Disclamer: Los personajes y lugares de esta historia son todos propiedad de la genial Rumiko Takahashi, yo solo los incordio con mi imaginación.
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Un Prometido de Verdad
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4.
Ranma había conseguido regresar a Nerima por fin.
Estaba cansado y malhumorado, pero también aliviado porque en más de una ocasión durante aquel infernal viaje de una semana había creído que jamás lo lograría. Y todo por culpa del enorme y perezoso panda que iba caminando, patizambo, tras él.
Transitaban por la larga calle en cuyo final estaba el dojo Tendo. Ranma cargaba con una enorme mochila a su espalda que le estaba desgarrando sus ya de por sí doloridos músculos de los hombros, especialmente cada vez que hacía el inútil esfuerzo de volver el rostro para mirar furibundo al animal que le seguía. El panda agitaba un cartel de madera sobre su cabeza que el chico se había negado a leer; aquello era ridículo.
—No me interesa —gruñó el chico una vez más.
Lo único que habría querido escuchar de ese panda sería una disculpa por su comportamiento egoísta y estúpido que casi había hecho que los encarcelaran durante el viaje; pero sabía que su padre solo reservaba sus disculpas para aquellos que le inspiraban miedo.
No obstante, el panda gruñía tras él tratando de llamar su atención y esos continuos gorjeos salvajes estaban acabando con su paciencia.
—Si quieres decir algo hazlo como una persona normal —Le señaló Ranma sin volverse para mirarle. Siguió caminando, casi arrastrando los pies por lo cansado que estaba.
Se le escapaban resoplidos y los ojos le escocían. Nunca jamás accedería a otro de esos malditos viajes de entrenamiento, estaba harto de las mentiras de su padre. ¡De entrenamiento no había tenido nada! Apenas llegaron al bosque donde acamparían, su padre desapareció durante horas y él tuvo que ir a buscarlo al pueblo más cercano. No había pasado ni un día y la mayoría de la gente ya le perseguía acusándole de algún robo o estafa.
¡Encima, el muy condenado, había dejado todas sus deudas a nombre de su hijo! Así que en cuanto el chico dijo quién era todo el mundo se le echó encima.
No sé por qué me sigo fiando de ese viejo.
Sacudió la cabeza justo cuando escuchó el sonido de algo de latón cayendo al suelo y un resoplido.
—Ranma, deja de ignorarme —La voz humana de su padre retumbó en el silencio de aquella madrugada. Nadie más paseaba por las calles de Nerima a esas horas, la oscuridad era tan honda que la luz de las farolas apenas servía para vigilar sus pasos—. Un buen hijo no trata así a su padre.
—¿Acaso tú me has enseñado a ser un buen hijo?
—¡Eres un insolente! ¡No volveré a llevarte de viaje conmigo!
—¡¿Te crees que quiero volver después de la que me has hecho pasar estos días?!
—¡Todo formaba parte de tu entrenamiento, descerebrado!
Las luces de una casa cercana se encendieron a la vez que un enorme perro negro asomaba el hocico entre los barrotes de la valla ladrándoles con furia. Los dos hombres dieron un respingo ante el perro y los malsonantes gritos del dueño de la casa exigiendo silencio.
Padre e hijo trotaron unos metros lo más rápido posible y no se detuvieron hasta que estuvieron frente al portón de su querido dojo. Durante unos instantes, ambos resollaron doblados por las costillas mientras el sudor les recorría el rostro. Los dos se irguieron a la vez y sus miradas se encontraron a luz del farol que iluminaba parte de la puerta y el cartel con el nombre del dojo.
Genma Saotome tenía el rostro tan colorado por la carrera que la piel que sobresalía por debajo del pañuelo que llevaba para ocultar su calvicie se veía del mismo color. Las gafas se le habían empañado parcialmente, pero Ranma pudo ver que sus ojos negros y enjutos echaban chispas.
—Reconoce que has estado insoportable desde que nos fuimos —Le acusó entre susurros. Incluso alzó un dedo que dirigió hacia el rostro de su hijo.
—¡Es que yo no quería ir desde un principio! —replicó el joven.
—Ranma, eres un artista marcial y eso significa sacrificio y entrenamiento —Genma se cruzó de brazos, echando hacia delante su pecho—. No todo va a ser heredar un dojo y pasarte el día tonteando con tu prometida.
El chico abrió la boca, fastidiado y con el semblante ruborizado. Apretó los puños a la altura de sus costados y juntó las piernas, estirándose, amenazador, sobre la figura de su padre.
—¡Yo no tonteo con Akane!
—¿Qué no? ¿Y entonces a qué venían tantas prisas por regresar?
—¡Porque por tu culpa casi nos linchan!
