Capítulo 4: Investigaciones.
-He dicho que vamos por el buen camino.- Decía una voz modificada mágicamente. El propietario de aquella voz artificial estaba sentado en un pequeño sillón alrededor del cual se arremolinaban sus seguidores, que escuchaban atentos la disputa que su jefe mantenía en ese momento con uno de los suyos.- Las cartas no estaban destinadas a llegar a ella y la hemos obligado a dudar y a fallar en sus deducciones.
-Pero, con el debido respeto…
-Lo que me demuestras no es respeto ninguno, al contrario. Pero te dejaré que me plantees una cuestión más porque sé que hay Mortífagos que aún no confían en mí.- Espetó la extraña voz haciendo un gesto con su mano para que el Mortífago continuara hablando.- Continúa, Avery.
-Lo que quería decir es que ya le hemos puesto en la pista sobre nosotros…-Su jefe le volvió a interrumpir.
-Una vez más, te equivocas, mi ingenuo Avery.- Comentó con una risilla fantasmal.- Le hemos obligado a buscar asesinos. Gente que pueda querer matarla por algún motivo en concreto. Eso nos conviene, de momento.- Uno de los Mortífagos de su alrededor, el mayor de los Lestrange, se atrevió a interrumpir.
-Disculpe, Chief, pero esa chica es demasiado inteligente como para sostener esa teoría el tiempo suficiente. Además, está el loco de Mosley.- El denominado como Chief se volvió hacia él con una sonrisa macabra enmarcada en el rostro.
-Es que no quiero que piense eso eternamente. Por Mosley nadie debe preocuparse.- Los Mortífagos se lo quedaron mirando.- Yo me ocupo de él.
Rodolphus se giró a su derecha, dirigiéndose a su hermano.
-Mosley está muerto.
-Mosley no está muerto.- No hacía más que repetir Harry. En Azkaban habían sido atacados por unos Mortífagos que planeaban llevarse a Mosley. Él y su compañero, Alberts, habían logrado impedirlo. El ataque se había perpetrado de tal manera que matara a todos los que se encontraran por el camino.- Ahora está en San Mungo, pero luego lo traeremos a los calabozos del Ministerio.- Le aseguraba Harry al ministro Schacklebolt.- Kingsley, debemos protegerlo. Sabe más de lo que él cree que sabe.- El ministro asintió.
-Estoy de acuerdo. Se están tomando demasiadas molestias.- Kingsley miró a Harry con gravedad.- Tenemos que pararles los pies. Se están empezando a hacer visibles. Eso significa que su objetivo final está definido. Y ese objetivo pasa por Mosley. Sacadle todo lo que sepa lo más rápido posible.- Harry asintió.- Pero antes, vete a cambiarte, ¿quieres? Ginny me mataría si te viera llegar a casa en ese estado.- Comentó el ministro rebajando un poco el tono. Harry seguía en estado de shock. Sabía que, como había dicho Hermione, a este grupo Mortífagos no les hacía ninguna gracia que Mosley estuviera vivo. ¿Realmente sabía algo aquel pobre hombre que ahora estaba en San Mungo reponiéndose de sus numerosas heridas?
-Ha habido un ataque en Azkaban.- Anunció la siempre indolente voz de su secretaria. Se había acostumbrado tanto a ella que casi notaba algunos sentimientos en su voz. Hermione pegó un brinco levantándose de la silla y acercándose a Maddie.
-¿Está bien Harry?- Preguntó ansiosamente la chica. Era la manera instintiva que tenía de reaccionar. Al fin y al cabo era Harry el que siempre se metía en todos los líos, ¿no? Su secretaria la miró con curiosidad, como escudriñando su reacción. Hermione sabía por qué lo hacía. De vez en cuando, el supuesto "diario" Corazón de Bruja, dedicaba unas cuantas páginas a divagar en por qué o por qué no Harry y Hermione mantenían una relación secreta. A Hermione le traía sin cuidado desde el día en que vio a Harry y Ron leyéndolo y desternillándose de risa.
