AQUÍ ESTA OTRO CAPITULO LA RECOMPENSA POR HABERME TARDADO.

MI MUÑECA ESTA LLORANDO

Silencio, era todo lo que me rodeaba. Desde el momento que la oscuridad abandonaba mi cabeza todo se volvía silencio. Desde que recordaba, y no era como que mi memoria fue muy buena, siempre había silencio y soledad a mí alrededor. Mi única compañía era Hotaru, en los momentos más tristes y difíciles que podía recordar ella estaba ahí, no entendía como las demás personas no veían en ella lo que yo. Todas las personas que se acercaban a mi me tildaban de loco o algo así, bueno por algo estaba aquí ¿o no? Aunque realmente no me molestaba estar aquí, ahora no. Porque ella venia todos los días a estar conmigo. No era como si estuviese aquí por su voluntad, pero ella no había sido como las demás chicas que venían a "cuidarme". Yo no necesitaba ser monitoreado todos los días, la mujer bonita de cabellos caramelo me había enseñado a no depender de las enfermeras. Pero con Serena, Sere como ella me había dicho que la llamara, las cosas eran diferentes. Ella se preocupaba por mí más allá de su responsabilidad o su deber. El recuerdo de ese primer día estaba muy claro en mi cabeza, quizás es lo más claro que tenia ahí. Ella sonreía y solo era amable conmigo, no entendía muy bien su actitud, no era normal; nadie era amable conmigo, solo Zafiro y Amy.

Pensé que al día siguiente ella se mostraría igual de cruel e hiriente como las demás enfermeras, pero no lo hizo. Mantenía su sonrisa y esa chispa en sus ojos que me hacían querer confiar en ella.

"No lo hagas. Te dañara igual que las demás"- Hotaru me había dicho eso, no podía desconfiar de ella, ella me cuidaba. Hotaru rara vez me hablaba pero cuando lo hacía era para cuidar de mí y yo debía hacer lo que ella dijera.

Así ella venia todos los días y me traía desayuno hecho por ella. Se lo agradecía mucho, su comida era deliciosa, pero quizás lo mejor de todo era su compañía que aunque a veces se volvía silente, yo sentía su presencia, sabía que estaba ahí. Cuando Zafiro venia y ella se iba era extraño, porque no quería que se fuera. Cuando ella volvía a entrar por esa puerta era todo tan diferente para mí.

Al finalizar el día, ella siempre me daba palabras amables antes de caer en la oscuridad. Anhelaba poder verla en mis tinieblas, tal vez así todo fuera mejor, pero jamás podía, ella jamás aparecería ahí, ¿Cómo podría?

Pero había la esperanza que cuando las penumbras se fueran ella estaría ahí, aunque fuese solo para verla de lejos.

Pero esta mañana sus ojos no eran los mismos, su sonrisa no estaba, se veía cansada y sus ojos café están rojos. No sabía el porqué.

Como siempre ella me saludo a mí y yo hice lo mismo.

Me llamo para que desayunara, intentando que sus labios se levantaran como una sonrisa pero solo hizo que su rostro se viera mal.

-Bueno, hora del desayuno. Hoy traje huevos revueltos- dijo y yo hice lo que me indico.

La rutina era que ella se quedaba ahí viendo que terminara de comer, pera esta vez ella se sentó en mi cama.

Por un momento hubo el típico silencio pero de pronto escuche un sollozo me gire para encontrar que ella lloraba. Las lágrimas resbalaban por su mejilla y su mirada estaba perdida en algún punto de la habitación. Sin hacer ruido me levante para irme a sentar a su lado.

-¿Por qué lloras?-

-No estoy llorando. No te preocupes, ¿si?- ¿Qué no lloraba? Claro que lo hacía. Su rostro estaba muy triste y no supe porque yo también me sentí así. Eran las lágrimas las que afeaban su rostro, ella era muy bonita como para estar así, además ella jamás estaba triste, siempre me sonreía y hoy no lo hacía, me encantaba su sonrisa. No sé porque pero pase mi manos por debajo de sus ojos y luego por sus mejillas quitando con delicadeza los rastros que las lagrimas habían dejado, su piel era suave y delicada, ella era hermosa y buena, ella no debía llorar, no debía sufrir.