—¡Mientes! ¡Querías volver con Akane cuanto antes! —Dictaminó Genma girándose hacia el portón. Maniobró con la cerradura hasta que logró abrirlo y empujó las grandes puertas de madera—. No me gusta tu actitud, Ranma. Eres un mal hijo y no te mereces mi preocupación, pero le hice una promesa a tu madre y haré lo que sea para convertirte en un auténtico hombre y en el mejor artista marcial de Japón.
. Si es necesario hacer uno de estos viajes cada pocos meses para que estés centrado en tu deber, lo haremos.
—¡Eso no te lo crees ni tú! —exclamó Ranma justo antes de propinarle tal patada a su padre que este salió volando por encima del portón. La trayectoria del vuelo, perfectamente calculada, hizo que el robusto cuerpo del hombre pasara también por encima de la casa y acabara cayendo sobre el estanque del jardín trasero.
Ranma aguzó el oído, por suerte el silencio era total y logró captar el chapoteo del cuerpo entrando en el agua y después un sinfín más de salpicaduras y gruñidos de panda.
Sonrió satisfecho y atravesó el portón.
Mientras volvía a cerrar las puertas no pudo parar de maldecir a su padre. ¡Era increíble! Primero lo arrastraba hasta ese lugar perdido en medio de la nada con una mentira y le dejaba tirado, para después echarle encima a un pueblo entero enfurecido del que todavía no sabía ni como había podido escapar.
No contento con eso decía que era por su bien. ¡Por su entrenamiento!
Ese viejo panda ya no tiene nada que enseñarme se dijo, suspirando.
Se estiró aún con la mochila en la espalda y cada músculo de su cuerpo rugió con dolor. Apretó los ojos tirando de sus brazos hacia el cielo nocturno y al abrirlos, observó lo que tenía a su alrededor.
Vio el patio, el camino de piedra que iba del portón a la puerta principal de la casa, el pasillo de madera que iba hacia el dojo… La verdad es que se alegraba de estar de vuelta. Por una vez en sus vidas, su padre y él tenían un lugar agradable y cómodo donde vivir, ¿para qué hacer esos estúpidos viajes de entrenamiento? Si su padre hiciera algo más que pasarse el día tirado en el suelo, comiendo galletas o jugando con Soun al Shogi no se le ocurrirían esas ideas tan peregrinas de viajar por ahí para estafar a nadie. Y lo más importante, dejaría de molestarle a él.
Ranma estaba tan agotado que no pensaba más que en meterse en su futon y dormir a pierna suelta hasta que el cuerpo le doliera de estar tumbado. Aunque no sabría si podría, todavía le daba vueltas por la cabeza la conversación que Akane y él habían mantenido por teléfono y las sospechas que le había provocado. No obstante, allí fuera todo parecía tranquilo.
¿Habría ocurrido algo realmente? Lo cierto es que sí había hostigado a su padre para volver lo antes posible por culpa de esa llamada… Se estaba planteando si valía la pena jugarse el tipo colándose por la ventana del cuarto de su prometida para preguntarle, cuando se dio cuenta de que las luces del dojo estaban prendidas.
Frunció el ceño, extrañado. Era demasiado tarde para que nadie estuviera ahí e inquieto como estaba, no dudó en encaminarse hacia allí para comprobar qué ocurría.
Encontró la puerta entreabierta y un resplandor que se escapaba por la rendija que parecía la tenue luz de unas cuantas velas. Le llegó el olor de la cera derretida antes de empujar la madera con suavidad.
Efectivamente había unas cuantas velas prendidas y desperdigadas por el suelo que coloreaban de rojizo y naranja las paredes del dojo y proyectaban sombras danzarinas al techo. El ambiente era cálido así que Ranma prácticamente se coló dentro de un salto.
Qué raro…
Soltó su mochila en una esquina junto a la puerta y dio unos pocos pasos al interior, fue entonces y solo entonces, cuando se dio cuenta de que sí había alguien más allí dentro.
Akane estaba acurrucada en la pared del fondo, cubierta por una ligera manta y dormida.
¿Qué está haciendo aquí a estas horas? Se preguntó el chico acercándose a ella con cuidado. Llegó a su altura y se agachó frente a ella para observarla, como si así fuese a adivinarlo.
¿Tendría que ver con la llamada? Entonces, ¿sí había pasado algo?
Llevaba puesto su pijama amarillo e iba descalza; daba la sensación de que se hubiera levantado de la cama a mitad del sueño y hubiese ido allí por alguna razón. Apoyada en la pared a su lado estaba, como no, su fiel espada de madera. Esa que tenía siempre junto a la cama y que solía sujetar con fuerza contra su cuerpo cada vez que él había ido a su dormitorio a hablar con ella por alguna razón.
