Disclaimer: Por mucho que me gustaría serlo, no soy dueña de Corazón de Melón, Eldarya ni de sus personajes. Ayer trate de comprar los derechos pero no me alcanzo con los $20 que llevaba.

Advertencias: Lenguaje mal sonante, mundo alternativo (AU). Hay posibilidad de un 30% sobre relaciones indecorosas entre personajes secundarios y principales. Leves (o fuertes) escenas de posible interacción sexual. En su mayoría; romance y el manejo de relaciones entre humanos y seres fantásticos.- Si eres sensible a estos temas; lee bajo tu responsabilidad.

Summary: En un mundo donde humanos y seres fantásticos coexisten en armonía, Atlantis Academy abre sus puertas a la raza humana...Entra en un mítico mundo de dragones, licántropos y nymphs...Entra en Atlantis.

Género: Humor /Sobrenatural/ Romance.

...Habla/Habla... —pensamientos de los personajes durante la narración o dentro de los diálogos.


Capítulo dedicado a :

Sabr1, Ladycorazon023, A Dreamless Singer, Minnisa Targana y Linca357.

Ustedes adivinaron el motivo del nombre del capitulo anterior, (sobretodo Linca357).

¡Disfruten la lectura, queridas!


Capítulo Tres:

Matices


Deskia odiaba los días de escuela.

Aborrecía el murmullo y detestaba los remolinos de rumores que se generaban a diario. Estereotipos. Gritos. No quería nada de eso.

Todo lo que quería era ser una pacifica vampiresa y hacer su vida en completa paz y bienestar propio. Ver días nublados, noches estrelladas y quizás, en algún momento, platicar con Castiel sobre algo sin una gran importancia o sobriedad. Fuera de eso, no tenía ningún interés de elevar su rango en la guardia o socializar con cualquiera; así que, obviamente, ocurrió eso – y era sólo su mala suerte que toda la responsabilidad de una criatura ignorante cayera sobre su regazo durante semejante tiempo turbulento.

A pesar de la obvia aversión a su nuevo puesto de "cuidadera", sin embargo, Deskia hubiera sonreído ante la oportunidad de hacer un año valioso escuchando sarta de estupidez y media si eso significaba que no tendría que encarar el difícil camino en el que estaba actualmente parada. No obstante, supuso, una parte de ella estaba agradecida por la posición en la que estaba —que ya era un honor el que Valkyon te designara a ayudar a los nuevos reclutas de la Guardia Obsidiana. Parecía lo más adecuado, pero sabía que no podía tratar eso como una simple "instructora" lidiando con sus obligatoriamente impuestos estudiantes. Tendría que ser la sublíder de la Guardia Obsidiana enseñando a los nuevos reclutas. Aunque era algo simple de diferenciar, el guardarse su desagrado terminó siendo una tarea más difícil de lo normal. Más si tu obligatoriamente-impuesta-estudiante no se atrevía a tocar ninguna de las armas frente a ella.

— Y-yo realmente no se como sostenerla. —comentó la humana de estatura media y corto cabello negro. Señaló la excesivamente grande, y pesada, alabarda con astil de madera barnizada ascendiendo hasta una cuchilla transversal con forma de hoja de hacha por un lado, y otro peto de punza más pequeño por su opuesto. La cuchilla presumía de un filo mortal que podría cortarla en dos si se resbalaba de sus manos.

¡Por ningún motivo iba a alzar esa cosa sobre su cabeza!

Deskia soltó un sonidito airado.

— Elena. —llamó siendo interrumpida por la humana, lo que le costo a ésta una mirada de punzante irritabilidad de Deskia.

— Disculpa pero mi nombre es Elisa, no Elena. —acotó con una sonrisa, ignorando ampliamente el obvio malestar que causaba en su instructora.

Deskia parpadeó. Un movimiento seco y frívolo que hizo titubear la jovial sonrisa en Elisa.

— Bien, Elisa, toma la alabarda —una vez hecho lo indicado, Deskia prosiguió–; flexiona tus piernas en una distancia de siete centímetros. —indicó la joven vampiresa, su tono controlado-bajo, pero sus ojos más afilados que nunca. Se dio cuenta del ligero tic en el ojo izquierdo de Elisa, la apenas notable tensión en su sonrisa y la cada vez más alta molestia en su mirada gris—Tu mano derecha va cinco centímetros por delante de la izquierda. Alza la alabarda y deja caer un ligero peso sobre tus rodillas y parte de los talones.

Elisa quedó en una posición incómoda, el arma balanceándose peligrosamente de un lado a otro.

Su falta de habilidad fue suficiente para que Deskia supiera la respuesta. Elisa todavía no era apta para sostener un arma de tal calibre, la expresión beligerante se lo decía. Mientras su inquietante esencia de emoción en ese momento parecía apuntar a que Elisa buscaba el punto adecuado para lograr su objetivo y sostener en alto la albarda. Deskia no estaba sorprendida de encontrar a la joven dispuesta y lista para correr a la aventura de paradero desconocido que se hallaba demasiado cerca de las expectativas que tenía la chica humana.

Esa mínima muestra de grandes metas juntas le parecieron agradables.

Caminó hasta Elisa y se colocó en la posición adecuada; quitándole la alabarda en el proceso, sus rodillas separadas a siete centímetros, los brazos rectos en vigilancia y la dominación que expresaba su cuerpo dejaron a Elisa en un estado de completo asombro, y fascinación.

— Observa bien, no lo volveré a repetir ni a mostrarte esta pose. Deberás de aprenderla por ti misma. —anunció por lo bajo, mirándola de reojo.

Parecía que su molestia había disminuido, pero no desaparecido. Su instructora todavía tenía ese suave fruncimiento en las cejas. Todavía no era de su agrado. La curiosidad que Elisa sentía hacia su maestra era tan grande que deseaba preguntarle cientos de cosas, pero rápidamente se había dado cuenta que a Deskia le fastidiaban por demás que le hicieran preguntas. Y tampoco era muy habladora.

Si se sinceraba a sí misma; Deskia desde un principio le pareció alguien intimidante que podría hacerla pedacitos con sólo mirarla.

Intuyó con precisión que la relación entre humana-vampiro era por demás cordial, sin llegar –o querer– inmiscuirse en los asuntos de cada una.

Con un ahogado suspiro, Elisa preguntó con algo parecido al anhelo impregnado en su voz— ¿Está bien de esta forma? — imitando exactamente igual la coordinación de cada extremidad expuesta por la vampiresa. Sus piernas temblaron un poco al ejercer presión.

Su respuesta no fue nada más que un burlón bufido y sin embargo, había algo que Elisa no podía comprender. Estaba en la forma en que los ojos nublados de Deskia se fijaban con sosiego en ella.

Desde el momento que entro a la sala oficial de la Guardia Obsiadiana, Deskia había mantenido un firme contacto visual. Era una de las muchas formas en las que a la gente parecida a ella le gustaba tener el control. Elisa solía encontrar esto un tanto divertido cuando hombres enormemente por encima de Deskia en tamaño hacían lo que fuera para evitar encontrarse con la mirada de la chica. Ahora, luego de ver lo mucho que Deskia era hábil en fuerza y rapidez, su diversión no era nada menos que inquietud. Después de todo, en el lapso de un segundo el gris podría transformarse en un poderoso carmesí.

Entonces, ¿Qué significaba que Deskia sometiera ese control, ese dominio concedido por su condición vampírica?

