunca revelaba todos los detalles de los casos, y dejaba fuera ciertas partes que no podían conocer, pero aún así era increíblemente efectivo.

-…La verdad es que sin duda es la persona que más problemas tenía de la sala, eso seguro.- Relaté, continuando con mi descripción del detective Vargas. Estaba bastante entregado en este punto, gesticulando entusiasmado hacia el aire frente a mí, sin dejar de andar. Apenas me di cuenta de que los transeúntes que pasaban por mi lado se apartaban mirándome con cautela.- ¡Y es interesante! Porque es como un libro abierto, en serio, no os hacéis a la idea de lo fácil que es leerle, pero al mismo tiempo pasa de una emoción a otra demasiado rápido, haciendo que sea impredecible. Probablemente muy volátil, poco control sobre su lado emocional.- Una señora mayor apenas se apartó a tiempo para esquivar el manotazo que di al aire para acompañar a mis palabras. Me apresuré a disculparme veinte veces, asegurándome de que la mujer estuviera bien. Retomé la conversación en cuanto nos despedimos tras haberme dado un par de caramelos que tenía en su bolso.- Kirkland fue un cabrón y le puso a prueba sacando todos sus problemas y detenciones anteriores.- Dije como si no me hubiese interrumpido, mientras Fran murmuraba algo sobre mí y mi manía de hablar con extraños. Desenvolví el chupa-chups que me había dado la simpática señora, metiéndomelo en la boca con un suspiro satisfecho.- Que no son pocos, pero aun así tendríais que haber visto a Vargas: estaba a punto de explotar. Que supongo que era justo lo que Kirkland quería probar. No me habría extrañado si se hubiese lanzado a moler a hostias al director del FBI.

Gil silbó por lo bajo.

-¿No lo hizo?- Preguntó Francis.

Me encogí de hombros.

-Sinceramente, creo que lo habría hecho si nadie hubiese interrumpido.

-Pero por supuesto interrumpiste.- Aventuró el francés.

-Dije algo del almuerzo para sacarle de allí.- Comenté, jugueteando con el chupa-chups.- Creo que Jones se dio cuenta y me siguió el rollo. Kirkland y Vargas no. Williams no estoy seguro, puede ser, parece muy perceptiva.

-Así que rescataste a Vargas.- Resumió Francis, interesado. Probablemente pensando en su próximo libro de auto ayuda.- Cuéntanos más de él, parece que tiene problemas para rato.

-Nada de meterlo en tus libros.- Avisé. El francés refunfuñó por lo bajo. Yo contemplé mi chupa-chups, mordiéndome el labio rememorando el comportamiento del detective italiano.- Tiene problemas de ansiedad y de ira, aunque creo que los está tratando. Puede que algo de trastorno obsesivo compulsivo, no sé, no paraba de repetir un movimiento con la mano, como si quisiera hacer algo y se interrumpiese constantemente. Al principio pensé que era fumar, pero no. Y no os lo vais a creer, pero creo que tiene que ver con dibujar.

-¿Dibujar?

Asentí entusiasmado, antes de caer en la cuenta de que no podían verme.

-¡Nunca he visto nada así! Pero creo que lo utiliza como manera de lidiar con su ansiedad, como si fuese su ritual a llevar a cabo en esos momentos. Tendríais que haber visto su cara cuando por fin cogió un carboncillo.

-Y a mí me dicen que tengo problemas.- Se rió Gilbert.

-Tienes problemas, Gil.- Corrigió Francis.

Me imaginé que el germano estaría sacándole la lengua a Fran, y estoy bastante seguro de que acertaba.

-Mhm.- Murmuré, entrando en un restaurante alejado del bullicio de la calle principal. Tenía una pinta algo cuestionable, pero ponía especialidad burritos, y quién era yo para juzgar. Saludé con una gran sonrisa a la camarera y me puse a hojear el menú.- Va a ser muy interesante, eso seguro.- Suspiré, decantándome por la opción más barata.

-Toni, te das cuenta de que estás allí por un caso, ¿verdad?- Preguntó Francis lentamente, sonando exasperado.- Deberías encontrar el caso interesante, no tus compañeros.