-Perfectamente, pero uno de los prisioneros de Azkaban ha tenido que ser evacuado. Al parecer iban tras esa alimaña.
-Esa alimaña tiene mucho que contar, estoy segura.-Dijo Hermione, pensativa mientras Maddie la seguía mirando asintiendo.
-Estoy de acuerdo.- Ratificó la mujer mientras se dio media vuelta y se fue. Sin más. Hermione, por su parte, no se lo tomó mal. Maddie siempre hacía lo mismo. Tras ella, salió la joven hacia el Cuartel General de Aurores, camino hacia dónde se chocó con el Ministro.
-Perdón, culpa mía. Voy con prisa.- Se disculpó Hermione. La castaña se recompuso con rapidez del golpe esperando recibir una réplica de "estos jóvenes…" que no llegó.
-Ya lo supongo. Las noticias vuelan muy rápido en este edificio. Algunas, demasiado.- Repuso Kingsley sonriendo. Hermione levantó la vista.- Harry está en la segunda puerta a la derecha.
-¡Kingsley!- Exclamó Hermione.- ¿Cómo está Harry?
-Cansado, pero bien. Les pillaron por sorpresa, aunque ya sabes que hace falta algo más para pasar por encima de Harry y Alberts.- Respondió Kingsley.- Ese Mosley sabe bastante más de lo que creíamos.- Hermione asintió.
-Lo sé. Tendré que investigar algo más a fondo sus anteriores declaraciones. Se me ha ocurrido que quizá no está tan loco como él cree estar.
-O como nos quiere hacer creer.- Matizó Kingsley. Sin embargo, el Ministro de Magia observó con asombro como su joven promesa del departamento de Ley Mágica negaba.
-No. Como le han hecho creer a él.- Susurró la castaña con la mirada perdida, pensando, en el horizonte. El horizonte, en un edificio mágico bajo tierra como aquel, era en concreto, una planta. Un Cactus del Himalaya que Luna Lovegood había donado al ministerio. Kingsley, sorprendido porque la abogada se había quedado completamente pausada, se puso a mirar lo que tanto fascinaba a la chica.
-Reconozco que ese descubrimiento de tu amiga Lovegood es muy interesante. Un cactus en el Himalaya es, como poco, peculiar. Pero, ¿podrías explicarme qué tiene que ver con todo lo de Mosley?
-¿Hm? ¿Qué?... ¡Ah! Sí. Tú hazme caso. De momento tengo cosas que investigar. Y entre esas cosas entra hablar con Harry.- Repuso Hermione con una sonrisa en los labios.- Tú confía en mí, Kingsley.
-Sabes que ya lo hago, Hermione. Si no, no te habría ascendido.- Hermione le sonrió ligeramente.- Saluda Ron de mi parte.- Se despidió el ministro. Hermione le dirigió un saludo con la mano mientras se dirigía a hablar con Harry.
Ron estaba inquieto. Había pasado una larga semana desde que El Profeta sacara a la luz la supuesta infidelidad de su mujer con Vicktor Krum. Tras la escalofriante afirmación de su mujer de que alguien estaba intentado matarla, Hermione iba de un lado para otro, investigando, rebuscando entre conversaciones que se habían archivado antes de que ella hubiera sido ascendida a aquel departamento. A él, Ron, su mujer no le decía absolutamente nada.
-Es alto secreto.- Murmuraba leyendo los papeles ministeriales, cada vez que Ron le preguntaba. Al pelirrojo aquello le sacaba de quicio.
-Que yo me entere.- Respondió, ya harto, Ron un día.- Me puedes soltar a bocajarro que intentan matarte pero no planeas contarme nada de cómo piensas impedirlo, ¿no es así?- Hermione asintió.
-Básicamente es eso, sí.- Repuso la chica visiblemente molesta por la interrupción. Su marido no daba crédito a lo que estaba oyendo.