Elisa se encontró aferrada casi con desesperación a la noción mientras la gratitud rebosaba en su pecho. Si algo que diferenciaba a Elisa Satō de la mayoría de los humanos influenciados por los medios comunicativos locales, era que en su interior no guardaba ninguna mala visión sobre los seres fantásticos con los que estaría conviviendo. Tan rápido como pudo diferenciar entre lo "bueno" y lo "malo", Elisa se dio a la tarea de ayudar a la comunidad mística ser aceptada por la sociedad humana, empezando claramente por ella misma.

Y lo que sea que hubiera tomado lugar en la mente de Deskia para que fuera paciente con respecto a su falta aptitud, era suficiente para que la vampiresa se tornara como alguien de su confianza. Después de todo, aun no intentaba encajarle los dientes y desangrarla, ¿verdad?

Elisa no quería nada más que aprender sobre muchas culturas diferentes a la suya— que en observaciones propias no había mucho que rescatar de su cultura, no algo honorable al menos. Un buen ejemplo de ello eran los malos tratos a aquellos niños que se quedaban sin familiares, el abandono a mascotas domésticas, sin un lugar del cual protegerse de los tempestuosos climas, y dejando por último los grandes casos de asesinatos, violaciones o la falsa seguridad que los políticos le vendían al pueblo.

Con un desanimo casi instantáneo, Elisa descubrió que una vampiresa de postura dominante y mirada desinteresada podía ser mucho más agradable que una comunidad lucrativa anti-democrática.

Deskia apareció frente a Elisa.

— Hasta ahora, no has hecho nada que te ayude a mejorar tus reflejos. Me voy. —anunció.

Una ligera, casi curiosa, fruncida encontró en los labios de Deskia. Indudablemente el poco logro a sus indicaciones reglamentarias estaba causando, de nuevo, la molestia de la chica vampiro pero antes de poder replicar algo más, su rostro regresó al mismo pétreo de siempre.

Parecía que no tenía nada más que expresar indiferencia, pensó Elisa.

La morena vampira giró sobre su eje y se marcho a paso grácil de ahí. Sus ojos grises se encontraron con las facciones contraídas de Elisa, aun con la distancia recorrida podía notar las pequeñas gotas de sudor que resbalaban por sus sienes. Las mejillas redondas adoptaron un tenue rosado.

Escuchó "Aaah", "¿Cómo puede hacerlo tan fácilmente?" y un "¡Daré lo mejor de mí!" provenientes de la joven aprendiz y antes de salir por las puertas de acero que separaban a la Guardia Obsidiana de Academy Atlantis; una mueca complaciente se escapó de sus labios.


-:-


El primer día de clases empezó como cualquier otro. Los estudiantes iban y venían de un lado a otro, los humanos en su mayoría perdidos. El ambiente que al principio se sintió tenso, con el pasar de los días, el ánimo comenzó a relajarse. Tanto así, que para cuando se dieron cuenta, dos semanas habían pasado rápidamente.

Un día como cualquier otro, las cuatro Guardias estaban tomando la clase de E.F. con el profesor Boris, que ya había anunciado que ese sería el primer año donde las Guardias se integrarían a los Grandes Juegos de Eel. Como siempre el profesor exudaba emoción por cada poro de su tostada piel, incluyendo esta vez, su tono de voz agudo.

— Bueno mis queridos estudiantes. Hoy comenzaremos con los pases en Básquetbol —comentó logrando que todos –en especial los seres de Atlantis– se quejaran por lo bajo— Vamos, vamos, los Juegos de Eel estarán repletos de todos los obstáculos que se puedan imaginar, aun cuando estos se traten de un deporte tan sencillo como el Básquetbol.

Nadie berreó nada.

— Muy bien, por favor pasen los líderes de cada Guardia. —acotó sonriente mirando a los tres jóvenes que se movían entre la multitud de estudiantes— Pasen, ¡no sean tan tímidos! —exclamó con su vigorizante sonrisa ensanchándose.

Ezarel sonrió hipócritamente a su energético profesor, como le jodía cuando el hombre se ponía a decir una sarta de estupidez sin fin.

No es que le cayera mal Boris; porque, bueno, era su instructor y el único ser viviente en el mundo al cual podía tolerarle tamaño estado de idiotez, pero ese día el elfo no estaba de buenas. Y por lo tanto no necesitaba rodearse de tantos seres mononeuronales y Boris era… Boris.

— … La tarea de ustedes será vigilar que realicen la práctica adecuadamente. —el azulado miró la boca de su interlocutor sin procesar nada de lo que decía realmente, más entretenido se hallaba en observar la amargura que destilaba Nevra en cada una de sus facciones, su mirada gris violácea buscando algo en especifico—… Si se equivocan ustedes serán los encargados de ayudarles a mejorar la técnica, ¿ha quedado claro?

Esta vez Ezarel si puso atención, sobretodo por el hecho de ver a Boris con una extra expresión de seriedad.

— Por supuesto. —respondieron los tres a la vez.

El hombre no tardo en volver a su energético buen humor.

— Bien ¡Adelante mis brillantes estudiantes! —gritando ciertas cosas inentendibles, se alejó de ellos.

Valkyon se volvió hacia Nevra y él, mirándoles de hito en hito dijo— Yo me haré cargo de la Guardia Sombra, luego de la Obsidiana. —se alejó a trotes de ellos parando justo en un ridículamente grande grupo de mujeres y cierta cantidad de hombres.

Estrechó los ojos, ¿Por qué demonios Nevra siempre obtenía más miembros en su Guardia? Era un reverendo idiota que se aprovechaba de su físico y le jodía la vida a los demás seres vivientes que no se inclinaban a su "encanto"–o como fuera que el vampiro lo nombrara– ¿Qué tenia la endemoniada Sombra que podía reclutar a semejante cantidad de individuos? ¿Tan excepcionales eran?

Lanzó una mirada calculadora al pelinegro, la incógnita pintada a todo lo largo de su rostro.

Nevra llevaba un buen rato sin pronunciar palabra, sus hombros estaban en una alarmante tensión nunca vista antes en él y su rostro podía ser el mismo hermoso y maravilloso de siempre pero si se miraba con detenimiento, unas sutiles forjaduras estaban en las comisuras de sus labios.

El elfo soltó un bufido burlón lo cual se ganó la ceja alzada de Nevra. No se necesitaba mucho cerebro para saber la razón por la que Nevra se miraba tan fuera de sí. El muy imbécil había encontrado a su pareja en una humana. Una frágil y no tan inútil humana (y sólo decía lo de no tan inútil ya que la chica había quedado en su Guardia y hasta el momento sabía como moverse en un ambiente ajetreado). Que gracioso y maldito podía ser el destino, llevando al arrogante vampiro a prácticamente suplicar por una sola mirada de la joven de cabellos endrinos.

Ezarel se sentía dichoso, oh claro que sí, ver a su más grande rival ser arrastrado por la magia ancestral de su especie era algo fantástico, simplemente… sublime. Como disfrutaría de verlo embobado, anheloso del amor de la humana. Sonrió malicioso después de ese pensamiento.

Humana. La chica de Nevra era humana. La única que podía mandarlo al cielo como al mismísimo infierno era humana. La que seguiría con su progenie es humana. Humana. Humana. Humana. Humana.

Yayx Petrova, una linda y brutalmente indiferente fémina, era humana. Y tenía el corazón de Nevra en sus manos.