Su rostro estaba relajado, incluso sus mejillas estaban sonrosadas. Sus labios solo un poco entreabiertos temblaban con cada respiración profunda, al igual que su pequeño cuerpo bajo la manta a la que se aferraba con los puños.
Mientras la observaba en silencio, Ranma recordó las estúpidas palabras de su padre y su piel comenzó a arder de nuevo. ¡No la había echado de menos! ¡Casi ni había pensado en ella durante el viaje! Bueno, alguna vez, cuando se cruzaban con alguien que por uno u otro motivo le recordaba a ella o si veía algo gracioso que podría contarle cuando regresara. ¡Entonces, sí! Y por supuesto, cada vez que llegaban a algún lugar con teléfono pensaba que debía llamarla para decirle dónde estaba. ¡Pero eso era lo normal! Quizás había habido veces, cuando estaba por quedarse dormido o distraído entrenando en ese bosque que, sin motivo aparente, el rostro de Akane se le venía a la cabeza y se preguntaba que estaría haciendo ella.
¡Pero eso no significaba nada!
Sacudió la cabeza y trató de apartar la mirada. Solo la observaba porque no entendía que estaba haciendo ella allí a esas horas de la madrugada.
Volvió a pensar en la conversación telefónica, ¿qué era lo que le había dicho? Algo de una visita, de su padre nervioso o… No se acordaba, apenas después de colgar el teléfono llegó su padre corriendo y chillando que tenían que marcharse cuanto antes. Después oyó los chillidos furiosos de la gente que le perseguía y Ranma solo pudo obedecer y huir.
En fin, ella parecía estar bien. Además, resultaba curioso verla tan tranquila, sin gritar ni adoptar esa expresión de furia tan típica suya. No eran muchos los momentos en que podía verla así, tan calmada que su rostro se veía incluso dulce, incluso… guapa.
¿Guapa?
Ranma dio un salto hacia atrás, incorporándose y retrocedió un paso.
No, no había querido decir guapa de verdad, solo se lo parecía porque comparada con la cara de vinagre que tenía constantemente cualquier otra cosa la haría parecer más bonita. Akane tenía mucho margen de mejora, eso era así.
Volvió a mirarla de reojo y le recorrió un escalofrío.
Viéndola así, en realidad, Ranma se vio invadido por unas desconocidas e incontrolables ganas de… de acercarse a ella y… y…
Darle un buen susto se dijo con una sonrisilla malévola en el rostro.
¿Por qué no? Era su culpa si se quedaba dormida en un lugar como ese.
Avanzó de nuevo hacia ella de puntillas, aguantándose una risa nerviosa que le cosquilleaba en el estómago. Ya se estaba imaginando la cara de susto que pondría y también el chillido que pegaría. Claro que también podía imaginar el sonido que haría el golpe que recibiría de su prometida justo después… y esa idea le hizo vacilar un instante.
Bah, estaba acostumbrado a sus golpes y aquella broma valía la pena.
Se colocó frente a ella y alzó los brazos por encima de su cabeza, ahuecando sus manos como si fueran garras; después formó la mueca más terrorífica que pudo imaginar y se inclinó sobre ella. Llenó sus pulmones de aire preparándose para lanzar el aullido más temible posible y justo cuando abría la boca para hacerlo, la chica abrió los ojos de golpe y se le quedó mirando.
Ranma se congeló. El grito se le atravesó dolorosamente en la garganta y todo el aire dejó su cuerpo como si fuera un globo pinchado. No pudo bajar los brazos, ni intentar disimular; se quedó en la misma posición, mirando fijamente a Akane que le devolvió una mirada perpleja.
Oh no.
La chica entornó los ojos unos segundos y al instante apretó los labios.
—¿Qué estás haciendo? —Le preguntó, aunque añadió enseguida—. ¿Pensabas asustarme?
—Eh… no —Ranma bajó las manos y las metió en los bolsillos del pantalón como si nada.
—¡Claro que sí! ¡Te he visto! —replicó ella, señalándole con una mano.
—Te lo habrás imaginado o lo habrás soñado.
—¡Eres increíble! Después de tantos días fuera y lo primero que se te ocurre hacer es asustarme.
—¡Ya te he dicho que no es verdad! —insistió él, molesto—. ¿Es que siempre tienes que pensar lo peor de mí?
—Esa es la única manera de acertar contigo.
Ranma gruñó y se giró hacia el otro lado, apartando la mirada. ¡Está bien! ¡Sí! Pensaba asustarla pero le molestó mucho que Akane lo adivinara con tanta facilidad. No estaba bien que él hiciera esas cosas, pero en parte lo hacía porque sabía que era lo que ella esperaba de él.
Lo peor, siempre lo peor.
