DISCLAIMER: Lo dicho, YOI no me pertenece, solamente la historia.

Dejen sus reviews por favor que eso siempre ayuda. Los de México ¡Qué tengan bonitas vacaciones! A los de otros países ¡BUEN FINDE!

PD: Kumiko y Sverige, muchas gracias por sus comentarios, espero que les siga gustando la historia y este capítulo va especialmente dedicado a ustedes.

CAPÍTULO IV

BY: NewRusherBoy

Mari salió de la habitación y salió por el pasillo, dejando a sus padres solos, era consciente que en un momento tan delicado tal vez querrían estar con ella, pero no podía asimilar estar con ninguna persona.

-Hiroko…- escuchó la voz de su marido.

-Toshiya…-

No hacían faltas más palabras, la mujer de estatura baja se acercó a su marido para aferrarse él, mientras aquel hombre que normalmente era alegre apretó a su mujer como quién busca un salvavidas.

-Perdimos a nuestro bebe.- ella chilló.

No dijeron nada. Ella lloró humedeciendo el pecho de él, era tan difícil comprender los designios de la vida, una injusta. No hizo falta comentarios de ningún tipo, tantos años de matrimonio, se comprendían a la perfección y en el fondo sabían que aquello sería lo más difícil que enfrentarían… pero… iban a salir a delante, por el recuerdo de su hijo, por la vida de su hija y por el amor tan grande que les tienen y se tienen, aunque en ese momento estaba bien derrumbarse.

Una media hora después entraron a la habitación, sin destapar al menor, por respeto a su memoria y al sacrificio de su hija… porque manchar los recuerdos de las personas es una de las cosas más dolorosas.

-Yuuri.- dijeron al unisonó.

¿Cuáles son los recuerdos más maravillosos de un padre? Se preguntó el hombre ¿cuál es el recuerdo más cálido de una mujer? Se preguntó la madre.

–Su sonrisa.- fue la respuesta que ambos encontraron. Porque dentro de todo el sufrimiento, las penas, los fracasos o alegrías, lo único que querían ver de nuevo era una sonrisa honesta y feliz de su hijo.


El aeropuerto estaba vacío, miró a la gente pasar mientras arrastraba la maleta que llevaba, había recibido un mensaje de Mari diciendo que aún seguían en Tokio por la crisis de Viktor.

-Es otro aire.- Phichit se giró. Celestino estaba a su lado, el entrenador cargaba dos maletas, intentando mantener la calma. Lo miró con un singó de interrogación pintado intentando descifrar el mensaje, hasta que se dio cuenta.

-Es como si faltara algo.- su voz se quebró.

Para la mayoría de la gente le sería difícil comprender que un muchacho tan positivo y sonriente mostrara aquel gesto sombrío, sin embargo, el entrenador sabía que sería mejor asimilar el dolor pronto… para intentar superarlo, internamente se preguntaba cómo reaccionarían los demás patinadores ante una noticia como esa, aunque claro, Yuuri no era un íntimo amigo de ninguno de ellos.

Junto a ellos pasó una mujer con los ojos rojos, hablaba por teléfono mientras se cubría con una bufanda aunque no hacía mucho frío en esa época del año, viendo un poco más allá se daban cuenta había tantas personas que parecían igual, exhaustos, cansados, rotos… familiares, amigos, hermanos, hijos, Phichit no pudo contener las lágrimas otra vez porque tristemente no estaban solos… había otros como ellos, gente que de un momento a otro lo perdió todo.


-Yuuri- gritó Viktor.

Había despertado. Tardo solo unos segundos al darse cuenta que su pesadilla era real, lo había perdido, se fue y no volvería a verlo otra vez, no con vida.

Miró la pared blanca, su voz se había ido otra vez, no había palabras para expresar su dolor claramente, no había nada que pudiera decir o hacer para que esa sensación aprensiva y desgarradora se fuera por mucho que lo intentara.

Llevó las manos a su cabeza antes de sollozar. Lágrimas, gemidos y sollozos, no iban a calmarse porque él no iba a volver, porque ya no lo vería saludar a Makkacin, ya no recibiría sus besos, no vería su expresión de alegría al hablar con su familia, o su cara de placer, todo se había ido.

En la puerta de la habitación había una mujer recargada, escuchaba todo, tantas personas sufriendo en ese momento por una tragedia… incluso ella… que perdió a su hijo el mismo día, pero no podía verse amedrentada por el dolor, no podía dejarse tumbar porque sabía que mucha gente dependía en ese momento de que hiciera bien su trabajo. Después de que el ruido paró un largo rato después entró, miró al hombre con calma.

No necesitaba expresar palabras, solo caminó y le dejó algo en la mesa. –Sea lo que sea, cariño, él se aferró con tanta fuerza que debió ser muy importante… así que léelo por favor.- su voz fue tan cálida que al menos por un instante Viktor se calmó…

-¡MAKKACHIN!- gritó la exbailarina. El perro tenía un rato sollozando como si algo lo perturbara. –Ahora te sacó, espero.- lo regañó antes de contestar el teléfono que sonaba de manera insistente.

-¿Mari?- preguntó al escuchar la voz de la menor. -¿Qué?- preguntó. -¿Él está bien?...-