-¡Disculpa que te moleste, oh, todopoderosa abogada del Ministerio de Magia Británico!- Replicó sarcásticamente Ron.- Pero resulta que soy tu marido y, lo creas o no, estos años de matrimonio demuestran que... ¿no sé? ¿Qué me molestaría un poco si te asesinaran, quizá?- Hermione rió ligeramente mientras Ron bufaba y se pasaba la mano por el pelo repetidamente en señal de desesperación.
-Eso no pasará, tranquilo.- El pelirrojo volvió a resoplar una vez más al contemplar como su mujer seguía con la mirada enfrascada en los informes. Ron volvió a encarar a su mujer, cada vez más y más enfadado.
-¿Tranquilo?- Preguntó de manera sarcástica-¡Por supuesto! Estoy muy tranquilo. Como el Mar Muerto de tranquilo. Déjame que piense: Tras un ataque de celos en el que mi mujer se lanza sobre mi pobre empleada que, por cierto, te recuerdo que está prometida, mi anteriormente mencionada esposa se gira y me dice: "¡Carámbanos de merluza rebozada! ¡Alguien intenta matarme!"- Ron iba de un lado a otro mientras Hermione le seguía en su movimiento frenético con una mirada casi impasible.- Pero, claro, ahí no acaba la cosa, ¿cómo iba a ser así? Un grupo de Mortífagos anda reorganizándose, mi mejor amigo es atacado en la prisión donde ha ido a interrogar a un preso que, casualidades de la vida, era de ese grupo de Mortífagos y cuya investigación lleva ni más ni menos que mi mujer. La mujer de mi vida. Esa que tiene la nariz incrustada en sus informes y que no me cuenta nada que realmente pueda calmarme y que deje de estar tan paranoico.- Tras su discurso, Ron terminó sentándose en un sofá enfrente de su mujer con las manos sobre el rostro y los codos apoyados sobre las rodillas. Hermione lo miró con ternura, apartó los informes y se levanto. Se dirigió hacia el sofá en el que se encontraba su marido y, quitándole los codos de las rodillas, se sentó en su regazo mientras lo abrazaba. La castaña sintió que un par de lágrimas solitarias resbalaban de la cara de Ron hacia su cuello.- No puedo soportar la idea de que te pase algo malo.- Susurró el pelirrojo al oído de su mujer mientras ésta se apoyaba en su hombro.
-No puedo contarte nada de lo que estoy haciendo de momento. Pero te juro que estoy haciendo todo lo que está en mis manos para pararlo. Para evitar que me pase nada.- Ron rozó ligeramente su nariz sobre el cuello de la chica.
-Me siento inútil. Es como con los Horrocruxes. No os dejaba avanzar. O al menos eso me hacía pensar.- Murmuró Ron con una angustia explícita en su voz, en su tono. Hermione se separó de él, cogiéndole la cara con las dos manos y mirándole con intensidad.
-No se te ocurra pensarlo durante un instante, Ronald Weasley. No eres inútil, y tampoco nos estorbas. Ni a Harry, ni muchísimo menos a mí. Si no estuvieses conmigo, mi vida sería la que me estorbaría.
-¡No digas eso, Hermione!- Exclamó el chico con una mueca de dolor.- Y menos cuando dices que hay alguien que intenta matarte.- Hermione negó ligeramente.
-Esa es una de las cosas que no me cuadran y que aún no te puedo contar.- Ron bufó, apartando la vista hacia un punto por detrás de la oreja de su mujer. Hermione hizo que volviera su mirada hacia ella con un chasquido de la lengua.- Eres igual que un crío.- Agregó la castaña ante la mirada indolente de Ron.- No te puedo decir nada porque…-A media frase, Hermione paró y miró a su alrededor. Ron le dedicó una mirada extrañada.