Una emoción desbordante se instaló en su pecho, llenándole de calidez y felicidad. ¡Que alegría! Bienvenido el gusto por el dolor ajeno, pensó mientras miraba al líder de la Guardia Sombra con una gran sonrisa en los labios. Nevra le regresó la mirada con una curiosa, atento a cualquier cosa que ese maldito elfo quisiera hacerle.

— Nevra, —llamó a su compañero, el vampiro inclinó la cabeza en su dirección dando a entender que tenía su absoluta atención— ¿Ya le avisaste de su situación? —preguntó con sus ojos adquiriendo un brillo jocoso.

La pregunta clara como el agua.

Nevra lo fulminó con la mirada, pero eso no pareció inquietar al azulado, que hacía grandes esfuerzos por no reír. No porque se contuviera por gusto sino por las muchas miradas que desde hace un rato estaban ganando. Su cara estaba tan roja que Nevra pensó que ya mismo parecía una rara criatura con cabello azul.

— No. —respondió cortante— No pude. —confesó desviando la mirada.

Esto es demasiado bueno para ser cierto. Ahora sabemos que "Oh-todo-poderoso-Nevra" puede asustarse ante una chica. —se carcajeó.

Genial. El sabiondo de Ezarel no parará hasta quedar satisfecho con esto.

— No te cortes, por favor. Se libre de reírte de mis desgracias. —comento sarcástico cruzándose de brazos.

El elfo ignoró el sarcasmo de Nevra y continuó riéndose. El pelinegro en cambió lo miró y recompuso rápidamente su gesto despreocupado.

— Bien, no es la gran cosa.

Iba a responderle cuando un alto jadeo llegó a ellos. Mirando en la dirección del sonido se encontraron a Skylar Watson, con balón en manos, dando desenfrenadas inclinaciones a una desplomada Yayx en el piso. La trigueña con un notable tic en su parpado derecho.

— ¿Pero qué demonios…? —murmuró Ezarel viendo la escena incrédulo. Se mordió el labio inferior para no reír cuando Yayx, parada dignamente, volvía a caer en el suelo a causa de no haber cachado correctamente el balón. Una vez más Skylar se inclinaba pidiendo disculpas.

El penoso acto se repitió una vez y otra, otra y otra vez hasta que la Nymph se acuclilló a la altura de Yayx, sonriéndole comprensiva empezó a mover los labios diciéndole quién sabe qué. Desde esa distancia Ezarel observó los hombros tensos de la joven humana, y un muy apenas perceptible temblor en su menudo cuerpo.

Algo de lo que el elfo se había dado cuenta la primera vez que le pidió realizar una rápida y sencilla poción; Yayx era una persona que gustaba de su espacio personal, ella no invadía el de los demás y por lo tanto quería que no invadieran el suyo. El de cabellos azulados se desagradaba por no poder negarlo pero la compañera de Nevra era cuidadosa en su trabajo. Limpia y eficiente. Podría decir que casi perfeccionista. Sin duda fue la única que pudo realizar en su primer intento la poción correctamente, ni siquiera Alajéa pudo realizarla sin romper unos cuantos frascos en el proceso.

Petrova se levantó lentamente del piso quedando por encima de Skylar, que se mantenía en su puesto inclinada, tomó el balón entre sus pequeñas manos alejándose con él. Se volteó a Skylar y colocando una de sus piernas detrás; lanzó el balón hacia su castaña compañera. La Nymph lo alcanzó justo al vuelo, regalándole una sonrisa sumamente dulce. Yayx se sonrojó levemente, girando su rostro, ocultándolo de esa forma de los vivarachos ojos celestes de Skylar.

Al menos no quedo en la Guardia Obsidiana.

— Pero que torpe es. —escuchó decir a Nevra en tono burlón.

— Hpm, ¿y estás de acuerdo con ello…? —comenzó a preguntar girándose a su compañero pero se calló ante la despreciable escena que presenciaban sus ojos.

Nevra sonriendo.

A decir verdad, no era exactamente porque el vampiro estuviese sonriendo sino por el infame brillo de su único ojo visible, sin mencionar esa mueca de felicidad que desfiguraba su imagen en un grandísimo tonto.

¡Qué bien! Si antes ya era un idiota ahora lo es más. Que los Dioses se apiaden de todo ser pensante.

Hasta luego, pitufino. —dijo agitando su mano mientras se alejaba con la única intención de mirar de cerca a su recién descubierta torpe pareja— Yo vigilo Absenta.

Sí, era justo por eso por lo que odiaba a Nevra. Quién se iba con todo su porte altivo, riéndose de él a su costa.

Que el muy cabrón sufriera. «Oh sí, que sufra y se retuerza en el dolor del rechazo». Bien merecido se lo tenía por el simple hecho de arruinarle el día con su mera presencia.

Y así, Ezarel siguió con su mal humor por el resto del día.


-:-


Quería morirse ahí mismo.

— Oh, veo que no eres muy buena con el Básquet. —dijo de forma comprensiva Skylar, notando por decimoquinta vez que Yayx caía al piso— ¡Si prácticas, mejorarás!

— No creo que mejore ni con practicar todos los días. —mumuró resentida girándose en el piso, llevó las rodillas hasta su pecho; abrazándolas y recargando su cabeza en ellas— Jamás he sido alguien deportista. —dijo con desinterés desviando (de nuevo) la mirada. Sus mejillas tomaron un suave rosa.

La preciosa Skylar le miró con pena balanceando su mona cabeza de un lado a otro, con delicadeza. Una ligera sombra de derrota se posó en su rostro cuando el peso de la mirada celeste de la castaña cayó sobre sí. El rosa de sus pómulos cambió a rojo vivo al notar varias miradas impertinentes puestas en ellas, y su muy patética posición de niña pequeña.

— Por favor, mátame. —susurró abatida a Slylar. Dejó caer por completo su cabeza en el hueco que formaban sus rodillas juntas.

— ¡No digas eso, Yayx! —exclamó Skylar moviendo frenética sus manos— ¡S-Sí lo deseas podemos practicar juntas! ¡Por favor, levántate!

Alzó la cabeza unos centímetros, lo suficiente para que sus ojos llenos de vergüenza se asomaran de su escondite.

— No es eso, sino… —calló bruscamente, "…sino que soy demasiado torpe para seguir intentándolo", el final de la frase repitiéndose en su mente.

— Entonces, ¿cuál es el problema? —preguntó ayudándole a ponerse de pie. La chica de cabellos caramelo notó que eran prácticamente del mismo tamaño, tal vez, siendo Yayx por dos centímetros más bajita— ¿Yayx?

— Soy muy torpe. —confeso en tono bajito y con una extraña sensación de desconcierto. Era la primera vez que decía alguna debilidad suya a alguien más que no fuera Bella.

Desgraciadamente, Skylar apenas y le escuchó.

— ¿Disculpa? No te he oído, ¿puedes repetirlo?— parpadeó curiosa viendo como repentinamente Yayx se hacía chiquita en su puesto.

— Yo…mmh… no es nada. —respondió sin atreverse a mirarla. Molesta sintió a sus mejillas aún más calientes.

— Yayx…

La morena comenzó a temblar ligeramente, llenándose de pánico al no saber cómo manifestar sus pensamientos— N-No es nada.

— Yayx…

— Nada.

—Yayx…

Sintiéndose completamente acorralada, la trigueña volteó su rostro a Skylar diciendo quizá un poco alto— ¡S-Soy muy torpe! —su fina carita se coloreó por completo de carmesí.