-¡Oh! ¡Claro! ¡El caso también es increíblemente interesante! ¡Va a ser difícil!

La camarera volvió con mi deliciosos burrito y unos nachos. Le di las gracias con una sonrisa de lado a lado.

-¿Por qué suenas entusiasmado con la posibilidad de que os vaya a costar atrapar a un psicópata?- Preguntó Gilbert, sonando falsamente preocupado.- Fran, ¿por qué suena entusiasmado?

El francés resopló.

-¿Cuáles eran esas cuestiones históricas que querías preguntar, mon ami?- Dijo, cambiando de tema.

-¡Cierto!- Exclamé, con la boca llena. Estaba buenísimo, y con la proporción de tomate perfecta.- Mm, vale, un segundo.- Murmuré, revolviendo mi mochila para sacar mi cuaderno y un lápiz. Revisé mis notas, masticando con ganas el burrito.- A ver, mi duda era sobre Juana de Arco. Y los guillotinamientos en la época de la Revolución, y uh, espadas.

-Estoy oficialmente perdido.- Contestó el francés.

-Tiene que ver con el caso.- Expliqué, revolviéndome en el asiento.- Necesito contexto histórico para ciertas formas de ejecución. Y contexto cultural. De Francia, concretamente. Y lo que tengo que poner en relación con Francia es una decapitación con espada y una quema en una pira.

-¡Esto sí que suena interesante!- Gritó Gil, y casi podía verlo frotándose las manos, sus ojos rojizos chispeando.- ¿Más datos o tiro de ahí?

-Tira.- Me reí.

-Bueno, primero: lo de Juana de Arco.- Empezó el germano.- ¡La tía era como lo más guay de su época! Bueno, no en su época porque a la mujer la condenaron a la hoguera por herejía, pero me entiendes.- Comentó, mientras Francis bufaba de fondo.- Se supone que oía la voz de Dios en su cabeza y todo el rollo. Fue una gran heroína militar y es la santa patrona de Francia, de fijo el personaje más importante que ha parido el país de las baguettes. Después de Astérix, claro.

-Oh, por favor.- Gruñó Fran.

-Lo de la guillotina ya sabes, Revolución francesa, muerte igual para todos, sin distinciones bla, bla, no hay mucho más.- Continuó Gilbert, ignorando a nuestro amigo.- Tal vez te interese que en Francia la decapitación con espada o hacha se reservaba para los miembros de la nobleza, antes de la guillotina.

-Mmhnm.- Murmuré, apuntando en la libreta.

-Respecto al tema de las espadas francesas.- Siguió el germano.- Probablemente la más famosa sea la del rey Francisco I, de allá por el Renacimiento. Época chunga en Europa, con el Imperio Español como ultra potencia en guerras constantes contra Francia. Y en ese contexto- Gilbert hizo un ruido de redoble.- la batalla de Pavía. En la que el emperador español venció y tomó prisionero al rey gabacho.- El germano comenzó a hacer sonidos de armas chocando, y me imaginé que lo estaría representando también, en el salón de Francis.- La cosa es que con su rendición, tuvo que entregar a los españolitos la espada. Y la parte jodida de todo esto es que siiiiglos después, cuando todo el tema de Napoleón, Francia invade España, los franchutes quieren la espadita de vuelta. Pero hay un lío tremendo, son unos inútiles y devuelven la espada que no es. Y luego debieron de hacer una copia de la espada incorrecta y toda la hostia.

-No me queda claro.- Comentó Francis, sonando confuso.- ¿Quién tiene la espada ahora?

-Ni puta idea, tío, no llego a tanto.- Contestó el albino, con tono indiferente.

-Umh.- Murmuré, dándole vueltas, sin dejar de apuntar en mi cuaderno.- No sé qué decirte, Gil. Por lo que cuentas esa espada y su copia deben de estar a buen recaudo, ¿no? En museos.

-Claro, supongo. No lo sé. has preguntado por espadas y esa es de las importantes.- Repuso Gilbert.- ¿O sea que tu asesino usa una espada? ¿Cómo un caballero templario o algo? ¡Es lo puto mejor!- Exclamó entusiasmado.