-¿Qué haces?- Preguntó Ron, sorprendido por la actitud de su mujer. La chica sólo se llevó un dedo a los labios indicando silencio. Con la mirada escudriñó la habitación buscando algo. Cuando lo encontró su rostro se iluminó. Se levantó de su asiento, tomó el objeto y volvió a sentarse sobre su marido, quien pudo observar que el objeto era la varita de la joven. Antes de que el pelirrojo pudiera preguntar algo más, Hermione lanzó Muffliato sobre ambos.
-Ya puedes hablar.- Indicó Hermione. Ron la miró como si estuviese loca.
-Esteeeee…Hermione, cariño, sólo estamos tú y yo en casa.- Hermione se encogió ligeramente de hombros.
-De eso no estoy muy segura.-Dijo sin reparos.- Es lo que quería decirte. Creo que alguien relativamente cercano a mí es un topo.
-¿Un topo?.- Preguntó un desconcertado Ron.- ¿Te refieres a que hay una de esas cosas que destrozan el jardín de tu padre?- Hermione rió ligeramente.
-Algo así. Se trata de un espía. Muy poca gente sabía que Harry iba a ir a Azkaban a interrogar a Mosley. La gran mayoría es gente en la que confío plenamente. De todas maneras eres la primera persona a la que se lo comento. No he podido hablar con Harry, el Ministerio no es seguro. Y a Kingsley no le pienso decir nada de momento. No quiero que se preocupe en exceso. Sólo parecen estar espiándome a mí.
-Pero, ¿qué tienes tú que ver con ellos? ¿Con los Mortífagos?- Preguntó Ron. Estaba maravillado ante la facilidad de manifestar las ideas que tenía su mujer.
-Mosley.- Dijo Hermione con seguridad.- Es una pieza clave. Lo sé. Por eso no quieren que le descubra. Es lo que estoy haciendo ahora. Rebusco en sus declaraciones, escarbo entre el barro de su supuesta locura para encontrar una pepita de oro que tenga sentido. Ese hombre es un pozo de conocimiento cegado con losas. Y esas losas hay que sacarlas una a una.
-Y, exactamente, ¿qué buscas?- Preguntó Ron mientras ponía un mechón castaño detrás de la oreja de su mujer.
-Algo que conecte mi supuesto intento de asesinato con Mosley y que me lleve hacia el líder del grupo. Por lo menos de alguna manera.- Hermione miróa su marido al terminar de hablar.- Siento haberte asustado. Últimamente, parece que es lo único que sé hacer.- Ron se encogió de hombros sonriendo.
-Rompe la rutina. He de decir que empezábamos a ser un poco aburridos.- Hermione bufó acariciándole suavemente la nuca y la parte posterior de las orejas a su marido mientras éste cerraba los ojos.
-Creo que prefiero aburrirme…La cantidad de trabajo que tengo no es normal.- Ron sonrió irónicamente abriendo levemente los ojos.
-Claro. Además posibles intentos de asesinato, ataque de celos, y cartas amenazantes tienen que ser de lo más estresantes.- Hermione le dio un golpe en el hombro.
-Idiota.
Al día siguiente, Maddie ya había llegado cuando Hermione entró por la puerta, cargada de papeles y documentos, con ojeras y bostezando, pero claramente sonriente.
-Buenos días, Maddie.- Saludó la castaña. Muchas veces Hermione se había planteado si su asistente dormía allí, porque parecía que no se iba nunca a su casa. Se quedaba un rato tras la marcha de Hermione y siempre llegaba antes. Salvo los miércoles, cuando llegaban a la par.
-Buenos días, Hermione.- Respondió la mujer con media sonrisilla.- ¿Mucho trabajo? No parece haber descansado muy bien?
-¿Eh? ¡Ah! No, no es culpa del trabajo.- Murmuro despacio.-Aunque está relacionado.- Dijo con un hilo de voz. El susurro de su jefa hizo reír ligeramente a su secretaria.- Te veo de buen humor. Todo bien, supongo.