— ¡Qué adorable eres! —exclamó tomando a la avergonzada muchacha entre sus delgados brazos, sin demorar junto su cachete con el de su apresada compañera, restregándose melosamente— ¡Que lindas expresiones tienes! —dijo llamando más la atención y por consecuencia; que Yayx pareciera un tomate maduro.

— Skylar… —susurró la joven apenada y resignada se dejó abrazar por su compañera de Guardia y dormitorio. Rápidamente desecho la imagen mental de una furiosa Bella cuando se enterara que en menos de una hora había mostrado más emociones de las que le mostró a ella en el jardín de infantes.

— Skylar, linda, vas a dejarla sin respiración.

Ambas voltearon hacia la voz que había dicho aquellas palabras. Se encontraron a un alto pelinegro de mirada divertida. Nevra parecía complacido observando el enrojecido rostro de Yayx.

— ¡Nevra, hola! —saludó contenta, soltando lentamente a su compañera. El chico le devolvió el saludo con una sonrisa picara.

La cara de Yayx poco a poco fue cambiando su expresión a una seria.

— ¿Qué te trae por aquí? —preguntó la castaña mirándole curiosa.

—Vengo ha hablar con Yayx. —respondió el ojigris, aunque sonó más como un orden.

Yayx frunció el ceño. Era obvio que este chico no sabía captar cuando alguien no le quería cerca.

— ¿De que podríamos hablar tú y yo? —preguntó por lo bajo, atrayendo a su persona tanto la mirada de Nevra como la de Skylar.

El vampiro pareció pensarlo un momento.

— Podríamos hacerlo sobre la situación de la otra vez. —soltó con descaro el moreno enviando una elocuente mirada a sus senos.

Skylar sólo pudo dejar caer su boca completamente sorprendida. Recordando cierto rumorcillo que se esparció el día que arribó el tren.

Yayx se sonrojó tanto que creía firmemente que los tomates maduros le tendrían envidia. Con un movimiento brusco, cruzó los brazos sobre su pecho, gesto que hizo reír al joven.

Estúpido engreído.

Todo había comenzado aquel día que por pecar de cortés había acabado con la mano del chico en cierta parte intima suya…

FlashBack

Había sido un viaje bastante ajetreado. Habían tenido dos exámenes más antes de abordar en Atlantis Academy y no sabía si su condición resultaría una molestia para su estadía. Pero eso ya no importaba. Finalmente podría volver a ver a sus "hermanos" otra vez. Sonriendo bajo el pensamiento, descendió del tren con el brazo de Bella colgado del suyo.

Alzó la vista y se maravillo de lo que se presentaba ante ella. El edificio era magnifico. Pilares de mármol se alzaban estratégicamente en cada punto cardinal, creando un bello camino hasta las cristalizadas puertas principales del instituto. Gárgolas, estatuillas y esculturas se hallaban desplegadas por el patio. Y los estudiantes portaban un lustroso uniforme en tonos negros, blancos y dorados.

Bellatrix silbó a su lado.

— Muy bonito, muy bonito. —comentó admirando igual que ella la arquitectura sacada de un cuento—Pero todo esto, que parece un escenario de novela rosa, me hace estremecer. Muy lindo, pero no se si aguantare vivir entre Cenicienta y sus amigas, las demás princesas. —les dijo alzando las cejas en dirección de un singular trió de chicas.

Una rubia, una morena y una castaña. Según Bellatrix; eran Cenicienta, Blancanieves y Bella, respectivamente.

— Son muy guapas. —dijo Raffaella.

— Sí, no digo que no pero…—la muchacha de cabellos caramelos les mando una mirada recelosa— la miradita que traen las tres no es para nada linda.

— Todo es nuevo para ellas. —Yayx miró de reojo al trió— No creo que estén muy abiertas a tener humanos en su territorio.

— Nos ven como intrusos.

Después del comentario de Bellatrix, ninguna dijo nada más. Se limitaron a seguir las instrucciones que una chica con orejas y colas de zorro les daba. Les dijo que debían de ir con Ezarel, el joven encargado de ayudarlas en su instalación. Obedientemente siguieron las indicaciones de la pelinegra. No fue un problema encontrar a Ezarel y su famosa coleta larga, ¿quién más tenía un tono de cabello tan claro como el celeste?

El azulado estaba acompañado de un grupo de chicas y dos muchachos más.

— Vaya, pero si son altos en esta escuela. —dijo Bella mirándolos. Sin saber realmente porqué, el de cabello negro le causo malestar.

— Todos en realidad. —notó Yayx.

Raffaella y Bellatrix la miraron.

— ¿Cómo?

Suspiró— Todos ellos sobrepasan el limite de lo que nosotros llamamos "altura" —señaló a tres estudiantes a su derecha— Puedo asegurar que sobrepasan el metro noventa y cinco, y las chicas son mucho más altas que el uno setenta.

Giraron la cabeza y efectivamente, los tres parecían gigantes a su lado. Un sentimiento de pequeñez invadió a Ella haciendo que se encogiera en su puesto. Bella se alzó de hombros, ignorando deliberadamente el obvio conocimiento que en esa escuela era una mísera enana.

— ¡Aah! Es cierto, —Raffaella dirigió sus manos a ambas mejillas, cerró los ojos inquieta— Ahora me siento como uno de los enanitos de Blancanieves.

Yayx rodó los ojos y Bella no pudo evitar soltar unas risitas.

— ¡Simplemente necesitamos adaptarnos! —exclamó Bella, tan envuelta en su propia alegría que no notó que estaban a cinco pasos de llegar— ¡Pero aquí hace mucho calor! —agitó su mano dando revalidad a su palabras— ¡Detesto el calor! —terminó enfurruñada.

Bella hizo una pausa cuando llegaron al grupo indicado. Parecía que Ezarel discutía con el alto pelinegro, lo supieron gracias a la cara de compungido que portaba el primero.

— Umh… Hola. —saludó primero Raffaella cuando las miradas se inclinaron hacia ella, se escondió un poco detrás de Bella.

Yayx se mantuvo callada en la mayoría de las presentaciones y la introducción que Ezarel les daba. Explicaba la fecha de fundación del instituto y como iba progresando, hasta llegar a la gran institución que era en día. Rápido perdió el interés en la información proporcionada y se dedicó a pasar su mirada curiosa por los alrededores.

Las chicas de su grupo no paraban de mumurar y reir entre ellas, hechando miraditas timidas al muchacho pelinegro que no dejaba de mirarla….

«Espera, ¿me está mirando?»

Se giró hacia el pelinegro y extendió su mano, presentándose amablemente.

Cuando su mano hizo contacto con la de Nevra sintió un extraño jalón en su estomago que la impulsó a sonreír descuidadamente. Desconcertada, se dio cuenta que su cuerpo parecía inmóvil, dejando que el tibio toque del chico se expandiera por su cuerpo. Una sensación de paz casi la obliga a cerrar los ojos, complacida. Tanto que su desconfianza y cualquier pensamiento cuerdo abandonaron su mente por unos segundos.

Todo era tan raro y correcto que casi quiso gritar del pánico.

¡Y su mirada! Plata violácea que quería devorarla en ese mismo instante. Sin embargo, se asustó de sí misma aún más. Sí alguien no paraba todo esto cometería una vergüenza horrible, de la que se «deprimiría» por el resto de su vida.