¿No era más fácil que él se comportara como ella esperaba? ¿No era más cómodo?
¿Y qué si iba a gastarle una bromita de nada? También habían sido días en los que ella no le había visto él y, ¿acaso le había dicho algo agradable por su vuelta? ¿Pensaba recibirle con algún gesto cariñoso? De reojo la miró, Akane permanecía sentada en el suelo, bajo la manta, con el rostro orgullosamente ladeado y una mirada llameante en sus ojos castaños.
De ningún modo le habría recibido de manera diferente. Él también sabía lo que podía esperar de ella.
—Bueno… ¿Y se puede saber qué hacías ahí dormida? —preguntó, pasándose una mano por la nuca.
—¿No es evidente? —respondió ella aún sin dignarse a mirarle—. Te estaba esperando.
Esas palabras sí fueron una sorpresa, tanto así que el chico dio un respingo y sus brazos, cruzados a la altura del pecho, se descolgaron a ambos lados de su cuerpo y se balancearon tontamente.
—¿A… mí? —murmuró, sin poder evitarlo—. ¿Me estabas esperando… a mí? —Akane, colorada hasta la raíz del pelo asintió con un movimiento cortante de cabeza—. Con lo tarde que es… ¿Y eso? ¿Me has… echado de menos?
Akane arrugó las cejas, ladeando tanto el cuello hacia un rincón que se le podría haber saltado la cabeza como un resorte roto. Desde donde estaba Ranma, incluso podía ver como se le encendía la piel del cuello y las orejas.
Sin embargo, la chica cogió aire de forma que su pecho se infló sobremanera y volvió la cara hacia él mucho más seria. De pronto, su expresión ya no era tan graciosa como antes. Sus enormes ojos mostraban una repentina desesperación que hicieron que Ranma se sobrecogiera.
—Ha pasado una cosa —anunció Akane, mirándole fijamente—. Tenía que hablar contigo esta noche, era muy importante.
Sí, era más que evidente la preocupación que sentía. Sin duda algo había ocurrido y debía ser muy serio, pues en muy pocas ocasiones Akane había estado tan acorralada como para acudir a él de ese modo.
—¿Qué es lo que ha pasado, Akane?
¡Hola!
¡Y Ranma ya llegó! Lo sé, ha sido muy cortito y ni siquiera se ha enterado aún de nada, pero no desesperar que dentro de un ratito colgaré el siguiente capítulo.
Pero antes…
DanisitaM: ¡Gracias por tu review! Me alegra que te estés divirtiendo. La historia se irá volviendo más seria según avance, pero intentaré mantener puntos de comedia porque eso era lo que más me gustaba del anime y del manga. ¡Gracias por leer!
Caro: Jajaja, ya has visto que Soun no tardó mucho en soltar sus lágrimas. ¡Gracias por tu review!
Akanitacuri: Espero que disfrutes con la nueva actualización y te siga gustando. ¡Besotes!
Loverpanda: ¡Qué ilusión! Muchas gracias por pasarte por mi historia.
Haruri Saotome: ¡Gracias por todos tus reviews que he leído con mucha emoción! También por pasarte por mis otros oneshot y comentar también ^^ Espero te agrade mi historia y la reacción de Ranma no te decepcione. En un rato lo sabréis. ¡Besos!
Nancyricoleon: Gracias por tu apoyo en todas mis historias y seguir esta, espero que te siga gustando y pueda seguir leyéndote. ^^
Akai27: ¡Muchas gracias por ese pedazo de comentario que me dejaste! ¡Me encantó leerlo! Me hizo mucho ilusión lo que dijiste sobre la llamada porque sobre todo intento mantener sus personalidades lo más fieles posible al manga, así que me alegro que te gustara. ¡Gracias por unirte y espero que te siga gustando ahora que los dos protagonistas se han reunido!
Maritza559: ¡No te vuelvas loca! Jajaja, el nuevo capítulo ya está aquí, en un rato habrá otro más. Gracias a ti por tus bonitas palabras. ¡Besotes!
Nicobethshiper27: Así es la vida de Akane, ¿no? Ella nunca se aburre, jajaja. Me alegra volver a leerte por aquí. Espero que te gusten los nuevos capítulos. ¡Besos!
Lapocho: ¡Muchas gracias! Espero que te guste hasta el final
¡Espero no haberme dejado a nadie! De verdad que estoy muy contenta por la bonita acogida que le habéis dado a mi historia y también a mis otros oneshot. Enserio, muchas gracias a todos los que leéis, votáis, la seguís y escribís reviews de esta historia y también las otras. ¡Estoy muy emocionada!
Espero que os siga gustando la historia y en breve colgaré el siguiente capítulo, así que seguid atentos. Besos a todos