-Genial, ya tienes un sospechoso, Toni. Arréstalo de una vez y llévatelo de aquí.- Suspiró el francés, ignorando las protestas de Gilbert.- De todas formas si tuviese que hablarte de una espada francesa famosa sería la de Roland: Durandal.

-¿El sobrino de Carlomagno?- Preguntó el germano.

-Protagonista de la gran obra literaria "La Chanson de Roland".- Proclamó grandilocuente Francis.- Hay muchas leyendas respecto al paradero de Durandal, todas interesantes.

Suspiré, hundiendo las manos en mi pelo, chocando mi frente contra la mesa. Esto no estaba llevando a ninguna parte.

-Y el arte del esgrima siempre fue muy valorado, pero también en el resto de Europa. Y está la espada ropera, el estoque, típico de los mosqueteros, pero surgió en España, no sé si te vale.

-Ugh, no sé.- Murmuré.- Creo que es un callejón sin salida, pero gracias, chicos.

-Un asesino con espada.- Suspiró en tono soñador Gilbert.

-¿Y por lo demás, Toni?- Preguntó el francés, ignorando a nuestro amigo y cambiando de tema.- ¿Algún ligue? ¿Estás durmiendo y comiendo? Porque si no tu madre se enfadará conmigo por no cuidarte.

-Nada de ligues, llevo tres días fuera.- Contesté, sonriendo.- Y estoy comiendo ahora mismo, ¿te vale, mamá Franny?

-No le voy a decir a tu madre que me has llamado eso.- Proclamó Francis, haciéndose el ofendido. Se calló un segundo, y cuando volvió a hablar su tono era más serio.- Pero fuera bromas, Toni, ¿qué tal llevas tu tema?

Me congelé, mirando al plato frente a mí, la sonrisa borrada de mi rostro. Apreté los dientes, cerrando las manos en puños. Debí de quedarme en blanco más de lo que creía porque Gilbert carraspeó y me llamó, sonando preocupado.

-¿Toño?

-¡Todo bien!- Exclamé, relajándome.- ¡Nada de qué preocuparse! Sabéis que lo tengo controlado.

-Claro, Toni, no quería decir que…- La voz del francés se vio interrumpida por una llamada entrante. Justo a tiempo.

-Tengo que dejaros, me llaman por otro lado, y es del trabajo.- Dije, mirando la pantalla con una mueca.

-¿Sólo nos quieres por interés? ¿Y ahora nos abandonas, cabronazo?- Dramatizó Gilbert, divertido, rompiendo la tensión anterior.- ¿Por Williams o por Vargas? Quiero saber quién ha robado tu corazón lejos de nosotros.

-Vargas.- Respondí, riendo.- Ya os contaré.- Colgué y me apresuré a coger la otra llamada.- ¿Digamelón?

Oí un bufido al otro lado.

-¿Me estás vacilando o eres así de idiota?- Gruñó la voz rasposa del detective italiano, su acento napolitano endureciendo las palabras en inglés.

-Me acojo a la quinta enmienda.- Respondí, risueño.

-Ya.- Murmuró algo más por lo bajo, pero no lo llegué a captar.- Me da igual. Williams me ha dicho que te pregunte si puedes reunirte esta tarde a las cinco. En la biblioteca general.

-¡Claro! No hay problema. A poner en común y todo eso, ¿no?

-No, a tejer mantitas y tomar unas putas pastas, ¿tú que coño crees?

Guao. Alguien estaba de mal humor. Claro que no parecía que pudiese estar de otra manera. Torcí el gesto, decidido a no darme por vencido en tratar de perforar esa coraza. Mi problema iba a ser si debajo de la coraza solo había más coraza.

-Llevaré mi set de lanas de colores, entonces.- Comenté alegremente, ignorando el tono claramente ofensivo de Vargas.

Volvió a bufar, esta vez con un matiz incrédulo.

-Lo que sea, Carriedo.- Y colgó.

Bueno. Iba a contar eso como una victoria.