— ¿Nevra? —preguntó con una preocupación de quién sabe dónde. Ella era cortés, amable y educada con la gente, como le enseñaron a ser pero nunca, nunca, mostraba afecto por aquellos que la veían como un jugoso pedazo de carne.

Gracias al cielo, su salvación llegó en forma de un terrible gritó chillón.

— ¡Castiel! ¡Nevra! —gritó angustiada Blaine, Arya le seguía un paso atrás y compartía la misma empatía que su amiga. Las chicas lucían desesperadas.

El pelirrojo que se mantenía estático en su lugar reaccionó justo después del llamado. No tuvo que mirar a Blaine para saber que Nevra estaba apunto de hacer algo de lo que, probablemente, se arrepentiría después. Y no por el daño que causa a los terceros sino por el daño en que se vería implicada su imagen de "Mr. Perfección".

— ¿Yayx? —llamó Bella mirando con preocupación a su amiga. Cuando su rosada visión se posó en la mano que sujetaba la de Yayx una súbita oleada de furia le azotó.

¿Quién se creía ese gigantón sobre musculado para andarle tomando la mano a Yayx, tan descuidadamente?

Castiel y Blaine tomaron a Nevra por la chaqueta escolar y le empujaron lejos, lo que les llevó un gran esfuerzo porque el cuerpo del vampiro parecía anclado al piso.

Nevra alzó la mano, desesperado por recuperar el contacto con la chica.

— Yayx, vamos, despierta. —Bella llamó pero al pisar mal sólo logro empujar a su mejor amiga hacia el frente. Y lo demás pasó demasiado rápido.

Yayx y Nevra hicieron contacto… pero no como los ahí presentes lo esperaban .

— Mierda. —dijeron Bella, Castiel y Ezarel al unisonó mientras miraban la irreverente escena.

— ¡Oh, por Dios! Él… él… —titubeó Ella con expresión desencajada— él… le…

— ¡Le agarró un pecho! —gritaron los demás.

Luego de ese grito, salió de su trance. Y miró de nuevo a la chica que tenía frente a él.

Su mano apretó aquello que tenía sujeto, era suave y redondo.

— Está bien. —fue lo único que salió de sus labios.

Yayx estrechó los ojos, decidiendo seriamente en su interior cual sería la mejor opción; si dejarse caer avergonzada frente a todos o meterse en algún poso profundo donde nadie nunca la encontrara.

Fin FlashBack

Yayx quería golpear al alguien de tan sólo recordar el bochornoso suceso. No podía con la vergüenza que venía a ella cada vez que se repetía el incidente en su cabeza. Le tomó dos días en la Academia saber que Nevra no era cualquier chico, sino el chico. Sip, el completo seductor de la escuela le había tomado un pecho y había dicho "Está bien".

De todas formas, ¡¿Qué demonios significaba eso?!

— Tienes un rostro tan rígido como tu dura personalidad. —comentó Nevra mirando como el rostro de su pareja se iba transformando en uno sombrío, alzó una ceja divertido— ¿Estás recordando algo agradable?

Un perturbador tic se dio en el parpado izquierdo de la joven humana.

— Para nada. —dijo mordaz— Sino algo completa y absolutamente desagradable.

Nevra fingió una expresión dolida.

— Oh, no sabes cuanto me lastiman tus palabras, linda.

— No me digas linda.

— Pero eres linda. —obvió el vampiro tomando un rizo que se escapaba de su coleta. Yayx le dio un ligero manotazo mientras le fruncía el ceño. — Vamos, sonríe un poco. —sonrió seductor y dio un ligero golpe entre sus cejas. Yayx parpadeó airada.

— Aléjate, Nevra.

— Bien, bien. —alzó las manos en señal de derrota, Yayx casi sonrió— Pero en verdad necesito hablar contigo.

Le frunció los labios.

— No puedo. —y se cruzó de brazos.

— ¿Por qué no?

Yayx miró el balón y dijo con tal vez un poco de resentimiento— Estoy haciendo el ejercicio.

Alzó nuevamente una ceja, incrédulo.

— Lo has intentado quince veces y siempre acabas en el piso. —dijo mirando de soslayo a un grupito de chicas que le hacían señas— Tú misma dijiste que eras torpe.

— ¿Pero cómo…?

— Sentidos agudos de vampiro.

Oh. Claro.

Malditos fueran los poderes amplificados auditivos de un vampiro.

— Estoy con Skylar. —soltó como último recurso. Quiso darse una palmada en plena cara, de verdad estaba desesperada.

Nevra se giró a una muy sonriente Nymph, devolviéndole el gesto con picardía.

— ¿Te molesta que hable unos momentos con ella, Sky? —preguntó.

Skylar río— Por supuesto que no. —sonriéndole a Yayx, dijo— Iré a practicar con Leifthan. Nos vemos Yayx, Nevra.

Ambos observaron como Skylar se alejaba grácilmente, una derrotada otro complacido.

Nevra se giró a Yayx, inclinando su enorme cuerpo sobre el pequeño y menudo de ella.

— ¿Acabaste o tienes más excusas?

Yayx se forzó a calmar su travieso cuerpo y hundir las sensaciones que el aroma a encino fresco que desprendía Nevra provocaba en ella. Cuadro los hombros al verse tan pequeña a comparación de él.

— ¿De que quieres hablar? —gruñó molesta.

La pelinegra había levantado la cabeza y se mantenía de brazos cruzados. Nevra se mordió el labio inferior para evitar hundir sus colmillos en el cuello esbelto que se le estaba exponiendo. Sería tan fácil tomarla por la cintura, pegarla a él e ir bajando poco a poco la cabeza hasta que sus incisivos rompieran la delicadeza de la piel canela.

Casi podía saborear ese aroma a zarzamora y miel. Dulce. Completamente dulce.

Lastima que la dueña de ese delicioso aroma tuviera una personalidad tan problemática. Cuando pensaba que ella era dócil sacaba su lado más frio, y al mostrarse distante ella parecía inconforme. Ninguna había actuado de tal forma con él, y tal fuese esa forma tan radical de expresarse lo que hacia que Nevra se interesase más por su compañera, independientemente de su lazo como Vampiro-compañera.

Yayx se alejó dos paso cuando aquella mirada oscura y voraz se adueñó del ojigris. Era mejor evitarse el cumulo de emociones y sensaciones que su cuerpo experimentaba cada vez que Nevra se hallaba cerca.

Al verla alejarse le regaló una sutil sonrisa.

— No huyas. No voy a morderte sino quieres. —dijo, sus hombros se enderezaron a la vez que luchaba con las poderosas ganas de atraerla a su pecho—Aunque yo sí lo quiera.

La muchacha abrió la boca para responderle con una seca palabra cuando una voz femenina le cortó la acción.

— ¡Ne... Nevra!

Nevra volteó con elegancia hacia su interceptora, y mirando a su acompañante de reojo, le contestó.

— ¿Sí, Zoey?

La guapa chica rubia parecía tímida bajo la fuerza de su mirada gris.

— Bueno, entre las chicas queríamos saber si podemos dar un paseo por la tarde. —tartamudeó jugando con la punta de sus dedos. Yayx casi vomita ante la lamentable escena— Hace mucho que no nos visitas y... nosotras te extrañamos. —sus mejillas adquirieron el mismo tono rojo de una fresa.

Era curioso pero el olor de coco y vainilla no provocó nada en él. Y sabía exactamente cual era la razón para que sus instintos de depredador no se volcaran hacia otra persona que no fuera ella.