-Estas tristes. Tú nunca estas tristes. Algo te pasa, y está bien que no me lo digas. Pero no me gusta verte llorar.- dije, sabiendo que ella no me contaría nada.

"Tu no puedes hacer nada por ella. Jamás puedes hacer nada por las personas que te importan."- Las palabras que resanaban en mi mente me dolieron porque eran la verdad. Yo jamás podía hacer nada.

-Cariño, ¿porque lloras tu?- me pregunto con dulzura sacando de mi laguna mental.

-Ya te dije, no me gusta verte llorar. Por favor no lo hagas- le rogué ya no quería verla así.

-Ok, no llorare pero tu tampoco lo hagas.- dijo poniendo su delicada mano en las esquinas de mis ojos limpiando las lagrimas que se formaron. Pero ella en vez de calmarse lloro más y más fuerte.

"Lo ves, por más que quieras no puedes ayudarla"- Hotaru quería que la dejara pero yo no quería hacerlo. Ella subió sus manos a su rostro como si intentara detener el llanto y lo único que atine a hacer fue acercarla a mí, abrazarla, tratar de calmarla; pero quizás fue al revés. Su calor, su olor, su ternura, todo lo que ella era me invadieron. Ella era buena, ella era dulce, ella era amable, ella era hermosa, ella era delicada, su corazón era delicado mucho más que una muñeca de porcelana. Ella era muchas cosas y no se merecía estar sufriendo así. Cuando por fin se calmo me separe de ella antes que ella me alejara limpie sus mejillas una vez más sintiendo la tibieza de sus mejillas recorrer mis palmas llenando mi estomago de una sensación de cosquillas, vi sus ojos por un momento perdiéndome en su hermosura y calidez, me acerque a ella y le di un beso en la frente. Era un gesto que alguna vez alguien uso para calmarme después de llorar mucho pero no recordaba quien, solo sabía que funcionaba.

-Ya no llores más. Eres muy linda para hacerlo- le susurre antes de levantarme, antes de que ella se espantara por mi cercanía. Yo no debía acercarme a ella, Hotaru me lo había dicho, pero ella estaba tan frágil que no pude evitarlo.

Pronto Zafiro llego y ella abandono la habitación.

-¿Como has estado Darien?-

No conteste.

-¿Hoy no deseas hablar? ¿Te ha hecho algo Sere?- pregunto preocupado.

-No es eso. Ella esta triste y no sé por qué. Ella no debe estar triste.- Murmure mas para mí que para él.

-¿Por qué crees que esta triste?-

- No tenía su sonrisa de siempre y luego estuvo llorando mucho. Durante mucho tiempo.-

-No te preocupes, hablare con ella-

-¿La podrías ayudar?- le pregunte emocionado, tal vez yo no pudiera pero Zafiro si podría y ella volvería a sonreír para mí.

"Ella no sonríe para ti"

Ignore eso y seguí hablando con Zafiro. Hasta que tuvo que irse.

Pasó un rato solo y pensé que desde que Sere llego Hotaru decía cosas que me dañaban. ¿Qué no se suponía que ella era mi amiga?

Olvide por un momento a Hotaru y estuve atento a la llegada de Sere, cuando por fin cruzo la puerta pude ver en sus ojos la felicidad que siempre había en ellos. Y su bella sonrisa me alegro a mí también.

Ella camino hacia su lugar de siempre, pero mientras pasaba la escuche musitar un suave: "gracias".

-Cualquier cosa por verte sonreír- y era la verdad yo haría lo que fuera para ver su sonrisa. Ella era ahora para mí como lo fue Hotaru, era como mi muñeca y por eso no debía llorar.