-Viento en popa.- Repuso la mujer. Hermione le dirigió una nueva sonrisa mientras abría la puerta de su despacho.
-Por favor, avisa al auror Potter y al auror Alberts para que se pasen por aquí lo antes posible.- Según abría la puerta oyó la replica de su secretaria.
-Eso no será necesario. Ya están aquí. Llegaron hace 10 minutos con el Ministro Schacklebolt.-La secretaria puso cara de sorpresa.- Supuse que la habían avisado. ¿Estoy en un lío?
-No, para nada, Maddie.- Respondió Hermione tratando de calmarla.- Esta visita no me da buena espina.- Agregó para sí mientras entraba a su despacho.
Se encontró a Kingsley en una silla y a su espalda, cada uno a un lado, a los aurores en los flancos. Parecía haber tomado esa posición de manera inconsciente ya que los tres estaban algo alterados. Kingsley giró la cabeza para saludarla.
-Hermione.- Dijo a bocajarro.- Tenemos problemas.- Hermione se sentó en su silla mirando expectante a Kingsley, instándole a continuar, pero fue Harry quien elaboró la situación.
-Mosley está aterrorizado. No quiere hablar. No hace más que repetir que prefiere Azkaban.
-¿No le habéis sacado ni una respuesta?- Preguntó Hermione atónita. No quería dárselas de sabihonda, pero su plan era bueno. Era una buena estrategia.
-¿Cómo?- Preguntó Alberts, un tipo alto, desgarbado y rubio. A Hermione se le asemejaba lejanamente a Ron. Quizá por eso era compañero de Harry y se llevaban tan bien.- Directamente no habla.
-Se niega a hablar, a comer, a beber.- Prosiguió Kingsley ante la mirada perpleja de Hermione.- Sólo repite que quiere volver a Azkaban, que allí está seguro.
Hermione meditó unos instantes ante la atenta mirada de los tres hombres. El plan que Hermione no había contado a nadie, serviría ahora más que nunca. Pero no con aurores. Mosley jamás confiaría en ellos por cómo le habían tratado. Sólo quedaba una alternativa.
-No me va a gustar.-Dijo Harry, rompiendo el silencio y sacando a Hermione de sus pensamientos. Ésta lo miraba interrogante.- Te conozco. Sé que esa cara significa "Tengo un plan arriesgado que os encantará salvo por…"
-Porque quien lo llevará a cabo, seré yo.- Harry suspiró mientras Alberts y Kingsley abrían los ojos como platos.
-¿Estás loca?- Preguntó Alberts, atónito.- Ese tío está mal de la cabeza. Apenas podemos manejarle entre dos aurores.- Continuó mientras se señalaba así mismo y a Harry.- A ti te toreará como quiera.- Hermione le miró ceñuda y fue ahí cuando Alberts se dio cuenta de que había traspasado una línea invisible en la paciencia de Hermione.- Me refiero a que ese tío sabe más de lo que cuenta, y…
-Eso ya lo sé.- Respondió Hermione de manera cortante.- Soy perfectamente consciente de ello. Por si no lo recuerdas, Alberts, soy yo la que se pasa las noches casi en vela escuchando sus declaraciones. O ¿qué te crees? ¿Qué un interrogatorio es la lista de libros para Hogwarts?- La mujer estaba ante Alberts y, aunque éste le sacaba varias cabezas de altura, ella resultaba amenazante.
-Hermione, tranquilízate.- Intercedió Harry.- Nadie ha dicho eso. Alberts no ha querido decir eso. –El larguirucho auror negó con vehemencia y algo de miedo, ante la amenazante castaña- Kingsley, por su parte se mantenía alejado y lanzando de vez en cuando, risitas por lo bajo. Hermione no miró a Harry cuando le respondió.