Era tan difícil controlar su cuerpo desde que había encontrado a su pareja. Nevra estaba encerrado en un cuarto donde el rostro, cuerpo y aroma de Yayx eran sus únicos acompañantes. No quería que ella desapareciera pero al mismo tiempo sí quería. Sentía una maldita sensación bipolar que lo cuestionaba cada día más. Atormentándolo.

Y ella era muy injusta con él. Haciendo expresiones tan lindas que no eran para él. Sonrojándose por un simple abrazo que una chica le daba y sólo soltaba veneno cada vez que estaba cerca. Y dejando que su corazón latiese por otro.

— Lo siento, Zoey, pero no puedo atenderlas hoy. —se disculpó con falso pesar, la rubia bajó la mirada triste.

— ¿P-por qué? —insistió la chica.

Nevra se acercó a Yayx y la abrazó por los hombros. Irremediablemente se enterneció al notar que ella se veía tan pequeña al lado suyo.

La trigueña apenas si pudo reaccionar cuando Nevra volvió hablar.

— Porque hoy la pasaré con Yayx. —sonrió sensualmente— Hoy soy todo suyo. —y arriesgandose a un letal golpe por parte de su pareja, la tomó por la barbilla y juntó sus rostros hasta el punto donde sus narices se rozaban.

Zoey se sonrojó hasta la raíz del pelo y lanzando una mirada de "suertuda" a Yayx se alejó corriendo.

La cara de la pelinegra era un vivo retrato del blanco.

— Deja de hacer esas caras. —pidió Nevra aguantando una carcajada mientras se separaba de ella— ¿Intentas hacerme reír?

Sintió la rabia combinada con pena extenderse por su cuerpo.

— ¡¿Qué eres?! ¡¿Idiota?! —preguntó gritando, su rostro volviendo a ser un tomate— ¡No tenías que decir esas cosas tan raras!

— No le veo el problema.

Ella parecía querer ponerle las manos sobre el cuello y apretarlo hasta que se quedase sin aire. Claro, si él necesitara aire para vivir, quizá se preocuparía de su mirada asesina.

— ¿Eres así la mayoría del tiempo?

— Sí. —le mandó un coqueto guiño.

— Lo suponía.

Se quedaron mirando al otro durante varios minutos. Realmente ninguno tenía idea de que más decir. La situación se volvía incómoda.

Por suerte para ambos, de nuevo fueron interrumpidos.

— Nevra, Rina te manda esto. —la joven le entregó un papel doblado y se retiró con una insinuante sonrisa. Yayx no creía posible que un hombre, en sí Nevra, fuera tan popular con las féminas.

Con un suave movimiento desdobló la hojita. A medida que iba leyendo el contenido su rostro fue adquiriendo un matiz más serio, la fuerza con la que apretaba su mandíbula decía que lo que leía no era de su agrado.

La muchacha se dio cuenta que hasta el momento Nevra no había mostrado otra cara que no fuera una perfecta y encantadora. A veces comprensivo, seductor o burlón, pero su expresión molesta fue por primera vez expuesta a Yayx. Una angustiante punzada le apretó el pecho, una inexplicable desazón recorriéndola.

Llevó el puño izquierdo a su pecho, apretándolo contra sí, diciéndose una y otra vez que ese coraje y la tristeza no tenía porque sentirla. Simplemente no debía de molestarse si Nevra no le enseñaba sus demás facetas, pero ahí estaba. Ese desagradable sentimiento que le quitaba el aliento.

Guardó el papel en su bolsillo, y miró de nuevo a la chica que tenía en frente.

— Lo siento, es una amiga que está enferma. —informó mirándola, su mirada tornándose preocupada cuando Yayx tembló ligeramente— Yayx, hey, ¿estás bien?

Tenía el corazón latiendo furiosamente. Antes de que le entregaran el papel la trigueña estaba teniendo una batalla interna con su conciencia. Pero después de lo que había visto, su cuerpo le gritaba que se refugiara en Nevra. «No lo dejes ir. No lo dejes ir» repitiéndose en su cabeza como una insufrible mantra. Se sentía estúpida. Había estado coqueteando descaradamente con ella hacia sólo unos minutos, y aunque por supuesto no iba a ceder, ¡Por Dios! ¡Era Nevra!, tampoco le gustaba que el muy descarado se preocupara por otra en su cara. Esto era más de lo que una chica que le costaba mostrar emociones, como ella, podía soportar.

— ¿Una amiga?

¿Pero qué…? ¡¿De dónde rayos había salido ese tono venenoso?!

«Oh, Dios, me estoy volviendo loca.» Acababa de dejarse en evidencia. Ahora parecía que le importaba lo que hiciera o no con su vida.

— Está enferma. —dijo con la sonrisa queriendo salir. ¿Acaso esos eran celos?

— Ya… Y tú vas a curarla con tu pene mágico.

Nevra apretó los labios con expresión neutra. Yayx tuvo que recordarse mantener la compostura impasible para que no flaquera llorando por tanta idiotez junta.

— ¿Estarías dispuesta a calentar está noche mi cama? —preguntó sin rodeos. Sabía muy bien que su actual capacidad para decir las cosas sin reprimirse se debía al lazo que compartían. Su naturaleza le dictaba en ser directo con ella, al menos en cosas íntimas como el querer estar con él.

Y también, le jodía mucho que ella no se diera cuenta de lo atontado que lo tenía. No sólo por el lazo entre ambos, sino por sus extrañas, pero igualmente, cautivadoras maneras que tenía de aceptar a la gente a su alrededor.

Durante esas dos primeras semanas no se había perdido ni un solo segundo de ella. Siguiéndola como lo hizo, se informó de sus gustos, de la forma de comportarse ante una persona y otra. Como sonreía ante las ocurrencias de Bella y Raffaella a escondidas, casi con miedo a que alguien la viera. Sus manías, la mirada anhelante que se adueñaba de sus achocolatados ojos cada vez que veía a cierto albino a la distancia.

Todo, absolutamente todo había aprendido a identificarlo en ella. Y por muy extraño que pareciese, su manera tímida y lejana de moverse despertaron algo en él que ninguna otra lo había hecho nunca: Interés.

Yayx Eirzben era muy interesante y pese a su molestia, poco a poco estaba tomando un deseo por estar cerca de ella.

La agitación del cuerpo frágil a su lado lo trajo a su realidad.

— ¡P-por supuesto que no! —chilló con voz alterada, sonrojándose de la vergüenza.

— Lo suponía. —repitió las mismas palabras de ella sólo que con un tono de voz más bajo, y mucho más ácido. Que no le aceptara había sido un golpe fuerte tanto para su ego como su corazón— Tengo que irme. Nos vemos después. —su voz sonaba seca.

Yayx se quedó viendo como el vampiro se marchaba, y hasta que no lo vio desaparecer por un desvió a la derecha, no apartó la mirada. La joven confusa, pegó su vista en el piso inmaculado de madera, haciéndose daño al apretar sus manos.

— ¿Qué es todo esto? ¿Por qué tengo que sentir esta asfixia cada vez que se encuentra cerca? —susurró entre dientes, cerrando fuertemente los ojos.

« ¿Por qué… por qué mi corazón late tan fuerte que cuando estoy cerca de Lysandro?», pensó turbada, «Es una sensación dolorosa».


-:-


Ella está ahí.

Sonriendo con inocencia y carisma a unos humanos. Desde el primer día ella tuvo buena afinidad con los humanos, se sentían cómodos con su presencia y apreciaban egoístamente su belleza deslumbrante. Ella es demasiado pura, no se da cuenta de nada.

Como un conejo siendo cazado por el lobo.

Tú eres el lobo, ¿verdad?

— ¿Crees que es lo mejor? —te preguntan.

Sin dejar de mirarla, contestas— Por supuesto.

Miiko no dice nada más. No es necesario, ella confía en ti. Eres un buen amigo y si fuera poco, todos te aman y confían en ti. Quién puede desconfiar de ti, si ejerces tan bien tu papel que el mundo entero se lo traga. ¿Quién pensaría que tras templados ojos esmeraldas, se encuentra una tempestad? ¿Quién sabe lo que ocultas bajo tu piel de oveja?

Nadie. Miiko jamás lo pensaría. Jamón es algo estúpido. Shermansky demasiado metida en sus asuntos para ponerte atención. Los demás sólo buscan tu belleza, como cualquier Nymph; eres deslumbrante y fascinante. No se resisten a ti. Pero ella no te mira como alguien superior. Ella te mira como su igual.

Y eso te enferma.

¿Por qué te mira con alegría, amablemente? ¿Quién se cree que es?

Impura.

Te gustaría decir cuando pasas a su lado. Que los cabellos miel en realidad son de un horrible café. Que los ojos celestes, tan brillosos que la esperanza de su mirada te podría matar, son tan oscuros como el cielo nocturno. Ella no es perfecta. Ella es molesta y una completa idiota. Irritante con su fino caminar. Molesta con su alta educación. Despreciable por posarse frente a tus ojos. En fin, ella es todo lo que aborreces.

— Sí, claro… ¡Adiós! —dice mientras mueve su mano despidiendo a los mocosos humanos que babeaban por donde ella camina.

Tú caminas hacia adelante y "casualmente" chocas con ella.

— Discúlpame. No me he fijado por donde iba. —sonríes con pena.

¿Por qué no te dan un premio al mejor actor?

Ella no tarda en devolverte la sonrisa— Oh, no hay problema.

Miras sus brazos, atiborrados de libros. Claro, está apunto de empezar el tercer período y si no se mueven ambos van a llegar tarde.

— ¿Necesitas ayuda? —peguntas señalando los libros. Ella mira sus libros.

— Eh, no realmente…

— Vamos, te ayudaré. —sin esperar respuesta tomas los volúmenes. Te sonríe agradecida.

Desvías la mirada y te quedas perdido en tus pensamientos. ¿Ella podrá hacer una sonrisa así de grande, después de que la lastimes? Reprimes tu sonrisa pero la macabra satisfacción de verla rota te llena, podría decirse que casi te excita.

— Gracias, —te dice cuando llegan al aula, la tuya esta dos pisos más arriba— Eres tan amable, Leifthan.

Sonríes lentamente, sin dejar asomar tu sadismo.

— Claro, cuando quieras, Skylar. —dices, tu voz inusualmente ronca. Se sonroja bajo tu mirada.

— B-bien… —se despide, entrando a su salón.

Te cruzas de brazos mientras te recargas en una esquina. Las sombras te refugian en su negrura, escondiendo tu verdadera personalidad. Y lo cuan retorcida puede ser tu cabeza.

La primera etapa del plan estaba en marcha.

La venganza contra Skylar Watson había comenzado.


-:-


Terminando lo último de su cigarrillo con un humo exuberante, Castiel inclinó los dedos hacia su boca. En el momento en que Lysandro lo miró, tiró la colilla del cigarrillo— ¿Me estas diciendo que crees que tu hermana tiene sentimientos por ti?

Lysandro negó con la cabeza escuchando la pregunta. Al parecer, las cosas no habían quedado claras para el pelirrojo.

— No es exactamente mi hermana. —dijo Lysandro. Tenía la cabeza apoyada en la pared detrás de él, se mostraba relajado— La trajeron a mi casa cuando tenía siete años, sus padres son parientes de mi madre.

A su lado, Castiel bufó— Eso la hace tu hermana. Y que tú la veas de tal forma, la hace definitivamente tu hermana.

El albino se mantuvo callado. Aceptando con su mutismo las palabras de Castiel.

El pelirrojo suspiro— ¿Cómo se llama?

— Yayx.

Castiel maldijo por lo bajo, lanzando miradas incrédulas a su amigo y sonriendo con ironía después.

— Es la compañera de Nevra.

Con una tensión por todo su cuerpo, Lysandro se enderezó en su puesto— ¿Qué?

Castiel miró de reojo a Lysandro cuando escuchó la aprehensión en su voz.

— Yo también estoy impresionado. —dijo, teniendo una de esas raras miradas de complicidad— Nunca creí que tu "hermana" fuera la pareja de alguien, menos de Nevra.

Lysandro detuvo sus bicolores ojos en Castiel. La inseguridad haciendo mella en él.

— Yo… no se como reaccionar a eso.

Castiel se alzó de hombros, no realmente preocupado por eso. Extendió su mano y la colocó sobre el robusto hombro de Lysandro, dio un apretón de consuelo.

— No lo tomes de ninguna forma en particular, él…—hizo una pausa, pensando bien lo siguiente—, él la cuidara bien.

— Eso no me da calma.

— Lo sé pero parece ser que Nevra descubrió esos sentimientos de los que tú sospechabas.

Los labios de Lysandro no eran más que una firme línea al observar el vacío— Debe estar odiándome justo en estos instantes.

El vampiro sonrió burlón.

— Sí, supongo. —el albino le regreso el gesto con simpatía.

Castiel miró una última vez a Lysandro mientras este escribía unas cuantas cosas en su libreta. Pensando en la letra de una canción que últimamente le rondaba la cabeza, encendió su tercer cigarrillo de la mañana.


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Extraño pero había sido a ella a quien le contara sus problemas.

— Espera. Creo que no te he entendido bien.

— Me has entendido perfectamente, Arya. —masculló entre dientes. La joven estaba convencida que lo estaba haciendo adrede, bien no adrede pero si estaba burlándose de ella.

— ¿Le dijiste a Nevra, —comenzó a preguntar sonriente— que si la iba a curar con su pene mágico?

Yayx la fulminó con la mirada, pero eso no pareció inquietar a la pelirroja, al contrario parecía alentarla a que acariciara su cabeza con ternura, casi como si ella fuera una niña enfurruñada por alguna cosa sin importancia.

«Bueno, ¿por qué se les da por quitarme mi espacio personal? ¡Todo el mundo lo hace!»

— Sí. —respondió cortante.

— Bien, no te angusties. Seguramente Nevra se lo tomo por el lado divertido. —la tranquilizó al verla tan alterada.

— Pero el lucía enfadado cuando lo dije.

Arya suspiró, sin saber que decir realmente. Las relaciones amorosas no se le daban bien y que la chica le pidiera consejo estaba resultando difícil. Era la pareja de Nevra, no podía tener tantas inseguridades o ser tan distante, ¿verdad? ¿A menos que…?

— Oye, Yayx.

— ¿Mmh?

Pero era absurdo. Pensar en ello era total y absolutamente absurdo, por no decir patético.

Miró a la humana casi con pena.

— Lo siento, ¿te gustaría seguir con esto al rato? Tengo que ir a investigar algo.

Y sin esperar respuesta se esfumó. Debía averiguar si el narcisista vampiro había soltado la verdad o que había quedado callado.