-Sabes lo que me cabrea que no se reconozca mi trabajo. Más que nada porque es tiempo en el que no estoy con mis padres o con Ron. O que no puedo ver a tu hijo, mi ahijado y sobrino. Llámame rara, pero me molesta bastante.- Hermione se alejó de Alberts, dando por zanjada la discusión de tal manera que ahora quedaba a una distancia normal para dirigirse a Kingsley.- Ministro, si yo voy, Mosley no estará tratando con aurores…si no con una abogada. Me consta que en los dos años que lleva detenido, no ha visto a ninguno. Además puedo asegurarme de que mis métodos con él son más…digamos…amables. Amén de poder variar la estrategia sobre la marcha sin tener que salir de la sala, lo cual minaría la credibilidad de los aurores.
-Es un buen plan.- Reconoció Kingsley.- Pero estoy con Alberts en un aspecto. No puedes ir allí tú sola.- Hermione bufó, pero Kingsley pareció obviar su queja.- Los dos aurores encargados del caso te acompañarán.- Dijo el ministro señalando a los dos aurores que le acompañaban. Hermione asintió de mala gana. Preferiría no tener aurores en la sala. Eso sólo coartaría a Mosley.- Bien. Entonces tendrás tu entrevista en tres días. Espero que nos saques de este punto muerto, porque la gente se está comenzando a inquietar.- Terminó Kingsley levantándose de su silla.- Si me disculpáis, tengo que reunirme con la Comisión Mágica internacional.- Kingsley salió por la puerta dejando a los tres jóvenes sin decir nada.
-¡Oh, sí!- Exclamaba Ron en la tienda de bromas junto a un cliente extranjero.- ¡Sí esta sección es muy reciente y aún no hemos tenido ocasión de añadirla a nuestro servicio de entrega por lechuza
-Pero, ¿lo tendrán pronto?- Preguntó interesado el hombre. Ron asintió sonriendo.
-Ha tenido una acogida lo suficientemente buena como para ello, sí. Son los mejores chalecos defensivos que pueda haber. No se va a poder encontrar nada mejor.- Aseguró Ron con su mejor voz de comerciante.
- Pues ahora me voy allevar unos quince y por lechuza pediré el resto. Quiero que mis jefes los prueben antes de nada.
-Comprensible, sin duda.- Dijo Ron mientras cogía quince chalecos y salían hacia la caja.- ¿Me permitiría su varita, por favor?- Preguntó Ron tendiendo su mano hacia delante. El hombre le miró, confuso.- No se preocupe. Es pura formalidad. Hace unos años vendimos unos artículos que fueron posteriormente utilizados por Mortífagos, por lo que, desde entonces, los que compran es esa sección nos dan una muestra de identificación que enviamos al ministerio. Es cosa de dos minutos.- Comentó Ron. El hombre sacó la varita.
-Me temo que no puedo esperar tanto tiempo. ¡DESMAIUS!- Ron vió como un rayo rojo iba hacia él y luego todo se quedaba oscuro.
Harry Potter corría por todo el Ministerio como alma que lleva el diablo, atropellando a todo aquel que se interponía en su camino. Una capa de sudor frío se adivinaba en su frente mientras su mente iba el doble de acelerada que su cuerpo.
Llegó hasta donde se encontraba el despacho de Hermione tras muchos empujones, malas caras y quejas, hasta que, sin pedir permiso o saludar a Maddie, entró como una exhalación en el despacho de su amiga.
La castaña se encontraba viendo unos papeles sobre Mosley cuando Harry apareció por la puerta, acelerado y con el rostro pálido y desencajado. De inmediato, Hermione supo que había pasado algo realmente malo. Se levantó de golpe. Tirando al suelo la silla. Llamando la atención de Maddie, quien se levantó para ver qué ocurría.
-Hermione.- Dijo Harry soltando una bocanada de aire.- Es Ron.
Bueno, aquí vuelvo a la carga. Siento el retraso , pero de verdad. No he tenido tiempo. Este capítulo lo he acortado ligeramente para dejaros este final tan...mono. Disfrutadlo. Gracias por leer y dejar Review.