Sin saber lo que pasaba, Yayx se apartó de la pared y se encaminó hasta la puerta de su habitación con la intención de hablar con Bella, más al llegar a esta, se encontró sin poder seguir por los largos y fuertes brazos que la encerraban, subió la mirada y se halló a una inusual seria plomiza.

— ¿Ya te vas a dormir? Es muy temprano.

Yayx pasó saliva, pero aun inexpresiva. Nevra daba miedo con la expresión que tenía.

— Aah.

— ¿Tan pronto? —volvió a insistir el vampiro, rompiendo el silencio entre ambos con aquella voz suya tan profunda, mientras con su único ojo analizaba cada uno de los gestos de Yayx— ¿No te encuentras bien? ¿O es que vas a reunirte con Lysandro ahí dentro? —se apartó unos centímetros de ella, lo justo para acercarse a su rostro, después llevó la mano y tocó la frente de la muchacha, fingiendo tomarle la temperatura— No parece que tengas fiebre y no creo que a las siete de la noches desees dormir. Así que dime, ¿Vas a encontrarte con alguien?

— ¿Pero que dices? ¡¿Lysandro… cómo es que sabes de él?!— su pechó retumbaba. La proximidad de pelinegro le hacia sentir incómoda y anhelosa, tanto que durante un eterno minuto no supo ni cómo reaccionar.

¿Por qué se comportaba tan raro? Tan directo, tan…determinado.

Nevra alzó la vista unos instantes para mirar a la chica. En un rápido movimiento la tomo por los hombros, girándola y siendo él el que estuviera pegado a la pared.

— Hey, ¿estás…?

El súbito jalón que le dio Nevra la mandó a callar, sin esperárselo se encontró sentada sobre el piso y con los trabajados brazos del vampiro rodándola. La apretaba tanto que la dureza de su cuerpo masculino comenzaba a hacerle daño.

— ¡¿Pero qué te pasa?! ¡Suéltame! —gritó agitándose inútilmente entre el abrazo. Se preocupó cuando el chico no la soltó, incluso estaba aumentando su presión— ¿N-nevra?

Ante el llamado, alzó la cabeza. Nevra se limitó a observarla sin más, analizando la forma en la que se movía en su presencia, la forma en que sus ojos evitaban detenerse demasiado tiempo en su rostro y por supuesto en el sutil pero presente rubor en sus mejillas. Durante los días pasados había estado esperando el momento indicado para asaltarla, y el tenerla entre sus brazos, compartiendo calor corporal, era único e iba más allá de sus pasadas experiencias. Su exquisito aroma lo envolvía como un manto refrescante, la tersura de su cuello podía hacerlo enloquecer sino encaja sus colmillos de una buena vez en él. ¿Cómo podía ser tan pequeña a comparación a él? Sus hombros se mostraban excesivamente anchos al abrazarla, la rodeaba por completo. Incluso le sobraban brazos al abrazarla.

— ¿Qué pasa? ¿Te asusto? —preguntó con una sonrisa, sujetó su rostro con ambas manos, acercándola todo lo posible a él pero sin rozar sus labios.

— Estás muy raro… no eres así.

Alzó una ceja, curioso— ¿Ah no? Entonces ¿cómo me comporto normalmente?

— ¡N-no sé…Sólo no eres! —medio exclamó ya exasperada por la situación y la cercanía— Ahora suéltame o te golpeo.

Nevra sonrió socarronamente, complacido por el revuelo que lograba en su controlada manera de ser. Al menos, no le era tan indiferente y podría trabajar con ello.

— Oh, oh, quiero ver eso. —susurró cerca de su oído, un escalofrío la recorrió— La idea de ti golpeándome me emociona un poco.

— Cierra la boca… ¡Olvida eso!

— Pero si me pegas, me voy a excitar. —indicó en tono jocoso, alzando de arriba abajo las cejas sugestivo.

— ¡Eres tan molesto! —gritó completamente harta ya— Vamos, muévete ya. —roja de la furia, giró el rostro a un lado, ocultando su expresión avergonzada de Nevra.

— Ah, Yayx, sobre lo que me pasa…

Giró tan rápido la cabeza que hasta se sorprendió de no haberse luxado el cuello.

— ¡¿Qué…?!

Ese gritó frustrado fue lo único que necesito Nevra Lefebvre para llevar sus labios contra los de ella y ahogar un gemido ronco dentro de su pecho. La sensación que lo inundó fue algo que no supo poner en palabras. Era una masa de sensaciones intensas que lo abrazaron para explotar. Sus manos se cernieron sobre sus cabellos sujetos en una coleta alta, enredándose en sus sedosos rizos ébano, mientras su brazo derecho agarró a su pareja de la cintura para acercarla a él. Con sus dedos quitó la liga que sostenía sus cabellos.

Sus rizos índigos taparon como cortina la espalda femenina y el éxtasis de aroma envolvió al moreno como una manta de atracción imposible de negar. Era ella, su mujer, su compañera, su pareja. Los labios eran como los imaginó, carnosos y cálidos. Suaves y gentiles. Inexpertos pero enardecidos.

Sólo fue un beso casto, donde sus lenguas no se saludaron ni sus bocas abrieron sus puertas. No importaba, las cosas que valen siempre toman tiempo.

Cuando se separaron Yayx tenía sus ojos bien abiertos y su boca apretada en una tensa línea. El aroma masculino del vampiro la tenía aturdida y estimulada. Podía sentir cosquillas bajo su vientre y como un lazo invisible la conectaba a él. Algo que nunca había experimentado y que físicamente podía sentir más no ver. Ahí estaba pegada a él, atado a su pecho. Era tibio y templado.

Ese fue su primer beso.

— Me gustas. — confesó el líder de la Guardia Sombra.

Enrojeció de golpe.

— ¿Q-qué…?

— Estoy enamorado de ti. —musitó el pelinegro en el oído de ella haciendo que ésta tiritara por las emociones que se extendían por todo su ser. El vampiro sonrió con satisfacción— Me he enamorado de ti. —le repitió al final en un posesivo abrazo que la sumergió en el cuerpo de él como el perfecto pedazo de rompecabezas que faltaba en su vida.

.

.

.

.

Continuará~


Oh, lo sé... Me tarde años en actualizar.

Solo debo decir que me escuela me absorbe por completo, me deja agotada T.T

Con respecto al capítulo; sé que en su mayoría vemos el avance de una sola pareja y ciertos personajes determinados pero no se me desinflen(?) que para el siguiente cap ya se arma el salseo intenso xD

Notas de Autor:

* Les recomiendo " Suteki na Serenade " y " Kareha Iro Crescendo " del anime Mar añade Boy, cada que lean las partes de Nevera y Yayx.

*Les juró que nunca voy a cansarme de decircelos: Lean bien los capítulos, uno nunca sabe que información oculta se muestra entre los párrafos 7u7

*¿Estoy manejando bien a los personajes? Ay, es que a veces siento que me quedan algo Ooc U.U (?)

¡Feliz Navidad y Año Nuevo atrasados, mis lectores queridos!

Responderé sus reviews entre el jueves y viernes. Ahorita no me alcanza el tiempo.

¡Hasta la próxima! Saben que los amo, ¿verdad? ¡

Precioso inicio de semana!

Preguntas, dudas, comentarios. Toda crítica es bienvenida, sí y sólo si es constructiva.

Geraldine

Escuchado " Duele el Corazón " – Enrique Iglesias.

16/01/17